Yo conocí a un líder

Autor: José Luis Marín Almellones

Liderazgo

01-2007

A esas horas de la noche estaba rebuscando y ordenando lo que sacaba del contenedor de basuras. Lo hacía con paciencia y en orden. Esculcaba con tranquilidad. Escogiendo con delicadeza, como si estuviera en el mercado. El carrito que empujaba luego, se llenaba meticulosamente.

Eso lo volví a comprobar en varias ocasiones. Pero lo que me sorprendía es que no tenía apariencia de mendigo. Sus ropas eran buenas y sus zapatos estaban relucientes. Incluso usaba guantes de goma para revisar entre los desperdicios.
 
Pasó tiempo antes de que la curiosidad se impusiera y averiguara alguna cosa más. Un día me aposté. Esperé a que terminara su labor diaria y le seguí a distancia. No quería asustarle. Empujó su carro hasta un lugar donde yo no me atrevería a entrar. Y esperé más de una hora soportando un fuerte frío. Quería ver que ocurría. Pero nada especial sucedió, salvo que el mismo individuo saltó de las sombras de la misma forma en que fue engullido con una salvedad: el carro estaba vacío; pero mis ansias de saber se habían multiplicado. Volví a seguirle. La caminata concluyó en un edificio del mismo barrio en el que me alojaba.
 
La investigación adjunta a la curiosidad continuó. Indagué y pregunté. Me interesé.

Aquel hombre sacaba cada noche alimentos aún comestibles que un supermercado desalojaba como si se trataran de desperdicios. Eran productos que por su apariencia o por su fecha de caducidad ya no eran vendibles cara al público. Los recopilaba y transportaba hasta un lugar donde se alojaban como podía un buen número de sin techos que por sus características personales les era complicado valerse por sí mismo. Había de todo. Lo que más abundaba eran hombres de avanzada edad, aunque en realidad, las inclemencias y envites de todo tipo consiguieron adelantar la vejez en sus malogradas facciones. Dos o tres mujeres a los sumo, pertenecían al grupo. La mayoría del contingente albergaba enfermedades crónicas. Algunos contaban sus últimos días como si de una bendición se tratase… Aquel hombre, averigüé, empleaba parte de su sueldo en la adquisición de determinados fármacos que no necesitaban de receta médica. Algunos antibióticos, inflamatorios, antitusivos, algún calmante para el dolor y poco más… Aquel hombre con sus esfuerzos mantenía en silencio, sin anuncios, ayudas o exhibicionismos a un grupo de desamparados.
 
Aquel hombre, aunque trabajaba sin querer o buscar reconocimientos, era alguien conocido por lo que hacía. Algunos, discretamente le daban ropas diciéndole que las llevara a quienes la necesitaran. El siempre negó cualquier merecimiento. Siempre hacía aquello a altas horas de la noche. Procuraba no ser visto, y no por vergüenza, sino por humildad.
 
Trabajar a aquellas horas suponía un riesgo. El barrio no era de lo más seguro con tal oscuridad, pero ninguno de los merodeadores de la noche jamás le hizo nada. Era intocable. Era respetado. Era incluso protegido.
 
Pero todo tiene un fin. Y a este hombre le llegó en plena acción. Un borracho al mando de un vehículo le sesgó su aliento en un sólo instante. El carro repleto de comida estaba desparramado en el asfalto. De los bolsillos del abrigo salían medicamentos. Los que lo vieron decían que su cara que no había sido dañada reflejaba paz ante el tremendo traumatismo.
 
Al sepelio unos cuantos vecinos acudieron. Familiares no poseía. Pero cuando nadie lo esperaba, un grupo pequeño de desarrapados hicieron acto de presencia en el cementerio acompañándolo en el instante postrero.
 
Tras los acontecimientos, alguien con cierto poder se puso una medalla al tomar cartas en el asunto solventando el problema de los mendigos consiguiéndoles alojamiento y cuidados adecuados.
 
¿Aquel final fue gracias a aquel hombre? No lo sé, no podría asegurarlo. No obstante, de lo que sí estoy seguro, es de haber conocido a un hombre que fue un auténtico Líder. Quizá el Líder de las oscuridades. Quizá el Líder de unos muertos de hambre. Quizá el Líder de los contenedores de basura. Pero de lo que no tengo duda, es que ese hombre fue un Líder que condujo a los “suyos” hasta buen puerto pese a las mareas, los vientos y las tempestades… pese a su vida.
 
¿Quieres ser un Líder? Yo también. ¿Me acompañas? Empecemos. Hay mucho por aprender y mucho más por hacer. Pongámonos en marcha, tenemos un rumbo, y hemos de llegar a destino.
 

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José Luis Marín Almellones

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