Hace dos años mi país se estremecía con la difusión en los medios de
comunicación de unas imágenes que mostraba como un recién electo
parlamentario recibía dinero por parte del asesor del Servicio de
Inteligencia Nacional, es decir, recibía un soborno a cambio de un favor
político. Con estas imágenes se destapó una serie de hechos reñidos con
la ley, la ética y la moral que involucraba a toda una serie de
políticos, juristas, militares, empresarios y
personajes del mundo del espectáculo y del deporte y que marcó el fin de
un gobierno que se caracterizó por la corrupción, la inmoralidad y la
degradación de los valores.
Hoy, son loables las campañas en los diversos medios de comunicación, en
las escuelas, en las instituciones públicas, en las empresas, en la
iglesia y el gobierno, acerca de los valores y de su recuperación.
Es necesario una buena lavada de cara al país con una permanente campaña
de valores, porque en la medida que el país sea visto como corrupto los
inversionistas que buscan un mercado sano, no vendrán.
VALORES
La palabra valor viene del latín valor, valere (fuerza, salud, estar
sano, ser fuerte). Cuando decimos que algo tiene valor afirmamos que es
bueno, digno de aprecio y estimación. En el campo de la ética y la
moral, los valores son cualidades que podemos encontrar en el mundo que
nos rodea. En un paisaje (un paisaje hermoso), en un persona (una
persona honesta), en una sociedad (una sociedad tolerante), en un
sistema político (un sistema político justo), en una acción realizada
por alguien (una acción buena), en una empresa (organización
responsable), y así sucesivamente.
Aunque son complejos y de varias clases, todos los valores coinciden en
que tienen como fin último mejorar la calidad de nuestra vida. La
clasificación
más extendida es la siguiente:
1. Valores biológicos. Traen como consecuencia la salud, y se cultivan
mediante la educación física e higiénica.
2. Valores sensibles. Conducen al placer, la alegría, el esparcimiento.
3. Valores económicos. Proporcionan todo lo que nos es útil; son valores
de uso y de cambio.
4. Valores estéticos. Nos muestran la belleza en todas sus formas.
5. Valores intelectuales. Nos hacen apreciar la verdad y el
conocimiento.
6. Valores religiosos. Nos permiten alcanzar la dimensión de lo sagrado.
7. Valores morales. Su práctica nos acerca a la bondad, la justicia, la
libertad, la honestidad, la tolerancia, la responsabilidad, la
solidaridad, el agradecimiento, la lealtad, la amistad y la paz, entre
otros.
De la anterior tabla, los más importantes son, sin duda, los valores
morales, ya que estos les dan sentido y mérito a los demás. De poco
sirve tener muy buena salud, ser muy creyente o muy inteligente o vivir
rodeado de comodidades y objetos bellos, si no se es justo, bueno,
tolerante u honesto, si se es una
mala persona, un elemento dañino para la sociedad, con quien la
convivencia es muy difícil. La falta de valores morales en los seres
humanos es un asunto
lamentable y triste precisamente por eso, porque los hace menos humanos.
Los valores morales son los que orientan nuestra conducta, en base a
ellos decidimos cómo actuar ante las diferentes situaciones que nos
plantea la vida.
Se relacionan principalmente con los efectos que tiene lo que hacemos en
las otras personas, en la sociedad, en la empresa o en nuestro ambiente
en general. De esta manera, si deseamos vivir en paz y ser felices,
debemos construir entre todos una escala de valores que facilite nuestro
crecimiento individual para que, a través de él, aportemos lo mejor de
nosotros a una
comunidad que también tendrá mucho para darnos. Son, pues, tan humanos
los valores, tan necesarios, tan deseables, que lo más natural es que
queramos
vivirlos, hacerlos nuestros, defenderlos cuando estén en peligro o
inculcarlos en donde no existan. En este punto es donde intervienen la
moral y la ética.
VALORES, MORAL, ETICA Y ANTIVALORES
Los significados de las palabras moral (del latín mores, costumbres) y
ética (del griego ethos, morada, lugar donde se vive) son muy parecidos
en la práctica.
Ambas expresiones se refieren a ese tipo de actitudes y comportamientos
que hacen de nosotros mejores personas, más humanas. Si bien la moral
describe los comportamientos que nos conducen hacia lo bueno y deseable,
y la ética es la ciencia filosófica que reflexiona sobre dichos
comportamientos, tanto una
como otra nos impulsan a vivir de acuerdo con una elevada escala de
valores morales.
Así como hay una escala de valores morales, también la hay de valores
inmorales o antivalores. La injusticia, la deshonestidad, la
intransigencia, la intolerancia, la traición, la irresponsabilidad, la
indiferencia, el egoísmo, son ejemplos de estos antivalores que rigen la
conducta de las personas inmorales.
Una persona inmoral es aquella que se coloca frente a la tabla de
valores en actitud negativa, para rechazarlos o violarlos. Es lo que
llamamos una "persona sin escrúpulos", fría, calculadora, insensible al
entorno social que la rodea. El camino de los antivalores es a todas
luces equivocado; porque no solo nos
deshumaniza y nos degrada, sino que nos hace merecedores del desprecio,
la desconfianza y el rechazo por parte de nuestros semejantes, cuando no
del castigo por parte de la sociedad.
CULTURA ORGANIZACIONAL
Trasladando los valores al campo de la empresa, indudablemente la Alta
Dirección es la responsable por promover los valores dentro de la
organización.
No olvidar que la cultura organizacional es la personalidad de la
compañía y lo que diferencia a una organización de otra en cuanto a
procesos, procedimientos y relaciones. Es así como dentro de esta
cultura de la empresa se incluyen desde los conocimientos, creencias y
valores hasta las políticas, procedimientos, capacidades y habilidades
adquiridas por las personas en tanto miembros de la
compañía para la que trabajan. Cuando las personas conviven en una
empresa van formando un algo en común, como una personalidad colectiva,
sin perder sus diferencias individuales. Al ingresar personas nuevas a
la compañía, muchas veces no se les socializa adecuadamente, es decir,
no sólo capacitarlos técnicamente para el trabajo, sino culturalmente:
cómo vestirse, a qué hora se almuerza y con quién, cómo son las
reuniones de trabajo, cómo se relacionan las personas al interior de la
empresa, quiénes son los líderes formales e informales, cómo son los
sistemas de comunicación interna y externa, entre otros.
Comprender la cultura de la empresa es importante para que las personas
lleguen a conocer cuáles son las conductas apropiadas y esperadas dentro
de la empresa. Es así como, cuando una persona no se desempeña según lo
esperado, una de las razones suele ser que no se ha adaptado a la
cultura organizacional. Por este motivo, es fundamental que los líderes
sepan considerar objetivamente la cultura imperante, ya que ésta se
puede volver un obstáculo para lograr el éxito.
PALABRAS FINALES
El mundo de los valores es amplio, complejo y en permanente
transformación. En cada época aparecen nuevos valores o los viejos
valores cambian de nombre. Todos somos libres, además de escoger
nuestros valores y de darles el orden y la importancia que consideramos
correctos de acuerdo con nuestra manera de ser y de pensar. Sin embargo,
hay valores que no cambian, que se conservan de generación en
generación, siempre y en todas partes. Valores universales, que
exigiríamos a cualquier persona.
De los valores depende que llevemos una vida grata, alegre, en armonía
con nosotros mismos y con los demás; una vida que valga la pena ser
vivida y en la
que podamos desarrollarnos plenamente como personas y trabajadores.
Roberto Salazar
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