El artesano fragua a fuego lento, poco a poco, la fruta madura en silencio, como el buen vino viejo… Citando a Loquillo, poeta urbano donde los haya, nuestra vida corre veloz como un Cadillac sin frenos. Por ello lo “express” está de moda: café express, viajes express y como no, parece que también la formación express ha entrado fuerte en el mercado.
Nuestra centralita está repleta de solicitudes tipo: Si, mire,
necesito un curso lo más corto posible para poder comenzar a Ser Coach
Express cuanto antes. De hecho, si pudiera ser por telepatía estaría
mucho mejor, o si lo imparten tipo película “Matrix” y me pueden
implantar un chip subcutáneo con toda la información pago lo que sea…
Llegados a este punto (algo exagerado en la parodia pero no del todo
irreal) creemos que ha llegado el momento de reivindicar el arte de
cualquier oficio fraguado con mimo en el tiempo, el sabor insustituible
de las cosas amasadas a fuego lento y con amor, la sabiduría que habita
en los tiempos de digestión en silencio, los frutos que anidan en
semillas aguardando a oscuras su tiempo de inevitable maduración…
Empieza el cole y empiezan los cursos. Es una alegría que haya tantas
posibilidades y tanta calidad. Sin embargo, puede ser importante
enraizarnos un poco y reflexionar, por un instante, Como y desde donde
elegimos y comenzamos. Comenzar cualquier formación con las miras
puestas en su pronta finalización y en la obtención de inmediatos
resultados lo-más-perfectos-yeficaces-posibles-ya, es a nuestro juicio,
una habitual deformación actual y una seria limitación en los resultados
a largo plazo. No creemos que esta dirección genere Arte. Tampoco
creemos que en principio la desee nadie, simplemente se da, estamos tan
enfocados en los resultados inmediatos y en acumular información que
podemos alejarnos de disfrutar del proceso y de crecer viviéndolo. Puede
incluso que una vez comenzado un curso anual, ya estemos enfocando la
atención en donde podremos ir el año que viene a hacer “más”.
¿Qué es el Coaching? Es un proceso personalizado y confidencial en el que el/la Coach, gracias a un valioso conjunto de herramientas y, en nuestra opinión, a un continuado y profundo trabajo de desarrollo personal que favorezca un Encuentro, y una Presencia y Coherencia, guía al cliente a recordar su dirección fundamental en la vida, sus objetivos, a superar barreras y limitaciones… Es un apasionante espacio de exploración en el que gracias a la brújula experta del Coach se encuentran nuevas sendas, y quizás se pueda generar un puente de conexión entre donde está ahora una persona y donde realmente desea estar.
El Coaching para nosotros es un Arte cuya semilla se planta en un curso inicial y va germinando poco a poco. El arte, como la poesía, o una caricia, puede llegar a ser depauperado por un exceso de exigente eficiencia. Procuremos disfrutar sin prisa el aprendizaje de cada día y enfocarnos algo más en lo que hemos conseguido y no tanto en los que nos falta. Utilicemos las técnicas no únicamente hacía fuera - para aplicar a los demás - si no como una vía de profundo trabajo personal - hacia dentro – con muchiiiísima humildad. No podremos expandir la paz hasta que no encontremos paz en nuestro propio corazón.
Hemos aplicado esta realidad al Coaching, pero se puede aplicar a cualquier área de crecimiento personal, ya que aquí no se está profundizando tanto sobre el QUÉ sino sobre el COMO y DESDE DONDE aprendes: si con ello te formas o te deformas. La respuesta es íntima y personal, requiere un poco de quietud y silencio.
No hay nada como ver a un experto ejercer su arte. Cuando ves a las gimnastas haciendo movimientos tan hermosos y estéticos parece hasta fácil. El fundamento de esa “aparente facilidad” reside en la cantidad de horas de entrenamiento que hay detrás. A veces, un coach experimentado, con tres preguntas o encuadres aparentemente tontos y sencillotes, llega a conseguir cambios verdaderamente rotundos y duraderos. Esos movimientos hermosos son un arte, son un licor sublime destilado durante largo tiempo de experiencia, desde el cariño, sin apremio, a fuego lento. Nadie puede implantarte el sabor de un Coach Gran Reserva pues la barrica eres tú. Disfruta trabajando en el silencio de tu bodega y déjate un poco de tiempo para disfrutar como, lentamente, paso a paso, tu incompetencia consciente – que Dios quiera que la tengas si comienzas - pasa a ser competencia inconsciente y ya es un arte que te recorre las venas.