EVOLUCIÓN DE LA INDUSTRIA NACIONAL ARGENTINA

Autor: Lic. Pablo Peyrú

Comercio internacional

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02-2004

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3.2. Balance a fin del periodo (11)

Bunge se quejaba de que la Argentina seguía comprando bienes alimenticios en el exterior como huevos frescos, yerba, tabaco, arroz y otros, los cuales se podían producir en el país.

A comienzos de la década del 30, los tranvías de San Pablo portaban un cartel afirmando que la ciudad era “el mayor centro industrial de América Latina”. Era una exageración pero anticipaba la realidad. La industria porteña era mas poderosa y estaba basada en empresas muy grandes. A fines de la década del 20 hasta la industria cervecera Argentina era mayor a la Brasilera. El consumo local compensaba con creces las diferencias de población. Buenos Aires era todavía el mayor centro fabril del continente. La masiva presencia de fábricas no las convirtió en parteras de un nuevo orden industrial; ellas se acomodaron a la rutina de la riqueza fácil en el mercado interno.

 
4. 1940-1953. POSGUERRA: REALIDADES DEL MERCADO EXTERNO 
 

Una de las consecuencias más sorprendentes de la Segunda Guerra fue la expansión vertiginosa de las exportaciones industriales Argentinas. Las ventas pasaron del 5% en 1940 al 19% al 1945. Se destacaron las ramas textiles, químicas y alimenticias.  

La salida fabril al exterior permitía ampliar la escala productiva y las dimensiones económicas de la producción, en un proceso que fue efímero. En cuanto terminó la guerra, esos mercados se perdieron. Parte de esto fue culpa del propio gobierno argentino que prohibió algunas exportaciones por temor a que se desatendiera el mercado interno y otra cuota de responsabilidad fue de los industriales que se encontraban mas cómodos en el protegido mercado local. Lo cierto es que la industria se replegó sin reclamos, como si no hubiese tenido confianza en su potencial competitivo ni en el posible apoyo oficial.

4.1. El enfrentamiento con los Estados Unidos (13)

La presión de Washington por incorporar al país a la guerra contra el eje, conflictos de intereses en temas de comercio e inversión, los problemas cruzados con Gran Bretaña y ciertas posiciones antinorteamericanas en Argentina, generaron un choque cuya intensidad fue en aumento durante el período.

Washington prohibió el envío de diversos productos a Argentina: equipos de extracción petrolera (afectó a YPF y la producción local), locomotoras, artículos de acero, armas, combustibles y otros.

Preocupados por el surgimiento de una potencia no confiable en el continente, decidieron que era esencial no permitir la expansión de una industria pesada Argentina.

El costo que los Estados Unidos hicieron pagar a la Argentina por este conflicto resulta difícil de precisar a pesar de su magnitud. El país se vio obligado a producir en las peores condiciones de contexto, falto de energía, de insumos básicos y de equipos modernos.

4.2. La apuesta a Gran Bretaña (14)

Ante la inconvertibilidad de la libra luego de la posguerra, Argentina está obligada a comprar los bienes británicos en el país, como es el caso de los ferrocarriles. Luego de proceder con esta compra, se aceptó comprar rieles y equipos ferroviarios británicos en una magnitud que represento uno de los mayores contratos firmados por esa rama de la industria inglesa luego de la guerra.

La apuesta a Gran Bretaña se refleja en los sucesivos contratos firmados en 1947 y 1949 para regular el comercio bilateral; Argentina lograba con ellos una cuota para la carne a cambio de comprar bienes británicos.

Estas relaciones básicas, que continuaban las líneas trazadas desde fines del siglo pasado en el mismo sentido, tuvieron efectos sobre las decisiones tomadas por las instituciones oficiales. Por esa vía, de modo directo o no siempre tan directo, influyeron sobre el sendero que recorrió entonces la industria local.

4.3. Las instituciones de la posguerra (15)

En 1944 se creó el Banco de Crédito Industrial para otorgar créditos de mediano y largo plazo al sector fabril. La institución se organizó muy rápido: en un par de años llegó a contar con 2000 empleados, de los cuales 200 eran profesionales universitarios que ensayaron darle un carácter técnico y de promoción que excediera el mero aspecto financiero. Los 2500 créditos otorgados en su primer año de vida saltaron a más de 50000 en 1954. Mediante este banco se apoyó el crecimiento de ACINDAR, Siderca y VASALLI.

Interferencias políticas obligaron al Banco a conceder créditos a empresas tradicionales, por razones de coyuntura, y con escasa o nula relación con proyectos de inversión, como el caso de frigoríficos, ingenios azucareros y procesadoras de quebracho. Las demandas desde otros ámbitos del gobierno tendieron a desnaturalizar la función del banco y con el tiempo tuvo que demandar ayuda financiera al Banco Central, con lo cual perdió su independencia.

En 1946 se crea el Instituto Argentino para la promoción del Intercambio (IAPI), para manejar buena parte del comercio exterior nacional. Vendía carne y cereales y compraba diversos materiales en el extranjero. La amplitud de esos objetivos, mezclada con interferencias políticas, prácticas de intercambio bilateral y presiones de grupos de interés, llevó a resultados poco felices en el largo plazo. La ubicación de este por sobre las demandas de las empresas públicas o privadas, lo llevó a decidir importaciones muy costosas e ineficientes. Subsidió a molinos harineros, refinerías de aceites y plantas de quebracho que eran sectores envejecidos y tradicionales, como así también a aumentos de sueldos en los ferrocarriles, en vez de abocarse a proveer de equipos a la primer planta siderúrgica Argentina (SOMISA).

En el año 1956 se creó el INTI y el INTA para apoyar el área industrial y el área agropecuaria, y la Comisión Nacional de Energía Atómica que se convirtió en uno de los organismos más activos en la evolución técnica de la industria Argentina del sesenta y setenta.

4.4. Las nuevas empresas estatales (16)

Junto con la compra de los ferrocarriles también se produce la adquisición de teléfonos, puertos, electricidad y otros servicios.

El Estado crea la DINIE (Dirección Nacional de Industrias del Estado), una especie de holding público que tomó a cargo todas las filiales alemanas confiscadas luego de la guerra. Bajo su control había empresas constructoras, plantas eléctricas o mecánicas y laboratorios farmacéuticos. La heterogeneidad de ese grupo pudo haber sido un factor de fuerza si su dirección hubiera intentado coordinarlo en ese sentido, pero esa tarea ni siquiera fue encarada. Al menos la tercera parte de las inversiones efectuados por el grupo en su década de actividad resultaron inútiles debido a su interferencia con otros intereses. Estas empresas fueron devueltas a los alemanes a partir del año 1953.

En las empresas creadas por el estado figuran: Gas del Estado, Techint y Agua y Energía.

Fabricaciones Militares desarrolló las fábricas que había comenzado a instalar durante la guerra e inició una serie de empresas mixtas en diversos ramos. Encaminó la exploración de los recursos mineros y del territorio argentino.
En las empresas creadas figuran Atanor (química), Somisa (planta siderúrgica integrada), industria petroquímica en Zárate y la remodelación de la antigua fábrica de aviones de Córdoba.

4.5. Empresas privadas

SIAM fue uno de los casos más notables de expansión durante gran parte del período debido a su posición en el mercado de bienes de consumo durables, que demandaba con avidez la sociedad local. Su capacidad fabril le permitió iniciar en 1948 la producción de heladeras a un ritmo de 11000 anuales, para alcanzar las 70000 unidades diez años más tarde. En lo que respecta a lavarropas pasó de 2000 unidades año a 38000 unidades en 1958. En 1952 lanzó la producción de motonetas, que despertó una enorme demanda latente por este artículo. De esta forma comenzó fabricando el 20% de la motoneta en el país e importando el 80% restante, a la espera de instalar el resto del equipo y maquinaria necesario.

El nudo del problema en aquellos años era que el país no poseía una industria básica para proveer equipos de producción e insumos a la industria local, lo que originó el quebranto de muchas empresas a lo largo de los años.

Los frigoríficos americanos y británicos fueron quebrando, así que casi la totalidad de las plantas fue nucleada por la CAP, asumiendo sus costos, hasta que dejaron de funcionar. El avance de nuevos frigoríficos de capital local, mas modernos y de menores costos, reflejó la pérdida de competitividad de aquellos en un mercado donde la demanda local había adquirido el predominio sobre los envíos al exterior.

A partir de 1948 las liquidaciones, quiebras y cierres de plantas de distintos rubros tradicionales se hicieron frecuentes.

4.6. Censo Industrial de 1954

El censo industrial de 1954 arroja un total de un millón de trabajadores en el sector, equivalente a un 10% por encima de lo registrado en 1946. Las empresas han culminado ya el proceso de absorción simple de la mano de obra y están a la espera de crecer sobre la base de incorporar máquinas que no pueden obtener por la carencia de divisas. El valor agregado por la industria se mantenía prácticamente estancado desde 1948. La potencia instalada aumentó un 50% respecto del censo de 1946.

La composición por ramas destaca algunos cambios ocurridos. Metales, vehículos y máquinas aumentó su participación en el producto fabril del 13.3% en 1946 al 20%, mientras que la actividad textil se mantuvo en los niveles previos y se nota una leve caída en alimentos, bebidas y tabacos (del 32% al 29.9% del total).

El censo informa la existencia de 151.000 establecimientos fabriles, pero la información es engañosa dado que muchos de ellos (73.000) no disponen de operarios. La concentración de la producción continúa muy elevada tanto por la presencia de plantas antiguas como por el ingreso de plantas grandes en el período intercensal: 322 plantas fabriles disponen de la cuarta parte del total de obreros y otras 1.433 de un cuarto adicional.

La concentración geográfica continúa, puesto que la ciudad de Buenos Aires aporta el 64% de la producción fabril del país. Por otro lado se ve que varias provincias siguen sin tener establecimientos de importancia: Catamarca, La Rioja, Chubut y Río Negro no registran ninguno que opere con más de 10 millones de pesos de la época.
 

Producto Bruto por sectores económicos  
 


5. 1953-1968. LA APUESTA EUFORICA AL CAPITAL EXTRANJERO (17)  


A comienzos de la década del cincuenta se replanteó el proceso industrial. La producción no crecía por la falta de máquinas y el país no generaba las divisas necesarias para comprarlas, agravándose aún más la situación por la falta de crédito externo. Se pensó entonces en fomentar el ingreso de empresas transnacionales que estuvieran dispuestas a aportar equipos bajo la forma de inversiones directas y en sectores todavía no explotados. (18)  

Se firmó entonces en 1953 la ley 14122 que trataba de regular los flujos de fondos esperados y de otorgar garantías jurídicas a sus propietarios; su principal objetivo era atraer empresas a la producción metal mecánica en Córdoba en asociación con la Fábrica Militar de Aviones. Se logró la privatización de la fábrica de tractores que la FMA estaba instalando en ese momento, quedando a cargo de la Fiat, antigua proveedora de la FMA y llamada Fiat Concord. También en Córdoba se instaló una fábrica de automóviles denominada IKA. Ambas empresas obtuvieron créditos generosos de parte del Banco Industrial, garantías de reserva del mercado interno e instalaciones, equipos y personal calificado, logrando así beneficios desde el primer año de actividad. Estos fueron los mayores frutos de expansión fabril asociada con el capital externo, creando el primer y mayor polo metal mecánico del país.  

La tendencia al capital extranjero cambió en 1958, con un nuevo gobierno, hacia la producción petrolera y a la expansión de las ramas metal mecánica y química. Se firmaron entonces una serie de decretos y se votaron dos leyes a pedido del ejecutivo, una de inversiones extranjeras y otra destinada a promover la industria local. La primera fue aplicada de inmediato, firmándose una serie de decretos y aprobándose una cantidad de proyectos que no hubieran podido pasar un mínimo tamiz tanto en la rama automotriz como en la producción de tractores, dejando que el mercado resolviera el problema de saturación del mismo y seleccionara las empresas más aptas.  

El resultado del régimen fue explosivo, la producción automotriz (la real más el montaje de piezas) pasó de 33000 unidades aportadas por IKA en 1959 a 200000 en 1965, superando las expectativas más amplias sobre su evolución. La decantación llevó a que sobrevivieran las tres empresas grandes de los Estados Unidos y las mayores europeas, IKA pasó a manos de Renault y SIAM, luego de su exitoso ingreso inicial y siendo la única empresa local que había encarado un programa fabril (con licencia de la inglesa Morris) decidió retirarse, pasando su planta de armado de mano en mano en los años siguientes como parte de los tanteos de las transnacionales radicadas en el país.  

Lo mismo sucedió con la producción de tractores, en la que cuatro empresas se repartieron una vez instaladas un mercado de 12000 unidades anuales.  

La petroquímica se concentró en unos pocos proyectos basados en diversas ventajas ofrecidas por el sector público y en especial por precios bajos de los insumos que utilizaban, provistos por empresas estatales; surgieron así PASA y Duperial en la provincia de Santa Fe, Indupa en Cinco Saltos e Ipako en el gran Buenos Aires.

La expansión de esta etapa tendía a satisfacer una demanda latente que llegaba rápidamente a la saturación. A partir de allí la oferta se esos bienes se estancaba, limitada por el lento aumento del consumo y la gradual reposición del stock en uso. En 1957 se alcanzó la máxima producción de estufas y lavarropas; en 1959, la de máquinas de coser; en 1960 la de bicicletas y motonetas; en 1961, la de receptores de televisión y en 1965 tendió a estabilizarse la de automóviles. (19)

5.1. El apoyo al capital nacional  


Tres años más tarde, en 1961, el gobierno comenzó a firmar los primeros decretos necesarios para promover el capital local. A medida que se consolidó el sistema de protección y promoción, un grupo de empresas locales asumió el desafío de expandirse, en especial en las ramas fabriles modernas, que disponían de un mercado ávido para sus productos, como tubos de acero, máquinas herramientas, maquinaria agrícola, autopartistas, electrónica, y química fina y farmacia, nacidas a partir del avance de la química básica.

Las ramas del papel, la celulosa y la química también mantuvieron el interés del Estado, debido a que sus productos podían reemplazar importaciones. Estas nuevas camadas necesitaban, y crearon, organismos gremiales para representarlas y defender sus intereses. Exitosas en el plano sectorial, necesitaban una acción global y política para defender sus intereses en el mediano plazo, acción que debían llevar a cabo en el ámbito de los partidos, de la difusión de ideas y de las grandes organizaciones empresarias. Una red informal de cámaras, grupos de estudio y organismos públicos y privados, comenzó a tejer la ideología del desarrollo industrial en la Argentina.

5.2. Las ramas tradicionales

Las ramas antiguas contaban con una caída contínua en la ocupación del mercado y sin ningún apoyo por parte del gobierno. Tanto ingenios azucareros y grandes frigoríficos, cerveceras, numerosas textiles y hasta las primeras plantas metalúrgicas habían llegado a un punto crítico, debido a la entrada de nuevas empresas locales más pequeñas y eficientes que ganaban mercado interno, a la antigüedad de sus equipos físicos y al atraso técnico de sus directivos y gerentes.

Sus propietarios optaron entonces por extraer el máximo posible de beneficios líquidos, antes de dejar la planta hipotecada a sus acreedores o en manos del Estado, que adoptó el rol de “hospital de empresas” para evitar los problemas de empleo. Otras empresas víctimas del llamado “vaciamiento”, porque sus dueños dejaban sólo el cascarón, fueron establecimientos gráficos y la SIAM, que alguna vez fue la mayor empresa metalmecánica de América Latina.

El Estado mostró notable incapacidad para manejarlas debido a la gran heterogeneidad y no realizó inversiones ni encaró mejoras productivas en ellas; luego fueron vendidas a manos privadas pero su deterioro era tal que no servían para sus fines originales o requerían inversiones de enorme magnitud para recuperar sus posiciones.

La siderurgia tuvo graves y continuos conflictos internos de intereses que impidieron el progreso de la rama, Somisa inauguró su primer horno cuando la demanda local superaba a la oferta, y la creación del segundo demandó trece años hasta su puesta en marcha en 1974. La falta de materia prima impulsó la exploración de mineral de hierro y los contratos de aprovisionamiento en el exterior que provocaron preocupaciones en el ámbito militar sobre la posible pérdida del control nacional de la actividad. Sus acciones se tradujeron en la prohibición de vender la Fábrica Militar de Aviones, lo que impidió a ACINDAR seguir adelante con sus proyectos de asociación con compañías siderúrgicas de Estados Unidos, que se repitieron en la década del cincuenta y sesenta.

Se comenzó a utilizar chatarra como materia prima, lo que llevó a algunos empresarios a ver a los ferrocarriles como una fuente de recursos para fundir en sus hornos y ya no como una estructura en el desarrollo nacional. Se realizó entonces el primer cierre masivo de ramales en 1961, decidido por Acevedo (propietario de ACINDAR), desde el cargo de ministro de Obras Públicas de Frondizi (con el claro objetivo de controlar el déficit de las empresas siderúrgicas y abastecer de chatarra a las mismas). La manera de impulsar las inversiones para el desarrollo no surgía como un problema en esa perspectiva. 

Esta decisión fue argumentada por la esperanza de que el complejo automotor reemplazara al ferroviario en la provisión de servicios de transporte, motorizando proyectos para impulsar la oferta local de vehículos y otras ramas relacionadas al complejo (como petróleo, asfalto, cemento, construcción vial), pero no resultó menos exigente en términos de inversiones públicas y subsidios cruzados que el impulso a los ferrocarriles. Las dificultades técnicas y económicas llevaron a que esa opción fuera abandonada a mitad de camino.

5.3. La UIA y otras instituciones  


En este periodo la UIA ignoró el progreso que representaba la lógica productiva, hecho demostrado por la actitud de sus dos presidentes entre 1961 y 1974. Uno optó por vender las acciones de su empresa de cigarrillos a una transnacional; el otro dejó ir la suya a la quiebra. En ambos casos, la entidad fabril disimuló esa situación con el objeto de retenerlos en la conducción, pese a que habían dejado de ser patrones industriales.

Tanto la CEPAL como los Planes Quinquenales de los sucesivos gobiernos centraron su atención en los problemas macroeconómicos, fijando metas de difícil concreción debido a la falta de un plan que ayudara a lograrlos.

Se crearon varias instituciones como la CGE; compuesta por diversas instituciones de pequeños empresarios para actuar como órgano ideológico del desarrollo fabril en lo económico y del pacto social en lo político. Esta publicó un “Programa Conjunto para el Desarrollo Industrial”, junto con el consejo Federal de Inversiones (CFI) EN 1963. El informe destaca los problemas de baja productividad, capacidad ociosa y carencia de ciertas ramas y propone vías para el desarrollo industrial, tanto en términos de protección de mercado interno como de formación de empresarios y apoyo para la creación tecnológica; destaca también que debe incluirse en el estancamiento del país de los últimos años la actitud de sectores del empresariado, reacio a los cambios, a los riesgos de innovación y al esfuerzo por iniciar la modificación de sistemas que por mucho tiempo han regido la vida de esas empresas. (20)

Nacieron también varias asociaciones de ingenieros, el Centro de Productividad de la Argentina, institutos de estudios técnicos en las universidades, escuelas de gerentes y el IDEA (Instituto para el Desarrollo de Ejecutivos en la Argentina).

5.4. Los resultados del periodo  


El crecimiento industrial tomó impulso a partir de 1953, se aceleró desde 1958 y continuó su marcha hasta 1974 a un ritmo del orden del 6% anual en promedio durante esas dos décadas. Entre 1954 y 1974 el conjunto de las ramas metal mecánicas pasó de aportar el 25% del valor agregado por la industria al 33%; la química en todas sus facetas pasó del 13% al 19%, sugiriendo que el sistema industrial posterior a 1954 refleja una época tecnológica diferente de la del periodo anterior.

La productividad media de ramas como maquinaria y material de transporte creció a un ritmo superior al 10% anual en el periodo entre censos 1964/74, comparada con apenas 1% para alimentos y menos de 3% para calzados.
La crisis que se originó en la balanza de pagos en 1962 permitió descubrir a las empresas fabriles más modernas que la exportación podía ofrecer una salida a sus excedentes. Las exportaciones de dichas ramas pasaron de cifras insignificantes en 1960 a 170 millones de dólares en 1969 y en 1974 pasaron a 840 millones de dólares, representando casi la tercera parte de las ventas al exterior. (21)

El eje industrial argentino se trasladó de la capital; cuya participación cayó del 64% al 58% entre 1954/64, hacia las provincias de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires (sin contar el conurbano); que crecieron del 4% al 6%, del 7% al 9% y del 10% al 13% respectivamente. Lo mismo sucedió en los años siguientes (hasta el censo de 1974) aunque con menor energía.
Los establecimientos de más de cien obreros (que abarcan a mediados y grandes) suben de 1341 a 1645 entre 1954 y 1964, para saltar a 2313 en 1974.

Puede estimarse que alrededor del 40% de los nuevos son filiales de empresas transnacionales que ocupan su lugar en la actividad fabril; el resto de los que ingresan pertenecen a empresas de capital nacional, concentradas en las ramas más modernas y formando una clase media fabril.

La mano de obra fue pasando desde el antiguo predominio de los trabajadores menos calificados a una estructura donde comenzaban a pesar más los técnicos y el personal especializado. Sin embargo, la industria dejó de ser generadora apreciable de empleo a partir de mediados de la década del sesenta.

Los grandes sindicatos como el de la carne fueron perdiendo vigor y dando paso a otros como el sindicato metalúrgico y otros que representaban a las ramas fabriles más modernas. El centro de la acción sindical pasó poco a poco de Avellaneda y Berisso al eje estratégico del Paraná, de allí llegó hasta la ciudad de Córdoba, donde encontraría su expresión más impactante en 1969.

 
6. 1968: LA APUESTA SILENCIOSA AL CAPITAL LOCAL (22)  


La luna de miel con el capital extranjero duro menos de diez años desde el ensayo de 1958. Los balances sobre sus efectos daban resultados menos positivos que las prometedoras esperanzas de la década anterior. El capital y la empresa extranjera no eran los motores del desarrollo, como se llevo a pensar; por otra parte, ya amenazaban la supervivencia misma de una industria propiedad de empresarios locales.  

6.1. Resultado de la apuesta a las empresas transnacionales  

El primer elemento decisivo era su efecto sobre el balance de pagos, dado que al aliviar ese déficit fue unas de las primeras razones para atraer las transnacionales. Ese aporte de capital en forma de divisas, que el país no encontraba como obtener de otro modo, era una razón decisiva de la orientación hacia ellas cuya importancia comenzó a ponerse en duda no bien llegaron. Primero se advirtió que las transnacionales no estaban dispuestas a correr riesgos y trajeron el mínimo capital posible. La mayoría aplicó la estrategia de dividir su aporte en dos partes: una menor, de inversión directa ( registrada a los efectos locales como una inversión a largo plazo), y otra, decisiva, formada por un crédito que la matriz le extendía a la filial local.

El ingreso positivo de divisas al país, termino no bien culminaron las primeras instalaciones masivas de esas empresas. El flujo de inversión directa apenas fue positivo los primeros años del fenómeno y se hizo negativo desde mediados de la década del 60 porque las salidas de beneficios eran mayores que las que las nuevas entradas de capital externo.
La única manera de obtener un balance positivo de divisas en esas condiciones residía en la continuidad de la inversión directa de las trasnacionales, cuyo aporte compensara la salida de las anteriores; el sistema funcionaba como una bicicleta que se mantiene en pie mientras se la pedalea.

La masa de créditos que acompaño a las inversiones de las trasnacionales ofreció un respiro a los problemas de la balanza de pagos, tan breve como engañoso; muy pronto el país se vio afectado por la necesidad de pagarlos. A la amortización de los créditos se le sumaba el pago de intereses, cuyo monto equivalía por sí solo, a las remesas de beneficios de las transnacionales instaladas en la Argentina. Por otra parte, la mitad de los fondos comprometidos pagaba el uso de marcas con fines comerciales en lugar de conocimientos técnicos.

Los contratos imponían la obligación para el concesionario de comprar ciertos insumos al exterior. Además prohibían exportar desde la filial, dado que la matriz se reservaba la atención del mercado mundial. Estas solo querían incorporarse a una estrategia de ventas en el mercado local (la famosa industrialización sustitutiva de importaciones) que conspiraba contra una estrategia de desarrollo hacia fuera, en consecuencia ese rumbo llevaba a la crisis de la balanza de pagos por que el sistema no producía divisas necesarias para pagar los servicios del capital extranjero, que había sido llamado, precisamente, para resolver los problemas derivados de la escasez de divisas. (23)

6.2. Resultados técnico-productivos

Dadas las condiciones de estancamiento productivo y obsolescencia de los equipos industriales de la Argentina en el momento del arribo masivo de las empresas transnacionales, toda incorporación de maquinas y técnicas aparecía como un progreso respecto de lo existente. El cambio de los sistemas productivos, el salto en la productividad, las demandas de personal calificado y otros procesos de ese carácter, marcaron las nuevas condiciones que se instalaban en la industria local. Esta nueva era, sin embargo mostró sus limitaciones.

El diseño de las plantas que se instalaban en el país era un híbrido diferente del original, cuya eficiencia técnica y económica quedaba muy lejos del óptimo internacional.

El ingreso de varias empresas en cada rama, generaba una elevada capacidad ociosa que era otro factor de distorsión de los costos productivos y de exceso de inversión en la economía. La escasa competencia permitía a las empresas mantener esa capacidad ociosa como colchón que les facilitaba aumentar la producción cuando el ciclo económico lo demandaba sin recurrir a inversiones adicionales.

La incorporación de equipos no siempre adecuados se vio acompañada por el ingreso de muchos que eran obsoletos. La utilización de esos equipos ofrecía ventajas a las transnacionales pues podían registrarlos como una inversión a un valor muy superior al mercado ( en realidad cercano a cero), convertidos así en una fuente de beneficios adicionales.

La actividad técnica en esas plantas se limitaba a la búsqueda del cambio adaptativo, por eso una vez que impactaron sobre el mercado local, esas filiales tendieron a acomodarse a la demanda sin presentar actitudes dinámicas y expansivas que solo las exigencias oficiales o la presión de la competencia podría crear.

Esa tarea adaptativa, objeto de numerosos estudios, requería muchas veces un esfuerzo enorme sólo para sostener las condiciones del atraso fabril y no se limitaba a las filiales de las trasnacionales.

6.3. Balance Global 

La parte decisiva de la inversión externa en la industria Argentina en esos años se originó en las mayores trasnacionales del mundo, solo un monto menor provenía de empresas de tamaño mediano en el mercado internacional.

En 1956, las 100 mayores empresas del país incluían 22 extranjeras. En pocos años estas últimas cubrieron la mitad de ese universo debido a la irrupción de las nuevas trasnacionales. Hacia fines de la década del sesenta, su presencia se redujo levemente debido a la estatización, o quiebra, de los antiguos frigoríficos. Aun así, el capital extranjero era decisivo en el ámbito local: las filiales de las trasnacionales aportaban poco mas del 30 % del producto fabril, versus el 18 % que tenían a mediados de la década del cincuenta. (24)

La expansión de las trasnacionales ocurrió muy rápido, gracias a la acumulación de beneficios, sin demasiada necesidad de traer divisas del exterior. En ese camino, comenzaron a expandirse mediante la compra de las empresas locales. Así comenzó la revisión del proceso.

La Argentina había apelado al capital extranjero tomando, sin mucha conciencia, las propuestas de protección a dichas actividades que proponían los propios Estados Unidos. El país tardo mucho tiempo en darse cuenta, hasta que aparecieron nuevas orientaciones políticas que pueden resumirse en tres grandes líneas: la negociación con las trasnacionales instaladas en el país para obtener ciertos resultados, la reorientación de enlaces económicos hacia Europa ( para reducir la presión objetiva de los Estados Unidos) y el apoyo a la creación o el fortalecimiento de una gran industria local.

6.4. La renegociación con las empresas trasnacionales

Los acuerdos y las reglas emitidas buscaron lograr que aumentara su porcentaje de producción local (para impulsar la industria y reducir las importaciones), que se decidieran a exportar (para aumentar su escala productiva y modificar la estructura del comercio exterior) y que cambiaran sus relaciones con los proveedores y otros agentes locales (en los casos en que éstos mostraban relaciones subordinadas debido al poder económico objetivo de las filiales en el país). El caso automotor constituye el ejemplo más relevante.

En 1973 ensayo las políticas de promoción de exportaciones industriales como parte de una estrategia de crecimiento. En ese entonces se firmaron acuerdos de comercio con diversos países a los que la Argentina ofrecía financiación para colocar sus productos. El Banco Central les pagaba (en pesos) a los exportadores locales y les vendía a créditos (en dólares) a los compradores externos.

El envío de manufacturas tomó auge a partir de esas medidas que no confiaban en la espontaneidad del proceso. El mayor de esos acuerdos se firmó con Cuba, un mercado ávido para la oferta fabril Argentina.

Las exportaciones no crecieron tanto como se esperaba. La demanda local absorbió toda la producción de las plantas, que alcanzaron el máximo de su capacidad hacia 1974. El bienio 1973-74 marcó la máxima producción histórica del sector, que no recuperó ese nivel de actividad hasta que pasaron dos décadas excepto un fugaz momento de auge en 1980.
La crisis de 1975 provocó el derrumbe del mercado y freno la parte sustancial de esas exportaciones, solo quedo un flujo reducido de ventas al exterior como remanente inercial de esa experiencia, que tendía a diluirse pese a la capacidad ociosa de las plantas.

En medio de la crisis de 1975, el gobierno firmo un nuevo acuerdo con las terminales en el que éstas prometían postergar la remesa de ganancias al exterior y gestionar ciertos créditos para aliviar la comprometida situación de la balanza de pagos, a cambio de que se eliminara el control de cambio y la regulación de sus precios en el mercado local.
La ley estableció el porcentaje máximo que se podía pagar y obligo a registrar los contratos en un registro especial cuyo armado permitió los supuestos previos. De ese modo se pudo regular en alguna medida la carga que pesaba sobre el balance de pago de la Argentina.

6.5. La reubicación internacional del país

Luego de más de un siglo de dependencia de Gran Bretaña, el fiel de la balanza se volcaba hacia los Estados Unidos. La relación con esa metrópoli les preocupaba tanto como los temas referidos al accionar de las transnacionales de ese origen. La revisión del proceso llevó, ya desde mediados de la década del sesenta, a imaginar la posibilidad de una nueva vuelta de tuerca hacia renovadas relaciones con Europa; el despertar económico de esa región, asimilable a una Gran Bretaña ampliada, hacia soñar a muchos miembros de la elite tradicional con la vuelta al viejo modelo de exportar carne y cereales a cambio de los bienes fabriles deseados.

La única manera como puede asegurar su independencia en medio de ese proceso es diversificando las fuentes de su dependencia. Es la fuerza de los débiles; no estar ligados a un solo señor. (25)
En 1973 Perón hizo una sociedad con Italia, donde logro radicar mas de treinta empresas de este origen en el país.

6.6. La creación de nuevas empresas

El gobierno Argentino comenzó a pensar también en la creación de nuevas empresas. No se trataba de impulsar las existencias sino de crear nuevas en los campos donde se notaba la necesidad de tener producción local. El área elegida fue la de insumos básicos. Hierro primario y acero, aluminio, petroquímica, celulosa, papel para diario, etc. Cada una de las plantas para producir esos bienes debía contar una talla elevada para ser eficiente, tecnologías maduras, elevado monto de inversión, etc.; todos esos aspectos podían ser resultados a partir de la experiencia acumulada con el ingreso de las transnacionales y la nueva situación en el mercado mundial.

La dimensión de cada planta podía fijarse buscando un acuerdo entre los requisitos técnicos y el objeto de mayor eficiencia, las posibilidades del mercado interno y las demandas de los empresarios interesados (cuando los había). Los equipos y la tecnología ya no presentaban el carácter mítico del periodo anterior; se verifico que estaban disponibles en el mercado mundial, ofrecidos por sus productores o por consultoras especializadas. Las divisas necesarias para su compra se podían obtener vía créditos externos, que en esa época ya otorgaban los proveedores de equipos o los organismos de promoción a la exportación de las naciones que lo producían. El banco Industrial, rebautizado en esa época con el nombre más pretencioso de “Banco Nacional de Desarrollo” (BND), podía aportar el resto de los fondos necesarios. Esas condiciones permitían asegurar la presencia de empresarios locales, cuyo aporte real en las primeras etapas de cada proyecto sería muy bajo. El Estado aportaba todo lo necesario para forjar empresas grandes desde la nada.

Cada una de esas decisiones se tramito en relativo secreto, fue postergada y corregida a lo largo de plazos prolongados, se llevo a cabo en medio de enormes pujas de intereses creados y conflictos políticos y exigió el arbitraje de las más altas instancias del gobierno para su resolución. La dimensión económica y social de esos proyectos, la cantidad de dinero en juego, los intereses que podían ser beneficiados o afectados, explican esa situación que todavía hoy mantiene teniendo un velo de misterio sobre buena parte de sus facetas. Varios de esos proyectos generaron un voluminoso caudal de críticas y denuncias que sirvió para conocer detalles claves, pero muchas veces las anécdotas dificultaron comprender la tendencia general del proceso.

6.7. Un esfuerzo gigante 

No es posible saber cuánto costaron esos proyectos. El sector publico no contabiliza los subsidios que otorgaba y no es fácil calcular los indirectos (que van desde los créditos a tasas negativas hasta las obras de infraestructura realizadas para consolidar el proceso). Por otra parte, los sobrecostos que se originaron, subproducto de los conflictos políticos y de la relativa incapacidad de gestión de algunos grupos favorecidos, aportan elementos de confusión en los resultados. Se estima que los subsidios de todo tipo representaron entre el 80 % y el 100 % de la inversión real en los proyectos.

La Ley 21.608, dictada en 1977 para regular (y restringir) la política de promoción, estableció que los empresarios que quisieran acceder a sus beneficios debían realizar un aporte de capital “genuino” equivalente al menos del 5 % de la inversión total. Esa regla, basada en la experiencia de las anteriores, señala la conciencia del problema y un mínimo de control; los costos casos aprobados durante su vigencia sugieren también que esa exigencia fue una de las restricciones que redujo el interés empresario por acogerse a sus normas.

Las inversiones eran grandes y las apuestas difíciles pero realizables. Los presuntos escollos de divisas, capital y tecnología fueron superados con más facilidad que las trabas de orden político y las presiones de los posibles perdedores. El país no solo instalo un conjunto de industrias básicas sino que logro otros objetivos. Uno fue lograr ciertas economías de escala y cierto grado de eficiencia que modifico el contexto productivo; las nuevas plantas aportan su oferta en el mercado interno y son hoy las mayores exportadoras de bienes industriales. Otro fue esparcir las plantas en distintas zonas, evitando su concentración en Bs. As. Un tercero fue la consolidación de un grupo de propietarios locales de fábricas contra la difundida impresión, a mediados de la década del sesenta, de que sólo había posibilidades para las empresas transnacionales o las estatales.

En el pasivo se registran otros elementos, la enorme morosidad de gran parte de los proyectos impuso costos y dificultades que afronto la economía nacional.

No pudieron convertirse en núcleos de diseminación de la lógica productiva sobre otros eslabones de la cadena fabril. Cubrieron los castillos vacíos, pero ahí termino el juego.

El caos político, los conflictos de todo tipo y los intereses en pugna, llevaron a que los resultados no fueran los imaginados. Los proyectos cambiaron en el camino, igual que los propietarios, y se encontraron con un mercado diferente en el momento de comenzar a operar. Aun así, parece claro que sus efectos podrían haber resultado muy distintos si esa política hubiera continuado. No fue así; el gran cataclismo que acompaño el golpe de estado militar de 1976 fue seguido por un gran cambio de orientación que terminó con el régimen productivo anterior

6.8. Las Actitudes Empresariales

Pocos periodos como este en la historia Argentina exhiben del modo más desnudo el distanciamiento de los mayores representantes empresarios de la concepción y gestión de las políticas industriales llevadas a cabo. Hubo algunos que la apoyaron, y otros que la aceptaron, pero en general se observa que esa lógica surgió mas de funcionarios, técnicos y militares que de los empresarios. Los numerosos estudios sociológicos de la época en busca de esos empresarios industriales que se suponía responsables del cambio histórico no imaginaron que el problema era crear esos empresarios.
Ese alguien no fue un partido político ni un equipo sino un conjunto difuso de técnicos, funcionarios, políticos y militares que se sumaban a una causa que consideraban ligada al desarrollo nacional.

 

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Lic. Pablo Peyrú

 Lic. Roberto Verna Etcheber

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