Resumen
A partir de la promulgación del Decreto-Ley 187 se puso en vigor en 1998
la implantación del Perfeccionamiento Empresarial. Como parte de este
proceso en las empresas seleccionadas se comienzan a aplicar los
conceptos de Competencias Laborales y de Evaluación del Desempeño.
Sin embargo, ambos conceptos se han ido desarrollando de forma
independiente y con carácter asistémico, lo que significa que se
incumple el Principio General Nº 4 que es uno de los que debe sustentar
el proceso.
Ambos conceptos, tratados de forma sistémica deben propender a las
transformaciones productivas y de desarrollo personal de los
trabajadores que son objetivos del Perfeccionamiento Empresarial, puesto
que están relacionados con la estrategia de productividad y de los
recursos humanos.
Este proceso requiere de personas que además de conocimientos, tengan
habilidades, actitudes y motivaciones compatibles con su desarrollo a
nivel personal, colectivo y organizacional.
La forma más objetiva para determinar si esa persona es competente, es
tener la evidencia de que fue capaz de realizar el trabajo en forma
segura y eficiente, es decir, de lograr el resultado esperado. Una
persona se considera que es competente para hacer algo cuando demuestra
que lo “sabe hacer”, y los criterios de desempeño definen la calidad del
trabajo realizado.
Pero esta es una visión incompleta y reduccionista, puesto que no se
trata sólo de “saber” o de “saber hacer”, sino de combinarlo con otro
conjunto de competencias: sociales o participativas, que llevan al
mejoramiento del colectivo, y las de mejoramiento personal.
Una herramienta indispensable para enfrentar este desafío hoy día es la
Gestión por Competencias, que pasa a transformarse en un canal continuo
de comunicación entre los trabajadores y la empresa. La organización
debe comenzar a redefinirse a partir del rediseño de una nueva visión
que parte del mejoramiento y el desarrollo de las personas, y el
desarrollo de competencias colectivas, de lo contrario, sigue siendo una
organización técnica, mecanicista.
Esto plantea un desafío, tanto desde la capacitación, que debe
integrarse al entrenamiento y la experiencia, como de trabajo
profesional de creación de nuevos valores, que modifiquen el
comportamiento del individuo, del colectivo y de la propia organización.
Este trabajo se lleva a cabo de forma experimental en dos empresas.
1. Introducción
Se impone una nueva valoración de las Competencias Laborales y de la
Evaluación del Desempeño.
En momentos anteriores, y durante muchas décadas, en que cobra
importancia el Análisis de puestos de trabajo, y como parte de este, el
Análisis de tareas (requisitos) y las Especificaciones de tareas
(exigencias o características del personal), se podía identificar o
establecer un paralelo con lo que se denominaba como el estudio de
requisitos-exigencias, todo lo cual formaba parte de la Descripción del
puesto de trabajo. Se hacía hincapié en las características de la
persona, y fue reflejado durante mucho tiempo en los profesiogramas.
Como filosofía, y también conceptualmente, no se aleja mucho de lo que
son las competencias funcionales.
En las últimas dos décadas cobran mayor importancia las Competencias
Laborales, con esta nueva denominación, y desde luego con consecuencias
más drásticas. En la misma medida en que el mercado de trabajo en los
países capitalistas se ha hecho más competitivo, y la competitividad
entre las empresas más agresiva, las competencias laborales o
profesionales se convierten en uno de los elementos principales de
competitividad, interna y externa; y desde luego, en tema de conflictos
laborales.
En nuestro país, a partir de la promulgación del Decreto-Ley 187 que
puso en vigor en 1998 la implantación del Perfeccionamiento Empresarial,
y como parte de este proceso en las empresas seleccionadas, se comienzan
a aplicar los conceptos de Competencias Laborales y de Evaluación del
Desempeño, como herramientas para buscar mayor efectividad de la
componente humana de las fuerzas productivas.
Sin embargo, ambos conceptos se han ido aplicando, y en alguna medida
desarrollando, de forma independiente, y sobre todo con carácter
asistémico, lo que significa que se incumple el Principio General Nº 4
de las Bases Generales del Perfeccionamiento Empresarial que debe
sustentar el proceso, y que dice: “Todas las medidas organizacionales
que se pueden adoptar tienen que guardar la necesaria integralidad. La
empresa es un sistema que debe actuar como un todo”.
Si no se sigue y trabaja este principio, todos y cada uno de los demás
se incumple en alguna medida; siendo otro de los esenciales el de
“desarrollar la más amplia participación de todos los trabajadores y que
se constituya en elemento de dirección y organización empresarial..”,
sin el cual no se puede llevar a cabo el enfoque sistémico y
estratégico.
Desde entonces, y aún hoy día, en el mundo y entre nosotros, por lo
general, se sigue manejando el concepto tradicional de la empresa y del
empleo de la persona, porque la filosofía y el razonamiento que priman
sobre la empresa o las organizaciones, son los mismos, así como el
funcionamiento de la empresa. Apenas se navega en la cresta de la
“segunda ola”.
El puesto de trabajo se sigue considerando básicamente como un conjunto
de operaciones y responsabilidades por los elementos técnicos, y es
necesario identificar y caracterizar las exigencias específicas del
personal idóneo para cumplir con los requisitos de la organización,
concebida funcionalmente, de manera fragmentaria, y con una integración
baja a nivel de puesto de trabajo individual.
De manera que las competencias vienen a subrayar el aspecto de las
exigencias del personal, históricamente relegadas a un segundo plano y
poco tratadas, también como parte del Análisis del trabajo, que además a
veces ni siquiera responde al nivel o grado de desarrollo de la
organización, que impone unos requisitos superiores determinados, y sin
embargo, no se va más allá del enfoque funcional.
Estas serían en definitiva las Competencias Funcionales, más
elementales, que no van más allá de la caracterización individual a
nivel de puesto de trabajo. Pero, las Competencias Laborales han seguido
el mismo desarrollo y razonamiento a la par de la visión de la función
de los recursos humanos y el impacto de éstos en la organización.
En la misma medida en que ha cobrado importancia el enfoque del “recurso
humano” en el mundo, en la lógica de los costos y del mercado, han
cobrado interés las Competencias Laborales; es así que se habla de
Gestión por Competencias en sustitución de recursos humanos, y en los
últimos tiempos se habla de “talentos” en lugar de competencias,
buscando que el llamado Capital Humano responda más a la lógica del
capital.
La medición del impacto ha ido evolucionando desde lo estadístico a
términos financieros, para expresar la rentabilidad o la tasa de
rendimiento de la educación, que es en definitiva a lo que responde el
concepto de Capital Humano en términos de “competencias, conocimientos y
habilidades”.
Pero, indudablemente que las Competencias Laborales y la Evaluación del
Desempeño, que sería la medición del grado de cobertura de las
exigencias-requisitos en un resultado, pueden representar un cambio
trascendental en el tratamiento de Recursos Humanos en la gestión de la
organización.
2. Desarrollo
Veamos brevemente algunas de las más importantes definiciones. Así, la
Organización Internacional del Trabajo (OIT), asocia las competencias
con la calificación y es entendida como una capacidad adquirida, la
define como “idoneidad para realizar una tarea o desempeñar un puesto de
trabajo eficazmente por poseer la calificación requerida para ello”.
En este sentido, para nuestro país, con gran experiencia en los
calificadores, no representa nada nuevo, puesto que desarrollar este
enfoque o análisis, sería sólo perfeccionar los calificadores
existentes, que de hecho también se realiza desde hace más de una década
al definir la idoneidad real demostrada.
Se debe tener en cuenta que esta definición pone énfasis en la tarea y
en la capacidad real demostrada, y responde al enfoque tradicional
funcional y a una organización también tradicional, y limitado
actualmente, y en el contexto capitalista a una educación orientada al
mercado, o en otras palabras, a la coordinación de necesidades entre la
empresa y el individuo.
Pero hay otras definiciones que van más allá de la definición de la OIT,
en función de las características tecnológicas y organizativas, y los
objetivos de los países. En nuestro caso, es necesario superarlas para
desarrollar nuevas formas organizativas, que requieren sobre todo los
servicios de avanzada.
Así, la INEM de España va más allá del conocimiento, y dice que es “un
conjunto de comportamientos, facultades de análisis, toma de decisiones,
transmisión de información necesario para el pleno desempeño de la
ocupación”.
En Canadá también se define en términos de “conjunto de comportamientos
socioafectivos y habilidades cognoscitivas, psicológicas, sensoriales y
motoras que permitan llevar a cabo adecuadamente una actividad o una
función o un proceso”.
Y en Alemania, dicen que además de los conocimientos, destrezas y
aptitudes, se deben tener en cuenta “la solución de problemas
profesionales de forma autónoma y flexible y las capacidades para
colaborar en su entorno y en la organización, para lo cual son
necesarias las competencias sociales”.
En el sistema inglés, más que encontrar una definición de competencia
laboral, el concepto se encuentra latente en la estructura del sistema
normalizado. La Competencia Laboral se identifica en las normas a través
de la definición de elementos de competencia (logros laborales que un
trabajador es capaz de conseguir), y los criterios de desempeño
(definiciones acerca de la calidad), el campo de aplicación y los
conocimientos requeridos.
En este sistema se han definido cinco niveles de competencia que
permiten diferenciar: el grado de autonomía, la variabilidad, la
responsabilidad por recursos, la aplicación de conocimientos básicos, la
amplitud y alcance de las habilidades y destrezas, la supervisión del
trabajo de otros y la transferibilidad de un ámbito de trabajo a otro.
Cada una de éstas va más allá de las competencias funcionales, que según
el modelo de Mertens,L. (1997) establece desempeños o resultados
concretos y predefinidos que la persona debe demostrar a nivel operativo
y que se circunscribe a aspectos técnicos u operacionales solamente.
En nuestro marco de referencias, y como tendencia de desarrollo de
nuestras organizaciones, se pueden definir las Competencias Laborales
como: el conjunto de comportamientos observables, medibles y
cuantificables, relacionados con un desempeño efectivo en un trabajo y
organización dados en una situación personal y social determinada, en
que se despliegan los conocimientos, la convivencia, los valores y
habilidades, que permiten resolver los problemas profesionales de forma
autónoma y flexible, y colaborar en el entorno profesional y en la
organización del trabajo.
A partir de este concepto es necesario ir hacia la comprensión de
desarrollar las Competencias Conductistas y Constructivistas, que
identifican las competencias de fondo, características del personal o
las exigencias que responden a unos requisitos superiores en dependencia
del grado de desarrollo de los procesos, la tecnología (en sentido
amplio) y los comportamientos, y se van construyendo sobre la marcha, y
no están predeterminados. Es una necesidad y realidad del nivel cultural
y calificatorio alcanzado por nuestros trabajadores.
Una visión holística, orientada a los procesos y sistemas, conlleva el
incremento de las exigencias para el desarrollo de capacidades de
análisis, toma de decisiones, de iniciativas, implicando no sólo los
niveles más altos de la pirámide jerárquica, sino a todos los
trabajadores de la empresa, independientemente de su categoría
ocupacional.
Para el desarrollo de competencias más allá de las funcionales, que van
hacia la modificación del comportamiento de los individuos, los
colectivos y las organizaciones, es vital que la empresa se redefina con
respecto a su visión (orientada a valores), la satisfacción de todas las
necesidades humanas (Vivir, Amar, Aprender y Dejar un Legado) y la
creación de un espacio de liderazgo y proactividad.
Al respecto, se propone trabajar la modificación de los comportamientos
actuales tanto a escala individual como colectiva, para lo cual es
necesario introducir y desarrollar competencias de nuevo tipo,
orientadas a valores.
3. Perspectivas
Las tendencias actuales sobre el desarrollo de las competencias hace
énfasis en el desarrollo de las competencias genéricas tales como: la
Capacidad para aprender, Adaptación al cambio, Creatividad e innovación,
Trabajo en equipo, Visión efectiva orientada a valores., Ética.,
Responsabilidad, Lealtad y sentido de pertenencia, Adhesión a normas y
políticas, Orientación al servicio, Actitudes, Entusiasmo, Positivismo y
optimismo, Persistencia, Flexibilidad, Búsqueda de la excelencia
¿Cuáles son los aspectos importantes a destacar?
- El desarrollo de competencias genéricas o claves en las que se
integren las competencias técnicas con las sociales. Si las competencias
no identifican las exigencias del trabajo en equipo, de desarrollar el
pensamiento crítico, de solución de problemas con carácter sistémico, de
habilidades de comunicación, de manejar información, de autoconfianza o
autoestima, entre otras.
- Buscar la relación con la formación (educación) a partir de lo que
señala el Informe de la UNESCO (1996) que precisa que para asumir
puestos de trabajo en una sociedad que cambia es necesario centrar la
educación en:
· La capacidad de aprender
· Enseñar cómo usar la información
· Cómo adaptarse a situaciones nuevas
· Capacidad para comprender
· El Análisis de Problemas complejos a través del desarrollo de talleres
de diálogo
· Altas habilidades
· Capacidad para comunicarse
· Trabajar en comunidad
El Informe Delors precisa que son cuatro los pilares de la educación:
· Aprender a conocer (conocimiento)
· Aprender a hacer (nueva visión del trabajo)
· Aprender a convivir (solidaridad, respeto)
· Aprender a ser (diversidad, unidad y complejidad)
Estos pilares constituyen la plataforma para las competencias:
· Competencias técnicas o del saber (conocimientos)
· Competencias del hacer u organizacionales (habilidades)
· Competencias sociales o participativas (convivencia)
· Competencias personales (mejoramiento personal)
Esto constituye un desarrollo filosófico y conceptual superior de las
competencias actualmente. Lleva a una transformación cultural, hacia La
Cultura de La Confianza (Rojas Nieto,E. y Hernández Negrín,I. 1997), y
esto es fundamental para un cambio sistémico a nivel de la organización.
Sólo si cambian las personas, y uno de los valores a desarrollar sea la
autoresponsabilidad, cambiarán las organizaciones.
Por otra parte, pero no separado, la Evaluación del Desempeño debe ser
entendida como valoración sistemática del desarrollo de la persona y de
la efectividad de las competencias laborales.
El objetivo es estimular a la persona para su mejoramiento personal,
reconociendo sus calidades y el desarrollo de su potencial, y a su vez
de la eficiencia y la efectividad de la organización; entrenar al
personal; estimular la productividad; desarrollo del colectivo; validar
el proceso de selección; estimular el autoperfeccionamiento; identificar
procesos críticos de la organización que afectan el cumplimiento de la
visión. Permite, sobre todo, alinear, los objetivos individuales y
colectivos con los organizacionales.
Una herramienta indispensable para enfrentar este desafío hoy día es la
Gestión por Competencias, que pasa a transformarse en un canal continuo
de comunicación entre los trabajadores y la empresa. La organización
debe comenzar a redefinirse a partir del rediseño de una nueva visión
que parte del mejoramiento y el desarrollo de las personas.
Esto plantea un desafío, tanto desde la capacitación, que debe
integrarse al entrenamiento y la experiencia, como de trabajo
profesional de creación de nuevos valores, que modifiquen el
comportamiento del individuo, del colectivo y de la propia organización.
Estas nuevas propuestas y perspectivas sobre las Competencias Laborales
y Evaluación de Desempeño se han ido desarrollando en dos empresas de
proyectos.
La Evaluación del Desempeño en las dos empresas estudiadas se
caracteriza por:
· En ambas hay una Evaluación del Desempeño orientada a resultados
· El sistema de Evaluación del Desempeño está desalineado con el sistema
de Competencias Laborales.
· Las Competencias Laborales son concebidas funcionalmente
· En ambas, la definición de Competencias es genérica, pero esto no está
acompañado de la madurez organizacional y el sistema de relaciones
interpersonales actual necesario para poderlas desarrollar
· Existe confusión entre los conceptos y su medición y desconocimiento
de los criterios de evaluación por parte de los trabajadores
· El proceso de Planificación Estratégica actual presenta un enfoque
asistémico con los sistemas diseñados de la evaluación del desempeño y
las Competencias laborales
En ambas empresas se entienden las Competencias como capacidades
adquiridas en términos de “idoneidad para realizar una tarea o
desempeñar un puesto de trabajo eficazmente por poseer la calificación
requerida para ello”. Luego, se enfatiza la tarea, se mantiene el
enfoque tradicional funcional y limitado referido con anterioridad.
Para lograr cambiar esta situación hoy latente en la organización es
necesario el comienzo de un proceso de aprendizaje que consista en
capacitar al personal en temas importantes para una transformación
efectiva, tales como: Misión y Visión, Comunicación efectiva, Trabajo en
equipo, Motivación, Intranet efectiva.
Se ha utilizado para estos fines el uso del siguiente esquema integrando
el Cuadro de Mando Integral.

A partir de la identificación hecha por el personal se busca un
alineamiento de los objetivos y las actividades que realiza cada
individuo como parte de un colectivo con los objetivos y la
planificación estratégicos de la organización.
En estos momentos con el desarrollo de las tres primeras acciones, se ha
llevado al grupo involucrado en la experiencia a asumir nuevas
competencias, desde la comprensión de la necesidad de modificar sus
comportamientos y lograr un desempeño superior, que parte de la
contribución de los miembros como colectivo al cumplimiento de una
misión efectiva de la organización.
El grupo-colectivo ha logrado a través de talleres de diálogo analizar
asuntos complejos que le han permitido un cambio de conciencia, así como
toma de decisiones que orientan el trabajo del equipo y su alineamiento
a una visión compartida.
Bibliografía
Alhama Belamaric, R; Alonso Arrastía, Francisco y Martínez Núñez, Tania.
Nuevas Formas Organizativas. 2004
Maynard,B.H. y Mehrtens,E.S.: La cuarta ola. 1993.
Mertens, L.: Competencias laborales: sistemas, surgimiento y modelos.
Cinterfor, OIT, Montevideo, 1997.
Rojas Nieto, E y Hernández Negrín, I. Evaluación del desempeño en la
Cultura de la Confianza. 2005.
Rojas Nieto, E y Hernández Negrín, I. Competencias Laborales en la
Cultura de la Confianza. 2005.
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