El objeto de este trabajo consiste en identificar las tensiones
universales que enfrenta la práctica del AO, con el objeto de verificar
si sus modos de resolución dependen de los contextos específicos en los
que dicha práctica transcurre. Ello implica poner la mira en la tensión
que existe entre la universalidad de la práctica (abstracción) y la
particularidad de su implementación (materialización).
MUY IMPORTANTE !!!!!
Sobre el final se invita al colega - lector a pensar en los modos en que
los tipos de organización con que ha trabajado han determinado el diseño
de sus dispositivos analíticos de intervención, y a contribuir con estos
pensamientos al desarrollo del Foro que trata específicamente este tema
en el Simposio.
a. INTRODUCCIÓN.
Escribir acerca de la práctica del AO en contextos específicos, aún con
la circunstancia atenuante de que se trate sólo de consideraciones
preliminares, presenta ciertas dificultades que se hacen manifiestas si
revisamos las siguientes proposiciones:
1. El AO no tiene una significación social instituida.
A lo largo de los simposios anteriores, la cuestión de proponer una
definición del AO ha sido cuidadosamente considerada y postergada,
cuando no eludida. Los argumentos han sido sin duda válidos: que una
definición cierra más de lo que abre, que el carácter interdisciplinario
del AO dificulta una definición única, que el campo del AO es difícil de
distinguir de otros campos conexos (desarrollo organizacional,
psicología institucional, análisis institucional, , management,
administración del cambio, etc.), que el "estado del arte" de la
disciplina no presenta la madurez suficiente como para arriesgar tal
definición. Como se ve, serias y fundadas objeciones de naturaleza
epistemológica, ontológica y metodológica se han presentado entre los
practicantes del AO para definir su práctica.
Si esto resulta así entre nosotros (los practicantes), imaginemos las
dificultades que se les presentan a nuestros "usuarios",
"destinatarios", "clientes", "pacientes", o como quiera que los
denominemos de acuerdo al paradigma con que operemos.
2. La comunidad de practicantes del AO no tiene una metodología
instituida.
Digámoslo sin tapujos: no sólo hay tantas metodologías como
practicantes, sino que un mismo prácticante va modificando su método con
cada nuevo caso. Nuestras intervenciones están fuertemente signadas por
nuestro propio dominio de experiencias.
Es cierto que que el método se construye la práctica, y la práctica hace
al método; es cierto que hay una relación dialéctica entre teoría y
práctica. Pero es también cierto que, a nivel individual nos resulta
difícil establecer una relación de correspondencia entre nuestros
nuestros marcos teóricos y nuestros esquemas metodológicos.
Siendo esto así para cada uno de nosotros, obviamente como comunidad de
practicantes no tenemos una teoría de la técnica ni una metodología
instituidas.
3. La práctica del AO varía en función del tipo de organización en la
que transcurre, y de la situación en que ella se encuentra.
No es igual desarrollar una práctica analítica en una escuela, en un
hospital, en un sindicato o en un banco. Ni siquiera es igual hacerla en
un banco público que en uno privado, como no es igual intervenir en una
cooperativa de trabajo o en una sociedad de responsabilidad limitada,
aunque ambas se dediquen al mismo tipo de actividad.
A más de estas cuestiones relativas a su identidad, la situación por la
que atraviesa la organización es también determinante de la modalidad
que puede asumir la práctica del AO en ella.
No hay entonces una práctica del AO, sino tantas como contextos
específicos y situaciones puedan distinguirse.
4. No existe una manera de establecer una relación de causalidad
biunívoca entre nuestras acciones y sus resultados.
Sea como fuere que desarrollemos nuestra práctica del AO, la
multiplicidad de variables que inciden en la organización torna
sumamente difícil el establecimiento de una relación de causa - efecto
entre nuestras acciones y sus resultados. Puede que trabajemos muy bien
y los resultados sean pobres por el impacto de contingencias adversas de
origen externo o interno. Puede que trabajemos mal y los resultados sean
muy buenos por la confluencia de otros factores no relacionados con
nuestras acciones.
A partir de las proposiciones anteriores, puede afirmarse que, en
términos de proceso dialéctico, prima en nuestra práctica el momento de
la particularidad. Ello significaría que, si se pretende cubrir
extensivamente la práctica del AO en contextos específicos, habría que
desarrollar tantos trabajos como practicantes, organizaciones objeto del
AO y situaciones haya. El resultado no sería más que una colección de
"casos" particulares.
Y sin embargo, este trabajo propone una hipótesis: que la práctica del
AO enfrenta al practicante con la necesidad de resolver una serie de
tensiones que son de carácter universal, y que es la resolución
dialéctica de estas tensiones la que varía de acuerdo al practicante, a
la organización y a la situación.
Así por ejemplo, cualquiera de nosotros se enfrentará siempre con la
necesidad de resolver la tensión que existe entre trabajar, en el curso
de nuestras intervenciones, con clases institucionales o con familias
organizacionales (Mendel, 1981). El tipo de organización de que se
trate, y la situación en que se encuentre, unidas a las experiencias que
hayamos tenido anteriormente con la utilización de cada tipo de
agrupamientos, determinará nuestra elección. Las organizaciones
asistenciales se prestan más fácilmente a la instrumentación de clases
institucionales (los médicos, las enfermeras, el personal de
maestranza), mientras que las empresas de manufactura tienden a aceptar
mejor el trabajo en familias organizacionales (los miembros del área de
manufactura, sin distinción de niveles jerárquicos, o los de
mantenimiento, o los de almacenes).
Por supuesto que no se trata de opciones excluyentes: podremos utilizar
las clases institucionales cuando configuremos grupos focales de
diagnóstico, mientras que recurriremos a las familias organizacionales
cuando se trate de analizar la dificultades para llevar adelante planes
de acción.
Señalo además que, a la manera de El Jardín de los Senderos que se
Bifurcan (Borges, ), la opción por una de las alternativas no elimina a
la otra del campo, sino que esta última permanece allí, cuestionándonos
en cierto sentido el haber elegido la otra.
Quiero aclarar a esta altura que, dado el alcance limitado de este
trabajo, consideraré a los términos "tensión" y "contradicción" como
sinónimos, Dejo para eventuales discusiones posteriores la observación
que, desde mi experiencia, el uso de la palabra "contradicción" en las
organizaciones genera mucho más resistencias que el vocablo "tensión",
el cual resulta generalmente aceptado por identificación, sobre todo a
partir de las contracturas (corporales) de las personas víctimas de la
exigencia muchas veces desmedida a que son sometidas, de la insuficiente
retribución que muchos de ellos reciben a cambio, y del temor que
sienten en relación a la posibilidad de perder su empleo.
El rechazo a la palabra "contradicción" tal vez se deba a que se asocia
con dos conceptos que suelen ser evitados en esta era aparentemente
posmoderna que nos toca vivir: el de ideología por un lado (en obvia
relación con el materialismo dialéctico), y el de política por el otro
(en el sentido de la lucha por el poder en las organizaciones). Aunque
no lo aborde aquí en profundidad, no quiero dejar de señalar que la
cuestión ideológica es insoslayable en la identificación de estas
tensiones o contradicciones, y que su resolución tiene en las
organizaciones, afortunadamente, un carácter esencialmente político.
Volviendo al curso original de esta introducción, la hipótesis que estoy
presentando, de ser válida, nos confronta a su vez con una metatensión,
la que existe en todas nuestras intervenciones entre la universalidad de
las tensiones que resolvemos en el diseño de nuestras intervenciones, y
la particularidad que adquiere la resolución de dichas tensiones en cada
caso y en cada momento.
Enunciaré estas tensiones universales en la sección que sigue, para
terminar este trabajo proponiendo a los lectores una reflexión acerca
del modo en que las resuelven en cada caso particular.
a. LAS TENSIONES UNIVERSALES DEL DISEÑO DE INTERVENCIONES, DESDE LA
PRACTICA DEL AO.
He señalado en la sección anterior la inexistencia de una definición del
AO aceptada por toda la comunidad de practicantes. Sin embargo, no puedo
progresar en este trabajo sin ensayar tal definición, ya que de ella se
desprenden las tensiones que enfrentamos en el diseño de nuestras
intervenciones. Recurro por tanto a la definición con la cual yo
personalmente trabajo, y que he presentado en un trabajo anterior (Schvarstein,
1998).
Llamo análisis organizacional al dominio de intervenciones en las
organizaciones sociales que realizan el análisis sistemático de sus
contradicciones con el propósito de favorecer el logro de la eficacia.
Las escuelas procesan la contradicción entre conocimiento e ignorancia
y, en el modelo hegemónico de la institución educación, el "saber" del
profesor se nutre del "desconocimiento" del alumno tanto como la
ignorancia del profesor acerca del saber del alumno signa el proceso de
enseñanza – aprendizaje tradicional.
Los hospitales procesan la contradicción entre salud y enfermedad, y el
tratamiento de los "sanos" muestra que suele ser la enfermedad la que
prima: si son pacientes los dan de alta, y si son familiares, les
restringen el ingreso y la permanencia.
Quien haya intervenido en procesos de prevención primaria en hospitales
sabe hasta que punto es difícil trabajar "en salud", pero ello no
significa la negación de la contradicción, sino precisamente su
afirmación.
Las cárceles procesan la contradicción entre represión y resocialización
de los internos, sin que la una pueda triunfar sobre la otra. Las
organizaciones cooperativas transcurren entre la autonomía y la
dependencia, los bancos viven entre el riesgo y la seguridad, los
partidos políticos se consumen en la tensión entre la trasparencia y la
opacidad.
He elegido estos ejemplos paradigmáticos para facilitar la comprensión.
Todas las contradicciones (o tensiones) señaladas identifican a las
organizaciones en que transcurren. Pero no quiero con ello significar
que en una escuela haya sólo contradicción entre conocimiento e
ignorancia, ni que el devenir de un hospital se explique solamente por
la forma en que allí se procesa la tensión entre salud y enfermedad. Ya
lo han señalado los institucionalistas franceses: todas las
instituciones atraviesan todas las organizaciones.
En una escuela hay también salud y enfermedad, represión y
resocialización, autonomía y dependencia, autonomía y dependencia,
trasparencia y opacidad.
No todas estas contradicciones están constituidas por oposiciones
binarias. Una organización asistencial privada se distingue por la
tensión que existe entre medicina y negocio. ¿ Internamos a un paciente
de urgencia que no tiene cobertura social ni seguro médico ? ¿
Invertimos en equipamiento nuevo que nos permita dar un mejor
tratamiento a nuestros pacientes, aunque no mejore nuestra rentabilidad?
La respuesta a estas preguntas irá variando con el tiempo y las
circunstancias, y el proceso dialéctico que se establece en relación a
estas contradicciones permite entender el devenir de la organización.
Una empresa de aplicaciones informáticas puede estructurarse por
mercados o por productos. En el primer caso primará el análisis de las
necesidades específicas de los clientes en cada uno de los mercados y la
empresa se ordenará, en cierto modo, de afuera hacia adentro; en el
segundo, los recursos se alinearán para favorecer el conocimiento de sus
diversos productos, de modo que puedan alcanzar la mayor variedad de
mercados posibles. Pero cuando decide estructurarse por mercados,
aparece un producto tan específico que requiere de un área diferenciada
para poder ser comercializado; o cuando se estructura por gerencias de
producto, se presenta como prospecto una compañía de seguros, con
códigos y necesidades tan "customizadas" del mercado asegurador, que no
está preparada para atenderla.
Nuevamente, el proceso dialéctico entre mercados y productos signa el
devenir de la organización, y la aparición de estructuras híbridas, como
muchas veces sucede, es la expresión del intento de resolución de la
tensión.
Mencioné antes que la práctica del AO, y el análisis de las
contradicciones de la organización por lo tanto, tienen un carácter
situacional. Una organización que emplea provechosamente una tecnología
existente se enfrentará con la contradicción entre repetición e
innovación frente a la aparición de una nueva tecnología en el mercado.
¿ Seguimos como estamos, con altos índices de productividad en relación
a nuestra competencia, o bien nos arriesgamos a incorporar nuevo
equipamiento en procura de mejorar nuestra eficiencia ? ¿ Cuál es el
momento propicio para cambiar e innovar ? Estas preguntas pueden ser
acuciantes en el momento de tomar la decisión, mientras que dejan de
tener relevancia una vez que se ha decidido cambiar.
La práctica del AO, tal como yo la concibo, consiste entonces facilitar
entre los miembros la identificación y el análisis sistemático de estas
contradicciones operantes en su campo en cada situación, con el objeto
de favorecer el logro de la eficacia. El método dialéctico, como su
nombre lo indica, es la metodología para el análisis congruente con esta
concepción dialéctica (valga la redundancia) de la organización.
Para poder efectuar esta facilitación, el practicante diseña su
intervención, estableciendo a partir del encargo del [analizando /
usuario / cliente ], y en conjunto con él, el encuadre de trabajo.Este
especificará, entre otras cosas:
· el nivel de recursividad focal para el análisis;
· las actividades a desarrollar;
· el espacio en que transcurrirán y el tiempo que demandarán;
· los recursos materiales necesarios (comunicaciones, equipamiento,
librería, etc.);
· la información que se requerirá y se producirá, así como el modo en
que circulará;
· el tipo de analizadores a considerar o a construir;
· las técnicas a utilizar (análisis documental, grupos focales de
diagnóstico, grupos operativos, técnicas de acción, etc.);
· los roles de los miembros de la organización y el suyo propio (o de su
equipo);
· los criterios que se utilizarán para evaluar la eficacia de la
intervención;
· los honorarios y la forma de pago.
Como puede apreciarse a partir de esta enunciación, el diseño de la
intervención deberá a su vez resolver una serie de tensiones. Así por
ejemplo, en el caso de una organización gubernamental, el nivel de
recursividad focal para el análisis podrá ser nacional o regional, y la
intervención podrá ser intensiva y corta en términos de tiempo
cronológico, o bien extensiva y más larga. Nuevamente señalo que indico
las alternativas extremas a los simples fines expositivos, sin dejar de
considerar que todas estas decisiones admiten soluciones combinatorias.
En base a estas consideraciones, y más allá de las cuestiones
"administrativas" del encuadre, me interesa ahora distinguir las
tensiones universales más relevantes que cualquier diseño de
intervención desde el AO debe resolver. Invitaré posteriormente al
lector / practicante a pensar en los modos particulares en que resuelve
estas tensiones en los contextos específicos en los que actúa o le ha
tocado actuar.
Aclaro desde ya que la enunciación de estas tensiones no es taxativa, lo
cual se constituye, explícitamente también, en una invitación a revisar
esta lista y practicar en ella las "altas, bajas y modificaciones" que
cada quien quiera introducir.
1. Encargo / Demanda.
Toda práctica del AO se enfrenta con la contradicción que existe entre
satisfacer el encargo de la persona o grupo gestor que se pone en
contacto con el (los) analista (s), y propiciar, previo a toda otra
operación, la inclusión de las necesidades del resto de los miembros de
la organización.
En realidad, el análisis institucional instituye a la transformación del
encargo en demanda en uno de los momentos básicos de su operación (Lapassade
y Lourau, 1971). Quiero señalar aquí que entiendo esta transformación
dialécticamente, dado que las necesidades que expresa el encargo del
grupo gestor suelen tener pretensión de universalidad, en tanto que la
inclusión de los puntos de vista del resto de los miembros de la
organización necesariamente conduce al momento de la particularidad.
Más aun. El encargo es muchas veces la expresión del poder instituido en
la organización, y a través del mismo, existe la intencionalidad
implícita o explícita de poner al analista "en cargo" de la preservación
de tal poder. En estos términos, la construcción de la demanda incluye
la consideración de las fuerzas instituyentes que se oponen a dicho
poder instituido.
La tensión entre la satisfacción del encargo o de la demanda es entonces
una expresión de la relación dialéctica instituido / instituyente en la
organización.
2. Autonomía / Heteronomía.
Toda práctica del AO se enfrenta con la contradicción que existe entre
llevar a cabo el análisis desde la perspectiva de la propia organización
(autónoma), y desde la perspectiva de un observador externo
(heterónoma).
El análisis de las contradicciones inherentes a la jubilación automática
y forzada de los profesores de más de 65 años en la Universidad de
Buenos Aires conduce a ciertas conclusiones si se lleva a cabo desde los
puntos de vista de la propia Universidad, y a otras muy diferentes si se
realiza bajo la óptica de quienes no pertenecen a ella, como lo
demuestra la polémica instalada por los medios masivos de comunicación
social en relación a este tema.
Dos aclaraciones de orden epistemológico son imprescindibles en relación
a esta tensión.
a. En rigor de verdad, no existe para el análisis una perspectiva
autónoma "pura", ya que la organización no habla por sí misma, y nadie
puede arrogarse el derecho de hablar por ella. Cualquier miembro de una
organización, cuando hace una apreciación acerca de lo que allí sucede,
está colocado fuera de ella, en posición de observador. Todas las
apreciaciones que se hacen en relación a lo que acontece, incluidas las
del analista organizacional, están condicionadas por las teorías
implícitas del enunciador, sus marcos conceptuales y su dominio de
experiencias, la posición que ocupa en la organización y la relación que
tiene con los destinatarios inmediatos y mediatos de su enunciación.
b. La utilización de la perspectiva heterónoma para analizar las
contradicciones de una organización no significa que los resultados de
este análisis sean "objetivos". Tampoco se pretende con ella sostener la
"neutralidad valorativa" de quien enuncia una apreciación desde esta
perspectiva.
En el AO no existe la pretensión de objetividad ni de neutralidad
valorativa. Todos los partícipes del análisis están implicados y sus
enunciaciones son una manifestación de esta implicación. La
consideración de sus eventuales discrepancias debe conducir a analizar
esta implicación, tanto como a explicitar y confrontar los criterios de
distinción en base a los cuales formulan sus apreciaciones.
En la práctica del AO, las perspectivas autónoma y heterónoma son
diacrónicamente complementarias y sincrónicamente antagónicas. Esto
significa que a lo largo de una intervención (diacronía) no se puede
prescindir de ninguna de ellas, pero que situacionalmente (sincronía)
cada una de ellas trata de imponerse a la otra.
1. Sincronía / Diacronía.
Toda práctica del AO se enfrenta con la contradicción que existe entre
atender al proceso transcurrido hasta el momento del análisis (análisis
diacrónico), y concentrar la mirada en la disposición presente de las
variables de estado de la organización.
Las decisión de la Universidad de Buenos Aires que jubila automática y
forzosamente a sus profesores de más de 65 años de edad, se entiende de
una manera a la luz de su historia centenaria y de los fundamentos que
dieron origen a la norma (análisis diacrónico), y de otra muy diferente
al analizar el impacto en función de las fuerzas políticas en pugna
dentro y fuera de la Universidad en el momento de tomar la decisión
(análisis sincrónico).
Nuevamente, al igual que en el punto anterior, las relaciones entre el
análisis sincrónico y el análisis diacrónico de una organización son de
naturaleza complementaria y antagónica simultáneamente. No se puede
prescindir de ninguno de ellos, pero, situacionalmente, uno tenderá a
negar al otro.
2. Afuera / Adentro.
Toda práctica del AO se enfrenta con la tensión que existe entre
analizar sus contradicciones de cara al exterior y al interior de la
organización.
La nueva ley federal de educación (24.915), al diluir las fronteras de
los ciclos de enseñanza tradicionales (primario, secundario, terciario o
universitario), "ataca" a la escuela secundaria "por delante" (educación
general básica - EGB) y "por detrás" (educación polimodal). Diferente es
analizar, por ejemplo, las tensiones que resultan de incorporar el
séptimo grado en una escuela secundaria si se lo hace desde la óptica de
las relaciones externas (escuelas primarias "proveedoras" de alumnos, o
padres) o de las relaciones internas (incorporación de alumnos en otro
estadio evolutivo, nuevos profesores, integración de los tres primeros
años).
A las consideraciones sobre relaciones complementarias y antagónicas que
vengo haciendo en los puntos anteriores, agrego aquí que el afuera y el
adentro de una organización presentan, respecto de su análisis, una
típica relación de figura –fondo, en el sentido en que no se pueden
percibir ambos simultáneamente, y que cuando se prioriza la
consideración de uno (figura), el otro pasa a segundo plano (fondo).
3. Inclusión / Exclusión de todos los partícipes.
Toda práctica del AO se enfrenta con la tensión que existe entre incluir
y excluir a todos o a algunos de los partícipes relacionados con la
resolución de las contradicciones que analiza.
Los padres son partícipes de la escuela, aunque no "pertenecen" a ella.
En el ejemplo de la nueva ley federal de educación, una escuela primaria
que esté considerando las tensiones que surgen al extender su alcance a
toda la educación general básica (EGB), incluyendo el octavo y el noveno
año, podrá solicitar la participación de los padres en distintos grados
(en la información, en la consulta o en las decisiones), o bien
convocarlos cuando la decisión ya se haya tomado.
Desde ya que la resolución de esta tensión depende del tipo de escuela
de que se trate, ya que no será lo mismo en escuelas públicas, que en
general procesan estas tensiones a partir de decisiones tomadas fuera de
su propio ámbito, que en las escuelas privadas, las cuales suelen tener
a este respecto un mayor nivel de autonomía.
La cuestión de los modos de inclusión de los partícipes se ha hecho más
evidente a partir de la relativa dilución de los límites
organizacionales a que conduce la configuración de redes
organizacionales. Las alianzas estratégicas y la integración de las
"cadenas de abastecimientos" son ejemplos a través de los cuales podemos
apreciar la necesidad de incluir, por ejemplo, a proveedores y clientes
en el análisis de las contradicciones de una organización. Al momento de
escribir este trabajo, el análisis de la inédita problemática del "paso
al año 2000" está poniendo dramáticamente de manifiesto esta necesidad.
4. Foco en toda / en parte de la organización.
Toda práctica del AO se enfrenta con la tensión que existe entre
establecer como nivel focal al conjunto de la organización, y considerar
centralmente para el análisis a una o varias de sus partes componentes.
La reforma administrativa de los poderes judiciales provinciales
reconoce, para su análisis, la existencia de distintos niveles de
recursividad, desde el ámbito más abarcativo de los superiores
tribunales encargados de la administración general de la organización
hasta los más restringidos de la administración de los juzgados. Es
posible llevar a cabo un análisis de las contradicciones que tal reforma
pone de manifiesto, por ejemplo, a partir de la inclusión de nuevos
modos de procesamiento informático, tanto en los juzgados donde impacta
directamente, como en la administración central donde generalmente se
toman las decisiones a este respecto que afectan a todos los tribunales.
No se me escapa la objeción que pondrán los sostenedores del pensamiento
sistémico a la existencia de esta tensión. Dirán, con razón, que la
organización es una y que el análisis no puede llevarse a cabo sin
entender las determinaciones recíprocas entre las decisiones que se
tomen en uno y otro nivel. Por supuesto que esto es así, pero añado aquí
que siempre hay un foco de la intervención, determinado generalmente en
este caso por el origen del encargo y la posibilidad de transformarlo en
demanda.
Nuevamente, esta tensión entre los niveles focales posibles para la
intervención asume habitualmente la alternancia de las relaciones figura
– fondo. En efecto, frente a la consideración de un nivel tomado como
foco (por ejemplo, un juzgado), el otro – o los otros – (por ejemplo
todos los juzgados de un fuero), constituyen el contexto del análisis,
siendo frecuente la transformación del fondo en figura en función de las
necesidades del análisis.
5. Rigidez / Flexibilidad.
Toda práctica del AO se enfrenta con la tensión que existe entre avanzar
tal como fue planificada en el momento de la fijación de su encuadre de
trabajo, y atender las contingencias de origen externo o interno que se
presentan en su transcurso, dejando de lado – aunque sea
transitoriamente – la planificación original.
La palabra rigidez no tiene, en este contexto, la connotación negativa
que adquiere muchas veces en el lenguaje coloquial. Antes bien, pretendo
señalar con ella la existencia de un encuadre de trabajo riguroso y bien
estructurado, virtudes estas no siempre presentes en nuestras
intervenciones.
Sin embargo, tener en cuenta la variedad de acontecimientos que impactan
sobre la organización es un requerimiento básico de la operación del AO,
ya que son precisamente ellos los que ponen de manifiesto las
contradicciones a analizar. El concepto de planificación contingente, un
oximoron en estado puro, da cuenta de esta tensión que es la expresión
particular de la contradicción universal que existe entre la estructura
y el acontecimiento.
6. Reflexión / Acción.
Toda práctica del AO debe enfrentar la contradicción que existe entre
favorecer la reflexión de sus participantes, y estimularlos a tomar
acción.
Cualquier dispositivo analítico es, de por sí, de naturaleza reflexiva.
Exige a los participantes "poder salirse de adentro para mirarse de
afuera", y esto se condice con el origen etimológico de la palabra
reflexión, que viene de reflejo y alude a mirarse en el espejo. La
posibilidad de ubicarnos en una posición depresiva madura, que admita y
se haga cargo de la existencia de nuestras contradicciones y las de los
demás, no puede darse sino dentro de un espacio reflexivo.
Sin embargo, las organizaciones son esencialmente espacios de acción, se
nutren de la toma de decisiones por parte de sus miembros y de su
consecuente puesta en práctica. La aceleración de los tiempos
posmodernos ha enfatizado esta característica hasta llevarla incluso a
límites que bordean lo patológico, al transformarse en una exigencia
compulsiva, y aun coercitiva.
No debe confundirse empero la necesidad de reflexión en una
organización, facilitada por el dispositivo del AO, con la demora en el
pasaje a la acción. La apuesta en favor de la constitución de espacios
reflexivos se basa en la convicción que de la reflexión surge
oportunamente la acción más apropiada a las circunstancias, y que ella
permite a los actores apropiarse de sus actos, mientras que, por el
contrario, la acción irreflexiva es un síntoma de alienación. El
concepto de acción reflexiva, también él de naturaleza "oximorónica",
surge entonces como un intento de superación dialéctica de esta
contradicción.
7. Estructura / Proceso.
Toda práctica del AO se enfrenta con la tensión que existe entre atender
situacionalmente a las contradicciones de la estructura de relaciones
operantes en el campo, y a las de los procesos que se atienden en el
marco de dichas relaciones.
Así por ejemplo, en una cooperativa de trabajo podremos analizar las
cuestiones emergentes de la existencia de una estructura jerárquicamente
estratificada, o atender, al mismo fin, al proceso mediante el cual
fueron designadas las personas que ocupan esos cargos jerárquicos.
La famosa disyuntiva entre organizarse por funciones u organizarse por
proyectos es una expresión de esta contradicción, como también lo es la
dificultad de identificar por ejemplo al "dueño" del proceso de
abastecimientos en una empresa que tiene un área de programación de la
producción separada del área de compras y del área de almacenes.
La relación entre estructura y proceso alude a la contradicción que
existe entre "eso" y "lo que conduce a eso", entre lo que está quieto y
lo que se mueve, entre la permanencia y el flujo y la transformación,
entre la invariancia y el cambio. La teoría de organización ha dado
cuenta de la existencia de esta tensión, y el concepto de organización
matricial, producto de la imposibilidad de reconocer un único principio
organizador para la estructura, es también un intento de superación
dialéctica de esta contradicción.
En la práctica del AO además, la tensión entre estructura y proceso se
manifiesta, por ejemplo, en el establecimiento de los roles del analista
y de los analizandos en el momento del establecimiento del encuadre de
trabajo (estructura) y el desempeño efectivo de esos roles a lo largo de
la operación (proceso).
8. Contenidos / Relaciones.
Toda práctica del AO se enfrenta con la tensión que existe entre
priorizar los contenidos temáticos emergentes del análisis de las
contradicciones de la organización, y atender a las relaciones
vinculares en el marco de las cuales se da dicho análisis.
La contradicción entre la protección (o el cuidado) y el abandono es
característica de los hogares geriátricos, y marca tanto a los
familiares de los internados como a los empleados de la organización.
Cuando se analiza dicha contradicción en una reunión grupal entre las
enfermeras y el personal de limpieza, abordando por ejemplo las
ansiedades que a ellos les produce el deterioro de los ancianos, el
analista puede concentrarse prioritariamente en la necesidad de
producción de ciertas recomendaciones que sean útiles para el mejor
desempeño de sus respectivos roles (contenidos), o bien favorecer el
análisis de las depositaciones recíprocas que dichas ansiedades producen
(relaciones).
Toda práctica analítica persigue explícita o implícitamente un objetivo
de aprendizaje, y el aprendizaje vincular es uno de los productos
emergentes más característicos de una práctica analítica grupal. Pero
puesto situacionalmente frente a la consideración de un existente en un
grupo, el analista siempre estará siempre frente a la opción, en
términos de oportunidad, de señalar su relevancia desde el punto de
vista de las conclusiones a que conduce (contenidos), o bien por lo que
alumbra en términos de relaciones vinculares (relaciones).
Ello no quita que la cuestión de las relaciones sea siempre relevante en
las organizaciones porque se trata de relaciones de poder, objeto regio
de análisis de contradicciones si se las entiende como desigualitarias y
móviles, productoras y represoras, favorecedoras de un proyecto y
generadoras de resistencia (Foucault, 1976).
Agrego, para finalizar este punto, que en la técnica de grupo operativo
(Pichon Rivière, 1970), especialmente indicada - cuando se dan las
condiciones – para el análisis de las contradicciones, el coordinador se
ve permanentemente confrontado con la tensión que existe entre
intervenir desde la temática que está abordando el grupo y la dinámica
de las relaciones establecidas en dicho abordaje.
Relacionadas con esta tensión, se hallan también las que existen entre
las intervenciones sobre lo manifiesto o sobre lo latente en el
acontecer grupal, entre el proyecto y la resistencia, entre su tarea
explícita y la tarea implícita de elaboración de las ansiedades de los
miembros del grupo.
9. Proyecto / Resistencia.
Toda práctica del AO se enfrenta con la tensión que existe entre
intervenir sobre las fuerzas que impulsan el proyecto que la convoca, y
ocuparse preponderantemente de las resistencias que se oponen a dicho
proyecto.
En las empresas familiares, el analista organizacional es convocado con
frecuencia para facilitar la transición generacional, para favorecer el
pasaje hacia una mayor profesionalización de sus cuadros, o para ambas
cosas a la vez. Sabemos que estas empresas están identificadas por la
superposición y el deslizamiento que existe entre dos sistemas de
relaciones – familia y empresa – mediatizados por el sistema de
propiedad. No resulta extraño entonces que en el transcurso del análisis
los participantes se ubiquen en el sistema empresa cuando enfocan el
proyecto, mientras que el sistema familia suele irrumpir desde la
resistencia. Es en estas circunstancias entonces, cuando el analista se
ve tentado a intervenir sobre uno u otro sistema, y cuando siente – y le
hacen sentir – que ambas opciones son excluyentes. La superación
dialéctica de ambas contradicciones – la que existe en el campo de
análisis y la suya propia en términos de construcción de su intervención
– no consiste habitualmente en centrarse en el proyecto o en la
resistencia, sino en señalar y analizar las relaciones que existen entre
ambos.
10. Actores / Personajes.
Toda práctica del AO se enfrenta con la tensión que existe entre
considerar a los participantes como los personajes encarnan en el
desempeño de sus roles, o como los actores que son más allá de su
pertenencia a la organización (Goffman, 1959).
Quiero aclarar que esta distinción es puramente analítica, y que, en la
práctica, es imposible separar al actor del personaje. No obstante ello
la distinción es útil para explicar por qué resulta diferente trabajar
con personas para quienes aquello que son está cerca de aquello que
representan, de trabajar con otros que sienten simplemente venden su
trabajo por dinero. En términos de construcción de su intervención, el
analista organizacional se verá generalmente tentado a centrarse en los
personajes cuando su foco esté puesto en el logro de la eficacia de la
organización, mientras que tenderá a interesarse por los actores cuando
su preocupación se dirija preponderantemente al favorecimiento de la
salud de los participantes.
La superación dialéctica de esta contradicción consiste en explicitar y
analizar la distancia de rol de los participantes, aquella que existe
precisamente entre el actor y el personaje, y que permite abordar las
contradicciones que existen entre ellos.
11. Analizadores naturales / analizadores artificiales.
Toda práctica del AO se enfrenta siempre con la tensión de recurrir en
su transcurso al uso de analizadores naturales o artificiales (Lourau,
1972).
Las contradicciones operantes en una organización se manifiestan a
través de una variedad muy grande de instancias significantes. La
distribución de los espacios físicos, el arreglo de los tiempos, la
programación de las reuniones habituales, su periodicidad, la manera en
que se preparan y se conducen, el modelo de presupuesto y el sistema de
compensaciones, todos estos son elementos "naturalmente" presentes a
través de los cuales "habla la organización", y a los que el analista
puede recurrir para facilitar el análisis de las contradicciones.
La utilización de estos analizadores, o la incursión del analista por
ellos, puede ser insuficiente. En una empresa, él puede observar e
incluso intervenir activamente en la reunión semanal de un equipo
interfuncional encargado de llevar adelante el proyecto de lanzamiento
de un nuevo producto. Es probable que en estas reuniones se manifieste
la tensión que normalmente hay entre las áreas de ventas y de
producción, producto de la contradicción que existe entre la lógica de
sistema abierto y la lógica de sistema cerrado. Pero es probable que el
análisis de esta contradicción no pueda llevarse a cabo eficazmente en
el marco de las reuniones habituales de este equipo, sea porque
interfiere con su tarea inmediata, o porque requiere de la participación
de otras personas que no integran el equipo.
En este caso, el analista deberá programar una serie de reuniones ad hoc,
construyendo un dispositivo artificial configurado exclusivamente por y
para las necesidades de la operación analítica. Obviamente, en términos
de intervención, la implementación de este dispositivo se enfrentará a
su vez con la tensión que existe entre la voluntad de los participantes
de darle tiempo y espacio a su reflexión analítica, y las demandas y
urgencias que les impone la realización de sus actividades corrientes.
La cuestión de los analizadores naturales y artificiales remite a su vez
a la tensión que existe, para el analista, entre intervenir y no
intervenir en los espacios intersticiales de la organización, aquellos
en los que transcurren y se procesan sus "restos no elaborados" (Rousillon,
1993). La cocina, el comedor, los baños, los pasillos (y su
paradigmático correlato comunicacional, la "radio pasillo") brindan por
un lado un material analítico muy significativo, pero por el otro lado,
como analizadores naturales, se resisten a ser "intervenidos". La
paradoja de la intervención en los espacios intersticiales es, en cierto
modo, una expresión de la tensión que existe entre los analizadores
naturales y los artificiales.
12. Clases institucionales / Familias organizacionales.
Toda práctica del AO se enfrenta con la tensión que existe entre
trabajar (grupalmente) con clases institucionales, constituidas por
miembros de similares estratos jerárquicos o de similar condición de
membresía, y trabajar con familias organizacionales compuestas por
miembros pertenecientes a la misma división, área funcional,
departamento o sector, equipo de proyecto o interfuncional, sin
distinción de niveles jerárquicos ni condición de membresía (Mendel,
1981).
Para el análisis de las contradicciones que emergen de sus actividades
corrientes, el analista puede optar por convocar a los participantes por
clases o por familias.
En el primer caso se trata de un agrupamiento de pares, y suele
aflojarse allí la censura que normalmente imponen las relaciones
jerárquicas de poder presentes en las reuniones de familias
organizacionales.
Los agrupamientos en clases institucionales suelen poner más de
manifiesto a los actores, mientras que la interacción en familias
organizacionales invita a los participantes a "refugiarse" en los
personajes que desempeñan.
Técnicamente, entonces, una intervención analítica deberá definir cuándo
conviene recurrir a cada tipo de agrupamientos. Así por ejemplo, las
organizaciones sin fines de lucro se caracterizan por la existencia de
dos clases de miembros, los no remunerados monetariamente (en general
denominados voluntarios), y los que están remunerados (en general
denominados empleados). Es habitual que para la realización de sus
tareas se manifiesten entre ellos tensiones derivadas de su diferente
condición. Generalmente, el poder político de la organización reside en
los voluntarios, mientras que en los empleados se concentra el saber
técnico o profesional. Los primeros suelen dedicar un tiempo parcial a
la organización, secundario en términos de otras obligaciones laborales,
y por ello sus obligaciones de desempeño suelen ser menores que las de
los empleados.
Si en el transcurso de una intervención analítica se tratara de analizar
la contradicción egoísmo – altruismo que atraviesa este tipo de
organizaciones, lo más lógico será trabajar con la clase de los
voluntarios. Cuando en cambio la cuestión pasa por ver qué ocurre en
relación al proceso de captación de fondos, será conveniente citar a
todos los empleados y voluntarios que están directamente relacionados
con el mismo.
El tercer canal de comunicación, un dispositivo que relaciona e integra
el trabajo de las diferentes clases institucionales que existen en
cualquier tipo de organización, es la propuesta de Mendel para superar
dialécticamente las contradicciones que existen entre ellas (Mendel,
1992).
13. Información de acceso restringido / Información de libre acceso.
Toda práctica del AO se enfrenta con la tensión que existe entre
favorecer el libre acceso y circulación de la información que produce
entre todos los miembros de la organización, y restringir dicho acceso y
circulación con criterios que generalmente se sustentan en el objeto de
la intervención.
Las organizaciones que no pueden cometer errores porque ellos ponen en
riesgo vidas humanas (compañías de aviación, empresas generadoras y
distribuidoras de energía eléctrica, laboratorios de esterilización,
etc.) enfrentan la contradicción que existe entre la necesidad de tener
controles redundantes y obsesivos, y el costo económico que de ello se
deriva. El análisis de esta contradicción puede dejar al descubierto
situaciones de riesgo que no tengan solución en el corto plazo, y los
participantes – tanto como el analista – se enfrentarán con la
responsabilidad de decidir entre informar a todos los miembros de la
organización acerca de esta situación, o restringir el acceso a dicha
información sólo a quienes estén más expuestos al riesgo, para no
provocar innecesarias situaciones de pánico.
La literatura de divulgación sobre organización, en su afán de
ocultamiento ideológico, ensalza la trasparencia de la comunicación y el
compartir la información.
Quienes tienen responsabilidades de conducción en organizaciones, así
como quienes facilitan su análisis, saben que – en el mejor de los casos
- estas apreciaciones no son más que la expresión de un voluntarismo
ingenuo. No siempre es bueno informar a todos, tanto como no siempre es
malo ocultar información, al menos hasta que estén dadas las condiciones
para su circulación. Las contradicciones que genera la norma de
confidencialidad de las remuneraciones que suele existir en las
organizaciones de empleo, es un ejemplo de la tensión que estamos
considerando en este punto.
14. Reuniones dentro / fuera del espacio – tiempo de la organización.
Toda práctica del AO se enfrenta con la tensión que existe entre llevar
a cabo las reuniones que se requieren dentro de los espacios y los
tiempos propios de la organización, y programar dichos encuentros fuera
de ella, o en horarios diferentes de aquellos en que transcurren
normalmente sus actividades.
A través de esta tensión, se pone de manifiesto la consideración del
principio de territorialidad que existe en toda intervención del AO.
Creo que el analista externo juega siempre "de visitante" en relación
con su organización cliente, la cual tiende a imponerle sus propias
reglas a través del respeto que demanda por sus tiempos y por la
utilización de sus espacios.
Una manera de atenuar esta imposición consiste en sacar a los
participantes de sus lugares, o convocarlos fuera de hora, no sólo para
evitar que el trabajo analítico se vea dificultado por las
interferencias de las actividades cotidianas, sino también para
instituir un espacio de extraterritorialidad que permita al analista – y
a los participantes – operar con reglas del juego diferentes que las
habituales. La consideración de las dificultades que de hecho existen
para la constitución de esta extraterritorialidad, se constituye también
en un analizador de la organización.
El argumento en favor de practicidades tales como la mayor facilidad de
desplazar al analista de su lugar de trabajo, antes que movilizar a
todos los participantes a otro sitio para una eventual reunión de
trabajo, suele ocultar muchas veces la resistencia de los participantes
a la situación analítica, tanto como al poder que el analista adquiere
en dicha situación.
a. LA RESOLUCIÓN DIALÉCTICA DE LAS TENSIONES UNIVERSALES DE LA
PRACTICA DEL AO EN CONTEXTOS ESPECÍFICOS.
Conviene a esta altura recordar la hipótesis mencionada en la
introducción, esto es, que la práctica del AO enfrenta al practicante
con la necesidad de resolver una serie de tensiones que son de carácter
universal, y que es la resolución dialéctica de estas tensiones la que
varía de acuerdo al practicante, a la organización y a la situación.
De las tres variables enunciadas, dejaré aquí de lado las del
practicante (sus marcos conceptuales, su dominio de experiencias, su
implicación) y las de la situación, para centrarme en la influencia del
tipo de organización analizada en los modos de resolución dialéctica de
las tensiones enumeradas en la sección anterior.
A estos efectos, podemos visualizar dichas tensiones en el siguiente
cuadro, donde la primera columna identifica el parámetro de análisis, la
segunda y la cuarta los polos de las tensiones, y la tercera el perfil
de resolución de cada una de ellas, que indica gráficamente la decisión
que se toma para la intervención analítica, tanto en su fase de diseño
como en su desarrollo efectivo.

Al solo efecto de ejemplificar la visualización de un perfil, si en
una intervención hipotética se optara por
privilegiar más la demanda que el encargo;
orientarla más al análisis de las relaciones externas que internas;
priorizar el análisis de las contradicciones inherentes a los procesos
antes que las de la estructura;
y trabajar sólo analizadores artificiales, siendo estos un ciclo de
reuniones semanales con las distintas clases institucionales; entonces,
el perfil se indicaría de la siguiente manera:

Quiero hacer notar que el alineamiento de los polos en el cuadro que
contiene todas las tensiones no es caprichoso, sino que he puesto en la
columna de la izquierda aquellos extremos hacia los cuales se orientan
las intervenciones más "duras", epistemológicamente cercanas a las
ciencias de la administración. Los polos alineados a la derecha, por su
parte, configuran un tipo de intervenciones analíticas más "blandas",
estructuradas paradigmáticamente desde la psicología, la sociología o
las ciencias de la comunicación.
Antes de considerar los contextos específicos, y a los simples fines
retóricos, me interesa caracterizar ambos extremos porque,
epistemológicamente, configuran paradigmas opuestos. El de la izquierda
está regimentado por "la ley y el orden" y la relación que establece
entre el practicante y la organización responde al modelo "cliente –
proveedor". Estas intervenciones se orientan más a satisfacer el encargo
que la demanda, en general desde una perspectiva heterónoma formulada
desde las necesidades del grupo gestor, interesadas más por el estado
actual de la organización que por la manera en que se llegó hasta allí.
Los partícipes "externos" suelen quedar excluidos, el análisis de toda
la organización aparece como peligroso, casi subversivo, y el proceso
analítico se planifica cuidadosamente en todas sus etapas, como un modo
de mantenerlo bajo control. Se prioriza la acción antes que la
reflexión, la estructura antes que el proceso, los contenidos antes que
las relaciones. Las resistencias son negadas, cuando no aplastadas,
interesan los personajes en el desempeño de los roles y la consideración
de los afectos queda la mayor parte de las veces escindida del análisis.
La circulación de la información se restringe y la condición para el
analista - proveedor es que trabaje en el territorio de la organización
- cliente.
En el extremo, obviamente, estas no son intervenciones analíticas.
Del lado derecho tenemos las intervenciones "cuasi anárquicas", que
relacionan la organización con el practicante bajo el modelo "paciente –
terapeuta" . El pasaje del encargo a la demanda es inexcusable, la
autonomía es un valor, el enfoque es "endócrino" y se orienta casi
exclusivamente al medio interno, se convoca a la "comunidad" de los
partícipes y el análisis abarca a toda la organización a la que se
convoca en estado de asamblea. La planificación suele ser contingente,
se priorizan la reflexión, los procesos y las relaciones, y la
información circula con libertad. Las resistencias constituyen el
material regio para el análisis, interesan los actores antes que los
personajes y su salud más que la eficacia de la organización.
Son intervenciones que, ontológicamente, conciben a la organización como
"flujo y transformación", como lugar de mediatización en la relación
entre individuo y sociedad, y que montan sus dispositivos analíticos en
correspondencia con esta concepción. A mi juicio, en el extremo, de tan
"blandas" y de tan abarcativas, diluyen a la organización en el contexto
y, con ella, a la especificidad de su materia analítica.
Tampoco son, entonces, intervenciones analíticas sobre la organización
propiamente dicha.
He exagerado ambos extremos no sólo para aclarar el cuadro precedente,
sino para efectuar una primera aproximación a la consideración de la
práctica del AO en contextos específicos. En efecto, podría afirmarse
que las intervenciones cercanas a las de la "ley y el orden" serían
apropiadas para las organizaciones de encierro, como son las cárceles o
los cuarteles, si tales organizaciones fueran susceptibles de análisis.
Las intervenciones cuasi anárquicas serían más propias de las
organizaciones comunitarias, como lo son algunas sin fines lucro, o las
sociedades de fomento barrial.
En una segunda aproximación, podríamos pensar que las particularidades
de distintos tipos de organizaciones podrían demandar, e incluso
favorecer, determinadas resoluciones de las tensiones universales más
que otras.
Un ejemplo en cierto modo trivial de esta afirmación pueden ser las
escuelas secundarias, que son organizaciones caracterizadas por la
escasa disponibilidad de tiempo de sus profesores, quienes se la pasan
dando clase y viajando de una escuela a otra. En tales casos se impone
la utilización de analizadores naturales antes que artificiales, ya que
resulta muy difícil lograr que asistan a reuniones fuera de los horarios
que ya tienen comprometidos con la organización. Además, al ser estas
reuniones de carácter pedagógico, suelen convocar a los miembros de su
familia organizacional.
Tal vez sea oportuno señalar aquí que son pocas las organizaciones que
convocan regularmente a reuniones de sus distintas clases
institucionales. Algunas intervenciones en hospitales desde la
psicología institucional han trabajado por separado con las enfermeras y
los médicos, y esto se facilita allí porque las organizaciones
asistenciales, sobre todo las públicas, son altamente estratificadas, no
solamente en términos estructurales sino también sociales. Las
enfermeras y los enfermeros, en efecto, suelen pertenecer a una clase
socio-económica más baja que la de los médicos y sus roles tienen un
status ciertamente inferior al de ellos.
Dado el carácter hipotético de este trabajo, formularé de aquí en más
algunas enunciaciones recurriendo al modo interrogativo. Aclaro una vez
más que dejo de lado las variables provenientes del perfil del analista
y de la situación.
¿ Será necesario en las empresas familiares, incluir a ciertos
partícipes que pertenecen a la familia pero no a la empresa, al menos
formalmente ?. Hay cuestiones con los hijos que trabajan en la
organización que no pueden resolverse sin la presencia de otros hermanos
que están "fuera" de ella; hay hijas que vienen con yernos e hijos que
traen nueras, así como están los maridos cuyas decisiones el analista no
puede comprender hasta que no incluye a la esposa en el análisis.
¿ En caso de requerir una intervención analítica, las empresas que
integran sus cadenas de abastecimiento convocarían también a otros
partícipes, en este caso sus proveedores y sus clientes ?
En las organizaciones sin fines de lucro, los miembros voluntarios
tienen bajas obligaciones de desempeño. ¿ Deberá el dispositivo
analítico para trabajar con ellos priorizar las relaciones (o el
proceso) antes que los contenidos (o el producto) ?
¿ Puede afirmarse que el nivel focal de análisis en las cooperativas de
trabajo debe ser la organización en su conjunto, mientras que en las
cooperativas de consumo será difícil que se convoque a los asociados
para un trabajo analítico ?
Las organizaciones académicas solían ser campos para intervenciones
orientadas hacia adentro más que hacia afuera. ¿ Podrá ser que hoy día,
el modo diferente en que se concibe la relación universidad – empresa,
con su lamentable consecuencia del surgimiento de las "universidades
corporativas", esté desplazando la resolución de esta tensión hacia el
otro extremo ? ¿ Será esto así tanto por la imposición de perfiles
laborales requeridos por las empresas, como porque las universidades
privadas necesitan "venderse" para captar sus "clientes" ?
Requerirá el poder judicial un enfoque sincrónico, dado que allí se
impone la cultura de la resolución "caso por caso", y la jurisprudencia
(asimilable a una perspectiva diacrónica) no tiene un carácter
impositivo en las decisiones del juez ?
¿ Serán las "instituciones psicoanalíticas" más proclives a la reflexión
que a la acción ? ¿ Atenderán menos a sus proyectos que a las
resistencias que a partir de ellos emergen ?
¿ Puede afirmarse el trabajo con partidos políticos requiera la libre
circulación de la información entre sus miembros, más allá de quienes
sean los participantes directos del dispositivo analítico ?
Los centros de investigación científica suelen poner mucho énfasis en
los aspectos metodológicos de su trabajo. ¿ Requerirán a su vez una
planificación rigurosa para la intervención analítica ?
Resulta frecuente que los miembros de las organizaciones regionalizadas,
internacionalizadas o globalizadas deban viajar imprevistamente. ¿
Significará ello que allí la planificación de la intervención deberá ser
más contingente ?
Podría seguir planteando preguntas como estas, pero creo que, a los
fines de este trabajo, las anteriores son suficientes. Propongo de aquí
en más que el colega - lector recurra a su propia experiencia para
formular las suyas propias. Sugiero también que cada uno complete el
perfil de sus intervenciones particulares, y piense en qué medida la
resolución de las tensiones universales de la práctica del AO ha estado
determinada por el tipo de organización en la que se han llevado a cabo.
De esta manera, en este foro del Simposio, podremos acumular preguntas y
perfiles que posteriormente trabajaremos en nuestro encuentro
presencial.
CONCLUSIÓN
El AO es una práctica en busca de su significación social. Participan de
esta búsqueda los analizandos tanto como los analistas.
Como práctica, reconoce sus propias contradicciones. Tal como expresa el
cuadro siguiente, por ejemplo la posición del analista se tensa entre el
conocimiento universal que tiene de las organizaciones y su ignorancia
con respecto a la organización particular que está analizando. La
epistemología del análisis, muchas veces no explicitada, puede oscilar
entre el descubrimiento o la construcción de los problemas que lo
motivan. Su intencionalidad básica se debate entre la crítica y la
afirmación del orden instituido en la organizacion, en sincronía con el
carácter instituyente o instituido que asume la intervención.

Las organizaciones objeto de análisis poseen sus propios rasgos de
identidad, algunos de los cuales son a su vez de naturaleza
contradictoria en términos dialógicos (Morin, 1977). El tratamiento del
dolor es un rasgo de identidad de los hospitales, y el modo en que se
lleva a cabo pone de manifiesto la particular concepción del proceso de
curación, cuestión que a su vez remite a la relación dialógica entre
salud y enfermedad.
Los organismos multilaterales de financiación internacional (Banco
Mundial, BID) se caracterizan por la tensión que existe entre, por un
lado la urgencia por dar respuestas a las necesidades acuciantes que
pretenden ayudar a resolver, y por el otro, las demoras que demanda el
carácter inevitablemente buropatológico que suelen desarrollar.
Es lícito suponer que existe una relación de determinación entre las
características del campo de análisis y el diseño del dispositivo de
intervención. Si la intencionalidad básica de la intervención es la de
afirmación del orden instituido, como suele suceder en los casos que he
identificado como cercanos al extremo de la "ley y el orden", la
determinación será lineal en el sentido en que es la organización la que
determina las características del dispositivo analítico.
En estos casos, los cambios asociados a la intervención son de
naturaleza conservativa (Maturana y Varela, 1974) y el aprendizaje
asociado a ellos es del tipo I, es decir, posibilitador de una "revisión
de lecciones dentro de un conjunto inmodificado de alternativas" (Bateson,
1972).
Cuando la intencionalidad básica sea la crítica, hecho frecuente en las
intervenciones cuasi – anárquicas, tenderá a manifestarse una inversión
de la determinación en el sentido en que la institución del dispositivo
analítico tiende obviamente a alterar radicalmente a la organización.
Los cambios son destructivos y el aprendizaje asociado del tipo III,
posibilitador de "un cambio correctivo en el sistema de conjuntos de
alternativas entre las que se hace la elección".
La relación entre crítica y afirmación signa entonces a la práctica del
AO, imponiendo el reconocimiento de una determinación recíproca entre la
organización y el dispositivo analizador. La resolución dialéctica de
esta contradicción conduce, las más de las veces, a la emergencia de
cambios innovativos en la organización, con aprendizaje II para sus
participantes, que entraña la "revisión del conjunto dentro del cual se
hace la elección".
Me parece a mí que, para bien o para mal, los analistas
organizacionales, en cualquier contexto específico, solemos ubicarnos
tan lejos de la inoperancia a que conduce la moderación "gattopardista",
como de la azarosa aventura a que obliga la exaltación revolucionaria.
BIBLIOGRAFÍA
Bateson, G. (1972 ). Pasos hacia una ecología de la mente. Buenos Aires,
Planeta – Carlos Lohlé, 1991.
Borges, J.L. "El jardín de los senderos que se bifurcan". En Ficciones.
Obras completas. Buenos Aires, Emecé, 1974.
Foucault, M. (1976). Historia de la sexualidad. La voluntad de saber.
México, Siglo XXI, 1987.
Goffman, E (1959). Internados. Madrid, Amorrortu, 1970.
Lapassade, G. y Lourau, R. (1971). Las claves de la sociología.
Barcelona, Laia, 1973.
Lourau, R. (1972). El análisis institucional. Buenos Aires, Amorrortu,
1975.
Maturana, H. y Varela, F. (1974). De máquinas y seres vivos. Santiago de
Chile, Editorial Universitaria, 1994.
Mendel, G. "El sociopsicoanálisis institucional ", en La intervención
institucional, México, Folios, 1981.
(1992). La sociedad no es una familia. Buenos Aires, Paidós, 1993.
Morin, E. (1977). El método. La naturaleza de la naturaleza. Madrid,
Cátedra, 1981.
Pichon Riviere, E. (1970). El proceso grupal. Buenos Aires, Nueva
Visión, 1980.
Rousillon, R. "Espacios y prácticas institucionales. La liberación y el
intersticio". En La Institución y sus instituciones, R. Kaës y otros.
Buenos Aires, Paidós, 1993.
Schvarstein, L. Diseño de organizaciones. Tensiones y paradojas. Buenos
Aires, Paidós, 1998.
Aportado por: www.hfainstein.com.ar Actividades de consultoría, capacitación y facilitación de procesos para contribuir al aprendizaje y desarrollo de personas, equipos y organizaciones, tanto en el ámbito público como privado, y en organizaciones no gubernamentales. infoarrobahfainstein.com.ar
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