Fuga de cerebros
11-2006
En uno de los tantos documentos programáticos generados por los
burócratas internacionales, en este caso de la CEPAL, se habla que a
comienzos del decenio de 1990, unos 300 000 profesionales y técnicos
latinoamericanos - alrededor de un 3% de su disponibilidad en la región-
residían en países distintos del de su nacimiento.
La gran mayoría se concentraba en los Estados Unidos. En el país del
Norte más de un 12% de las personas con diplomas en ciencia e ingeniería
es extranjero, en su mayoría procedentes de países pobres como los
nuestros.
Siempre he creido que si los Estados Unidos abriera las puertas
totalmente a la migración, no quedaríamos ningún habitante en los país
de Latinoamérica, a excepción de algunos empleados de gobierno. Sería
como un gran estampida de búfalos en una pradera, corriendo locamente
para conseguir llegar a Nueva York, que es actualmente la meca del
mundo.
Todo esto viene a colación por que me tocó ver, en la casa de uno de mis
hijos que reside en los Estados Unidos, llegar en un carro del año a la
Sra. María que viene semanalmente, por 4 horas, a hacerse cargo del aseo
de la casa. La Sra. María es una autóctona Maya-Quiché, que llegó de
Guatemala hace 8 años, hablando muy poco castellano y sin saber una
palabra de inglés. Bajita de estatura y de rápidas reacciones cobra
$50.00 dólares por sus cuatro exactas horas de labor, aseando casas y
oficinas. Gana un promedio de $4,000.00 (cuatro mil dólares) mensuales.
Salario que muy pocos ejecutivos ganan en cualquiera de nuestros países.

La emigración de recursos humanos sigue siendo de discusiones, sin que
se haga nada al respecto. Todo lo contrario, no convine hacer nada.
Muchos países como México y los de Centroamérica, reciben enormes sumas
de dólares mensualmente, que envían a sus familiares emigrantes. En
muchos casos llega a ser la principal fuente de divisas del país. Mas
bien es conveniente que muchos más emigren, porque disminuyen el
desempleo y general divisas.
Los Estados Unidos otorgan un mínimo de 65 000 visas anuales (con una
permanencia de hasta tres años) para profesionales. El sistema de
preferencias de la legislación estadounidense admite un máximo anual de
140,000 personas con calificaciones especiales.
Las empresas y particulares estadounidenses ven con buenos ojos a los
que llegan a trabajar en ese país. Bill Gates haciendo referencia a la
reducción de visas de trabajadores calificados, que dijo que si querían
impedir que las empresas como Microsoft se quedaran en los Estados
Unidos, tal medida era "cool".
Y este fenómeno no es nada nuevo o producto de la globalización o del
imperialismo, como dicen algunos demagogos para perpetuarse en el poder.
Siempre, desde los primeros tiempos en que se formaron grupos humanos,
los menos favorecidos llegaron a hacer chozas cerca de donde estaba el
dinero y la riqueza. La emigraciones de los pueblos pobres e incultos a
Babilonia o Egipto se debieron a ello. En la Grecia y la Roma clásicas
sucedió un fenómeno igual. Luego, esto sucedió tal cual en las épocas de
esplendor de Austria y de Alemania. En la era moderna sucede con los
Estados Unidos en gran escala.
No solo ahí sucede este fenómeno. Alemania, España, Francia enfrentan
situaciones similares con emigrantes procedentes de África, Medio
Oriente y Norte de Europa.
En menor escala sucede en otros focos menores de progreso, como es el
caso de Chile donde los peruanos buscan mejores condiciones de vida. O
en Costa Rica donde miles de nicaragüenses van tras mejores
oportunidades de sobrevivir con sus familias. Los colombianos que
emigran de su país, buscando tranquilidad u oportunidades, también son
muchos.
Las crecientes oportunidades en el exterior son claras y transparentes
para los habitantes de los países pobres, frente a la total incapacidad
de sus gobernantes de darles mejores posibilidades de vida.
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Jorge E. Pereira -
