Resumen
Este trabajo surge como reflexión teórico luego de varios congresos y
seminarios en donde se trato el tema de la integración tanto como
pensamiento, realidad y desafío, es así que me propuse realizar un
mirada sucinta a la doctrina del americanismo, estudiando su vínculo
histórico-filosófico en su primer ciclo de gestión, a saber aquél que
germina en los orígenes de la idea de una integración continental como
antecedente espiritual del MERCOSUR; abordando los textos
integracionistas de los clásicos como San Martín, Bolívar, Monteagudo,
Sarmiento, entre otros. Analizando además lo que se gesto en el acuerdo
político de 1991, año en que entra en vigencia formalmente el Mercado
Común del Sur, integrado por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Y
finalmente describir los desafíos a los que hoy nos enfrentamos en este
proceso de integración, a partir de la “Iniciativa para las Américas”
planteando el proyecto del ALCA como un escalón más en el proceso de
integración americana.
Palabras claves: integración economica; integración cultural;
pensamiento latinoamericano; Mercosur; historia de las ideas; política;
economía; historia latinoamericana; bloques economicos; ALCA;
Monteagudo; Simon Bolivar; Protocolos;
I. Introducción
Nadie pone en duda que, en el actual marco de las relaciones
internacionales, existe una tendencia mundial hacia la globalización y
la integración regional. A pesar de que a primera vista ambos conceptos
parezcan contradictorios en la medida (en que puedan considerarse
excluyentes) lo cierto es que, en el nivel de la realidad económica y
política, son tendencias y formas de organización complementarias[1].
Paralelamente a la tendencia globalizadora[2] se está presentando un
proceso de conformación de bloques de integración concebidos como
instrumento de consolidación de posiciones en el marco de las relaciones
internacionales de principios del siglo XXI y como estrategia para
lograr una mejor posición en la competencia por el mercado mundial. Esta
nueva situación, consolidada en los últimos años, se traduce en la
creación de Convenios Internacionales, con objetivos estrictamente
comerciales y diferentes alcances, pero cuyo propósito común es, en
términos generales, permitir mejores condiciones económicas para un
adecuado desarrollo comercial de los países que lo suscriben.
Hoy en día, debido al desarrollo mismo del sistema capitalista, la
economía mundial ha trascendido los esquemas tradicionales basados en el
intercambio comercial entre naciones, dando paso a un nuevo esquema de
comercio a escala planetaria en donde los verdaderos actores económicos,
las empresas multinacionales, desplazan su poder de inversión a aquellos
ámbitos económicos más favorables que les permitan mejores condiciones
de seguridad y competencia, independientemente de su vinculación
nacional.
Los países europeos desde los años cincuenta y los latinoamericanos una
década más tarde, fueron desarrollando esquemas integracionistas donde
lo económico era el núcleo fundamental, pero no único. El modelo europeo
de integración, con una primera unión aduanera y mercado común, fue
seguido por algunos países latinoamericanos tras años de diferentes
esquemas, entre el panamericanismo de la OEA, el bolivarismo de la
izquierda revolucionaria y el monetarismo de la Asociación
Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC).
Lo importante es preguntarse la "integración para qué" o "integración
para quién" este debe ser el punto de partida y el eje alrededor del
cuál debe girar todo el proceso integrativo. La integración no es un fin
en sí mismo. Es un instrumento para el desarrollo integral de nuestros
pueblos, para el crecimiento económico, el desenvolvimiento social y el
adelanto cultural.
La integración económica latinoamericana no puede ser una integración
cerrada, volcada exclusivamente hacia adentro en función de autarquías
obsoletas. Ha de ser una integración abierta, competitiva y dinámica,
vinculada al comercio mundial, pensada para promover el intercambio
económico, comercial y financiero entre los grandes espacios económicos.
En definitiva, la integración se ha tomado como un "objetivo en sí
mismo" y no como un instrumento para el logro de los verdaderos
objetivos de los Estados de la región; esto es, la autonomía de
desempeño, la búsqueda de mecanismos que permitan a la región salir de
su estado de dependencia; la realización de proyectos conjuntos, la
coordinación de políticas; etc..
El "para quién" de la integración, es visto como proceso de
autonomización. Si vemos a la integración como un objetivo en sí mismo,
como un mero proceso desarrollista y comercialista, pero dentro de las
mismas pautas establecidas por la división internacional de la economía,
es probable que aumentemos el intercambio comercial intrarregional,
estamos también ampliando el mercado para aquellos que "controlan" a la
región, sea en forma directa, o a través de subsidiarias de empresas
multinacionales o transnacionales o de la banca privada
transnacionalizada que opera en la región. Un sistema de integración
como el vigente en Latinoamérica, en el que las pautas y mecanismos
establecidos están insertos dentro del esquema de la división
internacional del trabajo y de la economía, continúa manteniendo a la
región en una relación de dependencia en vez de contribuir a la
autonomía.
Dentro de este modelo se inscribe, el MERCOSUR, ya que los procesos
industriales vigentes son más competitivos que complementarios; giran
alrededor del intercambio comercial especialmente, y no hay objetivos
comunes de desarrollo industrial o tecnológico, como los encarados por
la Unión Europea desde sus comienzos.
Además, el "para quién" de la integración, está vinculado a una
problemática filosófico-política, en el sentido de que debe contemplar
el bien común, el bien del todo, y no de algunos sectores dominantes,
como los empresariales por ejemplo, particularmente si son
transnacionales.
El proceso integrativo debe ser para maximizar las capacidades de los
miembros de la región y no de aquellos que "penetran" en ella con
propósitos ajenos a los objetivos (en el caso de que existan)
regionales[3]. Entendiendo a la integración como el proceso mediante el
cual, dos o más actores forman un nuevo actor, siempre y cuando el
proceso se complete. Este proceso es dinámico, ya que los miembros
componentes del nuevo actor producen acciones y se interrelacionan entre
sí y a la vez, en conjunto, con actores externos.
El concepto de integración no es ni determinado, ni claro, ni inmutable.
Se modifica en función de las distintas situaciones y de los diversos
momentos. Su aplicación supone siempre un cambio, una metamorfosis, que
lleva a nuevas formas y estructuras, a nuevos sistemas institucionales,
políticos, sociales y económicos.
Es pues imposible dar una definición definitiva de este concepto. Lo que
sí puede decirse, es que el concepto actual de integración en
Latinoamérica está determinado por la complejidad, diversidad, y
diferencia de forma, de los actuales procesos que existen.
La conclusión es que la única forma de promover la Integración
Latinoamericana, es reconocer la base cultural, histórica, lingüística e
ideológica común, dándole una proyección económica y social. Promoviendo
la convergencia y la aplicación de los procesos actuales, sin excluir el
objetivo político final.
Su evolución y su éxito es lo que puede permitir, a través de su
convergencia, una integración económica latinoamericana abierta e
interrelacionada con otros procesos de integración.
A.- Pensamiento Integracionista
La reflexión americana es inherentemente axiológica, crítica e
histórica, según el enfoque de Arturo Andrés Roig. El célebre
historiador estima que es un rasgo constitutivo del pensar americano su
pretensión de normatividad. Esta crítica sólo en un aspecto limitado es
de carácter epistemológico. Junto a la dimensión lógica y formal, la
conciencia crítica americana alcanza además un plano estrictamente
antropológico. La faz antropológica es inmanente al carácter práctico
del pensamiento reflexivo americano.
Así, el pensamiento latinoamericano, concebido como una antropología
filosófica crítica de espíritu humanista, se autocomprende como
orientación intelectual, ética y política de un colectivo social[4].
La teoría latinoamericana constituye así la autocomprensión
antropológico-filosófica de un sujeto histórico en vistas al
establecimiento de un sistema axiológico de liberación. Ahora bien, esta
fundamentación gnoseológica es sólo la primera parte de la estrategia
argumentativa de Roig en su fundamentación del concepto de “pensamiento
latinoamericano”. La segunda parte consiste en establecer los principios
metodológicos atinentes a esta teoría humanista latinoamericana dentro
del campo de investigación de las humanidades. En efecto, en este punto
Roig considera el estatuto metódico que cabe adjudicar a la comúnmente
llamada “historia de las ideas”. La apropiación histórico-intelectual de
la tradición legada debe considerarse como el proceder metodológico
sistemático de la autorreflexión antropológicamente interesada en el
sujeto que nos proponemos ser. La “historia de las ideas”, piensa Roig,
es más que mera exposición narrativa de conceptos y sistemas; comprende
además lo político (junto con la literatura y los saberes populares) en
lo que comporta de concepción del mundo y de la vida. En la historia de
las ideas, el pensamiento latinoamericano va al encuentro del pasado
para cincelar su material temático y proyectarlo en sentido libertador a
un futuro emancipado, a saber, el de una América libre, justa y
soberana. En síntesis: la historiografía intelectual es inescindible del
pensamiento americanista. Dice Roig: “En efecto, la afirmación del
sujeto, que conlleva una respuesta antropológica y a la vez una
comprensión de lo histórico y de la historicidad, no requiere
necesariamente la forma del discurso filosófico tradicional ... De esta
manera, una teoría y crítica del pensamiento latinoamericano no puede
prescindir del quehacer historiográfico relativo a ese mismo
pensamiento. La historia de las ideas, como también la filosofía de la
historia que supone, forman de este modo parte del quehacer del sujeto
latinoamericano en cuanto sujeto.”[5]
Por lo tanto la nación latinoamericana, como proyecto empeñosamente
reiterado desde la emancipación hasta el presente, sólo podría encontrar
su posibilidad real y su racionalidad histórica, en cada uno de los
recortados fragmentos del continente que, constituidos ya como naciones,
no podrían dejar de aportar a la comunidad latinoamericana el caudal de
cada irrenunciable memoria colectiva y de cada específica
autoconciencia.
No podemos comprender la utopía integral de “Nuestra América” si no se
dispone de una conceptuación atenta a las especificidades históricas de
sus Repúblicas independientes. Es decir que no se puede entender el
integracionismo continentalista desatendiendo el papel que en ellas
cumple el Estado nacional, puesto que sus sociedades civiles surgen en
el proceso de centralización del poder soberano a partir de las
emancipaciones independentistas. Los orígenes del americanismo
preexisten a la creación de los estados revolucionarios. Se ha dicho que
no puede parecer insólito que, atendiendo a la génesis y puntos de
partida de la conciencia nacional hispanoamericana, ésta la encontremos
profundamente arraigada en el concepto de que América forma parte
esencial de la unidad del imperio, y aún, de la unidad de la nación
española. De este modo, y contradiciendo la realidad de la colonización
económica, de la explotación social y de la coerción cultural, la
superestructura jurídica del imperio y sus instancias
ideológico-políticas se esforzaban por implantar el concepto de la
igualdad de todos los súbditos ante la Corona. Así, a través de esta
mediación ideológica el estado imperial intentaba difuminar los
regionalismos existentes, los nacionalismos nacientes y la explotación
de las diversas clases trabajadoras.
Se despliega en dicho proceso una dialéctica multipolar entre ciudad y
región, nación y clase, constitución y pueblo, unidad y federación,
hasta asumir una proyección continental. La idea de Nación aglutinó aquí
una heterogénea composición interna que encontró simbólicamente en el
“continente” su primer principio de unificación social. Según Soler, lo
que tiene lugar en el proceso independentista es la dialéctica de una
conciencia nacional que rebasa las propias determinaciones de clase de
los grupos criollos que la impulsaron originalmente. Así, el radicalismo
pequeño-burgués actuó “desde arriba” por medio de la organización de la
lucha armada de los ejércitos insurgentes, concentrando el poder
ejecutivo del aparato estatal y proyectándose ideológicamente hacia la
confederación hispanoamericana. Por ello es que desde las luchas
emancipatorias independentistas todos los grupos sociales reivindicaron
la soberanía como programa unificador común, pre-constitucional, en
torno a la idea de una Nación supra-regional. Y esta sobrevive como
conciencia programática proyectada desde el pasado. Como conclusión: el
sueño continental de la “Patria Grande” tiene su raíz histórica en los
idearios independentistas.
Asimismo, precisa Soler, son los principios demoradicales los que
orbitan en torno a la idea de la soberanía popular de las ciudadanías
americanas, puesto que los temas igualitarios, en el marco del
contractualismo de Rousseau, o de la Convención Nacional francesa, están
presentes a lo largo de todo el proceso independentista en sus distintas
vertientes regionales. Con las tareas concretas de la lucha de
liberación, y ante el imperativo de afirmar el poder estatal central, se
perfiló cada vez más la tendencia a supeditar toda consideración social
a la tarea de la organización de los Estados nacionales en forma
crecientemente dictatorial. En donde la vocación independentista para la
afirmación nacional, americana, continentalista, encontró su culminación
en los grandes caudillos de la independencia, San Martín y Bolívar (y su
común secretario, no siempre rescatado, Bernardo Monteagudo).
Textos Fundacionales
Ya los levantamientos tupacamaristas tuvieron un contenido
revolucionario y a la vez integracionista y unificador de los sectores
populares (indígenas, negros, mulatos y zambos, criollos pobres, bajo
clero) proyectados en sentido nacional y continental. Pero la soberanía
popular latinoamericana encuentra a partir de Bolívar su unidad
programática fundacional, que San Marín refrendaría en la praxis
concreta de sus campañas libertadoras. Efectivamente, Simón Bolívar
elabora un pensamiento político centrado en los valores de la Igualdad,
la Libertad, la Soberanía popular y la Independencia nacional. Su
voluntad de unificación hace que procure incorporar a su proyecto
nacional a las capas criollas acomodadas junto a la masiva incorporación
de los sectores populares que participaron de las guerras
independentistas, con el fin de superar el atomismo reinante tras la
emancipación de la colonia. La idea bolivariana de la integración
americana se concebía como una confraternidad de naciones y como
ampliación de la ciudadanía a los grupos étnicos y a las capas sociales
más postergadas.
Es con el artiguismo que se logró elaborar una concepción de la
democracia americanista de rasgos propios. Artigas reelabora las
doctrinas del contractualismo en su vertiente roussoniana y le imprime
un contenido novedoso proveniente de la cultura de la campaña y sus
sectores populares. La organización nacional proyectada por Artigas
obedecía a una construcción progresiva de individuo, comunidad y
federación. Así, la idea del contractualismo es redefinida sobre bases
comunitaristas demoradicales. Artigas era partidario del gobierno
republicano basado en el respeto a la autonomía de las provincias,
planteando la necesidad de establecer un contrato social, pero no en el
sentido del resguardo del libre goce de la propiedad privada individual,
sino como un contrato entre comunidades, estados o regiones, para la
salvaguarda de la independencia nacional. Esta tesis contiene ya una
concepción integracionista. Puede verse con esto que el pacto
fundacional federativo de Artigas, que Monteagudo proyectaría a nivel de
un Congreso Continental, está en la raíz histórico-política de la
emancipación americana.
En Bernardo Monteagudo encontramos una teoría contractualista finamente
acabada y un ideario de unión americanista programáticamente expuesto en
sus lineamientos fundamentales. En su Ensayo sobre la necesidad de una
Federación General de los Estados hispanoamericanos y plan de su
organización (1823), en donde Monteagudo escribía: “La independencia que
hemos adquirido es un acontecimiento que, cambiando nuestro modo de ser
y de existir en el universo, cancela todas las obligaciones que nos
había dictado el espíritu del siglo XV y nos señala las nuevas
relaciones en que vamos a entrar, los pactos de honor que debemos
contraer y los principios que es preciso seguir para establecer sobre
ellos el derecho público que rija en lo sucesivo los estados
independientes cuya federación es el objeto de este ensayo y el término
en que coinciden los deseos de orden y las esperanzas de libertad.”
“Entre tanto no debemos disimular –dirá Monteagudo más adelante- que
todas nuestras nuevas repúblicas en general y particularmente algunas de
ellas, experimentarían en la contienda inmensos peligros que ni hoy es
fácil prever, ni lo sería quizá entonces evitar, si faltase la
uniformidad de acción y voluntad que supone un convenio celebrado de
antemano y una asamblea que le amplíe o modifique según las
circunstancias.”[6]
Monteagudo tenía en mente dos grandes propósitos que guiaban su proyecto
de una liga confederada de naciones americanas: garantizar la
pacificación interna y consolidar la soberanía externa. Filosóficamente
lo orientaba la tradición del gran pensamiento político de la
modernidad: la salida contractualista del “estado de naturaleza”
representado por la amenaza de disgregación hobbesiana del cuerpo social
bajo la guerra civil, mediante un pacto fundamental. Una vez conquistado
el estado civil jurídico-político de cada nación, era necesario unificar
continentalmente la América con el fin de instaurar el estado de paz y
libertad para la liga confederada de los pueblos, y para hacer valer su
soberanía frente a los deseos expansionistas o restauracionistas
europeos. En vistas de estos objetivos Monteagudo escribía: “La paz
interna de la confederación quedará igualmente garantida desde que
exista una asamblea en que los intereses aislados de cada confederado se
examinen con el mismo celo e imparcialidad que los de la liga entera. No
hay sino un secreto para hacer sobrevivir las instituciones sociales a
las vicisitudes que las rodean; inspirar confianza y sostenerla. Las
leyes caen en el olvido y desaparecen los gobiernos luego que los
pueblos reflexionan que su confianza no es ya sino la teoría de sus
deseos. Más la reunión de los hombres más eminentes por su patriotismo y
luces, las relaciones directas que mantendrán con sus respectivas
gobiernos y los efectos benéficos de un sistema dirigido por aquella
asamblea, mantendrán la confianza que inspira la idea solemne de un
congreso convocado bajo los auspicios de la libertad, para formar una
liga a favor de ella.”[7]
Ahora bien, el pensamiento de Monteagudo fue siempre iluminista y
demoradical, y no dejó nunca de apoyarse en la filosofía rousseauniana,
sistema conceptual del cual deducía el principio de la soberanía popular
como fuente de legitimidad de la emancipación de la ciudadanía concebida
en términos iusnaturalistas. En la Oración inaugural pronunciada en la
apertura de la Sociedad Patriótica (13 de enero de 1812): “Yo tengo la
complacencia de esperar que la sociedad patriótica contraerá todos sus
esfuerzos a este objeto, considerándolo como una de sus primordiales
obligaciones: ella debe por medio de sus memorias y sesiones literarias
grabar en el corazón de todos esta sublime verdad que anunció la
filosofía desde el trono de la razón: la soberanía reside sólo en el
pueblo y la autoridad en las leyes: ella debe sostener que la voluntad
general es la única fuente de donde emana la sanción de éste y el poder
de los magistrados; debe demostrar que la majestad del pueblo es
imprescriptible, inalienable y esencial por su naturaleza; que cuando un
injusto usurpador la atropella y se lisonjea de empuñar un cetro que se
resiente de su violencia y ofrece a la vista de todos el proceso
abreviado de sus crímenes, no hace más que poner un precario entredicho
al ejercicio de aquella prerrogativa y paralizar la convención social
mientras dure la fuerza sin debilitar un punto los principios
constitutivos de la inmunidad civil que caracteriza y distingue los
derechos del pueblo.”[8]
Mas contemporáneamente, ya con el fin de la Guerra Fría, la revolución
tecnológica, informática e informativa, la aceleración de la
mundialización y la proliferación de tratados de libre comercio y de
bloques regionales, el mundo asiste ha algunas expresiones a los cuales
los países de Latinoamérica no pueden ni deben mantenerse al margen:
como por ejemplo, el llamado fin de la historia, sociedad de la
información, el pensamiento único y la integración regional.
Con la caída del muro de Berlín en 1989, observada con gran emoción por
la mayoría de los ciudadanos del mundo. Símbolo ominoso, el cual
posiblemente representó (tanto cuando dividió el mundo como cuando se
desmoronó), un de los hechos mas importantes de la segunda mitad del
Siglo XX. Antes de la caída del muro, el mundo estaba dividido entre el
comunismo y el capitalismo, y las políticas globales tenían sus metas
claras. Después de la caída del muro, nada lució tan claro, y los
líderes se empecinaron en hablar de un "nuevo orden mundial" que nunca
supieron explicar con claridad.
Los enemigos (racismo, discriminación, conflictos étnicos, crecimiento
demográfico, desempleo, delincuencia, corrupción, drogas, enfermedades,
hambrunas, problemas ambientales), que se vieron opacados durante años
por el "enemigo supremo", comenzaron uno a uno a resurgir a primer
plano. Los cerebros de los politólogos y analistas, no perdieron tiempo
en elaborar teorías sobre el mundo de la posguerra fría.
Es así que el norteamericano Francis Fukuyama presentó la teoría del
"Fin de la Historia", planteando que con el colapso del comunismo, todos
los grandes problemas de la historia del mundo se habían resuelto. Que
estábamos asistiendo al fin de todas las grandes disputas, y que por lo
tanto se había instalado un notable consenso respecto a la legitimidad
de la democracia liberal. Teoría desarrollada en su libro "El Fin de la
Historia y el Ultimo Hombre". Sus críticos decían, la historia es
imprevisible, ¿entonces por qué hablar de su fin? ¿porqué describir el
cambio de una clara bipolaridad a una difusa multipolaridad, en estos
términos históricos? Lo que ha muerto es el marxismo, no la historia.
El británico Paul Kennedy, padre de la teoría de la decadencia de los
imperios formulada en su libro "Auge y Decadencia de las Grandes
Potencias", consideró que el mundo se encamina hacia una fase en la que
habrá un reparto del Poder, con cuatro o cinco grandes potencias, sin un
líder hegemónico. Señaló que los Estados Unidos seguirá siendo un actor
principal en los asuntos mundiales, más debido a su poderío militar que
a su poder financiero. Que Japón seguirá evolucionando como una potencia
tecnológica. Y la Europa integrada será una gran potencia económica.
Asimismo estimó que China, con su rápido crecimiento económico, puede
pasar a convertirse en un país mucho mas influyente y poderoso.
El politólogo alemán Claus Leggewie, señala que las democracias
occidentales más antiguas, como las de Estados Unidos y Europa, se han
autocondenado a muerte. "Hay demasiados fenómenos que amenazan a la
democracia liberal: la corrupción y la violencia política no son los
menores". Desde una perspectiva histórica, "el liberalismo económico y
la democratización política, siempre iban de la mano. Al menos ese era
el modelo clásico en Europa y en los Estados unidos. Pero ahora uno
puede comprobar que la realidad no es tan mecánica".
Leggewie observa una escasa participación política en casi todo el
mundo. Cada vez más las personas se alejan del sistema, convirtiéndose
en analfabetos políticos. Mientras la economía es próspera, todos
defiende la democracia. Cuando ya nadie se ilusiona con el pleno empleo,
o cuando hay signo de que puede empeorar el nivel de vida, los líderes
dejan sola a la democracia. Pocos quieren seguir comprometidos con sus
valores, y terminan construyendo una democracia sin demócratas; es así
que Leggewie habla de una crisis en la democracia liberal. El
liberalismo, es una idea que se forjó para defender la autonomía y las
oportunidades del individuo, y que aseguró la libertad económica y la
democratización política, hoy carece de armas suficientes para resolver
los conflictos sociales y de integración, de sociedades multiétnicas, en
las que el pleno empleo ya es impensable.
Según Samuel Huntington, los conflictos mundiales estarán dados en la
lucha entre las diferentes civilizaciones: Occidental, Japonesa,
Confucionista, Islámica, Hindú, Eslava-Ortodoxa, Latinoamericana, y
posiblemente Africana. Las divisiones de Primer, Segundo y Tercer Mundo
ya no son relevantes. Los países deben ahora clasificarse en términos de
su civilización y cultura, y no en términos de sus sistemas políticos y
desarrollo económico.
Una civilización es una entidad cultural definida, desde un punto de
vista objetivo, por elementos comunes como lenguaje, historia, religión,
costumbres e instituciones. Y desde un punto de vista subjetivo, por la
autoidentificación de los pueblos. El mundo estará regido en gran
medida, por la interacción de las grandes civilizaciones, y los
conflictos más importantes del futuro ocurrirán entre ellas.
¿Por qué? En primer lugar (explica Huntington), porque las diferencias
entre las civilizaciones son básicas, producto de la historia de siglos,
y no desaparecen con facilidad. Son diferencias mucho más fundamentales
que las diferencias entre las ideologías y los regímenes políticos. En
segundo lugar, porque el mundo se está quedando chico, y la interacción
entre la gente está aumentando. Lo que significa una mayor toma de
conciencia de las diferencias entre cada una de ellas. Tercero, porque
el proceso de modernización económica, y el cambio social a lo largo del
mundo, están apartando a la gente de la vieja identidad local, al tiempo
que debilita a los estados-nación como fuente de identidad. En cuarto
lugar, porque el crecimiento de la conciencia de cada civilización
aumenta con un papel dual que juega occidente. Por un lado, occidente
está en la cúspide del poder, pero al mismo tiempo y tal vez como
resultado de ello, se produce una vuelta a las raíces en las
civilizaciones no occidentales.
Quinto, porque las características culturales son mucho más difíciles de
comprometer que las características políticas y económicas. En los
conflictos ideológicos y de clases, la pregunta clave era ¿de qué lado
estás?, y las personas podían escoger de que lado estaban, e incluso
cambiar de bando. En los conflictos entre civilizaciones la pregunta es
¿qué eres? y lo que uno es, es algo que evidentemente no se puede
cambiar. Finalmente, porque la importancia del regionalismo económico va
en aumento, y el mismo será exitoso cuando esté enraizado en una
civilización común.
B.- Realidad de integración
Como hemos dicha anteriormente, las ideas de unidad continental habían
germinado en la etapa emancipadora en el recinto de comunes creencias,
normas y objetivos. El idealismo anfictiónico bolivariano no
sustantivaba la formación de un único mercado compartido. Todo lo
contrario, sus esfuerzos estaban encaminados al plano superestructural .
Este proyecto vivirá su momento de apogeo en el Congreso de Panamá
(1826) y con avances y retrocesos caducará luego del fallido Congreso de
Lima (1864) y ulterior eslabonamiento de los diversos Estados del área
al mercado mundial. Extraviados en su balcanización, los Estados de la
Región deberán esperar mejores épocas para plantearse el tema de la
unidad. En 1941, se suscribirá el Tratado de Montevideo, que morirá
nonato y habrá que esperar a los años 50 para que las formulaciones de
unidad cobren nueva vigencia.
Uno de los proyectos de integración económica más serios se remonta a
1909, cuando un grupo de políticos y empresarios argentinos proponen la
creación de la Unión Aduanera del Sud.
Argentina, Brasil y Chile firmaron el 25 de mayo de 1915 en Buenos Aires
el Tratado de Cordial Inteligencia Política y Arbitraje.
Los parlamentos de Brasil y Chile aprobaron el Pacto, conocido como
Tratado del ABC y en 1916 el Congreso Argentino debatió este tratado, el
cual fue aprobado en el Senado pero la Cámara de Diputados lo rechazó.
Federico Pinedo retoma el tema de la Unión Aduanera del Sud e insiste en
la idea de que un mercado ampliado por la integración con países vecinos
puede favorecer el desarrollo de industrias de exportación, y lo
efectiviza en su presentación en favor de la Unión Aduanera de Sud
América del 26 de junio de 1931. Pinedo preconiza a favorecer la
integración de las economías de los países de América del Sur aunque la
mayor parte de las ideas de Pinedo en materia de comercio exterior no
fueron tomadas en consideración, de todos modos influyeron en los
acontecimientos posteriores.
El planteamiento integracionista resurgirá, a nivel mundial, en la
segunda postguerra. En donde Estados Unidos proveerá cooperación en ésta
dirección a Europa Occidental, con el objeto de contrarrestar el avance
soviético.
En el cuadro de guerra fría, de carácter bipolar ortodoxo, con una
profunda impermeabilidad inter-bloques y con una marcada asimetría
intra-bloque (relación subordinada de los miembros vis a vis la potencia
hegemónica), la URSS no constituía una amenaza para el hemisferio
americano, en razón de los acuerdos internacionales vigentes.
La Argentina de la segunda postguerra padecía (desde hacía casi un
cuarto de siglo), de una degradación de su personalidad política
internacional. El cuadro de posibilidades en el cual debe insertarse se
estrecha por el debilitamiento de la relación con el Reino Unido
(comenzó su declinación en la primera postguerra) y por la agudización
en los 40 del habitual “antinorteamericanismo” argentino. Persuadida
cierta elite de que el país había perdido el rol de influyente regional
que el Reino Unido le había atribuido, a través del vínculo
societario[9] que se prolongó desde 1880 a 1930, especuló con el
desencadenamiento de un tercer conflicto bélico mundial que acelerase la
industrialización argentina y reorientase la producción del país hacia
un mercado latinoamericano autosuficiente en el que la Argentina
desempeñase el papel de proveedor de bienes manufacturados.
La política exterior del gobierno peronista utilizó diversos cursos de
acción para lograr su objetivo de acrecentar el poder de Sudamérica bajo
liderazgo argentino. Los medios de que se vale, técnicos y políticos de
acuerdo con su programa de integración, son la búsqueda de la unión
aduanera, la coordinación de las relaciones exteriores, la solidaridad
en el ámbito de los derechos económicos y sociales y en el ámbito de las
relaciones bilaterales.
El punto de partida es la inteligencia brasileño-argentina en vísperas
de las elecciones que llevarán a Vargas, nuevamente, a la primera
magistratura de su país en 1950.
El gobierno peronista, intentará llevar a cabo una política de
integración, en un primer momento, en base a un acuerdo con el varguismo
y más tarde, atento a la reticencia y rechazo brasileño, mediante la
denominada unión económica con otros Estados sudamericanos.
El tráfico mercantil de extranjería había estado orientado,
principalmente, hacia Europa y Estados Unidos. La unión aduanera se
acordará con Chile, Paraguay, Ecuador y Bolivia, estados de un menor
grado de desenvolvimiento económico, con el propósito de reorientar el
comercio hacia Sudamérica. Perón expresará: “América del Sur desea
unirse, tal como lo permiten los estatutos de ONU y de OEA y tal como se
están organizando, con rótulos y realidades progresivas, los Estados de
Centro América y los Estados de Europa Occidental...”.
El gobierno argentino, consciente de su debilidad para enfrentar a la
potencia rectora, tratará de acumular poder para resistir sus
penalidades positivas y negativas. Durante este período bregara, en
forma infructuosa, por derivar todo conflicto regional al ámbito de
Naciones Unidas para neutralizar la hegemonía de los Estados Unidos; por
erigir un único mercado a través de la racional complementación de las
economías sudamericanas; por defender los principios de no intervención
y de libre determinación; por el desarrollo programado de la región, en
contraste con las ideas de desarrollo espontáneo que propiciaba el
establishment de Estado Unidos; por la estabilización de los precios de
las materias primas para financiar la industrialización de los Estados
del área; por la democratización de la comunidad internacional
(criticará el privilegio del veto de las grandes potencias en Naciones
Unidas); y por la especial atención que dedica al enfrentamiento
Norte-Sur, en detrimento del Este-Oeste.
El gobierno justicialista no ratificará la Carta de Bogotá (OEA), los
Acuerdos de Bretton Woods (FMI-BM) y el tratado de La Habana (GATT)
El gobierno argentino se oponía a toda idea de supranacionalidad y en
consecuencia instruirá a sus representantes en Bogotá (1948) para que
intenten reducir las atribuciones de la OEA. La entidad interamericana
sólo debía detentar competencias jurídicas, excluyendo todo avance de
carácter político o económico sobre las jurisdicciones latinoamericanas.
El gobierno peronista percibe que el enfrentamiento de guerra fría,
ideológico en su exterioridad, encubre una disputa de poder entre las
dos superpotencias. Aprovechará los intersticios que ofrece el sistema
intraimperial americano para formular sus inclinaciones autonomistas
heterodoxas[10].
Otro de los métodos que empleó la política exterior justicialista para
difundir sus ideas fue la designación de agregados obreros “que formarán
parte de la representación diplomática de la sede en que actúen...” (ley
de servicio exterior N° 12951, B.O. 5/3/1947). Guiada por este plan de
difusión doctrinaria fundará la asociación latinoamericana de
trabajadores solidaridad (ATLAS), iniciativa de formación de un
movimiento sindical, que escape por igual a las influencias de la ORIT
(pro-norteamericana) y de la Federación Sindical Mundial
(pro-soviética).
El presidente Perón entendió que la manera apropiada de llevar a cabo
una política relativamente autónoma en el contexto internacional,
entonces vigente, era a través de una alianza con Brasil, Chile y demás
países de Latinoamérica. La otra alternativa era abdicar de su antiguo y
continuado rol de contradictor de Estados Unidos.
El primer plan, unión con Brasil y Chile, fracasará por las dificultades
internas del varguismo. La cerril oposición política que soportaba y la
continuación de la política de desarrollo industrial con la colaboración
de Estados Unidos, llevarán al presidente brasileño a desertar del plan
comunitario que superara la tradicional rivalidad brasileño-argentina en
Sudamérica. Vargas se verá asediado, cuando no jaqueado, en lo que a
política de poder en la subregión se refiere, por el ejército (su estado
mayor jugará un actuación decisiva en el desbaratamiento de la
inteligencia Vargas-Perón); por la opositora UDN y por cierta prensa,
quienes razonaban que una alianza con Argentina, en esa contingencia
histórica, implicaba transigir con su liderazgo en Latinoamérica. En
definitiva, la opción del varguismo por una política exterior “alineada”
no sólo es resultado de las presiones de su frente interno sino (quizás)
de la convicción de que los recursos financieros y el auxilio
tecnológico requerido por Brasil sólo podían ser provistos por la
administración con sede en Washington.
El segundo plan se realiza a base de pactos bilaterales con países de
discutible viabilidad individual como naciones, por sus recursos y
dimensiones de mercado. Es el caso de Paraguay, Ecuador y Bolivia.
En la década del 50’ comienzan las dificultades del peronismo. El
desenlace de la guerra de Corea (que disipa la posibilidad de una
Tercera Guerra Mundial) añadido a la retracción de la producción
agropecuaria, la deserción brasileña apuntada y la escasez de
combustibles, conducirán a la política exterior peronista a asumir una
actitud transigente hacia Washington. Es aquí cuando declinan los
ataques a Estados Unidos y se negocian convenios con importantes
empresas de este país en consonancia con los planes de sustitución de
importaciones. Sin perjuicio de ello, el gobierno argentino persevera en
su plan comunitario latinoamericano para contrarrestar su desigual
relación societaria con la potencia hemisférica y es durante este
período (1953-55) cuando concierta los acuerdos de Unión Económica
favorecido por el ascenso al poder de Ibañez, Velasco Ibarra y Paz
Estenssoro, al que debe agregarse Getulio Vargas, que si bien no se
integra no se opone. Perú y Uruguay a pesar de ser invitados a adherirse
al Acta de Santiago desestiman la propuesta.
Los planes de unión no tenían como objetivo “desalinearse” del bloque
occidental, liderado por Estados Unidos. El ABC se proponía vincular en
el cono sur americano (a través de Brasil, Argentina y Chile) el centro,
el Atlántico y el Pacífico, con el fin de crear un bloque con una mayor
cuota de autonomía en sus decisiones, que le permitiera negociar en
mejores condiciones su participación en el hemisferio.
Las relaciones que establece el gobierno argentino no son de gobierno a
gobierno, sino que por intermedio de los agregados obreros se establecen
vínculos con organizaciones sindicales de distintos Estados
latinoamericanos. Estos serán los difusores de la “Tercera Posición”.
El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), y sus
cláusulas que sirvieron de base para el Tratado de la OTAN, será
ratificado por el Congreso argentino en junio de 1950. Perón, mientras
tanto, mejoró notablemente las relaciones con Estados Unidos.
En los años ´60, bajo la influencia de las políticas desarrollistas que
se daban en la región se renovaron los intentos integracionistas. En la
presidencia de Arturo Frondizi se concretó la experiencia de la
Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) en 1960 (Tratado de
Montevideo), sobre la base de recomendaciones de la Comisión Económica
para América Latina, CEPAL.
En 1980 se firmó el nuevo Tratado de Montevideo que estableció la
Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), que eliminó las
exigencias del programa de desgravación aunque fijó, sin plazo, la
ambiciosa meta de un Mercado Común regional. Este acuerdo regional
suscrito en Montevideo por Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile,
Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, tiene como
propósito alcanzar un mercado común latinoamericano, a través de un
proceso progresivo de "articulación y convergencia" de las iniciativas
de integración subregionales.
En l985 los gobiernos de Argentina y Brasil, los primeros libremente
electos después de períodos con ausencia de democracia, enfrentaban la
necesidad de reorientar sus economías, esto llevó a comprender que un
proceso de reconversión y expansión tendría más ventajas si era encarado
en forma conjunta.
Sobre esta base a fines de l985 los Presidentes Raúl Alfonsín de
Argentina y José Sarney de Brasil, ratifican la voluntad de encarar el
futuro en conjunto y con ello crean el marco político para que se
exploren caminos de acuerdo.
Una idea central era que este acuerdo debía servir no para cerrarse
sobre sí mismos, sino para dar mayores oportunidades para que las
economías de los dos países y, en definitiva el conjunto, saliera a
integrarse al mundo.
Es así que en 1985 la Argentina y el Brasil suscribieron la Declaración
de Foz de Iguazú, donde se sientan las bases para la futura integración.
El 23 de agosto de 1989 los presidentes Carlos Menen de Argentina y José
Sarney de Brasil se reunieron para considerar el informe de la Comisión
de Ejecución del Programa de Integración entre los dos países, conforme
a lo dispuesto en el Acta para Integración Argentino – Brasileña.
El proceso de integración continuó con el Acta de Buenos Aires, del 16
de julio de l990, suscrita por los presidentes, Carlos Menen y Fernando
Collor de Mello, por el cual se establece un Mercado Común entre la
República Argentina y la República Federativa de Brasil el que deberá
encontrarse definitivamente conformado el 31 de diciembre de 1994.
Posteriormente, a fines de l990 se suscribieron y registraron en ALADI
un Acuerdo de Complementación Económica en que se sistematizaron y
profundizaron los acuerdos comerciales bilaterales preexistente,
dotándose de esta manera de un instrumento que facilitara la concreción
de avances definitivos en la materia.
Ese mismo año, representantes de ambos países se reunieron con
autoridades de Uruguay y Paraguay, quienes expresaron su disposición
para incorporarse al proceso de integración que se estaba llevando
adelante. Se convino entonces en suscribir un acuerdo para crear un
mercado común entre estas cuatro naciones.
Todo este proceso tuvo incidencia en la formulación del Tratado de
Asunción, el cual fue firmado el 26 de marzo de 1991 por los Presidentes
Carlos Menen, Fernando, Collor de Mello, Andrés Rodríguez y Luis Alberto
Lacalle Herrera y Cancilleres de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay
Guido di Tella, Francisco Rezek, Alexis Frutos Vaesken, Héctor Gros
Espiell.
Suscribieron el Tratado de Asunción, para la "constitución de un Mercado
Común" entre sus países. Se previó para ello la elaboración de un
programa de liberación comercial, la coordinación de políticas
macroeconómicas y la puesta en vigencia de un Arancel Externo Común, así
como otras normas y disciplinas comerciales, que entrarían en vigor a
partir del 1 de enero de 1995.
Entretanto, la zona de libre comercio se perfeccionó de acuerdo al
Programa de Liberación Comercial contenido en el Anexo I del Tratado,
que fijó rebajas arancelarias progresivas, lineales y automáticas.
Paralelamente se acordó la eliminación de todas las restricciones no
arancelarias al 31 de diciembre de 1994. Las ventajas principales de la
unión aduanera para los miembros serían: por un lado, aprovechar la
eliminación de las trabas al comercio entre los países miembros a fin de
aumentar los intercambios, al tiempo de permitir inversiones que
atiendan un mercado más amplio. También pueden beneficiarse con el mayor
peso que el conjunto tendría en las negociaciones con otros países o
agrupaciones.
La forma definitiva que adoptó el bloque surgió del Protocolo de Ouro
Preto, acordados en diciembre de l994.
El Mercosur, ha seguido una línea de apertura hacia otros bloques
comerciales, prueba de ello fue la firma del Acuerdo marco de
cooperación interregional, entre Mercosur y la Unión Europea, el 15 de
diciembre de l995, en Madrid.
En la X Reunión de Consejo del Mercado Común realizada en San Luis el 25
de junio de 1996 se firmó el Protocolo de Adhesión de Bolivia y Chile.
Si bien estos dos países no son miembros plenos del Mercosur, una vez
que concluya el proceso de transición acordado existirá una zona de
libre comercio entre ambas partes. El proceso de transición que para la
mayoría de los productos durará ocho años, se caracteriza por
progresivas desgravaciones por ambas partes.
La integración regional fue avanzando y lo que le da credibilidad a la
ciudadanía, es que cada uno de los países miembros mantiene un régimen
democrático y este se consolida con la integración.
C.- Desafío Actual
La principal explicación del poco éxito en Latinoamérica de esquemas
integracionistas como ALALC y ALADI se encuentra en que los estímulos
políticos que los inspiraron no fueron lo suficientemente fuertes como
para vencer la oposición de intereses amparados por altísimas
protecciones arancelarias.
Pero pareciera ser que todo esto se modifica en las últimas décadas del
siglo pasado cuando los países de Latinoamérica, uno tras otro, reducen
sus barreras arancelarias frente al mundo. A partir de este momento
progresan los intentos de integración económica en todo el continente,
siendo el Mercosur el esquema más importante.
Pero existen en el Mercosur importantes temas sin solucionar. En primer
lugar persiste un problema institucional: el esquema no tiene una
secretaría efectiva mientras que el sistema de solución de controversias
es poco operativo. Esta debilidad institucional ha permitido que
persistan crecientes violaciones a los compromisos de los gobiernos en
lo que hace, tanto a la formación del arancel externo común, como a la
eliminación de las restricciones aduaneras a los intercambios entre las
partes. Estos problemas, además de afectar el comercio y las
inversiones, debilitan la posibilidad de que el Mercosur negocie como un
bloque o con otros países.
Sumado a los problemas arriba detallados el hecho de que los miembros
principales del Mercosur (Argentina - Brasil) no haya logrado
estabilizar sus instituciones y sus economías constituye un golpe muy
duro para el proceso integrador, esto reduce la posibilidad de que los
gobiernos de los países miembros logren financiamiento en el exterior en
condiciones favorables, tanto para la renovación de los vencimientos de
la deuda externa como para cubrir nuevas necesidades.
Finalmente se está produciendo otro perjuicio, esta vez en los mercados
terceros debido a que algunos productos brasileños (en especial la soja)
están siendo ofrecidas por los exportadores a precios más bajos debido a
que la nueva relación cambiaria que los favorece.
El éxito inicial del Mercosur mostró su gran potencialidad como
generador de comercio. Pero para superar la presente coyuntura se
impone, en primer lugar, que la economía del Brasil recupere su
equilibrio. A partir de este punto, los países que lo integran deberían
trabajar para completar la formación de una verdadera Unión Aduanera,
dar a la Secretaría del esquema mayores responsabilidades, además de
potenciar el sistema de solución de controversias. De esta manera será
posible que el proceso de integración de Latinoamérica recupere su
vigoroso crecimiento.
Resumiendo en el escenario internacional los años noventa fueron
portadores de la consolidación de la hegemonía militar norteamericana,
con las "intervenciones humanitarias" convirtiéndose en la forma usual
de su ejercicio y de justificación del respaldo de otros países, a lo
que se agregaron distintas señales de una recuperación parcial de la
hegemonía económica estadounidense al menos respecto de varios de los
sectores más dinámicos del actual funcionamiento económico mundial,
recuperación avalada por los casi 10 años de crecimiento sostenido que
esa economía tuvo hasta hace unos pocos meses, aunque simultáneamente a
lo anterior la "tríada" (USA, Japón y la Unión Europea) se ha seguido
consolidando como eje de funcionamiento de la economía mundial y como
elemento articulador en la regionalización de las relaciones económicas
internacionales, y en tal sentido los años noventa trajeron consigo no
sólo los primeros pasos en la creación del ALCA sino también etapas
superiores en la integración europea y distintos avances en el bloque
asiático, si bien éste último fue el que atravesó por mayores problemas
como consecuencia de la crisis que estalló en 1997 en los países de esa
región.
Durante la década de los noventa, se mantuvo además a nivel mundial el
predominio ideológico de las concepciones neoliberales y su papel rector
no sólo en la definición de estrategias y políticas nacionales e
internacionales en el terreno económico, sino también en la redefinición
del conjunto de las relaciones sociales. En particular, durante esa
década el credo neoliberal se plasmó con fuerza al nivel de las
relaciones económicas entre los países, en cuyo desenvolvimiento dicho
credo ganó presencia como criterio rector sobre todo respecto del
capitalismo atrasado: en el ámbito de los flujos internacionales de
capital, la norma fue otorgar las más absoluta libertad a los grandes
capitales para desplazarse globalmente, sin restricción alguna respecto
de su ingreso, permanencia o resultados.
Sin embargo, también en los años noventa ese predominio global del
neoliberalismo se vio crecientemente enfrentado a dos tipos de
cuestionamientos.
Por un lado, el desenvolvimiento de la realidad mundial fue echando por
tierra las apologías del capitalismo que acompañaron a la caída del
socialismo en Europa, y según las cuales de dicha caída se desprendía la
próxima llegada de una era de superación de contradicciones y
desaparición de desigualdades como resultado del triunfo e imposición
universal y definitiva de la democracia liberal y del libre mercado
(recuérdese el anunciado "fin de la historia"), postulándose además una
relación directa entre las enormes posibilidades que efectivamente
brinda el actual avance científico técnico para mejorar en todos los
sentidos el desarrollo humano, y la concreción sin trabas de esas
posibilidades. Así, la capacidad de los avances biotecnológicos para
multiplicar la producción de alimentos, se anunciaba como el cercano fin
del hambre en el mundo, pero las hambrunas siguen presentándose; a los
avances en la automatización y la robótica, se les ubicaba multiplicando
simultáneamente la disponibilidad de todo tipo de bienes y los tiempos
dedicados al ocio por la menor necesidad de trabajo vivo, pero en vez de
eso lo que se ha multiplicado es la carencia de posibilidades de
consumo, el desempleo y el empleo precario; de la revolución en la
informática y las telecomunicaciones se desprendía un escenario de
poblaciones bien informadas y con acceso generalizado a las nuevas
formas de comunicación, pero ello sólo es cierto para una pequeña parte,
ubicada en su mayoría en los países más desarrollados; los avances en la
generación de tecnologías menos contaminantes se asumían como una
próxima detención o reversión del deterioro ambiental, pero dicho
deterioro continúa acentuándose, etc. Por consiguiente, en el escenario
de los años noventa lo que se impuso fue la acentuación de los llamados
"problemas globales" y la agravación de las desigualdades y de la
polarización económica y social, todo lo cual constituye un evidente
rechazo de la propia realidad hacia los postulados y promesas del
neoliberalismo.
Por otro lado durante el período reciente se han ido multiplicando las
acciones de oposición frontal al neoliberalismo, emprendidas por grupos
de aquella inmensa parte de la población que bajo el modelo neoliberal
se ve sometida a distintas formas de exclusión y de explotación
exacerbada.
Desde la presentación de la propuesta estadounidense y hasta la fecha,
el proceso de creación del ALCA se ha constituido en un punto central de
referencia para los gobiernos latinoamericanos y caribeños, a la vez que
en instrumento de aplicación de los principios neoliberales, no sólo en
las relaciones con los Estados Unidos sino en el conjunto de las
relaciones económicas externas de nuestros países.
Ya desde los primeros llamados a formar la "Zona Hemisférica de Libre
Comercio", los principios de carácter ideológico se hicieron claramente
presentes en la propuesta, si bien se trataba de principios aplicados ya
no prioritariamente al terreno de la lucha contra el "comunismo", sino
al terreno de la economía y a otros aspectos en que el gobierno de
Estados Unidos definía el "deber ser" de nuestros países, como son los
problemas ambientales, los derechos humanos y la lucha contra el
narcotráfico.
En un primer momento, luego de la "Iniciativa Bush" vino un periodo de
estancamiento provocado por el conflicto en el Golfo Pérsico, por la
recesión de comienzos de los años noventa en la economía norteamericana
y por las dificultades que tuvo la administración Clinton para conseguir
la aprobación del Congreso a la incorporación mexicana al TLCAN; en un
segundo momento, luego de la "Cumbre de Miami" hubo un nuevo receso,
empujado inicialmente por la derrota demócrata en las elecciones de
noviembre de 1994 y mantenido después por las vicisitudes de la elección
presidencial estadounidense de 1996. Recién después de esa elección se
empezó a mencionar la posible reactivación de distintas iniciativas de
libre comercio con Latinoamérica, que se habían "congelado" como
resultado de la campaña electoral, pero aún desde ese entonces los
avances en el ALCA han seguido siendo escasos, principalmente porque el
ejecutivo de aquel país ha encontrado una permanente oposición del
Congreso para que le sea renovada la autorización de negociación por la
vía rápida, requisito éste que reiteradamente se ha considerado como
indispensable para agilizar la conformación del área hemisférica de
libre comercio, y que nada hace prever que pueda ser cubierto incluso
por la nueva administración. Así, recién en marzo de 1998, durante la
Segunda Cumbre de las Américas, y a ocho años del lanzamiento de la
"Iniciativa Bush", se pusieron formalmente en marcha las negociaciones,
acordándose que ellas deberán ser concluidas a más tardar durante el año
2005.
El punto de partida es que el neoliberalismo ha venido imponiendo en
nuestros países un proyecto de rearticulación internacional de largo
alcance, definido y aplicado como parte de una estrategia que incluye al
funcionamiento económico interno, y que para las últimas dos décadas
efectivamente han sido modificados los parámetros de inserción mundial,
de relacionamiento externo con los países desarrollados (en particular
con la economía estadounidense) y de vinculación entre los propios
países de la región. Como parte de esa rearticulación, se han reducido
al mínimo las mediaciones entre el escenario económico mundial y el
comportamiento económico interno, multiplicando la capacidad de las
relaciones externas para actuar como vehículo de internalización de las
tendencias mundiales y de libre penetración del gran capital
multinacional y, con ello, para cambiar el perfil estructural de las
economías y para transformarse en elemento determinante del mayor o
menor dinamismo económico nacional, adecuándose hacia esa dirección las
políticas comercial, cambiaria, de tratamiento a la inversión
extranjera, monetaria, crediticia, salarial, fiscal, etc.
De lo que se trata, por consiguiente, es de introducir profundas
modificaciones en la articulación internacional que el neoliberalismo ha
impuesto en nuestros países, redefiniendo los principios y los objetivos
que han guiado a esa articulación, poniéndola al servicio de intereses
distintos a los del gran capital y desprendiendo de allí un conjunto de
políticas que apunten en direcciones por completo diferentes a las que
han predominado en las décadas recientes.
Para avanzar en esa dirección, un primer requisito es imponer una
lectura del escenario mundial e internacional, de la relación con los
Estados Unidos y de las relaciones intraregionales, por completo
diferente a la lectura neoliberal. En tal sentido, resulta
imprescindible cuestionar y desechar la visión "armonicista" que, de
manera no tanto ingenua como sí interesada, ha predominado en los
análisis gubernamentales, sobre todo respecto a los significados de la
globalización, a los rumbos futuros de la economía mundial y a los
resultados previsibles de la mayor vinculación con los Estados Unidos.
II. Consideraciones finales
El gran reto de la comunidad latinoamericana es abrir caminos a la
convivencia pacífica y al diálogo, entre las diferentes culturas que
encierra en su seno, para lograr una síntesis superior.
Como firme fundamento para la articulación de Estados y sociedades
responsables de su propio futuro, propulsoras de los derechos y los
deberes que entraña la pertenencia a una comunidad de pueblos que
comparten lenguas y valores de libertad, igualdad, pluralismo, justicia,
solidaridad y empeño de paz duradera.
Este proyecto de integración latinoamericana, puede y debe servir para
empezar a construir un futuro mas equitativo y mas justo, y así dejar de
ser una utopía. No es legítimo hablar de integración, cuando grandes
mayorías de americanos, las de los indígenas, los negros, los colectivos
marginales, están privados de la riqueza y el bienestar económico, de la
educación, la cultura, y la participación política activa. El respeto a
los derechos humanos, tanto los civiles y políticos, como los
económicos, sociales y culturales, deben constituir el fundamento ético
y jurídico de un proceso real de integración política, económica y
cultural.
La gran riqueza y la potencia creadora de la comunidad latinoamericana,
reside en su diversidad cultural, étnica y racial. Lo que une es
articular garantías jurídicas y acciones sociales, destinadas a
fortalecer esas cualidades, a fin de que participen de lleno en el
proyecto común.
Por lo tanto, toda integración supone y se fundamenta en un proyecto
político. Pero los procesos, las formas y los contenidos de la
integración política, no son fijos, invariables, precisos. Por el
contrario, pueden escogerse los mas diversos caminos y encararse las mas
distintas formas, con el contenido político adecuado a la realidad
condicionante, y al objetivo deseable en un momento determinado.
Así encarada, con esta necesaria latitud, es deseable avanzar en el
camino de la integración política latinoamericana. En Latinoamérica, hay
evidentes elementos de unidad y de comunión. La historia, las
tradiciones, la conciencia colectiva, la proximidad de las dos lenguas
dominantes, el español y el portugués, la idea del hombre, de sus
derechos y deberes: son algunos de estos elementos. A los que se une el
precedente de los procesos de integración económica y de su deseable y
futura convergencia.
El desafío para Latinoamérica es elaborar marcos teóricos y
epistemológicos propiamente americanos, que contemplen su realidad y su
historia con el objeto de reorientar las relaciones externas de
Latinoamérica y el Caribe las cuales deberían apuntar principalmente a
reducir los niveles extremos de dependencia y de vulnerabilidad que el
neoliberalismo ha generado, creando las condiciones necesarias para un
desarrollo económico más autosustentado, en el cual se recupere la
capacidad nacional y regional de definir los rumbos del desarrollo
económico y social y se redimensionen los papeles asignados, al capital
extranjero y al ahorro externo, a la búsqueda de mercados
internacionales y a la relación con los Estados Unidos y con los demás
países desarrollados, creando condiciones que permitan procesar y
readecuar los dictados y señales provenientes del exterior.
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El Autor: Javier Alejandro Vitale Gutiérrez.
DATOS PERSONALES
- Nombre y apellido: Javier Alejandro Vitale Gutiérrez.
- Lugar y fecha de nacimiento: Provincia de Mendoza, República
Argentina, 25 de agosto de 1980
- Estado civil: soltero
- D.N.I. Nº 28.247.215
- Domicilio: 4º Ba. C.E.C. Manzana: “B” Casa: “13”. San Martín, Mendoza.
código postal 5570. Republica Argentina.
Teléfono: 54- (02623)- 424996.
- Tel. celular: 54- (02623)- 15526721
- Dirección de correo electrónico: javiervitale@hotmail.com
ESTUDIOS
TITULO UNIVERSITARIO
- Licenciado en Ciencia Política y Administración Pública , en curso.
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de
Cuyo.
TITULO SECUNDARIO
- Técnico Químico Industrial, egresado en 1999 de la Escuela Nº 4-016
“Ing. Antonio Marcelo Arboit”.
COLEGIO PRIMARIO
- Colegio Nº 66-P “Nuestra Señora del Líbano”
ANTECEDENTES DOCENTES
- Año 2003- Ayudante Alumno Ad. Honorem en la cátedra de Ideas Políticas
y Sociales Americanas de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de
la Universidad Nacional de Cuyo, a cargo del Prof. Enrique Zuleta
Alvarez y la Prof. Florencia Cassone. Por resolución Nº 927/03-D de la
Decana de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.
TRABAJOS DE INVESTIGACIÓN
- Trabajo de investigación titulado: “Crisis de la representatividad
estudiantil”. En el marco de la materia curricular Metodología para la
Investigación en Ciencia Política. En co-autoría con Federico Vázquez y
Adolfo Medalla.
- Trabajo de investigación titulado: “Canje de Deuda por Naturaleza”.
En el marco de la materia curricular Administración Ambiental. En
co-autoría con Mariana Cebada.
- Trabajo de investigación titulado: “Elecciones, Ciudadanía e
Instituciones Políticas en Mendoza: un estudio a partir de la
observación como método”. Presentado a la Secretaria de Ciencia y
Técnica de la Universidad Nacional de Cuyo. A cargo del Lic. Walter
Cueto.
INSTITUCIONES DE LA QUE FORMA PARTE
- Miembro Investigador del “Centro de Estudios sobre Innovación
Institucional para la Gobernabilidad Democrática”.
- Miembro de “FAVIM – Acción Ciudadana”.
- Miembro de la SAAP - “Sociedad Argentina de Análisis Político”.
TRABAJOS PUBLICADOS
- “Integración: ¿La utopía americana?”. Pensamiento Político Argentino,
FCPyS – UNCuyo. Mendoza, 2003.
Monografías
http://www.monografias.com/trabajos15/integracion/integracion.shtml
GestionPolis -
http://www.gestiopolis.com/recursos2/documentos/fulldocs/eco/integrauto.htm
- “Programa de Canje de Deuda por Naturaleza”. Administración Ambiental,
FCPyS - UNCuyo. Mendoza, 2003.
Eco Sitio
http://www.eco-sitio.com.ar/deuda_por_naturaleza.htm
- “La Representación Política en los orígenes de la Nación Argentina”.
Pensamiento Político Argentino, FCPyS – UNCuyo. Mendoza, 2002.
Monografías
http://www.monografias.com/trabajos12/revoluc/revoluc.shtml
CONGRESOS - SEMINARIOS
- VII Seminario Argentino – Chileno y I Seminario Cono Sur de Ciencias
Sociales, Humanidades y Relaciones Internacionales: “EL CONO SUR FRENTE
AL BICENTENARIO (1810-2010). Colonia, Revolución, Independencia, Nuevos
paradigmas, Nuevos significados”. Centro de Estudios Trasandinos y
Latinoamericanos. Universidad de Congreso. Mendoza, marzo 2004. En
calidad de Organizador.
- 2º Seminario “El Mercosur hoy: Crisis y Oportunidades”. Secretaria de
Extensión, Comunicación y Coordinación de la Facultad de Ciencias
Políticas y Sociales y la Asociación de Licenciados en Ciencia Política
y Relaciones Internacionales. Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de
Ciencias Políticas y Sociales. Mendoza, noviembre 2003.
- I Congreso Nacional de Ciencias Sociales: “El desafío del siglo XXI:
La Integración”. Coordinación de Ciencia Política y Administración
Pública – Franja Morada. Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de
Ciencias Políticas y Sociales. Mendoza, octubre 2003.
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Perspectivas y Prospectivas”. Centro de Estudios de Políticas y Gestión
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utopía. El lugar de América Latina”. Instituto de Filosofía Argentina y
Americana. Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Filosofía y Letras.
Mendoza, septiembre 2003.
- “Seminario de Gestión Estratégica Local - GEL”. Universidad Católica
de Córdoba, Instituto de Ciencias de la Administración. Mendoza,
junio/julio/agosto 2003.
CURSOS - TALLERES
- “La Reforma de la Constitución de Mendoza”. Unión Estudiantil.
Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.
Mendoza, junio 2003.
- “Neocolonialismo, libertad duradera o dependencia duradera”.
Agrupación Reformista Estévez Boero – Movimiento Nacional Reformista
(AREB-MNR). Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Ciencias Políticas
y Sociales. Mendoza, Abril 2003.
- “Métodos de Observación”. Centro de Estudios sobre Innovación
Institucional para la Gobernabilidad Democrática. Universidad Nacional
de Cuyo, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Mendoza, noviembre
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- “Evolución Ideológica en la Historia de las Religiones”. Universidad
Nacional de Cuyo, Facultad de Filosofía y Letras. Mendoza,
abril/mayo/junio 2001.
- Programa Universitario “Federalismo en la Argentina”. Conciencia.
Universidad de Buenos Aires, Facultad de Derecho. Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, mayo 2001.
- “Economía Política, una visión alternativa”. Coordinación de
Sociología. Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Ciencias Políticas
y Sociales. Mendoza, septiembre 2000.
- Psicología Social y Dinámica de Grupos. Coordinación de Sociología.
Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.
Mendoza, agosto 2000.
- “Oratorio, el arte de hablar en público” (nivel inicial). Centro de
Estudiantes de Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Nacional de
Cuyo, Facultad de Ciencia Política y Sociales. Mendoza, abril/mayo 2000.
ACTIVIDAD PROFESIONAL
- Observador etnográfico en las Elecciones Presidenciales del día 27 de
abril de 2003 dentro del marco del Proyecto Elecciones, Ciudadanía e
Instituciones Políticas en Mendoza: un estudio a partir de la
observación como método. Mendoza, mayo 2003.
- Encuestador en estudios de mercados y estudios de opinión.
- Asesor en calidad para la implementación de las Normas ISO 9000.
D.I.M.E.N. (Desarrollos Industriales & Mejoramiento de Empresas
Nacionales). Mendoza.
- Programa radial del C.E.P. (Centro Educativo Participativo), por
frecuencia FM 91.1 “Radio Líder”. San Martín. Mendoza. Cargo
desempeñado: columnista político.
IDIOMAS
- Inglés, en curso. Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de
Cuyo.
- Corso di Lingua e Cultura Italiano della Società Dante Alighieri
Comitato di San Martín. Mendoza.
USO DE ORDENADOR
- Microsoft Word (Office 97/2000), bajo sistema operativo Windows 3.11,
Windows 95/98/milleniun, y MS-DOS.
- Microsoft Excel (Office 97/2000), bajo sistema operativo Windows 3.11,
Windows 95/98/milleniun, y MS-DOS.
[1] GARCIA RODRIGUEZ, María L. “La integración Latinoamericana como base
del desarrollo económico y social de la región”. Departamento de
Historia – Universidad del Valle.
[2]Anthony Giddens señala que la globalización "puede definirse como la
intensificación de relaciones sociales planetarias, que aproximan a tal
punto los lugares distantes que los acontecimientos locales sufren la
influencia de hechos ocurridos a miles de kilómetros y viceversa".
[3] DALLANEGRA PEDRAZA, Luis. “Integración Latinoamericana: lo que los
latinoamericanos no hacen”.
[4] ROIG, Arturo Andrés. “El pensamiento latinoamericano y su aventura”.
2 Vol., CEAL, Buenos Aires, 1994.
[5] Ibíd., p. 17.
[6] MONTEAGUDO, Bernardo. “Horizontes políticos” (selección de textos).
W. M. Jackson Inc. Editores, Buenos Aires, 1953, pp. 244-245.
[7] Ibíd., pp. 258-259.
[8] Ibíd., p. 151.
[9] “Llamamos comunidad a una relación social cuando y en la medida en
que la actitud en la acción social se inspira en el sentimiento
subjetivo (afectivo o tradicional) de los partícipes de constituir un
todo... Llamamos sociedad a una relación social cuando y en la medida en
que la actitud en la acción social se inspira en una compensación de
intereses por motivos racionales (de fines o de valores) o también en
una unión de intereses con igual motivación.... Esta terminología
recuerda la distinción establecida por F. Tonnies en su obra fundamental
“Comunidad y Sociedad”, Max Weber, Economía y Sociedad, Ed. F.C.E., Tomo
I, p. 33.
[10] PUIG, Juan Carlos. “Doctrinas Internacionales y Autonomía
Latinoamericana” Universidad Simón Bolívar, Caracas, 1980, p. 197.
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Javier Alejandro Vitale Gutierrez.
Est. Avanzado de Lic. en Cs. Pol. y Adm. Pública Facultad de Ciencias Políticas y Sociales Universidad Nacional de Cuyo Mendoza -
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