La cooperación internacional y la gestión del desarrollo local en Cuba. Encuentros y desencuentros

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El presente trabajo tiene el propósito de esclarecer el papel y lugar de la cooperación internacional para el desarrollo (CID) en relación con la gestión del desarrollo local. La CID es un término que define las acciones que promueven el desarrollo de los llamados países subdesarrollados desde los países industrializados y que incluyen transferencias de recursos, especialmente financieros. Comprende el conjunto de actuaciones, realizadas por actores públicos y privados, entre países de diferente nivel de renta con el propósito de promover el progreso económico y social, dicho esto último en el lenguaje oficial corriente. Se apoya en diferentes mecanismos en los que el estado a escala local a jugado diferentes roles.

Por otra parte los gobiernos locales se abocan a la búsqueda de estrategias y soluciones a los problemas que les plantea el desarrollo a esta escala. Entre estas salidas se encuentra la CID.

Hacer conjugar los intereses internacionales y globales de diferentes actores, las particularidades nacionales y locales, la diversidad institucional, de escenarios, diferencias culturales, de gestión y percepción de los riesgos y potencialidades, pueden hacer que la cooperación internacional y la gestión del desarrollo local se hallen en una dinámica de constantes encuentros y desencuentros.

Introducción

La Cooperación Internacional para el Desarrollo (CID) surge en un contexto de contrastes internacionales, cuando un mundo apenas descolonizado emerge a la arena internacional desde los años sesenta y en especial desde la década del setenta y por otra parte las Naciones Unidas fija el monto de transferencia del 0,7% del PIB de los países ricos a los países subdesarrollados bajo la denominación de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Es necesario no olvidar dos cosas: que entre el 70 y 80% de las inversiones y transferencias de recursos se efectúa entre países ricos y que estos nunca han cumplido con las indicaciones de la ONU.

En las relaciones internacionales y en los tan frecuentes foros globales, sean sobre medio ambiente, hábitat, economía, agua, desarrollo, clima, la tierra, los mares, etc, un doble denominador común se refleja en ellos. Por una parte las desigualdades objetivas y reales entre dos mundos, que hace a su vez que los enfoques de las soluciones sean distintos y muchas veces encontrados. La más reciente cumbre sobre cambio climático en Copenhagen es solo el último episodio.

La CID es el mecanismo a través del cual se canalizan estos recursos de la AOD que vienen muchas veces acompañadas de condicionamientos y transferencia no solo de recursos financieros sino también de formas culturales, gerenciales, injerencia y exigencias tales como una clara adhesión de todos los países a la democracia, los derechos humanos y el buen gobierno, entendidos en términos uniformes, bajo el patrón occidental de los países más desarrollados, unidos a un proceso de globalización, que proporciona a los países desarrollados nuevas formas de colonización económica y cultural.

Existe consenso internacional sobre la necesidad de incrementar los flujos de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) pues para los países subdesarrollados significa un alivio y una oportunidad de canalizar aspiraciones y objetivos de desarrollo nacionales. La Cooperación Internacional para el Desarrollo (CID) es de vital importancia en la consecución de estos objetivos. Ésta se desarrolla en un contexto donde la competencia de que son objeto los escasos recursos disponibles exige de una gestión eficiente de las autoridades locales, así como de los diferentes actores y beneficiarios del desarrollo local.

Esta dinámica de tirantez entre las transferencias reales de recursos para el desarrollo y la capacidad de los gobiernos por utilizarlos eficientemente en los últimos años se ha enfocado más hacia el desarrollo local y hacia los gobiernos locales. Es en este escenario donde se plantea el análisis de este trabajo.

I. La conceptualización del desarrollo: un punto de partida necesario

El pensamiento sobre el desarrollo ha progresado desde un enfoque economicista, que lo reducía al mero crecimiento económico hasta una concepción que entiende el mismo como un proceso en el cual las personas y sus interrelaciones socioculturales son al mismo tiempo factor y objeto del desarrollo. El enfoque economicista ha llevado a priorizar el término de «riqueza» como factor determinante del bienestar, hiperbolizando el aspecto material del proceso, donde “la economía tiene que ser como un pastel, que si crece se puede repartir más”. Los años de aplicación del neoliberalismo vividos en América Latina demostraron lo contrario.

Los autores que reducen el desarrollo al crecimiento económico, opacan la diversidad presente en la vida de las sociedades humanas. Se puede crecer sin desarrollarse, pues en los países de menor desarrollo donde priman la concentración de la riqueza y la exclusión social, aumentar el producto interno bruto (PIB) es un componente necesario del «desarrollo», pero no suficiente, (Mc Laughlin, 2002) (Rodríguez, 1987) (Heckman, 2004).

Una idea prevaleciente en nuestros días es que el desarrollo tiene un carácter espacial, se da en un lugar específico, en un territorio determinado, donde una población en particular esta en interacción con el medio y produce su propia historia, costumbres y cultura. Por otra parte, las formas de gobiernos locales, peculiares y auténticas en sí mismas, son la plataforma sobre la que se erige el desarrollo, independientemente de la fuente de los recursos. Sean exógenos o endógenos.

Una visión del desarrollo que coloca al ser humano en el centro de la utilización de los recursos sin unirlo a la transformación de sí mismo, como encargado de lograr el cambio resulta erróneo. Hay que fortalecer el rol activo del individuo como actor-gestor y consumidor del desarrollo, que en el caso de los proyectos financiados por ayuda externa es vital si se quiere tener éxito y lograr su sostenibilidad en el tiempo (Marchioni, 1994).

A su vez la Comisión Sur (1990, págs. 20 – 24) considera al desarrollo en su dimensión humana, con justicia social, con fines económicamente alcanzables, con autosuficiencia a partir del uso maximizado de las potencialidades de cada país y/o territorio. La ONU propone como algo nuevo el enfoque unificado del desarrollo. Se considera al desarrollo como proceso de transformación enfocado al ser humano PNUD (1990, pág.34), apunta: “Su objetivo central debe ser el Ser Humano.”

El concepto de desarrollo del PNUD no hace alusión a la calidad de los conocimientos, en especial aquellos que conforman la cultura del ser humano, capaces de crear un sistema integral de valores que lo preparen para una vida más libre y creadora, que hagan al hombre más humano, capaz de enfrentar los retos del desarrollo científico y tecnológico actual. De la misma manera, la condición de “decencia” es una calidad subjetiva cuya interpretación puede variar en diferentes países atendiendo a las costumbres, creencias religiosas, tradiciones y otros factores socioculturales de los pueblos. A ello debe añadirse la necesidad de que el proceso parta del aprovechamiento máximo del potencial de desarrollo existente en cada territorio y de las oportunidades que ofrezca el entorno. (PNUD, 2005, pág.13).

Unido a las propuestas de la educación popular el desarrollo es apreciado desde su dimensión cultural y de participación comunitaria como proceso integrador e integral, complejo y multiforme que debe basarse, ante todo, en el pleno dominio de las potencialidades propias, los saberes populares, sin obviar los aportes externos que puedan producirse para generar el bienestar general de todos y cada uno de los miembros de la comunidad local. Algo que sostienen algunas instituciones cubanas, con prácticas exitosas a escala comunitaria. En su criterio la cultura desempeña un papel fundamental. El desarrollo es más que una meta en el quehacer humano, “es un medio de elevar el bienestar y facilitar el logro de objetivos del desarrollo personal y social” (González, 2000).

En los últimas dos décadas emerge como una necesidad la dimensión medioambiental del desarrollo como garantía del paradigma de desarrollo sostenible, que unida a la corriente sociocultural hacen más perdurable y seguro el proceso e incorpora la necesidad de la cooperación entre países como apoyo a los objetivos del desarrollo sostenible.

Los años ochenta del pasado siglo revelan un debate mundial sobre el vínculo existente entre el ambiente y el desarrollo, unión conceptual que da origen al término desarrollo sostenible y que reitera la dependencia humana hacia las condiciones medioambientales. (Viñas-Román 1997), (Moreno, 1999). La incorporación de consideraciones económicas y ecológicas a la planificación del desarrollo por la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD, 1987) requiere toda una revolución en la toma de decisiones económicas y políticas. Es posible lograr la sostenibilidad del desarrollo a escala global, solo si se cambia el patrón actual de distribución de la riqueza, donde grandes mayorías son excluidas de los beneficios del desarrollo; en caso contrario, solo se estaría hablando de algo que puede ser idílico. Sociedades pequeñas, de escaso desarrollo, han mostrado elevados índices de desarrollo y justicia social con la implantación de patrones de distribución más equitativos, como resulta el caso cubano.

La “sostenibilidad” de las intervenciones de cooperación, o capacidad para que los cambios, infraestructuras y servicios que generan se mantengan en el tiempo es muy habitual en el campo del desarrollo y la cooperación. La sostenibilidad de un proyecto de cooperación para el desarrollo constituye un criterio esencial para evaluar su calidad. Sólo aquellos proyectos que introduzcan cambios equitativos y aborden de forma duradera las causas de la vulnerabilidad estructural contribuirán a generar sistemas sostenibles y un desarrollo humano también sostenible. Se hace necesaria la cooperación de los beneficiarios para lograrla.

Las políticas de desarrollo sustentable a nivel local refuerzan las posibilidades de lograr un aprovechamiento óptimo de los recursos necesarios para el desarrollo endógeno y debe ser contemplada en la priorización que se haga en las acciones de cooperación internacional.

Todo sistema de política tendiente a provocar el desarrollo, tiene que tener en cuenta las realidades socio-regionales donde se aplican, ellas condicionan en gran medida las decisiones a tomar, así como la estrategia y la táctica a seguir en cada momento y lugar, si tenemos en cuenta que las regiones, tanto en su aspecto natural como en lo social y económico, son un sistema donde todas y cada una de sus partes son importantes (Gago 1993).

II. La gestión del desarrollo a escala local: factores concurrentes

El desarrollo local exige que la gestión recaiga sobre el conjunto de la sociedad local vista como sistema y requiere diagnosticar las interacciones que se producen al interior del territorio, los factores claves, para alcanzar soluciones propias y apropiadas a los problemas de la localidad, lo que conduce a una mayor pertinencia y eficacia de las soluciones (van Hemelryck, 2002) y (Montejo, 2005).

El desarrollo local – apunta Vázquez Barquero (2000, pág.53) – puede definirse como “un proceso de crecimiento y cambio estructural … como consecuencia de la transferencia de los recursos de las actividades tradicionales a las modernas, …que genera el aumento del bienestar de la población de una ciudad, una comarca o una región”.

El desarrollo local debe propiciarse sobre la base de sus propios recursos, sin negar la posibilidad de que puedan dirigirse algunos recursos imprescindibles para el desarrollo en determinadas localidades del territorio que estén un tanto más deprimidas.

El desarrollo endógeno al relacionarse con la capacidad local de diseñar y ejecutar políticas de desarrollo y la necesidad de la apropiación y reinversión local de parte del excedente, a fin de diversificar la economía, conduce a que el desarrollo local comparte elementos de transferencias exógenas de recursos con recursos locales propios (Garafoli, 1995, Boisier, 2005).

El desarrollo local se nutre de diferentes fuentes, tanto endógenas como exógenas y es afectado por diferentes factores que pueden acelerarlo o entorpecerlo en dependencia del tratamiento que se le dé por los actores y beneficiarios.

El punto de partida del proceso de desarrollo territorial para un espacio dado, lo constituye el conjunto de recursos, naturales, históricos, culturales, humanos, tecnológicos, económicos, institucionales y materiales que forman su potencial de desarrollo (Vázquez – Barquero 1999 y Mattos 1999). Este punto de partida, desde el punto de vista conceptual, constituye la capacidad que se tiene de generar una determinada cantidad de riqueza (material, humana, cultural o espiritual), que sea dedicada a garantizar la elevación del bienestar actual y al progreso, que va a dar respuesta futura al crecimiento de la población, de las necesidades y retroalimentar el propio proceso de cambio de una forma continuada y sostenible. Esto complementa lo expuesto acerca de la necesidad de tener en cuenta los factores socioculturales vinculados al territorio, y donde los procesos innovadores juegan un papel fundamental en la concepción de las políticas y modelos de desarrollo. De lo que se trata es de la gestión del territorio, en esa gestión el tema del desarrollo destaca como el eje central.

La cooperación internacional para el desarrollo constituye una fuente de tipo exógena que si se utiliza correctamente puede lograr lo anteriormente planteado.

III. La CID y la gestión del desarrollo local: coincidencias y divergencias

La Cooperación Internacional debe ser entendida como aquella modalidad de relaciones entre países que persiguen un beneficio mutuo que “se origina en el manifiesto interés de apoyo mutuo entre las naciones para alcanzar un desarrollo pleno de los pueblos y preservar el orden mundial.” (Tobar Manzano, L. 2005).

La Cooperación Internacional se realiza de dos formas: a través de la Cooperación o Ayuda Internacional para el Desarrollo (CID) y la Ayuda Humanitaria. La forma típica de prestación de la ayuda al desarrollo es el proyecto. El financiamiento de los proyectos puede ejecutarse a través de donaciones. “El mayor beneficio se consigue cuando los donantes ayudan a generar conocimientos… se trata de un bien público mundial, que es precisamente lo que la ayuda trata de financiar. (BM, 2005).

La cooperación al desarrollo comprende el conjunto de actuaciones, realizadas por actores públicos y privados, entre países de diferente nivel de renta con el propósito de promover el progreso económico y social de los países del Sur de modo que sea más equilibrado en relación con el Norte y resulte sostenible.

Por lo que respecta a los actores, el sistema de la cooperación al desarrollo está constituido por agentes de diversa índole y funciones, coexistiendo organizaciones públicas y privadas, generalistas y especializadas, del Norte y del Sur con distintas formas y estrategias de acción. De manera general cabe distinguir entre instituciones públicas y privadas. Entre las primeras están las instituciones multilaterales, los gobiernos de los países donantes y receptores, las administraciones públicas regionales y locales, las universidades, etc.

Dentro de las entidades privadas se pueden distinguir las que tienen fines lucrativos -como las empresas- y las que carecen de fines lucrativos como las organizaciones no gubernamentales de desarrollo (ONGD) y otros colectivos sociales como sindicatos, organizaciones de base, comités de solidaridad, etc.

El término cooperación para el desarrollo no es sinónimo de ayuda oficial al desarrollo (AOD), aunque en muchos casos se utilicen indistintamente; según el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) la AOD la constituyen los flujos que las agencias oficiales, incluidos los gobiernos estatales y locales, o sus agencias ejecutivas, destinan a los países en desarrollo y a las instituciones multilaterales y que en cada operación satisfacen las siguientes condiciones: a) tienen como principal objetivo la promoción del desarrollo económico y el bienestar de los países en desarrollo y b) son de carácter concesional y contienen un elemento de donación de al menos el 25%.

La Cooperación multilateral en los últimos años ha adquirido preponderancia. En los años 70 y 80 la cooperación al desarrollo era fundamentalmente bilateral y tenía lugar sobre todo entre Estados.

En la actualidad y ante un nuevo panorama internacional la cooperación al desarrollo adquiere un carácter multilateral en el que los Estados canalizan sus aportaciones por medio de organizaciones y agencias internacionales tanto públicas como privadas.

Entre los organismos internacionales que realizan estas funciones están las instituciones financieras multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) o los bancos regionales de desarrollo y instituciones multilaterales que no son financieras como es el caso de las Naciones Unidas y sus agencias especializadas (FAO, OIT, UNESCO, etc).

También la Unión Europa por medio de la Oficina de Cooperación EuropeAid gestiona los programas europeos de ayuda exterior. Esta Oficina trabaja en estrecho contacto con organizaciones de la sociedad civil, ONG, Naciones Unidas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el Banco Mundial (BM). Cada país tiene, por lo general, sus propias agencias de cooperación para el desarrollo.

La CID parte, conceptualmente, de concebir el desarrollo local como un proceso integrado, multiforme y multidimensional, con una amplia participación social, encaminado al ser humano como principal actor y consumidor de los resultados que se generan. Tal enfoque exige de la amplia participación de los actores-interesados y beneficiarios en el proceso de la planificación del desarrollo territorial bajo estas condiciones de financiamiento. Lograr tales objetivos se hace difícil cuando es poca la experiencia de las actores-interesados y beneficiarios en el trabajo con la cooperación internacional.

La trayectoria de los organismos financieros internacionales revela, en a práctica, que su actuación ha preservado los intereses de las potencias hegemónicas y que la meta que proclaman de un mundo sin pobreza, con crecimiento y estabilidad, en la realidad no constituye su objetivo fundamental. En la promoción que han hecho de los modelos neoliberales en América Latina han fungido como instrumentos esenciales del gran capital trasnacional y han llevado a un círculo vicioso en las economías nacionales, donde las necesidades de recursos que padecen los países, como consecuencia del subdesarrollo, hacen que éstos pidan préstamos a las instituciones financieras para paliar necesidades corrientes y muy poco a generar capacidades productivas o al perfeccionamiento de las presentes.

Otros problemas actuales de la CID son la disminución de los recursos financieros destinados a la cooperación, los cambios en el destino sectorial de la ayuda al desarrollo, la bilateralización de la cooperación y una disminución de la canalizada a través de Naciones Unidas u otros organismos bilaterales, el incremento de la condicionalidad de la ayuda oficial al desarrollo, de las formas no tradicionales de negociar y el reforzamiento de las tendencias políticas.

La Cooperación Internacional, en su acepción de fuente del desarrollo socioeconómico local en el territorio se presenta como un proceso contradictorio. Por un lado, ella debe lograr la concepción del desarrollo endógeno que presupone la gestión local de recursos para el desarrollo a partir del potencial de desarrollo territorial (PDT).

El fomento de la autogestión, lleva implícita la descentralización de recursos con decisiones que se toman de abajo hacia arriba y por otro, debe actuar a nivel local con recursos aportados desde afuera por fuentes exógenas tomando decisiones de arriba hacia abajo con concepciones centralizadoras de recursos y decisiones.

Esta realidad, vista superficialmente, puede poner en tela de juicio la viabilidad de la cooperación internacional como fuente de desarrollo a nivel local, máxime cuando las carencias de recursos y la coyuntura internacional aconsejan fomentar el desarrollo a partir de los recursos endógenos, en busca de independencia y soberanía en el desarrollo socioeconómico del país.

Por otra parte es sabido que las políticas de desarrollo no siempre han favorecido la creación de capacidades de reciclaje de recursos al interior del territorio (región, municipio, comunidad), y en muchos casos se han generado verdaderos enclaves que aportan sus ingresos directamente al presupuesto nacional. El municipio se beneficia de ellos solo a través del proceso de redistribución de la renta nacional que realiza el gobierno central.

Los territorios con bajo nivel de desarrollo industrial y donde predomina la agricultura, carecen de los recursos necesarios para realizar grandes inversiones. El desarrollo apoyado en fuentes de la cooperación internacional no puede planificarse de forma arbitraria, sino en estrecha coordinación con los actores-interesados a nivel local, partiendo de un diagnóstico minucioso de las necesidades más perentorias de la población del municipio.

Cada proyecto debe responder a necesidades declaradas por los posibles beneficiarios, quienes harán propuestas de soluciones con perspectiva de “traje a la medida” que será conciliado con los intereses macro y meso regionales.

La CID debe enfocarse por el municipio hacia sectores y objetivos priorizados, generadores de sostenibilidad, de manera que una vez retirada la fuente de financiamiento externo, las comunidades hayan logrado una autonomía tal que puedan seguir el/los proyectos por si solas, apoyadas por los gobiernos locales o provinciales solo en los casos que los recursos no puedan ser generados u obtenidos al interior del municipio o comunidad.

La cooperación internacional como fuente de financiamiento al desarrollo tiene un papel importante en los países pobres, a pesar de los inconvenientes que debe sortear en un mundo caracterizado por la creciente politización, la carencia de recursos y la competencia cada vez más aguda por los escasos recursos que aparecen. Ser competitivos y eficientes es una impronta a vencer por los posibles beneficiarios de ella en el nivel territorial. Por otra parte esta la competencia entre regiones y localidades y municipios ya de por si deprimidos compitiendo entre sí por recursos escasos y condicionados.

IV. La gestión del desarrollo local: ¿cómo aprovechar, en las condiciones cubanas, las oportunidades que brinda la CID?

La crisis enfrentada por Cuba durante los años noventa del siglo pasado frenó el proceso de transformaciones económicas y sociales emprendido a partir del triunfo revolucionario de 1959. El derrumbe del bloque socialista de Europa y la Ex URSS dejaron al país sin sus mercados tradicionales y sus fuentes externas de financiamiento tradicional, pues el bloqueo económico a que el país es sometido por Estados Unidos, lo ha privado del acceso a las fuentes y mercados mundialmente conocidos. Ante todo esto los gobiernos locales han sufrido una contracción notable de sus fondos de financiamiento al desarrollo.

La gestión del desarrollo local exige planificar y dirigir de forma consciente el proceso de desarrollo económico local con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la población que habita el territorio y ello debe quedar plasmado en la política de desarrollo de los gobiernos locales. Dicha política debe basarse en la explotación eficiente de los recursos locales, sin menospreciar las aportaciones que pueden hacer las fuentes exógenas, que bien direccionadas, se incorporan al proceso de desarrollo para fortalecer las capacidades endógenas.

Las políticas de desarrollo local deben ser estratégicas, integrales y de largo plazo en su planificación y ejecución. Su diseño incluye objetivos y medios para lograrlos sobre la base de un diagnóstico claro de sus problemáticas, recursos y necesidades. Debe ser reflejo de la voluntad política de los gobiernos locales de resolver prioridades y repartir los costos y beneficios del proceso de cambio propuesto. En ellas debe estar presente la amplia participación de las comunidades y sus actores, de los diferentes agentes económicos públicos y privados, partiendo de la adaptación a las condiciones propias de cada localidad y a objetivos y aspiraciones de sus habitantes.

A nivel local es necesario planificar el uso de los recursos locales partiendo del principio de que no quede recurso de interés económico, social, cultural y político que no se utilice, que se usen las capacidades y potencialidades locales bajo el control y el liderazgo de agentes locales.

Cada municipio, provincia, localidad, comunidad debe contar con una Estrategia de Cooperación Internacional que debe alcanzar el doble propósito de proximidad y visión integrada sobre desarrollo local. El concepto de proximidad está dado por el grado de participación de los actores y la correspondencia entre la percepción de los actores y los facilitadores. La visión integrada da la posibilidad de hacer uso de las sinergias entre los instrumentos y los modos de financiamiento actualmente presentes en el territorio que permiten alcanzar altas cotas de sostenibilidad productiva, ambiental y humana.

La Estrategia de Cooperación Internacional en los municipios cubanos es de gran importancia priorizar la elevación de la productividad mediante mejoras en las prácticas tecnológicas agropecuarias e industriales, tanto en los métodos de cultivo y crianza como en la introducción de nuevas tecnologías, ya que aporta los elementos para la sostenibilidad de la producción y disminuye la presión sobre los recursos del territorio. Es también primordial destacar las prácticas socioculturales y los saberes locales de profundo arraigo.

De igual manera debe proponerse la creación y empleo de una masa crítica de recursos humanos altamente calificados, capaces de sostener el desarrollo en el largo plazo.

La sostenibilidad ambiental es una condición que permite el logro en el tiempo de la sostenibilidad productiva sobre la base de una disminución de la vulnerabilidad del ecosistema.

La estrategia local para aprovechar la oportunidad de la cooperación internacional debe diseñarse sobre la base de las potencialidades endógenas, combinando la forma centralizada con la forma descentralizada, garantizando la activa participación de sus actores sociales en la determinación de las necesidades de desarrollo, y en la elaboración y ejecución de los proyectos.

Los aspectos que deben ser considerados para la congruencia y éxito de la CID y la gestión del desarrollo local son:

Articulación de actores: Caracteriza el nivel en que el municipio y los diferentes actores sociales, locales y externos, se involucran y apropian de las acciones y proyectos de la CID, de las condiciones y exigencias administrativas, legales y culturales.

Contribuciones tangibles e intangibles de la CID y las contrapartes: Define la forma concreta en que se materializa y se integran la CID y las potencialidades locales en el territorio, en términos de recursos y de capacidades humanas y organizativas creadas.

Potencial de Desarrollo Local: Es la capacidad existente en el municipio para absorber acciones de CID incluidas en proyectos encaminados al mejoramiento de las condiciones de vida de la población del territorio. Abarca todo el conjunto de factores materiales, humanos, financieros y medioambientales que se dan en un momento y espacio dados, y que pueden ser activados en función del desarrollo local.

Conclusiones

• LA CID exige de la amplia participación de los actores-interesados y beneficiarios en el proceso de la planificación del desarrollo territorial bajo estas condiciones de financiamiento.

• Lograr tales objetivos se hace difícil cuando es poca la experiencia de los actores-interesados y beneficiarios en el trabajo con la cooperación internacional y en la conceptualización del desarrollo local y de sus propias necesidades.

• La transferencia velada o abierta de los intereses de los donantes, sus concepciones, cultura y exigencias que chocan muchas veces con los intereses locales y nacionales.

• Se debe asumir la CID no como la única salida a las necesidades locales y sí como complemento y acompañante de la gestión propia y de las políticas nacionales.

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Montejo Véliz Rafael. (2010, septiembre 24). La cooperación internacional y la gestión del desarrollo local en Cuba. Encuentros y desencuentros. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/cooperacion-internacional-gestion-desarrollo-local-cuba/
Montejo Véliz, Rafael. "La cooperación internacional y la gestión del desarrollo local en Cuba. Encuentros y desencuentros". GestioPolis. 24 septiembre 2010. Web. <https://www.gestiopolis.com/cooperacion-internacional-gestion-desarrollo-local-cuba/>.
Montejo Véliz, Rafael. "La cooperación internacional y la gestión del desarrollo local en Cuba. Encuentros y desencuentros". GestioPolis. septiembre 24, 2010. Consultado el 14 de Diciembre de 2019. https://www.gestiopolis.com/cooperacion-internacional-gestion-desarrollo-local-cuba/.
Montejo Véliz, Rafael. La cooperación internacional y la gestión del desarrollo local en Cuba. Encuentros y desencuentros [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/cooperacion-internacional-gestion-desarrollo-local-cuba/> [Citado el 14 de Diciembre de 2019].
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