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La gente usa cotidianamente la expresión’Marketing’ como un
calificativo negativo que denota prácticas comerciales dudosas, no
éticas y hasta ilícitas, comúnmente en referencia a acciones que poco o
nada tiene que ver con el verdadero Concepto de Mercadotecnia.
Tienen, sí, mucho que ver con actividades muy visibles y en ocasiones
molestas, como la comunicación publicitaria, la labor agresiva de
algunos vendedores, o la gran variedad de ofertas y promociones que se
ofrecen diariamente y en las que no siempre se cree porque no siempre se
cumplen.
Existe un problema de forma o semántico, culpa de los empresarios en
general y de los mercadotecnistas en particular. Sin embargo, no se
puede acusar a la gente de emplear el término para denotar prácticas
negativas, o de no conocer el significado correcto del Marketing.
Los culpables son quienes realizan prácticas comerciales dudosas, así
como quienes practicamos el Marketing correctamente y quienes lo
enseñamos, pero que no hemos sabido posicionar adecuadamente el término
y su significado.
Los componentes conceptuales del Marketing establecen que una
orientación hacia el mercado es la mejor forma en que una empresa puede
llegar a tener resultados exitosos en el largo plazo. Junto a este
concepto, o manera de pensar, tenemos los componentes procedimentales
del Marketing, que incluyen dos actividades operativas: entender y
atender al cliente. Ninguna de las dos da lugar a engañar al cliente.
Pueden haber empresarios y comerciantes poco o nada honestos y lo que
ellos hacen es tratar de realizar una transacción de corto plazo,
posiblemente la única, en vez de construir una relación de largo plazo.
Y eso no es Marketing.
Existe un problema de fondo o significado, más serio que el semántico.
El público valora la bondad de elegir entre productos y marcas, pero
teme la posibilidad de verse afectado por una mala práctica empresarial.
Esta ambigüedad resulta del hecho de que algunas personas tienen
conflictos para decidir cuál es el grado de libertad que los empresarios
en general deben disfrutar para ejercer su labor.
Entender y atender al cliente requiere y propicia, al mismo tiempo, que
las empresas desarrollen dos componentes actitudinales: la sensibilidad
que se requiere para y resulta de entender el mercado y la flexibilidad
que resulta de y se requiere para atenderlo.
Para que una empresa sea exitosa se requiere un sistema jurídico que
garantice la libertad de ejercer su actividad, no un conjunto de normas
que la restrinjan u obstaculicen. Desde luego que, atendiendo a la
posibilidad de que algunas empresas no se comporten responsablemente, es
necesario contar con un conjunto de excepciones que deban ser
castigadas.
Comúnmente, esas excepciones lo son en cuanto a que atentan contra el
bien común, dañan a la sociedad o afectan a otras empresas o individuos
en lo particular. El problema radica en establecer qué es y qué no es
bueno para la sociedad. Una discusión que solamente puede ser resuelta a
la luz de un Sistema de Valores.
¿Por qué es necesario resolver esta cuestión? Hay tres razones poderosas
para hacerlo.
La primera tiene que ver con los problemas de forma y fondo expuestos
anteriormente, en cuanto a que debemos esforzarnos por ser mejores
empresarios y dar a conocer mejor el verdadero sentido del Marketing.
La segunda también tiene un sentido empresarial y se refiere a la
necesidad que las empresas tienen de conocer a su público. El
comportamiento de compra de los clientes se ve definitivamente afectado
por los valores que ellos tienen. Por ende, para atenderlos es requisito
indispensable entender cuáles son esos valores y cómo es que propician
determinados patrones de compra.
La tercera es una razón individual. Todos nosotros, como miembros de la
sociedad y como clientes, debemos entender nuestro propio comportamiento
de compra.
Un Sistema de Valores simple, basado en un valor principal, por ejemplo
la libertad, deja la puerta abierta a posibles abusos. Por otro lado,
los Sistemas de Valores complejos se alejan del plano práctico en el que
debe entenderse el trabajo empresarial.
A mitad de camino, Robert M. Pirsig plantea una propuesta que permite
visualizar el tejido social en forma sencilla y práctica. El autor
propone patrones de valores distintos para cada uno de cuatro 'sistemas'
exhaustivos del universo: inorgánico, biológico, social e intelectual.
Aunque estos cuatro sistemas conviven simultáneamente, sus patrones de
valores son independientes. De hecho, cada sistema funciona a un nivel
de evolución superior que el anterior, no representa una extensión de
aquél y en ocasiones funciona incluso en contra de ese otro patrón de
valores.
Por ejemplo, la ley de la gravedad es inviolable en el sistema
inorgánico; es decir, no es ético que un objeto inanimado se movilice.
Pero en los siguientes niveles todo ser vivo desafía, es decir viola la
ley de la gravedad, con grandes ventajas no solo para su supervivencia
sino para su mejor desarrollo.
Otro ejemplo: en el sistema biológico es válido matar, pero no así en el
sistema social. Los humanos consideran ético matar a otras especies
biológicas para alimentarse, para prevenir y curar enfermedades y hasta
para ejercitarse y entretenerse.
No se considera ético matar a otros seres humanos, aunque desde un punto
de vista social ello parecería poder ayudar a vivir en un mundo mejor.
De ahí que se toleren relativamente ciertas excepciones, como la
eutanasia, la pena de muerte y aún las guerras.
Dentro de cada uno de los cuatro sistemas, el patrón de valores es
'estático' o inviolable, pero la evolución permite cambiar a un patrón
de valores distinto para el siguiente nivel.
Persig sugiere también que es necesario dividir el mundo de acuerdo a
cualidades estáticas y dinámicas. Las cualidades estáticas son los
valores dentro de cada sistema. Los patrones estáticos incluyen un
conjunto de reglas acerca de lo que es bueno y malo para la humanidad en
un momento dado del tiempo.
Además, hay cualidades dinámicas que permiten y propician el desarrollo
humano. El bien estático resulta de sujetarse a un patrón fijo de
valores que no pueden cambiar por si mismos, sino que requieren ser
modificados por una cualidad dinámica. El impulso humano por avanzar,
evolucionar y mejorar, es una cualidad dinámica. La libertad es el valor
supremo que hace posible que la humanidad siga adelante.
La vida humana es una constante evolución de patrones estáticos en el
corto plazo, hacia cualidades dinámicas en el largo plazo.
Estudios: Maestría en Administración (ITESM, Campus Monterrey, México, 1977); Licenciado en Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, México, 1974) Especialidad: Su trabajo de consultoría se centra en las áreas de planeación estratégica de mercados e información para la toma de decisiones. Imparte en la EGADE el curso de Mercados y Clientes. Actividad Profesional: Fue profesor del Departamento de Mercadotecnia del Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey, y director de la carrera de Licenciado en Mercadotecnia del mismo Campus. Trabajó en Cervecería Cuauhtémoc-Moctezuma en la gerencia de Planeación Estratégica, gerencia de Investigación de Mercados, gerencia de Desarrollo de Nuevos Productos, gerencia de Marcas Regionales y gerencia de Marca Dos Equis Lager y Sol. Estuvo en Publicidad Clave como director de Operaciones de la agencia y, junto con otros socios, estableció su propia agencia de publicidad, Criterio y Creatividad Publicitaria, en la que fungió como director general. Fue también director de Mercadotecnia del Grupo Financiero Banorte. Actualmente, se desempeña como consultor independiente. joseidomarrobaprodigy.net.mx
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