No son pocos los autores que sobre el tema de las competencias laborales
escriben por estos días, y una gran parte de ellos coincide en opinar que las
mimas constituyen una nueva alternativa para incrementar el rendimiento laboral
y la motivación, entre otros, lo cual sin dudas, constituye la finalidad de la
aplicación de este modelo (Gestión por Competencias). El artículo más que tratar
de modelos, pretende contribuir a ampliar en el lector los conocimientos sobre
el tema, desarrollando para ello una serie de aspectos relacionados con el
concepto de competencias.
Los cambios que hoy se producen en el entorno empresarial,
caracterizados por la globalización de la economía, y la continua introducción
de la nuevas tecnologías en los procesos de producción y administración en las
organizaciones, han provocado a su vez, cambios en las estructuras al interno de
las mismas, existiendo la tendencia el aplanamiento de estructuras y a la
constante evolución de los puestos de trabajo, lo cual hace difícil mantener la
estabilidad de los mismos.
Esta nueva realidad también ha modificado el contrato entre las
organizaciones y sus miembros, basándose ahora en el desarrollo profesional de
los primeros y en la búsqueda, por parte de los segundos, de nuevas formas para
potenciar al máximo las competencias de su personal.
Para dar respuesta a este gran reto, muchas empresas han optado por la
aplicación de un sistema de competencias laborales, como una alternativa para
impulsar la formación y la educación, en una dirección que logre un mejor
equilibrio entre las necesidades de las organizaciones y sus miembros.
Como en efecto, el concepto de competencias, es muy utilizado por estos
días en el contexto empresarial para designar un conjunto de elementos o
factores, asociados al éxito en el desempeño de las personas, y cuando se hace
referencia a los orígenes del mismo por lo general encontramos que se cita a
David McClelland. No obstante, en la literatura se hace referencia a algunos
trabajos anteriores a los de este autor, útiles para comprender mejor el origen
del término.
En 1949, T Parsons, elabora un esquema conceptual que permitía
estructurar las situaciones sociales, según una serie de variables dicotómicas.
Una de estas variables era el concepto de Acheviement vs Ascription, que en
esencia consistía en valorar a una persona por la obtención de resultados
concretos en vez de hacerlo por una serie de cualidades que le son atribuidas de
una forma más o menos arbitraria. (Resultados vs Buena Cuna).
Casi diez años después, en 1958, Atkinson lograba demostrar de forma
estadística la utilidad del dinero como un incentivo concreto que mejoraba la
producción siempre que el mismo estuviese vinculado a resultados específicos.
A inicios de los años 60, el profesor de Psicología de la Universidad de
Harvard, David McClelland propone una nueva variable para entender el concepto
de motivación: Performance/Quality, considerando el primer término como la
necesidad de logro (resultados cuantitativos) y el segundo como la calidad en el
trabajo (resultados cualitativos). Siguiendo este enfoque McClelland se plantea
los posibles vínculos entre este tipo de necesidades y el éxito profesional: si
se logran determinar los mecanismos o niveles de necesidades que mueven a los
mejores empresarios, manager, entre otros, podrán seleccionarse entonces a
personas con un adecuado nivel en esta necesidad de logros, y por consiguiente
formar a las personas en estas actitudes con el propósito de que estas puedan
desarrollarlas y sacar adelante sus proyectos.
La aplicación práctica de esta teoría, se llevó a cabo por parte de su
autor, en la India en 1964, donde se desarrollaron un conjunto de acciones
formativas y en solo dos años se comprobó que 2/3 de los participantes habían
desarrollado características innovadoras, que potenciaban el desarrollo de sus
negocios y en consecuencia a esto, de su localidad de residencia.
Estos resultados conllevaron a que los estudios de este tipo se
extendieran en el mundo laboral. Todos querían encontrar la clave que permitiera
a las organizaciones ahorrar en tiempo y dinero en los procesos de selección de
personal. No obstante, por una razón u otra, la problemática universal en torno
a qué formación debe poseer la persona, y que fuere adecuada para desempeñarse
con éxito en un puesto determinado, aún no estaba resuelta.
En el año 1973, McClelland demuestra que los expedientes académicos y
los test de inteligencia por si solos no eran capaces de predecir con fiabilidad
la adecuada adaptación a los problemas de la vida cotidiana, y en consecuencia
el éxito profesional.
Esto lo condujo a buscar nuevas variables, a las que llamó competencias,
que permitieran una mejor predicción del rendimiento laboral. Durante estas
investigaciones encuentra que, para predecir con una mayor eficacia el
rendimiento, era necesario estudiar directamente a las personas en su puesto de
trabajo, contrastando las características de quienes son particularmente
exitosos con las de aquellos que son solamente promedio.
Debido a esto, las competencias aparecen vinculadas a una forma de
evaluar aquello que “realmente causa un rendimiento superior en el trabajo” y no
“a la evaluación de factores que describen confiablemente todas las
características de una persona, en la esperanza de que algunas de ellas estén
asociadas con el rendimiento en el trabajo” (McClelland, 1973).
Otro autor muy referido en esta línea de investigaciones en R E Boyatzis
(1982) quien en una de sus investigaciones analiza profundamente las
competencias que incidían en el desempeño de los directivos, utilizando para
esto la adaptación del Análisis de Incidentes Críticos.
En este estudio se concluye que existen una serie de características
personales que deberían poseer de manera general los líderes, pero que existían
también algunas que solo poseían otras personas que desarrollaban de una manera
excelente sus responsabilidades.
Concluyendo aquí con lo referente al origen del término en cuestión,
pensamos que se impone precisar que son las competencias. A continuación se
ofrecen algunas definiciones, las cuales suelen ser múltiples y variadas.
1. Las competencias son repertorios de comportamientos que algunas
personas dominan mejor que otras, lo que las hace eficaces en una situación
determinada (Levy Leboyer, 1997)
Según este autor, son además observables en la realidad del trabajo, e
igualmente en situaciones de test, y ponen en práctica de manera integrada
aptitudes, rasgos de personalidad y conocimientos. Por lo tanto, las considera
un trazo de unión entre las características individuales y las cualidades
requeridas para llevar a cabo las misiones del puesto.
2. Las competencias son unas características subyacentes a la persona,
que están casualmente relacionadas con una actuación exitosa en el puesto de
trabajo. (Boyatzis, 1982).
3. Se refiere a la capacidad efectiva para llevar a cabo exitosamente
una actividad laboral plenamente identificada (según la OIT este es el concepto
generalmente más aceptado).
4. Se refiere a la capacidad productora de un individuo que se define y
se mide en términos de desempeño en un contexto laboral determinado, y no
solamente de conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes. Estas son
necesarias, pero no suficientes en si mismas para un desempeño efectivo.
(CONOCER de México)
5. Se refieren a la construcción social de aprendizajes significativos y
útiles para el desempeño productivo en una situación real de trabajo, que se
obtiene no solo a través de la instrucción, sino también -y en gran medida-
mediante el aprendizaje por experiencia en situaciones concretas de trabajo.
(POLFORM/OIT)
6. Es la idoneidad para realizar una tarea o desempeñar un puesto de
trabajo eficazmente, por poseer las calificaciones requeridas para ello. (OIT)
7. Es el conjunto de comportamientos socio-afectivos y habilidades
cognoscitivas psicológicas sensoriales y motoras que permiten llevar a cabo de
manera adecuada un papel, una función, una actividad o tarea. (Provincia de
Québec)
8. Es el conjunto identificable y evaluable de conocimientos, actitudes,
valores y habilidades relacionadas entre sí, que permiten desempeños
satisfactorios en situaciones reales de trabajo, según estándares utilizados en
el área ocupacional. (Consejo Federal de Cultura y Educación Argentina)
9. Se concibe como una compleja estructura de atributos necesarios para
el desempeño de situaciones específicas. Es una compleja combinación de
atributos (conocimientos, actitudes, valores y habilidades) y las tareas que se
tienen que desempeñar en situaciones determinadas. (Australia)
Esta definición es considerada como un enfoque holístico, en la medida
en que integra y relaciona atributos y tareas, permite que ocurran varias
acciones intencionales simultáneamente y toma en cuenta el contexto y la cultura
del lugar, permitiendo incorporar la ética y los valores como elementos del
desempeño competente.
De una forma u otra, puede concluirse que, de manera general, están
contenidos los cincos tipos de características competenciales propuestas por
Lyle M Spencer y Signe M Spencer (1993):
§ Motivaciones que determinan el comportamiento de las personas hacia
determinados tipos de acciones: logro, afiliación y poder.
§ Rasgos del carácter, que justifican los tipos de reacciones ante
determinadas situaciones.
§ Capacidades personales, valores relacionados con las actitudes,
valores y auto-imagen.
§ Conocimientos.
§ Habilidades, capacidad para realizar determinado tipo de actividades
físicas y mentales.
2.1- Principales Enfoques.
Según Llorente (1999) los enfoques de competencias que se encuentran hoy
en el mercado –sobre los cuales refiere que en su esencia reducen todas las
posibilidades de aplicación de las competencias y lamenta que por fatalidad sean
los más difundidos- comparten una serie de puntos comunes:
§ Cada competencia tiene un nombre y una definición verbal precisa.
Denominaciones como: identificación con la compañía, auto-confianza, búsqueda de
información, orientación al cliente, pensamiento conceptual, flexibilidad,
liderazgo... aparecieron en los primeros estudios de McBer, (Hay Group/McBer),
la consultora fundada por David McClelland, y luego se han ido extendiendo
profundamente en la bibliografía sobre competencias.
§ Cada competencia tiene un determinado número de niveles que reflejan
conductas observables, no juicios de valor.
§ Todas las competencias se pueden desarrollar (pasar de un nivel menor
a otro mayor) aunque no de manera inmediata como recibir un curso de formación.
El desarrollo requiere experiencia práctica.
§ Todos los puestos llevan asociados un perfil de competencias que no es
más que un inventario de las mismas, junto con los niveles exigibles de cada una
de ellas. Con el nivel evaluado de cada competencia se obtendrán desajustes que
habrá que analizar.
A continuación se presentan dos de las corrientes diferenciadas en la
Gestión por Competencias.
2.1.1- Enfoque Anglosajón.
Se centra en el contenido del puesto de trabajo, así como en su relación
con la estrategia global de la organización.
Los seguidores de este enfoque, comparten los puntos de vistas de
McClelland en cuanto a que los test de inteligencia y los expedientes académicos
por si solos no aportan valor predictivo sobre el éxito profesional, así como
tampoco describen las competencias que posee una persona. Por lo tanto, se
requiere de establecer relaciones causales, lo cual hace a este enfoque muy
potente desde el punto de vista metodológico.
Para establecer estas relaciones se requiere definir una serie de
indicadores observables que actúen como los agentes que causan los rendimientos
superiores (variables predictoras o agentes causales).
Según este enfoque, estas relaciones son más difíciles de establecer en
puestos que directamente no generan valores o en puestos donde no se conocen los
resultados concretos que de él se esperan.
Se orienta hacia las competencias genéricas y universales, presuponiendo
que cualquier país necesita competencias muy parecidas si se tiene en cuenta que
aumentar el rendimiento es una de las “vías universales” para lograr la
superviviencia de las organizaciones, aunque reconocen también la existencia de
competencias específicas.
Este paradigma ha ido evolucionando a partir de la década de los 80, y
en la actualidad considera las competencias como el lazo que une las conductas
individuales con la estrategia de la organización, la cual debe estar sostenida
por una cultura adecuada, siendo aquí donde las competencias entran en juego, a
través de la gestión estratégica de los Recursos Humanos.
Por lo tanto, si la estrategia elegida implica satisfacción con el
cliente y trabajo en equipos, las competencias tienen que reflejar esta
orientación, y no otra, aún cuando las competencias no aceptadas sean eficaces.
Para este enfoque, las competencias reflejan una serie de valores que en
muchos casos aglutinan la misión y el plan estratégico, lo que posibilita que
aquellas “requeridas” por la organización, puedan ser identificadas a través de
un panel de expertos, sin la necesidad de recurrir a medidas directivas de
rendimiento, por lo que en consecuencia se le confiere la utilidad que tienen
para cambiar conductas ligadas a los valores estratégicos.
Algunos de los autores más representativos de este enfoque son: R E
Boyatzis, G Hammel y C K Prahalad.
2.1.2- Enfoque Francés.
Se centra más en la persona, y al contrario del enfoque anterior su
finalidad es actuar como elemento de auditoria en torno a la capacidad
individual del sujeto y el esfuerzo de la organización por mantener su fuerza de
trabajo en condiciones óptimas de “empleabilidad”.
Considera las competencias como una mezcla indisoluble de conocimientos
y experiencias laborales en una organización específica (competencias +
experiencias + conocimientos + rasgos de personalidad) /organizaciones
específicas, que son las que tienen la capacidad de capacitar a las personas, en
función de que estas puedan ejercer de la mejor manera posible sus funciones.
Por lo tanto, las experiencias profesionales son la única manera de adquirir
competencias que no son reconocidas por un certificado de estudios.
Como puede apreciarse, este enfoque enfatiza en la existencia de
competencias específicas, lo cual queda reflejado en el uso del concepto
auto-imagen, como el motor de aprendizaje en las personas, siendo este el que
nos proporciona la imagen que tenemos de si mismos y de por que nos comportamos
de la manera en que lo hacemos.
Este enfoque se centra en los procesos de aprendizajes de las personas y
considera que los test de aptitudes así como los de coeficiente intelectual son
instrumentos predictivos muy importantes en la gestión de las competencias.
Claude Levy Leboyer es uno de los autores más citados como representante
de esta corriente.
Como se observa, cada corriente pretende desde su perspectiva resolver
cuestiones que conciernen a un mismo tema, el de las competencias como una
alternativa para lograr mejora en el rendimiento de los individuos. Ambas
contienen elementos que las diferencian y otros en los que coinciden.
Un enfoque se centra en los contenidos del puesto de trabajo y el otro
en las personas que lo ocupan; uno está más orientado a las competencias de tipo
genéricas y otro a las competencias específicas, no obstante ambos reconocen la
co-existencia de ambas; en cuanto al valor predictivo de los test en el éxito
profesional, un enfoque considera que la utilización de los test de inteligencia
por si solos carece de este valor, mientras que el otro enfoque le confiere a
este un gran valor predictivo. No obstante las diferencias en este sentido,
puede apreciarse que en esencia el valor del test no se niega.
En torno a esto, considero importante señalar, que cuando en una
organización se decida adoptar uno u otro, e incluso, aún cuando se decida
constituir uno propio, los especialistas en Recursos Humanos no deben obviar las
implicaciones que esto trae consigo. Y coincido con muchos autores cuando
señalan que “tradicionalmente dichos especialistas se han caracterizado por
realizar una gestión burocrática de las personas: nóminas, descripción de
puestos y formación genérica, y que ahora deberán ocuparse de seleccionar,
formar, valorar e incentivar a los recursos humanos de las empresas, de manera
que estas puedan contar con personas más capacitadas y comprometidas en el
futuro, que obtengan un conocimiento más exacto sobre la condiciones laborales y
personales que conforman los distintos puestos de trabajo, determinando a su vez
para la organización un conjunto de “competencias requeridas”. Deberán por
tanto, jugar un papel más pro-activo, y aportar valor añadido, además de
intervenir como protagonistas en los problemas sociales de la empresa”.
2.2-Tipos de Competencias.
Partiendo de las consideraciones realizadas por los citados enfoques de
competencias al respecto, estas pueden clasificarse en genéricas y específicas.
Las primeras referidas a un conjunto o grupo de actividades y las segundas
destinadas a funciones o tareas específicas.
Otra clasificación es la que realizan Cardona y Chinchilla (1999)
quienes refieren dos tipos de competencias: las técnicas o de puesto y las
directivas o genéricas.
Las primeras se refieren a aquellos atributos o rasgos distintivos que
requiere un trabajador excepcional en un puesto determinado. Estas incluyen
conocimientos, habilidades, o actitudes específicas, necesarias para desempeñar
una tarea concreta.
Las segundas son aquellos comportamientos observables y habituales que
posibilitan el éxito de una persona en su función directiva. Estas aunque se
consideran genéricas, según los autores, y aunque una empresa pueda enfatizar
más en una que en otra, pueden estudiarse de manera conjunta a partir del
análisis de la función directiva.
Las competencia directivas ó genéricas se clasifican a su vez en
competencias estratégicas e intratégicas. Esta otra clasificación la realizan
los autores, basándose en el modelo antropológico de empresa propuesto por Pérez
López ( 1998), según el cual:
§ La función directiva consiste en diseñar estrategias que produzcan
valor económico, desarrollando las capacidades de sus empleados y uniéndolas con
la misión de la empresa.
§ Una estrategia que obtenga valores económicos, empobreciendo las
capacidades de sus empleados o disminuyendo su unidad con la empresa, no sería
una estrategia válida, ya que entre otros casos, debilitaría la capacidad de la
empresa para conseguir un valor económico futuro.
§ Por lo tanto, la función directiva incluye, además de una dimensión
estratégica, otra a la que se le denomina intratégica.
Las competencias directivas estratégicas son aquellas necesarias para
obtener buenos resultados económicos y entre estas los autores citan: la visión,
la resolución de problemas, la gestión de recursos, la orientación al cliente y
la red de relaciones efectivas.
Las competencias directivas intratégicas, son aquellas necesarias para
desarrollar a los empleados e incrementar su compromiso y confianza con la
empresa, que según el referido modelo, se trata en esencia de la capacidad
ejecutiva y de la capacidad de liderazgo, entre las cuales se mencionan, la
comunicación, la empatía, la delegación, el “coaching” y el trabajo en equipos.
A los dos tipos de competencias anteriores, Cardona y Chinchilla le
agregan unas competencias directivas, que según estos, son de carácter
propiamente empresariales a las que se le denominan de eficacia personal. Estas,
que se presentan a continuación, incluyen aquellos hábitos que facilitan una
relación eficaz de la persona con su entorno.
§ Pro-actividad: iniciativa, autonomía personal.
§ Autogobierno: gestión personal del tiempo, del estrés, del riesgo,
disciplina concentración y autocontrol.
§ Desarrollo personal: auto-crítica, auto-conocimiento, cambio personal.
Estas competencias miden la capacidad de auto-dirección, la cual resulta
imprescindible para dirigir a otros, potenciando de esta forma las competencias
estra e intratégicas.
En resumen, puede observarse la presencia de dos grandes grupos de
competencias: las genéricas y las específicas, aún cuando los términos empleados
varíen de un autor a otro.
Como consecuencia de estas clasificaciones encontramos que los distintos
autores proponen y presentan sendas listas de “competencias requeridas”, sean
estas de un tipo u otro, como por ejemplo la establecida por Thornton y Byham
(1982) donde se intenta reunir un grupo de competencias genéricas o
supra-competencias para los llamados mandos de alto nivel, o la propuesta por
Dulewicz (1989) referida a los mandos intermedios, u otras, que como bien
refiere Levy-Leboyer (1997) son confeccionadas por los propios especialistas de
Recursos Humanos de una determinada empresa, en función de confeccionar un
sistema de competencias propio, y que en su gran mayoría aún permanecen sin
editar, ya que son confeccionadas por la empresa para su consumo.
Actualmente las organizaciones tienden a determinar, atendiendo a su
entorno y su estrategia empresarial, cuales son las competencias que realmente
producen un rendimiento superior, empleando para esto unas u otras técnicas, a
las cuales nos estaremos refiriendo en los párrafos que siguen.
2.3- Técnicas para determinar el Perfil de Competencias.
Dentro de la técnicas que suelen ser utilizadas para determinar las
“competencias requeridas” encontramos, el Panel de Expertos, las Entrevistas, y
las Entrevistas Focalizadas.
El Panel de Expertos. Uno de los objetivos de esta técnica consiste en
transformar los retos y estrategias a las que se enfrenta la organización
-teniendo en cuenta factores socio-políticos, económicos, tecnológicos, entre
otros- en formas de conductas requeridas para lograr un desempeño exitoso en el
individuo.
En esta técnica participan un grupo de individuos, quienes deben ser
buenos conocedores de las funciones y de las actividades que en general deben
acometerse en un determinado puesto. En mi opinión no solo del puesto, sino
también de las actividades que se realizan en la empresa donde está enmarcado
dicho puesto, así como de la misión, de la visión y de la estrategia
empresarial. Estos individuos tienen la tarea de determinar -atendiendo a estos
factores- cuales son las competencias que realmente permiten a los individuos un
desempeño superior.
Las entrevistas. Se llevan a cabo mediante interrogatorios efectuadas
sobre la base de incidentes críticos a una muestra representativa de ocupantes
del puesto, para obtener a través de un método inductivo, informaciones
contrastadas sobre las competencias que realmente son utilizadas en dicho
puesto.
La muestra debe estar integrada por un grupo de individuos con un
rendimiento superior, y por otro grupo menor con un rendimiento medio
(proporción ideal entre 60 y 40 % del total de la muestra respectivamente). Por
otra parte, esta muestra debe ser rigurosamente seleccionada ya que a partir de
las características de las personas que la integran, se definirá la lista de
elementos o atributos por los que serán seleccionados los candidatos actuales o
futuros. Para obtener los criterios de selección, se puede recurrir a elementos
en contraste existentes en la empresa, tanto de resultados cuantitativos
(objetivos de negocios, captación de nuevos clientes, entre otros) como
cualitativos (basados en la evaluación del desempeño, la trayectoria profesional
entre otros).
No obstante, cuando estas listas son demasiado grandes, o por el
contrario muy pequeñas, sesgan el proceso haciéndolo menos eficaz.
Como ventajas de este método se destacan el hecho de que permite una
identificación empírica de competencias superiores o diferentes de las generadas
en el panel de expertos, se alcanza una precisión de lo que son las competencias
y de la forma en que estas se concretan en un puesto de trabajo o en un
determinado rol. Por otra parte, el perfil obtenido proporciona un modelo a
partir del cual, podemos obtener la adecuación persona-puesto, tanto a través de
un proceso de selección externa, como de promoción interna.
La Entrevista Focalizada. Fue desarrollada por McClelland y Dayley en
1972, combinando el método de Incidencia Crítica de Flanagan con las pruebas del
Thematic Apperception Test que McClelland había desarrollado durante más de 30
años en sus estudios de motivación.
Este tipo de entrevistas presenta un nivel de exactitud muy elevado, y
lo mismo ocurre con los niveles de correlación estadística de los criterios
valorados con los demostrados y desarrollados posteriormente en el puesto de
trabajo.
La técnica consiste en detectar el nivel de desarrollo de las
competencias de la persona mediante una estrategia estructurada de preguntas. Se
fundamenta en obtener la mejor predicción en cuanto a si el evaluado posee o no
las competencias requeridas en el puesto, al obtener evidencias de conductas que
demuestran que este individuo ha utilizado estas competencias en el pasado.
De manera general, proporcionan información valiosa sobre las
competencias de los individuos y deben llevarse a cabo por personas entrenadas
en el método o por consultores externos.
Ahora, pienso que si bien resulta clave, por una parte, determinar
cuales son las “competencias requeridas”, por la otra, estas no cobrarían un
sentido si no conocemos a través de la evaluación, como las mismas se presentan
en los distintos individuos, detectando de esta manera necesidades de desarrollo
con la finalidad de implementar una serie de acciones que propicien el
perfeccionamiento de las mismas.
2.4-Evaluación de Competencias.
Desde hace algunos años, se ha incrementado el número de organizaciones
interesadas en evaluar a sus miembros más que por el cumplimiento de las tareas,
por las competencias que estos sean capaces de demostrar en el desempeño de sus
funciones.
Un ejemplo ilustrativo en este sentido, lo constituye el procedimiento
propuesto por Kaplan y Norton en 1996 (citado por Cardona y Chinchilla, 1999) el
cual se conoce como “Cuadro de Mando Integral”(Balance Score). En este se
agregan indicadores de competencias a los indicadores de resultados y se haya
una media ponderada para obtener un indicador final, el cual está asociado a una
retribución variable.
Esto desde mi punto de vista pudiera tener sus ventajas, aunque coincido
con Cardona y Chinchilla, cuando al referirse a este procedimiento plantean que
en el mismo se mezclan dos realidades distintas: los objetivos y las
competencias, lo que puede producir percepciones de falta de justicia
comparativa, las cuales resultan muy negativas para la motivación y el
rendimiento de los empleados, llegando a socavar la capacidad creativa e
innovadora de estos.
Y en este sentido, no dejan de tener razón cuando refieren que las
competencias resultan “variables” nada fáciles de medir, en comparación con los
objetivos, a la vez que su desarrollo requiere de una motivación intrínseca más
que de una compensación “de fin de año”. Por lo tanto, requieren de un
tratamiento diferente al ser evaluadas, ya que si bien son objetivas, en cuanto
a que son observables, también son subjetivas, en cuanto a la percepción que de
ellas tiene el examinador (Cardona y Chincilla, 1998).
A continuación, se hace referencia a algunos de los métodos y/o técnicas
que son utilizados actualmente en el diagnostico de competencias.
2.4.1-Método Evaluación 360°
Consiste en un sistema para evaluar el desempeño a través de un
cuestionario, donde pueden expresarse criterios en relación a ¿qué le gusta del
evaluado en relación a los aspectos explorados? ¿qué no le gusta?; ¿qué le
gustaría que sucediera o que modificara en su conductas?, entre otras. Todo esto
referido a comportamientos observables o deseables. Este cuestionario, en el
cual pueden también incluirse preguntas abiertas, se aplica a los propios
evaluados, a sus superiores, a sus colaboradores (en los casos respectivos) y a
clientes tanto internos como externos. Teniendo en cuenta las informaciones
relevantes que se obtengan, se realiza una fotografía del desempeño de la
persona.
Este método se comenzó a utilizar con mayor intensidad a mediados de la
década de los 80, empleándose principalmente para evaluar las competencias de
los ejecutivos de alto nivel. Este, rompe con el paradigma tradicional de que
“el jefe es la única persona que puede evaluar las competencias de sus
subordinados”, ya en este caso, tiene en cuenta la opinión de otras personas que
conocen al evaluado y que lo ven actuar.
El método centra su interés en el hecho de que el factor humano
visualice de modo no sesgado el nivel de desempeño que tiene dentro de la
organización. De forma anónima, tanto los colaboradores como los directivos
ofrecen una visión particular de cómo perciben el trabajo de una persona, un
grupo o un área en particular.
Con la aplicación de este modelo en la empresa, es posible el
establecimiento de políticas más claras de reclutamiento interno, basadas en los
resultados de la evaluación, lo que permite seleccionar al candidato adecuado
para el puesto de trabajo solicitado; definir planes de capacitación y
desarrollo con las personas en base a los resultados individuales y/o grupales
obtenidos; identificar con mayor facilidad a personas exitosas y con
potencialidades, reforzando, reconociendo y estimulando así sus resultados;
proporciona información objetiva y cuantificada respecto a áreas claves del
desempeño”difíciles de medir” como son el liderazgo, la comunicación, el trabajo
en equipos, la administración del tiempo, la solución de problemas y las
habilidades para desarrollar otros y por último, posibilita el desarrollo
particular de una metodología informática para la aplicación, análisis y
procesamiento de la información que se obtiene.
En cuanto a las experiencias de aplicación de este método en la
evaluación de directivos, Martha Williams (1999), socio-directora de The
Washintong Quality Group, señala que en muchas empresas españolas se han
obtenido mejoras en solo cuatro rondas de aplicación consecutivas de 360°, y
destaca además que esto a contribuido a que los directivos logren clarificar las
expectativas que la empresa tiene sobre ellos, y a darse cuenta de las
habilidades y conocimientos específicos que necesitan desarrollar, lo cual les
ha posibilitado el éxito, tanto en el logro de metas empresariales como
individuales.
2.4.2-Método del Assesment Center.
El origen de este método se remonta a los años 50, cuando la empresa
norteamericana AT&T destinó un edificio suyo únicamente para la efectuar
procesos evaluación. Desde entonces, esta metodología ha evolucionado
notablemente, y en la actualidad ha logrado dotarse de un procedimiento
aplicable a cualquier país y cultura.
Este método, considerado de gran valor predictivo, constituye en
esencia, un modelo de evaluación actitudinal y aptitudinal del comportamiento,
basado en múltiples estímulos e inputs. La metodología que se aplica para esto
se basa en la aplicación de una serie de ejercicios que pueden adaptarse a un
sector en particular, o a un nivel jerárquico determinado, creando en torno a
esto, situaciones que semejen la realidad laboral en la que se desempeña el
individuo. Algunos de estos ejercicios son el in-try, los grupos de discusión
(sin y con roles asignados), el fact-find, ejercicios de organización,
simulación de entrevistas, entre otros. Puede agregarse que también emplean los
test psicológicos, aunque de manera auxiliar.
La evaluación de los individuos es llevada a cabo por varios
observadores, consultores y técnicos especialmente entrenados, quienes observan
y registran los comportamiento de los evaluados.
A partir de los resultados de la evaluación se detectan necesidades de
desarrollo, se obtienen importantes criterios para la evaluación del desempeño,
para la formación de equipos de trabajo, entre otros.
Genéricamente los Assesment Center tienen dos pasos insoslayables,
devenidas en condiciones para lograr la efectividad de método.
1. Definir el puesto de trabajo de los candidatos de acuerdo a las
competencias para su éxito: liderazgo, delegación, análisis de problemas,
comunicación, entre otros.
2. Creación de la matriz de competencias que evalúa cada uno de los
ejercicios.
En el diseño de esta matriz, se tienen en cuenta dos criterios
fundamentales: 1- la misma competencia estará valorada por al menos tres pruebas
y, 2- la misma prueba no debe valorar más de tres competencias.
La composición del grupo de evaluados puede oscilar entre seis y diez
personas, y las actividades que estos deben realizar pueden desarrollarse grupal
o individualmente, cuyas sesiones de trabajo se efectúan durante uno y tres
días. Esto último, referido a la economía del tiempo, entre otros aspectos como
son la necesidad de formar los evaluadores, y la de desarrollar y validar una
serie de pruebas específicas, se le han señalado al método como inconvenientes,
por las implicaciones de costos económicos y de tiempo que se necesitan
invertir.
Actualmente la utilización de este método para la evaluación de
competencias directivas se encuentra en una curva de ascenso, en la que se han
obtenido resultados satisfactorios.
2.4.3-El Test de Monster
Antes de adentrarnos en los detalles del test, consideramos importante
hacer referencia a algunos datos sobre su origen. La red Monster, con base en
los Estados Unidos, es una web de empleos, cuyo propósito es “poner en contacto
a las mejores compañías con los candidatos más calificados”, en lo cual es
considerada una empleadora líder a nivel mundial. Tiene sucursales en Alemania,
Holanda, Gran Bretaña, Suecia, Canadá, Australia, España, entre otros países.
Monster.com se fundó en Maynard (MA) e Indianápolis (IN) y es el buque
insignia de TMPW Worldwide (NAS DAQ: TMPW ”; ASX: “TMP”), compañía fundada en
1967, que en la actualidad también es una publicitaria de páginas amarillas en
el mundo y proveedora de servicios de marketing directo) se lanzó en Enero de
1999 como resultado de la fusión entre The Monster Board (r), (w.w.wMonster.com)
y la On line Career Center (w.w.w.occ.com) fundados en 1994 y 1993
respectivamente.
En función del referido propósito, se construye el test de Monster “on
line”, con el propósito de ofrecer a las empresas soluciones avanzadas para la
selección de candidatos de una manera eficaz y a bajos costos en el sitio.
A partir de un estudio exhaustivo de los cuestionarios existentes en el
mercado actual, en un esfuerzo por unificar criterios a partir de la gran
diversidad de estos, no solo en la forma en que son administrados, sino también
en la forma y el tiempo de aplicación, el Test de Monster surge como una
alternativa metodológica que permita evaluar y predecir la conducta laboral.
En función de esto, se plantearon dos cuestiones fundamentales:
1. ¿Que medir?: determinar que competencias son las más importantes en
cada organización en función de su cultura organizacional y sus necesidades.
2. ¿Como medirlo?: Determinar la metodología a utilizar.
Dentro de los cuestionarios que fueron analizados pueden mencionarse:
Invetario de la Personalidad de Eyseck (1973)(EPI); el Inventario de Percepción
y Preferencias de Kostick (1977) (PAPI); el 16 PF de Catell (1984); el
Cuestionario de Personalidad Laboral de Savilli y Holdswoth (1984), entre otros.
De estos se eligieron aquellos factores o variables que en la literatura sobre
Psicología Organizacional aparecen como mejores predictores del rendimiento en
el contexto laboral.
Como consecuencia de este análisis, surge un listado de competencias
(dando respuesta así a la primera cuestión planteada en relación a qué medir).
Las competencias fueron las siguientes:
§ Competencias de liderazgo: dirigidas específicamente a directivos, ya
que son consideradas solo para puestos de dirección. Los puntos correspondientes
a esta competencia hacen referencia a la gestión de recursos humanos y
materiales por lo que no resultan predictivos si son evaluados en personas que
no tienen experiencia en la gestión de dirección y de equipos de trabajo.
Indicadores definidos: dominancia, capacidad para motivar, soporte y
formación, evaluación y retroalimentación, creación de equipos y toma
decisiones.
§ Competencias de desarrollo de Negocios: incluye orientación al
cliente, orientación hacia los resultados, visión de empresa, capacidad de
organización y distribución del tiempo.
§ Competencias de relaciones interpersonales: incluye persuasión,
asertividad, independencia, diplomacia, observador de personas, tolerancia,
flexibilidad, humanidad, sensibilidad, capacidad para resolver conflictos.
§ Competencias de comunicación: incluye capacidad de escucha,
comunicación oral, escrita y fluida.
§ Competencias de estilos de trabajo: incluye intuición,
multifuncionalidad, creatividad, práctica, método, perseverancia.
§ Competencias de personalidad: incluye conocimiento y dominio de las
emociones propias, resistencia a la frustración, honestidad, integralidad,
orientación a la superación, pensamiento crítico, optimismo, energía, creación
de relaciones de confianza.
Isel Valle León
MSc en Psicología Laboral y de las Organizaciones. Trabajo en una
empresa de capacitación para directivos, especificamente en el Dpto Docente
Investigativo. Cubana, 31 años.
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