Códigos de honor por una cultura de transparencia en la universidad

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En sólo unos cuantos años
nuestro país ha experimentado
importantes cambios en sus
instituciones políticas: Hemos
perfeccionado nuestro sistema
electoral, fortaleciendo la
democracia y el sistema de
partidos, abriendo paso a la
pluralidad política en las Cámaras
del Congreso, en los gobiernos
locales y más recientemente, a la
alternancia en la Presidencia de la
República.
La democracia no solamente
representa la conquista de un
conjunto de derechos ciudadanos,
sino la adopción de nuevas
responsabilidades que es
necesario reconocer. Para ejercer
nuestros derechos y deberes y
apoyar la consolidación del
proceso de transición es
importante construir una cultura
cívica en la que hagamos nuestros
los valores democráticos de apego
a la ley y de integridad. Pocas
cosas son más difíciles de forjar
que un sistema democrático;
generaciones de mexicanos
comprometieron sus esfuerzos
para construir la democracia que
tenemos y ahora nos toca a
nosotros aceptar la
responsabilidad de mantenerla y
fortalecerla.
Las universidades e instituciones
de educación superior son
instancias inmejorables para
transmitir el aprendizaje de valores
de legalidad e integridad. En las
instituciones académicas los
estudiantes comparten con
profesores y compañeros vivencias
con las que forman y ejercitan
valores como la responsabilidad,
el trabajo en equipo, la tolerancia,
la honestidad, el diálogo, la
integridad y la honorabilidad.
La promoción de valores en las
universidades no solamente
contribuye a la consolidación de
una cultura democrática. También
tiene una gran utilidad en la
I.Introducción:
Democracia, globalización y el nuevo papel de las
instituciones de educación superior
I
LA CREACIÓN DE UNA CULTURA DE TRANSPARENCIA YRESPONSABILIDAD EN
LAS UNIVERSIDADES
E INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN SUPERIOR
CÓDIGOS DEHONOR:
formación de profesionales que
habrán de desempeñarse en un
mundo cada vez más integrado y
competitivo. En un mercado
globalizado no podemos
mantenernos aislados de los
estándares de competencia
internacionales. Es urgente que
busquemos mecanismos para
mejorar la calidad de la educación
superior en México y formemos
profesionistas de clase mundial,
con sólidos valores éticos y de
integridad.
La promoción y el respeto a
valores de integridad ayuda
también a las universidades a
mejorar sus resultados y lograr
sus objetivos. El apego a valores
de integridad es imprescindible
para mantener y elevar el prestigio
y nombre de una institución
académica. Una universidad en la
que sus integrantes (estudiantes,
profesores, autoridades
administrativas) cumplen
adecuadamente con lo que se
espera de ellos, se gana
inevitablemente el aprecio de su
comunidad y construye un
prestigio que es imposible obtener
de otra manera.
En los resultados de la Encuesta
Nacional de Corrupción y Buen
Gobierno que realizó en 2001 la
organización Transparencia
Mexicana, se pudo comprobar
que en la opinión de los
encuestados, la familia y los
maestros son quienes tienen
mayor credibilidad e impacto social
para promover el combate a la
corrupción. También se identificó
que los jefes de hogar jóvenes y
con mayor escolaridad son los más
propensos a dar “mordidas” para
obtener o facilitar un servicio
público. Estos datos muestran por
un lado, que la influencia de los
maestros en la formación de los
individuos es fundamental y por
el otro, que es precisamente con
los jóvenes que tienen estudios
superiores con los que hay que
hacer un mayor énfasis en la
promoción de valores de legalidad
y transparencia.
Según datos del Consejo Nacional
de Población (CONAPO), en
México viven más de 25 millones
de jóvenes de entre 12 y 24 años.
Cada año se incorporan cerca de
2 millones de jóvenes al padrón
electoral como nuevos votantes al
cumplir los 18 años y 11.2
millones de jóvenes en México ya
forman parte de la población
económicamente activa, por lo
que este sector demográfico tiene
una enorme importancia para el
país. El poder de acción y la
capacidad de cambiar el país que
tienen en este momento los
jóvenes de México es de tal
magnitud que es urgente que
tomemos conciencia de ello y que
cultivemos el potencial de los
jóvenes en beneficio de nuestra
sociedad. Necesitamos ofrecer a
los futuros líderes mexicanos la
formación humana y académica
I
que les permita hacer frente a las
exigencias de un mundo cada vez
más integrado y competitivo.
En SECODAM nos interesa que los
jóvenes universitarios de nuestro
país cuenten con una formación
académica, cívica y humana
acorde a las transformaciones de
nuestra sociedad y del mundo.
Este documento quiere servir de
guía para aquellos estudiantes,
profesores y universidades que
tengan el interés de promover
valores democráticos, de respeto
a la ley y de integridad, mejorando
al mismo tiempo su desempeño.
Sabemos que la promoción y
adopción de valores es una tarea
difícil y que los resultados
posiblemente no los veamos en el
corto plazo. Pero también estamos
convencidos de que este es el
mejor momento para iniciar la
construcción de nuevas reglas de
convivencia social que nos
permitan convertirnos en una
sociedad más exitosa, dentro de
un contexto global que presenta
exigencias y retos para todos.
I
II
Las universidades e instituciones
de educación superior no
solamente son lugares en donde
se producen y transmiten
conocimientos. La convivencia
entre estudiantes, el ejemplo de los
profesores y la forma en que se
organiza administrativamente la
institución, así como la manera en
que están diseñados sus
mecanismos de evaluación y de
cumplimiento de las normas son
parte muy importante de la
formación social y humana del
estudiante y de quienes colaboran
en la institución.
Fundamentalmente, los
estudiantes acuden a las
universidades para obtener una
serie de conocimientos y de
herramientas intelectuales y
técnicas prácticas que les servirán
para desarrollarse en el ámbito
profesional. La convivencia
cotidiana con otros estudiantes y
con los profesores, así como la
interacción con una serie de reglas
II.El papel de las instituciones de educación
superior en la promoción
de valores de integridad
académicas y administrativas y con
los valores propios de la
institución, hacen que el proceso
de aprendizaje incluya, además de
los conocimientos académicos,
principios de convivencia social, de
relación con la autoridad y de
participación en las decisiones que
contribuyen a formar la
personalidad de los estudiantes.
El aprendizaje en las
universidades es en este sentido,
una experiencia intelectual y
profesional pero también
personal, social y ética.
La práctica cotidiana de valores
éticos y de integridad es esencial
para que las universidades
cumplan con su función educativa
y de formación humana. La
integridad en una organización
puede ser definida como la
adopción por parte de todos sus
miembros, de principios éticos y de
honestidad, bajo el elemento clave
de la constancia, para que esos
principios se mantengan día con
día en todas las decisiones de la
institución. La integridad en las
universidades tiene que ver con
valores pero también con acciones
específicas. Lo ético es al mismo
tiempo un valor y una práctica
cotidiana. No se trata solamente
de conocer y entender en qué
consisten los valores; se trata
principalmente de aplicarlos en
todos los procesos de la
experiencia educativa de la vida
universitaria y del desarrollo
profesional.
Durante el tiempo que pasa un
estudiante en la universidad, los
valores y las reglas de la institución
influyen en mayor o menor medida
en su personalidad. El estudiante
está expuesto a un ambiente social
y a una serie de reglas escritas y
no escritas (la “cultura” de la
institución), bajo los cuales va a
interactuar con otros estudiantes
y profesores. Esas reglas, esa
cultura y valores van a contribuir
a que el estudiante construya un
esquema de prioridades en el que
se establezcan nociones acerca de
lo que es importante y aquello que
no lo es; entre lo que le parece
benéfico y deseable y lo que es
dañino e inconveniente; entre si es
mejor ser egoísta o sentir empatía
por los demás.
La universidad tiene una influencia
determinante en la formación de
este esquema de prioridades. Es
fundamental que en las
instituciones académicas, en su
organización y valores y en el
ejemplo que dan las autoridades
administrativas y los profesores se
practiquen criterios de conducta
orientados a establecer qué es lo
importante para la universidad y
qué es exactamente lo que se
espera de sus estudiantes,
profesores y autoridades.
Las universidades que mantienen
reglas y valores orientados por
criterios de integridad y ética,
generalmente obtienen mejores
resultados académicos y crean un
ambiente en el que alumnos y
profesores están satisfechos de
pertenecer a ellas, lo que les
permite además conservar y
reclutar a los mejores catedráticos
y estudiantes, elevando su
prestigio frente a la sociedad.
Por el contrario, las instituciones
que no tienen bien definidas sus
prioridades y que no promueven
criterios de comportamiento
basados en valores éticos, no
consiguen sus objetivos de manera
eficiente y no logran cumplir con
su función social de crear y
transmitir conocimientos.
Cuando en una universidad no se
atienden principios de honestidad,
de respeto y de integridad, se crea
un ambiente en el cual las reglas
no son respetadas e invade a los
estudiantes y profesores un
sentimiento de vergüenza y de
decepción sobre su pertenencia a
la institución. También crece la
II
apatía, lo cual afecta la relación
con los demás, ya que nadie se
siente comprometido con su deber,
lo que va erosionando la
confianza que debe existir en toda
relación profesional y personal.
Las universidades son espacios
sociales de formación personal,
profesional, intelectual y ética
para quienes las integran. Para
que puedan cumplir
adecuadamente con su misión,
estudiantes, profesores, directivos
y todos los que conforman una
universidad deben asumir su
responsabilidad individual como
parte de un proyecto de formación
integral de personas.
II
Las universidades e instituciones
de educación superior adquieren
valor para una sociedad en la
medida en la que contribuyen a
su mejoramiento y crecimiento.
Esto solo puede lograrse si cada
uno de los miembros de la
universidad concentra sus
esfuerzos en conseguir los
objetivos que persigue la
institución.
En un ambiente global cada vez
más competitivo, no podemos
conformarnos con un desempeño
mediocre. Si los alumnos y
profesores se desenvuelven en un
entorno en el que se percibe que
no es necesario hacer un esfuerzo
para obtener mejores resultados
y en el que las reglas pueden ser
rotas a conveniencia, la institución
y quienes la integran perderán su
prestigio frente a la sociedad y no
podrán cumplir sus objetivos
eficazmente.
Una institución académica que no
cuida su reputación y que no
insiste en mantener altos
estándares de desempeño
académico y ético, genera
pérdidas sociales inmensas.
Cuando la imagen de una
universidad se deteriora, se
transmite a la sociedad el mensaje
de que no está cumpliendo con su
misión, por lo que todo el trabajo
realizado por profesores y
alumnos se pierde. Una institución
académica que no hace un
esfuerzo consciente por eliminar
las conductas que le afectan,
terminará haciendo un daño
mayor que el beneficio social que
pudiera generar.
La deshonestidad académica tiene
graves consecuencias sobre las
instituciones de enseñanza y sobre
los individuos que las integran. En
el mercado de trabajo, donde
existe una fuerte competencia, el
valor de un grado académico
depende en gran medida de la
reputación de la universidad. La
III.La integridad en
las instituciones de
educación superior
III
deshonestidad se refleja
rápidamente en el
empobrecimiento de la imagen de
una institución y el valor del grado
académico de sus estudiantes se
devalúa irremediablemente.
La mayoría de las personas que
infringen las reglas están
plenamente conscientes de que
están haciendo algo incorrecto,
pero se engañan a sí mismas al
momento de evaluar los riesgos y
las consecuencias de sus actos.
Frases como “Todos lo hacen” o
“No le hago daño a nadie”, sólo
son excusas fáciles para escapar
de la responsabilidad que implica
identificar con claridad los efectos
y consecuencias de nuestras
acciones.
Debemos evitar engañarnos a
nosotros mismos. Es fundamental
ver más allá de nuestras acciones
y evaluar las consecuencias de las
decisiones que tomamos. Tenemos
que distinguir claramente cuáles
son las repercusiones que tiene
sobre la universidad el que se
rompan las leyes y se violen las
reglas.
Debemos someter todas nuestras
acciones a un examen de
honestidad. Un examen de
honestidad podría ser el imaginar
que nuestras conductas se
hicieran públicas, que las
conocieran nuestros compañeros,
profesores, amigos y familiares, y
ante ello preguntarnos si
estaríamos orgullosos o
avergonzados de cada acción.
Nosotros mismos podemos ser los
mejores jueces de la honestidad
de nuestros actos, si sólo hacemos
una breve reflexión.
Es importante que tengamos en
cuenta que somos los únicos
responsables por nuestras
acciones, aún cuando nuestras
decisiones sean tomadas por
presión de nuestros compañeros.
Muchas veces actuamos bajo la
influencia de los demás,
empujados por nuestro deseo de
integrarnos al grupo o de ser
aceptados. Cuando procedemos
de esa forma, los únicos
responsables somos nosotros, no
los demás. El tomar decisiones
éticas es la mejor forma de evitar
problemas en el futuro. Tenemos
que aprender a reconocer los
riesgos que generan nuestras
acciones, pues de lo contrario no
podremos tomar decisiones
responsables.
DECISIONES ÉTICAS
·Conocer las reglas
·Decidir por uno mismo
·Evaluar los riesgos
También es fundamental conocer
las reglas a las cuales estamos
sujetos. Por ejemplo, un alumno
que no sabía que copiar estaba
prohibido, no puede alegar
ignorancia para evitar su
III
responsabilidad. Las leyes,
normas y reglas valen para todos
sin excepción, incluyendo a
quienes no las conocen.
Cada uno de los integrantes de
una institución académica,
profesores, alumnos, autoridades
administrativas y empleados
tienen responsabilidades
específicas frente a la institución y
frente a los demás. Es importante
que todos sepan claramente lo
que se espera de ellos.
Estudiantes
Los estudiantes comparten un
conjunto de responsabilidades
muy claras frente a la universidad,
frente a sí mismos y en su trato
hacia los profesores, las
autoridades administrativas de la
institución y los demás estudiantes.
Una de las principales
responsabilidades de los
estudiantes es evitar y combatir
todos los posibles tipos de fraude
académico. Cuando hablamos de
fraude académico nos referimos a
copiar en los exámenes, al uso de
“acordeones”, a la presentación
de trabajos escolares de otros
como si fueran nuestros, a que
alguien nos suplante en un
examen, y a toda acción en donde
pretendamos recibir una
calificación o reconocimiento que
no corresponda a nuestros
conocimientos o a nuestro trabajo
individual. También sería una
forma de fraude académico el
sobornar o extorsionar a alguien
para obtener una mejor
calificación o ventajas de
admisión.
Muchas veces pensamos que si
otros copian, usan acordeones o
compran calificaciones, es asunto
de ellos y no nos corresponde
evitarlo por que no nos afecta. En
realidad, cuando alguien realiza
un fraude en la universidad, se
daña enormemente a la institución
y a cada uno de sus miembros. Si
toleramos el fraude o si no
hacemos nada por evitarlo, todo
nuestro esfuerzo como
estudiantes para obtener
conocimientos y grados
académicos perderá gran parte de
su valor.
Un estudiante que copia,
perjudica directamente a los
demás. Si alguien copia y compra
calificaciones, aunque nosotros
no lo hagamos, quedará en la
percepción de la sociedad que los
grados académicos en nuestra
universidad están a la venta y que
no tienen que ver con nuestro
trabajo y capacidades.
Una universidad en la que se sabe
que las calificaciones pueden
comprarse o que no se sanciona
a los que copian, es una
universidad que no vale más de
lo que cuesta una calificación. Al
ponerle precio a la calificación,
III
ponemos un precio a nuestra
palabra, a nuestro criterio y a
nuestra honestidad.
Muchas veces, por un sentido de
solidaridad mal entendido, no
denunciamos a los que copian, sin
darnos cuenta que los más
perjudicados al final vamos a ser
nosotros. Tenemos que tener en
cuenta que todo lo que afecta a la
institución afecta en primer lugar a
sus estudiantes.
Los estudiantes tienen ciertas
responsabilidades mínimas que es
importante tener presentes en
todo momento. Lejos de ser una
imposición, el cumplimiento de
esas responsabilidades libera al
estudiante, y le permite vivir su
paso por la universidad de manera
mejor. Es frecuente el estereotipo
del mal estudiante que se divierte
todo el tiempo; este es un
arquetipo falso. Un estudiante que
cumple ordenadamente con lo
que se espera de él conserva la
tranquilidad y el tiempo que le
permite divertirse mucho más que
aquel que carga la angustia de un
mal desempeño.
Hemos reunido una lista de
responsabilidades de los
estudiantes que es necesariamente
incompleta, que deberá
enriquecerse con la experiencia
individual de cada universidad, pero
que ofrece una idea esencial de lo
que se espera del comportamiento
de cada uno de ellos.
Responsabilidades de los
estudiantes
·Asistir a las clases a tiempo y llegar
adecuadamente preparado.
·Tratar con respeto y tolerancia a los
profesores, autoridades administrativas y
a los demás alumnos.
·No perder el tiempo en clase ni hacer que
los demás pierdan su tiempo.
·Respetar el derecho de los demás a
participar en clase.
·Respetar los puntos de vista de los demás,
admitiendo su derecho a tener opiniones
distintas.
·Estudiar adecuadamente para los
exámenes.
·No copiar, usar “acordeones” o realizar
cualquier otro tipo de fraude académico.
·Reportar y denunciar frente al profesor o
autoridades todos los intentos de fraude
académico por parte de cualquier miembro
de la institución.
·Citar adecuadamente las fuentes utilizadas
para un trabajo.
·No “reutilizar” trabajos de cursos
anteriores o que hayan sido elaborados por
otra persona.
·No tratar de sobornar a los profesores y
autoridades administrativas para obtener
una mejor calificación u otro beneficio que
no haya sido obtenido de manera honesta.
·No estar nunca satisfecho con el trabajo
realizado a menos que sea resultado de
nuestro mejor esfuerzo.
III
Profesores
Los profesores son figuras de
enorme importancia para la
universidad y para los alumnos.
Son quienes tienen el contacto
directo y cotidiano con los
estudiantes y los que llevan a cabo
el proceso mismo de transmisión
y difusión de conocimientos. Su
influencia y posición suponen
responsabilidades que es muy
importante cuidar y que muchas
veces van más allá de lo
puramente académico.
Como ya se mencionó en el primer
capítulo, la Encuesta de
Corrupción y Buen Gobierno
realizada por la organización
Transparencia Mexicana en 2001,
señaló que en opinión de los
encuestados, la familia y los
maestros son quienes tienen
mayor credibilidad e impacto social
para promover el combate a la
corrupción. Esto es una muestra
del respeto social y la autoridad
moral que tienen los profesores en
nuestro país.
El trabajo del profesor no se limita
a facilitar el aprendizaje y la
transmisión de conocimientos a
sus alumnos. Los alumnos son
receptivos a la conducta del
profesor y muchas veces toman
como referencia su
comportamiento para definir una
escala de valores. Las acciones del
profesor van estableciendo
ejemplos y estándares de
comportamiento. Un profesor que
cumple con sus responsabilidades
fija modelos de conducta para sus
alumnos en el ámbito profesional
e incluso en el personal.
Por el contrario, un maestro que
no toma en serio su trabajo y que
no adopta en todas sus
conductas criterios de honestidad,
responsabilidad e integridad,
difunde un mal ejemplo, que en
muchos casos terminará por
reproducirse en la conducta de
sus alumnos.
Al igual que en el caso de los
estudiantes que recurren al fraude
estudiantil para mejorar sus
calificaciones, una de las
conductas más dañinas para la
universidad se da cuando un
profesor vende una calificación a
cambio de un favor económico,
sexual o de cualquier tipo.
Existe una lista mínima de
responsabilidades que los
profesores deben atender y
observar que, como la que
ofrecimos en el caso de los
estudiantes, tiene que ser
enriquecida por las situaciones
particulares que enfrenta cada
profesor en cada institución.
Responsabilidades de los
profesores
·Acudir a clases y cumplir con los objetivos
del curso.
III
·Ayudar a los estudiantes a desarrollar y
expresar conceptos, conocimientos y
habilidades.
·Promover en el estudiante el pensamiento
creativo y crítico, la responsabilidad y el
trabajo.
·Darle a cada clase un alto valor
educacional.
·Servir de ejemplo para sus alumnos en lo
profesional.
·Escuchar y retroalimentar sus
conocimientos con los comentarios y dudas
de los alumnos.
·Respetar la opinión y los puntos de vista
de los estudiantes.
·Evaluar y llevar un historial del progreso
de los estudiantes.
·Actualizar permanentemente sus
conocimientos.
·Impedir el fraude académico.
·Respetar la dignidad de los alumnos y no
establecer diferencias en el trato por
motivos ajenos al desempeño académico.
·No aceptar o solicitar beneficios de ningún
tipo a cambio de modificar una calificación.
·No buscar ventajas o beneficios
personales gracias a su posición dentro de
la universidad.
Autoridades administrativas
Toda universidad cuenta con una
organización administrativa que
se encarga de aplicar y manejar
los recursos financieros,
materiales y humanos de la
universidad. Si bien no participan
directamente en el proceso
educativo, las oficinas y áreas
administrativas de una
universidad desarrollan un trabajo
que incide directamente sobre el
desempeño de la institución.
Al igual que los profesores, los
encargados de la administración
de una institución académica
tienen una responsabilidad
enorme en la formación ética de
los estudiantes. Ellos son los
encargados de aplicar las reglas
bajo las cuales opera la universidad
en procesos fundamentales como
las admisiones, resguardo de
archivos, trámite de becas y
estímulos, mantenimiento de
instalaciones, suministro de los
elementos materiales necesarios
para el aprendizaje, pago de
salarios a profesores y demás
empleados, así como muchos otros
procesos que son indispensables
para la marcha de la institución.
En muchos casos los estudiantes,
al igual que ocurre con los
profesores, toman el ejemplo de
las autoridades de la universidad
como modelo de conducta. Una
universidad en donde hay
corrupción y conductas
deshonestas por parte de las
autoridades, crea en el alumno
la percepción de que se vale
romper las reglas.
Algunos de los procesos más
expuestos a que se presenten en
ellos conductas deshonestas están
en manos de las autoridades
III
administrativas de la institución.
Cotidianamente toman decisiones
en las que se puede presentar la
oportunidad para generar una
ganancia económica o de otro tipo.
Una de las principales
responsabilidades de las
autoridades administrativas de
una universidad es la de no buscar
un beneficio privado derivado de
la posición que se ocupa dentro
de la organización.
Responsabilidades de las
autoridades administrativas
·No utilizar su posición dentro de la
universidad para obtener un beneficio
privado.
·Realizar un manejo responsable de la
información personal de los alumnos.
·No aplicar criterios personales para
beneficiar o perjudicar indebidamente a
alguno de los miembros de la institución.
·Tomar las decisiones adecuadas para el
mejoramiento de los procesos y el
desempeño académico de la institución.
·No aceptar favores de ningún tipo para
cambiar una decisión administrativa
indebidamente.
Alumnos, profesores y autoridades
académicas son tres de los
principales grupos que pueden
integrar una universidad, aunque
cada institución está conformada
por grupos o audiencias distintos
(sindicatos, organizaciones
estudiantiles, investigadores,
concesionarios de servicios, etc.)
que tienen responsabilidades
específicas hacia la institución. En
muchas universidades, los
sindicatos y las organizaciones
estudiantiles tienen una presencia
importante y en algunos casos,
participan en sus órganos de
gobierno, por lo que es importante
tener en cuenta cuáles son sus
compromisos y responsabilidades
frente a ellas.
Como lo veremos en el capítulo
siguiente, cada universidad tiene
problemas y características
distintas que requieren de
atención. El tiempo y el esfuerzo
invertido en mejorar el desempeño
académico y ético de una
institución académica se verán
ampliamente recompensados.
Una universidad en la que este tipo
de conductas no son toleradas y
en la que todos sus integrantes,
principalmente estudiantes,
profesores y autoridades
administrativas hacen lo que se
espera de cada uno, recibe el
respeto y reconocimiento de la
sociedad. No existe mejor
recompensa para sus miembros.
III
¿Qué son los programas de
integridad y los códigos de
honor?
Los programas de integridad son
un conjunto de prácticas que pone
en marcha una organización para
mejorar su desempeño, hacer
más eficientes sus procesos y
orientar las conductas de sus
miembros a criterios éticos y de
integridad. Muchos gobiernos,
empresas y otro tipo de
organizaciones han utilizado los
programas de integridad para
mejorar sus resultados y hacer
que las conductas individuales de
sus integrantes se mantengan
enfocadas al logro de los objetivos
colectivos del grupo.
La promoción de conductas y
valores éticos y de integridad en
las organizaciones es un tema que
de un tiempo a la fecha ha
captado la atención de gobiernos,
empresas, organizaciones sociales
y universidades en todo el mundo.
Esto se debe a que se ha
comprobado que los programas
de integridad ayudan a los
gobiernos a conservar la
confianza de sus ciudadanos; que
permiten a las empresas tener
mejores resultados económicos, y
en suma, que ayudan a las
organizaciones a ganarse una
mejor reputación ante la sociedad
y a conseguir más fácilmente sus
objetivos.
En SECODAM preparamos un
documento titulado “Constru-
yendo un programa de integridad:
el papel de los códigos de
conducta1” , en el que reunimos
la experiencia de diversas
organizaciones en la elaboración
de un programa de integridad y
ofrecimos algunas sugerencias
para ponerlo en marcha. En el
proceso de elaboración de ese
documento, exploramos el tema
de los Códigos de Honor en las
universidades y estudiamos la
forma en que pueden convertirse
IV.Los programas de integridad
y los códigos de honor
IV
1 Este folleto puede obtenerse libremente en el sitio de internet de SECODAM, www.secodam.gob.mx
en instrumentos que ayuden a
mejorar significativamente el nivel
académico y el funcionamiento de
una institución de enseñanza.
·Los Códigos de Honor en las
universidades
Los Códigos de Honor son
documentos en los que se
establecen de manera muy clara
los valores de la institución, así
como la conducta que se espera
de cada uno de sus miembros.
Muchas universidades, sobre todo
en los Estados Unidos pero
también en México y en otros
países, han adoptado códigos de
ética, códigos de conducta o
códigos de honor para definir qué
es lo que se espera de cada uno
sus miembros. Todo tipo de
organización necesita tener reglas
claras, que ayuden a mejorar su
desempeño y prevenir problemas.
Los Códigos de Honor de
universidades han sido utilizados,
sobre todo en los Estados Unidos,
para fijar estándares de conducta.
La mayoría de los Códigos de
Honor en las universidades
estadounidenses abordan
fundamentalmente temas
relacionados con el fraude
académico (copiado, plagio,
suplantación en exámenes, etc.),
aunque a veces se incluyen guías
de comportamiento para otros
asuntos.
Algunos de estos Códigos fueron
elaborados hace más de un siglo,
mientras que otros son
relativamente recientes. Los más
antiguos incorporan una especie
de juramento de honor, mientras
que los más nuevos suelen ser un
conjunto de reglas a seguir,
redactadas a la manera de un
código legal. Independientemente
de la forma en que está redactado
cada Código, todos tienen como
objetivo crear un ambiente ético y
justo para los alumnos, profesores
y demás miembros de la
institución, en el que el proceso
educativo pueda conducirse de
mejor forma.
·Ejemplos de Códigos de Honor
En el caso de la Universidad de
Stanford, se adoptó formalmente
un Código de Honor en la
primavera de 1921, después de
que grupos de estudiantes hicieran
una campaña durante siete años
para promover criterios de
conducta éticos en toda la
institución.
Este Código cuenta con tres
apartados en los que se establece:
1.El compromiso de los alumnos
de no realizar fraude académico
y de vigilar que los demás no lo
hagan.
2.El acuerdo de los profesores de
manifestar su confianza al
compromiso de honor de los
alumnos, no interponiendo
IV
controles demasiado estrictos.
3.Un compromiso mutuo de
profesores y alumnos para discutir
y establecer las condiciones
óptimas para el trabajo
académico, aunque sin dejar de
reconocer la autoridad y libertad
de cátedra de los profesores.
Este Código hace énfasis
específicamente en la prevención
del fraude estudiantil y en la
colaboración entre alumnos y
profesores. Las sanciones que la
Universidad de Stanford tiene
contempladas para las violaciones
a su Código de Honor incluyen la
suspensión del alumno por uno o
más cuatrimestres, la calificación
reprobatoria en la materia en la
que se presentó la falta y cierto
número de horas de trabajo
comunitario en beneficio de la
universidad.
La Universidad de Princeton
adoptó un Código de Honor en
1893, que fue ligeramente
reformado cien años después, y
al cual también llaman
“Constitución”. Cuenta con ocho
capítulos divididos cada uno en
varios apartados en los que se
contempla, entre otras cosas:
·La creación de un comité con 11
miembros, todos ellos
estudiantes, quienes se
encargarán de revisar los casos
de infracciones al Código de
Honor.
·Este comité tiene poder de
investigación sobre casos de
infracciones al Código y para
establecer sanciones.
·Cada estudiante, antes de tomar
un examen, deberá escribir y
firmar un juramento que diga “Doy
mi palabra de que no he violado
el Código de Honor durante este
examen2.”
·Todos los estudiantes tienen la
obligación de reportar al Comité
de Honor cualquier violación al
Código que hayan detectado.
El Comité de Honor es el
encargado de definir las
sanciones de acuerdo con la
gravedad del caso. Estas
sanciones generalmente consisten
en uno, dos o tres años de
suspensión de la universidad, y en
caso de reincidencia, la expulsión
definitiva de Princeton. Las
sanciones se aplican después de
que en una investigación un
estudiante es encontrado cul-
pable. En caso de que un
estudiante sea encontrado
inocente, todos los archivos
relacionados con la investigación
son destruidos, para no dejar
huella en su historial.
Esto último es muy importante
pues una acusación no implica
necesariamente culpabilidad. En
Princeton se ha fijado un
procedimiento que busca
2 “I pledge my honor that I have not violated the honor code during this examination
IV
establecer claramente la
responsabilidad de quien es
acusado y, en caso de inocencia,
cuidar que su historial quede
intacto.
La Universidad de Cornell
desarrolló un Código de
Integridad Académica en 1976 en
el cual se contemplan
responsabilidades generales de
los alumnos. Este Código contiene
capítulos relativos a los principios
que deben observar los alumnos
y a los procedimientos con los
cuales funcionarán las “Audiencias
de Integridad Académica3” en la
atención de faltas al Código. Estas
audiencias están integradas por
un profesor nombrado por el
decano o rector (dean), tres
profesores electos por los
miembros de las facultades y tres
alumnos electos por los mismos
estudiantes.
Al igual que los anteriores
Códigos, en el de Cornell se
señalan principalmente conductas
relacionadas con el fraude
académico, aunque se contempla
también la mala conducta en clase
así como todos los
comportamientos que puedan
considerarse no íntegros. En uno
de sus apartados, el Código de
Cornell menciona que “los
estudiantes son responsables por
sus acciones, haya o no reglas
escritas al respecto...4
Los códigos de honor de las
universidades de Estados Unidos,
por regla general, se enfocan al
fraude académico. Esto se debe a
la enorme preocupación que existe
por mantener el prestigio y buen
nombre de las instituciones
académicas, ya que las
universidades de ese país están en
un ambiente de gran competencia
por contar con los mejores
estudiantes y profesores. Sin
embargo, la ausencia de otros
temas distintos al fraude académico
se debe a que en aquel país existen
mecanismos institucionales muy
claros -y hasta cierto punto
razonablemente eficientes- para
denunciar y canalizar quejas sobre
conductas ilegales.
En México, por desgracia, algunas
veces esos mecanismos
institucionales no funcionan
adecuadamente o no existe la
suficiente confianza en ellos.
Muchas conductas irregulares se
toleran o no se denuncian porque
se considera que no tiene caso
presentar una queja.
En algunas universidades de
México donde se han levantado
encuestas para identificar las
conductas deshonestas más
frecuentes, se ha comprobado
que la compra de calificaciones y
de admisiones, junto con el acoso
sexual a los alumnos por parte de
los profesores son algunas de las
3 “College Academic Integrity Hearing Board”
4 “In any event, students are responsible for their actions whether or not rules are built in...”, Code of
Academic Integrity, Cornell University
IV
faltas que se presentan con mayor
frecuencia5 .
Ante realidades distintas, las
soluciones tienen que ser
diferentes. Los códigos de
conducta de la universidades
mexicanas deben reconocer que
cada caso es único. No es
suficiente tomar el ejemplo de los
códigos de conducta de las
universidades de otros países; las
universidades mexicanas deben
realizar un proceso para identificar
cuáles son sus conflictos
específicos y plasmarlos en
acciones que ayuden a resolver los
problemas de cada institución.
5 “Acoso sexual, mordidas y compra de calificaciones, reveló encuesta del CIET en 1999”, La Jornada, 6 de
marzo de 2002.
IV
Un Código de Honor tiene que
partir de las expectativas,
necesidades, objetivos y valores
de una institución académica. Se
trata de crear un mecanismo que
ayude a la universidad a cumplir
mejor sus objetivos, de acuerdo
con sus características y problemas
propios.
Los códigos deben ser vistos como
mecanismos para resolver y
prevenir problemas concretos que
no permiten a las universidades
desempeñar plenamente su papel.
Los códigos son medios para
alcanzar un objetivo, no el objetivo
en sí mismo, pues tener un código
no es suficiente; hay que
asegurarse de que de él se deriven
acciones concretas en beneficio del
proceso de enseñanza.
Antes de elaborar un Código de
Honor es importante tomar en
cuenta ciertos criterios básicos que
nos van a ayudar a darle a este
documento el valor y la eficacia
deseados.
1. La necesidad de elaborar un
Código debe ser compartida
por todos los miembros de la
universidad.
La elaboración de un Código
debe responder a una necesidad
que sea percibida por todos los
miembros de la universidad. No
debe verse como una imposición
o como algo ajeno.
Aunque la iniciativa para elaborar
un Código pueda venir de los
alumnos, de los profesores o de
las autoridades de la universidad,
todos deben asumir que es un
mecanismo que va a ayudar a
resolver los problemas y a mejorar
el desempeño de la institución.
2. En su elaboración y
validación deben participar el
mayor número de miembros de
la universidad.
Es muy importante que todos los
miembros de la institución sientan
V.La redacción de un Código de Honor
para las instituciones
de educación superior
V
que tuvieron la oportunidad de
participar en la elaboración del
Código. Se trata de un documento
en el que deben quedar reflejadas
las aspiraciones y preocupaciones
de quienes integran la
universidad.
3. Debe desarrollarse un
programa de sensibilización y
compromiso con el Código.
El Código no funciona por sí solo
para resolver los problemas de la
universidad. Todos los miembros
de la institución deben conocer el
Código así como las
responsabilidades que implica su
aplicación. Esto se logra con una
campaña permanente de
comunicación y de sensibilización
para que todos interioricen y
hagan suyo el Código.
Hay que tomar en cuenta que la
integridad no es una cualidad con
la que nacemos; es necesario
enseñarla, promoverla y
practicarla; una persona íntegra
sólo puede mantenerse así si
practica conductas éticas todos los
días.
4. El cumplimiento del Código
no es un punto de llegada, sino
el inicio de un proceso de
crecimiento y mejora.
La meta de un programa de
integridad no termina con la
redacción de un Código. Ese es
más bien el punto de partida desde
el cual se deberán emprender
acciones y compromisos
permanentes para cumplir con lo
que dice el Código y lograr los
objetivos que se ha planteado la
institución.
5. El Código tiene valor porque
clarifica, orienta y compromete.
El Código no solamente debe ser
un documento escrito. Los
miembros de la universidad deben
ver en él una guía de
comportamiento. Un Código bien
redactado debe resolver dilemas
éticos a los cuales nos
enfrentamos día con día. Un
Código debe contestar a la
pregunta “¿qué debo hacer?” al
momento que nos enfrentamos a
una disyuntiva que pueda
comprometer nuestra integridad.
El Código de Honor de una
institución académica debe ser un
documento en el que están
contenidos los objetivos, metas y
anhelos de alumnos, profesores,
autoridades y el resto de sus
miembros. Por ello, el Código de
cada universidad debe ser distinto
a los demás y cada una debe
preparar el suyo de acuerdo al
procedimiento que más le
convenga.
No existe una universidad que sea
idéntica a otra. Cada una es
distinta a las demás en cuanto a
tamaño, planes de estudio,
número de alumnos, presupuesto
V
que maneja, ubicación geográfica,
etc. Las universidades difieren
también en cuanto a su
organización, en que algunas son
públicas y otras privadas y en la
forma en que los estudiantes se
organizan y participan en los
asuntos de la institución. Sin
embargo, existen objetivos y
responsabilidades de los
miembros de la universidad que
son comunes a todas las
instituciones, por distintas que
sean.
El Centro para la Integridad
Académica de la Universidad de
Duke6 , establece algunas
recomendaciones para las
universidades interesadas en
promover un programa de
integridad. En primer lugar
puntualiza cinco valores
fundamentales que ayudan a las
universidades a cumplir con su
función educativa.
· Honestidad
· Confianza
· Justicia
· Respeto
· Responsabilidad
También hace algunas
recomendaciones acerca de los
requisitos que debe tener un
programa de integridad para las
universidades7 :
1.Contar con procedimientos y criterios de
integridad claramente instituidos y
aplicados.
2.Informar y educar a la comunidad
universitaria sobre las políticas de
integridad.
3.Promulgar y practicar rigurosamente las
políticas de integridad, predicando con el
ejemplo.
4.Contar con un sistema claro, accesible,
justo y equitativo de evaluación y
calificación de la conducta de los miembros
de la universidad.
5.Desarrollar programas que promuevan
la integridad académica en todos los
segmentos de la comunidad universitaria.
6.Estar alerta ante cambios en la tecnología
y en los procedimientos que puedan afectar
la integridad universitaria.
7.Evaluar regularmente la efectividad de
las políticas de integridad y proponer
mejoras continuas.
Todas las instituciones académicas
deben establecer acciones y
políticas que promuevan y
clarifiquen los valores de la
universidad y los criterios de
conducta que se esperan de sus
miembros. Es fundamental que los
integrantes de la universidad
perciban que las políticas y
acciones de integridad están
directamente relacionadas con los
valores de la institución. En eso no
puede haber contradicción.
Para ello, es importante que existan
mecanismos de diálogo entre la
comunidad universitaria para que
entre todos decidan cuál es la mejor
forma de crear los mecanismos y
políticas de integridad académica y
cuáles serán los contenidos de su
Código de Honor.
V
6 The Center for Academic Integrity, Box 90434, Duke University, Durham, North Carolina, 27708
7 The Fundamental Values of Academic Integrity, The Center for Academic Integrity, Octubre 1999
Basados en la experiencia de
diversas organizaciones que
instrumentaron un programa de
integridad, podemos sugerir cinco
pasos básicos para redactar un
Código de Honor:
1. Definir los valores y los objetivos de la
universidad.
2. Identificar aquellas conductas que se
quieren evitar y las que se desea promover.
3. Redactar el Código con la participación
de los integrantes de la organización.
4. Hacer un compromiso sincero de
respetar el Código.
5. Comunicar y promover la adopción del
Código en la vida de la universidad.
1. Definir los valores y los
objetivos de la universidad.
Cada institución académica tiene
objetivos y valores que es
necesario definir antes de revisar
cuáles son las conductas que
ayudarán a conseguir sus metas.
Estos valores pueden quedar
enunciados en una frase o en una
serie de compromisos que los
miembros de la organización
asumen como propios. Lo
importante es que cada integrante
de la universidad sepa
perfectamente la razón por la cual
la universidad existe y cuál es el
fin que deben buscar las acciones
de todos sus integrantes.
2. Identificar aquellas
conductas que se quieren evitar
y las que se desea promover.
En todas las instituciones
académicas se presentan
conductas que es mejor evitar
porque afectan la relación entre
sus miembros y reducen la
capacidad de la universidad para
lograr sus objetivos. El Código de
Honor debe dejar en claro cuáles
son las conductas que hay que
promover y también cuáles son los
actos con los que la comunidad
universitaria no está de acuerdo.
De esta manera, la actuación de
cada persona (estudiante,
profesor, autoridad académica)
está enfocada a las metas del
grupo; todos saben qué es lo que
deben hacer y qué es lo que deben
evitar. Lo recomendable es que se
establezcan mecanismos de
discusión para revisar y evaluar
detalladamente los problemas que
se han presentado en la
universidad y hacer un inventario
de qué se debe y qué no se debe
hacer para convertir ese inventario
en un Código de Honor.
3. Redactar el Código con la
participación de los integrantes
de la organización.
Es importante que todos los
miembros de la universidad
participen en la elaboración y
revisión del Código de Honor, que
los valores y aspiraciones de todos
se encuentren representados en el
Código y que todos sientan ese
documento como propio. El
Código les pertenece a todos y es
fundamental que todos expresen
V
en él su aspiración de que la
institución tenga éxito.
4. Hacer un compromiso sincero
de respetar el Código.
Una vez redactado, lo más
importante para que un Código
de Honor tenga éxito es el
compromiso y el ejemplo que den
los profesores, las autoridades
administrativas y los dirigentes de
las organizaciones estudiantiles. Si
el dirigente de una agrupación no
cumple con las reglas, será
imposible que los demás lo hagan.
Cuando los profesores o las
autoridades administrativas no
respetan las reglas, es como si las
reglas no existieran. Podemos
predicar mil años, pero si no
predicamos con el ejemplo, de
nada servirá. El argumento
convence, pero el ejemplo
arrastra. Las figuras de autoridad
dentro de una universidad, al igual
que los alumnos, deben establecer
un compromiso de respetar por
igual, sin importar jerarquías, todo
lo que dicte el Código de Honor.
5. Comunicar y promover la
adopción del Código en la vida
de la universidad.
Para que un Código de Honor se
convierta en parte de la vida de
una institución académica, es
necesario que todos lo conozcan
y que lo interioricen. Un Código
que no se vive día con día no es
más que un documento muerto.
Un Código bien comunicado,
conocido y aplicado por todos los
integrantes de la universidad es
un Código que cumple con su
función.
Deben quedar muy claras cuáles
son las consecuencias que se
desprenden de las infracciones y
cómo presentar dudas, quejas o
denuncias, para lo cual debe
ponerse en marcha una campaña
de comunicación permanente y
debe advertirse a los nuevos
alumnos y empleados sobre las
implicaciones del Código.
V
No hay forma más efectiva de
acabar con la ineficiencia y de
fortalecer la integridad de una
institución académica que
mejorando la conducta individual
de sus miembros. Una universidad
que establece claramente sus
valores y anhelos motiva a que sus
miembros hagan suyos esos
valores y a que trabajen en un
mejor ambiente de cooperación y
con espíritu de equipo.
Dentro del contexto de integración
global, en el que se exige de las
universidades un mejor
desempeño, la integridad se
convierte en un requisito
indispensable para insertarse con
éxito en un nuevo ambiente de
mayor competencia. Las
sugerencias y estrategias que
hemos presentado tienen como
finalidad el ofrecer a las
universidades mexicanas una
herramienta adicional para
mejorar la conducta y los valores
de sus integrantes y con ello, sus
propios objetivos.
El gobierno federal, con la
coordinación de la SECODAM, ha
establecido un compromiso
irrenunciable con el combate a la
corrupción y con la promoción de
una cultura de la transparencia y
la legalidad. Compartimos con la
sociedad la responsabilidad de
sembrar para el futuro, la semilla
de un mejor país, más
transparene y con menos
corrupción.
En esta tarea, las universidades
juegan un papel indispensable,
pues en ellas los jóvenes de México
se forman en los aspectos
profesional, social y ético.
Necesitamos que los futuros
líderes de este país asuman las
nuevas responsabilidades que
implica vivir en un país abierto,
libre y democrático; necesitamos
que tengan sólidos valores de
integridad y ética que les permitan
hacer frente con éxito a los retos
de la competencia global;
necesitamos finalmente, de la
participación activa de las
universidades en la búsqueda de
los objetivos a los que aspiramos
todos: una sociedad más
transparente y justa, en la que
prevalecen la legalidad y la
integridad.
VI.Conclusión
V
I.Introducción: Globalización, democracia y el nuevo papel
de las instituciones de educación superior
II.El papel de las instituciones de educación superior en la
promoción de valores de integridad
III.La integridad en las instituciones de educación superior
·Responsabilidades de los miembros de la institución
-Estudiantes
-Profesores
-Autoridades administrativas
IV.Los programas de integridad y los códigos de honor
·¿Qué son los programas de integridad y los códigos de
honor?
·Los códigos de honor en las instituciones de educación
superior
-Ejemplos de Códigos de Honor
V. La redacción de un Código de Honor para las
instituciones de educación superior
VI. Conclusión
Índice

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administrativo de México Secodam - Secretaría de la Contraloría y desarrollo. (2002, marzo 22). Códigos de honor por una cultura de transparencia en la universidad. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/codigos-de-honor-por-una-cultura-de-transparencia-en-la-universidad/
administrativo de México, Secodam - Secretaría de la Contraloría y desarrollo. "Códigos de honor por una cultura de transparencia en la universidad". GestioPolis. 22 marzo 2002. Web. <https://www.gestiopolis.com/codigos-de-honor-por-una-cultura-de-transparencia-en-la-universidad/>.
administrativo de México, Secodam - Secretaría de la Contraloría y desarrollo. "Códigos de honor por una cultura de transparencia en la universidad". GestioPolis. marzo 22, 2002. Consultado el 20 de Abril de 2018. https://www.gestiopolis.com/codigos-de-honor-por-una-cultura-de-transparencia-en-la-universidad/.
administrativo de México, Secodam - Secretaría de la Contraloría y desarrollo. Códigos de honor por una cultura de transparencia en la universidad [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/codigos-de-honor-por-una-cultura-de-transparencia-en-la-universidad/> [Citado el 20 de Abril de 2018].
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