La visión ética de los problemas latinoamericanos

Autor: Carlos A. Petrella

Otros conceptos de Economía

03-11-2014

La realidad latinoamericana de los negocios y las empresas tiene importantes singularidades en relación con la evolución global en el mundo. América Latina como continente tiene problemas en su agenda y prioridades que la diferencian del resto de las Américas. No son iguales los problemas del empresario industrial canadiense que los del empresario industrial argentino.

Internamente cada país latinoamericano, sin perder de vista su inserción comercial y cultural en el continente, tiene sus propias singularidades. Incluso esas diferencias están presentes dentro de un mismo país. La realidad del empresario agropecuario del sur brasileño más industrializado, es radicalmente diferente de su correspondiente del norte.

Como las realidades y los problemas no son comparables, debemos respetar las especificidades de cada caso, para comprender lo que pasa y poder ayudar. Con puntos de partida distintos y caminos diferentes, es muy difícil hablar en términos generales de las necesidades continentales de evolución empresarial, sobre todo si pensamos exclusivamente en términos económicos.

Preferiría incluso, tanto si debemos posicionarnos ante realidades de alcance continental o de nivel nacional, pensar antes y sobre todo, en términos de bien o mal, no de conveniente o inconveniente. Esto implica un replanteo con una visión diferente de cómo debemos proceder.

Por supuesto que no es fácil jugar con las cartas a la vista. Cada uno quiere conservar un as en la manga. Tal vez lo que necesitamos los latinoamericanos, al mismo tiempo y como un bloque, es ponerle un poco más de transparencia a lo que hacemos en términos políticos y sobre todo, comerciales.

Este es el principio para eliminar desconfianzas y mejorar la integración entre nosotros mismos y para con aquellos que de fuera, quieren realmente ayudarnos. Precisamente pensando en ello es que habría que comenzar a trabajar en el análisis ético de la forma en que resolvemos nuestras diferencias, postergando las habituales visiones exclusivamente técnicas y comerciales.

No estaría de más analizar nuestros principales acuerdos comerciales, considerando preferentemente valores y principios de los intercambios. Sobre estas bases podríamos realmente ser más justos en nuestras relaciones y posiblemente, también más eficaces. La ansiada eficiencia en los resultados comerciales sobre estas bases, comenzará a darse seguramente luego.

Detrás de las necesidades de globalización y de los impulsos de regionalización para desarrollar intercambios comerciales, cada país latinoamericano mantiene sus singularidades políticas, económicas y sociales. Cada uno plantea su visión sobre los valores fundamentales y la prioridad para atender sus propias necesidades nacionales y contemplar las de los demás.

A partir de necesidades diferentes, cada país se ve apremiado de distinta manera para encarar sus desafíos nacionales propios, atendiendo contingencias regionales y condicionamientos mundiales. Ante eso, la capacidad de cooperación y reciprocidad aparecen como dos pilares insoslayables para negociar y trabajar concertadamente.

Las dificultades para ponernos de acuerdo son muy grandes. Es que además, la naturaleza de los problemas estratégicos ha cambiado vertiginosamente. Evidentemente en los albores del siglo XXI, no son los recursos naturales, sobre todo si pensamos en términos materias primas, los que a la larga harán la diferencia entre un país y otro, para enfrentar los desafíos del mundo moderno.

Parecería entonces que partir de nuestras diferencias, no habría una posible respuesta común que nos identifique como región para enfrentar ciertos desafíos y alcanzar mejores calidades de vida. Sin embargo, hay una medida que permite compararnos y está relacionada con la capacidad de nuestra propia gente de enfrentar los desafíos políticos, económicos y sociales por venir.

Nuestros respectivos sistemas educativos básicos y nuestra respuesta a la problemática laboral y también la atención de servicios previsionales, serán el mejor termómetro para mostrar nuestra capacidad de enfrentar los retos estructurales que impone la actualidad. Y ante esto el componente solidario, y sus profundas raíces éticas, pueden habilitar un salto cualitativo relevante.

Todo parece indicar que los países que en el futuro resuelvan mejor sus problemas educativos de cara a la generación de nuevos conocimientos encarando la producción de productos de mayor valor agregado y a la vez, brinden respuestas eficaces a la atención de la problemática de la inserción laboral y la asistencia social, avanzarán sincrónicamente en la solución de los demás problemas.

Se habla mucho de la pobreza latinoamericana como limitante de la capacidad de hacer de los gobiernos. El error está en definir pobreza a partir del capital material, para justificarnos. La pobreza que inmoviliza es de otro tipo. Pobres son quienes apagan oportunamente su conciencia para dejar de ver lo que no les gusta o aquellos que emplean sistemáticamente la violencia para abrir paso a sus razones.

En todas estas cuestiones, los valores fundamentales que se defienden marcan la diferencia. Valores que deben hacer florecer lo mejor de nosotros mismos, pensando con un modelo gana-gana, cuando negociemos acuerdos con nuestros socios regionales, porque no hay acuerdos estructurales permanentes basados en el sacrificio unilateral de una de las partes.

Como expresión de deseo comprometido, espero que los problemas continentales se resuelvan con cierta sinergia ética porque, en caso contrario, los procesos de integración regional, de los que tanto y tan apasionadamente hablamos, se verán fuertemente condicionados y enlentecidos. El Mercosur es una muestra de ello, dejando en evidencia lo que somos y sobre todo, lo que no somos.

Publicado originalmente en http://www.cronicas.com.uy/

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Carlos A. Petrella

Carlos A. Petrella Es Ingeniero en Computación de la Universidad Mayor de la República (Uruguay) y tiene una maestría en negocios y una maestría en educación en la Universidad Católica de Montevideo. Ejecutivo con más de 20 años de experiencia en todas las fases del cambio organizacional en grandes organizaciones estatales y privadas con amplios conocimientos de cultura organizacional y reingenierías. Ha trabajado en varios países de Latinoamérica y en Europa y posee una formación equilibrada en informática y empresas y conocimientos de ingeniería humana para evaluar tempranamente las posibilidades de conseguir buenos resultados en proyectos de gran porte. Su experiencia incluye haber trabajado como Director en varias empresas del Estado y como Gerente para el Banco privado más grande del Uruguay, haberse desempeñado como Consultor de Naciones Unidas y del BID en proyectos nacionales e internacionales. Ha dictado múltiples Conferencias en Congresos y Universidades, ha realizado publicaciones en diversas revistas especializadas y es autor de 8 libros sobre diagnóstico organizacional, contrataciones del Estado.  Uruguay  www.degerencia.com 
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