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EVOLUCIÓN DE LA INDUSTRIA NACIONAL ARGENTINA
02-2004
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Original
INTRODUCCIÓN
Hemos querido desarrollar en este trabajo la evolución de la Industria
Nacional, a partir de sus comienzos en el siglo XIX hasta el presente,
para poder comprender así el estado actual de la misma.
Muchos factores han sido analizados; desde la participación y
dependencia extranjera, políticas de desarrollo nacionales, cambios de
gobierno, hasta privatizaciones y efectos de la globalización,
resaltando la falta de experiencia e interés en la actividad por parte
de los gobiernos de turno y de la alta sociedad, que no supieron ver a
tiempo a la industria como fuente de desarrollo y riqueza.
Distintos hechos se han repetido a lo largo del tiempo creando
obstáculos difíciles de sortear, que como veremos a largo de este
trabajo, fueron afectando a nuestra industria de tal forma que su
situación paso de ser en sus principios prometedora, a un presente
incierto y sin respuesta.
Las sociedades industriales conforman un sistema social y económico el
cual necesita instituciones, empresas, tecnologías y políticas
específicas que aseguren su desarrollo y provoquen un resultado positivo
en el conjunto de la sociedad, en la medida en que estos principios no
sean tenidos en cuenta, no podremos lograr un país en que todos podamos
desarrollarnos.
1. PRINCIPIOS DE LA INDUSTRIA ARGENTINA
1.1. Industria, desarrollo y sociedad
La industria es una sola en el globo, pero adopta ritmos y formas
propias de cada país y cada región. La industria Argentina se
caracteriza por haber nacido en una comunidad que no fue pobre antes de
entrar en la senda fabril. La Argentina fue rica desde fines del siglo
pasado, cuando la fértil pampa húmeda le dio una fortuna especial,
compuesta por carne y cereales, que superaba el consumo interno. Los
pueblos ricos pagaban buen precio por estos productos, lo cual permitía
satisfacer las demandas de productos manufacturados con estos ingresos,
mediante la importación.
Con el paso del tiempo, los precios de esos productos primarios
tendieron a la baja y Argentina perdió su ventaja relativa dado que
otros países aprendieron a producir carne y cereales en mayores
cantidades y a menores costos.
La solución efectiva a este problema consistía en pasar del sistema
agrario al fabril, alentando la producción de nuevos bienes y creando
mayor riqueza, imitando los planes de desarrollo de otros países.
Esa salida fue trabada por varias causas y fuerzas sociales, internas y
externas, a lo largo de los años. La debilidad de sus promotores se
enfrentó durante mucho tiempo al poder de quienes se oponían a este
cambio. La añoranza del paraíso pasado al que muchos querían volver,
fuera o no posible, y la presión de ideas e intereses contrarios,
hicieron que la transición a la sociedad fabril resultara un combate que
todavía hoy se lleva a cabo con suerte adversa y poca claridad.
Los primeros pasos industriales a escala fueron surcados por los
saladeros, los cuales procesaban y exportaban carne y cueros. Estos
fueron instalados a partir de 1810 en buenos Aires, Santa Fe y Entre
Ríos. Los elementos y métodos de procesamiento eran simples y
rudimentarios en sus comienzos. Luego del año 1830 se producen reformas
en los sistemas productivos de la mano de inmigrantes europeos, los
cuales aportaban conocimientos técnicos a esta sociedad primitiva.
Las fábricas en la Argentina en esos años correspondían a
emprendimientos artesanales proveedores del mercado interno: panaderías,
fábricas de fideos, jabones, licores y cervezas.
Con el desarrollo del ferrocarril se buscó desarrollar nuestro país,
imitando lo sucedido con la industria siderúrgica en Gran Bretaña. Esto
originó un mejoramiento del sector agrario Argentino y un desarrollo del
sector metalúrgico Británico, dado que se compraban locomotoras, rieles
y equipos a fábricas de este origen. Se creó una de las redes
ferroviarias mas extensas del mundo sin crear la mas mínima actividad
fabril promovida por ella.
El gobierno de turno buscó generar esta actividad invirtiendo
directamente en la construcción de ferrocarriles (ferrocarril del Oeste)
y equipándolo con elementos de fabricación nacional. Esto dio auge a las
primeras industrias siderúrgicas argentinas, las cuales fueron
desmanteladas luego de que se produzca la venta de este ferrocarril a
capitales ingleses. Estos intereses externos y la debilidad de los
gobernantes postergó el desarrollo de emprendimientos locales.
1.2. Los pioneros de la industria (1)
Con el crecimiento de la ciudad de Buenos Aires y su evolución, dada la
concentración de la riqueza, el desarrollo de importantes obras públicas
y el flujo de inmigrantes, se produjo un incremento en la demanda de
bienes. Si bien la mayoría de esa demanda era satisfecha por la
importación, la cercanía a los consumidores ofrecía un factor atractivo
para quienes osaban establecer nuevas actividades. Esto originó el
establecimiento de numerosos pequeños emprendimientos dedicados a
satisfacer esta demanda en aumento. Los empresarios, en general, eran
extranjeros llagados al país portando conocimientos técnicos o prácticos
de la rama en la que se instalaban, que se instalaban con un pequeño
capital propio o prestado, en escalas productivas muy modestas.
A partir del año 1860 se detacan los emprendimientos de Bieckert, Bagley,
Noel, Peuser, Bianchetti y otros inmigrantes.
Esto denota la falta de instituciones en el medio local para formar
especialistas y visión de negocio, dado que estos emprendimientos debían
rendir buenos beneficios desde el primer momento, única forma de
permitir la rápida capitalización de la actividad frente a la carencia
de crédito y otros sistemas de apoyo a su crecimiento.
Estos casos fueron pocos pero significativos. Si bien sus negocios se
concentraron en bienes de consumo donde contaban con la cercanía del
mercado, como alimentos, bebidas e imprenta, hubo casos atípicos:
fundiciones y talleres mecánicos (algunos de dimensiones considerables).
Esto señala muchas posibilidades latentes de crecimiento no aprovechadas
debido a la falta de políticas de promoción fabril.
2. 1880-1914: EL DESPERTAR DE LA PRODUCCIÓN FABRIL (2)
Las últimas décadas del siglo XIX registraron un veloz crecimiento de la
economía la sociedad Argentina. Las exportaciones se expandían como si
no tubieran límites y permitían pagar las importaciones y una parte de
la deuda con el capital extranjero. La ciudad de Buenos Aires se
expandía y se convertía en una de las Urbes mas grandes del mundo,
ofreciendo un mercado altamente tentador y de demandando trabajo. Ambos
fenómenos dan paso a una evolución productiva.
La red ferroviaria, conectada a los principales puertos, promovió el
desarrollo de algunos polos del interior del país donde actuaban La
Forestal, los Ingenios Azucareros y las Bodegas de vinos. La campaña al
desierto aporta grandes superficies para el desarrollo agrario.
La mayor parte de las instalaciones fabriles registradas a finales del
siglo pasado nacieron ya grandes, basadas en sectores protegidos y
beneficiadas por causas naturales o por medidas oficiales. Se ubicaron
en su mayoría en Buenos Aires, Tucumán y Mendoza. Paralelamente
comenzaron a notarse los primeros síntomas del desarrollo fabril en
ciudades como Córdoba y Rosario, donde se formaban núcleos muy
incipientes.
Los frigoríficos comenzaron a reemplazar a los saladeros y a exportar
principalmente a Gran Bretaña. Pronto, un grupo de grandes empresas
dominó todo el negocio frigorífico, siendo en su mayoría de capitales
ingleses.
El frigorífico Sansinena se instala en Avellaneda, siendo por un tiempo
el único situado en la urbe. Estaba proyectado para satisfacer la
demanda interna y en parte a la exportación.
Su criterio de ubicación es seguido luego por otras empresas, lo que
transforma a Avellaneda en el centro de procesamiento de carne y se
radica una importante masa de trabajadores en la zona.
La industria frigorífica en sus primeros años estaba formada por solo
siete plantas, todas muy grandes, de las cuales tres estaban ubicadas
sobre el riachuelo, tres en Zárate-Campana y la restante en La Plata. En
Australia y en Nueva Zelanda se exportaban menores volúmenes que en
Argentina, pero en la primera existían 16 plantas y en la segunda había
25 plantas independientes distribuidas en 25 puertos. Esto denota una
concentración de la mano de obra y el consiguiente desarrollo de solo
pocos puertos en Argentina; condicionando la evolución del mercado y la
relación con los ganaderos y los convenios de fletes (dominado por
ingleses).
El impulso exportador llevó a la oferta de carne Argentina a captar el
64 % de las importaciones británicas en 1912 (único mercado abierto a la
importación de carnes), frente al mísero 5 % a fines del siglo XIX. (3)
A partir de 1905 nuestras exportaciones lograron superar al mayor
exportador del momento, Estados Unidos. Esto se debía a las notables
ventajas de costos que se debían al dominio británico de la industria
Argentina de carnes y su transporte.
Esto provocó que frigoríficos de capitales Norteamericanos se instalaran
en el país y compraran algunos establecimientos existentes,
consolidándose como nuevos desafiantes en el oligopolio reinante. Estos
fueron Swift y Armoud, los cuales generaron un shock y un punto de
inflexión en la evolución del sector. Los frigoríficos norteamericanos
trajeron nuevas técnicas productivas y de planificación de procesos.
El ingreso de estos frigoríficos provocó reacciones en los medios
locales pero ninguna propuesta real de instalar frigoríficos por parte
de los ganaderos locales y sus socios en el país. La negativa de los
capitalistas argentinos a entrar en ese negocio repetía lo ocurrido
antes con los ferrocarriles. En ambos casos el control quedaba en manos
externas que gozaban de elevadas tasas de beneficios gracias a sus
actividades en Gran Bretaña.
Las nuevas pujas internas dieron como resultado un nuevo reparto del
negocio entre norteamericanos y británicos, dominando el sistema y
determinando los precios.
En el rubro textil, se instaló en Buenos Aires la Fábrica Argentina de
Alpargatas, compuesta por capitales argentinos e ingleses (con mayoría
de este último). Asombró por su tecnología y capacidad, dando ocupación
en sus primeros años a 530 operarios. Por su tamaño, esta empresa
dominaba la actividad en la Argentina, primero en la fabricación de
alpargatas y luego en otros productos en que fue diversificándose.
En 1889 se instala una nueva planta textil: La Primitiva. Se dedicaba a
la fabricación de sacos y lonas impermeables.
En 1892 el ministro del interior se asombraba del crecimiento de la
manufactura en los suburbios de Buenos Aires. Su informe señalaba 296
nuevas fábricas que ocupaban a 12.000 operarios.
En 1899, el señor Otto Bemberg, fundó la Brasserie et Cervecerie Quilmes,
que desplazó a Bieckert del liderazgo del mercado. La instalación de
esta planta impulsó a León Rigolleau, un fabricante de vidrio, a
instalar una nueva fábrica cerca de su principal cliente, para proveerlo
de botellas (4).
En 1901 se fundó La Martona, dedicada a la elaboración de lácteos,
dominando el mercado.
En el mismo año se formó la Río de la Plata Flour Mills and Grains
Elevators (Molinos Río de la Planta) en puerto madero, con una capacidad
de molienda del 10% del trigo cosechado en el país.
En el rubro metalúrgico surgieron las empresas Tamet y La Cantábrica.
Tamet nació como un pequeño taller y siguió creciendo hasta convertirse
en la mayor empresa metalúrgica de América del Sur en la década de 1920.
Un grupo no mayor a las 100 empresas, resultaba suficiente para cubrir
lo esencial del mercado en esos años, en las cuales también se
destacaban Ferrum (sanitarios), tres fábricas de bolsas de arpillera y
la Compañía General de Fósforos. La empresa CATE, de capitales alemanes,
dominó el mercado de generación de energía eléctrica de la ciudad de
Buenos Aires en pocos años.
Cada una de estas empresas monopolizaba el mercado en su rubro o se lo
dividía con sus “competidores”.
2.1.Nacimiento de la elite industrial
Un grupo de individuos muy dinámico, controlaba porciones decisivas del
poder económico y del acceso a la riqueza social durante este período de
análisis. Eran los principales inversores de capital, los propietarios
de las mayores empresas, y los representantes del sector.
El más sobresaliente de ellos puede ser Ernesto Tornquinst, socio de un
frigorífico, forjador de Tamet, dueño de Ferrum, de la primera refinería
de azúcar del país, de un grupo de seis ingenios tucumanos y de otras
actividades fabriles que ensayó a lo largo de su vida. Era también dueño
del Banco Tornquinst, uno de los pocos casos de un empresario que impuso
su apellido a una institución financiera exitosa. La casa Torquinst era
un holding que poseía las empresas antes mencionadas y controlaba una
vasta gama de actividades, desde la explotación de varias decenas de
miles de hectáreas hasta los negocios de importación. Era el nexo entre
varios bancos del exterior y tenía la representación de Krupp para la
venta de armas y otros bienes siderúrgicos producidos por aquella
empresa poderosa alemana.
Nació en Buenos Aires en 1842, descendiente de una familia de alemanes
provenientes de Estados Unidos. Era activo en los negocios y en la
política; era amigo de Rosas y de Pellegrini, participó con aportes de
dinero al Banco de la Nación y fue uno de los mediadores en el conflicto
con Chile a fines del siglo pasado. El afirmó que “La industria es la
vaca lechera de la que vivimos”.
La Casa Torquinst era acompañada por Bunge y Born, una empresa nacida al
calor del comercio de granos en la década de 1870 y que se había
expandido en varios tipos de actividades. La casa matriz estaba en
Amberes, Bélgica. Los negocios entre ambas partes dio un impulso
exportador a la filial Argentina. La estrecha relación entre ambas
sociedades dio paso a una empresa dinámica, relativamente independiente
de la matriz, que tomó impulso adicional con la incorporación de nuevos
socios a fines del siglo pasado.
Bunge y Born se expandió y consolidó en los negocios de exportación,
pero muy pronto ensayó otras actividades entre las que se cuentan las
fabriles, destacándose la empresa Molinos Río de la Plata.
Los fundadores de Bunge y Born contaban con familiares poderosos en el
país y sus lazos con la sociedad local se reforzaron cuando sus hijos se
casaron con miembros de familias tradicionales. El grupo empresario
ocupó posiciones importantes en la vida Argentina desde poco después de
la fundación hasta la actualidad y actuó como uno de los líderes del
proceso fabril nacional.
Los anteriormente mencionados y otras familias y grupos extranjeros, se
apropiaron y controlaron la mayor proporción del mercado fabril
Argentino. La historia de Argentina se entrelaza con la historia poco
contada de los miembros dela elite económica local y su avance sobre las
actividades mas rentables de la época. Ellos entraban en la industria
como en una actividad mas, exigían elevados beneficios buscando el
control del mercado por medio de todos los mecanismos posibles; y nunca
vacilaron en pedir protección arancelaria o favores. Sus objetivo no
incluyeron la demanda de tecnología, ni tendieron a incorporar personal
calificado. Los resultados comenzaron a cosecharse mucho tiempo mas
tarde, pero la semilla de ese fracaso (en sentido histórico) fue
fecundada de ese modo.
2.2. Datos censales (5)
El censo de 1887 de la ciudad de Buenos Aires lista 4.200
establecimientos de los cuales solo 560 tenían fuerza motriz (indicador
esencial de la producción fabril), el resto eran manufacturas o
artesanías menores. La fuerza motriz instalada en estos 560
establecimientos era de 6.000 HP en total. Se destacaban la fábrica de
Alpargatas, los talleres del arsenal militar y “La Estela”, dedicada a
la producción de aceite. Esta última abastecía un tercio del consumo
interno de aceites.
El censo Nacional de 1914 registra 48.000 establecimientos en todo el
país con más de 400.000 trabajadores. La potencia instalada asciende a
270.000 HP. A esa cifra se le debe agregar los 400.000 HP instalados en
las usinas de electricidad y en servicios públicos (6).
Este censo establece que el 29% del total de las materias primas
necesarias para el funcionamiento de las industrias provenía del
exterior. En el rubro alimentos se reduce a solo el 9%, pero se eleva a
un máximo en la rema textil del 79% y al 67% en la rema metalúrgica.
Estos datos llevaron a que varios grupos presionaran al gobierno para
realizar una sustitución de las importaciones de estas materias primas.
3. 1914-1930: CONSOLIDACIÓN FABRIL (7)
La evolución fabril se conmovió por los efectos de la Primer Guerra
Mundial. Las consecuencias inmediatas tendieron a reducir el comercio
exterior, ofreciendo una protección especial a la industria local. Esa
ventaja no podía utilizarse en toda su amplitud por la necesidad de
importar equipos productivos. Esta dependencia se relevó como uno de los
problemas para el desarrollo industrial. Se dio una expansión en el
rubro textil por el nuevo mercado abierto a causa de la guerra. Esto
llevó a utilizar las plantas existentes a su máxima capacidad y exigió
lavar la lana producida en el país. Hasta entonces se exportaba “sucia”,
lo cual aportaba menos ingresos e insumía mayores costos de fletes. En
1913 solo se lavaba en Argentina el 3% de la lana, llegando a lavarse en
1919 el 20% (destinada en parte al mercado externo y en parte al mercado
externo).
El avance de esta industria se detuvo después de la guerra, dado que las
naciones europeas volvieron a proteger a su industria mediante
aranceles.
Las limitaciones de importar durante la guerra posibilitaron el avance
de la producción en productos simples como aceite comestible y queso, o
mas sofisticadas como química, cemento y papel.
Las empresas norteamericanas que exploraban los mercados mundiales
comenzaron a instalarse en algunas actividades frigoríficas y
petroleras. Detrás de ellas llegaron empresas productoras de cemento,
automotrices (Ford y General Motors), comunicaciones (ATT) y otras.
La historia se repite nuevamente por el reparto de mercado y monopolios
creados por empresas extranjeras, dominándolo totalmente en sus rubros.
En cuanto a la industria azucarera podemos decir que marca algunos
rasgos típicos de la conducta de los industriales argentinos frente a
las condiciones de la época. La onda alcista de las primeras épocas, que
llevó a la superproducción y a exportar, había desembocado en una
dependencia del mercado interno sumada a una inactividad técnica. No
había modificaciones sustanciales en la productividad de los cañaverales
y los ingenios no se modificaban. Comenzaban a notarse problemas de
fertilidad en la tierra tucumana, explotada sin miramientos. Hacia 1916
la situación hizo crisis, una plaga afectó la caña y Argentina tuvo que
importar azúcar. (8)
La Estación Experimental Agrícola de Tucumán introdujo una nueva
variedad de caña traída de Java. Fue una de las primeras instituciones
tecnología Agrícola del país. En 1911 creó un “Ingenio Modelo” para
prácticas de estudiantes, el cual solo funcionó durante un año. Luego de
una nueva tentativa frustrada, fue cerrado en 1919. La moraleja fue la
siguiente: “Los experimentos fabriles se clausuraban en tanto que los
del cultivo adquirían vuelo”. (9)
La crisis repercutió en el funcionamiento de los ingenios, que se vieron
obligados a modificar sus equipos de molienda.
La empresa SIAM, creada en 1911, dedicada al área metalmecánica,
desarrolló una máquina para amasar pan en el preciso momento en que un
edicto municipal suprimió el trabajo manual. Esto le ofrecía un mercado
estimado de 700 máquinas en Buenos Aires y aproximadamente 5.000 en el
país, las cuales eran dimensiones adecuadas para el rápido crecimiento
del negocio que vio Di Tella. Pronto comenzó a vender entre 100 y 200
máquinas por año y a exportar a Brasil.
3.1. Planteo consciente de las necesidades
En 1923 firmó un acuerdo de licencias con Estados Unidos para fabricar
surtidores de nafta y en 1926 (gracias a su amigo el General Mosconi)
logró un acuerdo para venderle 200 surtidores por mes a YPF.
YPF, bajo la dirección del General Mosconi desde 1922, cumplió un rol
impulsor de la industria local. Expandió la producción de petróleo y
lanzó la destilería de La Plata, la cual fue el núcleo central del polo
productivo durante el resto del siglo. Se inauguró en 1925 dando trabajo
a 450 personas sobre una dotación total de YPF de 4800 empleados. Luego
se creó una planta de cracking en 1928 y una fábrica de latas en 1929.
Esta expansión fabril, que reemplazaba compras en el exterior, se pagó
con los tres primeros meses de producción.
Moscóni se preocupó por la consolidación técnica de YPF, incorporando
profesionales de la facultad de ingeniería de Buenos Aires y de otros
programas de formación a distintos niveles. Su interés exhibe el primer
intento de forjar una gerencia tecnocrática en el país, cuyos resultados
se vieron con el constante crecimiento de la empresa durante esos años y
la disminución de sus costos.
Los militares como Mosconi, Uriburu, Justo y otros, vieron la necesidad
del desarrollo fabril después de la guerra, tanto para el desarrollo de
armamentos como de otro tipo de productos.
Eligieron a la provincia de Córdoba como posición geográfica de la
industria militar. El 1927 se creó la Fábrica Militar de Aviones. En
1937 se crea la fábrica de pólvora y explosivos en Villa María (10).
Esto denota la burocracia reinante, dado el tiempo transcurrido entre
cada emprendimiento. Nuestra clase de uniforme no parecía más avanzada
en esos aspectos que los civiles.
Otros desarrollos destacables de esta época son los siguientes:
Quilmes comienza a desarrollar el cultivo de cebada (antes se
importaba), e instala la primer maltería.
Se expandió la producción de algodón de 13.000 hectáreas a 100.000 en 7
años, logrando el autoabastecimiento.
Alpargatas instaló una hilandería de algodón en 1922. Esta planta se
amplió en 1930 y en 1935, denotando el crecimiento del mercado.
La expansión fabril obligó la salida temprana al exterior de varias
empresas que resultaban demasiado grandes para las dimensiones del
mercado local. Se comenzaron a registrar inversiones de firmas
argentinas en países vecinos para conquistar esos mercados. Los casos
mas resonantes fueron: Bunge y Born, SIAM y Alpargatas.
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