Todos los días estamos sometidos a estímulos internos y externos que inciden en nuestra conducta, comportamiento, generando situaciones en donde está en juego nuestra armonía, que de no sabérsele manejar, pueden dar resultados negativos, afectándonos síquica y físicamente, en muchos casos utilizando una carga de energía significativa para recuperar nuestro equilibrio.
Iván Darío Quintero, nos invita a reflexionar, que el ser humano ha perdido su ruta… ¿o es que nunca la ha tenido?, a ello agregamos, le ha originado desarmonía, inestabilidad en sus emociones. No cabe la menor duda, que la creciente ola materialista que subyuga al mundo nos ha alejado del conocimiento de lo espiritual, ligándonos a la materia, creyendo que lo único verdaderamente importante es la vida trivial que diariamente llevamos, ir en conquista de lo material, origina en muchos desarmonía.
Algún filósofo decía que lo más importante es lo que no vemos, a lo que le replicaba el materialista que lo más importante es lo que vemos; pero el filósofo le respondió:
—¿Has visto un pensamiento?¿Alguien ha pesado el amor?
—“Es la fuerza de la emoción la que nos impulsa a actuar; es el poder de
la imaginación lo que promueve los descubrimientos científicos y el
avance de la ciencia, y es el sentido fraternal del amor lo que mueve al
filántropo a ayudar a los que sufren. Por eso lo más importante es lo
que no vemos”.
Debemos tener una ruta, seguir un camino, pero un camino conscientemente recorrido pensando en el bien y en la felicidad común, porque lo que no beneficie a todos, realmente no beneficia a nadie, debemos ir en conquista de la armonía, asegurarnos con ella nuestro tránsito para optimizar bien nuestro potencial.
No nos debe sorprender tampoco, que se manifieste por ejemplo, que
una reunión carece de unidad mientras no haya armonía dentro del propio
ser y entre las personas del grupo. Así como un músico necesita ensayar
a solas con su instrumento antes de formar parte de una orquesta
sinfónica, la persona necesita soledad para estar en contacto con su
capacidad, su potencial y su especialidad antes de unirse al grupo. Para
que haya eficiencia individual, se necesita que haya claridad y limpieza
en las motivaciones e intenciones. Mirar hacia el interior ayuda a
armonizar pensamientos, palabras y acciones. La persona puede entonces
adaptarse según sea necesario. Esta integración personal mantiene al
individuo “sintonizado”. Un grupo se vuelve dulcemente armonioso cuando
cada persona adopta el poder de acomodar las capacidades y
especialidades de los demás; las entona con el propio ser, y luego se
combina con la orquesta. La unidad se mantiene al concentrar energía
para dirigir el pensamiento, al aceptar y apreciar el valor del conjunto
de participantes y la contribución única que cada uno puede apuntar, y
permanecer leal no sólo uno al otro sino también a la tarea
Angie E. Brooks, al respecto señala, que en el momento en que podamos
conseguir una atmósfera en la que los hombres puedan trabajar juntos en
armonía mientras mantengan su diversidad, puedan construir codo a codo y
producir una variedad unificada, puedan unirse para conseguir la paz y
al mismo tiempo promover las múltiples características que intensifican
la sociedad, habremos hecho frente a nuestro desafío”.
Helios300.net nos agrega que, es importante establecer la relación que existe entre nuestros pensamientos, palabras y acciones. Cualquier pensamiento que surja en nuestra mente es una acción en potencia, nuestras palabras pueden darle o quitarle fuerza y de nuestras acciones depende que se concrete o no en hechos reales.
Las obras por lo general comienzan como simples ideas en la mente de alguna persona, quien al hablar de ellas, en forma positiva y con las personas correctas, las alimenta y así adquieren la fuerza necesaria para posteriormente facilitarle el emprender la acción y poder concretarlas.
Si podemos lograr armonizar nuestros pensamientos, palabras y acciones, podremos realizar un cambio notable en nuestras vidas, volviéndose estas más sencillas y facilitándonos alcanzar nuestras metas y el compartir con las personas que nos rodean; pues teniendo más armonía internamente es solo natural que esta se extienda a nuestro alrededor.
Lograr esta armonía es muy sencillo, solo necesitamos observarnos cuando pensamos, hablamos y actuamos, vigilando que exista concordancia entre lo que pensamos decimos y hacemos. Esto a su vez pone en relevancia patrones de conducta que hasta ahora pasaban desapercibidos y tal vez a la luz de esta nueva forma de ver la vida puedan parecernos deseables de mejorar, de ser así, estaríamos dando pasos adicionales para atraer la armonía a nuestras vidas.
Comienza entonces un proceso de crecimiento interno en el cual nos volvemos cada vez más conscientes de nuestra responsabilidad en relación a la calidad de vida en nuestro entorno y de la capacidad que tenemos para lograr un cambio si nos proponemos tan solo poner nuestro granito de arena para mejorarla.
Por su parte, foros.cecycano.com, nos recuerda, que una persona que tiene suficiente visión, se da cuenta más tarde que temprano que existe un conocimiento muy reconfortante, que sería como armonía propia.
Concretamente, debemos mantenernos atento ante la incidencia de los estímulos a fin de determinar como estos desequilibran nuestra armonía o bien le dan más consistencia, tomar muy en cuenta, que:
La verdadera felicidad no radica en hacer lo que uno quiere sino en querer lo que se hace.
La vida no se mide por las veces que respiramos, sino por las cosas que nos sacan el aliento.
El Dr. Mora es Ingeniero - Administrador, Profesor Titular en el Área de estudios de Postgrado de la Universidad de Carabobo (Venezuela)
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