La organización empresarial de Japón es muy diferente a la existente
en los países occidentales, como los Estados Unidos y Europa, pues se
caracteriza por haber alcanzado niveles superiores de eficiencia en la
gestión empresarial y generar un conjunto de prácticas estables, las
cuales, a pesar de no estar teorizadas muchas de ellas, permiten
sostener que se ha estructurado una Escuela Económica Empresarial propia
de la experiencia nipona.
Esta Escuela o modalidad de organización de la competencia empresarial y
su regulación estatal se caracteriza por la forma diferente en la que se
establecen los siguientes rasgos en relación con la eficiencia del
capitalismo occidental:
1. El grado de separación entre la propiedad y la gestión.
2. El empresario y el colectivo laboral; sus formas de estimulación.
3. Las formas básicas de la gerencia eficiente: el costo y la calidad.
4. La creación de la base tecnológica del sistema empresarial.
5. La doble estructura empresarial y la organización horizontal y
vertical de los acuerdos monopolistas.
6. La globalización de la economía mundial y la empresa “inmigrada”.
1. El grado de separación entre la propiedad y la gestión
El nivel de análisis en el desarrollo de la propiedad capitalista y su
realización en la dirección de la producción es demostrada por Marx en
la división del capital propiedad y el capital en función personificado
en los propietarios de capital y quienes los ponen en función: los
empresarios capitalistas que son quienes realizan la función de
explotación y, por lo tanto, la propiedad capitalista. “Hoy, las órdenes
del capitalista en la fábrica son algo tan indispensable como las
órdenes del general en el campo de batalla”.
“Todo trabajo directamente social o colectivo en gran escala, requiere
en mayor o menor medida, una dirección que establezca un enlace armónico
entre las diversas actividades individuales y ejecute las funciones
generales que brotan de los movimientos del organismo productivo total,
a diferencia de las que realizan los órganos individuales. Un violinista
sólo se dirige el mismo, pero una orquesta necesita un director. Esta
función de dirección, de vigilancia y enlace se convierte en función del
capital tan pronto como el trabajo sometido a él reviste carácter
cooperativo. Como función específica del capital, la función directiva
asume también una importancia específica”.
“El capitalista no necesita pues, perder su tiempo, encargándose
personalmente de esta labor. Un director de orquesta no necesita, ni
mucho menos ser el propietario de los instrumentos ni entre sus
funciones dirigentes figura la de abonar los “salarios” a los demás
músicos“.
“En el proceso de reproducción, el capitalista en activo representa el
capital como propiedad ajena frente a los obreros asalariados y el
capitalista propietario del dinero toma parte en la explotación del
trabajo, representado por el capitalista en activo”.
“La antitesis entre la función del capital en el proceso de reproducción
frente a la simple propiedad sobre el capital al margen del proceso de
reproducción hace que se olvide que el capitalista activo sólo puede
actuar como representante de los medios de producción frente a los
obreros haciendo a estos trabajar para si o lo que es lo mismo, haciendo
que los medios de producción funcionen como capital”.[1]
La demostración de Marx de que el propio capitalismo genera la
separación entre la propiedad y la gestión, la cual se manifiesta en la
figura del empresario, brinda desde este punto de vista la base
metodológica para comprender la necesidad de que no sólo todo proceso
colectivo de producción requiere una dirección, sino que por medio de
las gestiones ejecutadas por la dirección se realiza la propiedad en su
esencia y finalidad que ésta determina.
En Japón los presidentes y los directores de las grandes empresas en
general no son sus principales accionistas, sino que constituyen los
llamados “directores empleados”. El eje principal de la organización
empresarial japonesa radica en el alto grado de separación que existe
entre la función y la propiedad, o sea, no funciona el capital
individual, sino el de las personas jurídicas (firmas que ponen su
capital). El administrador no lo pone el propietario, como ocurre en los
países occidentales, él va a ser elegido por el colectivo (empresa) y
está en función de las características que él tiene; por lo tanto, la
competencia va a ser mayor entre los trabajadores, pues el empresario va
a ser elegido no por su cantidad de acciones, sino por su capacidad.
Esta estructura de dirección de empresa ofrece una ilusión a las
aspiraciones de los empleados y agudiza la carrera por ocupar los
primeros puestos en el escalafón. Otro factor curioso es que el 75% de
las acciones pertenecen a personas jurídicas, mientras el 25% pertenecen
a accionistas individuales, contrario a lo que sucede en los Estados
Unidos y Europa. Todo este mecanismo el Estado lo ha sabido estimular y
lo ha manejado de modo muy inteligente de forma tal que satisfaga sus
intereses.
2. El empresario y el colectivo laboral: sus formas de estimulación
Aunque con frecuencia se cree que en la sociedad japonesa, en general, y
en la empresa, en particular, se le da mucha importancia a la armonía,
existe en verdad una competencia fuerte entre los empleados que aspiran
a ocupar los primeros puestos en el escalafón y a recibir el valor más
alto posible en el sistema de bonificación distribuido dos veces al año:
junio y diciembre.
Este espíritu de competencia de los trabajadores se aprovecha de manera
muy sutil por las empresas que utilizan la política antigua de “divide o
impera”, o sea, los japoneses han establecido un mecanismo encaminado a
comprometer al trabajador con la empresa, además de un sistema de
evaluación y un pago salarial que obligan a trabajar eficientemente.
Esta competencia entre los empleados se agudiza aún más cuando las
empresas les proponen competir con entidades rivales para ampliar su
participación en el mercado. Esta misma dinámica del trabajo ha afectado
a no pocos hogares nipones, pues la ausencia del padre por extensas
horas de trabajo contribuye a disminuir su prestigio ante los hijos y a
la deformación del matrimonio. Es común ver en un anuncio de la
televisión japonesa a toda la familia desayunando y los niños despedirse
del padre con esta frase: “papi, hasta mañana “.
Los padres regresan muy tarde a su hogar, demorando más de una hora por
el tráfico, y esto hace que durante los días laborables no puedan tener
oportunidad de conversar con sus hijos; sólo el domingo tienen contacto
con su familia. Por otra parte, debe señalarse que se ha difundido con
gran fuerza en Japón la palabra Sodai Gomi, basura grande e inútil, la
cual se utiliza para definir a esos padres que no atienden a su familia
debido a que están agotados por el trabajo ellos pasan el domingo
acostados o simplemente mirando la televisión. Existe otro fenómeno
llamado karochi que significa muerte repentina por agotamiento a causa
del exceso de trabajo.
Como se ha mencionado con anterioridad, la administración del sindicato
constituye el núcleo de la gerencia japonesa. El Departamento de
Personal tiene mucho poder, pues emplea y despide; determina la
colocación específica de cada trabajador dentro de la empresa; promueve
los ascensos; y establece la magnitud de los salarios y las
bonificaciones. A esta última se le da gran importancia, pues constituye
un incentivo para el trabajo.
En el sistema de evaluación se tienen en cuenta las actitudes asumidas
por los trabajadores, como integrantes del organismo, su iniciativa en
el trabajo, la disciplina, el carácter armónico, etcétera. De esta forma
se establece una disciplina laboral en la que los empleados subordinados
obedecen ciegamente al nivel superior para así lograr la mejor
evaluación con la finalidad de obtener mayores salarios y el mejor cargo
de trabajo. De esta manera las empresas organizan y fuerzan a trabajar a
sus empleados.
Otra forma de estimular al trabajador es permitirle formar parte de las
propuestas de mejora en la empresa, estimulando y canalizando su aporte
por un reconocimiento social y personal. Esto tiene su recompensa
monetaria, pero los premios no suelen sobrepasar la cifra de 5 ó 6
dólares. Más importante que el dinero es el reconocimiento personal que
le proporcionan.
Para concluir debe señalarse que existe otro método de estimulación
basado en las grandes diferencias de los salarios entre las distintas
empresas, de acuerdo a su tamaño. Esta gran diferencia entre empresas
motiva que los trabajadores tengan la sicología dependiente de las
empresas. Por su parte, las empresas utilizan esta fidelidad de sus
empleados, junto con el sistema de la evaluación de personal, para
conducirlos a trabajar más intensamente, incluso lograr que renuncien de
manera voluntaria a su derecho al pago salarial por trabajos extras
realizados. En realidad, todo indica que el objetivo supremo de las
empresas es buscar las mayores utilidades posibles.
3. Las formas básicas de la gerencia eficiente: el costo y la calidad
La calidad es un conjunto de cualidades o propiedades de un producto que
condiciona su utilidad para satisfacer determinadas necesidades
productivas y personales.[2]
En su sentido más amplio la calidad es algo que puede mejorarse. Cuando
se habla de calidad se tiende a pensar primero en términos de calidad
del producto, o sea, la cuestión tecnológica, pero existe la cuestión
social a la cual los japoneses le dan gran importancia, pues la calidad
también significa ayudar a los individuos a ser conscientes del
mejoramiento continuo en la vida personal, familiar, social y de
trabajo; es decir, un mejoramiento continuo que involucra a todos:
gerentes y trabajadores por igual.[3]
No se puede hablar de calidad sin tener en cuenta el control integral de
costos, precios y utilidades. Al mejorar la calidad, aumenta la
productividad porque se efectúan menos procesos y hay menos
desperdicios, decrecen los costos, pues hay menos equivocaciones y
retrasos, se utiliza mejor el tiempo y los materiales. Como resultado,
ocurre una reacción en cadena: el aumento de la productividad permite
por un lado penetrar en los mercados, mejorar la calidad y por el otro
bajar los precios y consecuentemente, permanecer en el negocio; es
decir, se entra en la competencia, lo cual crea las bases para el
desarrollo posterior.
Según el doctor Ishikawa, destacado ingeniero japonés, el control de la
calidad consiste en desarrollar, diseñar, manufacturar y mantener un
producto de calidad que sea más útil y siempre satisfactorio para el
consumidor. Exige, por tanto, una interpretación más amplia de la
información del proceso de la empresa por otra parte de todos los
trabajadores, los ingenieros, los gerentes y los ejecutivos.
La calidad comienza con el proceso de reducción del costo y si no se
realiza un análisis interrelacionado, entonces no vale la pena, el
análisis no resulta; se basa en la tecnología, pero sólo con ésta no se
garantiza la calidad. Para hacer el control de la calidad hay que
emplear el mencionado control como base, conocer los costos, los
precios, las utilidades y el control integral de todo esto, unido al
control del volumen de producción, ventas y existencias, así como las
fechas de entrega, la cantidad de desechos, el número de defectos o
correcciones necesarias para ir llevando la estadística con las
incidencias y disminuirlas.
La oferta insuficiente de un producto demandado será tan perjudicial
para los clientes, como la oferta excesiva, pues implica un mal control
y el desperdicio de mano de obra, materias primas, energía, etcétera. No
hay un buen control del volumen de la producción si siguen las
fluctuaciones en el porcentaje defectuoso o si se rechaza un lote
completo. Por eso se dice que el control de los costos y el control de
la calidad son dos caras de una misma moneda y para hacer un buen
control de una es necesario controlar bien la otra.
Una de las cuestiones fundamentales en que se basa el control de la
calidad japonesa es que no hay normas perfectas, sean nacionales,
internacionales o de una empresa, pues éstas por lo general contienen
defectos inherentes, ya que los requisitos de los clientes cambian
continuamente y año tras año se exige una mayor calidad. Las normas son
adecuadas en el momento de fijarlas, pero se tornan anticuadas con
rapidez; en la práctica es necesario revisarlas y mejorarlas
constantemente con la finalidad de cumplir de manera satisfactoria los
requisitos de los consumidores.
El control de calidad japonés constituye una revolución y un nuevo
concepto en el pensamiento de la gerencia. Las características del
control de la calidad nipona que lo distinguen del control de la calidad
occidental son las siguientes:
1. Control de la calidad en toda la empresa con la participación de
todos los miembros de la organización.
2. Educación y capacitación en control de la calidad.
3. Actividades de los círculos de control de la calidad.
4. Auditoria de control de la calidad.
5. Utilización de métodos estadísticos.
6. Actividades de promoción del control de la calidad a escala nacional.
En esta concepción se plantea la necesidad de dar educación en control
de la calidad a todos los empleados: desde el presidente, hasta los
obreros de línea es necesario variar el razonamiento de todos y repetir
la educación y la capacitación dentro y fuera de la empresa de modo
indefinido, así llevaron a cabo los japoneses el control de la calidad.
Para lograr estos objetivos el interés principal de la empresa debe ser
la felicidad de las personas y, como primera medida, recibir un ingreso
adecuado.
Por otra parte, los consumidores deben sentirse satisfechos y contentos
cuando compran y utilizan los bienes y servicios de la empresa, los
obreros en ningún caso pueden pensar que los mecanismos de control de la
calidad son para controlar su trabajo. En Japón hay entidades privadas
para promover actividades de control de la calidad: grupo de
investigaciones en control de la calidad, el comité del mes de la
calidad, la sede de círculos de control de la calidad.
Los japoneses no controlan la calidad para proyectar solamente las
exportaciones, sino que para ellos la calidad trasciende la empresa, es
una relación social de producción, un proceso, es una reserva para la
reducción del costo de producción, como forma más dinámica de lograr
mantener su competitividad.
El control de la calidad constituye una revolución conceptual de la gerencia, pues el administrar sobre la base del respeto al cliente puede incrementar el grado de satisfacción de las necesidades de los consumidores, tanto en medios de producción, como en medios de consumo.
Los nipones introducen los avances científico-técnicos a la producción con rapidez provocando una inigualable sustitución compatible. La industria japonesa se basa en ofertar artículos de calidad a precios bajos debido a un trabajo esforzado y a una producción masiva, eficaz y muy competitiva.
En 1962 se comenzaron a constituir los círculos de control de la
calidad. Ellos están formados por pequeños grupos que desarrollan
actividades de control de la calidad dentro de un mismo taller o puesto
de trabajo; llevan a cabo continuamente, como parte de las actividades
de control de la calidad en toda la empresa, el auto desarrollo y
desarrollo mutuo, el control y mejoramiento dentro del taller utilizando
técnicas de control de la calidad con la participación de todos los
miembros.
Las ideas básicas de los círculos de control de la calidad son:
1. Contribuir el mejoramiento y desarrollo de la empresa.
2. Respetar al hombre y crear un lugar de trabajo agradable donde valga
la pena estar.
3. Ejercer las capacidades humanas plenamente y con el tiempo aprovechar
sus capacidades infinitas.[4]
4. La creación de la base tecnológica del sistema empresarial
Uno de los factores que han caracterizado la transformación de la
economía e industria de Japón es el mejoramiento del nivel tecnológico
llevado a cabo por medio de la rápida innovación en la tecnología y los
diversos esfuerzos del sector industrial en su conjunto.
Después de la Segunda Guerra Mundial, Japón ha venido emprendiendo
mayores esfuerzos para la introducción de nuevas tecnologías con vistas
a seguir el ritmo de la innovación tecnológica del mundo. Una forma
utilizada por ellos para el avance tecnológico ha sido la ingeniería
inversa, la cual ha integrado el enfoque tecnológico con el económico
social.
La ingeniería inversa, como forma económica para la eficiencia consiste
en la introducción de los avances de las ciencias física, matemática y
genética a las técnicas de producción industriales y agrícolas que, al
tomar como base los resultados obtenidos en otros procesos y países
diferentes y descomponerlos en sus elementos integrantes, logra
localizar aquellos que determinan los atributos de su eficiencia y,
además, actuar sobre éstos de manera tal que su modificación conduzca a
una elevación en los niveles de eficiencia.
Para los japoneses, el solucionar la contradicción copia/creación
tecnológica ha posibilitado alcanzar un basamento tecnológico en el que
la obtención de productos de vanguardias descansa en una tecnología
propia, con técnicas propias y materias primas propias y extranjeras
altamente aprovechadas. Japón se ha distinguido por la compra muy hábil
de licencias, patentes y acuerdos tecnológicos, principalmente a los
Estados Unidos. Todo este proceso lo ha dirigido el MITI.
La ingeniería inversa presenta ventajas, éstas son:
1. Disminución de los costos en investigación y desarrollo.
2. Disminución del costo de inversión.
3. Disminución del costo de producción.
4. Incremento de calidad.
5. Disminución del tiempo, como variable común (ahorro de años y meses).
6. Incremento de la sustitución compatible.
7. Aumento de la competitividad.
8. Creación de la base tecnológica de la empresa.
Japón, gracias a lo expresado con anterioridad, de importador de
tecnología se está convirtiendo en un exportador tecnológico, está
exportando tecnología a los países desarrollados.[5]
5. La doble estructura empresarial y la organización horizontal y
vertical de los acuerdos monopolistas
La tendencia mundial a la fragmentación del proceso productivo a
provocado que la subcontratación está adquiriendo cada vez una mayor
relevancia, consiste en que una empresa (la principal) encarga a otras
empresas (subcontratadas) la producción de una parte más o menos
importante de los componentes de sus productos.
Son múltiples los impactos económicos que tiene la subcontratación,
siendo las más relevantes: la disminución de los costos, el aumento de
la flexibilidad y la reducción de los recursos necesarios.
Mediante la subcontratación la empresa principal logra reducir sus
costos, al disminuir la magnitud de ciertos recursos (activos fijos) que
implican mayores cargas de estructura o costos fijos y, en gran parte de
los casos, al adquirir de la empresa subcontratada los productos
(componentes o factores) a precios inferiores a los costos que le
hubieran supuesto fabricarlos ella misma.
La reducción de la dimensión de los activos fijos y la mayor
adaptabilidad a modificaciones de la demanda de sus productos, a cambios
en los propios productos, en la tecnología, en los gustos, permite a la
empresa subcontratista una mayor flexibilidad condición muy importante
en la actualidad. La misma reducción de los activos fijos, unida a la
disminución de los stocks de componentes que pasan a las empresas
subcontratadas, hace que la empresa principal reduzca los recursos
necesarios para desarrollar su actividad.[6]
A continuación se observa en el siguiente esquema las ventajas de las
pequeñas y medianas empresas.

Como se mencionó con anterioridad, en Japón existe una
agrupación entre empresas, interrelacionadas de manera horizontal, con
el nombre de zaitbatsus. Estos son grupos de grandes firmas que operan
en la economía japonesa. En el período de la guerra se dedicaron a la
industria militar y fueron desmantelados por los Estados Unidos al
finalizar la guerra, resurgiendo como monopolios. Los nipones cuentan
actualmente con seis grandes zaitbatsus: grupos Mitsui, Mitsubishi,
Sumitomo, Fuyo, Sanwa e Ichican.
Cada zaitbatsu está conformado por varias firmas, una banca, casa
comercializadora, casa de seguros, astilleros y el dominio de una
industria determinada. Las relaciones entre los zaitbatsus se realizan
de manera horizontal, pues no están sujetas fundamentalmente a vínculos
tecnológicos ni de propiedad o estructura productiva, sino más bien se
limitan a acuerdos monopólicos en cuanto a precios y liderazgo en
mercados y territorios.
Vinculados con los zaitbatsus, pero observando una estructura vertical,
se encuentran los llamados keiretsus. Su aparición se enmarca en la
década de los 60, al desarrollarse grupos corporativos de pequeñas y
medianas empresas subordinadas a la gran industria cuya relación venía
dada por actividades de subcontratación. Las empresas subcontratistas se
agruparon bajo las grandes en condiciones de subordinación.
Esta estructura le otorga al capitalismo japonés gran flexibilidad
porque funciona como válvula de escape de la capacidad de producción y
empleo, no se despide a los obreros, sino que se trasladan a otras
empresas pequeñas que no tienen tanta robotización y de esta forma
amortiguan al desempleo.
Los keiretsus se caracterizan, además, por permitir relaciones
muy estables, tanto desde el punto de vista económico, como financiero y
comercial, y garantizan la entrega de la producción just in time (justo
a tiempo). Una cuestión peculiar en los keiretsus son sus relaciones de
propiedad, pues han desarrollado un mecanismo de tenencia cruzada de
acciones; el 75% de las acciones son propiedad de otras firmas,
únicamente el 25% están en manos de accionistas individuales. Ese 75% no
se cotiza en la bolsa con la cual se protege a la firma de acciones
hostiles del entorno. Japón tiene una doble estructura en la economía
compuesta por las grandes, medianas y pequeñas empresas.[7]
6. La globalización de la economía mundial y la empresa “inmigrada”
La globalización presupone la incorporación o integración de todos los
países en una dinámica de funcionamiento de la economía a escala
planetaria y la fragmentación de espacios y procesos. Todas las regiones
del planeta, con sus respectivas estructuras económicas, recursos
materiales y humanos, podrán funcionar en esa dinámica global donde las
actuales ventajas competitivas obedecen cada vez más a la capacidad de
adaptarse a cambios cuyos niveles vienen dados por el conocimiento y
recursos humanos calificados.
La globalización tiene como base los cambios productivos en el patrón de
acumulación del capital global vinculados con la revolución tecnológica
en curso. El flujo de las inversiones de estos países es diferente,
tanto por su orientación geográfica, como por su forma.
La empresa “inmigrada” representa un nuevo tipo de organización
empresarial que va a dar respuesta al fenómeno de la globalización de la
economía y se va a diferenciar de las llamadas “empresa filial” y
“empresa subsidiaria”. Su aparición se enmarca en la década de los 70
con operaciones en el sector manufacturero, pero alcanza sus niveles de
desarrollo en los años 80.
La formación de la empresa “inmigrada” es el resultado de la
interrelación de los niveles macro y microeconómico expresado esto en la
política económica del país que mediante el sistema de negocios
transforma a la empresa extranjera en empresa “inmigrada”, condición por
la que puede realizar sus intereses sin contraponerse a los del país en
forma antagónica.
La empresa “inmigrada” garantiza la reproducción del capital nacional en
condiciones de economía abierta y desarrolla un sistema de negocios
completo sobre la base del cual elabora su estrategia corporativa;
concede igual importancia a los negocios, tanto en el extranjero, como a
los nacionales.
Ella conjuga, tanto las condiciones de empresa extranjera, como de
empresa creada en el país para que así actúe en consonancia con el
sistema de negocios e intereses esenciales que ésta encierra; es decir,
implica una inserción de la empresa extranjera en el sistema de negocios
de la empresa nativa, a la vez que la protege de acciones hostiles de la
competencia. Esta inserción tiene características peculiares:
1. La empresa “inmigrada” realiza inversiones directas y construye sus
propias plantas, manteniendo estabilidad en los puntos de dirección.
2. Utiliza trabajadores y especialistas locales y crea gerentes locales,
pero mantiene en posiciones claves a los gerentes japoneses.
3. Penetra no sólo en los mercados locales, sino también en los mercados
de la triada los Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, logrando
mantenerse.
4. Desarrolla su actividad en sectores de alta y media tecnología, lo
cual le impulsa a elaborar productos con un alto valor agregado y
posibilita que se posesione, estabilice y cree nuevos mercados.
El estudio de este fenómeno, que apenas se ha iniciado, constituye una
de las prioridades de la investigación para el aprovechamiento de las
experiencias japonesas en la organización empresarial en el exterior y
la adecuada comprensión de su sistema de negociación.[8]
Consideraciones Finales
Ciertamente, la organización de la competencia empresarial y su
regulación estatal en Japón ofrece rasgos que potencian la capacidad de
obtención de plusvalía a nivel internacional con respecto a los Estados
Unidos y Europa Occidental y que no se asocian sólo a la obtención de
plusvalía relativa, sino también a la obtención de plusvalía absoluta.
La gran competencia que genera entre los trabajadores la separación
existente en Japón entre la propiedad y la gestión, eleva al mismo
tiempo, el grado de explotación y la eficiencia empresarial. El grado de
subordinación real del trabajo al capital en Japón puede considerarse en
este sentido muy alto, pues del obrero japonés interesan no solo sus
espaldas y manos, sino también su inteligencia y conciencia al servicio
del capital.
Como ejemplo de esto el Estado nipón encontró un camino para alcanzar y
aventajar en la competencia tecnológica a los países capitalistas mas
desarrollados en la posguerra: logró la transferencia tecnológica por
todas las vías posibles y al mismo tiempo, aumentó el grado de
explotación de su clase obrera nacional, al extender la jornada laboral
(horas extras) y aumentar la intensidad del trabajo por encima de la
media internacional.
De todo lo anterior se deduce, que el aumento de la explotación es el
antídoto de los países menos avanzados tecnológicamente frente a los
países más avanzados, lo cual permite una tasa de acumulación más alta ,
sobre todo, si se preferencia al “ capital función” sobre el “ capital
propiedad”.
Bibliografía
· Arias Marrero, Adelaida, Joaquín Fernández Núñez, Magaly León
Segura, Ernesto Molina Molina, Olga Pérez Soto e Idalia Romero Lamorú:
“La organización empresarial japonesa y sus aspectos compatibles con la
reestructuración empresarial en Cuba”, Facultad de Economía de la
Universidad de La Habana División de Estudios Japoneses del CEAO, La
Habana, 1995.
· AFP “Las principales cifras de las previsiones económicas de la OCDE”
26/11/2003, Paris
· Aquino, Carlos, “El Sistema Financiero Japonés y su Reestructuración”,
Revista de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos, diciembre de 1997. Lima, Perú.
· Beinstein, Jorge: “La Larga Crisis de la Economía Global”, Ediciones
Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 1999.
· Cámara de Comercio de la República de Cuba: “Guía para la exportación
a Japón”, La Habana, febrero de 1984.
· Casoni, Jim y Brook, David, “EU a punto de requerir un ajuste
económico como los del tercer mundo”, Mundo, México D.F, 4/11/03
Internet.
· Rodríguez, Ernesché (1999) La economía de burbuja en Japón. Editorial
Ciencias Sociales. Calle 14 no. 4104, Playa, Ciudad de la Habana, Cuba.
Impreso en Editorial Linotipia Bolívar, Bogotá-Colombia. 106 p.
[1] Karl Marx: El capital, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,
1973, t. L, p.116.
[2] Ver Diccionario d Economía Política, Editorial Progreso, Moscú,
1985.
[3] Ver Inai Masaaki: Kaizen. “La clave de la ventaja competitiva
japonesa”, Compañía Editorial Continental, S.A. de C.V, Ciudad México,
1989.
[4] Ver Kaoru Oshikawa: “¿Que es el control total de la calidad?”, Editorial de Ciencias Sociales, L Habana, diciembre de 1977.
[5] Ver Joaquín Fernández y Ernesto Molina: ob.cit.
[6] Ver colectivo de autores: La dirección estratégica de la empresa. Un
enfoque innovador del management (s/d)
[7] Ver Sindo Michihiro: Gerencia japonesa en el capitalismo japonés (conferencia), Evento Internacional Cuba-Japón, La Habana, 5-7 de septiembre de 1994.
[8] Ver Adelaida Aria Marrero, Joaquín Fernández Núñez, Magaly León
Segura, Ernesto Molina Molina, Olga Pérez Soto e Idalia romero Lamorú:
La organización empresarial japonesa y sus aspectos compatibles con la
reestructuración empresarial en Cuba, Facultad de Economía de la
Universidad de La Habana y División de Estudios Japoneses del CEAO, La
Habana, 1995.
Msc. Ernesché Rodríguez Asien Profesor-Investigador Universidad de la Habana Facultad de Economía Graduado de Licenciatura en Economía de la Universidad de la Habana (1996) y Master en Relaciones Económicas Internacionales del Instituto Superior de Relaciones Internacionales "Raúl Roa García" (2004). rodriguezasienarrobayahoo.es
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