Para lograr la eficiencia en el trabajo administrativo, es preciso saber
qué es lo que se debe hacer en cada momento y hacerlo correctamente,
tratando de alcanzar los mayores resultados con el gasto mínimo de
esfuerzo y recursos, logrando además la satisfacción del personal.
Ante cualquier administrador o directivo se presentan numerosas
exigencias de diverso tipo que requieren de un análisis específico para
adoptar las decisiones que correspondan. Este tipo de situación
constituye la tarea diaria del directivo, y no siempre es posible
identificar, con absoluta claridad, cuáles son las prioridades que deben
establecerse.
La Dirección por Objetivos (DPO) es una concepción que desde el año 1995
ha venido impulsando la dirección de nuestro Gobierno para su aplicación
en los Organismos de la Administración Central de Estado, Instancias de
Dirección Territorial y Empresas. Este enfoque persigue el propósito de
concentrar los esfuerzos de dirección en el logro de los objetivos que
han sido concertados en cada una de las instancias de dirección, más que
en la realización de tareas cuyo vínculo con los objetivos planteados no
siempre resulta suficientemente claro. La DPO es un sistema que enfoca
la atención de dirigentes y trabajadores hacia los resultados que se
deben alcanzar, más que en dirección a los esfuerzos, fructuosos o no,
realizados.
La implementación de la DPO en nuestras organizaciones ha requerido un
gran esfuerzo por parte de directivos y, en el caso de los OACE y
Territorios, los centros universitarios han colaborado en la
capacitación de los dirigentes y en la asesoría a las entidades que
participan en este proceso.
Nuestra colaboración personal, durante los últimos cuatro años, ha
tenido lugar en el MITRANS, el MINCEX y el MINCULT, en empresas
comercializadoras, así como en el Hospital “Hermanos Ameijeiras”, entre
otros, y es del trabajo en estos centros la experiencia que exponemos en
la presente ponencia.
La dirección por objetivos (DPO) o, como se le conoce más popularmente,
administración por objetivos (APO), es fruto de los trabajos de Peter F.
Drucker y George S. Odiorne, quienes las popularizaron a través de sus
obras: The Practice of Management, publicado en 1954, del primero; y
Management by objectives - A System of managerial leadership, editado en
1965, del segundo.
Por supuesto, los objetivos son consustanciales a todo proceso de
dirección, ya que no existe dirección sin objetivos. Esto es algo que se
desprende de una práctica elaborada sobre la base del más elemental
sentido común, por tanto, como bien señalan Koontz y Weihrich: "No
existe una persona a la que pueda considerarse como el creador de una
administración que hace hincapié en los objetivos." [1]
Una cosa debe quedar clara: las personas cuando realizan su trabajo,
esperan lograr ciertos resultados, pero el grado de conciencia y la
precisión que tengan sobre éstos cubre una amplia gama. Por otra parte,
la experiencia nos demuestra también que muchas veces la rutina y la
obsesión por la ocupación motivan en las personas la realización de
tareas que poco o nada tienen que ver con los objetivos del puesto o la
organización. En este sentido, la dirección por objetivos ha significado
una ayuda indiscutible para fijar la atención de dirigentes y
subordinados sobre la necesidad e importancia de los objetivos como guía
insustituible de su trabajo.
A simple vista pudiera parecer sencilla la aplicación de la dirección
por objetivos, pues la creación de cualquier organización está precedida
por la formulación de los objetivos que justifican se creación. Por otra
parte, la actividad inteligente del hombre siempre está precedida por la
determinación de los objetivos hacia los cuales encamina su trabajo,
pero la práctica se ha encargado de demostrar que esto no es tan
sencillo como parece.
En muchas ocasiones, cuando le planteamos a los directivos que formulen
los objetivos que se proponen para un próximo período, elaboran una
lista tan larga de objetivos, políticas, funciones y tareas que resulta
difícil no perderse en un espacio tan abierto, ya que no quieren que
nada de lo que les parece importante se vaya a quedar fuera. En otras
ocasiones, no encuentran la manera de formular los propósitos a lograr,
y todo queda en el vago marco de la rutina.
Otras veces, a pesar de haberse formulado adecuadamente los objetivos,
no quedan establecidas con precisión las prioridades entre ellos. Esto
no es tan complicado cuando la primera prioridad se confunde con la
segunda o la tercera, pero a menudo ocurre que la persona que debe
resolver un problema dedica su mayor atención a cuestiones de un orden
más bajo, en detrimento de las cuestiones principales que deben ser
atendidas. Estamos frente a una situación motivada por el conflicto
entre objetivos, es decir, “no pueden ser simultáneamente optimizados”
[2]
En la búsqueda de un procedimiento que solucione esta problemática,
consideramos que la determinación previa de las Areas de Resultado Clave
(ARC) constituye un aspecto importante, dado su poder orientador acerca
de en qué ámbitos se pueden, y se deben, formular los objetivos.
Según señala la Dra. Esperanza Carballal, “las Areas de Resultado Clave
son simplemente áreas o categorías esenciales para el rendimiento
efectivo en la institución o empresa. Los logros dentro de estas áreas
son necesarios para que su institución o empresa lleve a cabo con éxito
su Misión y para que cumpla con las expectativas generadas.” [3]
Las ARC no llegan a cubrir todo lo que logrará la organización, pero
identifican los aspectos significativos, de los cuales depende el
desempeño de la organización. "Estas son áreas donde el desempeño es
vital para la situación y la supervivencia a largo plazo de la empresa."
[4]
El concepto de Area de Resultado Clave (ARC) constituye un elemento de
mucha importancia para el establecimiento de prioridades en la
realización del trabajo administrativo.
Las ARC deben ser identificadas como paso previo a la determinación de
los objetivos. Esto, a la vez que nos permite apuntar hacia cuestiones
importantes de la organización, facilita la participación de los
directivos y trabajadores implicados en los resultados que dependen de
cada área de resultado clave, puesto que son ellos los que conocen qué
es pertinente hacer en su área y cómo lograrlo.
No obstante, todavía es posible lograr un mayor grado de precisión en la
formulación de los objetivos si logramos identificar aquellos aspectos o
elementos que resultan más esenciales para que en cada ARC se alcancen
los mayores resultados. Estamos hablando de los Factores Críticos de
Éxito (FCE).
Dentro de cualquier tarea o actividad existe un pequeño número de
aspectos o elementos, que si no se tienen en cuenta de manera
específica, podemos perder todo el esfuerzo que dediquemos a esa
actividad, porque el papel que juegan es fundamental para la misma.
En el proceso de consultoría que realizamos en el Hospital “Hermanos
Ameijeiras”, determinamos las ARC de la institución y, a continuación,
pasamos a identificar los Factores Críticos de Éxito (FCE) para cada una
de ellas.
Por ejemplo en el ARC: Hospitalización. Preguntamos a los participantes
¿cuáles son los elementos que permiten calificar que una hospitalización
ha sido exitosa?
Después de un proceso de búsqueda y análisis entre los participantes, se
llegó a la conclusión de que una hospitalización se puede denominar
exitosa si los siguientes elementos concurren de una manera efectiva:
• Diagnóstico (pues si no se logra identificar su enfermedad o malestar,
no será posible realizar tratamiento alguno)
• Tratamiento (ya que la mejora de la salud y el bienestar, se alcanzan
cuando éste resulta efectivo)
• Relación trabajador – paciente (pues la persona hospitalizada requiere
de ciertas atenciones y cuidados, para que su salud psíquica no se
afecte)
• Criterios de ingreso (pues no se trata de ingresar en el hospital si
no es necesario desde el punto de vista de los cuidados que necesita la
persona, pues toda estancia en el hospital tiene un costo relativamente
alto)
• Aseguramiento y procesos no médicos (incluye todos los recursos de
alimentación y confort material que requiere la persona que está
hospitalizada)
A partir de la identificación, primero de las ARC, y después de los FCE,
se facilita la formulación de los objetivos, pues éstos deben apuntar
entonces hacia aquellos elementos más sensibles de la actividad (los FCE),
que son los que mayor impacto tienen para que el resultado del trabajo
del ARC sea efectivo.
Los objetivos formulados fueron:
• Lograr el diagnóstico y tratamiento adecuados, cumpliendo los
criterios de ingreso.
• Perfeccionar las relaciones trabajador - paciente de acuerdo a los
principios de la Etica Profesional.
• Mejorar las condiciones que garanticen una buena estancia en el
Hospital y el cumplimiento de los procesos y rutinas de la actividad.
Obsérvese cómo para esa ARC se identificaron cinco FCE; no obstante, con
solo tres objetivos se apunta a los elementos más significativos, que
son los aspectos más importantes que inciden en que la hospitalización
que se lleve a cabo sea exitosa.
Por supuesto, que las cosas no quedan en este punto. A partir de estas
formulaciones, se elabora entonces el sistema de control para el
cumplimiento de estos objetivos. El Hospital tiene instrumentado un
sistema para la evaluación de las historias clínicas en el cual, a
partir de los análisis y exámenes practicados, se determina si el
tratamiento aplicado es o no adecuado, y si los criterios de ingreso han
sido o no respetados. De esta forma es posible evaluar el primer
objetivo.
Los dos restantes se evalúan mediante el sistema de inspecciones
rutinario del Hospital y las encuestas que se aplican a una muestra, que
oscila entre el 60 y el 80%, de los pacientes que han ingresado en el
mismo.
Hemos expuesto un ejemplo del sector de la salud, pero en otros sectores
es igualmente aplicable. En un trabajo de consultoría realizado en una
empresa comercializadora de equipamiento para automatización,
identificamos los siguientes FCE, relacionados con el mercado de un
determinado tipo de servicio:
· Capacidad de solución
· Calidad de los productos
· Rapidez
· Financiamiento
A partir de estos FCE, determinamos las capacidades que debía poseer la
entidad, para llevar a cabo exitosamente sus tareas. Se consideraron
necesarias las siguientes:
· Personal altamente calificado y actualizado
· Amplia gama de productos (Surtido)
· Suministradores (y productos) de calidad
· Capacidad financiera
· Infraestructura técnica
Por lo tanto, los objetivos de la entidad tenían que formularse sobre la
base de estos aspectos, lo cual les permitió concentrar sus esfuerzos en
el menor número de elementos que les permitiera obtener los mayores
resultados. No se trata de enlistar una gran cantidad de objetivos, que
pueden ser necesarios, sino, de lo que se trata es de buscar el mayor
impacto, concentrando los esfuerzos en la menor cantidad de elementos
vitales.
De esta forma el sistema de Dirección por Objetivos se instrumenta como
un sistema de gestión. Es decir, de inicio se definen las esferas más
importantes en las que es necesario actuar, mediante la determinación de
las ARC y, para cada una de ellas, de los correspondientes FCE. A partir
de este análisis se formulan los objetivos de cada área, de forma
participativa, y se lleva a cabo el trabajo. Posteriormente, mediante el
sistema de control, se verifica el cumplimiento de las metas trazadas y
se toman las medidas correctivas necesarias para asegurar ese
cumplimiento.
Cuando no se cuenta con los FCE, la formulación de los objetivos se
realiza de manera general, no garantizándose que los objetivos
planteados sean realmente los más importantes. Por lo tanto, muchas
veces se formula una lista de objetivos, que puede incluir los elementos
más importantes, pero que contiene además otros de menor significación.
La utilidad de determinar los FCE es la de concentrar la atención de los
directivos y los subordinados en aquellos aspectos más significativos y
evitar la dispersión, pues a menudo sucede que los trabajadores al tener
que trabajar por diferentes objetivos, establecen también sus propias
prioridades, que muchas veces no coinciden con las de los jefes de la
organización, con la consiguiente dispersión de los esfuerzos lo cual
redunda en una disminución de la eficiencia y la eficacia.
Bibliografía:
Karl Albrecht, La Misión de la Empresa. PAIDOS, España, 1996.
Esperanza Carballal. ¿Qué es importante? : Establecimiento de las Áreas
de Resultados Clave. CETED s/f
W.D. Coplin. y otros. Cómo persuadir el poder. Editorial Deusto SA.
Bilbao España. 1987
William C. Giegold. Administración por objetivos. Guía práctica aplicada
al éxito. McGraw-Hill. 1982.
Harold Koontz y Heinz Weihrich. Elementos de Administración. Ediciones
MES. s/f
Leon Megginson y otros. Administración. Conceptos y aplicaciones. CECSA.
México. 1998.
Martina Menguzzato y Juan José Renau. La dirección estratégica de la
empresa. Un enfoque innovador del management. Editado por el MES. s/f.
Heinz Weihrich. Excelencia Administrativa. Productividad mediante
administración por objetivos. Editorial Limusa, México. 1987.
Carta Circular # 29/2000 del Secretario del Consejo de Ministros y de su
Comité Ejecutivo.
Planificación Estratégica del MINCULT hasta el 2003.
Planificación Estratégica del MINCEX hasta el 2003.
Planificación Estratégica del MITRANS hasta el 2005.
M.Sc. José Rafael Díaz Crespo mara2mailarrobayahoo.com Profesor del Centro de Estudios de Técnicas de Dirección de la Universidad de La Habana
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