Un modelo mental para el auto conocimiento

  • Autoayuda
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Como lo dice el título, la idea del presente texto es brindar un par de elementos del modelo mental de las personas que sirvan básicamente para auto conocerse, en tanto constituye el filtro interno a través del cual juzgamos lo que nos ocurre y así creamos la realidad y hacemos las distinciones del momento vivencial, que en definitiva accionan determinado comportamiento con otro o con los demás.

El modelo mental se aborda vinculado a la comunicación conversacional entre las personas, ya que la comunicación es un momento del relacionamiento humano que traduce lo que somos, aunque tratemos de generar cierta imagen de uno hacia el resto, al final solo podemos ser lo que somos.

I. Concepto de modelo mental

Vamos a dar brindar una breve mirada sobre este concepto que, como comentamos al inicio, resulta clave en todo lo que sucede en las relaciones e interacciones de la comunicación humana, citando dos textos de especialistas que me parecen interesantes conocer.

  • “Un modelo mental es un mecanismo del pensamiento mediante el cual un ser humano, u otro animal, intenta explicar cómo funciona el mundo real. Es un   tipo  de símbolo interno  o   representación de   la   realidad  externa, hipotética que juega un papel importante en la cognición. La idea se cree que fue originada por Kenneth Craik en su libro publicado en el año 1943 titulado The Nature of Explanation. Tras la temprana muerte de Craik en un accidente de bicicleta, la idea no se elaboró hasta mucho más tarde.

Antes de Craik, Georges-Henri Luquet ya desarrolló esta idea del modelo mental: en su libro Le dessin enfantin (las pinturas de los niños), publicado en 1927 por Alcan, Paris, argumentaba que los chicos construyen de forma obvia modelos internos, una visión que influyó entre otros a Jean Piaget.”

  • “Un modelo mental es un concepto prestado de la psicología para sacar a la luz un mecanismo que la mente usa para explicar cómo funciona el mundo real. El concepto es muy simple: las personas nos hacemos una idea de cómo  funcionan  las  cosas,  nos  montamos  nuestra  propia  película  y creamos nuestros propios modelos a pequeña escala de los objetos con los que interactuamos. Ésta última idea la popularizó Donald Norman en su conocido libro “Psicología de los objetos cotidianos”. A pesar de que sigo creyendo que todo esto no es más que una reinterpretación de las ideas de Platón, la noción de modelo mental como una serie de creencias sobre cómo funciona un sistema es algo que repercute mucho en la usabilidad de éste,   puesto que las personas   interactuamos con   estos sistemas basándonos en nuestras creencias sobre los mismos. ¿Cómo identificamos el modelo mental que tenemos? Este es uno de los temas claves en la definición de los modelos mentales ya que no solemos tener conciencia de nuestros MM o los efectos que generan en nuestros comportamientos y relaciones. Si a una persona le preguntamos cuál es su MM, probablemente le cueste encontrar la respuesta o simplemente no responda. El lector de este artículo puede hacer la prueba de buscar responder a la pregunta de cuál es su modelo mental y procurar escribirlo. Probable y casi seguramente se encontrará sin poder definirlo claramente”.

Sin duda se trata de definiciones necesarias conocer para un adecuado acercamiento al significado de esta dimensión humana. La importancia radica en que en definitiva el modelo mental viene a ser el filtro que usamos para relacionarnos y crear nuestra realidad desde lo que somos.

Respecto a poder identificar el modelo mental de uno y/o de otros, claramente es algo difícil de lograr ya que habría que entrar en lo profundo interno de la persona, cuestión que aún a los sicólogos les cuesta mucho. Aun así, hace un tiempo atrás diseñe una forma de focalización de modelo mental que se aplica mediante encuestas y que, pese a lo simple que es, brinda un par de pautas indicativas básicas del modelo mental de las personas, según pude comprobar aplicando esta técnica  en   varios grupos   de   personas. Los   resultados   obtenidos de   las aplicaciones llevadas a cabo, sin ser espectaculares, sí me atrevo a decir que resultan bastante útiles de conocimiento orientativo, por ejemplo para tener una visión previa para determinar roles en la conformación de equipos de trabajo o para  observar  brechas  comunicacionales  en  un  grupo  de  trabajo,  y  otros propósitos asociados al relacionamiento e interacción de personas que actúan en equipo.

II. Modelo mental y comunicación conversacional

Por modelo mental entendemos los principales, valores, creencias, paradigmas y emocionalidad que tiene como patrón interno cada uno, producto de su historia personal (infancia) sumado a la experiencia vivencial que ha tenido desde que dejó de ser niño, que viene a ser un todo que determina o dibuja la forma de percibir, interpretar y reaccionar frente a lo que nos ocurre en la red relacional en la cual nos desenvolvemos con los demás.

Es así como todas las personas tienen un modelo mental desde el cual se relacionan, interactúan aman, odian, padecen y todo lo demás con otros. Según el grado de conocimiento individual que tiene cada uno de sí mismo, se llega a comprender y en qué medida sus propias reacciones. Algunos más, otros menos y hay quienes nada realmente.

Se  puede  decir  que  un  modelo  mental  es  un  mecanismo  del  pensamiento mediante el cual un ser humano intenta explicar cómo funciona el mundo real. Es un tipo de símbolo interno o representación de la realidad externa hipotética, que juega un papel importante en la cognición o sistema de conocimientos.

También podemos decir que los modelos mentales son imágenes, supuestos o presunciones que tenemos hondamente arraigados en la conciencia, algunos de tipo inamovibles y otros movibles donde, a mi parecer, la red social virtual mundial está acelerando mayor movilidad en ciertas creencias, producto de la variedad y diversidad de opiniones que podemos conocer y que nos llevan a reflexionar en una intensidad que antes no habituábamos: esta conectividad sí ejerce efecto en las percepciones, pensar que no, se me hace bien difícil.

Las personas nos formamos una idea de cómo son y cómo funcionan las cosas cuando interactuamos con estas. No se trata de una imagen exacta de la realidad, tan sólo es una idea imprecisa que nos ayuda a comprender desde nuestro filtro mental interpretativo. De ahí entonces, que al asociar la idea de cómo funcionan las  cosas  con  el  filtro  mental  interpretativo  que  tenemos,  llegamos  a  que  la realidad no está  predeterminada sino que cada uno la construye desde el modelo mental que tiene (ver esquema en anexo).

Ahora,  en  la  óptica  modelo  mental–comunicación,  tenemos  que  los  seres humanos nos relacionamos e interactuamos a través de la comunicación, principalmente conversacional, entonces se puede decir que para ser efectivos en la comunicación, que es lo que todos desean o deberían desear, es necesario empezar a ejercitar la auto-observación para empezar a conocer su propio modelo mental.

No  en  términos  científicos-psicológicos  rigurosos  ya  que  los  no  especialistas (como es mi caso) de seguro nos perderíamos en esa complejidad, además la idea no es conocimiento en sí, sino que conocimiento básicamente focalizado en intentar obtener una idea de lo siguiente: cómo es mi modelo mental (no como algo aislado sino que respecto a otros) y en qué medida está condicionando o quizá distorsionando la forma en que interpreto lo que escucho.

Dicho de otra forma, en qué medida o cómo mis creencias y valores personales van filtrando y dibujando lo que estoy escuchando y al final moldean mi forma de percibir y juzgar lo que escucho de las personas que hablan.

Si se logra avanzar en esto, ya se tiene cierta base para intentar formarse una impresión sobre el modelo mental de la persona con quién está hablando y cómo puede condicionar lo que dice, su capacidad de escucha y lo que está interpretando las palabras de uno. No suena nada de fácil, por decir lo menos, ya que en buenas cuentas lo que se está sugiriendo es mirarse a sí mismo desde cierta distancia y mirar a los demás intentado “escanear” el modelo mental propio y de otros.

Definitivamente no es algo simple. Pero nada es simple en el terreno de los procesos mentales, es un asunto complejo del cual aún estamos lejos de poder comprender, como  ya se   ha   mencionado varias veces. Según entiendo, actualmente se conoce menos del 30% del funcionamiento del cerebro humano y la nada misma de su relación con la mente, de manera que tenemos harto camino aun por recorrer.

De manera que, mientras tanto, todo lo relacionado a modelo mental y procesos mentales humanos mejor hablar sobre esto desde una posición humilde a través de opiniones y reflexiones y no afirmaciones. Pero ello no quita que se trata de una dimensión humana, nuestra, que debemos mantener una atención activa a partir de uno mismo para reflexionar sobre los demás.

III. Caracterización del modelo mental de las personas

Como punto de partida diría lo siguiente tomando cuestiones ya dichas: la arquitectura constructiva de modelo mental de cada persona en particular, reposa en los valores gruesos o esenciales y creencias que tiene en cuestiones de tipo ético, moral, emocional, social, y que son producto de la cultura heredada más la propia experiencia vivencial, y desde eso es lo que se manifiesta o exterioriza a través de las actitudes y conductas de la vida diaria.

Y es desde esa construcción mental  -que como se ha señalado viene a ser un tipo de “filtro” mental que opera más inconsciente que consciente en tanto no se tiene un manejo que uno podría direccionar a gusto y gana-  las personas juzgan e interpretan la conducta y actitud propia y de los demás, que cada uno percibe de manera particular respecto a lo que ocurre en cada acontecimiento de relacionamiento e interacción humana que participa u observa.

La caracterización de modelo mental que se me ocurrió elaborar y que se presenta más abajo, se debe leer en términos absolutamente referenciales y tiene un par de salvedades que es necesario señalar:

  • Primero, notoriamente escasea de rigor conceptual ya que no son pocos los términos usados no explicados como correspondería o se debería hacer, amparándome en que se trata de un escrito práctico no teórico,
  • segundo,  se  basa  en  observaciones  personales  de  diversas  personas desde un nivel de abstracción que hasta para mi resulta enredado, pero igual intento indicar de manera lo más entendible posible lo que he observado o mejor dicho  creo haber visto  en  el modelo mental de  las personas a partir de sus comportamientos,
  • tercero, señalo básicamente la interpretación que doy a lo que denomino “malla mental relacional manejable” y “laberinto mental de difícil manejo o hasta  inmanejable”  ya  que,  como  son  de  ocurrencia  propia,  me  veo obligado a decir que entiendo por esos términos que suenan hasta medio raros y no podría decir cómo se me ocurrieron.
  • Por último, esta caracterización, en realidad tiene el propósito de acercar al lector a la herramienta de identificación de modelo mental que se presenta más abajo: ojalá lo logre y no termine enredando más las cosas. Bueno, finalmente atreviéndose uno puede seguir aprendiendo y mejorar lo que piensa.

Modelo mental de las personas según los valores y creencias que tienen:

a). “Malla mental relacional manejable”: sería una construcción que existe en la menta de las personas hecha sobre los valores esenciales y experiencias acumuladas, que viene a ser una malla relacional donde se cruzan creencias de tipo ético, moral, social, emocional, y estas se constituyen en sus principios valóricos,  algunos  fuertes  otros  débiles,  es  decir,  las  personas  son  una composición de valores rígidos y flexibles. Respecto a la incidencia relacional causa-efecto de ese cruce de valores y creencias, en este momento ni siquiera intentaría hacer esto ya que se trata de un modelamiento bastante complejo.

Entonces esta primera caracterización se define como  manejable en situación cuando las personas conducen su actuar sabiendo y no no-sabiendo los principios que tienen. Aunque claro nadie tiene una lista detallada de los mismos, igual se puede decir que hay manejo de estos cuando, por ejemplo, la persona incurre conscientemente en alguna “distracción” moral o ética, cuestión bien común hoy en día en el actual mundo de negocios, por eso en forma de broma en lugar de decir de alguien que es un sinvergüenza se dice “tiene moral distraída”.

En situación de “malla mental relacional manejable”, la persona, dicho en forma figurativa, tiene más menos una idea de “la puerta de entrada y de salida” de lo que hace, por lo mismo, cuando decide determinado comportamiento no acorde a lo que cree y dice ser, no sufre de mayor complicación o conflicto metal destacable ni menos traumático en la relación principios valóricos y actuar particular: se logra sostener mentalmente, aunque sea en forma engañosa, en lo que dice ser y lo que hace. Y cuando su comportamiento está acorde o se sostiene coherentemente con sus valores, obviamente, se siente tranquilo.

b). “Laberinto mental de difícil manejo o hasta inmanejable”: cuando existe, existe como parte de la malla mental relacional, es decir, coexiste en esta, no podría ser de otra forma ya que cuando opera, funciona con los mismos valores y creencias del portador.

Se  forma  en  personas  que  tienen  valores  bastante  más  rígidos  que  flexibles cuando alguno o varios de sus valores se conflictúa con lo que desearía hacer o lo que está haciendo él y/u otros. Entonces en su relación consigo mismo y los demás queda muy poco espacio de comprensión del actuar propio y/o de otros (en situación cuando lo que ocurre contradice o no se sostiene con alguno de sus principios) y al no haber comprensión tampoco hay manejo emocional situacional solo desosiego y conflicto interno, donde la rigidez mental misma impide que haya “puerta de entrada y de salida”, lo que termina siendo un estado de laberinto mental de difícil manejo hasta inmanejable no logrando comprender el portador por qué ocurre lo que ocurre. Viene a ser un estado de confusión mental.

En otras palabras, es un modelo mental problemático de entender y conflictivo de manejar para el mismo y para los demás que llegan a percibirlo, en realidad muchas veces resulta inentendible para todos ya que no hay puntos lógicos para comprender racionalmente la interpretación mental “confabulada” que la persona hace de los hechos y que al final deriva en actuar absurdo o irracional, desde lo que mayormente se entiende por racional.

Pienso que todos portamos en parte una malla mental relacional manejable y en parte un laberinto mental de difícil manejo o hasta inmanejable, la cuestión es: qué tanto del uno y del otro expulsamos en nuestra actitud y conducta regular.

El laberinto mental es problemático para las personas, pero solo o recién cuando se dan cuenta de su existencia, caso contrario, cuando no tienen consciencia que tienen esto, el desosiego mental es la “normalidad”. Y hay muchísimas personas que viven “tranquilas” portando espesos conflictos internos: recurren a sicólogos, psiquiatras, fármacos, alcohol, drogas o se sostienen así sin nada externo.

Ahora, cómo se produce este laberinto, las causas pueden ser muy diversas y claramente es materia de investigación especializada, pero intentando hacer una identificación  media  global,  diría  que  la  fuente  primaria  está  en  la  infancia temprana desde el amor o afecto que recibió o no recibió de la figura madre y padre, relación que entra a configurar la emocionalidad que tendrá la persona: de estabilidad o relativa al menos cuando recibió amor y cuando no recibió o recibió escaso amor, de inestabilidad o confusión, y peor cuando recibió maltrato físico o abuso sexual de su familia cercana, abriendo esta última situación un espacio de laberinto mental que llega a ser denso y muy complejo.

Luego en la juventud temprana o avanzada, un factor que genera este laberinto, entre otros varios en todo caso, estaría en la emocionalidad que se construyo desde la relación afectiva primaria que recibió y su real orientación sexual, de nacimiento o que se gestó en la infancia.

Nos  vamos  a  referir brevemente  al  segundo  aspecto, a  la  sexualidad  de  las personas, lo que no implica que la emocionalidad u otros factores sean de menor relevancia.

Tenemos que la cultura heredada indica que la normalidad sexual de las personas está en la heterosexualidad, pero resulta que la bisexualidad y la homosexualidad en hombres y mujeres es algo bastante más extendido de lo que se cree, pero no solo eso sino que además está el hecho que los matices de gustos y fantasías tanto del homosexual como del bisexual son altamente variados e inventivos, por decir lo menos, hasta directamente enfermizos bajo cualquier punto de vista razonablemente equilibrado.

Desde esa mirada, tenemos que el laberinto se nutre por dos estados socialmente catalogados como “anormales”: por el gusto hacia el mismo sexo y por el matiz o característica del tipo de gusto de relación sexual con el mismo género.

En este punto se podría decir que esta condición sexual se bifurca hacia dos lados, que obviamente parten de lo mismo pero que se diferencian por el efecto o impacto que produce en la generación del laberinto mental en la persona.

El primer aspecto o lado, estaría en ser homosexual o bisexual que tiene sexo con su mismo género: es una situación cada vez menos problemática para la persona ya que actualmente la sociedad tiende a ser cada vez menos discriminatoria con la homosexualidad.

De manera que razonablemente se puede pensar que con esto se va debilitando este factor de laberinto mental en estas personas, en el sentido que la categorización de anormalidad deja de ser tal o pierde fuerza y la condición de gusto por el mismo sexo es cada vez más aceptada socialmente como normal.

Incluso desde hace rato hay ciertos cargos o funciones laborales donde las empresas prefieren hombres homosexuales por ser más detallistas y no tienen las complicaciones de la mujer. También es llamativo lo que está ocurriendo con la juventud en Chile: muchas chicas sin ser lesbianas tienen relaciones con otras chicas solo porque es como una moda. Todo esto es parte creciente de la cultura social aceptada. Por eso, para muchos, la homosexualidad ya no es motivo de laberinto mental. Al menos no denso como antes.

El segundo aspecto u otro lado, estaría en el matiz o tipo de gusto sexual en la relación homosexual. Aquí el asunto se coloca más complicado y complejo, a partir de que los gustos son tan variados, desde sorprendentes y raros hasta patológicos, donde los participantes o “disfrutantes” (bisexuales y homosexuales) viven en una línea donde nadie tiene claro qué es “normal” y qué es “anormal”, cuestión que ocurre, entre otras cosas, debido a que el gusto por experimentar nuevas vivencias sexuales hace que lo que en un momento era “anormal” para la persona, luego de probarlo y disfrutarlo pasa a ser “normal”.

Pero ello no significa que no haya impacto en lo que piensa de sí mismo, en su modelo mental. De manera que en la línea matices del gusto sexual, se puede decir que se vive en un submundo sin códigos de conducta de que agarrarse en cuanto aceptación mental.

Para las personas que sus gustos homosexuales no son demasiado estrambóticos o extravagantes, en lo que están participando o lo que hacen sexualmente con su mismo género, no tiene mayor impacto mental sobre lo que piensan de sí mismo ya que están en la línea de lo cada vez más aceptable socialmente.

Pero las personas que tienen gustos complicados o fantasías sexuales con su mismo género demasiado extravagantes, independiente si las practiquen o no, resulta que viven en una profunda “clandestinidad” sexual emocional, acumulando descontento personal, sentido de culpa, complejos, frustración, hasta rabia y odio hacia sí mismo.

Eso por la fantasía sexual o lo que hacen o no hacen pero desean con igual género. Se podría decir que se trata de personas que viven una vida social familiar dentro de lo que culturalmente se tipifica como normal, pero que tienen gustos homosexuales no “estándares” sino que de tipo más extraños y complejos para ellos mismos y para la sociedad (castigados, reprimidos o no), cuando ese gusto choca con valores morales-culturales muy cimentados, esa confrontación interna configura en la mente un laberinto denso y complicado de sostener. En estos casos, el matiz del gusto es fuerte generador de laberinto mental en las personas.

En otro ámbito, para terminar con esto del laberinto mental y que no quede solo referido a la cuestión sexual, mencionaría muy brevemente algo que se produce en situación laboral profesional. Resulta que cuando la persona trabaja en una actividad que está por debajo de las capacidades que él cree tener, sin importar si es o no efectivamente así, se produce una situación que se puede convertir en un fuerte sentimiento de frustración personal que se va acumulando.

Algunas personas logran manejar esta situación vía diversas maneras, sin que se llegue a constituir en ellos un foco de frustración acumulativa, pero cuando esto no se logra, entonces ahí se configura un laberinto mental de difícil manejo o hasta inmanejable muchas veces, no obstante se tiene claro el origen mismo.

Hay muchos elementos más que se podrían identificar como gestores de laberinto mental, de hecho creo que la lista sería harto extensa, pero con lo dicho parece ser suficientemente ilustrativo para entender a que se refiere esta denominación.

En lo que sigue pasamos a ver una tipificación general de modelo mental de las personas usando la categoría inventada de malla mental referida al inicio.

IV. Tipificación de modelo mental en las personas

La tipificación de modelo mental que se expone, que no pretende tener validez general y no tiene nada de completa ni exhaustiva, está elaborada instrumentalmente en función a la técnica para identificar el modelo mental que se incluye en punto siguiente.

Cabe señalar que se caracterizan cuatro tipos de modelos mentales, solo que en la forma de mirar el modelo mental que se dibuja más abajo se usan tres. No se trata de un error, sino que creo que con esos tres niveles se simplifica el asunto.

  • Hay personas con valores y creencias amplias y claras para ellos que, por ejemplo no se complican con temas como el aborto, divorcio, homosexualidad, religión, etc. que a pesar de tener una posición claramente definida y diversa de muchos y no compartida con otros, pueden sin problema relacionarse con quienes tienen una postura diferente. Estas personas son las que denomino portan una “malla mental relacional manejable” en el sentido que sus valores y creencias mayormente se condice con su conducta emocional social (quién digo ser vs cómo actúo conmigo y con los demás), en ese sentido no tienen conflicto interno, y se relacionan  sin  drama  ni  molestia  con  la  diversidad  y  diferencias  de conductas y valores de otros. Conversacionalmente se manejan más con opiniones y menos con afirmaciones y tienen capacidad de escucha.
  • Hay personas con valores y creencias claras para ellos que están puestas entre carriles medio rígidos, no muy flexibles, de manera que no se relacionan tan llevaderamente con personas de mente amplia y sí con cierto grado de dificulta cuando son demasiado amplios, mientras que con los más estrechos de mente se relacionan más fácil en forma entre paternalista y benevolente hasta con sentimiento de cierta superioridad. Estas personas también  portan  una  “malla  mental  relacional  manejable”  en  tanto  sus valores y principios mayormente se condice con su conducta emocional social y en ese sentido no tienen conflicto interno. Conversacionalmente se manejan menos con opiniones y un poco más con afirmaciones y tienen mediana capacidad de escucha.
  • Hay  personas  con  valores  y  creencias  clara  para  ellos,  puestas  entre carriles bastante más rígidos muy poco flexibles, de manera que se relacionan en forma difícil con personas de menta amplia, más difícil aún cuando son demasiado amplios, mientras que con los más estrechos de mente se relacionan con aceptación ya que finalmente son similares. Estas personas, aunque portan una “malla mental relacional manejable” en tanto sus valores y creencias mayormente se condice con su conducta emocional social, en ese sentido no tienen mayor conflicto interno, pero sí son susceptibles o pueden caer en “laberintos mentales” cuando se enfrentan a situaciones con personas que tienen principios valóricos bastante distantes de él, pero que por diversas razones personales no son capaces o no pueden llegar y rechazar pese a que por sus principios desearían poder hacerlo: esa contradicción con sus principios los hace manejarse con la situación en términos de “laberinto mental”. Conversacionalmente se manejan escasamente con opiniones y mayormente con afirmaciones y tienen baja o muy baja capacidad de escucha.
  • Finalmente, hay personas con valores y creencias confusas para ellos (aunque  no  siempre  lo  admitan)  puestas  entre  carriles  rígidos  casi inflexibles, de manera que se relacionan en forma muy complicada o dificultosa con personas de mente amplia y de rechazo con los demasiado amplios, mientras que con los más estrechos de mente se relacionan con aceptación ya que en definitiva vienen siendo como homólogos. Estas personas portan una “malla mental relacional de manejo difícil” debido a que sus valores y creencias no se condice con muchas actuaciones de su conducta emocional social, tienen conflicto interno que puede llegar a ser denso, por lo mismo su proceso mental relacional consigo mismo y con los demás danza en un “laberinto mental de difícil manejo o inmanejable” en tanto no logran comprender por qué ocurre lo que ocurre y no tienen herramientas para poder entender. Conversacionalmente se manejan básicamente con afirmaciones y tienen mínima o nula capacidad de escucha.

Por último, esto de modelo mental se trata de un aspecto clave para la comprensión de la relación e interacción que ocurre entre las personas que no se debería dejar de lado solo porque es una cuestión humana complicada.

Muchas cosas complejas es posible acceder a cierto conocimiento buscando la lógica básica de funcionamiento y en el caso de modelo mental, pienso que se encuentra en lo que hemos estado diciendo sobre cómo se construye en uno.

De manera que con lo expuesto, creo que tenemos suficientes elementos de conocimiento básico para empezar a ocuparnos de nuestro modelo mental, no como una cuestión aislada o tema en sí, sino que desde la perspectiva del efecto que tiene en las relaciones que establecemos a través de la comunicación conversacional, en definitiva, para interpretar lo mejor posible el sentido no dicho de lo que uno escucha cuando se dialoga con otros.

Se podrían indicar una infinidad de razones más argumentando la relevancia que tiene no solo tratar de conocer el modelo mental de uno sino que además sentir atractivo por ello, pero me parece que con todo lo dicho queda claro. Al menos así me parece.

En conclusión: necesitamos entonces hacer un esfuerzo dirigido a identificar el modelo mental propio y sabemos que es una cuestión compleja ya que no es llegar y mirar algo que no entendemos o sabemos tan poco o la nada mismo de cómo funciona en su integridad.

Perspectiva de mirada del modelo mental de uno respecto al de otros

Perspectiva de mirada del modelo mental de uno respecto al de otros
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Torres Dujisin Jaime. (2013, febrero 6). Un modelo mental para el auto conocimiento. Recuperado de http://www.gestiopolis.com/un-modelo-mental-para-el-auto-conocimiento/
Torres Dujisin, Jaime. "Un modelo mental para el auto conocimiento". GestioPolis. 6 febrero 2013. Web. <http://www.gestiopolis.com/un-modelo-mental-para-el-auto-conocimiento/>.
Torres Dujisin, Jaime. "Un modelo mental para el auto conocimiento". GestioPolis. febrero 6, 2013. Consultado el 9 de Diciembre de 2016. http://www.gestiopolis.com/un-modelo-mental-para-el-auto-conocimiento/.
Torres Dujisin, Jaime. Un modelo mental para el auto conocimiento [en línea]. <http://www.gestiopolis.com/un-modelo-mental-para-el-auto-conocimiento/> [Citado el 9 de Diciembre de 2016].
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