Evolución de la industria nacional argentina

Autor: Lic. Pablo Peyrú, Lic. Roberto Verna Etcheber

Comercio internacional

02-2004

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INTRODUCCIÓN

Hemos querido desarrollar en este trabajo la evolución de la Industria Nacional, a partir de sus comienzos en el siglo XIX hasta el presente, para poder comprender así el estado actual de la misma.  

Muchos factores han sido analizados; desde la participación y dependencia extranjera, políticas de desarrollo nacionales, cambios de gobierno, hasta privatizaciones y efectos de la globalización, resaltando la falta de experiencia e interés en la actividad por parte de los gobiernos de turno y de la alta sociedad, que no supieron ver a tiempo a la industria como fuente de desarrollo y riqueza.  

Distintos hechos se han repetido a lo largo del tiempo creando obstáculos difíciles de sortear, que como veremos a largo de este trabajo, fueron afectando a nuestra industria de tal forma que su situación paso de ser en sus principios prometedora, a un presente incierto y sin respuesta.  

Las sociedades industriales conforman un sistema social y económico el cual necesita instituciones, empresas, tecnologías y políticas específicas que aseguren su desarrollo y provoquen un resultado positivo en el conjunto de la sociedad, en la medida en que estos principios no sean tenidos en cuenta, no podremos lograr un país en que todos podamos desarrollarnos.

1. PRINCIPIOS DE LA INDUSTRIA ARGENTINA

1.1. Industria, desarrollo y sociedad  

La industria es una sola en el globo, pero adopta ritmos y formas propias de cada país y cada región. La industria Argentina se caracteriza por haber nacido en una comunidad que no fue pobre antes de entrar en la senda fabril. La Argentina fue rica desde fines del siglo pasado, cuando la fértil pampa húmeda le dio una fortuna especial, compuesta por carne y cereales, que superaba el consumo interno. Los pueblos ricos pagaban buen precio por estos productos, lo cual permitía satisfacer las demandas de productos manufacturados con estos ingresos, mediante la importación.  

Con el paso del tiempo, los precios de esos productos primarios tendieron a la baja y Argentina perdió su ventaja relativa dado que otros países aprendieron a producir carne y cereales en mayores cantidades y a menores costos.  

La solución efectiva a este problema consistía en pasar del sistema agrario al fabril, alentando la producción de nuevos bienes y creando mayor riqueza, imitando los planes de desarrollo de otros países.  

Esa salida fue trabada por varias causas y fuerzas sociales, internas y externas, a lo largo de los años. La debilidad de sus promotores se enfrentó durante mucho tiempo al poder de quienes se oponían a este cambio. La añoranza del paraíso pasado al que muchos querían volver, fuera o no posible, y la presión de ideas e intereses contrarios, hicieron que la transición a la sociedad fabril resultara un combate que todavía hoy se lleva a cabo con suerte adversa y poca claridad.  

Los primeros pasos industriales a escala fueron surcados por los saladeros, los cuales procesaban y exportaban carne y cueros. Estos fueron instalados a partir de 1810 en buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. Los elementos y métodos de procesamiento eran simples y rudimentarios en sus comienzos.

Luego del año 1830 se producen reformas en los sistemas productivos de la mano de inmigrantes europeos, los cuales aportaban conocimientos técnicos a esta sociedad primitiva.

Las fábricas en la Argentina en esos años correspondían a emprendimientos artesanales proveedores del mercado interno: panaderías, fábricas de fideos, jabones, licores y cervezas.  

Con el desarrollo del ferrocarril se buscó desarrollar nuestro país, imitando lo sucedido con la industria siderúrgica en Gran Bretaña. Esto originó un mejoramiento del sector agrario Argentino y un desarrollo del sector metalúrgico Británico, dado que se compraban locomotoras, rieles y equipos a fábricas de este origen. Se creó una de las redes ferroviarias mas extensas del mundo sin crear la mas mínima actividad fabril promovida por ella.  

El gobierno de turno buscó generar esta actividad invirtiendo directamente en la construcción de ferrocarriles (ferrocarril del Oeste) y equipándolo con elementos de fabricación nacional. Esto dio auge a las primeras industrias siderúrgicas argentinas, las cuales fueron desmanteladas luego de que se produzca la venta de este ferrocarril a capitales ingleses. Estos intereses externos y la debilidad de los gobernantes postergó el desarrollo de emprendimientos locales.

1.2. Los pioneros de la industria (1)

Con el crecimiento de la ciudad de Buenos Aires y su evolución, dada la concentración de la riqueza, el desarrollo de importantes obras públicas y el flujo de inmigrantes, se produjo un incremento en la demanda de bienes. Si bien la mayoría de esa demanda era satisfecha por la importación, la cercanía a los consumidores ofrecía un factor atractivo para quienes osaban establecer nuevas actividades. Esto originó el establecimiento de numerosos pequeños emprendimientos dedicados a satisfacer esta demanda en aumento. Los empresarios, en general, eran extranjeros llagados al país portando conocimientos técnicos o prácticos de la rama en la que se instalaban, que se instalaban con un pequeño capital propio o prestado, en escalas productivas muy modestas.  

A partir del año 1860 se detacan los emprendimientos de Bieckert, Bagley, Noel, Peuser, Bianchetti y otros inmigrantes.

Esto denota la falta de instituciones en el medio local para formar especialistas y visión de negocio, dado que estos emprendimientos debían rendir buenos beneficios desde el primer momento, única forma de permitir la rápida capitalización de la actividad frente a la carencia de crédito y otros sistemas de apoyo a su crecimiento.  

Estos casos fueron pocos pero significativos. Si bien sus negocios se concentraron en bienes de consumo donde contaban con la cercanía del mercado, como alimentos, bebidas e imprenta, hubo casos atípicos: fundiciones y talleres mecánicos (algunos de dimensiones considerables). Esto señala muchas posibilidades latentes de crecimiento no aprovechadas debido a la falta de políticas de promoción fabril.  

2. 1880-1914: EL DESPERTAR DE LA PRODUCCIÓN FABRIL (2)  

Las últimas décadas del siglo XIX registraron un veloz crecimiento de la economía la sociedad Argentina. Las exportaciones se expandían como si no tubieran límites y permitían pagar las importaciones y una parte de la deuda con el capital extranjero. La ciudad de Buenos Aires se expandía y se convertía en una de las Urbes mas grandes del mundo, ofreciendo un mercado altamente tentador y de demandando trabajo. Ambos fenómenos dan paso a una evolución productiva.

La red ferroviaria, conectada a los principales puertos, promovió el desarrollo de algunos polos del interior del país donde actuaban La Forestal, los Ingenios Azucareros y las Bodegas de vinos. La campaña al desierto aporta grandes superficies para el desarrollo agrario.  

La mayor parte de las instalaciones fabriles registradas a finales del siglo pasado nacieron ya grandes, basadas en sectores protegidos y beneficiadas por causas naturales o por medidas oficiales. Se ubicaron en su mayoría en Buenos Aires, Tucumán y Mendoza. Paralelamente comenzaron a notarse los primeros síntomas del desarrollo fabril en ciudades como Córdoba y Rosario, donde se formaban núcleos muy incipientes.  

Los frigoríficos comenzaron a reemplazar a los saladeros y a exportar principalmente a Gran Bretaña. Pronto, un grupo de grandes empresas dominó todo el negocio frigorífico, siendo en su mayoría de capitales ingleses.  

El frigorífico Sansinena se instala en Avellaneda, siendo por un tiempo el único situado en la urbe. Estaba proyectado para satisfacer la demanda interna y en parte a la exportación.  

Su criterio de ubicación es seguido luego por otras empresas, lo que transforma a Avellaneda en el centro de procesamiento de carne y se radica una importante masa de trabajadores en la zona.  

La industria frigorífica en sus primeros años estaba formada por solo siete plantas, todas muy grandes, de las cuales tres estaban ubicadas sobre el riachuelo, tres en Zárate-Campana y la restante en La Plata. En Australia y en Nueva Zelanda se exportaban menores volúmenes que en Argentina, pero en la primera existían 16 plantas y en la segunda había 25 plantas independientes distribuidas en 25 puertos. Esto denota una concentración de la mano de obra y el consiguiente desarrollo de solo pocos puertos en Argentina; condicionando la evolución del mercado y la relación con los ganaderos y los convenios de fletes (dominado por ingleses).  

El impulso exportador llevó a la oferta de carne Argentina a captar el 64 % de las importaciones británicas en 1912 (único mercado abierto a la importación de carnes), frente al mísero 5 % a fines del siglo XIX. (3)

A partir de 1905 nuestras exportaciones lograron superar al mayor exportador del momento, Estados Unidos. Esto se debía a las notables ventajas de costos que se debían al dominio británico de la industria Argentina de carnes y su transporte.  

Esto provocó que frigoríficos de capitales Norteamericanos se instalaran en el país y compraran algunos establecimientos existentes, consolidándose como nuevos desafiantes en el oligopolio reinante. Estos fueron Swift y Armoud, los cuales generaron un shock y un punto de inflexión en la evolución del sector. Los frigoríficos norteamericanos trajeron nuevas técnicas productivas y de planificación de procesos.  

El ingreso de estos frigoríficos provocó reacciones en los medios locales pero ninguna propuesta real de instalar frigoríficos por parte de los ganaderos locales y sus socios en el país. La negativa de los capitalistas argentinos a entrar en ese negocio repetía lo ocurrido antes con los ferrocarriles. En ambos casos el control quedaba en manos externas que gozaban de elevadas tasas de beneficios gracias a sus actividades en Gran Bretaña.  

Las nuevas pujas internas dieron como resultado un nuevo reparto del negocio entre norteamericanos y británicos, dominando el sistema y determinando los precios.  

En el rubro textil, se instaló en Buenos Aires la Fábrica Argentina de Alpargatas, compuesta por capitales argentinos e ingleses (con mayoría de este último). Asombró por su tecnología y capacidad, dando ocupación en sus primeros años a 530 operarios. Por su tamaño, esta empresa dominaba la actividad en la Argentina, primero en la fabricación de alpargatas y luego en otros productos en que fue diversificándose.  

En 1889 se instala una nueva planta textil: La Primitiva. Se dedicaba a la fabricación de sacos y lonas impermeables.

En 1892 el ministro del interior se asombraba del crecimiento de la manufactura en los suburbios de Buenos Aires. Su informe señalaba 296 nuevas fábricas que ocupaban a 12.000 operarios.  

En 1899, el señor Otto Bemberg, fundó la Brasserie et Cervecerie Quilmes, que desplazó a Bieckert del liderazgo del mercado. La instalación de esta planta impulsó a León Rigolleau, un fabricante de vidrio, a instalar una nueva fábrica cerca de su principal cliente, para proveerlo de botellas (4).  

En 1901 se fundó La Martona, dedicada a la elaboración de lácteos, dominando el mercado.  

En el mismo año se formó la Río de la Plata Flour Mills and Grains Elevators (Molinos Río de la Planta) en puerto madero, con una capacidad de molienda del 10% del trigo cosechado en el país.  

En el rubro metalúrgico surgieron las empresas Tamet y La Cantábrica. Tamet nació como un pequeño taller y siguió creciendo hasta convertirse en la mayor empresa metalúrgica de América del Sur en la década de 1920.

Un grupo no mayor a las 100 empresas, resultaba suficiente para cubrir lo esencial del mercado en esos años, en las cuales también se destacaban Ferrum (sanitarios), tres fábricas de bolsas de arpillera y la Compañía General de Fósforos. La empresa CATE, de capitales alemanes, dominó el mercado de generación de energía eléctrica de la ciudad de Buenos Aires en pocos años.

Cada una de estas empresas monopolizaba el mercado en su rubro o se lo dividía con sus “competidores”.

2.1.Nacimiento de la elite industrial

Un grupo de individuos muy dinámico, controlaba porciones decisivas del poder económico y del acceso a la riqueza social durante este período de análisis. Eran los principales inversores de capital, los propietarios de las mayores empresas, y los representantes del sector.

El más sobresaliente de ellos puede ser Ernesto Tornquinst, socio de un frigorífico, forjador de Tamet, dueño de Ferrum, de la primera refinería de azúcar del país, de un grupo de seis ingenios tucumanos y de otras actividades fabriles que ensayó a lo largo de su vida. Era también dueño del Banco Tornquinst, uno de los pocos casos de un empresario que impuso su apellido a una institución financiera exitosa. La casa Torquinst era un holding que poseía las empresas antes mencionadas y controlaba una vasta gama de actividades, desde la explotación de varias decenas de miles de hectáreas hasta los negocios de importación. Era el nexo entre varios bancos del exterior y tenía la representación de Krupp para la venta de armas y otros bienes siderúrgicos producidos por aquella empresa poderosa alemana.

Nació en Buenos Aires en 1842, descendiente de una familia de alemanes provenientes de Estados Unidos. Era activo en los negocios y en la política; era amigo de Rosas y de Pellegrini, participó con aportes de dinero al Banco de la Nación y fue uno de los mediadores en el conflicto con Chile a fines del siglo pasado. El afirmó que “La industria es la vaca lechera de la que vivimos”.

La Casa Torquinst era acompañada por Bunge y Born, una empresa nacida al calor del comercio de granos en la década de 1870 y que se había expandido en varios tipos de actividades. La casa matriz estaba en Amberes, Bélgica. Los negocios entre ambas partes dio un impulso exportador a la filial Argentina. La estrecha relación entre ambas sociedades dio paso a una empresa dinámica, relativamente independiente de la matriz, que tomó impulso adicional con la incorporación de nuevos socios a fines del siglo pasado.

Bunge y Born se expandió y consolidó en los negocios de exportación, pero muy pronto ensayó otras actividades entre las que se cuentan las fabriles, destacándose la empresa Molinos Río de la Plata.

Los fundadores de Bunge y Born contaban con familiares poderosos en el país y sus lazos con la sociedad local se reforzaron cuando sus hijos se casaron con miembros de familias tradicionales. El grupo empresario ocupó posiciones importantes en la vida Argentina desde poco después de la fundación hasta la actualidad y actuó como uno de los líderes del proceso fabril nacional.

Los anteriormente mencionados y otras familias y grupos extranjeros, se apropiaron y controlaron la mayor proporción del mercado fabril Argentino. La historia de Argentina se entrelaza con la historia poco contada de los miembros dela elite económica local y su avance sobre las actividades mas rentables de la época. Ellos entraban en la industria como en una actividad mas, exigían elevados beneficios buscando el control del mercado por medio de todos los mecanismos posibles; y nunca vacilaron en pedir protección arancelaria o favores. Sus objetivo no incluyeron la demanda de tecnología, ni tendieron a incorporar personal calificado. Los resultados comenzaron a cosecharse mucho tiempo mas tarde, pero la semilla de ese fracaso (en sentido histórico) fue fecundada de ese modo.

2.2. Datos censales (5)

El censo de 1887 de la ciudad de Buenos Aires lista 4.200 establecimientos de los cuales solo 560 tenían fuerza motriz (indicador esencial de la producción fabril), el resto eran manufacturas o artesanías menores. La fuerza motriz instalada en estos 560 establecimientos era de 6.000 HP en total. Se destacaban la fábrica de Alpargatas, los talleres del arsenal militar y “La Estela”, dedicada a la producción de aceite. Esta última abastecía un tercio del consumo interno de aceites.

El censo Nacional de 1914 registra 48.000 establecimientos en todo el país con más de 400.000 trabajadores. La potencia instalada asciende a 270.000 HP. A esa cifra se le debe agregar los 400.000 HP instalados en las usinas de electricidad y en servicios públicos (6).

Este censo establece que el 29% del total de las materias primas necesarias para el funcionamiento de las industrias provenía del exterior. En el rubro alimentos se reduce a solo el 9%, pero se eleva a un máximo en la rema textil del 79% y al 67% en la rema metalúrgica. Estos datos llevaron a que varios grupos presionaran al gobierno para realizar una sustitución de las importaciones de estas materias primas.    

3. 1914-1930: CONSOLIDACIÓN FABRIL (7)  

La evolución fabril se conmovió por los efectos de la Primer Guerra Mundial.

Las consecuencias inmediatas tendieron a reducir el comercio exterior, ofreciendo una protección especial a la industria local. Esa ventaja no podía utilizarse en toda su amplitud por la necesidad de importar equipos productivos. Esta dependencia se relevó como uno de los problemas para el desarrollo industrial. Se dio una expansión en el rubro textil por el nuevo mercado abierto a causa de la guerra. Esto llevó a utilizar las plantas existentes a su máxima capacidad y exigió lavar la lana producida en el país. Hasta entonces se exportaba “sucia”, lo cual aportaba menos ingresos e insumía mayores costos de fletes. En 1913 solo se lavaba en Argentina el 3% de la lana, llegando a lavarse en 1919 el 20% (destinada en parte al mercado externo y en parte al mercado externo).

El avance de esta industria se detuvo después de la guerra, dado que las naciones europeas volvieron a proteger a su industria mediante aranceles.

Las limitaciones de importar durante la guerra posibilitaron el avance de la producción en productos simples como aceite comestible y queso, o mas sofisticadas como química, cemento y papel.

Las empresas norteamericanas que exploraban los mercados mundiales comenzaron a instalarse en algunas actividades frigoríficas y petroleras. Detrás de ellas llegaron empresas productoras de cemento, automotrices (Ford y General Motors), comunicaciones (ATT) y otras.

La historia se repite nuevamente por el reparto de mercado y monopolios creados por empresas extranjeras, dominándolo totalmente en sus rubros.

En cuanto a la industria azucarera podemos decir que marca algunos rasgos típicos de la conducta de los industriales argentinos frente a las condiciones de la época. La onda alcista de las primeras épocas, que llevó a la superproducción y a exportar, había desembocado en una dependencia del mercado interno sumada a una inactividad técnica. No había modificaciones sustanciales en la productividad de los cañaverales y los ingenios no se modificaban. Comenzaban a notarse problemas de fertilidad en la tierra tucumana, explotada sin miramientos. Hacia 1916 la situación hizo crisis, una plaga afectó la caña y Argentina tuvo que importar azúcar. (8)

La Estación Experimental Agrícola de Tucumán introdujo una nueva variedad de caña traída de Java. Fue una de las primeras instituciones tecnología Agrícola del país. En 1911 creó un “Ingenio Modelo” para prácticas de estudiantes, el cual solo funcionó durante un año. Luego de una nueva tentativa frustrada, fue cerrado en 1919. La moraleja fue la siguiente: “Los experimentos fabriles se clausuraban en tanto que los del cultivo adquirían vuelo”.  (9)

La crisis repercutió en el funcionamiento de los ingenios, que se vieron obligados a modificar sus equipos de molienda.

La empresa SIAM, creada en 1911, dedicada al área metalmecánica, desarrolló una máquina para amasar pan en el preciso momento en que un edicto municipal suprimió el trabajo manual. Esto le ofrecía un mercado estimado de 700 máquinas en Buenos Aires y aproximadamente 5.000 en el país, las cuales eran dimensiones adecuadas para el rápido crecimiento del negocio que vio Di Tella. Pronto comenzó a vender entre 100 y 200 máquinas por año y a exportar a Brasil.

3.1. Planteo consciente de las necesidades

En 1923 firmó un acuerdo de licencias con Estados Unidos para fabricar surtidores de nafta y en 1926 (gracias a su amigo el General Mosconi) logró un acuerdo para venderle 200 surtidores por mes a YPF.

YPF, bajo la dirección del General Mosconi desde 1922, cumplió un rol impulsor de la industria local. Expandió la producción de petróleo y lanzó la destilería de La Plata, la cual fue el núcleo central del polo productivo durante el resto del siglo. Se inauguró en 1925 dando trabajo a 450 personas sobre una dotación total de YPF de 4800 empleados. Luego se creó una planta de cracking en 1928 y una fábrica de latas en 1929. Esta expansión fabril, que reemplazaba compras en el exterior, se pagó con los tres primeros meses de producción.

Moscóni se preocupó por la consolidación técnica de YPF, incorporando profesionales de la facultad de ingeniería de Buenos Aires y de otros programas de formación a distintos niveles. Su interés exhibe el primer intento de forjar una gerencia tecnocrática en el país, cuyos resultados se vieron con el constante crecimiento de la empresa durante esos años y la disminución de sus costos.

Los militares como Mosconi, Uriburu, Justo y otros, vieron la necesidad del desarrollo fabril después de la guerra, tanto para el desarrollo de armamentos como de otro tipo de productos.

Eligieron a la provincia de Córdoba como posición geográfica de la industria militar. El 1927 se creó la Fábrica Militar de Aviones. En 1937 se crea la fábrica de pólvora y explosivos en Villa María (10). Esto denota la burocracia reinante, dado el tiempo transcurrido entre cada emprendimiento. Nuestra clase de uniforme no parecía más avanzada en esos aspectos que los civiles.

Otros desarrollos destacables de esta época son los siguientes:

Quilmes comienza a desarrollar el cultivo de cebada (antes se importaba), e instala la primer maltería.

Se expandió la producción de algodón de 13.000 hectáreas a 100.000 en 7 años, logrando el autoabastecimiento.

Alpargatas instaló una hilandería de algodón en 1922. Esta planta se amplió en 1930 y en 1935, denotando el crecimiento del mercado.

La expansión fabril obligó la salida temprana al exterior de varias empresas que resultaban demasiado grandes para las dimensiones del mercado local. Se comenzaron a registrar inversiones de firmas argentinas en países vecinos para conquistar esos mercados. Los casos mas resonantes fueron: Bunge y Born, SIAM y Alpargatas.

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Lic. Pablo Peyrú, Lic. Roberto Verna Etcheber

licpeyarrobahotmail.com / roberto_vernaarrobahotmail.com

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