SOBRE COMPETENCIAS LABORALES
01-2003
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No son pocos los autores que sobre el tema de las competencias laborales
escriben por estos días, y una gran parte de ellos coincide en opinar
que las mimas constituyen una nueva alternativa para incrementar el
rendimiento laboral y la motivación, entre otros, lo cual sin dudas,
constituye la finalidad de la aplicación de este modelo (Gestión por
Competencias). El artículo más que tratar de modelos, pretende
contribuir a ampliar en el lector los conocimientos sobre el tema,
desarrollando para ello una serie de aspectos relacionados con el
concepto de competencias.
Los cambios que hoy se producen en el entorno empresarial,
caracterizados por la globalización de la economía, y la continua
introducción de la nuevas tecnologías en los procesos de producción y
administración en las organizaciones, han provocado a su vez, cambios en
las estructuras al interno de las mismas, existiendo la tendencia el
aplanamiento de estructuras y a la constante evolución de los puestos de
trabajo, lo cual hace difícil mantener la estabilidad de los mismos.
Esta nueva realidad también ha modificado el contrato entre las
organizaciones y sus miembros, basándose ahora en el desarrollo
profesional de los primeros y en la búsqueda, por parte de los segundos,
de nuevas formas para potenciar al máximo las competencias de su
personal.
Para dar respuesta a este gran reto, muchas empresas han optado por la
aplicación de un sistema de competencias laborales, como una alternativa
para impulsar la formación y la educación, en una dirección que logre un
mejor equilibrio entre las necesidades de las organizaciones y sus
miembros.
Como en efecto, el concepto de competencias, es muy utilizado por estos
días en el contexto empresarial para designar un conjunto de elementos o
factores, asociados al éxito en el desempeño de las personas, y cuando
se hace referencia a los orígenes del mismo por lo general encontramos
que se cita a David McClelland. No obstante, en la literatura se hace
referencia a algunos trabajos anteriores a los de este autor, útiles
para comprender mejor el origen del término.
En 1949, T Parsons, elabora un esquema conceptual que permitía
estructurar las situaciones sociales, según una serie de variables
dicotómicas. Una de estas variables era el concepto de Acheviement vs
Ascription, que en esencia consistía en valorar a una persona por la
obtención de resultados concretos en vez de hacerlo por una serie de
cualidades que le son atribuidas de una forma más o menos arbitraria.
(Resultados vs Buena Cuna).
Casi diez años después, en 1958, Atkinson lograba demostrar de forma
estadística la utilidad del dinero como un incentivo concreto que
mejoraba la producción siempre que el mismo estuviese vinculado a
resultados específicos.
A inicios de los años 60, el profesor de Psicología de la Universidad de
Harvard, David McClelland propone una nueva variable para entender el
concepto de motivación: Performance/Quality, considerando el primer
término como la necesidad de logro (resultados cuantitativos) y el
segundo como la calidad en el trabajo (resultados cualitativos).
Siguiendo este enfoque McClelland se plantea los posibles vínculos entre
este tipo de necesidades y el éxito profesional: si se logran determinar
los mecanismos o niveles de necesidades que mueven a los mejores
empresarios, manager, entre otros, podrán seleccionarse entonces a
personas con un adecuado nivel en esta necesidad de logros, y por
consiguiente formar a las personas en estas actitudes con el propósito
de que estas puedan desarrollarlas y sacar adelante sus proyectos.
La aplicación práctica de esta teoría, se llevó a cabo por parte de su
autor, en la India en 1964, donde se desarrollaron un conjunto de
acciones formativas y en solo dos años se comprobó que 2/3 de los
participantes habían desarrollado características innovadoras, que
potenciaban el desarrollo de sus negocios y en consecuencia a esto, de
su localidad de residencia.
Estos resultados conllevaron a que los estudios de este tipo se
extendieran en el mundo laboral. Todos querían encontrar la clave que
permitiera a las organizaciones ahorrar en tiempo y dinero en los
procesos de selección de personal. No obstante, por una razón u otra, la
problemática universal en torno a qué formación debe poseer la persona,
y que fuere adecuada para desempeñarse con éxito en un puesto
determinado, aún no estaba resuelta.
En el año 1973, McClelland demuestra que los expedientes académicos y
los test de inteligencia por si solos no eran capaces de predecir con
fiabilidad la adecuada adaptación a los problemas de la vida cotidiana,
y en consecuencia el éxito profesional.
Esto lo condujo a buscar nuevas variables, a las que llamó competencias,
que permitieran una mejor predicción del rendimiento laboral. Durante
estas investigaciones encuentra que, para predecir con una mayor
eficacia el rendimiento, era necesario estudiar directamente a las
personas en su puesto de trabajo, contrastando las características de
quienes son particularmente exitosos con las de aquellos que son
solamente promedio.
Debido a esto, las competencias aparecen vinculadas a una forma de
evaluar aquello que “realmente causa un rendimiento superior en el
trabajo” y no “a la evaluación de factores que describen confiablemente
todas las características de una persona, en la esperanza de que algunas
de ellas estén asociadas con el rendimiento en el trabajo” (McClelland,
1973).
Otro autor muy referido en esta línea de investigaciones en R E Boyatzis
(1982) quien en una de sus investigaciones analiza profundamente las
competencias que incidían en el desempeño de los directivos, utilizando
para esto la adaptación del Análisis de Incidentes Críticos.
En este estudio se concluye que existen una serie de características
personales que deberían poseer de manera general los líderes, pero que
existían también algunas que solo poseían otras personas que
desarrollaban de una manera excelente sus responsabilidades.
Concluyendo aquí con lo referente al origen del término en cuestión,
pensamos que se impone precisar que son las competencias. A continuación
se ofrecen algunas definiciones, las cuales suelen ser múltiples y
variadas.
1. Las competencias son repertorios de comportamientos que algunas
personas dominan mejor que otras, lo que las hace eficaces en una
situación determinada (Levy Leboyer, 1997)
Según este autor, son además observables en la realidad del trabajo, e
igualmente en situaciones de test, y ponen en práctica de manera
integrada aptitudes, rasgos de personalidad y conocimientos. Por lo
tanto, las considera un trazo de unión entre las características
individuales y las cualidades requeridas para llevar a cabo las misiones
del puesto.
2. Las competencias son unas características subyacentes a la persona,
que están casualmente relacionadas con una actuación exitosa en el
puesto de trabajo. (Boyatzis, 1982).
3. Se refiere a la capacidad efectiva para llevar a cabo exitosamente
una actividad laboral plenamente identificada (según la OIT este es el
concepto generalmente más aceptado).
4. Se refiere a la capacidad productora de un individuo que se define y
se mide en términos de desempeño en un contexto laboral determinado, y
no solamente de conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes. Estas
son necesarias, pero no suficientes en si mismas para un desempeño
efectivo. (CONOCER de México)
5. Se refieren a la construcción social de aprendizajes significativos y
útiles para el desempeño productivo en una situación real de trabajo,
que se obtiene no solo a través de la instrucción, sino también -y en
gran medida- mediante el aprendizaje por experiencia en situaciones
concretas de trabajo. (POLFORM/OIT)
6. Es la idoneidad para realizar una tarea o desempeñar un puesto de
trabajo eficazmente, por poseer las calificaciones requeridas para ello.
(OIT)
7. Es el conjunto de comportamientos socio-afectivos y habilidades
cognoscitivas psicológicas sensoriales y motoras que permiten llevar a
cabo de manera adecuada un papel, una función, una actividad o tarea.
(Provincia de Québec)
8. Es el conjunto identificable y evaluable de conocimientos, actitudes,
valores y habilidades relacionadas entre sí, que permiten desempeños
satisfactorios en situaciones reales de trabajo, según estándares
utilizados en el área ocupacional. (Consejo Federal de Cultura y
Educación Argentina)
9. Se concibe como una compleja estructura de atributos necesarios para
el desempeño de situaciones específicas. Es una compleja combinación de
atributos (conocimientos, actitudes, valores y habilidades) y las tareas
que se tienen que desempeñar en situaciones determinadas. (Australia)
Esta definición es considerada como un enfoque holístico, en la medida
en que integra y relaciona atributos y tareas, permite que ocurran
varias acciones intencionales simultáneamente y toma en cuenta el
contexto y la cultura del lugar, permitiendo incorporar la ética y los
valores como elementos del desempeño competente.
De una forma u otra, puede concluirse que, de manera general, están
contenidos los cincos tipos de características competenciales propuestas
por Lyle M Spencer y Signe M Spencer (1993):
§ Motivaciones que determinan el comportamiento de las personas hacia
determinados tipos de acciones: logro, afiliación y poder.
§ Rasgos del carácter, que justifican los tipos de reacciones ante
determinadas situaciones.
§ Capacidades personales, valores relacionados con las actitudes,
valores y auto-imagen.
§ Conocimientos.
§ Habilidades, capacidad para realizar determinado tipo de actividades
físicas y mentales.
2.1- Principales Enfoques.
Según Llorente (1999) los enfoques de competencias que se encuentran hoy
en el mercado –sobre los cuales refiere que en su esencia reducen todas
las posibilidades de aplicación de las competencias y lamenta que por
fatalidad sean los más difundidos- comparten una serie de puntos
comunes:
§ Cada competencia tiene un nombre y una definición verbal precisa.
Denominaciones como: identificación con la compañía, auto-confianza,
búsqueda de información, orientación al cliente, pensamiento conceptual,
flexibilidad, liderazgo... aparecieron en los primeros estudios de McBer,
(Hay Group/McBer), la consultora fundada por David McClelland, y luego
se han ido extendiendo profundamente en la bibliografía sobre
competencias.
§ Cada competencia tiene un determinado número de niveles que reflejan
conductas observables, no juicios de valor.
§ Todas las competencias se pueden desarrollar (pasar de un nivel menor
a otro mayor) aunque no de manera inmediata como recibir un curso de
formación. El desarrollo requiere experiencia práctica.
§ Todos los puestos llevan asociados un perfil de competencias que no es
más que un inventario de las mismas, junto con los niveles exigibles de
cada una de ellas. Con el nivel evaluado de cada competencia se
obtendrán desajustes que habrá que analizar.
A continuación se presentan dos de las corrientes diferenciadas en la
Gestión por Competencias.
2.1.1- Enfoque Anglosajón.
Se centra en el contenido del puesto de trabajo, así como en su relación
con la estrategia global de la organización.
Los seguidores de este enfoque, comparten los puntos de vistas de
McClelland en cuanto a que los test de inteligencia y los expedientes
académicos por si solos no aportan valor predictivo sobre el éxito
profesional, así como tampoco describen las competencias que posee una
persona. Por lo tanto, se requiere de establecer relaciones causales, lo
cual hace a este enfoque muy potente desde el punto de vista
metodológico.
Para establecer estas relaciones se requiere definir una serie de
indicadores observables que actúen como los agentes que causan los
rendimientos superiores (variables predictoras o agentes causales).
Según este enfoque, estas relaciones son más difíciles de establecer en
puestos que directamente no generan valores o en puestos donde no se
conocen los resultados concretos que de él se esperan.
Se orienta hacia las competencias genéricas y universales, presuponiendo
que cualquier país necesita competencias muy parecidas si se tiene en
cuenta que aumentar el rendimiento es una de las “vías universales” para
lograr la superviviencia de las organizaciones, aunque reconocen también
la existencia de competencias específicas.
Este paradigma ha ido evolucionando a partir de la década de los 80, y
en la actualidad considera las competencias como el lazo que une las
conductas individuales con la estrategia de la organización, la cual
debe estar sostenida por una cultura adecuada, siendo aquí donde las
competencias entran en juego, a través de la gestión estratégica de los
Recursos Humanos.
Por lo tanto, si la estrategia elegida implica satisfacción con el
cliente y trabajo en equipos, las competencias tienen que reflejar esta
orientación, y no otra, aún cuando las competencias no aceptadas sean
eficaces.
Para este enfoque, las competencias reflejan una serie de valores que en
muchos casos aglutinan la misión y el plan estratégico, lo que
posibilita que aquellas “requeridas” por la organización, puedan ser
identificadas a través de un panel de expertos, sin la necesidad de
recurrir a medidas directivas de rendimiento, por lo que en consecuencia
se le confiere la utilidad que tienen para cambiar conductas ligadas a
los valores estratégicos.
Algunos de los autores más representativos de este enfoque son: R E
Boyatzis, G Hammel y C K Prahalad.
2.1.2- Enfoque Francés.
Se centra más en la persona, y al contrario del enfoque anterior su
finalidad es actuar como elemento de auditoria en torno a la capacidad
individual del sujeto y el esfuerzo de la organización por mantener su
fuerza de trabajo en condiciones óptimas de “empleabilidad”.
Considera las competencias como una mezcla indisoluble de conocimientos
y experiencias laborales en una organización específica (competencias +
experiencias + conocimientos + rasgos de personalidad) /organizaciones
específicas, que son las que tienen la capacidad de capacitar a las
personas, en función de que estas puedan ejercer de la mejor manera
posible sus funciones. Por lo tanto, las experiencias profesionales son
la única manera de adquirir competencias que no son reconocidas por un
certificado de estudios.
Como puede apreciarse, este enfoque enfatiza en la existencia de
competencias específicas, lo cual queda reflejado en el uso del concepto
auto-imagen, como el motor de aprendizaje en las personas, siendo este
el que nos proporciona la imagen que tenemos de si mismos y de por que
nos comportamos de la manera en que lo hacemos.
Este enfoque se centra en los procesos de aprendizajes de las personas y
considera que los test de aptitudes así como los de coeficiente
intelectual son instrumentos predictivos muy importantes en la gestión
de las competencias.
Claude Levy Leboyer es uno de los autores más citados como representante
de esta corriente.
Como se observa, cada corriente pretende desde su perspectiva resolver
cuestiones que conciernen a un mismo tema, el de las competencias como
una alternativa para lograr mejora en el rendimiento de los individuos.
Ambas contienen elementos que las diferencian y otros en los que
coinciden.
Un enfoque se centra en los contenidos del puesto de trabajo y el otro
en las personas que lo ocupan; uno está más orientado a las competencias
de tipo genéricas y otro a las competencias específicas, no obstante
ambos reconocen la co-existencia de ambas; en cuanto al valor predictivo
de los test en el éxito profesional, un enfoque considera que la
utilización de los test de inteligencia por si solos carece de este
valor, mientras que el otro enfoque le confiere a este un gran valor
predictivo. No obstante las diferencias en este sentido, puede
apreciarse que en esencia el valor del test no se niega.
En torno a esto, considero importante señalar, que cuando en una
organización se decida adoptar uno u otro, e incluso, aún cuando se
decida constituir uno propio, los especialistas en Recursos Humanos no
deben obviar las implicaciones que esto trae consigo. Y coincido con
muchos autores cuando señalan que “tradicionalmente dichos especialistas
se han caracterizado por realizar una gestión burocrática de las
personas: nóminas, descripción de puestos y formación genérica, y que
ahora deberán ocuparse de seleccionar, formar, valorar e incentivar a
los recursos humanos de las empresas, de manera que estas puedan contar
con personas más capacitadas y comprometidas en el futuro, que obtengan
un conocimiento más exacto sobre la condiciones laborales y personales
que conforman los distintos puestos de trabajo, determinando a su vez
para la organización un conjunto de “competencias requeridas”. Deberán
por tanto, jugar un papel más pro-activo, y aportar valor añadido,
además de intervenir como protagonistas en los problemas sociales de la
empresa”.
2.2-Tipos de Competencias.
Partiendo de las consideraciones realizadas por los citados enfoques de
competencias al respecto, estas pueden clasificarse en genéricas y
específicas. Las primeras referidas a un conjunto o grupo de actividades
y las segundas destinadas a funciones o tareas específicas.
Otra clasificación es la que realizan Cardona y Chinchilla (1999)
quienes refieren dos tipos de competencias: las técnicas o de puesto y
las directivas o genéricas.
Las primeras se refieren a aquellos atributos o rasgos distintivos que
requiere un trabajador excepcional en un puesto determinado. Estas
incluyen conocimientos, habilidades, o actitudes específicas, necesarias
para desempeñar una tarea concreta.
Las segundas son aquellos comportamientos observables y habituales que
posibilitan el éxito de una persona en su función directiva. Estas
aunque se consideran genéricas, según los autores, y aunque una empresa
pueda enfatizar más en una que en otra, pueden estudiarse de manera
conjunta a partir del análisis de la función directiva.
Las competencia directivas ó genéricas se clasifican a su vez en
competencias estratégicas e intratégicas. Esta otra clasificación la
realizan los autores, basándose en el modelo antropológico de empresa
propuesto por Pérez López ( 1998), según el cual:
§ La función directiva consiste en diseñar estrategias que produzcan
valor económico, desarrollando las capacidades de sus empleados y
uniéndolas con la misión de la empresa.
§ Una estrategia que obtenga valores económicos, empobreciendo las
capacidades de sus empleados o disminuyendo su unidad con la empresa, no
sería una estrategia válida, ya que entre otros casos, debilitaría la
capacidad de la empresa para conseguir un valor económico futuro.
§ Por lo tanto, la función directiva incluye, además de una dimensión
estratégica, otra a la que se le denomina intratégica.
Las competencias directivas estratégicas son aquellas necesarias para
obtener buenos resultados económicos y entre estas los autores citan: la
visión, la resolución de problemas, la gestión de recursos, la
orientación al cliente y la red de relaciones efectivas.
Las competencias directivas intratégicas, son aquellas necesarias para
desarrollar a los empleados e incrementar su compromiso y confianza con
la empresa, que según el referido modelo, se trata en esencia de la
capacidad ejecutiva y de la capacidad de liderazgo, entre las cuales se
mencionan, la comunicación, la empatía, la delegación, el “coaching” y
el trabajo en equipos.
A los dos tipos de competencias anteriores, Cardona y Chinchilla le
agregan unas competencias directivas, que según estos, son de carácter
propiamente empresariales a las que se le denominan de eficacia
personal. Estas, que se presentan a continuación, incluyen aquellos
hábitos que facilitan una relación eficaz de la persona con su entorno.
§ Pro-actividad: iniciativa, autonomía personal.
§ Autogobierno: gestión personal del tiempo, del estrés, del riesgo,
disciplina concentración y autocontrol.
§ Desarrollo personal: auto-crítica, auto-conocimiento, cambio personal.
Estas competencias miden la capacidad de auto-dirección, la cual resulta
imprescindible para dirigir a otros, potenciando de esta forma las
competencias estra e intratégicas.
En resumen, puede observarse la presencia de dos grandes grupos de
competencias: las genéricas y las específicas, aún cuando los términos
empleados varíen de un autor a otro.
Como consecuencia de estas clasificaciones encontramos que los distintos
autores proponen y presentan sendas listas de “competencias requeridas”,
sean estas de un tipo u otro, como por ejemplo la establecida por
Thornton y Byham (1982) donde se intenta reunir un grupo de competencias
genéricas o supra-competencias para los llamados mandos de alto nivel, o
la propuesta por Dulewicz (1989) referida a los mandos intermedios, u
otras, que como bien refiere Levy-Leboyer (1997) son confeccionadas por
los propios especialistas de Recursos Humanos de una determinada
empresa, en función de confeccionar un sistema de competencias propio, y
que en su gran mayoría aún permanecen sin editar, ya que son
confeccionadas por la empresa para su consumo.
Actualmente las organizaciones tienden a determinar, atendiendo a su
entorno y su estrategia empresarial, cuales son las competencias que
realmente producen un rendimiento superior, empleando para esto unas u
otras técnicas, a las cuales nos estaremos refiriendo en los párrafos
que siguen.
2.3- Técnicas para determinar el Perfil de Competencias.
Dentro de la técnicas que suelen ser utilizadas para determinar las
“competencias requeridas” encontramos, el Panel de Expertos, las
Entrevistas, y las Entrevistas Focalizadas.
El Panel de Expertos. Uno de los objetivos de esta técnica consiste en
transformar los retos y estrategias a las que se enfrenta la
organización -teniendo en cuenta factores socio-políticos, económicos,
tecnológicos, entre otros- en formas de conductas requeridas para lograr
un desempeño exitoso en el individuo.
En esta técnica participan un grupo de individuos, quienes deben ser
buenos conocedores de las funciones y de las actividades que en general
deben acometerse en un determinado puesto. En mi opinión no solo del
puesto, sino también de las actividades que se realizan en la empresa
donde está enmarcado dicho puesto, así como de la misión, de la visión y
de la estrategia empresarial. Estos individuos tienen la tarea de
determinar -atendiendo a estos factores- cuales son las competencias que
realmente permiten a los individuos un desempeño superior.
Las entrevistas. Se llevan a cabo mediante interrogatorios efectuadas
sobre la base de incidentes críticos a una muestra representativa de
ocupantes del puesto, para obtener a través de un método inductivo,
informaciones contrastadas sobre las competencias que realmente son
utilizadas en dicho puesto.
La muestra debe estar integrada por un grupo de individuos con un
rendimiento superior, y por otro grupo menor con un rendimiento medio
(proporción ideal entre 60 y 40 % del total de la muestra
respectivamente). Por otra parte, esta muestra debe ser rigurosamente
seleccionada ya que a partir de las características de las personas que
la integran, se definirá la lista de elementos o atributos por los que
serán seleccionados los candidatos actuales o futuros. Para obtener los
criterios de selección, se puede recurrir a elementos en contraste
existentes en la empresa, tanto de resultados cuantitativos (objetivos
de negocios, captación de nuevos clientes, entre otros) como
cualitativos (basados en la evaluación del desempeño, la trayectoria
profesional entre otros).
No obstante, cuando estas listas son demasiado grandes, o por el
contrario muy pequeñas, sesgan el proceso haciéndolo menos eficaz.
Como ventajas de este método se destacan el hecho de que permite una
identificación empírica de competencias superiores o diferentes de las
generadas en el panel de expertos, se alcanza una precisión de lo que
son las competencias y de la forma en que estas se concretan en un
puesto de trabajo o en un determinado rol. Por otra parte, el perfil
obtenido proporciona un modelo a partir del cual, podemos obtener la
adecuación persona-puesto, tanto a través de un proceso de selección
externa, como de promoción interna.
La Entrevista Focalizada. Fue desarrollada por McClelland y Dayley en
1972, combinando el método de Incidencia Crítica de Flanagan con las
pruebas del Thematic Apperception Test que McClelland había desarrollado
durante más de 30 años en sus estudios de motivación.
Este tipo de entrevistas presenta un nivel de exactitud muy elevado, y
lo mismo ocurre con los niveles de correlación estadística de los
criterios valorados con los demostrados y desarrollados posteriormente
en el puesto de trabajo.
La técnica consiste en detectar el nivel de desarrollo de las
competencias de la persona mediante una estrategia estructurada de
preguntas. Se fundamenta en obtener la mejor predicción en cuanto a si
el evaluado posee o no las competencias requeridas en el puesto, al
obtener evidencias de conductas que demuestran que este individuo ha
utilizado estas competencias en el pasado.
De manera general, proporcionan información valiosa sobre las
competencias de los individuos y deben llevarse a cabo por personas
entrenadas en el método o por consultores externos.
Ahora, pienso que si bien resulta clave, por una parte, determinar
cuales son las “competencias requeridas”, por la otra, estas no
cobrarían un sentido si no conocemos a través de la evaluación, como las
mismas se presentan en los distintos individuos, detectando de esta
manera necesidades de desarrollo con la finalidad de implementar una
serie de acciones que propicien el perfeccionamiento de las mismas.
2.4-Evaluación de Competencias.
Desde hace algunos años, se ha incrementado el número de organizaciones
interesadas en evaluar a sus miembros más que por el cumplimiento de las
tareas, por las competencias que estos sean capaces de demostrar en el
desempeño de sus funciones.
Un ejemplo ilustrativo en este sentido, lo constituye el procedimiento
propuesto por Kaplan y Norton en 1996 (citado por Cardona y Chinchilla,
1999) el cual se conoce como “Cuadro de Mando Integral”(Balance Score).
En este se agregan indicadores de competencias a los indicadores de
resultados y se haya una media ponderada para obtener un indicador
final, el cual está asociado a una retribución variable.
Esto desde mi punto de vista pudiera tener sus ventajas, aunque coincido
con Cardona y Chinchilla, cuando al referirse a este procedimiento
plantean que en el mismo se mezclan dos realidades distintas: los
objetivos y las competencias, lo que puede producir percepciones de
falta de justicia comparativa, las cuales resultan muy negativas para la
motivación y el rendimiento de los empleados, llegando a socavar la
capacidad creativa e innovadora de estos.
Y en este sentido, no dejan de tener razón cuando refieren que las
competencias resultan “variables” nada fáciles de medir, en comparación
con los objetivos, a la vez que su desarrollo requiere de una motivación
intrínseca más que de una compensación “de fin de año”. Por lo tanto,
requieren de un tratamiento diferente al ser evaluadas, ya que si bien
son objetivas, en cuanto a que son observables, también son subjetivas,
en cuanto a la percepción que de ellas tiene el examinador (Cardona y
Chincilla, 1998).
A continuación, se hace referencia a algunos de los métodos y/o técnicas
que son utilizados actualmente en el diagnostico de competencias.
2.4.1-Método Evaluación 360°
Consiste en un sistema para evaluar el desempeño a través de un
cuestionario, donde pueden expresarse criterios en relación a ¿qué le
gusta del evaluado en relación a los aspectos explorados? ¿qué no le
gusta?; ¿qué le gustaría que sucediera o que modificara en su
conductas?, entre otras. Todo esto referido a comportamientos
observables o deseables. Este cuestionario, en el cual pueden también
incluirse preguntas abiertas, se aplica a los propios evaluados, a sus
superiores, a sus colaboradores (en los casos respectivos) y a clientes
tanto internos como externos. Teniendo en cuenta las informaciones
relevantes que se obtengan, se realiza una fotografía del desempeño de
la persona.
Este método se comenzó a utilizar con mayor intensidad a mediados de la
década de los 80, empleándose principalmente para evaluar las
competencias de los ejecutivos de alto nivel. Este, rompe con el
paradigma tradicional de que “el jefe es la única persona que puede
evaluar las competencias de sus subordinados”, ya en este caso, tiene en
cuenta la opinión de otras personas que conocen al evaluado y que lo ven
actuar.
El método centra su interés en el hecho de que el factor humano
visualice de modo no sesgado el nivel de desempeño que tiene dentro de
la organización. De forma anónima, tanto los colaboradores como los
directivos ofrecen una visión particular de cómo perciben el trabajo de
una persona, un grupo o un área en particular.
Con la aplicación de este modelo en la empresa, es posible el
establecimiento de políticas más claras de reclutamiento interno,
basadas en los resultados de la evaluación, lo que permite seleccionar
al candidato adecuado para el puesto de trabajo solicitado; definir
planes de capacitación y desarrollo con las personas en base a los
resultados individuales y/o grupales obtenidos; identificar con mayor
facilidad a personas exitosas y con potencialidades, reforzando,
reconociendo y estimulando así sus resultados; proporciona información
objetiva y cuantificada respecto a áreas claves del desempeño”difíciles
de medir” como son el liderazgo, la comunicación, el trabajo en equipos,
la administración del tiempo, la solución de problemas y las habilidades
para desarrollar otros y por último, posibilita el desarrollo particular
de una metodología informática para la aplicación, análisis y
procesamiento de la información que se obtiene.
En cuanto a las experiencias de aplicación de este método en la
evaluación de directivos, Martha Williams (1999), socio-directora de The
Washintong Quality Group, señala que en muchas empresas españolas se han
obtenido mejoras en solo cuatro rondas de aplicación consecutivas de
360°, y destaca además que esto a contribuido a que los directivos
logren clarificar las expectativas que la empresa tiene sobre ellos, y a
darse cuenta de las habilidades y conocimientos específicos que
necesitan desarrollar, lo cual les ha posibilitado el éxito, tanto en el
logro de metas empresariales como individuales.
2.4.2-Método del Assesment Center.
El origen de este método se remonta a los años 50, cuando la empresa
norteamericana AT&T destinó un edificio suyo únicamente para la efectuar
procesos evaluación. Desde entonces, esta metodología ha evolucionado
notablemente, y en la actualidad ha logrado dotarse de un procedimiento
aplicable a cualquier país y cultura.
Este método, considerado de gran valor predictivo, constituye en
esencia, un modelo de evaluación actitudinal y aptitudinal del
comportamiento, basado en múltiples estímulos e inputs. La metodología
que se aplica para esto se basa en la aplicación de una serie de
ejercicios que pueden adaptarse a un sector en particular, o a un nivel
jerárquico determinado, creando en torno a esto, situaciones que semejen
la realidad laboral en la que se desempeña el individuo. Algunos de
estos ejercicios son el in-try, los grupos de discusión (sin y con roles
asignados), el fact-find, ejercicios de organización, simulación de
entrevistas, entre otros. Puede agregarse que también emplean los test
psicológicos, aunque de manera auxiliar.
La evaluación de los individuos es llevada a cabo por varios
observadores, consultores y técnicos especialmente entrenados, quienes
observan y registran los comportamiento de los evaluados.
A partir de los resultados de la evaluación se detectan necesidades de
desarrollo, se obtienen importantes criterios para la evaluación del
desempeño, para la formación de equipos de trabajo, entre otros.
Genéricamente los Assesment Center tienen dos pasos insoslayables,
devenidas en condiciones para lograr la efectividad de método.
1. Definir el puesto de trabajo de los candidatos de acuerdo a las
competencias para su éxito: liderazgo, delegación, análisis de
problemas, comunicación, entre otros.
2. Creación de la matriz de competencias que evalúa cada uno de los
ejercicios.
En el diseño de esta matriz, se tienen en cuenta dos criterios
fundamentales: 1- la misma competencia estará valorada por al menos tres
pruebas y, 2- la misma prueba no debe valorar más de tres competencias.
La composición del grupo de evaluados puede oscilar entre seis y diez
personas, y las actividades que estos deben realizar pueden
desarrollarse grupal o individualmente, cuyas sesiones de trabajo se
efectúan durante uno y tres días. Esto último, referido a la economía
del tiempo, entre otros aspectos como son la necesidad de formar los
evaluadores, y la de desarrollar y validar una serie de pruebas
específicas, se le han señalado al método como inconvenientes, por las
implicaciones de costos económicos y de tiempo que se necesitan
invertir.
Actualmente la utilización de este método para la evaluación de
competencias directivas se encuentra en una curva de ascenso, en la que
se han obtenido resultados satisfactorios.
2.4.3-El Test de Monster
Antes de adentrarnos en los detalles del test, consideramos importante
hacer referencia a algunos datos sobre su origen. La red Monster, con
base en los Estados Unidos, es una web de empleos, cuyo propósito es
“poner en contacto a las mejores compañías con los candidatos más
calificados”, en lo cual es considerada una empleadora líder a nivel
mundial. Tiene sucursales en Alemania, Holanda, Gran Bretaña, Suecia,
Canadá, Australia, España, entre otros países.
Monster.com se fundó en Maynard (MA) e Indianápolis (IN) y es el buque
insignia de TMPW Worldwide (NAS DAQ: TMPW ”; ASX: “TMP”), compañía
fundada en 1967, que en la actualidad también es una publicitaria de
páginas amarillas en el mundo y proveedora de servicios de marketing
directo) se lanzó en Enero de 1999 como resultado de la fusión entre The
Monster Board (r), (w.w.wMonster.com) y la On line Career Center
(w.w.w.occ.com) fundados en 1994 y 1993 respectivamente.
En función del referido propósito, se construye el test de Monster “on
line”, con el propósito de ofrecer a las empresas soluciones avanzadas
para la selección de candidatos de una manera eficaz y a bajos costos en
el sitio.
A partir de un estudio exhaustivo de los cuestionarios existentes en el
mercado actual, en un esfuerzo por unificar criterios a partir de la
gran diversidad de estos, no solo en la forma en que son administrados,
sino también en la forma y el tiempo de aplicación, el Test de Monster
surge como una alternativa metodológica que permita evaluar y predecir
la conducta laboral.
En función de esto, se plantearon dos cuestiones fundamentales:
1. ¿Que medir?: determinar que competencias son las más importantes en
cada organización en función de su cultura organizacional y sus
necesidades.
2. ¿Como medirlo?: Determinar la metodología a utilizar.
Dentro de los cuestionarios que fueron analizados pueden mencionarse:
Invetario de la Personalidad de Eyseck (1973)(EPI); el Inventario de
Percepción y Preferencias de Kostick (1977) (PAPI); el 16 PF de Catell
(1984); el Cuestionario de Personalidad Laboral de Savilli y Holdswoth
(1984), entre otros. De estos se eligieron aquellos factores o variables
que en la literatura sobre Psicología Organizacional aparecen como
mejores predictores del rendimiento en el contexto laboral.
Como consecuencia de este análisis, surge un listado de competencias
(dando respuesta así a la primera cuestión planteada en relación a qué
medir). Las competencias fueron las siguientes:
§ Competencias de liderazgo: dirigidas específicamente a directivos, ya
que son consideradas solo para puestos de dirección. Los puntos
correspondientes a esta competencia hacen referencia a la gestión de
recursos humanos y materiales por lo que no resultan predictivos si son
evaluados en personas que no tienen experiencia en la gestión de
dirección y de equipos de trabajo.
Indicadores definidos: dominancia, capacidad para motivar, soporte y
formación, evaluación y retroalimentación, creación de equipos y toma
decisiones.
§ Competencias de desarrollo de Negocios: incluye orientación al
cliente, orientación hacia los resultados, visión de empresa, capacidad
de organización y distribución del tiempo.
§ Competencias de relaciones interpersonales: incluye persuasión,
asertividad, independencia, diplomacia, observador de personas,
tolerancia, flexibilidad, humanidad, sensibilidad, capacidad para
resolver conflictos.
§ Competencias de comunicación: incluye capacidad de escucha,
comunicación oral, escrita y fluida.
§ Competencias de estilos de trabajo: incluye intuición,
multifuncionalidad, creatividad, práctica, método, perseverancia.
§ Competencias de personalidad: incluye conocimiento y dominio de las
emociones propias, resistencia a la frustración, honestidad,
integralidad, orientación a la superación, pensamiento crítico,
optimismo, energía, creación de relaciones de confianza.
Respecto a como desarrollar competencias, existen una serie de
modalidades de desarrollo que las organizaciones, en función de
implementar una serie de programas con estos fines, pueden utilizar,
bien de manera exclusiva o bien de manera combinada.
El Coaching. Proceso de mejora guiado, estructurado y con un seguimiento
continuo que acerca al participante a los requisitos óptimos de
desempeño, preestablecidos para su función actual dentro de la
organización. Un plan de acción individual y su seguimiento otorgan
sentido al coaching.
Dentro de las modalidades de coachig pueden citarse tres como las
comunes: individual, grupal y mixto.
La individual o coaching clásico, está diseñada para dar respuesta a las
necesidades de desarrollo de una persona.
La grupal, contempla el diseño de un programa de coaching para
desarrollar factores de desempeño en un colectivo homogéneo, mediante la
realización de actividades en grupos.
La mixta, incluye un programa de coaching diseñado para desarrollar
factores de desempeño en un colectivo homogéneo, conjugando actividades
de grupo y sesiones individuales de seguimiento incluidas en el propio
plan de acción.
Las primeras, constituyen aspectos genéticos que afectan el
comportamiento y que son difíciles de cambiar. Por lo tanto, al hablar
de desarrollo de competencias, se refieren al desarrollo de los
conocimientos, las actitudes y las habilidades. Y para cada uno de estos
elementos, proponen tres vías de desarrollo:
Los conocimientos se adquieren a través de la adquisición de nuevos
datos: información cuantitativa y cualitativa sobre la realidad.
Normalmente esto se logra a través de la asistencia a cursos o mediante
la lectura de libros especializados, o sea que el desarrollo comienza
con la adquisición de conocimientos teóricos sobre el tema.
En el impacto de los conocimientos influye la claridad del interlocutor
durante la exposición de los mismos, el método empleado por este, y la
existencia de un cierto grado de apertura mental y esfuerzo intelectual
por parte del receptor.
Según los autores, las actitudes son aquellas motivaciones que la
persona tiene frente a la acción. Para un desarrollo adecuado de las
actitudes se requiere de un proceso de formación que capacite a la
persona para anticipar las consecuencias de sus decisiones y sus
omisiones. De esta forma, su capacidad para evaluar la realidad adquiere
mayor profundidad, lo que posibilita a su vez la formación de nuevos
motivos para la acción.
Por último, definen las habilidades como aquellas capacidades operativas
que facilitan la acción. El desarrollo de las habilidades requiere de un
proceso de entrenamiento. A través de la repetición de los actos se van
adquiriendo nuevos hábitos y modos de actuar que resulten más efectivos.
Con este punto, concluye a su vez el artículo, donde se han tratado
algunos aspectos relacionados con un tema de mucha actualidad:
competencias laborales.
Isel Valle León
MSc en Psicología Laboral y de las Organizaciones. Trabajo en una
empresa de capacitación para directivos, especificamente en el Dpto
Docente Investigativo. Cubana, 31 años.
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Isel Valle León
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