“Tenía fama de ser muy puntual. El funcionario más puntual de toda la burocracia mexicana. Fácil, decían algunos, no hay competencia. Dificilísimo, decía Ruth la esposa de Félix, lo fácil es dejarse llevar por la corriente en un país gobernado por la ley del menor esfuerzo.” Carlos Fuentes, La cabeza de la hidra.
Nuestro tema de tesis en la maestría es: La comunicación organizacional en situaciones de crisis ¿Qué hacer cuando la crisis es estructural? O los dilemas comunicativos de la Administración Pública venezolana. Decimos esto para aclarar al lector sobre las posibles, y necesarias, coincidencias con otros trabajos presentados en el transcurso de las clases. En cada asignatura hemos intentado engranar el eje conceptual de la misma con relación al tema de tesis.
Así, hemos trabajado la racionalidad en el ámbito público, la
inoculación comunicativa en el sector público (metáforas comunicativas)
y más recientemente los problemas éticos de la Administración Pública.
Consideramos importante aprovechar los aportes de las asignaturas para
el proyecto final.
Nos interesa el tema por dos razones. La primera es el hecho de trabajar
en el sector público y convivir a diario con su dinámica. Como segundo
motivo buscamos respuestas a la interrogante sobre las prácticas
comunicacionales basadas en las crisis ¿Qué se hace cuando vivimos en
eterna crisis? Para ilustrar mejor nuestras motivaciones valga referir
un caso recientemente ocurrido en la institución donde laboramos. Amén
de las actividades rutinarias del organismo al momento de escribir este
trabajo hay una emergencia que consta de tres situaciones: El
presupuesto del año entrante; un proyecto de reglamento de ley y la
reformulación del documento para solicitar préstamo al Banco
Interamericano de Desarrollo (BID).
Las tres situaciones son prioridad y se rotan alternativamente en la
dedicación de los equipos de trabajo. Llamadas van y vienen desde la
presidencia hacia los cuadros medios. “El documento del BID es para
ayer” dicen los gerentes y, en menos de dos horas, cambian la orden “el
reglamento de la ley es para la semana pasada”. Apenas se han revisado
la mitad de los artículos del reglamento cuando dicen “paren el
reglamento, el ministro quiere el presupuesto para pasado mañana”.
Tenemos serias sospechas de que en la AP venezolana trabajamos con una
concepción muy particular de la crisis.
A pesar de conocer con antelación qué situaciones merecen particular
atención casi siempre se espera a última hora para solventarlos lo cual
genera un retraso de otras actividades. Quizás sea cierto el chiste de
Otrova Gomas según el cual en Venezuela para tapar un hueco abrimos uno
más grande. En todo caso, la comunicación en situaciones de crisis es
objeto del trabajo de tesis, en el marco de Teorías de la Comunicación
II buscaremos en las ideas de Cornelius Castoriadis y Edgar Morin claves
para descifrar la situación del sector. Pretendemos pensar la AP desde
adentro. Extraer de las tres situaciones de emergencia que debemos
atender, quien esto escribe es asistente de una gerente general,
elementos para caracterizar el estado del ámbito público. En otras
palabras, comenzar un diagnóstico a partir de Morin y Castoriadis.
Precisamente, Morin aporta nociones para justificar la necesidad de
ahondar en las concepciones que se tienen en el sector público:
“Nos es absolutamente necesario estar bien informados, pero esto no es
en modo alguno suficiente para conocer bien. Lo importante no es sólo la
información, es el sistema mental o el sistema ideológico que acoge,
reúne, rehúsa, sitúa la información y le proporciona sentido.” (Morin,
1982: 50)
Se trata de contextualizar la información que poseemos. Buscar sentido
al sinsentido que tenemos como sector público. Porque en la medida que
conozcamos los sistemas mentales o ideológicos de los cuales habla el
pensador francés podremos entender los hechos. Sinsentidos conocidos por
todos los venezolanos: el sistema de salud, el sistema de
identificación, la delincuencia, entre otros.
En la búsqueda del sentido que orienta a la AP hallamos los aportes de
Castoriadis para entender la importancia que tiene el concepto:
“Toda sociedad (como todo ser vivo o toda especie viva) instaura, crea
su propio mundo en el que evidentemente ella está incluida… En suma, es
la institución de la sociedad lo que determina aquello que es “real” y
aquello que no lo es, lo que tiene sentido y lo que carece de sentido.”
(Castoriadis, 1997: 69)
Se trata de un interesante reto que abordaremos en lo sucesivo. Somos
una sociedad con grandes dosis de creatividad e imaginación. Sin embargo
¿Carece nuestra AP de imaginación?
El objeto
¿Cuál es la función de la Administración Pública en Venezuela? ¿Cómo
incide su funcionamiento en la situación actual del país? Al respecto,
la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece en su
artículo 141 lo siguiente:
“La Administración Pública está al servicio de los ciudadanos y
ciudadanas y se fundamenta en los principios de honestidad,
participación, celeridad, eficacia, eficiencia, transparencia, rendición
de cuentas y responsabilidad en el ejercicio de la función pública, con
sometimiento pleno a la ley y el derecho.”
Uno de los problemas más importantes de la democracia venezolana ha sido
la excesiva intromisión de aspectos políticos-partidistas en la dinámica
del sector público. Mientras escribimos miles de ciudadanos sufren las
penurias del sistema hospitalario o mueren a manos del hampa. El
comentario viene al caso pues existe una discusión muy importante en
términos del tamaño y competencias del ámbito público. El debate acerca
del papel del sector público es muy extenso, algunos consideran que debe
limitarse y otros, por el contrario, que debe ser fortalecido. Ahora
bien, independientemente del tamaño y funciones del Estado consideramos
que se impone la necesidad de que cumpla eficientemente su misión.
La Administración Pública es el organismo o conjunto de entes que un
Estado encarga para gestionar y defender los intereses públicos,
proteger los derechos y vigilar el interés general de la ciudadanía. Por
su parte, Edgar Morin la define como:
“…una forma específica de organización con carácter de servicio público,
dedicadas a la gestión y al control de las actividades de una Nación
“(Morin, 2004: 1)
Vale la pena preguntarse sobre la pertinencia del concepto de servicio
público. Si le preguntásemos a una muestra de venezolanos al respecto
qué dirían. Tal discusión existe desde la Grecia antigua. Ya Platón
(citado por Cornelius Castoriadis) se preguntaba si el buen camino
{odos} es aquel que parte de los principios {ark hai} o aquel que va
hacia los principios. (Castoriadis, 1988: 10)
Reflexiona en torno a sí misma la AP en Venezuela, se piensa. Cumple con
su rol dentro de la sociedad. A qué se debe la desconfianza que genera
el sector en su principal cliente: nosotros, la sociedad. ¿Tiene que ver
con la noción de comprensión que plantea Morin?
“El problema de la comprensión se ha vuelto crucial para los humanos. …
la incomprensión de sí mismo es una fuente muy importante de la
incomprensión de los demás “(Morin, 2000: 99, 103)
Trabajar en una organización pública, salvo contadas excepciones,
implica convivir con un personal mal pagado, poco motivado. Acostumbrado
a hablar mal de su trabajo y con alta resistencia al cambio. Personas
que quieren ser remunerados como jefes sin que eso implique mayor
responsabilidad. Por otra parte, los cuadros gerenciales se hacen los
sordos ante las necesidades, legítimas o no, del personal. “Radio
pasillo” sustituye la comunicación formal. La comunicación
organizacional se limita a la redacción de revistas o de estudios para
fomentar el clima y la cultura institucional.
Existe poco contacto entre los jefes y su personal. Para los de arriba
“el personal es flojo” y para los de abajo “los jefes son déspotas”. La
noción de equipo pocas veces se maneja. Cada cual cumple, cuando lo
hace, con sus funciones. A pesar de los problemas se cumplen las metas,
tarde, a veces mal pero se cumplen. Retomando a Castoriadis y su noción
de comprensión ¿nos comprendemos internamente en la AP? Será la
incomprensión propia la que genera el mal funcionamiento del sector. En
tiempos duros como los actuales consideramos importante asumir el reto
de desenredar la madeja pública. Las aventuras autoritarias y los
retrocesos de nuestra sociedad pasan, en buena medida, por el desencanto
de los ciudadanos en el Estado.
Esto supone un caldo de cultivo para el populismo y la visceralidad
como instrumento electoral. Se vota por simpatías no por proyectos. La
masa maltratada, golpeada por la crisis busca un mesías para alcanzar la
felicidad.
El funcionamiento de los hospitales o la educación pasa a segundo plano
ante la demagogia. Si ayer Anito convenció a la masa que Sócrates debía
beber la cicuta, hoy los políticos reparten dinero a un pueblo a cambio
de votos y los convencen de vivir a fuerza de la caridad gubernamental.
Un día cae el ídolo de turno y nos refugiamos en otro. Mientras la AP se
debilita. Como dice la sabiduría popular: los gobiernos pasan, el hambre
queda. Para erradicar el hambre debemos contar con un sector público
fuerte y al servicio de la colectividad.
El avance de la burocracia
Es probable que un funcionario público califique de loco a quien le diga
que su trabajo carece de imaginación. “Con qué se come eso de la
imaginación” respondería el desprevenido funcionario. “Mi trabajo es
técnico” es otra posible respuesta o “tengo 10 años haciendo el mismo
reporte qué imaginación ni que ocho cuartos” ¿Ese asistente
administrativo traspasa el día a día en busca de explicaciones? Generan
las disertaciones aumentos en la quincena.
Elevemos la interrogante a otra instancia ¿Se piensa el sector público a
sí mismo? Es una organización inteligente, que se adapta a los cambios
de la realidad. Al respecto, Fernando Uribarri en el prólogo del libro
El avance de la insignificancia sostiene:
“Contra la visión habitual de la imaginación como espejismo, irrealidad
o señuelo, Castoriadis ve en ésta la fuente de toda creación; aquello
que permite escapar del determinismo y el racionalismo captando lo que
en el hombre hay de poiético tanto en el plano individual como en el
colectivo” (Castoriadis, 1997: 8,9)
Convivimos con expresiones de desaliento por parte de los funcionarios,
constantes quejas y añoranzas de un mejor empleo. Cómo interpretar los
comentarios. Limitamos su significado a meras frustraciones o
coincidimos con el autor griego:
“La lengua no es-como se afirma estúpidamente-un instrumento de
comunicación, ante todo es un instrumento de socialización. En y por
medio de la lengua se expresan, se dicen, se realizan, se transfieren
las significaciones de la sociedad” (Castoriadis, 1997: 165)
Transferimos las decepciones de un pobre país rico al ámbito público. La
autoestima del venezolano se refleja en las oficinas gubernamentales
¿Por qué casi nadie sale bien en la foto del documento de identidad?
Será por lo incómodo de su tramitación. Es probable que la misma energía
empleada en lamentarnos por todos los males del planeta sirviera para
mejorar sólo un poco los quehaceres cotidianos.
Al acercarnos a una oficina pública, a tramitar el pasaporte por
ejemplo, muchos nos hemos sentido parte de una película de Tim Burton o
como si la mente de Salvador Dalí nos estuviese jugando una broma.
Castoriadis nos ayuda a entender por qué nos parece un absurdo la AP:
“Toda sociedad (como todo ser vivo o toda especie viva) instaura, crea
su propio mundo en el que evidentemente ella está incluida… En suma, es
la institución de la sociedad lo que determina aquello que es “real” y
aquello que no lo es, lo que tiene sentido y lo que carece de sentido.”
(Castoriadis, 1997: 69)
Sentido es lo que parece faltarle al país y al aparato público. En otras
sociedades han creado mundos distintos, han dado sentido a un sector
público al servicio de los ciudadanos. Es necesario retomar el
planteamiento del autor en cuanto a que la historia es creación.
Lamentablemente la sociedad venezolana en tanto creación tiene varios
asuntos pendientes.
Somos un país, no Las ruinas circulares de Jorge Luis Borges. En un cuento es válido que otro nos sueñe. En la realidad es urgente crear, escapar de la facilidad del lugar común. Soñarnos a nosotros mismos si es preciso. Somos subdesarrollados por culpa de los españoles o de la maldad de los Estados Unidos. Jamás por nuestros errores o desaciertos. “Cristo viene… al Poliedro” dice una pinta en cualquier pared de Caracas.
Añadimos nosotros, interesados en milagros llevar identificación como
militantes del partido político en el poder. La corrupción se acaba con
un nuevo gobierno. En el fondo legitimamos nuestra mala situación cada
elección presidencial.
Como creadores de nuestra sociedad escasea la picardía criolla, nos
hemos vuelto repetitivos. Acción Democrática (AD) se alió con los mandos
militares del momento para derrocar a Medina Angarita. Los mismos mandos
militares tumbaron a Rómulo Gallegos. Los adeístas pasaron a la
clandestinidad y junto a los comunistas lucharon contra Pérez Jiménez.
Al caer el dictador AD volvió a Miraflores y persiguieron a la
izquierda. En 1998 la izquierda de la mano de un militar llegó al poder
e hicieron lo imposible por enterrar al partido blanco. El pueblo de
Betancourt es idéntico al de Chávez. Por ese motivo hemos dicho y
escrito en prensa que no es de extrañar un retorno de los adeístas a la
primera magistratura. Más allá de la simplificación anterior nuestra
intención es dar una muestra de cuán cíclica ha sido la historia patria.
Otro ejemplo son las famosas reestructuraciones de organismos públicos.
Durante una gestión se eliminan dependencias que en el futuro serán
retomadas. Se cambian nombres pero se mantienen viejos vicios. Varían
las identidades gráficas y se empeoran las prácticas.
El avance de la burocracia supone la falta de imaginación y de
motivación transformadora para luchar por un mejor país. Puede parecer
ingenuo hablar de ello en una época de grandes desilusiones. No
obstante, como plantea Ernesto Sábato en Hombres y engranajes:
“…lo admirable es que el hombre siga luchando a pesar de todo y que,
desilusionado o triste, cansado o enfermo, siga trazando caminos, arando
la tierra, luchando contra los elementos y hasta creando obras de
belleza en un mundo bárbaro y hóstil.” (Sábato, 1951: 120)
Para salir del siglo XIX
A pesar de estar en pleno siglo XXI y disfrutar de muchos avances
tecnológicos la situación de la AP parece estar anclada en otro momento
histórico. Nos referimos a la mentalidad, a la manera de actuar, para
explicarnos mejor sirve la tesis de Graciela Soriano de García-Pelayo:
“Es posible que uno de los mencionados órdenes de la realidad coexistan
a su vez, racionalidades propias de diversísimos momentos históricos: la
racionalidad golpista decimonónica con las más democrática de nuestros
tiempos; la racionalidad económica neoliberal descarnadamente
competitiva y la racionalidad cuasi-feudal que aún perdura en algunos
hábitos de explotación agrícola; y así sucesivamente.” (Soriano, 1993:
63)
A pesar de los pesares la gerencia pública aprende poco, conoce su
especificidad, los avatares propios de la dinámica política y social del
país. Sin embargo, es difícil poner en práctica la pregonada
proactividad. Bien advierte Morin la necesidad de estar preparados para
lo inesperado. A qué se debe la falta de iniciativa. Por qué nos
encerramos en parcelas. Nuevamente Morin aporta sus ideas sobre la
situación:
“…ya que la burocracia, en el sentido que le damos, es una patología
administrativa donde el exceso de centralización le quita cualquier
iniciativa a los órganos ejecutores, donde la jerarquía contribuye a la
obediencia pasiva y a la ausencia de sentido de responsabilidad de loa
que no pueden sino obedecer: donde, en fin, la hipersensibilización
encierra a cada agente en su área compartimentada de competencia. “
(Morin, 2004: 1)
Cómo mejorar si muchas veces los gerentes parecen capataces de una
hacienda. Si los funcionarios adeptos al gobierno de turno se consideran
intocables por su esfuerzo en pro del partido. Quienes adversan al
partido son relegados y castigados. Lejos de incluir segregan. Todo lo
viejo, lo que huela a la gestión pasada es borrado sin tomar de ello los
aprendizajes pertinentes. Por eso Morin insiste en que la democracia
requiere conflictos y alimenta la diversidad de intereses e ideas. No se
trata de politiquería, de diputados enfrentados delante de las cámaras y
que negocian contratos al ritmo de boleros en un lujoso restorán del
centro caraqueño.
La historia es creación, dice Castoriadis, creación de formas vitales.
No existen predeterminaciones que le generen. Es necesario conocer la
historia, entender cómo nos hemos creado. Qué patrones usamos para la
confección la identidad societal, o en términos de Castoriadis, de las
significaciones imaginarias.
“Pero nuestra ceguera con respecto a nuestro pasado es lo que nos
precipita a la ceguera en nuestro futuro. El reconocimiento de la
naturaleza una, diversa, pasada y actual del totalitarismo es necesaria
para salir del siglo XX. “ (Morin, 1982: 186)
A partir de la cita anterior podemos pensar en la necesidad de superar
el caudillismo y el mesianismo, entre otros males políticos, presentes
en el país. En el ambiente de 2005 hay una suerte de inercia social, la
polarización política de años anteriores desencadenó en muchos
venezolanos un retraimiento preocupante, pues, independientemente de las
preferencias ideológicas, estamos urgidos de proyectos para debatir, de
visiones de país para analizar. No sólo estamos ciegos con respecto al
pasado, estamos sordos frente a la problemática presente y mudos de cara
al futuro.
El sector público refleja el autismo social de Venezuela. Se debate
entre los postulados de servicio público y la lógica partidista
clientelar. Casos como el incendio de la torre este de Parque Central
ponen en evidencia la desidia gubernamental. Una simple pregunta se
hacen los ciudadanos de a pie ¿Era más costoso prevenir que reconstruir
la edificación luego del incendio? Los casos de corrupción del Instituto
Nacional de Hipódromos o Recadi, más recientemente en el Plan Bolívar
2000 o el Fondo Único Social son otra muestra de la hipocresía política.
Pocos se lucran con la pobreza de muchos.
“Desde hace mucho tiempo se habla de <crisis de valores>, esto debe ser
así desde hace al menos cincuenta años, a tal punto que se corre el
riesgo de recordar la historia de Pedro y el lobo. Se ha hablado tanto
de ello, durante tanto tiempo, que cuando esta crisis finalmente está
aquí, reaccionamos como si estuviéramos ante una simple broma. “
(Castoriadis, 1997: 157)
El lobo tiene tiempo entre nosotros. Pedro ya no grita. Nos hemos
acostumbrado a su presencia y optamos por encomendarnos a Dios para que
las consecuencias sean mínimas.
La democracia venezolana está en crisis en tanto concepción reducida a
un carácter procedimental abandonando la noción de la democracia como
régimen político, lejos de los fines de la institución política y del
tipo de ser humano que le corresponde (Castoriadis, 1996: 1)
Si queremos salir del siglo XIX es necesario tomar conciencia de las
complejidades y diversidades presentes en nuestra sociedad, ponerlas a
trabajar en conjunto. Mirarnos, oírnos y hablarnos con un poco de
esperanza y tolerancia.
Conclusiones
1) En Venezuela ¿Debemos re-crear la sociedad en el sentido que otorga
Castoriadis al término? Pareciera que el mal funcionamiento del sector
público se debe a una suerte de ley histórica según la cual para ser
cónsonos con el tercermundismo hay que contar con una AP ineficiente. En
la medida que convengamos con el autor sobre el papel de la creación
podremos superar visiones fatalistas de la sociedad y, en el mejor de
los casos, tomar medidas para revertir la situación.
2) Cuando exigimos el mejoramiento de la AP apuntamos también hacia la
redefinición de la democracia como sistema de gobierno. La institución
de la democracia, y las significaciones imaginarias que ella expresa
dice Castoriadis, debe adaptarse para sobrevivir. Abandonar la
concepción que la reduce a simples procedimientos y rescatar su vigencia
como régimen político.
3) Suscribimos la idea de Morin en cuanto a la reforma del Estado, la
cual implica la desburocratización de su administración. Se trata de
abrir la posibilidad para que la iniciativa y libertad de los
funcionarios aumenten la capacidad de respuesta y la eficacia del
sector.
4) Atrevámonos a navegar el océano de las incertidumbres que supone
mejorar el ámbito público venezolano, contamos con certezas suficientes
para el viaje. La desidia ayuda poco en la tarea.
5) Entre las sugerencias de Morin acerca de la educación, y que
consideramos indispensable para el resto de la vida social, es menester
retomar el fomento de la curiosidad como elemento para la
transformación.
6) Es preciso estudiar la influencia de la noción de crisis en las
prácticas comunicativas de la AP venezolana, parte de sus dilemas y
conflictos pasan por la presencia y significación de dicho concepto.
Debemos recordar que el lenguaje pone de manifiesto las significaciones
de la sociedad que la produce.
7) ¿Importa el tamaño del sector público o su eficiencia? Insistimos en
la tesis de que funcione bien y tenga una definida orientación de
servicio público. Lo cual pasa por la presión de los ciudadanos. Somos
nosotros como clientes quienes tenemos que exigir apego a la norma.
8) Mientras vivamos en el siglo XXI con mentalidad decimonónica estamos
destinados al fracaso. Es necesaria la inclusión y respeto por las ideas
de los contrarios. Se impone el diálogo como arma y la tolerancia como
munición.
9) Vivimos una crisis a escala planetaria. Nuestro país se desangra a
causa de los egoísmos. Vamos a sacar al lobo en vez de acostumbrarnos a
su presencia. Hay que reencuadrar, como sostiene la programación
neurolingüística, el significado de la crisis para los venezolanos.
10) Es perentoria la necesidad de rescatar la imaginación como fuente de
creación en nuestro sector público. En la medida que transformemos la
apatía en creación estaremos más cerca de cambiar la situación actual
¿Podremos hacerlo? Cuando menos vamos a intentarlo.
Para finalizar, una exhortación para todos quienes habitamos el país.
Necesario es actuar y trabajar por el mejoramiento de la situación
actual. Debemos pensarnos y, sobre todo, tomar medidas para cambiar.
Bien lo dice Castoriadis en las palabras finales de Hecho y por hacer:
“Es cierto -lo vi y lo dije antes que muchos otros- que nada de esto, al
parecer, corresponde con las aspiraciones de los hombres contemporáneos.
Más aún, los pueblos son cómplices activos de la evolución en curso. ¿Lo
serán indefinidamente? ¿Quién podría decirlo? Pero una cosa es cierta:
no será corriendo tras ``lo que se ve bien'' o ``lo que se dice'',
emasculando lo que pensamos y queremos, como aumentaremos las
oportunidades de la libertad. Lo que es no nos necesita, sino lo que
podría y debería ser.” (Castoriadis, 1998: 1)
Es un reto soñar en tiempos de virtualidad, donde la línea que separa la
realidad de la fantasía casi no se nota. Hagamos nuestra la letra de
Silvio Rodríguez en la Canción del elegido: “Lo más terrible se aprende
enseguida, lo hermoso nos cuesta la vida”.
Bibliografía
Castoriadis, Cornelius (1988). “Los dominios del hombre: las
encrucijadas del laberinto” Gedisa Barcelona, España.
Castoriadis, Cornelius (1996). “La democracia como procedimiento y como
régimen” En Iniciativa Socialista Nº 38. En la siguiente dirección
electrónica (URL) http://www.inisoc.org/mol.htm
Castoriadis, Cornelius (1997). “El avance de la insignificancia” Eudeba
Buenos Aires, Argentina
Castoriadis, Cornelius (1998). “Hoy” En Castoriadis por Conrado Tostado
en la Jornada Semanal. En la siguiente dirección electrónica (URL)
http://www.jornada.unam.mx/1998/feb98/980222/sem-conrado.html
Morin, Edgar (1982). “Para salir del siglo XX” Editorial Kairós.
Barcelona, España.
Morin, Edgar (2000). “Los siete saberes necesarios a la educación del
futuro “ Coedición del Cipost, el Iesalc y la Unesco. Caracas,
Venezuela.
Morin, Edgar (2004). “¿Podemos reformar la administración pública?”
Presentado en el IX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del
Estado y de la Administración Pública. Madrid, España. En la siguiente
dirección electrónica (URL) http://www.clad.org.ve/congreso/morinesp.pdf
Sábato, Ernesto (1951): “Hombres y engranajes”. Emecé Editores. Buenos
Aires, Argentina.
Soriano, Graciela (1993): “Aproximación a la racionalidad desde una
perspectiva histórica”. En Politeia Nº 16. Caracas, Venezuela.