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Sí bien el aspecto humano siempre formó parte de la administración de
las empresas o entidades, los conceptos y paradigmas vigentes hasta hace
poco le asignaban al mismo un perfil no concordante con las necesidades
actuales.
Los requerimientos y presiones a las cuales se ven sujetas las
organizaciones a los efectos de una más eficiente administración de
recursos para la generación de productos y servicios de mayor valor, que
permitan un más alto rendimiento para los inversores y una mejor calidad
de vida para los trabajadores, implica la puesta en práctica de nuevos y
sofisticados métodos, herramientas, instrumentos y sistemas de gestión,
los cuales no son factibles de poner en práctica bajo los anteriores
conceptos taylorianos, fordistas y burocráticos.
Los altos niveles de competitividad exigen nuevas formas de compromiso,
de ver los hechos, de decidir y dirigir, de pensar y sentir y, una forma
más eficaz de gestionar las relaciones humanas en las organizaciones.
Muchas empresas han tratado de lograr cambios en sus procesos
concentrándose sólo en los aspectos técnicos y dejando de lado los
culturales y psicológicos, no cosechando otros resultados que no fueran
importantes fracasos. El éxito no está en un nuevo software, ni en
nuevas máquinas, ni en nuevos diseños de procesos, el éxito sólo puede
lograrse mediante un trabajo en equipo participativo y totalmente
consustanciado con los objetivos estratégicos.
Una visión reducida a los aspectos técnicos y funcionales, o bien una
que contemplando las cuestiones humanas lo hacen bajo los antiguos
parámetros está destinada a hacer fracasar a la organización en sus
intentos no sólo de éxitos, sino también de supervivencia.
La competitividad de una organización no depende sólo de la calidad de
sus estrategas, sino también de la aptitudes, actitudes y motivación del
personal que lleva los planes al campo de la acción.
Ningún sistema tendrá éxito sin individuos que den todo de si para su
eficaz puesta en práctica. Es por lo tanto esencial y fundamental
contemplar siempre cómo lograr el apoyo de directivos y personal para
gestionar positivamente el cambio cultural.
El tomar conciencia de los recursos humanos desaprovechados es una
importante fuente de futuros resultados positivos para las
organizaciones, los cuales se han de transformar en beneficios
económicos incrementados.
Por otro lado el ser conciente de todos aquellos aspectos negativos y
ocultos de las organizaciones y sus relaciones humanas, facilitará su
remoción evitando tanto la generación de pérdidas como de peligros para
la existencia misma de la empresa.
Todos hacen la calidad y todos venden
La calidad no se controla, se diseña y se produce, y en esa producción
deben estar comprometidos todo el personal, sean estos directivos,
supervisores o trabajadores, y cualquiera sea su actividad o área de
trabajo. Todos son responsables tanto de autoverificar sus propias
labores, como así también la de verificar a sus proveedores internos,
comprometiéndose a no recibir, procesar y entregar insumos, productos o
información que no respondan a las especificaciones. Además deberán ser
responsables no sólo de alertar de anomalías, sino también de participar
plenamente en la mejora de los procesos mediante sus sugerencias y
actividades en círculos de calidad.
La calidad la hacen todos, no sólo el obrero de la planta, sino también
el responsable de emitir la factura y la telefonista que atiende los
pedidos y reclamos. La calidad no sólo está contemplada en las
características de los productos, sino también en la atención al cliente
sea éste interno o externo. La calidad debe llevar a una mayor
generación de valor agregado en cada actividad de la empresa.
De igual forma las ventas, si bien tienen como principales activistas a
los miembros de dicha área, es una cuestión que compete a todos,
cualquiera sea su rango o función. Colaborar con información, contribuir
a dar una buena imagen de la empresa, prestar un mejor servicio al
cliente y hacer una buena publicidad o recomendación de la compañía es
algo en lo cual todos deben estar totalmente comprometidos.
Hacer factible el compromiso de todos, tanto en la calidad como en las
ventas, hace menester tener una cultura organizacional que la haga
factible. Esa cultura debe apoyar y basarse tanto en el trabajo en
equipo como en el empowerment. Este trabajo en equipo debe entenderse y
comprenderse como el trabajo mancomunado de todos los miembros de la
organización como un todo. Hacer ello factible implica tanto el
compromiso como la lealtad con ciertos principios y valores de los
cuales forman parte activamente.
Una empresa tradicional tiene a sus vendedores preocupándose por lograr
ventas guiados sólo por el cumplimiento de objetivos a los efectos de
sus beneficios personales, no llegando siquiera a lograrse un trabajo en
equipo entre los componentes del sector.
Este sistema de trabajo lleva a la sobreventa de productos
perjudicando tanto a los clientes al no asesorarlos correctamente, como
a la empresa, y en este último caso de dos maneras, por un lado por el
mal asesoramiento al cliente lo cual genera un enojo o animosidad de
parte de este para con la empresa al adquirir productos que no
satisfacen plenamente sus expectativas o lo hacen a un costo superior al
deseado y, por otro al generar mayores riesgos crediticios.
En ésta empresa tradicional el resto de los sectores se desentienden de
ventas, fabricando productos unos y realizando tareas administrativas
otros. Pero los que generan los ingresos que hacen factible continuar
con la empresa en marcha no cuentan con el debido apoyo.
Unos necesitan de otros, los vendedores traerán a la empresa no sólo
nuevos pedidos, sino también informes sobre los competidores y las
necesidades de clientes y consumidores, nuevas propuestas de diseños de
productos y servicios, y las previsiones de ventas futuras. Informarán
también acerca de la satisfacción y calidad generada por los productos y
servicios de la empresa. Por otro lado las áreas contables mediante
nuevos enfoques de análisis permitirán a los vendedores reconocer y
concentrar los esfuerzos en los productos, servicios, clientes y áreas
más rentables.
De igual forma los encargados de la información contable y
financiera deberán brindar continuo apoyo a las áreas de producción como
de ventas para el reconocimiento de improductividades y desperdicios.
Llegar a hacer realidad ésta forma de actuar implica la confianza mutua,
el saber entender que el objetivo no es buscar culpables ni hacer
reproches sino corregir y mejorar los procesos y sistemas.
En una empresa como en un organismo vivo, todos dependen de todos. La
falta de equilibrio en el sistema, o el mal funcionamiento de una parte
del sistema pone en peligro la existencia del sistema en su conjunto y
con ello la continuidad de las fuentes de trabajo para todos. Es por
ello el hincapié que antes se hizo en el trabajo de equipo de la
organización como un todo. A pesar de lo claro del mensaje hay muchas
personas que no ven la cuestión de tal forma poniendo en riesgo y
comprometiendo severamente no sólo la competitividad, sino además la
existencia misma de la organización.
Contratación de personal
Al momento de seleccionar nuevo personal para la empresa deben
contemplarse varios factores críticos, siendo ellos: aptitudes físicas e
intelectuales, conocimientos y experiencias específicas, actitudes, y
perfil psico-social a los efectos esto último no sólo de una buena
complementación con sus restantes compañeros de trabajo, sino también
para encuadrarse en la visión y valores organizacionales.
Lamentablemente se deja de lado en muchos casos, sino en la mayoría la
posibilidad de que el postulante pueda demostrar tanto su capacidad para
aplicar los conocimientos de métodos y herramientas a casos concretos.
El no hacer ello impide a la empresa contratar personal promisorio,
futuro generador de valor para la misma. Pero llevar a la práctica ello
implica un cambio de mentalidad de parte de los directivos y
supervisores, sobre todo dejando de lado el temor a contratar gente que
por sus capacidades pueda poner en riesgo su existencia en la empresa.
El examen debe ser ecuánime y equilibrado. Si bien para ciertas labores
la experiencia es fundamental, concentrarse en ella implica dos
cuestiones: la primera consiste en la inclinación a sustraerle personal
a otras empresas, y la segunda en impedir la contratación y posterior
evolución de personal dentro de la organización.
Esto último generalmente está relacionado con la contratación de
personal para determinados puestos técnicos y/o directivos en el
exterior de la empresa, en lugar de generar el compromiso con el propio
personal interno mediante la capacitación y entrenamiento. Comprometerse
con el personal es lograr el compromiso de estos para con la empresa,
con los efectos motivadores que ello tiene para con el crecimiento
personal.
Muchas veces esta contratación externa tiene que ver con la falta de un
inventario permanente de personal en cuanto a aptitudes, conocimientos,
capacidades, experiencias y gustos o inclinaciones. Llevar un inventario
de tales características no sólo permitirá cubrir puestos con personal
existente, sino además servir de medio para motivar al personal a
perfeccionarse y capacitarse sabiendo que de darse una oportunidad la
organización lo tendrá en cuenta.
No hacerlo es crear la cultura de la desmotivación por la cual al
personal no le interesa capacitarse pues sabe que la empresa para la
cual trabaja no le dará posibilidades. Ello genera la existencia de
personal sin motivación, carente de orgullo por la empresa, y el cual
sólo espera una oportunidad externa para irse de la misma.
Dos grandes males
Con ello hacemos referencia por un lado a un factor mencionado
anteriormente, relativo este a la contratación de personal manipulable o
de menor capacidad que no le pueda poner en peligro la carrera y, por
otro lado no capacitar al personal porqué este puede marcharse a otra
empresa o bien pueden superar los conocimientos de los directivos. Sin
lugar a dudas con este tipo de pensamientos y actitudes, más que de
males tendríamos que estar hablando de enfermedades. No contratar a los
mejores y además privarles de capacitación es preparar las condiciones
para el desastre.
Lamentablemente ésta circunstancia se da en no pocos casos, y en los
casos en que se da es propia de empresas con un cultura organizacional
que ven a los empleados rasos simplemente como simples engranajes. Se
los contrata, se los entrena en el mismo trabajo, se les paga un salario
de subsistencia y si se produce alguna crisis macroeconómica se los
larga.
En circunstancias como éstas el personal no se compromete con la
organización, lo cual termina generando una cultura de baja motivación y
alta improductividad. El personal trata de mejorar sus condiciones a
costa de la empresa vía robo, sustracción, aprovechamiento de
suministros y servicios (fotocopiadoras, teléfono, fax, papelería,
utilización de elementos y oficinas / talleres para negocios propios).
Esta cultura generada como producto de una total falta de conciencia y
conocimiento en materia de comportamiento organizacional y pensamiento
sistémico, termina generando un resultado negativo a largo plazo para
las empresas que lo hacen suyo.
Capacitación y entrenamiento – Una visión operativa y estratégica
La capacitación no debe ser concebida como un gasto sino como una
inversión, deberá por lo tanto dejar de estar en relación con los
vaivenes periódicos de la economía y ser gestionada como cualquier otra
inversión en función al nivel de rentabilidad producida por el futuro
flujo de fondos.
Una empresa que disminuye sus inversiones en capacitación en pos de una
mayor distribución de utilidades en el corto plazo está “comiendo su
futuro”. La capacitación debe ser fundamentalmente concebida dentro de
un marco estratégico pues los conocimientos que actualmente adquieren
sus empleados y directivos no sólo serán de fundamental importancia para
utilizar las actuales y futuras técnicas y herramientas de gestión y
producción, sino además para poder concebir los futuros diseños de
productos, servicios y procesos.
Dentro de éste nuevo marco de los conocimientos como inversión debemos
aprender a gestionar eficaz y eficientemente el “capital intelectual”.
Debe monitorearse por lo tanto de manera continua cuáles son las
necesidades actuales y futuras en materia de conocimientos y
experiencias, gestionando de tal forma los recursos para cubrir las
mismas tanto en el corto como en el largo plazo.
Así por ejemplo si nuestro análisis estratégico nos dice que tenemos ciertas debilidades en determinados aspectos vinculados con los conocimientos y por otro lado se ve en determinadas actividades un importante oportunidad, deberemos cubrir dichos faltantes tanto con la capacitación interna como con la contratación de personal que posea estos conocimientos y experiencias (tenemos acá una clara interrelación entre el análisis FODA y el monitoreo de capacidades en materia de conocimientos y experiencias). Una empresa no puede esperar a que se requiera de un determinado conocimiento para actuar en consecuencia, máxime considerando lo que se tarda en adquirir tales conocimientos y experiencias.
Sería ésta una forma de actuar de manera reactiva, cuando lo
aconsejable y más apropiado es hacerlo en forma proactiva, con lo cual
la empresa logrará una ventaja competitiva en relación a sus
competidores.
Entre los conocimientos a desarrollar están no sólo el incremento de los
conceptos propios de cada especialidad, sino además aquellos que
comprendidos en otras áreas ayudan al personal a comprender mejor el
todo.
También es de carácter fundamental la capacitación en temas tales como
la creatividad e innovación, el trabajo en equipo, las herramientas de
gestión, mejora continua, calidad total, productividad, mantenimiento
productivo, resolución de problemas, toma de decisiones, gestión del
cambio, comunicación e inteligencia emocional.
Ahora bien, no sólo es importante la capacitación sino además el
entrenamiento continuo en el mejor uso de las herramientas,
instrumentos, software, métodos, procesos, máquinas y equipos entre
muchos otros, destinados a poder acelerar el desplazamiento por la
“curva de aprendizaje”.
Una forma especial de capacitación y entrenamiento está dada por la
rotación en los puestos de trabajo, lo cual contribuye a incrementar la
tasa de polivalencia del personal.
La capacitación y el entrenamiento deben no sólo estar enfocados dentro
de un marco estratégico, sino también ser concebidas dentro de una
capacitación continua destinada, vaya la redundancia a la mejora
continua de los individuos que sustentan y sirven de base a la
competitividad de los procesos y sistemas de la organización.
La capacitación debe estar no sólo enfocada en las necesidades presentes
y futuras de la empresa, sino también debe formar parte del plan de
desarrollo personal y trayectoria de los individuos en su ciclo de vida
dentro de la organización.
Con ello no sólo se apunta a que la empresa posea las capacidades
intelectuales y de conocimientos necesarios para su desarrollo, sino
también cubrir las expectativas y necesidades de autorrealización y
crecimiento del personal en la organización.
Un grave error de las organizaciones es la falta por un lado de
planificación en materia de capacitación, lo cual puede observarse en la
ausencia de una continuidad en el desarrollo de los conocimientos
personales y grupales, sino también en brindar determinadas
capacitaciones a las personas que menos necesitan de tales, no dándole
éstas al personal que realmente requiere de ellas.
El otro aspecto está vinculado con la falta de oportunidades en que el
empleado pueda poner en práctica los conocimientos adquiridos.
Los nuevos supervisores
Un típico error de las organizaciones tradicionales es premiar a un
empleado con buenos conocimientos y rendimientos en un determinado
sector con el otorgamiento de un cargo de supervisión.
Si bien la empresa debe tratar de motivar a su personal dándole la
posibilidad de crecer, antes deberá tanto saber sí posee las cualidades
para el puesto, como capacitarlo convenientemente para poder cubrir el
mismo.
Los supervisores de la nueva era competitiva deben formar parte de una
organización mucho más aplanada que las hasta ahora vigentes, razón por
la cual deberán tener la capacidad de gestionar tramos de control mucho
más amplios.
El supervisor dentro de ésta nueva visión de los negocios debe dejar de
ser un controlador, para pasar a ser un facilitador de los grupos
internos, un estimulador de la creatividad individual y grupal, un
motivador de la calidad y la productividad, un inspirador para la
innovación, debe remover los obstáculos que impiden el crecimiento y la
mejora continua, y fomentar en los individuos el trabajo en equipo y el
seguimiento de los valores y visiones de la organización.
El nuevo supervisor debe dejar las viejas tendencias a concentrar y
guardar (o esconder) información para tener poder, para generar poder
organizacional a través del libre flujo de información en todos los
sentidos (vertical, horizontal y cruzado) de manera tal de hacer
factible lo que se da en llamar la “inteligencia colectiva”.
El supervisor debe generar continuamente información y feedback para sus
empleados de manera tal de que éstos corrijan de manera continua el
funcionamiento de los procesos y sus propias actitudes. Al informar a
sus subordinados no debe buscar culpables, sino conducir y apuntar a la
corrección de los procesos y actitudes.
Es obligación del supervisor gestionar la entrega de los elementos
materiales necesarios para una mejor performance de los trabajadores.
El supervisor del presente y del futuro debe dejar de dirigir a espalda
de los subordinados, debe estar la mayor parte del tiempo en el lugar de
trabajo, pero no para controlar sino para analizar, escuchar, comunicar
y motivar.
Por último el supervisor y los gerentes deben guardar el mayor respeto
por las personas, guiándose en su accionar por la visión, misión,
valores y objetivos de la organización, y gestionando las relaciones
humanas de manera tal de lograr que como en todo sistema superlativo “el
todo sea superior a la suma de sus partes”.
Entre las principales condiciones para ocupar un puesto de supervisión
en el cual el individuo sirva de guía y logre un auténtico liderazgo
está la posesión de “inteligencia emocional”. La capacidad intelectual
tiene una gran trascendencia para labores en materia de investigación y
desarrollo, diseño, análisis y resolución de problemas, pero a la hora
de dirigir y conducir personal a más altos niveles de competitividad es
fundamental la inteligencia emocional.
Desarrollando la cultura corporativa
Así como cada individuo tiene una personalidad única, cada empresa tiene
una identidad única llamada cultura corporativa, son las experiencias,
las historias, las creencias y las normas compartidas que caracterizan a
una organización.
Diversas fuerzas modelan las culturas corporativas y las distinguen unas
de otras. Cualquiera de estos factores puede ser evidente de numerosas
maneras, desde el nivel más amplio de la “filosofía” de la empresa,
hasta actividades cotidianas específicas como la redacción de memorándum.
Las políticas, valores, misiones y directivas concretas de todos los
días modelan la cultura de la organización. No lo hacen en un día, ni en
una semana, sino a través de los años por la continuidad y persistencia
en las conductas y políticas corporativas. El continuo cambio de
direcciones y visiones también es generadora de una cultura, pero ella
no es la que los dirigentes pueden y deben querer para sus
organizaciones, ella será una cultura de contradicciones y
discontinuismo.
Muchos pretenden instaurar nuevos métodos y sistemas de espalda a la
cultura corporativa, cuando lo primero que debe hacerse es auditar dicha
cultura para luego realizar un proceso de cambios que permitan hacer
efectivos los objetivos de los nuevos métodos y sistemas a implementar.
Para muchos directivos es más importante formar Cinturones Negros y
Verdes para aplicar el Sistema Seis Sigma, cuando en realidad de lo que
más deberían preocuparse es de verificar si la cultura corporativa es
adecuada a dicho sistema, y de no serlo proceder a realizar los cambios
necesarios.
Es este uno de los principales errores que lleva tanto a directivos como
a técnicos y consultores con escasa o nula experiencia o conocimientos
en materia de cultura organizacional generar proyectos que sólo
contemplan temas como capacitación, inversiones en tecnología y planes
de implementación, verificando con el paso del tiempo sólo fracasos.
Así se habla frecuentemente de reingenierías, TQM y sistemas de mejoras
continuas que no han producido los resultados esperados, no tomando
debidamente en consideración cual es la cultura organizacional y que
cambios se han efectuado o deberían efectuarse y no se han llevado a
cabo.
Hay que desactivar y desmontar las culturas restrictivas e inflexibles,
dando lugar a un nuevo marco cultural que permita la búsqueda de nuevos
paradigmas que se adecuen a las nuevas necesidades de la empresa y del
entorno.
La generación de una visión compartida, la promulgación de valores de
los cuales todos participen y sean conscientes, y la implementación de
estrategias adecuadas a los valores, visiones y misión corporativa,
generarán la fuerza y respaldo para la cultura deseada. Es aquí donde
cobra tanta importancia la relación entre la estrategia y la gestión de
la cultura.
La motivación en acción
Porqué la motivación en acción? Porqué la motivación debe dejar de ser
sólo una contemplación teórica para pasar a actos concretos que permitan
a los directivos lograr que sus empleados lleven a la práctica las
directrices emanadas, además de poner lo mejor de sí para la mejor
consecución de los fines propuestos.
Por un lado debe tenerse en cuenta el tipo de actividades y el perfil
socio-cultural y, psicológico de los trabajadores pues de ello depende
tanto sus necesidades como los factores o herramientas a utilizar como
medios de motivación.
Sin lugar a dudas que en primer lugar estará para todo trabajador la
conservación de su puesto de trabajo, pues de ello depende contar con
los ingresos mínimos para su propia supervivencia y la de su familia.
Cuando acá hablamos de supervivencia no sólo apuntamos a la
alimentación, vivienda, vestuario y medicamentos, sino también a las
necesidades de recreación, cultura y descanso.
En segundo lugar tenemos la obligación de trabajar como forma de
auto-expresión y ética laboral. Dentro de ésta ética del trabajo está el
dejar lo mejor de sí para ganar el sustento sirviendo a la comunidad
mediante la generación de productos y servicios con el más alto valor
agregado posible.
Una tercer elemento de motivación lo constituye la posibilidad de
realización personal, lo cual se da en la medida que el individuo pueda
participar plenamente de la faz productiva poniendo en ello su
creatividad e innovación, y con ello conquistar además el aprecio de sus
compañeros de trabajo.
Un cuarto componente generador de motivación lo constituye la
posibilidad de crecimiento económico, como así también el participar de
los beneficios económicos generados. El reto es que todos en un
auténtico trabajo en equipo luchen por hacer crecer la torta para que
todos puedan servirse más de ella. Así no sólo debe premiarse a quien
inventa o sugiere un nuevo proceso, sino también a quienes ayudan a que
el mismo sea puesto en práctica de manera exitosa y efectiva.
No menos importante como motivación es la natural inclinación
competitiva del individuo, la cual explotada conveniente y positivamente
puede servir para que éste logre en forma individual o en equipo mejorar
constantemente sus marcas, además de intentar estar siempre por sobre la
marca de la competencia.
El que un individuo ponga lo mejor de sí todos los días para hacer más
efectivos y eficientes los procesos generadores de los productos y
servicios, le permitirá a él como a sus compañeros un mayor bienestar de
trabajo, lo cual se manifiesta en un lugar de trabajo más salubre, más
seguro, con mejor paga, un buen ambiente laboral, mejores relaciones
interpersonales, y mayor seguridad laboral.
El último gran motivador para cualquier individuo es luchar para que la
empresa por la cual trabaja sea sinónimo de excelencia y competitividad,
pudiendo sentirse orgulloso de ello. Hacer de la marca de la empresa o
del nombre de ella algo conocido y respetado es un gran aliciente.
Estos motivadores que se han expuestos deben ser combinados en su justa
medida de acuerdo a como antes se expreso el perfil psico-social y
cultural de los individuos, además de las características y evolución
propias del medio donde la empresa se desempeña.
Cuanta mayor participación tengan los empleados en las diversas aristas
que hacen a su motivación y desarrollo, mayor motivación se ha de
auto-generar. Por ello es que en la nueva cultura corporativa la
participación plena de todos los integrantes de la organización no sólo
permite un mejor trabajo en equipo, sino que además es esencial para el
éxito de su esfuerzo.
De errores, improductividades y otros vicios
La inventiva a veces no tiene límites, dando lugar a la creación de
puestos sin una clara razón de ser y con el sólo motivo de acomodar
amigos, parientes o evitar echar a un empleado. Sólo basta preguntarse
sobre el valor agregado que para un cliente interno o externo tiene
determinado invento de cargo o función para darse claramente cuenta de
su imperiosa necesidad de eliminación.
Otras cuestión, aunque ésta más compleja y muy especial, son las
transacciones a nivel de gerentes. Como ejemplo podríamos poner a un
Gerente de Auditoría Interna que no informa determinada acción
incorrecta de un Gerente de Personal a cambio de un aumento de sueldo.
Hay formas claras y eficaces de terminar con ello y es eliminando la
dependencia de la Auditoría Interna de otros sectores de la organización
que no sean los propietarios o Asamblea de Accionistas.
El premiar los logros por los resultados en equipo no debe implicar no
castigar las actitudes individuales contrarias al bien común, no hacerlo
generará y estimulará una cultura desintegradora contraria al beneficio
del conjunto de los individuos que conforman la organización.
Un grave error es esa muy común actitud de gerentes y supervisores
queriendo hacer pagar a los nuevos empleados “el derecho de piso”, sólo
como una forma absurda de decir “aquí mando yo”, o “si no te gusta te
vas”. Ello le sale muy caro a la empresa, en lugar de producir y generar
ingresos para la organización, se les hace hacer tareas ruines durante
un cierto período sólo por el placer e instinto malsano de ciertos
directivos y supervisores. Este tipo de actitudes no fueron nunca
correctos, pero menos lo son actualmente en un mercado ultra competitivo
en el cual no hay lugar para el desperdicio de recursos, sean estos
financieros, materiales o humanos (todos claro está terminan generando
un desperdicio monetario).
Las 5 “S” cada día más imprescindibles
La necesidad de generar en el personal el autorespeto a través de la
higiene, la limpieza y el orden tanto personal, como en el lugar de
trabajo no sólo es sinónimo de disciplina sino también de ética del
trabajo.
La imagen de la empresa, los altos niveles de servicios, y una muestra
de alta competitividad requieren de una imagen que represente las más
profundas convicciones tanto de los directivos como del personal.
La forma de hacer factible esas necesidades y requerimientos es mediante
la implementación de las 5 “S”, metodología japonesa destinada a poner
orden, limpieza, salubridad y disciplina en el lugar de trabajo.
El personal de las empresas no sólo debe tomar conocimiento de ésta
metodología, sino que además debe ser entrenado para su puesta en
práctica. Todo lo que hace a mejorar el ambiente o entorno de trabajo no
sólo mejora la motivación y autoestima del personal, sino que aumenta la
seguridad, mejora la calidad de vida laboral y con todo ello genera las
condiciones fundamentales para un incremento consistente en la
productividad y calidad laboral.
Nunca se debe perder de vista la esencia y filosofía de las 5 “S”, pues
cuando ello se reduce sólo a una serie de pautas o aspectos sin
contenido y espíritu, tiende no sólo a no generar lo que con ello se
busca, sino que además decae con el paso del tiempo.
Conclusión
Se ha desarrollado en los apartados anteriores distintos aspectos que
tienden a disminuir o imposibilitar a las organizaciones el logro de sus
objetivos operativos y estratégicos.
Claro que de nada serviría mostrar sólo los problemas sino se apuntaran
las formas de darle una solución efectiva, para lo cual la comprensión
del comportamiento organizacional resulta clave. Es justamente ese
conocimiento tan especial y dúctil lo que diferencia a una mala o
infructífera puesta en práctica de diferentes métodos de gestión, de
aquellas que revisten las características de descollantes.
Pretender cambiar métodos y sistemas de trabajo sin alterar el marco
cultural que le da sustento y sirve de base para el desarrollo de tales
cambios, está destinado claramente al fracaso. No es factible nuevas y
revolucionarias formas de trabajo bajo las maneras de pensar y actuar
propias de los anteriores sistemas. Es imprescindible por lo tanto que
los líderes procedan a remover todos aquellos paradigmas o formas de
pensar que no son apropiados a las nuevas necesidades y entorno de la
empresa.
El éxito de las empresas depende en primer lugar de las formas de pensar
y analizar por parte de sus miembros y, es en este aspecto en lo cual
deberemos concentrar en primera instancia nuestro esfuerzo. Pues es
tratando de imponer nuevas metodologías de trabajo o sistemas de gestión
sin tomar en su debida consideración las características tan
particulares de la condición humana como estos intentos tienden a darse
de bruces con la realidad.
Dr. Mauricio Lefcovich. Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor. E-mail: mlefcovicharrobahotmail.com
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