Principios de Taylor. Qué son, cuáles son, origen y aplicación

Los principios de Taylor corresponden a las bases de la teoría de la administración científica, una escuela de pensamiento administrativo enfocada en la tarea y que, mediante experimentos de carácter industrial, buscaba generar eficiencias en la producción mediante la eliminación del desperdicio en equipos, materiales, esfuerzos individuales y colectivos.

Origen de los principios de Taylor

Fueron planteados a comienzos del siglo XX en el texto Principios de la Administración Científica (Frederick W. Taylor, 1911), que recogía las conclusiones de estudios realizados por el autor en industrias de Estados Unidos y cuyos buenos resultados provocaron la extensión de su aplicación en el mundo.

Se desarrollaron en el contexto de la llamada segunda revolución industrial de finales del siglo XIX, época durante la cual se apuntaba al incremento de la producción impulsado por la aparición de maquinaria que hacía que las labores manuales del pasado fueran vistas como improcedentes y que empujaron a los ingenieros industriales a buscar la mejor manera de desempeñar cada acción y movimiento que componían una determinada tarea en talleres y fábricas.

Los 4 principios de Taylor

Taylor presentó sus cuatro principios fundamentales como los componentes básicos de una nueva y mejorada filosofía administrativa, la administración científica, que aventajaba a la administración empírica, también llamada de iniciativa e incentivo, en cuanto a la obtención de resultados.

Los principios se condensaban en nuevos e importantes deberes que debían cumplir los administradores para hacer del trabajo industrial una actividad productiva que generara el máximo de prosperidad para el trabajador y para el empresario. En ese sentido Taylor (p. 29), indica que la administración:

Primero: Desarrolla, para cada elemento del trabajo del obrero, una ciencia que remplaza los antiguos métodos empíricos.

Segundo: Selecciona científicamente y luego instruye, enseña y forma al obrero, mientras que en el pasado este elegía su oficio y se instruía a sí mismo de la mejor manera, de acuerdo con sus propias posibilidades.

Tercero: Coopera cordialmente con los obreros para que todo el trabajo sea hecho de acuerdo con los principios científicos que se aplican.

Cuarto: Distribuye equitativamente el trabajo y la responsabilidad entre la administración y los obreros. La administración asume todo trabajo que exceda la capacidad de los obreros, mientras que en el pasado casi todo el trabajo y la mayor parte de la responsabilidad eran confiados a estos.

En la siguiente ilustración (The Taylor Society, p. 116) se aprecia una planilla de clasificación de herramientas. Este es un ejemplo de una nueva actividad administrativa, resultado de los cuatro principios de Taylor, en la cual la administración tiene a su cargo el estudio pormenorizado del trabajo con el objetivo de maximizar la productividad del empleado.

Planilla de clasificación de herramientas una nueva actividad administrativa que resulta de los principios de Taylor

De Puelles et al. (p. 26), al hacer un análisis de cada uno de los principios de Taylor, indican que:

  1. En el primer principio se señala que cada actividad laboral debe ser objeto de estudio a fin de definir el mejor modo de realizarla. Una vez definida la actividad deberán darse instrucciones a cada trabajador, preferiblemente escritas, de cómo hacer su trabajo.
  2. A través del segundo principio se indica que el trabajador debe ser seleccionado con criterios objetivos a fin de conseguir la mayor eficiencia. El paso siguiente consistirá en recibir un adiestramiento específico y un perfec­cionamiento continuo.
  3. Con el tercer principio se significa la necesidad de un sistema de control a fin de comprobar que cada actividad se realiza de acuerdo con el plan trazado.
  4. En el cuarto principio se hace referencia a la distinción básica que deba efectuarse entre el planeamiento y la ejecución. La elaboración del plan co­rresponde al equipo directivo y su ejecución al trabajador.

Aplicación de los principios de Taylor

A estos principios llegó Taylor mediante la aplicación de experimentos industriales que hacían énfasis en la tarea y que incluían, entre otros, los siguientes instrumentos:

  • El estudio de tiempos y movimientos, hecho por parte de la administración con la finalidad de erradicar los movimientos manuales y corporales ineficientes de los trabajadores.
  • Los sistemas de incentivos con base en la producción, en los que la administración especifica al trabajador lo que ha de hacerse, cómo debe hacerse y en cuánto tiempo, así, cuando el empleado cumple con la tarea recibe un aumento significativo de su salario ordinario.
  • La estandarización o normalización de tareas.
  • Las tarjetas de instrucción para los trabajadores.
  • Los sistemas de rutas y de costos.
  • La supervisión funcional.

Aún hoy se aplican los principios de Taylor con las modificaciones y adaptaciones que el progreso y el devenir de los años les han imprimido. ¿Cómo? Por ejemplo, en las siguientes situaciones organizacionales:

  • Cuando en una empresa se analiza y describe un puesto de trabajo delimitando con detalle sus competencias, funciones y tareas con los objetivos de hallar y describir la mejor manera de llevarlas a cabo y de contratar a la persona más idónea para realizarlas.
  • Una vez contratada esa persona, la empresa le provee de las herramientas y equipo más convenientes, para desarrollar las tareas y funciones del cargo.
  • Durante los procesos de inducción en los cuales se instruye al nuevo empleado acerca de cuáles son sus responsabilidades, cuáles son sus objetivos, cuáles son sus tareas y cuáles son los mejores métodos de trabajo para cumplir con ellas.
  • En los procesos de formación y desarrollo del potencial humano a través de los que se capacita continuamente a los trabajadores para que su labor se mantenga eficiente e impacte productivamente en el ensamblaje organizacional así como en sus habilidades y competencias personales.
  • Cuando a los trabajadores se les motiva empleando incentivos de tipo económico como bonos o no monetarios sino sociales, asistenciales, de apoyo o recreativos que hagan del cumplimiento de su labor una mejor experiencia de vida, tales como proyectos personales colaterales al trabajo, horarios y presencialidad flexibles y planes de capacitación para el retiro, entre otros.
  • Al emprender proyectos de rediseño de procesos y reingeniería que buscan nuevos niveles de productividad y eficiencia, ya sea en un área determinada o en toda la organización.
  • En la implementación de planes de mejora continua del tipo Kaizen y/o manufactura esbelta tendientes a la eliminación de las pérdidas de tiempo, dinero y materiales, que involucran tanto a directivos como a trabajadores.
  • En los procesos de aseguramiento, control y certificación de calidad que se emprenden con el objetivo de aumentar la satisfacción de los consumidores y de los propios trabajadores.

Además, los principios de Taylor sirvieron como fundamento de la división del trabajo y de la cadena de producción de Ford que tanto éxito le generaran en la fabricación masiva de automóviles.

Críticas a los principios de la administración científica

Algunas de las principales críticas a estos principios de la administración radican en su excesivo enfoque en la tarea por encima del factor humano. Los mayores reproches a los principios de Taylor se pueden condensar en el siguiente par de aspectos:

  • El divorcio entre planeación y acción o entre el trabajo intelectual y el trabajo físico. Un sistema en el que se divide la organización en castas. La primera y más elevada es conformada por unos pocos quienes deciden qué hacer, cómo hacerlo y dan órdenes. La segunda, condenada a la subyugación, conformada por otros muchos que simplemente hacen lo que se les dice.
  • La minimización del factor humano en la organización. Se dice que Taylor veía a los hombres como simples engranajes de la maquinaria, además de considerarlos como perezosos, conformistas e irreflexivos por naturaleza.

Aunque Taylor no hizo explícitos los objetivos de la administración científica en su obra, sí dejó establecido que los mismos no buscaban únicamente el beneficio para el empresario sino que también apuntaban al bienestar del empleado con su frase “el objetivo principal de la administración ha de ser asegurar la máxima prosperidad para el patrón, junto con la máxima prosperidad para cada uno de los empleados”.

Bibliografía

  • De Puelles, Manuel, Lázaro, Emilio, Seage, Julio, Torreblanca, José, Merino, José M. Elementos de administración educativa. Centro de publicaciones del Ministerio de Educación y Ciencia de España, Madrid, 1980.
  • Taylor, Frederick W. Principios de la administración científica. El Ateneo, Buenos Aires, 1981.
  • Taylor Society, The, Person, Harlow S. (Editor). Scientific management in American industry. Harper & Brothers Publishers, New York, 1929.

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