La competitividad de un país

Autor: Alberto Núñez Mendoza

Competitividad

30-12-2011

Este es un extracto de las principales ideas sobre competitividad expuestas por el autor M. Porter en conferencias ante diferentes audiencias durante los últimos años.

La competitividad a nivel nacional se ha convertido en una preocupación central para gobiernos e industrias en todos los países, pero no obstante la infinidad de discusiones y debates, aún no existe un consenso sobre el significado y definición del término.

Algunas personas ven a la competitividad de un país como el resultado de:

a) el entorno macroeconómico en el que se desenvuelven sus compañías e industrias, el cual se ve afectado por los niveles de las tasas de interés, tasas de cambio de la moneda y déficit gubernamental.

b) la relativa abundancia y bajo costo de la mano de obra de la que se dispone.

c) la abundancia de recursos naturales del país.

d) el tipo de políticas gubernamentales del país en términos de protección a la industria nacional, promoción de las exportaciones y subsidios a determinados sectores como el financiero, automotriz, acerero, naval, etc..

e) la diferencias en las prácticas gerenciales del país, incluyendo la forma en que se conducen y resuelven los conflictos obrero patronales.

Como contestación a los anteriores planteamientos ¿Cómo podemos explicarnos el éxito de países con altos niveles competitivos que no cuentan con abundancia de recursos naturales, ni con mano de obra numerosa y con bajos salarios y que incluso han tenido importantes déficit presupuestales por años, como es el caso de Japón, Corea del Sur o Singapur?.

Y aún más, ¿cómo explicar los casos de Alemania y Suiza?, donde por mucho tiempo sus monedas estuvieron claramente sobrevaluadas con respecto al dólar de Estados Unidos, o el caso de Italia, donde aún con políticas gubernamentales inconsistentes, se logró hacer florecer una importante industria de pequeños talleres dedicados a la exportación de calzado. Todos ellos, sin lugar a dudas, han disfrutado de beneficios económicos ascendentes.

Como podemos ver es evidente que ninguna de las respuestas han sido suficientemente buenas para explicar, por sí mismas, cual es la base para que un país logre altos niveles de competitividad, aunque cada una de ellas cuenta con algunos elementos de verdad.

Ahora bien, ¿que se debe entender por una nación competitiva?, ¿es aquella en la que la mayoría de sus compañías e industrias son competitivas?, o bien ¿son aquellas en la que el tipo de cambio de su moneda layuda a que sus productos puedan venderse a los precios más bajos en los mercados internacionales y disfrutan de una balanza comercial positiva?.

De nuevo, si analizamos detenidamente las anteriores preguntas y las tratamos de contestar a la luz de las experiencias obtenidas por países considerados por la mayoría de la gente como los más competitivos en el escenario mundial, llegaremos a la conclusión de que la única explicación con sentido parte del concepto de Productividad, entendida como el resultado que obtiene un país al lograr altos niveles de eficiencia y eficacia en el uso de su capital humano (talento) y económico. La productividad bien entendida, debe reflejarse forzosamente en el nivel de vida a largo plazo de la población y debe ser el criterio fundamental para determinar la remuneración económica que reciben los habitantes y la tasa de retorno del capital utilizado en proyectos de inversión a largo plazo.

Por lo tanto, cada nación busca mejorar su nivel de productividad día a día elevando la calidad de su sistema educativo que permita a sus habitantes diseñar y elaborar productos que cumplan estrictamente con las especificaciones demandadas por los clientes, mejoren la tecnología vertida en los productos desde su diseño hasta el servicio al cliente y eleven los niveles de eficiencia detectando las fallas en los procesos, y que les permita asimismo, desarrollar las nuevas capacidades necesarias para competir a nivel mundial en los cada vez más sofisticados segmentos industriales y nuevas industrias que se están formando en el mundo.

El comercio exterior, la inversión extranjera y el turismo para arrojar resultados positivos deben traer beneficios a los países en lugar de dolores de cabeza, apoyándose en mejorar la productividad y especialización de las industrias y segmentos donde sus compañías sean competitivas e importando productos en aquellos donde sus compañías lo son menos. El comercio internacional y los flujos de inversión extranjera son benéficas porque ponen a prueba a la industria doméstica al enfrentarla a nuevos niveles de productividad internacional. En un principio, es recomendable cuidar la estabilidad financiera nacional, la cual puede verse amenazada en periodos de inquietud económica.

Lograr un equilibrio o superávit en la balanza comercial puede ser inapropiado para una nación si sólo está basado en expandir las exportaciones en base a bajos salarios y una moneda débil, importando aquellos bienes de consumo que sus compañías no producen a niveles competitivos. Esta situación puede llegar a provocar desequilibrios financieros en el mediano y largo plazos, con la consecuente reducción de los niveles de vida de la población.

El interés del gobiernos e industrias por lograr una mayor competitividad no debe centrarse simplemente en crear empleos sino, más bien, en crear empleos que tengan elevados requerimientos en términos de habilidades y conocimientos que propicien la elevación del poder adquisitivo de los trabajadores y una mayor prosperidad nacional.

En resumen, las políticas nacionales enfocadas a elevar la competitividad deben ir más allá de buscar preferentemente las ventajas comparativas (recursos naturales, bajos salarios, políticas protectoras, etc.) y centrarse en lograr mayores ventajas competitivas que incluyan: mercados cuidadosamente segmentados, productos diferenciados, aplicación de nuevas tecnológicas y economías de escala. Esta teoría debe desarrollarse bajo la premisa de que la competencia tanto a nivel nacional como internacional es dinámica y evolutiva y, por lo tanto, es necesario que la nación vaya más allá de pensar solo en término de los costos inmediatos al cuidar las condiciones bajo las cuales sus empresas puedan desarrollar ventajas competitivas en base a la innovación y las características particulares de sus productos.

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Alberto Núñez Mendoza

Licenciado en administración de empresas por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Administración por la University of Colorado y Especialista en Administración Internacional del Programa OEA-IMCE . En la actualidad es autor de artículos y director de Administración en Red, empresa dedicada a brindar servicios de consultoría a micro y pequeñas empresas en la zona norte de México y sur de los estados Unidos, Centroamérica y Grecia. Durante su trayectoria de más de 22 años ha sido profesor en programas a nivel licenciatura y maestría en diferentes escuelas de administración como: la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Universidad Intercontinental (UIC), Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) sedes Ciudad Juárez y Cd.de México, Universidad de San Pedro Sula (USPS) y Universidad Tecnológica de Honduras. 

México. www.degerencia.com 

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