Este desequilibrio no sólo afecta la vida más íntima de una persona, sino que afecta su trabajo y su desarrollo profesional, porque las emociones desempeñan un papel importante en el ámbito laboral.
De la ira al entusiasmo, de la frustración a la satisfacción, cada día nos enfrentamos a emociones -propias y ajenas.
La clave está en utilizar las emociones de forma inteligente, para
que trabajen en beneficio propio, de modo que nos ayuden a controlar
nuestra conducta y nuestros pensamientos en pos de mejores resultados.
Por otro lado, cada uno de nosotros influye en el estado de ánimo de los
demás. Es perfectamente natural influir en el estado emocional de otra
persona, para bien o para mal; lo hacemos constantemente,
‘contagiándonos’ las emociones como si fueran el más poderoso virus
social.
Por eso se verifica hoy una tendencia mundial en la demanda de recursos
humanos (especialmente ejecutivos), que valora la capacidad de
interrelación emocional sobre la capacitación técnica.
Porque tanto el trabajo como el aprendizaje son sociales. Las
organizaciones son ‘redes de participación’.
Para lograr un desempeño efectivo en los trabajadores del
conocimiento (de cualquier trabajador, en realidad), la clave está en
inyectar entusiasmo y compromiso, dos cualidades que las organizaciones
o empresas pueden crear, pero no imponer.
Hoy no basta con un alto coeficiente intelectual para triunfar
profesionalmente, para competir o para desarrollar una empresa; se
requiere un control emocional adecuado, que nos permita tener una
interacción armónica en nuestro ambiente laboral: socios, colegas,
empleados, proveedores, clientes, etc.
Sin duda alguna, la inteligencia emocional no es una varita mágica; no
garantiza en una empresa una mayor participación en el mercado ni un
rendimiento más saludable. La vida de toda corporación es
extraordinariamente fluida y compleja.
Ninguna intervención, ningún cambio por sí solo, puede arreglar todos
los problemas. Pero si se ignora el ingrediente humano, nada de lo demás
funcionará tan bien como debería. Las empresas cuya gente colabora mejor
tienen ventaja competitiva.
En ese sentido, las facultades de la inteligencia emocional son
sinérgicas con las cognitivas; los trabajadores excelentes poseen las
dos.
Cuanto más complejo es el trabajo, más importante es la inteligencia
emocional, aunque sólo sea porque la deficiencia en estas facultades
puede dificultar la aplicación de la pericia técnica y el intelecto que
se tenga.
El
Lic. Cortese es escritor, publicista y es el principal investigador de
Inteligencia Emocional en Argentina. Instructor de los Talleres
prácticos de "Entrenamiento en Inteligencia Emocional" y de los
Seminarios in company "La Inteligencia Emocional en el trabajo y en la
empresa". Presidente de la 'Asociación Para el Desarrollo de la
Inteligencia Emocional'. Consultor externo. Publicista. Escritor e
investigador. Instructor de la materia "Inteligencia Emocional en el
Servicio Total al Cliente" en el Centro de Estudios Buenos Aires. Autor
de los cursos multimedia para Competir.com. Director del portal
Inteligencia-emocional.org
www.inteligencia-emocional.org infoarrobainteligencia-emocional.org
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