Un axioma que el Ejecutivo de nuestros días acepta con total seguridad, es que el entorno en el que vive y se desarrolla su empresa está sometido a un acelerado proceso de CAMBIO.
Cambian sus CLIENTES, COMPETIDORES, PROVEEDORES, la TECNOLOGÍA a
utilizar y, sobretodo, cambia la forma de hacer NEGOCIO.
Y ante ese cúmulo de cambios naturales, el ejecutivo tiene solamente dos
posiciones desde las que enfrentarse a lo que ocurre a su alrededor:
Considerarlos una moda pasajera que no debe afectar a quien lo está haciendo bien y con éxitos notables.
Considerarlo como algo que nos obliga a nosotros a poner en cuestión nuestra forma de hacer y pensar, para adecuarnos a tales cambios o incluso para adelantarnos a ellos.
La primera de las posiciones es la más humana y natural, ya que lo primero que todo CAMBIO produce es una reacción natural de MIEDO a lo desconocido, a abandonar posiciones seguras por un nuevo mundo no dominado, en el que la IMAGINACIÓN toma un papel preponderante.
Sin embargo, es la menos adecuada y la que, no a muy largo
plazo, nos llevará al fracaso.
Luchar contra ese MIEDO es el primer paso que el Ejecutivo de éxito debe
dar para enfrentarse con la necesidad de CAMBIAR.
Una vez asumida personalmente esta mentalidad, el Ejecutivo debe crear a
su alrededor, entre sus propios colaboradores, una CULTURA del CAMBIO
que le permita enfrentarse en equipo al reto de ponerse en cuestión.
Un Ejecutivo de éxito tiene que ser a su vez un LÍDER de su equipo, por
ello el primer paso es aparecer ante los colaboradores como un
convencido de la necesidad de cambiar, evolucionar y adaptarse al nuevo
entorno.
Solamente cuando el colaborador ve en su líder un convencimiento
absoluto, comienza a creer en la necesidad de asumir algo que a él mismo
le produce miedo e inseguridad.
Pero esto no basta. Hay que desmenuzar ante el equipo, mediante el ANTES
Y AHORA, los cambios producidos en los últimos cinco años en todos los
ámbitos antes señalados.
Debatir con ellos estos cambios puede ser enormemente efectivo.
Examinar cómo afectan a los principios y procesos básicos de nuestro
negocio, es decisivo para que todos se sientan implicados.
Es esencial darle un nombre al proyecto como estandarte de ese cambio
cultural, para que todos hablen, piensen y ejecuten en nombre de EL
NUEVO MODELO.
La siguiente fase consiste en concretar los CAMBIOS a introducir. Para
ello hay que aislar en un lugar tranquilo a quienes deben proponerlos,
puede ser un método interesante para concretar los objetivos, procesos,
responsables y plazos de los CAMBIOS necesarios.
Y a partir de ahí, el NUEVO MODELO, se convierte en algo real y palpable
en todos los estamentos de la empresa.
Después, hay que lanzar un proceso de COMUNICACIÓN integral a todos los
niveles de la empresa, para que las personas conozcan las dimensiones y
características del CAMBIO que se quiere implantar, y tratar con ello de
disipar los temores que puedan existir.
La eficacia está reñida con la complicación y se hermana fácilmente con
lo simple. La sencillez del método explicado es el mejor aval para
animarle a NO quedarse inmóvil preguntándose “quién se ha llevado mi
queso”,
si no a ponerse las zapatillas de correr y lanzarse al
maravilloso laberinto del mercado, arrastrando a su equipo, con ilusión
renovada, al proceso de CAMBIO requerido para mantener el éxito del que
hoy disfruta.
Todo proceso de cambio precisa ser motivado y liderado desde el más alto
nivel de la empresa, para involucrar en él a todo el equipo.
Jorge Farrás Moirón - www.cardonalabarga.com
Consejero Delegado de FUNDICIÓN NODULAR
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