Fanatismo laboral

Autor: Odalis Rojas

Otros conceptos y herramientas de RR.HH.

11-12-2007

Haciendo uso de esa manera típica de hablar en hipertexto que tenemos algunas mujeres, en la cual vamos haciendo click y conectando un tema y otro, con una querida amiga que hacia un buen tiempo no veía, discutíamos en una improvisada cena sobre los “fanatismos”, comenzamos hablando de lo dañino de los fanatismos, cualquiera que sea su origen bien religioso, deportivo político y de manera casi espontánea salió el término de “fanatismo laboral” me llamó la atención el uso que mi amiga le dio al término para referirse a que los comúnmente denominados “workaholic” y que se han convertido en una especie de anti-valor organizacional y decidí seguir pegada en ese click para profundizar acerca de su percepción sobre el tema, con el riesgo de que después de mucho tiempo sin vernos se nos quedaran algunos temas importantes en el tapete.

Mi amiga comentaba que viendo su vida en retrospectiva, con la madurez que tiene ahora no trabajaría de la forma en que lo hizo de joven, pese a que gracias a ese ahínco y pasión es que logró forjarse todo lo que hoy día tiene, tanto a nivel material, como inmaterial, reflexionaba también acerca de las facturas que el cuerpo, la familia y los amigos te pasan al final del camino que denominaba “vivir trabajando”. Trajimos a colación los regalos que nos da la vida, especialmente nuestros hijos, que van creciendo sin que nos demos cuenta de cuán rápido pasa el tiempo y la terrible pregunta que como padres nos hacemos en algún momento “si llegásemos a faltarles ¿qué sería de ellos?”, trajimos a colación la historia de dos personas, de dos países completamente distintos (España y Dominicana) jóvenes, saludables, buena gente, de familia, que no sobrepasando los 35 años habían muerto recientemente de infartos masivos, que según la percepción general se debieron al estrés producido por el “fanatismo laboral” y nos preguntábamos de qué valió tanto esfuerzo si al final de ese camino lo que dejaron fue hijos huérfanos y viudas. Una de mis colaboradores me decía en días pasados, “hay que tomarse la vida con calma”, “hay que hacer hasta dónde se pueda”, “hay que desconectarse”…. Sobre todo porque soy considerada una de esas personas “workaholic” que para muchos “viven para el trabajo y no trabajan para vivir”.

En contraposición viene a mi cabeza la anécdota personal de una de las líderes gerenciales de Dominicana, quien nos relataba con orgullo, en el pasado acto de toma de posesión de ADOARH, como pudiendo quedarse en casa los días de la tormenta Noel, para que sus trabajadores “hicieran lo debido”, se puso sus botas y un impermeable y a las 7 am de un domingo se fue a achicar agua junto con sus obreros, porque el parqueo de su empresa estaba inundado de agua. También recuerdo los comentarios de un queridísimo amigo y reconocido consultor de empresas, que siempre me dice que a él le pagan por hacer lo que más le gusta: “leer” y conectar esas lecturas con las realidades organizacionales, que siempre se pregunta ¿qué haría si no estuviese trabajando? y la respuesta siempre es la misma: “leería, viajaría por el mundo a conocer las más famosas bibliotecas, me sentaría en un diván y disfrutaría mi lectura”.

No dejan de venir pensamientos que generaran más debates sobre el tema, entre ellos qué sería si Picazo ante el horror que le produjo la guerra hubiese decidido tomársela con calma y desconectarse del horror ante la visión de Guernica, qué sería del África sin la pasión de Mandela, de la India sin Gandhi, de Guatemala sin el trabajo y la pasión de Rigoberta, de la música sin una Juan Luis Guerra, Shakira, sin un Ricky Martin, del deporte sin un Félix Sánchez, de un Galarraga, un Juan Marichal, todos referentes, pero también humanos, gente como uno, cuya única diferencia tal vez es que trabajan con mucho ahínco, con mucha disciplina y con mucha pasión para construir sus propios destinos y ser parte de los destinos de una nación.

Y, entre una reflexión y otra me asaltan nuevas preguntas, ¿Qué pasó con la valoración al trabajo?, ¿En qué momento el trabajo dejó de ser un valor, para convertirse en un anti-valor y ser además el causante de todos males físicos y morales de una persona?.... vienen también las frases que en mi día a día escucho una y otra vez “es que no tengo tiempo”, “trabaja demasiado”, “ese trabajo lo está matando” y me sigo cuestionando ¿Cuántas horas perdemos sentados frente a un televisor haciendo zapping, pasando de un canal a otro, leyendo y replicando cadenas, cuántas horas más invertimos chateando del clima, quejándonos del jefe, del tráfico o de cualquier cosa en el messenger, en vez de disfrutar la vida, de un buen masaje, de un baño relajante, de una buena comida, nuestra de nuestra pareja, de nuestros hijos, de un amanecer o atardecer?. Invertimos mucho tiempo en actividades en la que definitivamente en vez de sumar restamos valor, mal utilizamos -por así decirlo- un recurso sumamente valioso y escaso como es el tiempo y al que por su “escasez” culpamos también de nuestro estrés.

Como empresarios tal vez tengamos parte de la responsabilidad, al seleccionar personas con el perfil académico “adecuado”, pero sin las competencias actitudinales mínimas necesarias para desempeñar exitosamente el rol que le encomendamos y, que luego se convierten en trabajadores infelices al desempeñar funciones que no les gustan, sólo porque necesitan un 15 y último para mantener a sus familias.

Como individuos debemos asumir que la actitud ante la vida es clave para enfrentar de manera saludable o no el estrés, hay que aprender a ser optimistas, como bien lo dice Martin Seligman, en su libro “La autentica felicidad” y racionalizar el pesimismo, que ese si es un factor que depende 100% de nosotros mismos.

Hay múltiples herramientas gerenciales y organizacionales, que nos permiten disfrutar como bien lo dice otro de los bestsellers de nuestro tiempo: “el fin de semana de 7 días” de Ricardo Semler, el único punto es que tendríamos que confrontarnos con las terribles y a la vez maravillosas preguntas: ¿estoy haciendo lo que realmente me gusta? Y ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿cuál es el trabajo que quiero hacer realmente?, en vez de “agarrar lo que se venga porque la cosa está dura y yo estoy en olla”. Tal vez para alguien que le gusté ver televisión, pueda conseguir el trabajo en una agencia publicitaria viendo comerciales, en vez de estar sentado frente a una caja registradora, a alguien que le guste los niños pudiera estudiar para ser maestra en vez de contable, a alguien que es aventurero, debería tal vez ser piloto o marino en vez de vendedor de una tienda de calzados, o si no puede por lo menos ser vendedor de una agencia de viajes, el punto es que vivimos atrapados en un mundo que nosotros mismos hemos creado y que no desarrollamos el valor para cambiarlo.

Yo contestaría primero las preguntas, antes de decir que el estrés, el trabajar con ahínco, con pasión y con una visión clara de lo que queremos lograr tanto en el plano personal, como profesional, son responsables de los males y pesares que nos aquejan. Particularmente, considero que somos arquitectos de nuestro propias realidades y con el profundo cariño y el gran respecto que le tengo tanto personal, como intelectualmente a mi amiga tengo que confrontar el adjetivo “fanatismo laboral” para describir y concatenar algunas realidades que nos están afectando y que son fácilmente atribuibles al estrés organizacional producto de trabajar en exceso y por qué no decirlo sin alguna razón.

Finalmente, quiero invitar a una reflexión, si bien es cierto que no debemos convertirnos en “fanáticos del trabajo”, ser un “individuo integral” no quiere decir que hagamos lo mínimo posible. Definitivamente, creo que hay que tener una visión, un norte, flexibilidad para cambiar aquellas cosas que nos están afectando, madurez para asumir nuestros errores, valor para enfrentar nuevos retos y riesgos, administrar responsablemente nuestro tiempo, evitar las múltiples distracciones que la vida moderna nos presenta, porque de algo estoy completamente segura y es que una familia, una empresa y un país no se sacan adelante con facilismo y con el hacer lo mínimo indispensable para justificar el pago.

Odalis Rojas

odarojasarrobalinkgerencial.com

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