Pensamiento de Peter Drucker

Quizá ningún experto en gestión empresarial ha visto las cosas tan claras como Peter Drucker, y las ha expuesto con tanta audacia. Hemos gozado de un observador excepcional, de un gran maestro en este campo, de un comunicador eficaz que nos ha abierto los ojos. Para este pensador y escritor prolífico, el pan era pan, y el vino, vino; descanse en paz tras 96 años de fértil vida.

Será imposible olvidar sus mensajes, sus certeras síntesis, sus sólidas soluciones, que además parecen ganar vigencia con el tiempo. Gracias, Mr. Drucker.

Siendo yo redactor del newsletter corporativo de una consultora española, le dediqué una columna en enero del año 2000, poco después de que el maestro cumpliera 90 años; como no es muy extensa, he querido reproducirla ahora:

“Peter Ferdinand Drucker, the guru of gurús, ya ha cumplido 90 años. Nació el 19 de noviembre de 1909 en Viena, donde vivió hasta los 18 años; luego estudió y trabajó en Frankfurt hasta que se trasladó a Inglaterra en 1933. Poco después, en 1937, viajó a Estados Unidos, donde comenzó trabajando para un banco y siendo también corresponsal de algunos periódicos británicos. En los años 40 desarrolló su interés por la gestión empresarial y dedicó casi dos años a estudiar el funcionamiento de General Motors. En 1950 ya había escrito importantes libros y artículos, y era profesor de la Universidad de Nueva York; en seguida desarrolló sus primeras ideas sobre la dirección por objetivos, y escribió lo que podemos considerar su primera gran obra, The Practice of Management (1954), que contribuyó a la evolución de la tradicional mentalidad de producción hacia una mentalidad de marketing.

Durante la segunda mitad de este siglo, sus frecuentes y muy importantes libros le consagran como padre del moderno management. Por citar algunos, recordamos The Effective Executive (1966), The Age of Discontinuity (1969), Management: Tasks, Responsabilities, Practices (1974), Managing in Turbulent Times (1980), The Changing World of the Executive (1982), Innovation and Entrepreneurship (1985)… No menos interesante resulta el último. Management Challenges for the 21st Century (1999). Él rechaza la condición de profeta que se le atribuye, y afirma que es, sobre todo, un observador; también se confiesa individualista y amante del trabajo. Sus declaraciones en conferencias o entrevistas resultan siempre impactantes y aun provocadoras, pero no cabe duda de que tienen sólidos fundamentos. Aunque nuestros lectores conocerán probablemente todos estos datos de su trayectoria, nosotros hemos querido recordarle aquí, en este primer número del esperado año 2000”.

Así recordé efectivamente a Peter Drucker al comienzo del año 2000, poco después de haberle dedicado un artículo titulado “Cincuenta años de Dirección por Objetivos”, que se publicó (septiembre de 1999) en la revista Capital Humano, editada en Madrid. Traigo aquí también el primer párrafo de aquel texto:

“Han pasado casi cincuenta años desde que Peter Drucker formulara los antecedentes de la “Dirección por Objetivos”; poco después George Odiorne contribuyó también a su popularización, y desde entonces otros muchos expertos han profundizado muy certeramente en el tema. En este periodo de tiempo, la DpO ha generado cientos de libros, más de un millón de seminarios, y desde luego algunos importantes ingresos para las consultoras. Como se recordará, este sistema de gestión se aplicó primero a directivos senior y a vendedores, luego a mandos intermedios, y más tarde se pensó en el personal titulado y otros trabajadores de a pie. Puede decirse que la DpO llegó a España en los años 80, sobre todo de la mano de las multinacionales, no sin generar tanto escepticismo como expectación. Ahora parece una de las doctrinas más adulteradas en el mundo del management”.

Por entonces me parecía, en efecto, que la doctrina de los objetivos estaba siendo desdibujada en la aplicación, e incluso recuerdo haber leído un artículo en que parecía quererse enterrar la misma en favor de la emergente dirección por valores.

No voy a extenderme ahora, pero, siendo importante el hecho de compartir y cultivar los valores corporativos, nada de ello ponía en cuestión —me parecía a mí— la necesidad de asegurar que los resultados individuales contribuyeran al logro de las metas globales. Seguramente, la concepción que Drucker hacía de la dirección por objetivos tras sus experiencias en grandes empresas, fue pronto reducida a la idea imperante del management científico, pero él ya adelantaba hace 50 años postulados humanistas que hoy se admiten abiertamente. Yo creo que las ideas de Drucker siguen vigentes, y que él mismo ha ido mostrándonos el avance de los tiempos.

También ha constituido Drucker una inexcusable referencia en otros muchos aspectos de la gestión empresarial, y todavía hoy hemos de seguir proclamando, por ejemplo, la importancia del marketing y la innovación. Personalmente, llevo algunos meses estudiando el perfil del nuevo trabajador del conocimiento que tan bien nos definió, tras acuñar el término —knowledge worker— hace varias décadas.

Sin duda, la nueva economía precisa de nuevos perfiles en directivos y trabajadores, aunque seamos lentos en admitirlo, o veamos sólo una parte de los aspectos cambiantes. Pero mi intención es ahora la de sumarme desde estas páginas al recuerdo del maestro, fallecido en Claremont el pasado 11 de noviembre (2005). Quienes le conocieron mejor, nos recordarán enseguida más detalles de su vida y obra.

Yo termino, por cierto, con un detalle que quizá no sea muy conocido. Al parecer, cuando el prestigioso profesor Mihaly Csikszentmihalyi se dirigió a Drucker para pedirle su colaboración en un estudio sobre la creatividad —pudo ser hace unos 10 años—, éste, para declinar la invitación, respondió con una carta entre cuyos párrafos podía leerse:

“Me dicen que soy creativo… No sé lo que significa eso… Yo simplemente sigo trabajando laboriosamente… Espero que no me juzgue presuntuoso ni grosero si le digo que uno de los secretos de la productividad —en la que Drucker decía creer más que en la creatividad— es tener una papelera muy grande para archivar todas las invitaciones como la suya. La productividad consiste en emplear todo el tiempo de que uno dispone en la labor que el Señor le ha encomendado, y en hacerla bien”.

Éste también era nuestro Drucker, trabajador incansable, nada dispuesto a colaborar en proyectos con los que no se identificara. Su atención estaba siempre ocupada en sus propias inquietudes. Sin duda, parece haberse ganado el descanso eterno.

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Enebral Fernández José. (2005, Noviembre 1). Pensamiento de Peter Drucker. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/pensamiento-peter-drucker/
Enebral Fernández, José. "Pensamiento de Peter Drucker". GestioPolis. 1 Noviembre 2005. Web. <https://www.gestiopolis.com/pensamiento-peter-drucker/>.
Enebral Fernández, José. "Pensamiento de Peter Drucker". GestioPolis. Noviembre 1, 2005. Consultado el 15 de Agosto de 2017. https://www.gestiopolis.com/pensamiento-peter-drucker/.
Enebral Fernández, José. Pensamiento de Peter Drucker [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/pensamiento-peter-drucker/> [Citado el 15 de Agosto de 2017].
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