EL CONCEPTO DE CAMBIO ORGANIZACIONAL
El rediseño total o parcial de la estructura organizacional, variables
macroeconómicas, fusiones, adquisiciones, incorporación de nuevas
tecnologías, creación de nuevas unidades de negocios, o la
implementación de nuevos procesos, son sólo algunas de las tantas causas
que generan en una organización, o en determinados sectores de la misma,
una situación de cambio.
Cambio que la mayoría de las veces no está ni completa ni eficientemente
planificado, y mucho menos facilitado.
Facilitar el cambio implica apoyar a las personas para que primero
visualicen, luego internalicen, y posteriormente se involucren
voluntariamente en el logro del objetivo resultante de la situación
emergente.
Muy lejos de esto, muchos aún creen que el involucramiento y el
alineamiento al nuevo estado de cosas se logra entregando un “kit”
reseñando Misión, Visión y Valores de la empresa o unidad de negocios en
cuestión, una actividad outdoor y, en la buenas épocas... dos días de
“reflexión” o capacitación en Punta del Este, y a la vuelta...
nuevamente cada uno a lo suyo... pero eso sí, “ya pasamos lo peor”,
comentan.
En realidad, a facilitar se aprende dialogando, caminando la planta o
los pisos, escuchando, participando, capitalizando los errores y, sobre
todo, sabiendo “leer” los mensajes subyacentes de las personas
involucradas y obrar en referencia, no en consecuencia.
Para empezar a comprender el proceso de facilitación del cambio, y
lograr que el mismo genere valor, sin dejar de reconocer las pérdidas
que todo cambio supone, habrá que reconocer la existencia de al menos
tres elementos:
a) Una situación actual, la que por algún motivo necesitamos abandonar
b) Una situación deseada, a la que queremos, o nos dicen que tenemos que
arribar
c) Un momento difuso, crítico, muchas veces gris, difícil de mensurar y
más aún de facilitar: la transición.
LA TRANSICIÓN
Es el proceso psicológico por el que las personas deben pasar para
encontrarse en sintonía con la nueva situación.
El cambio no sucede sin este proceso. Es ese momento intermedio entre la
situación actual y la deseada durante el cual, por un lado, escuchamos
los beneficios que nos generará trabajar de acuerdo a la situación
deseada. Pero por otro lado, no nos queda otra alternativa que seguir
operando a la “vieja usanza” porque aún no contamos con los medios, los
procesos, las personas, las estrategias, la información o la tecnología
necesaria para operar de acuerdo a la nueva situación.
Es en esta etapa donde los actores involucrados no ven totalmente claro
el norte de la situación y emergen las trabas, las dudas, los costos del
cambio, las desventajas del mismo y los perjuicios personales que esta
nueva situación les podría traer aparejados a cada uno: pérdida de
poder, de status, duplicidad o sobrecarga de tareas, posibles nuevos
jefes, auto cuestionamientos acerca de su capacidad, e interrogantes
acerca de su futuro inmediato, de la más diversa y en muchos casos
justificada índole.
Lo que caracteriza a este momento es la incertidumbre; y la misma tiene
un impacto directo en el desempeño y la motivación de las personas
afectadas y genera, como consecuencia primaria, reacciones de la más
variada magnitud, que si no son escuchadas y “acompañadas”, pueden
dificultar de manera extrema el camino hacia el objetivo deseado.
Como queda de manifiesto, es el momento en que el cambio tiene más
posibilidades de fracaso, aunque el mismo logre implementarse.
Recuerde que cambio implementado no es sinónimo de cambio internalizado.
Para recorrer la transición, sugiero que todo facilitador o responsable
de un proceso de cambio comience por:
Entender el por qué del cambio y asumir su propia transición.
Visualizar la situación sistémica mente, entendiendo el todo, sus
partes, las interrelaciones existentes entre dichas partes involucradas,
y el impacto que una decisión puede generar en el resto del “sistema”
objeto de cambio.
Reconocer que la resistencia al cambio es una verdad a medias: muchas
empresas se aferran al paradigma de la resistencia para justificar de
antemano el fracaso del cambio. La resistencia es una reacción natural,
predecible y humana. Si hay resistencia, la Dirección no manejó
adecuadamente el proceso.
Aceptar reacciones de toda índole, al menos en una primera etapa. Si no
hay reacción en un proceso de cambio, no hay cambio. La gente reacciona
cuando percibe que algo está cambiando. La resistencia, adecuadamente
canalizada, siempre suma.
Minimizar –no ignorar– el impacto emocional que toda situación de cambio
genera, sin por ello resignar la profundidad y el tomar decisiones, a
veces no deseadas, que todo proceso de cambio supone.
Acortar al máximo posible el período de transición, suministrando
información acerca de la marcha del proceso, generando coaching y
compartiendo, por qué no, la incertidumbre. El líder no tiene por qué
saber todo.
Comprender que las personas no son artefactos que cambian en una
fracción de segundo de un estado al otro (ON/OFF y viceversa), sino que
requieren su tiempo y habrá que acompañarlas en ese camino, a través de
capacitación formal o informal, workshops, foros de discusión, sesiones
de coaching, creación de una estructura de mentores, etc.
Comunicar, comunicar y comunicar.
LOS COSTOS DE UNA INADECUADA FACILITACIÓN DEL CAMBIO
Si bien es difícil medir los costos de un ineficiente manejo de la
transición y además las organizaciones no registran en sus balances este
tipo de pérdidas, sabemos que los riesgos que se corren por un mal
manejo de la transición son muy altos y permanecen por mucho tiempo en
la memoria colectiva de la organización:
· Resultados finales peores que los existentes antes del cambio.
· Esfuerzos duplicados y costos elevados.
· Fijación de objetivos más complejos pero con menor cantidad de
personas para alcanzarlos.
· Retorno a las viejas prácticas luego de haber intentado algo nuevo, lo
que implica pérdida de credibilidad y confianza hacia la organización a
la hora de encarar futuros procesos de cambio.
· Efectos desfavorables en el clima de la organización.
· Pérdida de legitimidad en la cadena de liderazgo, desvinculaciones
“poco claras”, privilegios, promociones “de apuro”, etc.
En 1998 la Consultora Arthur Andersen, efectuó una encuesta entre
empresas que atravesaron por grandes y perdurables procesos de cambio,
que sirvió para revelar cuál ha sido su propia percepción en cuanto a
sus niveles de éxito.
LOS RESULTADOS DEL CAMBIO:
33% = No está seguro de cómo resultó el cambio
27% = No muy exitoso
27% = Demasiado pronto para saber
9% = Muy exitoso
4% = Moderadamente exitoso
Como verá, los resultados no son muy alentadores. Sólo el 13% muestra
niveles aceptables de conformidad; el resto, ambiguo. Adicionalmente la
encuesta arroja que la mayoría de las empresas que declararon estar
conformes con los resultados del cambio (13%) dedicaron una gran
cantidad de recursos (tiempo y dinero) a atender la problemática de la
transición. A la hora de indicar cuáles son las causas de los fracasos
en los procesos de cambio, los resultados de otra encuesta diseñada y
procesada por la misma consultora convergen en ciertos aspectos:
Nótese que la mayoría de las causas expuestas tienen que ver con
aspectos humanos del cambio y que, de entre todas ellas, sólo las
“limitaciones de los sistemas en uso” parecieran estar relacionadas con
aspectos técnicos.
EN SÍNTESIS
Para que un cambio sea efectivo no basta con tener buenas ideas y contar
con tecnología adecuada, a pesar de que sobre estos componentes las
empresas invierten un 87 por ciento de sus recursos para implementar un
cambio.
LA FACILITACIÓN DE LA TRANSICIÓN Y LOS FACTORES DE RESISTENCIA AL CAMBIO
En el punto anterior hicimos especial hincapié en la importancia de
reconocer que las personas no internalizan por completo una situación de
cambio si no se les ayuda a recorrer el período de transición; esto es,
el tiempo que transcurre entre el abandono de la zona de “confort” y el
alineamiento a la nueva situación.
La transición consta de una serie bien diferenciada de etapas, cada una
de las cuales supone cambios en la performance y motivación de los
individuos, que constituyen indicadores muy claros –o como decimos en
consultoría, semáforos– que todo responsable de un proceso de cambio
debiera interpretar para facilitar el involucramiento gradual hacia la
situación proyectada.
Estas etapas de la transición, por las que las personas involucradas en
procesos de cambio inevitablemente transitan son:
La zona de finalización o “duelo”
La zona neutral
La zona de inicio
PRINCIPALES INDICADORES DE DESEMPEÑO DURANTE CADA ETAPA Y
RECOMENDACIONES PARA IMPLEMENTAR
1.-La zona de finalización o “duelo”
a) La sensación de que unos pierden y otros ganan:
Para minimizar esta percepción resultará imprescindible que la
organización explique claramente el por qué y los beneficios del cambio,
detallando especialmente la visión ("hacia dónde pretendemos ir con este
cambio"), y asimismo anticipar los procedimientos y las posible
Es imperioso, como primer paso, definir el “puerto de destino” de
manera clara, sencilla y entendible para todos.
Olvídese de la complacencia, genere sentido de urgencia. Esto, según
John Kotter en su libro Leading Change, es crucial ya que por naturaleza
las personas se resisten a racionalizar cualquier situación que suponga
cambios, por lo que con baja urgencia se le tornará muy complejo
conformar grupos que a su vez sean los propagadores internos de la
situación deseada.
“En esta etapa hay que operar al paciente en sala de guardia, si lo
llevamos al quirófano, es tarde”, me ejemplificaba un alto directivo,
líder de un proceso de cambio en una línea aérea con sede en Buenos
Aires.
Constituya un sólido, fuerte y creíble equipo de facilitación del
cambio. Mientras más heterogéneo e interdisciplinario, mejor. Agregue
visiones y “cabezas” críticas, de manera de poder tener una perspectiva
amplia y sistémica de la marcha del proceso. Le será de gran utilidad a
la hora de tomar decisiones.
Recuerde que es inevitable que las personas sientan que “pierden” algo.
Encuentre la forma de compensación; genere canales de contención, forme
a los miembros de su equipo de facilitación en técnicas de coaching,
propicie la figura del mentor, capacite a la gente para afrontar la
nueva situación... pero involúcrese, recuerde que el cambio lo hacen las
personas, y para ello es clave que todos conozcan los beneficios que les
deparará dicho cambio.
B) Paralización, angustia y dificultades para entender sistémica mente
el cambio. La pérdida es mayor al beneficio:
Brinde información sobre lo que se hizo, lo que se está haciendo y lo
que se hará. No se canse de informar; sistematice reuniones, desayunos
de trabajo, e incluso encuentros fuera de la oficina, pero INFORME; es
la mejor estrategia para neutralizar rumores, y es la oportunidad para
que todos pregunten.
Evite que la gente se sienta “culpable” de su pasado; no debiera
instalarse la idea de que ahora se hará algo distinto porque lo hecho
hasta aquí no sirvió. Las personas deben tener orgullo de su pasado, lo
deben guardar en su lugar más preciado. Recuerde que la dialéctica del
aprendizaje es espiralaza; por más que hagamos algo nuevo, transportamos
siempre nuestro conocimiento y nuestras “mejores prácticas” personales.
2.- La zona neutral
a) Las personas no tienen idea de dónde están, ni hacia dónde van y no
saben con quién compartir sus dudas y temores:
No permita que se pierda el modelo de referencia. Proporcione los
elementos y la información necesarios para implementar la nueva forma de
operar. Dedíquese personalmente, escuche, instruya, dialogue, apoye y,
fundamentalmente, genere confianza. Un error muy común que observo es
que a menudo los referentes de un proceso de cambio se encierran en su
“torre de marfil”, alejándose del proceso y perdiendo foco de lo que
sucede fuera de ella.
b) La gente percibe sus limitaciones para ejecutar. No tienen la
información precisa. La sensación generalizada es que “cuando subimos un
escalón, bajamos tres”:
Aquí se torna fundamental el rol de su equipo de facilitación del
cambio. Dispérselo por toda la compañía, con el principal fin de
identificar problemas, informar e instruir a los actores involucrados.
Instale la idea de privilegiar y reconocer los avances, a pesar de los
lógicos errores cometidos. Permítase el análisis tipo “prueba y error”.
La gente, en este momento, debe aprender haciendo.
c) El dique se agrieta, hacemos agua por todos lados, todo es urgente y
el clima es de tensión:
Defina claramente los objetivos; recuerde que éstos deben ser simples,
mensurables, alcanzables y realistas. Establezca puntos de control. Sea
claro en diferenciar lo urgente de lo importante. Haga reuniones de
seguimiento e identifique las brechas de desempeño, entre lo deseado y
lo obtenido. En esta etapa el coaching se torna imprescindible: acuerde
expectativas con las personas, revise gradualmente su desempeño y
establezca continuas sesiones de feedback.
Recuerde que si bien es esperable y razonable que esta etapa esté
colmada de dudas, incertidumbre e improductividad, usted debe lograr que
éstas sean lo más acotadas posible.
3.- La zona de inicio
a) Hay cierto entendimiento, pero aún prevalecen las dudas. Si las
personas no obtienen respuestas, prevalecen el desaliento y el
sentimiento generalizado de “antes estábamos mejor”:
Muestre logros, aunque sean insignificantes. Recuerde que el éxito es la
resultante de pequeños y cotidianos triunfos. No tenga miedo de
celebrar, pero con mesura.
Propicie la organización de encuentros cuyo objetivo sea compartir
“mejores prácticas” acerca de lo que se viene haciendo, contar
experiencias y manifestar dificultades.
Sea claro en la delimitación de funciones; no sobrecargue ni duplique
tareas o funciones. Defina quién está a cargo de qué.
Involúcrese, especialmente en esta etapa. Recuerde que usted y su equipo
son los referentes. Sea el ejemplo.
Un trabajo de investigación realizado por el Business Consulting
Institute de Arthur Andersen identificó cuáles eran las mejores
prácticas del proceso de cambio, a través de investigaciones realizadas
en empresas de todo el mundo, determinando cuáles eran los elementos
comunes en todos los procesos exitosos de cambio:
· Evaluar la disposición al cambio de la organización
· Articular una clara visión del cambio
· Construir una arquitectura del cambio apropiada
· Implementar planes de comunicación para audiencias múltiples
· Crear capacidad de liderazgo y apoyo
· Coordinar la situación de cambio y los valores culturales
· Generar capacidades de cambio individuales y por equipos
· Articular los sistemas de performance management
El cambio no es un momento; es un largo proceso que implica facilitar
una etapa tremendamente compleja como lo es la transición, período
durante el cual tiene lugar una vasta gama de expresiones,
comportamientos y manifestaciones que si son soslayados pueden generar
el más rotundo fracaso y la dilatación innecesaria de objetivos
corporativos prioritarios para la estrategia del negocio.
Según encuestas, las organizaciones no prestan la debida atención a los
llamados “aspectos humanos” que toda situación de cambio supone,
haciendo foco exclusivamente en cuestiones “técnicas”, que naturalmente
son condición necesaria, pero no suficiente, para que el cambio sea
internalizado exitosamente.
En medio de la “tempestad” del cambio (ya que normalmente las
organizaciones no actúan anticipadamente), éstas deben pensar
sistémicamente y promover acciones concretas que permitan consolidar la
integración imprescindible entre estrategias, procesos y personas: ésa
es precisamente la misión profesional del Facilitador de procesos de
cambio.
I. Facilitadores se buscan...
Su tarea fundamental consistirá en ayudar a las personas y a los equipos
a reconvertirse gradualmente hacia la situación de cambio deseada,
analizando su propio marco de referencia, desarrollando sus capacidades
con arreglo a la nueva situación y convirtiendo dichas capacidades en
acciones exitosas.
De esta manera creará y desarrollará lo que yo llamo las tres
“comunidades” fundacionales de toda situación de cambio:
1. Comunidades de Compromiso
2. Comunidades de Conocimiento
3. Comunidades de Integración o Trabajo en Equipo.
El Facilitador será, entonces, quien acompañe a las personas a recorrer
la transición por un camino con tres “detenciones obligadas”
Aprendizaje, Superación y Alineamiento, en el menor tiempo y con el
menor costo tanto emocional como económico posible.
RESPONSABILIDADES DEL FACILITADOR
· Aconsejar, a nivel individual, a través del ejercicio de un efectivo
coaching
· Comunicar en distintas direcciones
· Relevar necesidades, problemas y éxitos
· Co-ayudar a la toma de decisiones de la Dirección
· Generar espacios de participación e integración
· Aportar inputs para la medición y evaluación de la marcha del proceso
de cambio, y el impacto que éste genera.
Naturalmente, también la función deberá incluir ciertos requisitos
tendientes a su efectividad:
· Recibir apoyo y respaldo de: la Alta Dirección, el Área de Recursos
Humanos
· Interactuar constantemente con la Dirección y el resto de los
Facilitadores del cambio seleccionados
· Disponer de tiempo
· Tener un impacto en su evaluación personal de desempeño
· Internalizar y aceptar su rol
II. Las competencias requeridas
Luego de varios años de experiencia en haber observado y trabajado
situaciones de cambio organizacional y considerando las diferencias de
alcance y profundidad de dichos procesos de cambio, el tipo de negocio
de la organización, los objetivos, la cultura, la misión y los valores
de cada empresa, el que sigue bien puede ser el conjunto de competencias
“genéricas” con que todo facilitador de procesos de esta naturaleza
debería contar:
Liderazgo
Habilidad para crear y compartir propósitos, visión y dirección hacia el
equipo, generando entendimiento acerca de las razones del cambio y
creando un gradual compromiso.
Pensamiento y visión estratégica del negocio
Habilidad para pensar y planificar, alineando acciones actuales
con futuras estrategias de cambio.
Capacidad de generar el desarrollo de las personas
Constante compromiso y dedicación al aprendizaje de las personas,
a través de prácticas como coaching, mentoring, y generación de
oportunidades de aprendizaje.
Colaboración y actitud para el trabajo en equipo
Habilidad para interactuar con personas y grupos tanto internos
como externos a la organización.
Innovación para la resolución de problemas inherentes a la situación de
cambio
Habilidad para buscar alternativas creativas de solución y de potenciar
la innovación propia y la de las personas involucradas en la situación
de cambio.
Identificación de posibles “sucesores” en el rol de Facilitador
Habilidad para diagnosticar y capacitar personas con perfiles acordes al
rol,
como medio para formar “masa crítica” de cambio.
III. La creación del rol
Para la creación y desarrollo del rol del Facilitador, sugiero la
implementación de una serie de intervenciones muy concretas, en función
de sus objetivos, alcance e impacto, que podemos resumir
en tres etapas:
Etapa 1- Relevamiento de la situación actual:
Principales objetivos:
· Compilar información sobre la situación actual de la organización
(grado de predisposición al cambio, marcha del proceso, dificultades,
oportunidades, logros, etc.).
· Definir/validar el rol que desempeñará el Área de Recursos Humanos
como “socio” de la gestión de los Facilitadores.
· Entender la percepción que las áreas y personas directamente
involucradas poseen de la situación actual, e identificar principales
brechas entre el estado actual y lo que se pretende de dichas
áreas/personas en el futuro inmediato.
Etapa 2 - Validación del rol de los Facilitadores
Principales objetivos
· Convalidar la misión, los objetivos, atributos y responsabilidades del
rol de los Facilitadores.
· Unificar los mensajes para los Facilitadores y los que ellos deberán
transmitir.
· Definir las competencias requeridas para el desempeño del rol, y
diseñar una herramienta de medición del desempeño de los Facilitadores,
en función con esas competencias.
Etapa 3 – Desarrollo de los Facilitadores
La formación de los futuros Facilitadores debiera estar sustentada sobre
tres objetivos, a saber:
· Compartir un esquema conceptual del proceso de cambio organizacional e
individual.
· Analizar las etapas de un proceso de cambio y su impacto en el
desempeño y la motivación de las personas.
· Consensuar y comprender su función como Facilitadores en el actual
contexto de su sector/ empresa.
La figura del facilitador como decodificador de estrategias y como guía
para su implementación, se torna indispensable para forjar cambios
exitosos y perdurables, basados en el compromiso, el aprendizaje
continuo y el trabajo en equipo: tres componentes indispensables y a su
vez indivisibles, para transitar de una manera relativamente armónica y
medianamente previsible el ya de por sí dramático período de transición
.
Exige sin embargo, la existencia de una fuerte y estratégica asociación
“Alta Dirección – Área de Recursos Humanos”, cuya misión debiera estar
orientada a
:
· Transmitir y experimentar los valores corporativos, a fin de
convertirlos en principios de acción de la organización.
· Fijar las normas, las conductas, los comportamientos y las habilidades
requeridas para la nueva situación.
La facilitación de procesos de cambio organizacional va mucho más allá
de la entrega de un manual, de ir a un curso de capacitación, de
incorporar tecnologías o reducir estructuras. Tales acciones constituyen
intervenciones necesarias y en muchos casos justificadas, pero no son el
cambio en sí mismo. En todo caso, representan la parte visible de un
proceso en el que intervienen personas.
“Lo esencial para nosotros son nuestros recursos humanos...”, frases de
este tenor son con frecuencia escuchadas o leídas en el manifiesto de
valores de muchas organizaciones.
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Contador Público y Auditor egresada de la Universidad de la Frontera Docente en el área de capacitación de la Universidad Santo Tomás de Puerto Montt.
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