La Actuación Estratégica de las Pequeñas y Medianas Empresas
Análisis cualitativo de la percepción del empresario según las
dimensiones definidas por el Cuadro de Mando Integral
Resumen
Objetivo: Utilizar el ordenamiento de las cuatro perspectivas que
contempla el Cuadro de Mando Integral para analizar cualitativamente la
Actuación Estratégica de las Pymes según la percepción que tiene el
empresario.
Materiales y Métodos: Se seleccionó una muestra representativa (N = 293)
de empresas. Las Pymes se localizaron geográficamente en las zonas de La
Plata, Berisso, Ensenada, Florencio Varela, Berazategui y Quilmes. Se
utilizó una encuesta estructurada administrada dirigida al empresario
Pyme, con el objetivo de evaluar su visión de la actuación empresaria
con respecto a los factores críticos de éxito de su empresa. Los
factores de éxito se agruparon de acuerdo a las cuatro dimensiones
consideradas por la metodología del Cuadro de Mando Integral;
Aprendizaje y Crecimiento, Procesos Internos, Clientes y Finanzas.
Posteriormente se agrupo a las empresas en tres categorías empresas de
baja performance, de media performance y de alta performance según el
análisis de los percentilos. Esta clasificación se realizó de acuerdo
con los puntajes obtenidos por los indicadores respectivos en cada
dimensión del CMI.
Resultados: Solamente el 9.8% de las Pymes tienen actividad comercial
con el mercado internacional y un 12.4% con el MERCOSUR. El 62.50% de
las empresas que se consideran fuerte en exportación también se
consideran fuerte en I + D, en contraposición con el 8.08% de las
empresas que son débil en exportación. La media percibida por el
empresario con relación a su fortaleza en Aprendizaje y Crecimiento es
de 14.77%; mientras que la media percibida con relación a su debilidad
en Aprendizaje y Crecimiento es de 23.70%. La debilidad en capacitación
es de 3.03 veces más que la fortaleza. El 63.64% de las empresas con
bajo nivel en aprendizaje tienen una debilidad en I + D. Las empresas
del rubro de la química poseen el más alto nivel de aprendizaje y
crecimiento (1.55%). El 16.01% de los empresarios considera que es
fuerte en sus procesos internos. Las empresas del rubro de la química
tienen los niveles mas altos de la dimensión procesos, seguidas por las
metalúrgicas. El 42.10% de las empresas que tienen alto nivel en los
procesos son fuerte en I + D. Existe un 36.36% de empresas con alto
nivel de aprendizaje y crecimiento y de procesos internos con un parque
tecnológico de 16-20 años de antigüedad. El 57% de las empresas
calificadas como de alta performance pertenecen al sector de la química
y del cemento. El 10.85% de los empresarios percibe que es fuerte en el
desempeño con sus clientes. El 15.00% percibe que es fuerte en finanzas.
Las empresas que tienen los niveles más bajos de la dimensión finanzas
son las que pertenecen al sector alimenticio y metalúrgico.
Conclusión: Existen varios argumentos que explican la alta dispersión y
heterogénea respuesta de las Pymes ante este fenómeno, sin embargo
merecen destacarse principalmente tres elementos. El primero está
relacionado con una percepción empresarial errónea o incompleta sobre la
situación y evolución previsible del mercado en el que sus empresas se
insertan. El segundo se vincula con la capacidad técnico – empresarial
de articular una respuesta estratégica ante escenarios futuros inciertos
y cambiantes. Por último, y sin que esta enunciación signifique un orden
de prioridades, es necesario señalar la capacidad técnico – financiera
para implementar un rediseño del negocio.
Palabras clave: Pyme. Actuación. Percepción. Cuadro de Mando Integral.
Empresario.
Índice General TOC \o "1-3" \h \z
Introducción PAGEREF _Toc531357598 \h
Problemática
Objetivo
Las Pymes y su Macroentorno PAGEREF _Toc531357601 \h
Las pequeñas y medianas empresas en la economía global PAGEREF
_Toc531357602 \h
Las pequeñas y medianas empresas en el MERCOSUR
Las pequeñas y medianas empresas en Argentina
Actuación Estratégica de las Pymes PAGEREF _Toc531357605 \h
Los Indicadores de la Gestión Empresaria a través del tiempo
Indicadores financieros tradicionales; una visión parcial de la
actuación empresarial PAGEREF _Toc531357607 \h
En búsqueda de indicadores que evalúen el potencial futuro de éxito de
la actuación empresarial PAGEREF _Toc531357608 \h
Nuevo enfoque para medir la actuación de las empresas
Un Sistema de Información Insuficiente
El Cuadro de Mando Integral (The Balanced Scorecard) PAGEREF
_Toc531357611 \h
Los orígenes del Cuadro de Mando Integral PAGEREF _Toc531357612 \h
El Modelo Actual del CMI PAGEREF _Toc531357613 \h
Trabajo de Campo PAGEREF _Toc531357614 \h
Materiales y Métodos PAGEREF _Toc531357615 \h
Resultados PAGEREF _Toc531357616 \h
Discusión
Conclusión
Notas de referencia
Bibliografía
_____________________
Introducción
Problemática
A juzgar por el panorama económico actual de la mayoría de los países de
América Latina, la pequeña y mediana empresa debe lograr un buen
desempeño en los próximos veinte años para impedir que los resultados
económicos generales también sean insatisfactorios, especialmente en
materia de creación de empleos y de distribución del ingreso. No hay
otro sector importante con el potencial de generar un gran número de
empleos con renta adecuada. La experiencia de otros países muestra que
este sector puede cumplir un papel auxiliar relevante en condiciones
apropiadas y con un apoyo adecuado. Distintas comprobaciones de los
países de la región sugieren que hay un gran potencial en sus sectores
de Pymes, pero tanto la experiencia en otras partes del mundo como la
lógica económica reafirman que será necesario un sistema de apoyo fuerte
y coherente si se quiere aprovechar ese potencial plena y racionalmente.
En el pasado, la falta de ese sistema ha sido notoria en la mayoría de
los países latinoamericanos y los que no corrijan esta deficiencia
pueden sufrir graves consecuencias económicas y sociales.
El desastre de la década perdida de los años 80 dejó a América Latina
con grandes desafíos en los respectivos frentes del crecimiento, del
empleo y de la distribución del ingreso. Aunque la tasa de crecimiento
económico de la región ha subido gradualmente en el decenio de 1990,
todavía no recupera sus niveles del período 1950-1980, cuando imperaba
el paradigma de la sustitución de importaciones. Y aunque la tarea de
crear empleos se ha aliviado en cierta medida gracias a la caída de la
tasa de crecimiento demográfico, sigue seria la situación de desempleo y
subempleo en la mayoría de los países, probablemente por efecto de la
propia recesión, de las reformas económicas y del proceso de cambio
tecnológico. Las tendencias del decenio de 1990 son más auspiciosas en
el frente del crecimiento económico que en los del empleo y la
distribución del ingreso. Con tantos cambios en el escenario del
desarrollo económico en las últimas décadas, la estructura normativa,
las crisis, el proceso de globalización y los padrones y ritmo del
avance tecnológico, es imposible predecir con alguna certeza cómo se
comportarán estos indicadores en los próximos años. Pero hay razones
importantes, empíricas y teóricas, para preocuparse. Desde la
perspectiva empírica, el hecho central es que la mayoría de los países
de América Latina han sufrido un proceso de aumento, de moderado a
agudo, de los niveles de desigualdad de ingresos[i],1 casi siempre
coincidente con la implantación del paquete de reformas económicas y,
habitualmente también, con la recesión económica (los dos fenómenos
simultáneos, en muchos casos). Un componente típico de la creciente
desigualdad de ingresos es el ensanchamiento de la brecha entre los
trabajadores con más y con menos capacitación, la que en muchos países
estaba reduciéndose durante el período anterior y que comenzó nuevamente
a abrirse. La literatura reciente de casi todo el mundo destaca la
importante contribución que la empresa pequeña y mediana puede hacer
para fortalecer el desempeño general de una economía, ya sea la de los
Estados Unidos[ii]. Japón[iii], el Asia oriental en desarrollo[iv],
África[v] o América Latina. En general, la revaluación positiva de ese
papel se debe a la combinación de un mejor reconocimiento del ámbito de
la empresa Pyme en las economías con un replanteamiento más riguroso del
papel de la dinámica de la empresa en la estructura y el desempeño
económicos. Se ha reconocido que algunas de las economías más eficientes
del mundo, Taiwán y Hong Kong, tienen una fuerte base de empresas
pequeñas. Algunas experiencias en América Latina sugieren que el sector
de la empresa pequeña y mediana puede ser una importante fuente de
dinamismo, como lo fue en la manufactura colombiana desde fines del
decenio de 1960 hasta principios del de 1980[vi]. Pero todavía hay pocos
casos en que el sector haya tenido un papel protagónico.
La mayoría de las economías más prósperas en que la Pyme ha demostrado
tener un papel relevante han correspondido a países del Asia oriental de
orientación exógena. Estos países han logrado enganchar a la empresa
mediana y pequeña en el proceso de exportación, mediante alguna
combinación de exportación directa por las empresas pequeñas
(frecuentemente a través de agentes intermediarios relativamente
pequeños, como en Taiwán) o como subcontratistas de empresas grandes
como en Japón por mucho tiempo, y en Corea, con creciente intensidad
desde mediados del decenio de 1970. Esta demostración de éxito en países
orientados a la exportación, resulta particularmente atrayente para los
países de América Latina en la actualidad, en vista del desafío de salir
adelante en un contexto de mayor apertura y simultáneamente en los
frentes de crecimiento y de distribución.
Objetivo
El objetivo de este trabajo consiste en utilizar el ordenamiento de las
cuatro perspectivas que contempla el Cuadro de Mando Integral para
analizar cualitativamente la Actuación Estratégica de las Pymes según la
percepción que tiene el propio empresario.
Capítulo I
Las Pymes y su Macroentorno
Las pequeñas y medianas empresas en la economía global
Las pequeñas y medianas empresas (Pymes) desempeñan una función crucial
en la competencia mundial. Si bien se pensaba que ésta requeriría de
grandes unidades de producción, la historia industrial de los últimos
decenios ha demostrado con claridad que las Pymes no son agentes
marginales de la dinámica competitiva; el escenario no está plenamente
dominado por unos cuantos gigantes[vii].
En buena parte de los países desarrollados y en desarrollo las Pymes han
registrado un dinamismo importante, como consecuencia de uno de los
principales giros introducidos por la globalización: mientras que en el
pasado la organización productiva constriñó a las naciones – estados, en
la actualidad las fuerzas operan en todo el mundo y vencen la
especificidad del entorno y afectan la soberanía nacional.
En el pasado, la economía del comercio internacional definió los flujos
del intercambio de bienes, capital y mano de obra entre estados –
naciones y generó los ajustes relativos, pero sin alterar la soberanía
del Estado sobre la organización de su producción; los operadores del
mercado identificaban sus propios intereses con los estatales. Así, la
política industrial por tradición fomentaba la creación de “campeones
nacionales” capaces de competir internacionalmente, al tiempo que
protegía el mercado interno para los servicios y las empresas (sobre
todo las Pymes) que se consideraban incapaces de sobrevivir en un
entorno abierto.
El proteccionismo fue una respuesta a la competencia internacional,
cuando la presión económica de las economías amenazó la sobrevivencia
misma de empresas nacionales. Por ello, las políticas se orientaron a
reservar el mercado estrictamente local para las Pymes consideradas
económicamente ineficientes y marginales, pero importantes en términos
sociales.
En los países menos desarrollados el fomento de aquellas obedeció a su
potencial para generar empleo y a que sus técnicas de producción,
supuestamente sencillas, parecían muy adecuadas para entornos con
escasas habilidades manufactureras. El buen desempeño de las pequeñas y
medianas empresas frente a las grandes tendía a explicarse con el
argumento de que estas últimas carecían de capacidad organizacional y
gerencial, recursos humanos preparados y una adecuada infraestructura,
en comparación con las de las naciones industrializadas.
En este enfoque subyacía la concepción ampliamente compartida por los
economistas industriales y del desarrollo sobre la evolución de las
sociedades industriales: la producción en pequeña escala es
característica de las etapas tempranas de la industrialización, pero en
las fases posteriores las grandes empresas se convierten en la forma
productiva dominante. Se consideraba que la persistencia de la
manufactura en pequeña escala era un rasgo de poca duración de las
economías en desarrollo [viii]. En la actualidad no es difícil
argumentar contra esa noción lineal del desarrollo industrial del todo
incapaz de explicar la coexistencia de empresas de pequeña y gran
escalas en las economías desarrolladas y en las atrasadas. La aportación
de las Pymes al crecimiento y el desarrollo ha aumentado y su papel es
crucial en el actual mecanismo competitivo.
Aún si las empresas de gran escala son capaces de producir a costos
unitarios más bajos que las Pymes, éstas pueden ajustar su nivel de
producción a un costo más bajo que aquellas. Esto es así porque estas
últimas suelen ser más intensivas en mano de obra y utilizan plantas y
maquinarias más apropiadas para satisfacer una demanda inestable y
temporalmente fragmentada. Esta ventaja de flexibilidad depende de su
mayor capacidad para reaccionar a los cambios debido a la administración
directa, el flujo eficiente de información y la rapidez en la toma de
decisiones.
En este sentido, en los últimos veinte años se han registrado
transformaciones importantes en el ámbito internacional, entre las que
se destacan la globalización de los mercados, la generalización de los
procesos de apertura y la aparición de nuevos paradigmas técnicos y de
organización que implican un uso intensivo de la información. Estas
transformaciones han puesto en tela de juicio el concepto de la
competitividad como un fenómeno de naturaleza macroeconómica y
sectorial, determinado por ventajas comparadas estáticas o por la
dotación factorial.
Los intentos de las empresas a gran escala por capturar nuevas
necesidades específicas de los mercados se ven limitadas por la
naturaleza organizacional de la empresa, que tiende a centrarse en una
demanda más amplia y más estandarizada. También en este caso existen
razones para crear una estructura de producción en que las grandes
empresas puedan coexistir con un sector dinámico de pequeñas compañías
dedicadas a la satisfacción de demandas específicas.
Estas consideraciones sobre las ventajas de las Pymes resultan cruciales
si se atienden a la dinámica que parece caracterizar los actuales
mecanismos competitivos. De hecho ha crecido paulatinamente el peso de
los factores que actúan a favor de las tipologías de la organización
industrial caracterizada por la presencia de las Pymes. En particular,
el análisis de la dinámica estructural que caracterizó a los setenta
parece apoyar la tesis de que la crisis de aquel período “es resultado
de los límites del modelo del desarrollo industrial que se funda en la
producción masiva” [ix]. Entre las Pymes se puede agrupar a una gran
variedad de organizaciones industriales y comerciales con un amplio
rango de niveles de eficiencia y competitividad: empresas rurales que
sostienen la economía familiar; subcontratistas en etapas diferentes de
la producción que trabajan para una compañía más grande; pequeños
productores independientes que ofrecen productos para el mercado local;
negocios especializados que participan en redes de operadores
complementarios, y empresas medianas dedicadas al mercado internacional
por medio de oferta de productos nicho.
Por muchas razones, que van desde la disponibilidad de recursos humanos
de gestión hasta el acceso a fuentes de financiamiento, las Pyme siguen
una trayectoria de crecimiento particular, no lineal, que les exige
combinar y equilibrar las competencias y capacidades disponibles,
especialmente del dueño y de su equipo de gestión más cercano, con las
oportunidades productivas y comerciales que ofrece el mercado.
A esta altura de los tiempos resulta menos exagerado decir que el ritmo
y el alcance del cambio que está ocurriendo actualmente en las
organizaciones y en el trabajo que ellas desarrollan no tiene
precedentes históricos. Se trata de un cambio permanente, acelerado e
interdependiente, que requiere que las organizaciones se adapten para
sobrevivir y desarrollen capacidad de aprendizaje. Estas deben ser
capaces de cuestionar su pasado, innovar, tener una gran sensibilidad
para inducir aspectos sobre las tendencias del entorno, estilo de vida,
tecnología, hábitos de actuación, y una cierta voluntad de especular y
moverse en lo desconocido y por tanto con un amplio margen de
incertidumbre y ambigüedad.
Queda clara, entonces que un gran número de Pymes está confinado en la
economía estrictamente local y su sobrevivencia obedece al manejo de una
combinación de comercio local y artesanía. Sin embargo, cierto número de
Pymes deben ser competitivos en la economía abierta para apoyar el
proceso de liberación del comercio, iniciar nuevas actividades y
difundir prácticas novedosas que mejoren la eficiencia de toda la
economía.
Las pequeñas y medianas empresas en el MERCOSUR
La actividad económica y productiva de las Pyme industriales desde
comienzos de los años noventa ha estado inmersa en un proceso de fuertes
cambios macroeconómicos y regulatorios. Estas transformaciones
nacionales fueron acompañadas, además, por cambios en el contexto
económico, comercial y tecnológico internacional. El proceso de
integración MERCOSUR es uno de los nuevos condicionantes del escenario
económico regional y, si bien no es el que más ha afectado a las firmas
durante los primeros años de la década del noventa, está teniendo una
repercusión estructural en la conducta productiva de las empresas, en la
definición de sus estrategias futuras de negocios y en las decisiones de
inversión. Así, el MERCOSUR ha dejado progresivamente de ser percibido
solo como un factor de mayor presión competitiva y comenzó a ser
considerado como un amplio abanico de nuevas oportunidades comerciales y
opciones productivas (acuerdos de complementación empresarial,
posibilidades de subcontratación, fusiones empresariales, extensión vía
licencias).
Si bien las Pyme fueron adaptándose a las coyunturas económicas y de
mercado que confrontaban, las modificaciones del contexto
macroeconómico, regulatorio y tecnológico - incluido obviamente el
proceso de integración MERCOSUR - las colocan hoy ante una situación de
naturaleza distinta, que afecta a las raíces mismas de la empresa, sus
objetivos, su modalidad de funcionamiento y toma de decisiones, sus
ventajas competitivas y las capacidades y recursos requeridos, entre
otras cosas. El hecho de que prácticamente “no hay retorno” a la
situación anterior sin un altísimo costo, debido a las decisiones e
inversiones concretadas, se manifiesta en lo mucho que preocupa la
aparición de controversias comerciales, disputas administrativas
aduaneras e incertidumbres macroeconómicas a los empresarios que
avanzaron exitosamente en el MERCOSUR y que progresivamente lo adoptaron
como el ámbito de sus negocios y su espacio de competencia.
Se estima que, alrededor de un 60% de las Pymes localizadas en el
MERCOSUR están expuestas a las consecuencias del proceso de integración,
tanto por la apertura de nuevas oportunidades comerciales y productivas
como por el aumento de la amenaza y presión competitiva de empresas de
otros países [x]. El grado en que ellas se ven afectadas en forma
positiva o negativa varía mucho entre diferentes sectores y países;
obviamente, la situación de una Pyme radicada en un país cuyo mercado,
gracias al MERCOSUR, crece entre 10 y 15 veces, no es la misma que la de
aquella instalada en Brasil, donde el MERCOSUR puede tener un impacto
muy menor [xi]. A diferencia de lo que acontece con otros agentes
económicos (muy pequeños productores rurales y urbanos), las Pymes
industriales no orientan su producción hacia actividades marginales o
exclusivamente hacia segmentos de mercado de bajos recursos. Si bien
algunos de estos espacios se han constituido en refugios transitorios
cuando las Pymes se ven desplazadas de sus mercados originales, la
mayoría de las empresas opera en áreas de producción que están
vinculadas internacionalmente por el comercio y la innovación
tecnológica. Sin embargo, esta situación aún no ha afectado en gran
medida los rasgos particulares y específicos de las Pymes industriales
del MERCOSUR, que probablemente evolucionen de forma más lenta y
pausada. En otras palabras, el proceso de transformación macroeconómica,
apertura externa e integración no ha conducido, necesaria ni
automáticamente, a una situación de creciente homogeneidad empresarial,
si bien las empresas han perseguido objetivos generales semejantes (por
ejemplo, mejoramiento de la calidad o acercamiento a la frontera técnica
que han alcanzado competidores más adelantados).
Como señala reiteradamente la bibliografía internacional, las Pymes son
“genéticamente” agentes económicos distintos a las compañías de mayor
tamaño y exhiben diferencias que no radican sólo en los tamaños
absolutos, sino en características de su propia naturaleza y en aspectos
de su funcionamiento y de su gestión económica [xii].
Pero, a la vez, las Pymes están integradas en la estructura productiva
manufacturera y reguladas por el entorno global de los negocios, tienen
relaciones directas (proveedor) e indirectas (difusión tecnológica) con
empresas más grandes y compiten en el juego de mercado con empresas
semejantes o mayores, industriales o comerciales, nacionales y
extranjeras.
El impacto del MERCOSUR en las Pymes es muy variado y desigual, en
correspondencia con la heterogeneidad propia de este sector. Tal rasgo
no es exclusivo de las Pymes en el MERCOSUR, sino que se observa también
en la realidad empresarial y de negocios en otros países [xiii]. Por tal
razón, los desafíos que se reseñan aquí reflejan en mayor medida la
preocupación de los pequeños y medianos empresarios a los que el proceso
de integración afecta directa y apreciablemente.
Para otras Pymes (de sectores poco transables o localizadas en regiones
a las que impacta el MERCOSUR) las exigencias empresariales son de
diferente naturaleza.
En los últimos años se han realizado varios trabajos [xiv] sobre la
dinámica competitiva de las Pyme, basados en entrevistas empresariales y
la elaboración de información específica sobre factores de ventajas
competitivas que permiten inferir los principales desafíos empresariales
de mediano plazo y agruparlos en cuatro grandes bloques: i) la
reestructuración del “negocio” de la firma, compatible con el escenario
económico y productivo resultante del proceso del MERCOSUR; ii) el
reposicionamiento competitivo frente al mercado ampliado y el inicio de
un proceso de internacionalización; iii) una actualización tecnológica
que permita confrontar la presión competitiva externa en el MERCOSUR, y
iv) el aprovechamiento de las nuevas oportunidades emergentes en el
MERCOSUR, especialmente las derivadas de nuevas inversiones.
Si fuese posible construir un cuadro de fortalezas y debilidades de las
Pyme industriales en los antiguos mercados nacionales, a la luz del
actual proceso de integración MERCOSUR, muy probablemente se observaría
un cierto desequilibrio entre las fortalezas técnico-productivas y las
debilidades de gestión [xv] . Las Pyme se originaron mayoritariamente en
las competencias técnicas de sus dueños, en conocimientos tácitos y
habilidades productivas de empresarios y operarios, en destrezas
vinculadas a cómo fabricar un determinado bien y cómo resolver —dentro
de cierto rango— los problemas técnicos que los clientes y el mercado
fueron planteando.
El “gobierno” de las empresas se ejercía desde el piso del taller o
fábrica. En las últimas décadas, especialmente, las empresas —sus
dueños— comenzaron a aprender a desenvolverse en situaciones de
incertidumbre económica, inflación y horizontes de muy corto plazo. La
respuesta de las Pyme apuntó a fortalecer su gestión financiera,
concentrando sus esfuerzos de gestión en evitar que la inestabilidad y
la incertidumbre afectasen de modo decisivo la vida económica de la
firma y de los propios dueños. En casos extremos, muchas empresas,
inclusive pequeñas y medianas, lograron aprovechar las diferentes
coyunturas económicas, y crecieron sobre la base de usufructuar del
clima incierto y volátil de los negocios. El actual escenario, a
diferencia de las dos situaciones sintetizadas anteriormente, necesita
otros saberes y competencias, un nuevo proceso de aprendizaje y de
desarrollo de las capacidades requeridas por las nuevas condiciones de
funcionamiento.
Las nuevas oportunidades emergentes en el MERCOSUR derivan de nuevas
inversiones y de la configuración de “cadenas industriales regionales de
valor”.
Las pequeñas y medianas empresas en Argentina
Las transformaciones de la economía Argentina desde inicios de los
noventa han definido nuevas condiciones para el funcionamiento de las
empresas. La profundización de la apertura comercial y la desregulación
económica han generado un marco que plantea nuevas demandas de
competitividad para las Pymes. Las firmas ven la necesidad de reaccionar
no sólo en el corto plazo ante la brusca caída de sus márgenes de
utilidad, sino de repensar sus propias perspectivas en horizontes más
extensos. Si bien esta situación coloca a todas las empresas ante un
nuevo desafío de competitividad, las características y magnitud de las
tareas requeridas son claramente distintas en las firmas de diferentes
tamaño y sectores.
La profundidad de los cambios presiona a las Pymes no sólo para que
adopten decisiones estratégicas sino también para que incorporen nuevas
prácticas de gestión para llevar a cabo una implementación exitosa de
las mismas. En este contexto macroeconómico, existe un amplio consenso
entre académicos y funcionarios del sector público y privado acerca de
la necesidad de fortalecer la capacidad de gestión estratégica de las
Pymes. En consecuencia, resulta fundamental avanzar en la comprensión de
lo que ello realmente significa a los efectos de orientar correctamente
los procesos y las iniciativas de apoyo asociados al logro de dicho
objetivo.
Como resultado de las transformaciones registradas en la economía
Argentina se aprecia una jerarquización de las diversas áreas de la
gestión de la empresa. La transición desde una economía cuasi - cerrada
y con elevada inflación hacia un escenario de fuerte presión competitiva
y relativa estabilidad macroeconómica, ha provocado un aumento de la
importancia relativa de la gestión estratégica global de las empresas,
en desmedro de la concentración casi exclusiva en los aspectos
financieros de corto plazo que caracterizaron la anterior década.
Este cambio acompaña las tendencias también verificadas en el ámbito
internacional, orientadas hacia un mayor interés en las estrategias de
las firmas. Los nuevos enfoques sobre competitividad tienden a
considerar que las posiciones de mercado de las empresas son el
resultado de un sendero de mediano o largo plazo, en el cual su
capacidad de generar respuestas innovadoras es vital.
La lógica de funcionamiento de la economía Argentina ha sufrido
transformaciones profundas que alteran el escenario en el cual las
empresas adoptan sus decisiones estratégicas. Luego de décadas de un
desarrollo basado casi exclusivamente en el aprovechamiento de
oportunidades de negocios en un mercado interno altamente protegido, las
firmas Pyme se ven en la necesidad de adquirir nuevas prácticas de
gestión y comportamiento estratégico competitivas en el ámbito
internacional.
En tal sentido, cabe considerar que el bajo nivel de competencia vigente
en los mercados hasta inicios de los años noventa y el elevado nivel de
incertidumbre macroeconómica predominante tendieron a desalentar el
desarrollo de capacidades estratégicas en las Pymes. Asimismo, la
debilidad del tejido de relaciones con otras firmas e instituciones
operó negativamente sobre su capacidad de captar y decodificar
información estratégica. Este es un aspecto clave que permite
diferenciar a las Pymes argentinas de otras experiencias internacionales
que ilustran claramente acerca del rol del entorno en la construcción de
ventajas competitivas sistémicas. Estos vínculos colaborativos con otras
firmas tienden a reducir los elevados costos de transacción asociados a
la reducida escala de las firmas (Nota 1). Noteboom 1993). Diversos
estudios sobre la competitividad de las Pymes argentinas destacan como
un rasgo predominante la debilidad del flujo de informaciones con otras
empresas, el bajo nivel de interacción con entidades empresariales, la
baja utilización de servicios de consultoría y la virtual inexistencia
de un adecuado sistema público-privado de apoyo a las (Nota 2). Monsted
1991, Smallbone et al. 1993 y Crabtree y Gomolka 1991).
En este contexto, tendieron a predominar en las Pymes conductas de
carácter defensivo, orientadas a neutralizar el impacto de la recesión
en el mercado interno. Entre las estrategias utilizadas es posible
destacar la ampliación del mix de producción y la integración vertical.
Esta conducta tendió a verificarse en casi todos los sectores
productivos (metalmecánico, textil y calzado, etc). Lejos de acompañar
las tendencias hacia la especialización productiva y la cooperación
empresarial verificadas en los procesos de reemergencia de Pymes a nivel
internacional, la mayoría de las firmas argentinas siguieron una
trayectoria de desespecialización e internalización de actividades[xvi]
aún a costa de perder eficiencia productiva, esta conducta
microeconómica mercado internista encontró su racionalidad en la
necesidad de ocupar instalaciones ociosas y mantener las fuentes de
cash-flow.
Un grupo minoritario de firmas llevó a cabo procesos de innovación e
inversiones orientados a elevar su productividad, siguiendo las mejores
prácticas que estaban introduciéndose a nivel internacional [xvii]. En
el resto de las firmas, la incorporación de maquinarias y equipos ha
sido fundamentalmente de carácter incremental y ha estado asociada
muchas veces a la incorporación de nuevos productos. El perfil de la
inversión fue de manera funcional con la estrategia de ampliación del
mix de productos ofertados. En otros casos, las inversiones estuvieron
orientadas a reducir costos o simplemente se trató de acciones no
programadas adoptadas ante la aparición de alguna oferta "interesante",
muchas veces de equipamiento usado vendido por alguna firma que se
retiraba del mercado o áreas de funcionamiento subsidiadas.
De este modo, la configuración productiva de muchas plantas Pyme parecía
más el resultado "emergente" de múltiples decisiones incrementales que
de un programa de inversiones y de un lay out previamente diseñado.
Entre los múltiples factores que permiten entender las características
del proceso inversor de las Pymes es posible destacar la existencia de
factores turbulentos macroeconómicos, tales como la fuerte incertidumbre
económica vigente durante los ochenta y la evolución de los costos
relativos del capital y de la mano de obra.
Este tipo de evolución resulta complejo para la competitividad de las
Pymes al inicio de los noventa. Para buena parte de las empresas, su
base de recursos resulta poco adecuada para competir en nuevas
condiciones de mercado, siendo necesario revisar sus capacidades
competitivas básicas. Esta debilidad refiere principalmente a aspectos
tales como el bajo nivel de diferenciación de los productos ofertados,
su reducido nivel de especialización, el elevado grado de
desactualización tecnológica, su escasa participación en redes
competitivas sectoriales y/o regionales, la fragilidad de recursos
propios y dificultades para acceder a fuentes de financiamiento, etc.
La magnitud del desafío competitivo al que han dado lugar los procesos
de apertura y desregulación ha cuestionado no sólo la posición de
mercado de las Pymes de bajo dinamismo durante los ochenta sino también
la situación competitiva de numerosas firmas que se habían destacado por
su performance pasada. Entre estas últimas es posible destacar el caso
de numerosos fabricantes de bienes de capital quienes, luego de avanzar
en la penetración del mercado brasileño durante la segunda mitad de los
ochenta, se ven sometidos a una intensa amenaza competitiva en el propio
mercado interno. La apertura de los mercados en Brasil y Argentina los
enfrenta a un conjunto de desventajas competitivas exógenas, tales como
la imposibilidad de ofrecer condiciones de financiamiento similares a
los competidores internacionales, y endógenas como, por ejemplo, la
dificultad para mantener el ritmo de actualización tecnológica o para
alcanzar estándares de productividad internacionales [xviii].
Dentro del grupo de firmas amenazadas tiende a predominar el despliegue
de acciones estratégicas de carácter defensivo o incluso vegetativo.
Entre las empresas pueden distinguirse, sin embargo, Pymes con muy
distinta capacidad estratégica. Uno de los factores que permite
distinguir entre unas y otras es su capacidad diferencial para evaluar
el impacto de largo plazo de las decisiones actuales y el conjunto de
activos estratégicos que es necesario preservar. En consecuencia, son
también distintas sus posibilidades de desarrollo futuro.
Las Pymes argentinas se ven enfrentadas a nuevos y más complejos
desafíos que los que caracterizaron las distintas fases pasadas de su
desarrollo. La posición competitiva de la mayoría de estas firmas se ve
hoy amenazada debido a la profundidad del proceso de transformación. Un
cambio de tal magnitud en las condiciones de funcionamiento de la
economía plantea, para las firmas, elevados costos asociados a la
transición hacia un modelo: operar en mercados con una intensa
competencia y clientes más exigentes. La capacidad estratégica de las
firmas es su principal activo en la hora actual, siendo necesario
fortalecer tales capacidades. Además, cabe señalar, que ante este
panorama mundial y nacional, en economías abiertas o crecientemente
abiertas, las Pymes serán competitivas en la medida que se especialicen,
operen dentro de un marco de cooperación y sean conscientes de la
necesidad de desenvolverse dentro del campo de la investigación y
desarrollo, innovación y la utilización de nuevas tecnologías tanto
productivas como de información.
Capítulo II
Actuación Estratégica de las Pymes
Los Indicadores de la Actuación Empresaria a través del tiempo
Tradicionalmente las organizaciones y sus inversionistas examinan e
interpretan la información de naturaleza financiera que produce el
sistema de contabilidad en la búsqueda de indicadores de desempeño
empresarial. Se tiene como objetivo identificar el potencial de la
empresa de ser rentable. Y el éxito operacional lo miden en términos de
cuán significativos son los cambios que ocurrieron de año en año, en
períodos comparativos de 5 a 10 años, sobre el ingreso neto (ganancia),
la ganancia por acción y otros componentes de los estados financieros.
El ambiente en el que ésta fórmula de análisis funcionó de forma
razonablemente exitosa, agregando valor al proceso de toma de decisiones
de las partes interesadas, fue uno de producción en masa, economías de
escala que podían absorber altos niveles de producción defectuosa,
productos no diferenciados y clientes leales por tradición y costumbre,
simplemente, por no tener opciones [xix].
Hoy día, las organizaciones enfrentan un ambiente radicalmente opuesto
al prevaleciente en la década de los ´70, momento histórico hasta donde
las presunciones de una era industrial todavía eran válidas. El final
del siglo XX marca el umbral de la era de la informática, impulsora de
una economía global, con formas no tradicionales de hacer negocios,
empresas virtuales, productos con ciclos de vida significativamente
cortos y un ambiente de cambios acelerados donde solo aquellas
organizaciones que encuentran la llave del éxito tendrán un lugar
permanente asegurado en la economía global.
Indicadores financieros tradicionales; una visión parcial de la
actuación empresarial
Es muy probable que, por razones de tradición, la toma de decisiones
internas en la empresa esté principalmente determinada por el efecto que
la decisión pueda tener a corto plazo sobre las ganancias presentadas en
su estado de ingresos y gastos [xx] .
Después de todo, ¿qué reclaman los dueños de las empresas? ;exigen
obtener un alto rendimiento sobre su inversión en el menor tiempo
posible [xxi].
Históricamente, el sistema de mediciones de las empresas ha sido
financiero. De hecho, la contabilidad ha sido denominada el “lenguaje de
los negocios”. Se conoce la existencia de registros contables de
transacciones financieras que datan de hace miles de años, cuando fueron
utilizados por los egipcios, los fenicios y los sumerios para facilitar
las transacciones comerciales. Unos cuantos siglos más tarde, durante la
era da la exploración, las actividades de las empresas de comercio
global fueron medidas y vigiladas por los libros de contabilidad por
partida doble. Durante el siglo XIX, la Revolución Industrial engendró
gigantescas empresas textiles, ferroviarias, del acero, de máquinas –
herramientas y de venta al detalle. Las innovaciones en la medición de
la actuación financiera de estas organizaciones, jugaron un papel vital
en su floreciente crecimiento y las innovaciones financieras fueron
críticas para el gran éxito de las empresas de principios del siglo XX
[xxii].
La tendencia, posterior a la Segunda Guerra Mundial, de diversificar las
empresas creó una demanda intra corporativa, así como informes y
evaluación de la actuación de las unidades de negocio. Ahora, cuando nos
hallamos al principio del siglo XXI, las dimensiones financieras de la
actuación de la unidad de negocio han sido altamente desarrolladas. Sin
embargo, muchos comentaristas han criticado el amplio, e incluso
exclusivo, uso de las mediciones financieras en los negocios. En el
fondo, un énfasis excesivo en la consecución y mantenimiento de
resultados financieros a corto plazo, y demasiado poco en la creación de
valor a largo plazo especialmente por lo que respecta a los activos
intangibles e intelectuales que generan un crecimiento futuro.
El señalar la ganancia del período como el indicador crítico de éxito de
la empresa, puede llevar a la gerencia a tomar decisiones a corto plazo
que amenacen la existencia a largo plazo de la misma. Bajo la directriz
de obtener un alto rendimiento sobre la inversión en el menor tiempo
posible, decisiones relacionadas a inversiones en investigación y
desarrollo, mejora de procesos, tecnología de la información y
capacitación permanente del personal se rechazarían.
En estos casos, donde se desistió de invertir en proyectos a largo plazo
que no producen la rentabilidad inmediata, los presupuestos, análisis de
costos e indicadores financieros de desempeño señalarían que la
trayectoria de la empresa es exitosa, de acelerado crecimiento con un
rendimiento de la inversión sobresaliente. Probablemente, y a corto
plazo, esta observación optimista de la situación económica de la
empresa, basada en el análisis de un indicador financiero, negaría el
potencial de riesgo que resulta de no atender las expectativas de sus
clientes, de no poder enfrentar una competencia que introduce productos
o servicios innovadores, o de activos intangibles, casi obsoletos por
estar ya a punto de expirar, como las patentes, que han perdido su
potencial de retener mercados.
¿Cuáles son las posibles consecuencias de decisiones basadas
exclusivamente sobre la perspectiva financiera?. Poner en riesgo el
éxito a largo plazo y el mejoramiento continuo de la organización. ¿Por
qué? Porque ésta decisión estaría basada en una visión parcial de la
gestión empresarial. Esta visión minimizada de la empresa llevaría a la
formulación de planes estratégicos que no darían espacio a reconocer que
rentabilidad calculada a base del rendimiento sobre la inversión solo
mide el desempeño del pasado y no es una medida confiable de potencial
de éxito en el futuro.
Las medidas financieras son inadecuadas para guiar y evaluar las
trayectorias de la organización a través de los entornos competitivos.
Les faltan indicadores que reflejen gran parte del valor que ha sido
creado o destruido por las acciones de los directivos durante el período
contable más reciente. Los indicadores financieros nos dicen algo, pero
no todo, sobre la historia de las acciones pasadas, cada uno señala un
aspecto particular de la gestión empresarial y no consiguen proporcionar
una guía adecuada para las acciones que hay que realizar hoy y el día
después, para crear un valor financiero futuro.
Indicadores financieros tradicionales: los más usados
Ø Razones que miden rentabilidad para los accionistas
Ø Razones que miden rentabilidad de la empresa
Ø Razones que miden liquidez
Ø Razones que miden ciclos o actividades de la empresa
Ø Razones que miden solidez
Ø Razones de flujo de efectivo
Ø Medidas financieras que evalúan el desempeño económico financiero
§ ROI o ROA (Rendimiento sobre la inversión o activos)
En búsqueda de indicadores que evalúen el potencial futuro de éxito de
la actuación empresarial
El ambiente empresarial que predomina al final del siglo XX es uno donde
hay una explosión de información, la que promueve la globalización,
nuevas formas no tradicionales de hacer negocio y de manejar la
discontinuidad. Las empresas que en este entorno logran convertirse en
modelos de excelencia con una rentabilidad superior a la industria los
hacen reestructurando sus operaciones. Reconocen la ruptura de la
tradición como oportunidad para prosperar e incorporan flexibilidad en
sus procesos internos. Invierten en el desarrollo de personal altamente
cualificado y adiestrado que trabaja en equipos multidisciplinarios,
innovando para optimizar la eficacia en un entorno de productos que
llegan a la obsolescencia en corto tiempo y clientes que son más
sensitivos y menos tolerantes a las fallas en productos y servicios.
Su éxito ha requerido que la visión se comunique a todos los niveles a
través de un plan estratégico y un plan táctico. Un elemento esencial
para el éxito sostenido de la empresa del nuevo milenio es que capacita
a todo el personal con el poder de tomar decisiones [xxiii].
En un entorno como éste es importante romper con los paradigmas que atan
a las empresas al pensamiento y acción tradicional. Todavía las medidas
financieras examinadas anteriormente tienen importancia significativa
como indicadores de la gestión empresarial. Arrojan luz respecto a cuán
cercana o lejana estuvo la empresa de satisfacer las expectativas de
rentabilidad de parte de sus inversionistas. Será importante que se
sigan utilizando en conjunto para tener un cuadro confiable de la
ejecutoria en el pasado y las tendencias que se proyectan hacia el
futuro. No obstante, la complejidad de un ambiente caracterizado por
ruptura de tradiciones, por cambios incesantes, información capturada a
tiempo real, requiere más que indicadores financieros para poder seguir
dando rumbo firme hacia el logro de la visión de la empresa [xxiv].
Un estudio llevado a cabo por Ernst & Young reveló que [xxv]:
§ Las decisiones de los inversionistas están significativamente
influenciada por información no financiera. Mas de un tercio de la
decisión de los inversionistas es atribuible a información que estos
consideran son mejores indicadores de la rentabilidad en el futuro.
§ Aquellos analistas que ponen mayor peso sobre la información no
financiera son los que logran los pronósticos más confiables de la
rentabilidad futura de la empresa.
§ Los factores no financieros que ejercen influencia sobre los
inversionistas varían significativamente según el tipo de industria.
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