La comunidad internacional está convencida de que la capacidad de un
país para avanzar hacia el desarrollo sostenible depende de la capacidad
de sus habitantes e instituciones para comprender la interdependencia
entre las actividades humanas y el medio ambiente. Disponer de
información confiable y oportuna resulta entonces crucial para la toma
de decisiones en materia de políticas de desarrollo. Así como también es
clave la toma de conciencia de la población y su participación para
armonizar los tres procesos complementarios de desarrollo: el económico,
el social y el ambiental.
Los recursos naturales (características bio-físicas) están ubicados en
determinados territorios, a diferencia de los recursos humanos y
financieros, cuya localización es variable. El ser humano no puede
destruir el espacio que ocupa la naturaleza y pretender continuar
viviendo en dicho lugar. Por consiguiente, poner en práctica el
desarrollo sostenible conlleva a considerar las condiciones
ecogeográficas de cada localidad, facilitando con ello la identificación
y solución de problemas del ámbito municipal y regional. Esto posibilita
que el
Estado central promueva una mayor participación tanto de las instancias
públicas municipales, departamentales y regionales como de las
organizaciones de la sociedad civil (sectores empresarial y laboral,
círculo académico-científico, gremios y organizaciones de mujeres,
ambientalistas y de desarrollo).
El enfoque actual de desarrollo se mide principalmente por agregados
macroeconómicos (balanza comercial, déficit fiscal, inflación, producto
interno bruto, etc), asumiendo que la realidad socio-económica de todas
las localidades de El Salvador coincide con dichos indicadores
nacionales. Nada más alejado a la realidad de las comunidades rurales y
urbano-marginales (la mayoría de la gente vive en situación de pobreza,
el 90% de los ríos están contaminados y arriba del 66% de la población
utiliza leña como combustible).
Algunas localidades de la cuenca del río Lempa tienen índices de
desarrollo humano similares al de países africanos que cruzan el río
Volta. Para el caso y de acuerdo a datos disponibles, Ghana tiene un
analfabetismo del 40%, ingreso per cápita de US$ 400, el sistema de agua
potable sólo cubre al 55% del área rural y el daño del suelo es un
problema muy extendido. En las regiones Norte y Oriente de
El Salvador cerca del 25% de las familias rurales tienen agua potable,
el ingreso per cápita es inferior a los US$ 600, arriba del 60% de los
hogares son pobres, la población analfabeta supera el 35% y el deterioro
de los suelos es crítico v.g. el río Lempa recibe entre 10 y 25 millones
de toneladas de sedimento al año.
Guardando la distancia y respetando la historia de cada país, tanto
ghaneses como salvadoreños tienen problemas de inmigraciones. Los
residentes en las regiones Norte y Oriental del país siguen abandonando
sus lugares de origen y dirigiéndose hacia las principales ciudades de
El Salvador y EUA en busca de oportunidades socio-económicas.
La pobreza es causa y efecto del deterioro ambiental. El desafío está en
promover un proceso de desarrollo que enfrente el empobrecimiento de la
gente y del medio ambiente. Se requiere que el desarrollo económico esté
a favor del bienestar humano de las presentes y futuras generaciones, y
en armonía con la naturaleza.
En este sentido, alcanzar la sostenibilidad debe constituir un
compromiso entre el Estado y la sociedad civil. Una acción decisiva para
lograr un cambio de actitud a favor de la sostenibilidad, sería que los
poderes públicos locales promovieran una visión común de desarrollo,
incluyendo acuerdos y compromisos con organismos públicos y
organizaciones de la sociedad civil.
Los municipios más pobres y deteriorados ambientalmente tienen a su vez
las menores capacidades técnicas e institucionales de desarrollo. En
consecuencia, de promoverse la descentralización y el desarrollo local,
el Estado deberá potenciar las capacidades de la población y sus
organizaciones, de modo que participen en el proceso de desarrollo y se
beneficien de él. Para lograr lo anterior, quizá sea necesario cambiar
la forma en la que el Estado se organiza para la consecución del bien
común.
Por ejemplo, la formación de recursos humanos locales es un elemento
estratégico para viabilizar un proceso de reconversión económica. Sin
embargo, la inversión en el recurso humano demanda esfuerzos de largo
plazo, especialmente si la formación y capacitación se basan en las
características productivas locales.
Bajo esta lógica, la formación técnica y profesional debe realizarse de
manera concertada entre los sectores público y privado de un territorio
específico. Por lo tanto, el Estado debería evitar la creación de una
oferta burocrática derivada de agregados económicos nacionales que
distan mucho de la realidad social, empresarial e institucional del
nivel local. Lo determinante es que el Estado central cumpla con sus
responsabilidades (sistemas de educación y salud, infraestructura
básica, marco institucional-legal, etc) en atención a los planes de
acción promovidos desde las localidades. Si el programa nacional de
desarrollo concilia su oferta de recursos con las necesidades y aportes
de los municipios desde una perspectiva territorial (sistemas de cuencas
hidrográficas, áreas protegidas, etc), los lugareños se convertirían en
los principales promotores del desarrollo sostenible, ya que lo que la
gente busca es que sus familias vivan en comunidades más sanas, seguras
y prósperas.
Los Estados están cada vez más atentos a la opinión pública y su
respuesta depende del enfoque de desarrollo que utilizan para
interpretar la realidad nacional. Una acción decisiva en esta dirección
es facilitar el acercamiento entre gobernados y gobernantes. El
desarrollo sostenible conduce a una sociedad mejor informada y más
participativa, y a un Estado con capacidad de reaccionar
responsablemente a las demandas ciudadanas. Para lograrlo, es
recomendable estimular la organización y movilización social local
alrededor de temas de interés común (problemas específicos de ámbito
territorial), a fin de constituir dichos temas o problemas en un punto
prioritario de la agenda nacional de desarrollo.
En conclusión, la implementación de una estrategia nacional de
desarrollo sostenible podría contar con un amplio respaldo social y
lograr los compromisos políticos necesarios para alcanzar la armonía
entre las metas económicas, sociales y ambientales de El Salvador.
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