Visión país para Uruguay

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“Los grupos y las sociedades crecen y se desarrollan en dirección de los diálogos que mantienen y de las preguntas que se formulan”. David L. Cooperrider

Por momentos percibimos que en el país somos incapaces de fijar un rumbo mayoritario que enfoque al futuro.”

Me pregunto, vivimos en el mismo país, ¿somos compatriotas o enemigos?, ¿cuándo vamos a atender los grandes temas que nos importan a todos?

Por otro lado, sabemos que es más fructífero focalizar la atención en el mundo que queremos que eliminar lo que no queremos.

A partir de ello apuesto a una Visión de vivir en democracia y libertad. Sin ingresar en cuestionamientos éticos y morales, y menos en fundamentalismos filosóficos, comparemos a nuestro país con una empresa privada, y extraigamos de éstas los que nos enseñan para construir una Visión, o sea para darle un rumbo al país que aliente la esperanza.

Una Visión es la que brinda una guía sobre cuál es el núcleo central que debe preservarse y cuál el futuro que debe estimular el progreso.

En un artículo de C. Collins y J. Porras publicado en 1996 (*), éstos autores nos enseñan a construir la Visión de una empresa. Parafraseando a dichos autores, vamos a adaptar sus enseñanzas para aplicarlas para construir una Visión para el país.

Una Visión bien concebida está integrada por dos componentes principales: una ideología central y un futuro imaginado”.

La ideología central define todo aquello que defendemos y la razón de nuestra existencia. Es aquello que no cambia, pero complementa el futuro imaginado. Este futuro representa todo aquello que queremos ser, lo que queremos lograr y crear, algo para lo cual se necesita un cambio y un progreso significativos.

Ideología central

La ideología central define la naturaleza duradera de un país, una identidad coherente que va más allá de los avatares políticos, los avances tecnológicos, las modas o los líderes individuales. En verdad, es el aporte más duradero y significativo para fijar un derrotero.

Los líderes se mueren, la política cambia, la tecnología avanza y la moda va y viene, pero la ideología central perdura como fuente de guía e inspiración. La ideología central es como el adhesivo que mantiene unida a una sociedad mientras se desarrolla, se retrae, vive, son los principios e ideales perdurables de ella.

Una Visión eficaz debe encarnar la ideología central de un país, la cual a su vez está conformada por dos componentes distintivos: los valores centrales – es decir el sistema de principios rectores – y el propósito central – o sea la razón fundamental que desea el país para su gente.

Los valores centrales son los principios esenciales y perdurables de un país. Como pequeño conjunto de principios guía atemporales, los valores centrales no necesitan una justificación externa; tienen un valor y una importancia intrínseca para quienes forman parte de esa sociedad.

El punto es, que un país decide por sí sólo cuáles son sus valores centrales, independientemente del entorno actual y de las modas. Por tanto, no existe un conjunto universalmente compartido de valores centrales, porque la clave no está en qué valores centrales tenga un país, sino en que los posea. Muy pocos valores pueden ser realmente centrales – es decir, tan fundamentales y profundamente arraigados que muy rara vez se habrían de cambiar – si es que lo hacen. Por ello, es deseable enunciar pocos valores centrales, generalmente entre tres y cinco.

El propósito central, la segunda parte de la ideología central, es la razón de ser de una sociedad con sus integrantes. Un propósito eficaz refleja las motivaciones idealistas que llevan a la gente a cumplir con las tareas que la sociedad le ha asignado. No describe la producción de un país, sino que lo que hace es captar su alma. Dicho propósito, es como una estrella rectora que habita en el horizonte, siempre buscada, pero nunca alcanzada. Sin embargo, y a pesar que el propósito mismo no cambia, sí sirve de inspiración al cambio. El hecho mismo que el propósito no pueda alcanzarse plenamente, significa que un país nunca puede dejar de estimular el cambio y el progreso. El rol fundamental de un propósito central es servir de guía e inspiración, la gente necesita más que nunca comprender con claridad cuál es su propósito en la sociedad que integra, para que su trabajo tenga sentido y se motive.

La ideología central no se crea ni se determina, se descubre. Es imposible deducirla observando el mundo exterior. Sólo se la comprende mirando hacia adentro, al corazón de la sociedad. La ideología debe ser auténtica, es imposible falsificarla. Descubrir la ideología central, no es un trabajo intelectual. No pregunte qué valores centrales deberíamos defender, sino que valores centrales defendemos con pasión y autenticidad.

No se deben confundir los valores que se deben tener – y no se tienen – con los auténticos valores centrales. Esto no haría otra cosa que crear cinismo y frustración (¿a quién estamos tratando de engañar?, todos sabemos que aquí no existe ese valor central).

Las aspiraciones son un componente apropiado del futuro, pero no son parte de la ideología central. En cambio, los auténticos valores centrales que se fueron debilitando con el transcurso del tiempo pueden considerarse un componente legítimo de la ideología central y por lo tanto, se debe trabajar para revivirlos. La autenticidad, la disciplina y la coherencia con la que se vive la ideología – y no el contenido de esa ideología – explican el camino del éxito.

Una vez que se haya clarificado el tema de la ideología central, nos podemos sentir absolutamente libres para cambiar todo lo que no sea parte de él. En adelante, cada vez que alguien dice que algo no debería cambiar porque es “parte de nuestra cultura” o porque “siempre lo hicimos de ese modo”, o cualquier excusa similar, recordar esta regla simple: si no pertenece al núcleo central, está abierto al cambio. La versión afirmativa de esta regla es: si no pertenece al núcleo central, ¡cámbielo! Sin embargo, articular la ideología central es sólo el punto de partida. Todavía quedará decidir qué tipo de progreso se desea estimular.

Vislumbrar el futuro

El segundo componente esencial del marco de la Visión es el futuro imaginado. Está integrado por dos partes: una meta audaz de 10 a 30 años, más descripciones vívidas de cómo será llegar a ese objetivo. Se reconoce que la expresión futuro imaginado es un tanto paradójica. Por un lado, trasmite el sentido de algo concreto – algo visible, vívido y real. Por el otro, habla de un tiempo que aún no se ha materializado – con sus sueños, esperanzas y aspiraciones.

Para estimular el progreso se requieren misiones grandes y audaces. Además, deben ser claras y exigentes, para que sirvan como punto focal unificador del esfuerzo y catalizadoras de un espíritu de equipo. Y sobre todo, una línea de llegada clara, de modo tal que se pueda saber cuándo se ha llegado a la meta. Un ejemplo claro de lo que se afirma, es la misión a la Luna de la N.A.S.A. durante la década de los ´60. No se necesitó un comité de comunicadores para expresar lo deseado. La meta en sí era tan fácil de comprender, que se la podía haber expresado de múltiples formas y aún así, fácil de entender por todos.

Pero para enunciar una Visión, se requiere una clase especial de misiones, que sean aplicables a un país y cuya concreción requiera un esfuerzo de entre 10 y 30 años. También, para poder encuadrar esa misión en un punto tan remoto del futuro, hace falta pensar más allá de las capacidades y el entorno actual del país. Inventar esa meta, obliga a los conductores de un país a ser visionarios.

Esa misión, no debería ser una apuesta segura – tendrá entre un 50 % y el 70 % de posibilidades de éxito – pero el país debe creer de todos modos, que puede llegar a la meta. Además, requerirá de un esfuerzo extraordinario. Serán componentes de esa misión, objetivos claros, un enemigo común, y modelos de liderazgo y de transformación interna necesarios.

El futuro imaginado necesita además, lo que se le llama una descripción vívida, es decir una descripción vibrante y específica de como llegar a la misión. Piense en ella como aquello que traduce la visión de palabras a imágenes, piense en crear una imagen que la gente pueda llevar a incorporarla a su mente. Se trata de pintar un cuadro con sus palabras. Pintar este cuadro es esencial para que la misión prevista para 10 a 30 años cobre cuerpo en la mente de las personas.

La pasión, la emoción y la convicción son componentes esenciales de la descripción vívida. Winston Churchil comprendió esto cuando describió la misión de Gran Bretaña en 1940, porque no dijo solamente: “derroten a Hitler”. Él señaló: “Hitler sabe que tendrá que derrotarnos en esta isla o perder la guerra. Si podemos hacerle frente, Europa toda será libre y la vida del mundo podrá avanzar hacia tierras altas iluminadas por el sol. Pero si fracasamos, el mundo todo, incluido Estados Unidos y todo aquello que conocemos y cuidamos se hundirá en el abismo de una nueva era de oscuridad, más siniestra y más prolongada, quizás por el aporte de la ciencia perversa. Dispongámonos entonces a cumplir con nuestro deber y seamos los responsables de que si el Imperio Británico y el Commonwealth duran mil años más, los hombres sigan diciendo: Esta fue su hora más gloriosa”.

Algunos puntos claves

No se debe confundir la ideología central con el futuro imaginado, y muy especialmente no confundir el propósito central con la misión a alcanzar.

El propósito central es la razón que se da una sociedad por la cual existe. Nunca se llega a cumplir con ésta, mientras sí es posible alcanzar una misión en un período de 10 a 30 años.

Identificar una ideología central es un proceso de descubrimiento, en cambio, determinar el futuro imaginado es un proceso creativo. Para esto imaginémonos que ya pasaron 20 años y: ¿qué nos gustaría ver?, ¿cómo se encontraría el país?, ¿cómo viviría su gente?, ¿qué deberíamos haber alcanzado? Si alguien hablara del Uruguay dentro de 20 años, ¿qué diría?

No tiene sentido analizar si el futuro imaginado es el correcto. Con la creación – y de lo que se trata es de crear un futuro, no de predecirlo – no existe una respuesta correcta. ¿Creó Beethoven la Novena Sinfonía correcta?, ¿creó Shakespeare el Hamlet correcto? No podemos contestar esas preguntas, porque no tendría sentido. El futuro imaginado incluye preguntas tales como: ¿lo sentimos agitar en nuestro interior?, ¿es para nosotros un estímulo?, ¿alienta un mayor impulso’?, ¿logra que la gente se ponga en movimiento?

El futuro imaginado puede ser tan vivificante por derecho propio que seguiría motivando al país aún después de haber desaparecido los líderes que establecieron esa meta. El futuro imaginado debería producir un efecto similar al que tenemos cuando perdemos el aliento frente a algo que por su magnitud nos asombra. Para crear un futuro imaginado eficaz, hace falta un cierto nivel de confianza y compromiso irracionales.

Pero, ¿qué sucede cuando fracasamos al materializar el futuro imaginado? Proponer metas más sencillas, no es la solución. Se deben implementar procesos orgánicos, en los cuales se prueban muchas cosas y se preserva las que funcionan, porque en realidad la razón de los éxitos se da por la fortaleza de construir un país que se prepare para crear el futuro.

Finalmente, al imaginarse el futuro, habrá que tener cuidado con el “síndrome del hemos llegado” – letargo complaciente que surge cuando se ha alcanzado una misión y no puede ser reemplazada por otra – ¿”La Suiza de América”?; ¿“Maracaná”?.

Un futuro imaginado ayuda a un país sólo en tanto no se haya alcanzado. Para mantener el entusiasmo y la motivación, antes de llegar a la cima de la montaña, se debe elegir otra para escalar después.

Para crear un País Visionario, hace falta un 1 % de visión y un 99 % de alineación. La Visión sólo brinda el contexto que permite dar vida a la dinámica. Cuando se logra una magnífica alineación, podrá caer un visitante del extranjero, e inferir la Visión del país a partir de los comportamientos y actividades de la gente, sin tener que leerla en un papel o reunirse con un sólo político.

Crear esa alineación será la tarea más importante, pero el primer paso será siempre fundir esa Visión en un contexto que sea eficaz para la construcción de un “País Visionario”, que si se hace bien, no se debería tener que volver a hacerlo por lo menos por una década.

A continuación, con el propósito de aplicar el marco teórico precedente, pero sobre todo para invitar a que otros lo hagan, sobre todo a aquellos que la democracia les brindó la oportunidad de conducir el país, me permito proponer los contenidos que debería tener una Visión para el Uruguay.

Ideología central

Valores centrales: sólo cuatro, libertad, democracia, solidaridad, tolerancia y equidad. Si bien, ninguno de los cinco requiere de explicación, deseo destacar el valor de la equidad en su propósito de justicia. A cada cual, de acuerdo a sus esfuerzos y capacidades. Que se terminen los trabajos vitalicios, los “hijos de papá” y todos los corporativismos sean de la organización que sea.

Propósito Central: “velar por la igualdad de oportunidades de todos los integrantes de nuestra sociedad”.

El futuro imaginado

Una meta audaz de 10 a 30 años: “ser como Nueva Zelandia”. País integrado agroindustrialmente y de servicios. Se requiere entre otras cosas que ese alto porcentaje de empresarios rurales que hoy poseen solamente primaria, se capaciten mucho más; y que las cadenas agroindustriales funcionen en forma aceitada para que la calidad y la diferenciación sea su propósito. Con respecto a los servicios se debe perseguir la calidad y la innovación, fundamentalmente en el turismo, que ofrecemos un paquete estratificado y ligado al clima.

La industria del software es uno de los paradigmas a seguir, porque pone de relieve nuestro capital más valioso, la capacidad de los uruguayos.

Todo este escenario, enlazado formando un ambiente, como es posible con las herramientas de comunicación existentes, que permiten el ingreso a lo que se conoce como la “Sociedad de la información”.

Descripción vívida:

• “Persistimos en la educación como único camino para desarrollarnos, vivir en paz y libertad. Se descentraliza la dirección de la enseñanza para que sea contingente a las necesidades locales, se adecuan sus programas y metodologías para que estén acordes a los tiempos que se viven. Se derramarán conocimientos a toda la población, fundamentalmente para mejorar los desempeños de empresarios y trabajadores dependientes”.

• “Velamos por la seguridad física y moral de toda la población, así como de todos sus bienes materiales e inmateriales.

• “Se crea una comunidad correctiva para menores infractores en la cuál estos adolescentes vivan en hogares integrando verdaderas familias que conlleven a su reinserción ciudadana”.

• “Se estimula la creatividad y la innovación como fuentes de creación de valor máxime en un país de dimensiones físicas pequeñas, ya que la escala de producción nunca nos será favorable.

• “Se fomentará una actitud emprendedora, básicamente en los jóvenes, como único motor de crecimiento de una sociedad y por ende de un país.

• …………………………..

La descripción vívida, es decir la descripción vibrante, que atrape y señale de como llegar a la misión, es un cuadro que deberíamos pintarlo en forma completa entre todos. En una democracia representativa, es una invitación a los Partidos Políticos, para que se sumen a esta tarea.

• Collins, James C. and Porras, Jerry I. 1996. “Building your company ´s vision”. Harvard Business Review.

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Rubio Rafael. (2011, marzo 11). Visión país para Uruguay. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/vision-pais-para-uruguay/
Rubio, Rafael. "Visión país para Uruguay". GestioPolis. 11 marzo 2011. Web. <https://www.gestiopolis.com/vision-pais-para-uruguay/>.
Rubio, Rafael. "Visión país para Uruguay". GestioPolis. marzo 11, 2011. Consultado el 20 de Septiembre de 2018. https://www.gestiopolis.com/vision-pais-para-uruguay/.
Rubio, Rafael. Visión país para Uruguay [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/vision-pais-para-uruguay/> [Citado el 20 de Septiembre de 2018].
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