INCIDENCIA EN LA ECONOMÍA FAMILIAR, COMERCIALIZACIÓN, PROBLEMAS DEL
OFICIO Y DISPOSICIÓN AL ASOCIATIVISMO
Este artículo presenta algunos problemas inherentes a la producción
artesanal tradicional en Santiago del Estero, surgidos de
investigaciones recientes: un diagnóstico de la actividad[i][1], y una
exploración de las condiciones que influyen sobre la formación de grupos
y asociaciones en los sectores populares rurales de la provincia.[ii][2]
Buena parte de lo que hoy denominamos “las artesanías tradicionales”
continúa satisfaciendo las necesidades funcionales de la producción, el
abrigo o la vida cotidiana, pero sólo para la población rural, o
peri-urbana, que es la que conserva la impronta de la vida, los usos y
costumbres tradicionales. Industria de y para pobres rurales, pero
también atractivo símbolo de la cultura nativa de los santiagueños que
emigraron, y aún para algunas familias urbanas que estiman su
significación cultural, presenta los síntomas de deterioro que hoy
caracterizan a los sectores sociales en que nació: marginalidad, riesgo
de extinción por los cambios de costumbres y la competencia de la
industria actual. Consignamos algunas evidencias surgidas del trabajo de
campo referidas al oficio, las familias, el asociativismo, la
comercialización y otros problemas advertidos por los artesanos, los
expertos consultados y por nuestra propia mirada.
La producción artesanal es concebida genéricamente como una industria
manufacturera que se basa en el aprovechamiento de productos existentes
en la zona de residencia del artesano; originalmente nace como una forma
de satisfacer necesidades de uso comunes en la zona. En etapas
posteriores, aparecen otros sentidos de aprovechamiento, otros usos y
funciones, explícitos o implícitos, que rebasan las aplicaciones
iniciales. A su vez, los contactos culturales y la expansión de la
economía genera circuitos comerciales que, en muchos casos del pasado y
aún en el presente, llevan productos artesanales a regiones muy
distantes.
En la actualidad, en varios de los rubros que hemos analizado, los
productos elaborados se complementan con productos industriales que
deben ser adquiridos por el artesano. La difusión de la economía de
vastos mercados ha convertido en residuales y a veces virtualmente
inexistente la autoproducción. Los trenzadores compran argollas y
hebillas; los plateros adquieren plata y alpaca en comercios, o deben
reciclarlos de otros objetos. Aún en el caso de las teleras, es muy
frecuente que no posean una majada de ovejas, y adquieran la lana a
otros productores de la zona, o en comercios a los que éstos la venden;
un caso particular de esta actividad es la utilización de la lana de
alpaca, traída por los comerciantes que los abastecen desde otras
provincias de la región, principalmente Catamarca.
Las formas de producción artesanal son primitivas, realizadas en
condiciones precarias. Se trabaja casi siempre al aire libre o bajo
cobertizos elementales, lo que contribuye a aumentar los problemas de
salud derivados del propio oficio. Las herramientas no son fácilmente
renovables, y se recurre a improvisarlas y adaptarlas.
LOS INGRESOS MONETARIOS EN EL PRESUPUESTO FAMILIAR
La reserva o la desconfianza que advertimos entre los artesanos hacia
los encuestadores afecta uno de los temas delicados que abordamos, por
corresponder al dominio de la vida privada, como es el de los ingresos.
Sabemos que en algunos casos la respuesta dada por los encuestados
incluye ocultamiento de ingresos ocasionales. Aceptada esta restricción
general, no tenemos razones para suponer que se tratara de modo
diferente a los ingresos provenientes de la venta de artesanía que a las
otras fuentes de ingreso, lo que hubiese provocado un sesgo según origen
de los ingresos. Nuestro objetivo principal al efectuar la
reconstrucción de los ingresos consistía básicamente en calcular la
proporción del ingreso monetario familiar aportada por la producción
artesanal.
Una dificultad adicional es la de reconstruir el presupuesto familiar de
todo el último año, que fue lo que nos proponíamos. Esto significó un
considerable esfuerzo para el encuestador, que debía ayudar a recordar,
con la finalidad principal de llegar a saber qué proporción de los
ingresos monetarios proviene de la artesanía. Nos centramos en el
ingreso monetario, dado que la economía familiar rural tiene un alto
componente de ingresos que no lo son, provenientes de la producción
agrícola y pecuaria, de la caza y la recolección, y de numerosos
arreglos con vecinos y clientes basados en trueques, favores que se
hacen y se reciben como devolución, actividades todas que asumen la
forma de intercambios de bienes y servicios, que resulta muy difícil de
describir salvo que se realice un estudio de casos específico, lo que
excedía nuestro propósito en esta investigación.
De todas maneras, sabemos que hay un subregistro del ingreso proveniente
de la producción artesanal, dado que en muchos casos ella es canjeada
por mercadería a los compradores, y esto afecta particularmente las
zonas donde este mecanismo está más generalizado.
Una aclaración necesaria para la comprensión de este apartado es que
aquí hablaremos de los hogares de los artesanos, integrados por todo su
grupo familiar, en los que hallamos un variado espectro de ocupaciones,
ejercidas por la mayoría de sus miembros, aún niños y jóvenes, ya que se
empieza a trabajar muy temprano y el retiro es muy tardío. Tampoco es
infrecuente que el varón y la mujer adulto, cabezas del hogar, tengan
cada uno más de una ocupación. Al hablar de los ingresos de todo el
grupo, entonces, estamos refiriéndonos a una población aproximada de
2.772 personas, resultado de multiplicar los 478 hogares por 5,8
miembros que estas familias tienen, en promedio.
Como lo muestran el siguiente cuadro, en promedio y para el conjunto de
la muestra, los ingresos monetarios provenientes de la artesanía aportan
el 39,4 % de los ingresos monetarios totales de los hogares encuestados.
Una proporción levemente mayor, 42,6 %, proviene de los otros trabajos,
ya sean del propio artesano en el caso de que tenga más de una
ocupación, o de los restantes miembros del grupo familiar en edades
activas. El resto del presupuesto, 18 %, esta conformado con aportes
estatales en conceptos de jubilaciones y pensiones a personas mayores o
afectadas por invalidez, y por pensiones graciables a madres de siete
hijos, el más numeroso en proporción.
Como puede apreciarse, existe considerable heterogeneidad dentro de los
principales rubros que analizamos al considerar el origen de los
ingresos. El rubro de las manufacturas en cuero es el que más ingresos
monetarios genera (62,7 %), y el de la tejeduría el que lo hace en menor
proporción (24,6 %). Creemos que en este último caso esta baja
proporción está expresando simultáneamente un problema de mercado y la
forma característica de comercialización para la mayoría de las teleras,
que consiste en el canje de su producción por mercadería.
La labor de cesteros y carpinteros genera también ingresos monetarios
relativamente bajos, apenas superiores a los de las teleras: 26,6 % y
27,1 % respectivamente. Por su parte, quienes producen alimentos
obtienen de esa actividad el 37,6 % de su presupuesto; en esta
proporción relativamente alta del ingreso creemos que influye el hecho
de que los alimentos en general son comercializados al contado. El rubro
de “otros”, en el que el ingreso por producción artesanal alcanza al
40,1 %, incluye actividades de tipo artístico, como la alfarería y la
cerámica, el tallado, y también la construcción de instrumentos
musicales, que por ser una actividad muy calificada y con mercados bien
acotados, suele generar valores de venta significativos.
Una conclusión más general es que la gran mayoría de los artesanos no
sostiene a su grupo familiar sólo con esa actividad, y que debe
complementarla con otros trabajos de él o de otros miembros de su grupo
familiar.
Al considerar los valores de ingreso en números absolutos, en el cuadro
siguiente, se obtiene una visión complementaria de la que acabamos de
dar. Esas cifras afirman aún con mayor énfasis que los artesanos del
cuero tienen el ingreso total más elevado, que llega a ser seis veces
mayor que el más bajo, el de las teleras. El caso de los productos de
cuero lo explicamos por varias razones: el carácter utilitario de los
mismos, utilizados en las labores pecuarias en todo el país, lo que
determina la existencia de un mercado extenso dentro del cual es
apreciada la manufactura santiagueña, y en tercer lugar la existencia de
un mecanismo de intermediación consolidado a través de la compra-venta
que efectúan los “pilcheros” de la región sur: Ojo de Agua y Quebrachos.
A pesar de que el intermediario obtiene su ganancia –como es lógico- en
estas operaciones, por lo común paga al contado, cosa que no hacía en
décadas pasadas el pilchero que ingresaba a la región de la tejeduría.
Observamos también en el cuadro que en general los ingresos aportados
por los otros trabajos son semejantes a los generados en las artesanías,
con la visible excepción de los artesanos del rubro “otros”, que incluye
a los luthiers: en este caso, creemos que está relacionado con su
localización urbana, sus niveles más altos de instrucción y su nivel
económico social más elevado, lo que los favorece al momento de buscar
otros ingresos en la estructura ocupacional.
La evolución de los ingresos monetarios tiene sensibles variaciones a lo
largo del año. Aquí deben considerarse conjuntamente la evolución de
aquellos ingresos que provienen de la artesanía y los de otras fuentes,
pues ambas se complementan como estrategias ocupacionales para dar
satisfacción a las necesidades del grupo familiar. En lo que sigue de
este apartado nos centraremos en los ingresos generados por la
producción doméstica o por ocupaciones extradomésticas, por lo que no
consideraremos los ingresos provenientes de jubilaciones y pensiones.
Si bien las teleras trabajan todo el año, hallan mejores condiciones
para el trabajo durante el tiempo seco del invierno, a la vez que se
favorece el contacto de las personas de la ciudad que suelen ser
clientes de aquellas que más venden. En los cesteros se observa el más
bajo ingreso promedio de toda la muestra, de $ 6 en el mes de mayo,
seguido por un período de mayores ingresos entre junio y agosto,
determinado por la temporada turística en Las Termas de Río Hondo.
Comparativamente los ingresos de teleras y artesanos del cuero son más
estables que los de los cesteros a lo largo del año.
Los hogares de artesanos del cuero venden su producción principalmente
en invierno, pero en verano compensan la baja con ingresos que provienen
de otras actividades no artesanales: tienen un pico en los meses de
diciembre y enero, debido a la demanda estacional de jornaleros
agropecuarios para labores de desflorada de maíz en otras regiones del
país. Los mismos artesanos participan en este ciclo que les proporciona
ingresos relativamente elevados. Los productores de alimentos
tradicionales presentan un pico inverso, localizado en el período
estival, probablemente influido por la mayor demanda asociada a las
fiestas de fin de año, y a la vez por la afluencia de santiagueños
radicados en otras provincias durante los meses de verano. En el caso de
los artesanos ocupados en los otros rubros no existe una diferencia
sensible con relación a lo ya dicho; se observa también un pico en el
período invernal, asociado al turismo y a la realización de ferias
locales urbanas.
Las constantes apuntadas se manifiestan también al considerar las cifras
de los totales generales: los ingresos declinan gradualmente después del
verano, siendo Mayo el mes de menores ingresos; luego de un repunte
Junio y Julio se observa una nueva declinación, que tiene su sima en
Septiembre. Si se comparan ahora los ingresos provenientes de la
artesanía con los de los otros trabajos, podrá apreciarse que estos
últimos presentan una depresión invernal que los primeros complementan.
Es inevitable relacionar estas variaciones, como ya se lo sugirió antes,
con la estacionalidad propia del trabajo agrario: el invierno es época
de receso, tanto desde el punto de vista biológico como laboral, y esto
aumenta la capacidad de trabajo de brazos que no están reclamados por la
siembra y la cosecha. Por lo tanto, es el tiempo apropiado para las
labores de recomposición de los enseres domésticos, estrechamente
relacionados con las condiciones productivas del hogar rural: se hacha
para reparar los cercos, se acondiciona la vivienda preparándola para el
verano lluvioso, se arreglan o construyen instrumentos de trabajo, y,
típicamente, se hila y se teje. Tras este ciclo que describen los
ingresos monetarios en la actualidad reposa seguramente una tradición
generacional aplicada durante largo tiempo antes de que se instalase la
economía de mercado, que ésta no ha logrado modificar sustancialmente.
No se nos debe ocultar que estas cifras de ingreso promedio esconden
realidades de economías familiares muy distintas, pues las cifras están
elevadas por los artesanos que tienen ingresos más altos y en algunos
casos regulares.
Es el caso de muchas familias en las que los ingresos por la venta de
artesanía son escasos o nulos, que se consideran del oficio pero que,
como muchos lo dicen, “no se vende nada”. Un reflejo de esta diversidad
interna fue captado aproximadamente por una descripción subjetiva que
pedimos de los propios ingresos, a través de la pregunta 6: “Usted diría
que, de todo su ingreso en dinero, la artesanía le proporciona: a) todo
su ingreso en dinero; b) tres cuartas partes; c) la mitad; d) la cuarta
parte; y e) menos de la cuarta parte.”
En los datos agregados para todos los rubros, las respuestas a esta
pregunta revelan dos claros extremos en la distribución: por un lado los
artesanos cuyos hogares llamaríamos “profesionalizados”, que obtienen de
ella todo o tres cuartas parte de su ingreso en dinero, constituyen un
tercio de la muestra (33,9 %). En el otro extremo, los que obtienen por
este medio la cuarta parte o menos de la cuarta parte de su ingreso, y
que podríamos llamar artesanos “marginales”, son la mitad de la muestra
(51,0 %), quedando entre ambos un pequeño grupo de hogares que obtiene
sus ingresos de ambos modos, en proporciones semejantes.
LA COMERCIALIZACIÓN
La comercialización es la etapa en la que se manifiestan los problemas
principales que presenta la producción artesanal tradicional. La mayoría
realiza ventas ocasionales, a partir de pedidos o de la azarosa
aparición de un cliente. No olvidemos que la mayoría son residentes
rurales, a menudo en zonas aisladas. Muchos de los artesanos encuestados
afirmaron que no están produciendo nada porque no hay a quien venderle;
no obstante, de acuerdo a los objetivos que nos propusimos, no
condicionamos a este hecho la encuesta y el registro, porque nos
interesaba relevar la capacidad de producción y especialmente los
problemas que esta actividad enfrenta.
Al momento de la comercialización, el productor artesano se encuentra en
la posición más débil; no siempre posee una clara conciencia del valor
de lo que produce, y generalmente está aquejado por la urgente necesidad
de dinero, por lo que casi siempre se ve obligado a aceptar las
condiciones que le ofrecen los comerciantes o los revendedores.
La supervivencia del trueque debe ser explicada teniendo en cuenta
razones culturales, ya que durante mucho tiempo fue una forma
generalizada de intercambio en las áreas rurales, habitual en el
contexto organizativo de la estancia, la finca y el obraje hasta ya
entrado el siglo XX. Ello otorga una esfera de poder económico muy
grande a quien opera en el plano local como abastecedor o comerciante,
sobre todo para pobladores con acceso limitado a medios urbanos.
Típicamente, el artesano santiagueño fue cliente del comerciante local,
y éste el acopiador y revendedor de las artesanías, principalmente en el
caso de la tejeduría. Desde que se formaron comunidades de provincianos
en áreas metropolitanas, como las de santiagueños en el Gran Buenos
Aires, comenzaron a operar otro tipo de intermediarios, los pilcheros,
que compraban al artesano en su lugar de residencia, y transportaban los
productos en su vehículo hasta lugares a veces muy alejados. Las
provincias patagónicas fueron una frontera de este circuito comercial,
construido al interior de una comunidad cultural dispersa pero unida por
su común origen provinciano capaz de reconocer y valorar tales
productos.
Los procesos de aculturación hicieron que en los hijos de esos
provincianos, nacidos y criados en otros contextos, se debilitase el
lazo cultural que sus padres mantenían. Al mismo tiempo, la emigración
hacia Buenos Aires disminuyó sensiblemente desde los años 70. Estas
razones incidieron en la pérdida de este mercado, y desde hace
aproximadamente una década los pilcheros dejaron de recorrer las zonas
de producción de tejidos. Varias de las teleras que entrevistamos
recuerdan la época en que la visita mensual de un pilchero les aseguraba
una venta adicional; esto era ventajoso para ellas, porque a pesar de
que el precio no era bueno, la transacción incluía algo de dinero además
de mercadería, mientras que la venta al comerciante local se basaba en
el trueque directo. No obstante, mantener una relación comercial de este
tipo con el comerciante del lugar siguió y sigue siendo importante para
los artesanos, porque brinda seguridad a familias que tienen permanentes
necesidades de abastecimiento y escasos ingresos. En algunas zonas el
ingreso de los pilcheros se vio dificultado por la existencia de esta
rígida relación de dependencia con el comerciante del lugar, y tenemos
datos de que en lugares como Atamisqui algunos actuaron como acopiadores
del mismo comerciante, que les daba un lugar en el proceso de
comercialización porque así podía reunir más piezas.
Esta situación hoy ha cambiado. Pero las mismas razones de
estrechamiento del mercado que ocasionaron la gradual disminución de los
pilcheros de tejidos, han hecho que los comerciantes locales adquieran
cada vez menos esta producción, generando los problemas que nuestra
encuesta registra.
Si intentamos clasificar las modalidades de comercialización vigentes en
la provincia para la producción artesanal, observamos que se orientan
principalmente a mercados locales, externos, y mixtos.
Los mecanismos de intermediación son escasos y en general desfavorables
para el artesano. Resalta el caso de la cestería de Río Hondo, orientada
a un público turístico de afluencia regular pero muy limitada en el
tiempo. Como ejemplo de una orientación a mercados extraprovinciales se
presenta la manufactura en cuero de la región sud, Ojo de Agua y
Quebrachos, conducida a la región pampeana mediante considerable número
de pilcheros residentes en la zona que siguen itinerarios regulares;
existen trenzadores en muchos puntos de la provincia, más orientados a
clientes de su zona. En cuanto a los instrumentos musicales, en el que
debe mencionarse el caso particular de los bombos, que constituyen
artículos apreciados, con un mercado local considerable y también
colocación a clientes de otras provincias y del extranjero.
PROBLEMAS PERCIBIDOS Y TRANSMISIÓN DEL OFICIO
El abastecimiento de los insumos necesarios para producir es un problema
para todos los oficios artesanales. La gran mayoría compra la lana, el
cuero y la madera; quienes producen alimentos –arroperas y queseras-
señalan la escasez de leche y de tuna. Hay lugares, como la Estación
Atamisqui, donde hasta el agua para el lavado de la lana debe ser
adquirida al municipio. Además, la compra de insumos industriales
necesarios para la mayoría de los productos es problemática por su costo
y porque obliga al trueque con los proveedores.
En lo que se refiere a las condiciones en que trabajan, se hacen
variadas referencias a la necesidad de cobertizos o cerramientos para su
lugar de trabajo. Son muy pocos los que disponen de un sitio techado:
solo hallamos tres casos entre las teleras en que tienen su telar a
cubierto; esto obliga a montar y desmontar el tejido ante las
variaciones climáticas. Entre los trabajadores del cuero, se señala la
falta de máquinas sobadoras y rodillos grabadores de dibujos; tanto
ellos como carpinteros y tejedoras advierten las dificultades de renovar
sus instrumentos de trabajo por el desgaste.
Al momento de evaluar que podría hacerse para ayudarlo en su trabajo,
estos problemas se convierten en demandas que, en general, podrían
resumirse en una: la ayuda en el proceso de producción. Menciones muy
concretas se han señalado en todos los rubros: las más nutridas
referidas a la ayuda para facilitar la comercialización, crédito para
compra de insumos y herramientas, local para trabajar y para la venta.
Se señala la necesidad de ser capacitados e instruidos para producir y
vender, y alguna forma de organización entre pares para hallar salidas a
estos problemas.
Si bien la tendencia a trabajar solo puede ser considerada
característica de oficios como los artesanales, no sería prudente
amalgamar esta conciencia de individualidad a lo que habitualmente
denominamos individualismo, y menos aún como un obstáculo al crecimiento
asociativo. La competencia propia de quienes procuran captar clientes
escasos es típica de la actividad económica; al señalar estos rasgos los
encuestados también se expresan positivamente hacia posibles formas de
nucleamiento, aunque sólo unos pocos tienen ideas precisas acerca de
cómo podrían darse, y para qué necesidad. La mayoría de ellos no ha
vivido otra experiencia asociativa que la familiar –que en algunos
momentos hemos denominado “de clan”, quizá con escasa precisión técnica,
para aludir a los casos de la familia extensa- o la de la comunidad
territorial próxima.
En un sentido distinto hemos recogido opiniones de quienes perciben con
claridad que algunas formas de cooperación son indispensables; así como
de quienes sienten la necesidad de apoyo y de crédito para sustentar sus
micro-emprendimientos personales o familiares.
Problemas de comercialización
Hemos señalado ya que este es uno de los problemas cruciales de la
producción artesanal. Como tal es percibido, y el clásico reclamo “Que
nos ayuden a vender” señala la dirección principal en la que tiene que
orientarse la asistencia. No sólo se quejan de las dificultades para
vender, sino también de la necesidad de locales o centros de venta que
faciliten la salida de su producción. Muchos señalan también la
conveniencia de que se promuevan exposiciones y encuentros zonales y
regionales a los que puedan concurrir para mostrar su producción. En
muchas localidades del Departamento Avellaneda, la suspensión del
servicio de trenes ha afectado las ventas de productos alimenticios.
La asistencia a ferias y encuentros tiene importancia porque ellas
constituyen una de las pocas oportunidades que la mayoría de los
artesanos tiene de estar frente a un cliente al cual venderle su
producción en el precio que él considera que vale. Por este motivo nos
encontramos repetidamente con el pedido de que sean ayudados a
participar de estos encuentros. En el conjunto estudiado, que sólo un 17
% haya asistido en el último año, y que un 72 % no lo haya hecho, pone
de manifiesto el extremo aislamiento en que desarrollan su tarea,
condicionado en buena parte por su lugar de residencia, pero también por
la orfandad de su propio nucleamiento y de la asistencia externa. Los
dos grupos en los que se observa una participación alta son los cesteros
y otros, ambos muy urbanizados. El caso del Festival del Canasto es la
alternativa principal para la mayoría de este rubro.
Problemas de salud
No sólo los problemas de la producción aparecen en encuestas y
entrevistas, sino también los relacionados con la salud del propio
artesano, que a menudo advierte la declinación de sus fuerzas y la
imposibilidad de trabajar como antes. En los cesteros se señalan
problemas de desviación de columna y en general dolores de espalda,
debidos a que se teje sentado, con la espalda encorvada, apoyando los
codos sobre las rodillas. También problemas de piel, debido a que la
paja lastima la piel de las manos.
Las teleras también presentan problemas de columna, y afecciones que
afectan la vista debidos a la pelusa de la lana que vuela. Además, tejer
requiere fijar la vista constantemente. El trabajo al exterior durante
el invierno también resiente el organismo. Como se esfuerzan en
aprovechar las horas para concluir, a veces prenden fuego a los costados
para darse calor. Celestina Leguizamón tiene afectadas las
articulaciones de tobillo y rodilla, y lo atribuye a su exposición
prolongada ante el calor de las brasas.
Entre los plateros es común la mención de que algunos terminan ciegos,
debido a que se trabaja constantemente en la cercanía del fuego, los
efectos de la soldadura y la manipulación del ácido nítrico. José
Pascual Acosta, 49 años, vive en Sumampa y padece de Mal de Chagas.
Tiene asistencia del PAMI porque pudo jubilarse debido a que trabajó
muchos años en la ciudad; en este aspecto, su caso es excepcional. Zenón
Chaparro, de 57 años, reside en Noque Paso, Salavina, que es talabartero
y cría animales, dice: “Actualmente casi no veo para trabajar”. El
ingreso monetario anual de su familia de ocho miembros es de $ 750, lo
que arroja un promedio de $ 2 por día, lo que no le permite viajar ni
comprar lentes. Por último, son muchos los que señalan la necesidad de
jubilación y de obra social que permita atender sus necesidades de
salud.
Transmisión de oficio
La gran mayoría de los artesanos reconoce haber enseñado su oficio a
otros; coincidiendo con los datos anteriores relacionados con su propio
aprendizaje, se trata principalmente de los hijos, en la mitad de las
respuestas positivas, y en segundo lugar a personas no familiares.
La facilidad del aprendizaje por parte de personas que no son de la
familia debe ser relacionada con la organización de la vida cotidiana y
el trabajo doméstico en las zonas rurales, donde se trabaja siempre al
exterior, y donde el contacto social es frecuente.
Percibimos una apreciable heterogeneidad dentro de los artesanos de
distintos rubros acerca de las actitudes que ellos advierten en los
jóvenes en relación con su interés en aprender el oficio. En el conjunto
de la muestra, son más los que dicen que no hay jóvenes interesados
(46,3 %) que los que dicen lo contrario (42,1 %). Pero al considerar
cada rubro individualmente, vemos que el desinterés es advertido con
mayor nitidez entre las teleras: dos de cada tres deplora esta
situación. Esta actitud parece estar relacionada con la crisis actual de
la tejeduría, mucho más acentuada que en otros rubros. En el extremo
opuesto hallamos a los cesteros: la gran mayoría advierte interés, y
algunos señalaron en las entrevistas que en los últimos tiempos muchos
jóvenes se inclinaban por el oficio de sus padres ante la falta de otros
alternativas ocupacionales.
La disposición a enseñar es muy elevada en todos los rubros, y creemos
que ello constituye la principal explicación de la supervivencia de los
oficios artesanales, al mismo tiempo que señala un potencial
considerable al momento de institucionalizar algunas formas de
transmisión al interior de las propias comunidades y grupos. Se trata de
mecanismos de reproducción social que han funcionado eficazmente como
medios de transmitir estrategias de vida imprescindibles en sectores
sociales en los cuales el trabajo escasea siempre. Hemos encontrado a
varias personas que recuperaron el oficio aprendido en la infancia en el
momento de formar su propia familia, ya adultos.
También indagamos acerca de las experiencias de capacitación y la
actitud hacia ella. Son muy pocos los artesanos que han tenido
oportunidad de participar en cursos; es excepcional la proporción de los
oficios agrupados en otros, en los cuales, como ya hemos dicho, abundan
los artesanos urbanos. No obstante hay excepciones y casos singulares:
un talabartero que aprendió a curtir en un curso que se dictó en Los
Telares, un carpintero se formó en una Escuela Monotécnica, y un soguero
que se entrenó mediante la lectura del clásico libro Trenzas Gauchas, de
López Osornio.
Disposición al asociativismo
El siguiente cuadro muestra que dos tercios de los artesanos manifiesta
que no hay colaboración o prácticas de ayuda mutua entre ellos (66,2 %),
mientras que el otro tercio afirma que sí la hay (22,2 %).
Los cesteros son los que mayor colaboración reconocen (67,3 %), pero
según mostraron las entrevistas más extensas que realizamos ello se debe
a que hay, en la zona de Las Termas donde ellos residen, una práctica de
ayuda entre familias emparentadas, algo así como una cooperación al
interior del propio clan, pero que no se extiende a la totalidad del
gremio: fuera de estas familias afines, se perciben competencia y
aislamiento comparables a los de otros rubros.
En tejeduría, madera y alimentos, entre dos y tres de cada diez
reconocen formas de ayuda; en general se trata de préstamos de
instrumentos o de materia prima, y excepcionalmente en ayudas para la
venta. Comparativamente, el cuero y los otros oficios son percibidos
como los más individualistas. Entre los trenzadores y laceros recogimos
muchas expresiones relacionadas con la autonomía en el oficio, en gran
medida semejantes a las que exponen las teleras.
Algunas de las preguntas que hicimos estaban dirigidas a captar el
conocimiento de la experiencia asociativa actual y la existencia de
redes de asistencia: si alguna persona o institución lo ayuda en su
trabajo de artesano, si pertenece a grupos o asociaciones de artesanos,
si conoce algún grupo o asociación de artesanos, aunque no él no
pertenezca o el grupo haya dejado de funcionar. Los resultados son que
la pertenencia a grupos es de sólo el 4 %: y que el conocimiento de
otros grupos no supera el 2 %. Estos datos deben tenerse en cuenta al
leer los cuadros siguientes.
El siguiente cuadro expresa algo así como una medida de la confianza –e
inversamente, del escepticismo- de cada oficio hacia la posibilidad de
establecer alguna forma de ayuda o colaboración. En el promedio general,
cinco de cada diez creen que sería posible, cuatro que no, y uno no
opina. Más favorables a una eventual asociación son los cesteros,
quienes manufacturan alimentos, y los otros oficios.
Entre las teleras también hay mayoría de quienes creen posible alguna
forma de asociación, pero debe advertirse que también es mayor el número
de quienes prefirieron no opinar. Entre los carpinteros predomina la
actitud que llamamos escéptica, y muy cerca de ellos se ubican quienes
trabajan el cuero.
Por último, en la pregunta 35 de nuestro cuestionario indagamos acerca
de la disposición a participar en una eventual reunión para hablar de
estos temas, en el caso de que una persona de confianza del artesano lo
convocase. Aunque una pregunta de este tipo sólo expresa una suerte de
actitud ideal, y la respuesta puede estar muy condicionada por la
situación propia de la entrevista, en la que no se desea desairar la
expectativa de la respuesta que se cree que el encuestador está
esperando, fue prácticamente unánime la respuesta positiva.
OTRAS PERSPECTIVAS
Algunos otros problemas de la producción artesanal surgen de los
diagnósticos que distintas organizaciones no gubernamentales formulan
sobre el tema. Para los técnicos que intervienen en el proyecto Un arte
escondido, los productos de elaboración artesanal del la zona del monte
santiagueño pueden alcanzar una excelente calidad, pues hay una
capacidad de factura muy buena entre los artesanos de la provincia.
El problema que encuentran quienes conducen el proyecto es que para
poder competir con productos de elaboración industrial, los artesanos
muchas veces utilizan materias primas más baratas o emplean técnicas que
les ahorran tiempo y trabajo y esto va en detrimento de la calidad de
las piezas. Un ejemplo de esto se puede ver en las piezas textiles, que
tienen muchas veces trama de algodón en vez de trama de lana e inclusive
lana industrial en vez de lana hilada a mano. Aunque probablemente el
peor de los problemas este relacionado con la tala indiscriminada; se
han encontrado en múltiples ocasiones con maravillosas piezas realizadas
por artesanos carpinteros de monte, que al ser entrevistados, casi con
lágrimas en los ojos refirieron que ya no tenían madera para trabajar a
causa de los obrajes de carbón.
Uno de los principales problemas que enfrentan los artesanos es la falta
de promoción para sus productos, un descuido total de la naturaleza en
la que se originan y desaprovechamiento de la oportunidad e indiferencia
ante la demanda de los centros urbanos nacionales e internacionales para
productos artesanales realizados en contacto con la naturaleza. Otro
gran problema es que como la artesanía no es considerada un oficio o una
alternativa laboral válida, se están perdiendo conocimientos y técnicas
de la artesanía tradicional. Una de las formas en que esto podría
prevenirse seria implementando, desde el gobierno provincial, talleres
de capacitación en técnicas artesanales, aprovechando el saber de
aquellos maestros y maestras artesanas que aun quedan en la provincia y
que son un reservorio viviente de esos amenazados saberes. [iii][3]
Otros informantes calificados entrevistados en el curso de esta
investigación coinciden con estos aspectos, y señalan otros, en relación
con la disminución de calidad por la introducción de materiales
considerados espurios, la forma de encarar la capacitación, la
organización de los grupos y la necesidad de trabajar el diseño y el
tipo de nuevos productos a elaborar.[iv][4] En un diagnóstico de la
actividad artesanal realizado recientemente, técnicos de la organización
no gubernamental Cumpas y Cumas elaboraron un diagnóstico de la
problemática del sector que consideramos conveniente transcribir:
En la provincia no existe un sistema organizado de comercialización de
la producción artesanal. Como forma de establecer el estado de situación
actual sería necesario hacerlo diferenciando por área específica, pero
en forma general podemos decir que: No hay un registro de artesanos. La
oferta de productos está muy atomizada.
No hay una propuesta de promoción de la actividad que facilite la
comercialización, apoyo de micro-créditos o un régimen impositivo
especial. Falta de espacios de intercambio entre los artesanos. Muchos
de los productos santiagueños salen por las provincias limítrofes como
producciones locales. No hay un sistema de vinculación directa entre la
oferta y la demanda que facilite y oriente la producción en cuanto a
tipos de productos y en algunos casos de diseño. La transmisión de
conocimientos es local y voluntaria; no hay incentivos o apoyos para
transmitir estos conocimientos en forma más sistemática. Hay pocas
organizaciones entre artesanos y son débiles; el fracaso de experiencias
anteriores frena el interés en participar en nuevas propuestas. No hay
una diferenciación de productos por calidad y zona de producción que
identifique al artesano.[v][5]
CONCLUSIONES
Los datos presentados permiten dimensionar la importancia de la
producción artesanal en la economía familiar de los hogares rurales, y
también los problemas que la caracterizan. La propensión a la asociación
es escasa, resultado de la falta de experiencia organizativa. Por las
características propias del trabajo artesanal, basado en la idea de que
uno mismo lo hace todo, se tiende a rechazar en principio la idea de
alguna forma de nucleamiento, expresada muchas veces como una dificultad
de “los otros”, dado que consideran que predomina el egoísmo, la
competencia, y la desunión; en general, estas expresiones resumen la
falta de confianza en sí mismos de personas y comunidades. La única
asociación en que se confía es la basada en el parentesco.
En los pocos lugares donde han existido experiencias de organización, no
existe una memoria que las rescate o valorice. Ninguno de los
emprendimientos asociativos impulsados –casi exclusivamente en el ámbito
de la tejeduría- ha logrado anclarse en las comunidades de artesanos, y
ser sentido como propio. En todos ellos ha sido gravitante el estímulo
externo, proveniente de técnicos o no, bien inspirados por lo general,
pero con un cierto grado de tutelaje y con un conocimiento parcial de
las modalidades de interacción y los valores de la población
involucrada. No es una síntesis inadecuada afirmar que esos intentos han
sido vistos por los actores de base como algo hecho desde afuera, que no
acompañaron su complejo pero indispensable proceso de crecimiento. Es
probable que por eso mismo se ha visto erosionada su continuidad.
No obstante, la posibilidad de organizarse no sólo no fue rechazada por
muchos artesanos, sino hasta mencionada espontáneamente como una vía de
salida a los problemas del abastecimiento de insumos y la
comercialización. No cabe duda de que el asociativismo entre los
artesanos constituye un tema crucial para el desarrollo del sector, que
en mayor o menor grado es percibido como tal por los propios artesanos,
pero acerca del cual existe todavía un conocimiento limitado por parte
de los distintos ámbitos de gestión acerca de cómo promoverlo e
instrumentarlo exitosamente.
Creemos que este es uno de los temas que debe ser estudiado en mayor
detalle. Las experiencias realizadas, muchas de ellas frustrantes para
sus protagonistas y eventualmente para quienes las impulsaron, no han
sido evaluadas, y por lo tanto no han sido rescatados sus aspectos
positivos y negativos. En suma, aún no estamos en condiciones de sacar
provecho de esas experiencias.
Parece claro, sin embargo, que un modelo intervencionista “de arriba
hacia abajo”, ejemplificado típicamente por la cooperativización,
presenta más flancos que seguridades. La experiencia asociativa llevada
a cabo en la última década por distintos organismos en el sector rural
–en especial el Programa Social Agropecuario y el Programa Minifundio
del INTA- proporcionan argumentos a favor de formas de intervención
menos estereotipadas que el “modelo cooperativo”, a menudo impuesto con
mucha energía política pero con muy poco conocimiento práctico de las
condiciones sociales y culturales de las comunidades.
Un error derivado de esos enfoques consiste en programar desde el
escritorio los procesos de institucionalización, sino respetar los
tiempos de los grupos y sus procesos de crecimiento. Existen en los
sectores populares muchas más formas asociativas que las que una ley de
personas jurídicas puede contener; muchas de ellas son eficaces y
duraderas aunque nunca alcancen un nivel de formalización acabada.
En el sector social en que se desenvuelven los productores del sector
artesano es indispensable contar con equipos técnicos locales sólidos
técnica y conceptualmente, capaces de respetar las identidades de los
grupos de base y más impermeables al voluntarismo que caracterizó la
gestión en este ámbito en décadas pasadas.
_______________________________
Autor. Alberto Tasso y Reinaldo Ledesma
CONICET, UNSE tasso@arnet.com.ar
y El Colegio de Santiago reinaldoledesma@hotmail.com
Aportado por: Revista Trabajo y Sociedad, Indagaciones sobre el empleo,
la cultura y las prácticas políticas en sociedades segmentadas.
http://www.geocities.com/trabajoysociedad/
Trabajo y Sociedad pretende constituirse en un espacio de las ciencias
sociales para la publicación de artículos y textos sobre los problemas
del desarrollo de las sociedades latinoamericanas, particularmente los
referidos al estudio de las articulaciones del mundo laboral con la
estructura social, el sistema productivo y las prácticas culturales y
políticas. Esta revista electrónica es publicada por el Programa de
Investigaciones sobre Trabajo y Sociedad (PROIT) de la Maestría en
Estudios Sociales para América Latina de la Universidad Nacional de
Santiago del Estero (UNSE) en Argentina. Sus integrantes son académicos
que realizan sus tareas en vinculación con la UNSE y con el Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). El
Programa es financiado por el Consejo de Investigaciones Científicas y
Técnicas (CICYT-UNSE) y participa de las actividades de la Asociación
Argentina de Especialistas en Estudios del Trabajo (ASET) y de la Latin
American Studies Association (LASA).
[i][1] Alberto Tasso: “Diagnóstico de la producción artesanal en
Santiago del Estero”, CFI-Provincia de Santiago del Estero, 2000. El
estudio incluyó una encuesta a 478 hogares de artesanos, de la que
provienen algunos de los datos expuestos.
[ii][2] Proyecto CICYT-UNSE: “El asociativismo como estrategia para la
superación de la pobreza”. Santiago del Estero, 2001. El equipo de
investigación está integrado por Rubén de Dios, Marta Gutiérrez, Luis
Moyano, Pablo Usandivaras y Alberto Tasso.
[iii][3] Entrevista a Belén Carballo.
[iv][4] Entrevistas a Natividad Nassif, Jorge Williams, Amalia Gramajo y
José Majer.
[v][5] Cartel en Museo Yachaj, en la Feria de Artesanías Tradicionales
Santiagueñas 2000, Parque Oeste, Santiago del Estero
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Reinaldo Ledesma CONICET, UNSE y El Colegio de Santiago
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