La supervisora Bárbara Ruiz tiene un gran problema. De hecho, cuatro de
las siete cajeras del banco donde labora tienen dificultades:
Una cajera esta con permiso por maternidad. Hace casi 03 meses tuvo un
bebe prematuro de medio kilo. Debe volver pronto al trabajo, pero no
desea dejar a su bebe que sigue en cuidados intensivos, por lo que
quiere ampliar su licencia.
Otra cajera acaba de informar a Bárbara que su anciana madre, que vive en provincia sola, se ha caído y se ha roto la cadera. La cajera, hija única, quiere al menos un mes libre para atender a su madre y encontrar un nuevo lugar para ella.
Una cajera le ha pedido que reduzca ligeramente las horas para volver pronto a su casa y estar con sus hijos después del colegio. La vecina de al lado, que había estado cuidando de ellos, va a mudarse y la cajera, que es nueva en la ciudad, no encuentra a nadie de confianza para cuidar de sus niños.
La mejor cajera de Bárbara, que podría ser supervisora algún día, acaba de pedirle que el reduzca las horas de trabajo para poder asistir a las clases de una maestría. Bárbara querría poder acceder a la petición, porque su rendimiento también se evalúa en función de su capacidad para promocionar a su personal.
En otro tiempo a Bárbara no le hubiese angustiado ninguno de estos pedidos. Simplemente se habría negado, habría ordenado a todas sus cajeras que se quedaran en sus puestos y hubiera reemplazado a la que no hubiera obedecido.
Pero la empresa acaba de adoptar una serie de políticas para acomodarse y resolver los conflictos entre responsabilidades laborales y familiares de los empleados. Se supone que Bárbara tiene que ser ahora una supervisora flexible, lo que implica que debe intentar satisfacer los pedidos de su personal. Pero, ¿Cómo hacerlo y a la vez conseguir que el banco siga funcionando?
Lic. Ricardo Candela Casas - conrccarrobagmail.com
Lima, Perú.
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