Eso lo volví a comprobar en varias ocasiones. Pero lo que me
sorprendía es que no tenía apariencia de mendigo. Sus ropas eran buenas
y sus zapatos estaban relucientes. Incluso usaba guantes de goma para
revisar entre los desperdicios.
Pasó tiempo antes de que la curiosidad se impusiera y averiguara alguna
cosa más. Un día me aposté. Esperé a que terminara su labor diaria y le
seguí a distancia. No quería asustarle. Empujó su carro hasta un lugar
donde yo no me atrevería a entrar. Y esperé más de una hora soportando
un fuerte frío. Quería ver que ocurría. Pero nada especial sucedió,
salvo que el mismo individuo saltó de las sombras de la misma forma en
que fue engullido con una salvedad: el carro estaba vacío; pero mis
ansias de saber se habían multiplicado. Volví a seguirle. La caminata
concluyó en un edificio del mismo barrio en el que me alojaba.
La investigación adjunta a la curiosidad continuó. Indagué y pregunté.
Me interesé.
Aquel hombre sacaba cada noche alimentos aún comestibles que un
supermercado desalojaba como si se trataran de desperdicios. Eran
productos que por su apariencia o por su fecha de caducidad ya no eran
vendibles cara al público. Los recopilaba y transportaba hasta un lugar
donde se alojaban como podía un buen número de sin techos que por sus
características personales les era complicado valerse por sí mismo.
Había de todo. Lo que más abundaba eran hombres de avanzada edad, aunque
en realidad, las inclemencias y envites de todo tipo consiguieron
adelantar la vejez en sus malogradas facciones. Dos o tres mujeres a los
sumo, pertenecían al grupo. La mayoría del contingente albergaba
enfermedades crónicas. Algunos contaban sus últimos días como si de una
bendición se tratase… Aquel hombre, averigüé, empleaba parte de su
sueldo en la adquisición de determinados fármacos que no necesitaban de
receta médica. Algunos antibióticos, inflamatorios, antitusivos, algún
calmante para el dolor y poco más… Aquel hombre con sus esfuerzos
mantenía en silencio, sin anuncios, ayudas o exhibicionismos a un grupo
de desamparados.
Aquel hombre, aunque trabajaba sin querer o buscar reconocimientos, era
alguien conocido por lo que hacía. Algunos, discretamente le daban ropas
diciéndole que las llevara a quienes la necesitaran. El siempre negó
cualquier merecimiento. Siempre hacía aquello a altas horas de la noche.
Procuraba no ser visto, y no por vergüenza, sino por humildad.
Trabajar a aquellas horas suponía un riesgo. El barrio no era de lo más
seguro con tal oscuridad, pero ninguno de los merodeadores de la noche
jamás le hizo nada. Era intocable. Era respetado. Era incluso protegido.
Pero todo tiene un fin. Y a este hombre le llegó en plena acción. Un
borracho al mando de un vehículo le sesgó su aliento en un sólo
instante. El carro repleto de comida estaba desparramado en el asfalto.
De los bolsillos del abrigo salían medicamentos. Los que lo vieron
decían que su cara que no había sido dañada reflejaba paz ante el
tremendo traumatismo.
Al sepelio unos cuantos vecinos acudieron. Familiares no poseía. Pero
cuando nadie lo esperaba, un grupo pequeño de desarrapados hicieron acto
de presencia en el cementerio acompañándolo en el instante postrero.
Tras los acontecimientos, alguien con cierto poder se puso una medalla
al tomar cartas en el asunto solventando el problema de los mendigos
consiguiéndoles alojamiento y cuidados adecuados.
¿Aquel final fue gracias a aquel hombre? No lo sé, no podría asegurarlo.
No obstante, de lo que sí estoy seguro, es de haber conocido a un hombre
que fue un auténtico Líder. Quizá el Líder de las oscuridades. Quizá el
Líder de unos muertos de hambre. Quizá el Líder de los contenedores de
basura. Pero de lo que no tengo duda, es que ese hombre fue un Líder que
condujo a los “suyos” hasta buen puerto pese a las mareas, los vientos y
las tempestades… pese a su vida.
¿Quieres ser un Líder? Yo también. ¿Me acompañas? Empecemos. Hay mucho
por aprender y mucho más por hacer. Pongámonos en marcha, tenemos un
rumbo, y hemos de llegar a destino.
http://www.especialistas.de/marin.htm
Conferencista Motivacional
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