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A estas alturas, la reforma ha superado la primera ronda de debates
en el seno de las Comisiones Primeras de ambas Cámaras y en sus
respectivas plenarias y se apresta ahora a iniciar el segundo período de
sesiones ordinarias, como lo exige el trámite previsto en el artículo
375 de la Constitución. Respecto a la oportunidad de la reforma y al
texto aprobado mismo, son necesarias algunas precisiones.
En primer término y en cuanto a la oportunidad, dado que la Extradición
supone una sustitución de jurisdicción, era indispensable que antes de
hacer aplicable la figura se fortaleciera nuestro aparato de Justicia y
que los Jueces dispusieran de herramientas para imponer sanciones
ejemplarizantes. En ese sentido, acertó el Gobierno Nacional al definir
el orden de la agenda legislativa contra el crimen organizado, pues de
haberse promovido primero la reforma constitucional del artículo 35, muy
seguramente se habría desviado la atención del poder legislativo y de la
opinión pública en las leyes de extinción de dominio de bienes ilícitos
y aumento de penas, y el país habría perdido, una vez más, la
posibilidad de utilizar esos valiosos instrumentos para disuadir a su
delincuencia.
En segundo lugar, a pesar de que el Ministro de Justicia y del Derecho
de entonces había sometido a la consideración del Consejo Superior de
Política Criminal -como órgano asesor del Ejecutivo en el diseño de
dicha política- y éste había aprobado un texto que promovía la
derogatoria simple de la prohibición a la Extradición de nacionales y su
aplicabilidad en los términos que definieran una ley posterior y los
tratados públicos celebrados por Colombia, del primero de los debates
-el surtido en la Comisión Primera del Senado- surgió un extenso
artículo que fue el finalmente aprobado en el primer período de sesiones
ordinarias.
A grandes trazos, aunque la reforma admite la Extradición de nacionales
colombianos por delitos cometidos total o parcialmente en el exterior,
mantiene restricciones absurdas que permiten eludir su aplicación:
prohibe la Extradición de aquéllos que se sometan a la justicia y,
quizás sea éste el condicionamiento que más debate ha suscitado, hace
irretroactiva su aplicación.
En cuanto a la imposibilidad de que la Extradición proceda respecto de
quien se ha sometido a la justicia, las suspicacias tienen cabida toda
vez que no se señalan las condiciones en la que ha de darse el
sometimiento mismo. En principio, si no se exigiera que el solicitado en
Extradición se mostrara objetivamente dispuesto a colaborar con la
justicia antes de que la solicitud se hiciera oficialmente, la figura
podría hacerse inoperante en tanto siempre existiría la posibilidad de
que el capturado con fines de Extradición se mostrara dispuesto a
confesar a las autoridades judiciales colombianas los delitos por los
que se le encausa en los tribunales extranjeros.
Y, en lo que se refiere a su aplicación irretroactiva, el revuelo se
produce, más allá de si la naturaleza de la Extradición es sustancial o
adjetiva, por la insistencia de sectores políticos y de opinión
colombianos y de los Estados Unidos para que la Extradición opere con
nombre propio, posición que tiene soporte en el hecho de que la actual
regulación contenida en el Código de Procedimiento Penal tiene prevista
la procedencia de la Extradición diferida, en virtud de la cual Colombia
podría conceder en Extradición a una persona para que fuera juzgada en
el país que la solicita, una vez cumpliera la condena que le ha sido
impuesta por los Jueces colombianos, siempre que se trate de delitos
diferentes a los que han sido objeto de juzgamiento en el país para
evitar así la violación del viejo principio del non bis in ídem (‘nadie
puede ser juzgado dos veces por los mismos hechos’).
No obstante, el texto que hace curso ahora en el Congreso es susceptible
de interpretaciones que apuntan a señalar que la Extradición es
aplicable hacia el pasado y desde el momento en que hayan cobrado
vigencia internacional los tratados celebrados por Colombia en esa
materia, interpretación que, de cualquier modo, ha de ser matizada
porque, para que la figura sea aplicable en nuestro país se requiere,
además de la vigencia del tratado mismo, de la ley que incorpore el
tratado a la legislación interna, oportunidad que bien podrá ser
aprovechada para salvar ejercicios de hermenéutica y, por consiguiente,
distanciar el proceso de certificación -habida cuenta de la advertencia
de los Estados Unidos en el sentido de que esperan una legislación de
Extradición sin restricciones.
4. EFECTOS ECONOMICOS DEL NARCOTRAFICO
No pocos analistas consideran que la evolución, en general, aceptable de
la economía colombiana en los últimos tiempos, el equilibrio de sus
cuentas externas, la estabilidad cambiaria y la fortaleza de sus
reservas internacionales se deben, fundamentalmente, a los ingresos del
narcotráfico. Desde esta perspectiva, la eliminación de tales recursos
originaría un verdadero caos económico.
En los años ochenta casi todas las economías latinoamericanas perdieron
dinamismo y algunas experimentaron una franca recesión, así como hondas
dificultades de liquidez y financiamiento externo que abrieron paso a
severos programas de ajuste y devaluaciones. Colombia sorteó con éxito
esa crisis regional. De 1981 a 1990 el crecimiento acumulado de su PIB
fue de 43.6%, frente a 12.4% del conjunto de la región. En ese lapso el
país no tuvo problemas serios de liquidez y mantuvo una aceptable
captación de recursos del exterior, lo que le permitió contar con
reservas suficientes, mantener firme su moneda y no aceptar condiciones
duras en el financiamiento externo.
Sin duda, el narcotráfico explica en gran medida la afluencia de divisas
a Colombia. En los años noventa estos flujos han contribuido al
importante superávit en la cuenta de capitales de la balanza de pagos,
vía inversión y endeudamiento de largo plazo; ello ha hecho posible
financiar el creciente déficit en cuenta corriente (sobre todo por el
saldo comercial desfavorable) sin alterar el nivel de las reservas
internacionales
El déficit en cuenta corriente es más o menos reciente. De 1986 a 1990
se obtuvo un saldo superavitario equivalente a 1.8% del PIB, en promedio
anual. En 1991 llegó a casi 8% del producto global, pero a partir de
1992 la situación empezó a cambiar. En 1993 y 1994 se registró un
déficit en cuenta corriente equivalente a 5% del PIB. "Ninguna otra de
las principales economías de la región sufrió un deterioro tan severo en
tan corto tiempo." En 1995 y 1996 el déficit creció 32 y 13 por ciento,
respectivamente, en lo cual pesó mucho el fuerte incremento de las
importaciones.
4.1 El efecto monetario
Los crecientes flujos de capitales asociados al narcotráfico se
beneficiaron con la apertura económica, ya que con la eliminación de
aranceles y la liberación de las importaciones, se hizo más fácil
importar, y una fuerte cantidad de divisas provenientes del narcotráfico
pudieron ingresar al país, aunque como es obvio, no todos los flujos de
cxapitales provenian del narcotráfico , si ingresaron al país grandes
montos provenientes de actividades ilícitas donde acumulando los
factores estructurales, el consecuente aumento de las reservas
internacionales incidió de diversas maneras en la política monetaria y
la evolución del tipo de cambio, al punto de obligar a las autoridades
colombianas a instrumentar medidas para controlar el ingreso de divisas.
En 1990, en el marco de una política antiinflacionaria, con base en la
apertura económica y la liberalización de los mercados, se estableció un
mecanismo de devaluación periódica de la moneda a fin de impulsar las
exportaciones. Empero, la creciente entrada de divisas y el incremento
de las reservas internacionales presionaron al alza los precios por vía
del aumento de la emisión primaria. Ante ello las autoridades tuvieron
que reorientar su política a favor de la apreciación de la moneda, al
tiempo que se buscó controlar los flujos de capital.
En 1991 el Banco Central adoptó una política de esterilización por
medio de operaciones de mercado abierto. Los certificados de cambio
bonos en dólares y redimibles en pesos fueron los instrumentos más
utilizados. Además, el Ministerio de Hacienda congeló créditos obtenidos
por 682 millones de dólares y aplicó impuestos adicionales de 3% a todas
las operaciones cambiarias.
La estrategia esterilizadora no logró frenar los ingresos externos, ya
que las tasas de interés se mantuvieron elevadas y siguieron atrayendo
recursos del exterior. En diciembre de 1991, por ejemplo, dichas tasas
ascendieron a 38.5%, casi nueve puntos porcentuales más que en el primer
trimestre del mismo año. "Se llegó a un círculo vicioso: los
diferenciales de las tasas de interés fueron superiores a 30 puntos
porcentuales (a favor de los activos internos), lo que reforzó los
flujos de capital."
Por lo demás, la estrategia de esterilización resultó financieramente
onerosa porque la institución rectora pagaba una tasa de interés sobre
sus pasivos mayor que la percibida por la inversión de las reservas. "La
pérdida del banco central fue de 0.8% del PIB en 1991 y alcanzó su
máximo nivel (1.2%) en 1993, cuando gran parte de la deuda maduró."
En 1993 las autoridades decidieron sustituir la esterilización por otras
medidas. El Banco Central instituyó un encaje de 47% (no remunerado),
con un plazo inferior a 18 meses. Como esta medida se consideró
insuficiente, en marzo de 1994 el requisito se extendió a créditos con
vencimientos inferiores a 36 meses. El requisito de encaje, empero,
tenía un gran número de exenciones que le restaron eficacia.
En ese mismo año la institución central instauró un sistema de banda
cambiaria de 14%, aunque se reservó la prerrogativa de intervenir en
ella. Hasta la fecha la tasa de cambio ha tendido a permanecer en el
piso de la banda, salvo en ocasión de la incertidumbre inicial del
"efecto tequila" y del escándalo político por el supuesto financiamiento
del narcotráfico de la campaña presidencial de Ernesto Samper (en agosto
del mismo año), que presionaron momentáneamente el tipo de cambio al
alza. La intervención oportuna del Banco Central y el continuo flujo de
capitales externos, vía transferencias, inversión y endeudamiento,
evitaron la devaluación de la moneda y la merma de las reservas
internacionales.
Si bien los controles instrumentados en los años noventa para disminuir
el ingreso de capitales no cumplieron su objetivo, se logró inducir una
recomposición de las obligaciones externas en favor de los vencimientos
a largo plazo que resguarda al país en caso de una reversión brusca de
los flujos de capitales.
4.2 El narcotráfico y el empleo.[1]
El complejo proceso de producción y distribución de drogas encierra
muchas fases que requieren el trabajo de un número indefinido de
personas: el cultivo de la hoja de coca y de la amapola en miles de
hectáreas de Bolivia, Perú y Colombia; el traslado de la materia prima a
cientos de laboratorios en el país y en el extranjero para su
transformación; el envío de la droga por todos los medios y rutas
imaginables hasta los
mercados de consumo, principalmente los de Estados Unidos y Europa; la
distribución al mayoreo y al menudeo en dichos mercados, etc. Si además
se considera a los participantes en las tareas de lavado del dinero y a
quienes laboran en los negocios legales de los carteles, sobre todo en
el sector servicios, resulta obvio que el narcotráfico es un importante
generador de empleos tanto en Colombia cuanto en el extranjero. Según
algunas estimaciones, de 500.000 a un millón de personas intervienen de
una u otra manera en el negocio del narcotráfico en el mundo.
Para quienes sostienen que el tráfico de drogas beneficia a la economía
colombiana, la cuestión del empleo es una clara evidencia, pues aunque
se desconoce el número exacto de participantes no hay duda de que se
trata de miles de colombianos de diversos estratos sociales. La
actividad ilícita, así, impide que la tasa de desempleo aumente en
demasía y representa una válvula de escape de las tensiones sociales, en
particular en el campo.
Otro efecto socioeconómico del narcotráfico concierne a las inversiones
en la infraestructura en diversas zonas del país, sobre todo en las de
mayor atraso relativo. Ya sea por conveniencia propia o por
"generosidad", los carteles colombianos han financiado proyectos de
vialidades, escuelas, sistemas de drenaje, viviendas, etc. Con esto
también han conseguido el respaldo de comunidades beneficiarias e,
incluso, cierta "legitimidad social".
5. EFECTOS NEGATIVOS DEL NARCOTRÁFICO
Los especialistas que desestiman las su-puestas bondades del
narcotráfico en Colombia plantean la necesidad de analizar sus efectos
económicos de largo plazo. Para ellos es fundamental justipreciar el
fenómeno y atisbar más allá de las repercusiones actuales, con base en
un examen de causas, límites y perspectivas más importantes.
5.1 La inversión y el consumo
Un indicador del efecto económico de los narcodólares es, desde luego,
su destino final. Gran parte de los ingresos de la droga se utiliza para
cubrir gastos de operación, materia prima, transporte, salarios,
sobornos, lavado del dinero, etc. Se estima que en Colombia más de 60%
de los ingresos brutos de la cocaína, por ejemplo, se reinvierten en el
propio negocio. Es decir, este dinero beneficia ante todo a los carteles
de la droga y sus socios, e indirecta y marginalmente a la economía del
país.
Para cubrir sus actividades irregulares, los carteles invierten en
negocios legítimos, que entrañarían una aportación efectiva a la
economía colombiana. Empero, un examen más detallado muestra que las
repercusiones reales en la producción son muy relativas. Según un
estudio del economista Mario Arango, a finales de los ochenta 75% de los
narcotraficantes prefería colocar su dinero en bienes raíces
(departamentos, casas, ranchos, etc.), mientras que pocos (si acaso
algunos) se interesan por sectores productivos tradicionales, como
minería, textiles o manufacturas.
Las inversiones legales del narcotráfico incluyen actividades de uso
dual (dual-use): empresas con un giro comercial común (laboratorios
farmacéuticos, electrónicos, etc.), pero con áreas productoras de
productos químicos y accesorios para obtener la droga. En los sectores
agropecuario y pesquero operan empresas exportadoras de camarón, pulpa
de fruta, flores cortadas y otros cultivos, entre cuyos contenedores se
esconde el producto ilícito. Otra parte de los ingresos netos del
narcotráfico se destina a la compra de propiedades y bienes suntuarios
(joyas, oro, autos, yates, etc.), por lo que su efecto como inversión
también se diluye.
De hecho, el gran flujo de capitales externos hacia Colombia en los
últimos años, engrosado por los provenientes del narcotráfico, coincide
con el debilitamiento del ahorro interno y el magro crecimiento de la
inversión. Más que fortalecer la estructura productiva y alentar un
proceso vigoroso de capitalización, los dineros del narcotráfico
repercuten en el consumo, muchas veces con efectos inflacionarios.
Además, el narcotráfico exige destinar crecientes partidas del gasto
gubernamental para combatirlo, en detrimento de la inversión pública en
actividades productivas. En 1995 dichas erogaciones sumaron más de 1 000
millones de dólares, alrededor de 2% del PIB.
El Instituto Colombiano de la Reforma Agraria estima que en 1994 los
carteles de la droga controlaban directa o indirectamente de 8 a 11 por
ciento de las tierras cultivables del país. A lo largo de la costa
norte, en las planicies orientales y en la zona amazónica, la actividad
del narcotráfico desplaza cada vez más a las ocupaciones tradicionales
de labranza, pastoreo, minería y pesca. "La introducción de la economía
comercial de la droga ha removido al campesino de la agricultura de
subsistencia y lo ha transformado en jornalero rural."
Los carteles de la droga reclutan en el campo con gran facilidad la
fuerza de trabajo necesaria para atender los plantíos de coca, amapola y
marihuana, en razón de los atractivos pagos que ofrecen. Por ejemplo,
"un agricultor que cultiva algo más de una hectárea de hoja de coca
puede ganar el equivalente a varios miles de dólares al año, en un rango
de diez a cien veces más de lo que podría ganar con cualquier cultivo
legal".
La política de apertura, fue aprovechada por el narcotráfico, para
comprar tierras a los agricultores arruinados por los efectos negativos
que tuvo la apertura en el campo.
El remplazo de los cultivos tradicionales y el desvío de la fuerza de
trabajo hacia las redes del narcotráfico socavan la economía
agropecuaria de Colombia, como lo sugiere el fuerte incremento de las
importaciones de alimentos y la reducción de tierras de cultivos
transitorios (arroz, maíz, trigo, frijol y soya, entre otros). De
persistir la conversión de las tierras de labranza en campos de hoja de
coca, amapola y marihuana, así como el reclutamiento de campesinos para
la siembra ilegal, las repercusiones para la agricultura de Colombia en
el largo plazo pueden ser desastrosas e irreversibles.
5.2 La enfermedad holandesa
A primera vista parece axiomático que la bonanza exportadora de un
producto primario contribuye al crecimiento económico de una nación,
pero no siempre es así e, incluso, puede retardar dicho crecimiento.
El ingreso desmesurado de recursos por las ventas externas de un
producto primario suele producir fenómenos que en la literatura
económica se conocen como enfermedad holandesa (Dutch disease): el
ingreso extraordinario se vierte sobre una demanda de bienes y servicios
no transables (transporte, servicios públicos, bienes inmuebles), en
detrimento de los productos transables. "Los precios elevados de los
servicios no comerciales y las ganancias del fuerte intercambio
extranjero fuerzan a incrementar las tasas de intercambio, la que a su
vez reduce los incentivos para producir bienes exportables e importables."
La revaluación del tipo de cambio, fruto del intenso flujo de capitales,
desestimula la producción exportable, alienta las importaciones y
presiona los precios internos al alza. Colombia no es un caso típico de
dependencia de los ingresos de un producto, como los casos clásicos de
la "enfermedad holandesa", pero los ingresos extraordinarios por el
comercio ilegal de drogas han propiciado algunas de las condiciones de
ese fenómeno económico, lo cual se manifiesta en los siguientes
aspectos:
Los ingresos de la droga en Colombia se han reflejado en una mayor
demanda de bienes transables y, principalmente, no transables. Si bien
la de los primeros se puede cubrir en general con importaciones, la de
los segundos requiere una mayor producción interna a costa de la de
mercancías comercializables. Así, "el ingreso de la droga configura un
sesgo en contra de las actividades transables, en particular de las
legales transables. A la larga conduce a una especialización creciente
en la droga y en actividades ilegales. De hecho, constituye una
limitación para la industrialización, la modernización y la inserción
internacional."
Con la concentración de las inversiones de los carteles de la droga en
las ramas de bienes de consumo, inmuebles y la construcción, "se induce
una restricción para el desarrollo de actividades exportadoras y de
sustitución de importaciones".
Por un largo tiempo los flujos constantes de narcodólares han presionado
el tipo de cambio a la baja, lo que ha desalentado la producción de
bienes exportables, abaratado las importaciones y propiciado el
contrabando. La "enfermedad holandesa" afecta la evolución de las
actividades económicas más dinámicas y estables, principalmente la
producción de bienes transables, y a largo plazo tiende a estimular la
dependencia de la economía colombiana de las exportaciones ilegales.
Los flujos de capital en Colombia han limitado la política monetaria y
generado fuertes presiones inflacionarias. La creciente demanda de
bienes no transables se ha manifestado en una burda inflación en el
valor de la tierra, propiedades, algunas mercancías y diversos
servicios. Ello es más evidente en los lugares donde los barones de la
droga han sentado sus reales: Medellín, Cali, Barranquilla y Bogotá.
Sin duda, los principios de la enfermedad holandesa están presentes en
la economía colombiana por los cuantiosos ingresos del narcotráfico. De
ahí que las autoridades deben mantener e incrementar sus esfuerzos para
controlar el creciente flujo de narcodólares al país, así como
instrumentar medidas que promuevan la inversión productiva.
De no cambiar las circunstancias que han permitido el desarrollo de este
fenómeno, la estructura productiva y exportadora de Colombia se
debilitará cada vez más en perjuicio de las posibilidades de desarrollo
integral del país.
Tras este breve examen de los efectos generales del narcotráfico en la
economía colombiana, se puede concluir que los aparentes beneficios
(financiamiento de las cuentas externas, fortaleza de la moneda,
elevadas reservas internacionales, generación de empleos, etc.) pueden
desembocar en una crisis de magnitud imprevisible. Los costos del
tráfico de drogas, en el mediano y largo plazos, pueden anular por
completo los efectos "positivos" actuales.
6. ESTRATEGIA DE LUCHA CONTRA EL NARCOTRÁFICO
El nuevo Gobierno y estrategia contra el narcotráfico.
6.1 Fenómeno.
La nueva administración en Colombia, a cargo de Andrés Pastrana, ha
traído consigo una gran expectativa para ese país en el tema del combate
al narcotráfico, entre ellas, las más importantes son : la "desnarcotización"
de las relaciones con EE.UU y la no estigmatización de Colombia frente a
la comunidad internacional. Sin embargo, el escenario en el que se
presentó este cambio de mando fue bastante dramático, siendo las
guerrillas las principales protagonistas y que hasta el momento, se
mantienen presentes hasta que un eventual acuerdo de paz se concrete.
6.2 Erradicación.
La Policía Nacional viene adelantando una intensa campaña de fumigación
en el sur de Bolívar, especialmente en la Serranía de San Lucas, para
acabar con los narcocultivos que existen en esta subregión. Así lo dio a
conocer, en el mes de marzo en Cartagena, el comandante de la Policía,
Gral. Rosso José Serrano Cadena, quien dijo que las operaciones también
se vienen adelantando en el Norte de Santander. Sin embargo, el eventual
uso del herbicida Tebutiuron, que sustituiría al Glifosato el cual se
esparce desde 1985, en el proceso de fumigación tiene alerta al
Ministerio de Medio Ambiente, Greenpeace, Ecofondo, Fondo Mundial para
la Naturaleza, Rapalmira y varias ONG's ambientales del país y
exteriores, puesto que que temen por los estragos que pueda causar en el
ecosistema. No obstante, los riesgos y los resultados de la fumigación
son inversamente proporcionales a la intensidad con que se desarrollan.
Por otro lado, en un 50 % fueron paralizadas las operaciones antidrogas,
a raíz de la decisión de Washington de inmovilizar 36 helicópteros UH-1H
por fallas técnicas en el motor. La base antinarcóticos de San José del
Guaviare, centro del programa de erradicación de cultivos de coca, se
encuentra a medio funcionar mientras que las de Valledupar y Huila,
dedicadas a la fumigación de amapola, tuvieron una suspensión total.
Para este año Antinarcóticos tenía previsto fumigar 50 mil hectáreas,
dos mil más de las erradicadas el año pasado. Sin embargo, debido a las
condiciones climáticas y a la parálisis de los helicópteros, esta cifra
se reducirá drásticamente.
La diversidad de lugares en los que se siembran los cultivos ilícitos,
es una muestra de los permanentes traslados internos de los cultivos de
coca y amapola, lo que tiene como explicación la fluctuación de
mercados, los cambios climáticos, el incremento de la violencia y la
interdicción.
6.3 Ofensiva Guerrillera.
Días antes de producirse el cambio de mando presidencial, Colombia
enfrentó una de las más graves ofensivas rebeldes, atribuidas en gran
parte a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Unos 200
militares, policías, civiles y guerrilleros murieron, otros cien
resultaron heridos y más de cien han desaparecido o fueron retenidos,
según informes provisionales difundidos. Los ataques de mayor
envergadura tuvieron lugar en las poblaciones de Miraflores, zona
cocalera del Guaviare, donde se registró el mayor número de víctimas y
la destrucción total de la base antinarcóticos, la base militar y una
base de la marina. Riosucio, al oeste de Colombia, fue también escenario
de 60 muertes entre soldados y guerrilleros, en un enfrentamiento entre
la guerrilla de las FARC y el ejército colombiano. Se estima que desde
hace ocho meses las FARC tienen en su poder a unos 210 policías y
soldados capturados en enfrentamientos, y son unos 700 guerrilleros los
que se encuentran en las cárceles colombianas.
A pesar de que los jefes de las FARC y del Ejército de Liberación
Nacional (ELN) se negaron a negociar con el gobierno saliente, ya han
indicado su intención de llegar a un acuerdo de paz con el nuevo
presidente Andrés Pastrana. Por su parte, el Presidente muestra todas
las intenciones de tomar sus propuestas seriamente, dejando en claro que
"no será el sepulturero del imperio de la ley".
La presencia de múltiples actores de violencia es un factor de riesgo
para las acciones del gobierno: el narcotráfico, la guerrilla, la
delincuencia común y los paramilitares. Sin embargo, el problema estriba
en que cada vez más se produce un aumento del conflicto militar en zonas
donde no solamente el Gobierno Colombiano tiene interés, sino también
los EE.UU. Aunque no se puede obviar la presencia específica de las FARC
en zonas donde cobra las famosas "vacunas" por cultivo de coca, los
paramilitares y las migraciones, forzadas por la violencia desatada,
están especialmente en la zona del Bajo Putumayo. El gobierno debe hacer
todos los esfuerzos posibles para diferenciar con claridad las acciones
en zonas de cultivos ilícitos de la represión a la guerrilla y a otros
grupos irregulares. El eventual análisis de la "narco guerrilla" trae
consigo una serie de problemas que han de tomarse en cuenta, puesto que
frente a dos evidentes situaciones, se tiende a tomar una sola política;
ejemplo de ello son los fondos antidrogas y su desvío a la guerrilla.
Frente a esta realidad son los derechos humanos los que sufren las
consecuencias.
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