La primera parte de este material contiene un resumen de lectura de
la obra Inteligencia Emocional de Daniel Goleman publicada en México en
1995, posteriormente se presentan otras referencias relacionadas con
información recogida por el autor en Internet o vía consulta personal
con las autoridades citadas.
El cerebro emocional
"Cada emoción ofrece una disposición definida a actuar; cada una nos
señala una dirección que ha funcionado bien para ocuparse de los
desafíos repetidos de la vida humana. Dado que estas situaciones se
repiten una y otra vez a lo largo de la historia de la evolución, el
valor de supervivencia de nuestro repertorio emocional fue confirmado
por el hecho de que quedaron grabadas en nuestros nervios como
tendencias innatas y automáticas del corazón humano"
"Pero mientras nuestras emociones han sido guías sabias en la evolución
a largo plazo, las nuevas realidades que la civilización presenta han
surgido con tanta rapidez que la lenta marcha de la evolución no puede
mantener el ritmo. En efecto, las primeras leyes y declaraciones de la
ética- el Código de Hammurabi, los Diez Mandamientos de los Hebreos, los
Edictos del emperador Ashoka- pueden interpretarse como intentos para
dominar, someter y domesticar la vida emocional. Como describió Freud en
El malestar en la cultura, la sociedad ha tenido que imponerse sin
reglas destinadas a someter las corrientes de excesos emocional que
surgen libremente en su interior"
"A pesar de estas limitaciones sociales, las pasiones aplastan a la
razón una y otra vez. Esta característica de la naturaleza humana surge
de la arquitectura básica de la vida mental. En términos de diseño
biológico para el circuito neurológico básico de la emoción, aquello con
lo que nacemos es lo que funcionó mejor en las 50,000 últimas
generaciones humanas, no en las 500 últimas... y sin duda no en las
cinco últimas. Las lentas y deliberadas fuerzas de la evolución que han
dado forma a nuestras emociones han hecho su trabajo en el curso de un
millón de años; los 10,000 últimos años -a pesar de haber sido testigos
del rápido crecimiento de la civilización humana y de la explosión de la
población humana, que pasó de cinco millones a cinco mil millones- han
dejado pocas huellas en las plantillas biológicas de nuestra vida
emocional."
Emoción: "Utilizo el término emoción para referirme a un sentimiento y
sus pensamientos característicos, a estados psicológicos y biológicos y
a una variedad de tendencias a actuar".
Se sostiene que existen cientos de emociones, junto con combinaciones,
variables, mutaciones y matices. El argumento de que existe un puñado de
emociones centrales se basa en cierta medida en el descubrimiento de
Paul Ekman, según el cual las expresiones faciales para cuatro de ellas
(temor, ira, tristeza, placer) son reconocidas por personas de culturas
de todo el mundo, incluidos los pueblos prealfabetizados presumiblemente
no contaminados por la exposición al cine o la televisión.
Emociones primarias reconocidas preferentemente con sus familias:
· Ira: furia, resentimiento, cólera, exasperación, indignación,
aflicción, acritud, animosidad, fastidio, irritabilidad, hostilidad y,
tal vez en el extremo, violencia, y odio patológicos.
· Tristeza: congoja, pesar, melancolía, pesimismo, pena, autocompasión,
soledad, abatimiento, desesperación y, en casos patológicos, depresión
grave.
· Temor: ansiedad, aprensión, nerviosismo, preocupación, consternación,
inquietud, cautela, incertidumbre, pavor, miedo, terror, en un nivel
psicopatológico, fobia y pánico.
· Placer: felicidad, alegría, alivio, contento, dicha, deleite,
diversión orgullo, placer sensual, estremecimiento, embeleso,
gratificación, satisfacción, euforia, extravagancia, éxtasis y, en el
extremo, manía.
· Amor: aceptación, simpatía, confianza, amabilidad, afinidad, devoción,
adoración, infatuación, ágape (amor espiritual).
· Sorpresa: conmoción, asombro, desconcierto.
· Disgusto: desdén, desprecio, menosprecio, aborrecimiento, aversión,
disgusto, respulsión.
· Vergüenza: culpabilidad, molestia, disgusto, remordimiento,
humillación, arrepentimiento, mortificación y contricción.
"Al buscar los principios básicos, sigo a Ekman y a otros, y considero
las emociones en términos de familias y dimensiones, tomando las
principales familias -ira, tristeza, temor, placer, amor, vergüenza,
etcétera- como casos pertinentes a los infinitos matices de nuestra vida
emocional. Cada una de estas familias tiene un núcleo emocional básico,
con sus parientes formando ondas a partir de este núcleo en incontables
mutaciones. En las ondas externas se encuentran los estados de ánimo
que, técnicamente hablando, son más apagados y duran mucho más tiempo
que una emoción (mientras es relativamente raro mantener el calor de la
ira durante todo el día, por ejemplo, no es tan raro estar de un humor
gruñon e irritable, en el que se activan fácilmente arranques de ira más
cortos). Más allá de los estados de ánimo se encuentra el temperamento,
la prontitud para evocar una emoción o estado de ánimo determinado que
hace que la gente sea melancólica, tímida o alegre. Todavía más allá de
estas disposiciones emocionales se encuentran los evidentes trastornos
de la emoción, tales como la depresión clínica o la ansiedad incesante,
en la que alguien se siente constantemente atrapado en un estado
negativo".
Se dice que tenemos una mente emocional y otra racional, la primera es
mucho más rápida actúa sin ponerse a pensar en lo que está haciendo,
descarta la reflexión deliberada y analítica que es el sello de la mente
pensante... las acciones que surgen de la mente emocional acarrean una
sensación de certeza especialmente fuerte, una consecuencia de una forma
sencilla y simplificada de ver las cosas que pueden ser absolutamente
desconcertantes para la mente racional. Cuando ha pasado la tormenta, o
incluso en medio de la respuesta, nos sorprendemos pensando: "¿Para qué
hice esto?" Una señal de que la mente racional está despertando, aunque
no con la rapidez de la mente emocional... este rápido modo de
percepción sacrifica la exactitud a favor de la velocidad, dependiendo
de las primeras impresiones, reaccionando al cuadro general o a los
aspectos más sorprendentes. Asimila las cosas de inmediato, como un
todo, reaccionando sin tomarse el tiempo necesario para un análisis
reflexivo. Los elementos vívidos pueden determinar esa impresión,
efectuando una cuidadosa evaluación de los detalles. La gran ventaja es
que la mente emocional puede interpretar una realidad emocional (él está
furioso conmigo; ella está mintiendo; esto lo entristece) en un
instante, emitiendo los juicios intuitivos que nos dicen con quién
debemos ser cautelosos, en quién podemos confiar, quién está afligido.
La mente emocional es nuestro radar para percibir el peligro; si
nosotros (o nuestros antecesores en el proceso evolutivo) esperáramos
que la mente racional hiciera algunos de estos juicios, tal vez no sólo
estaríamos equivocados sino que podríamos estar muertos. El
inconveniente es que estas impresiones y juicios intuitivos, debido a
que se efectúan en un abrir y cerrar de ojos, pueden ser erróneos o
falsos".
La lógica de la mente emocional es asociativa; toma elementos que
simbolizan una realidad, o dispara un recuerdo de la misma, para ser
igual a esa realidad. Esta lógica del corazón -de la mente emocional-
está bien descrita por Freud en su concepto de ' proceso primario' de
pensamiento; es la lógica de la religión y la poesía, la psicosis y los
niños, el sueño y el mito (como señala Joseph Campbell, 'los sueños son
mitos privados; los mitos son sueños compartidos')... si la mente
emocional sigue esta lógica y estas reglas, con un elemento que
representa a otro, las cosas no necesariamente deben estar definidas por
su identidad objetiva: lo que importa es cómo son percibidas; las cosas
son lo que parecen. Lo que algo nos recuerda puede ser mucho más
importante que lo que 'es'.
En uno de los descubrimientos sobre las emociones más reveladores de la
última década, la obra de LeDoux demostró cómo la arquitectura del
cerebro concede a la amígdala una posición privilegiada como centinela
emocional, capaz de asaltar al cerebro Su investigación ha demostrado
que las señales sensoriales del ojo y el oído viajan primero en el
cerebro al tálamo y luego -mediante una única sinapsis- a la amígdala;
una segunda señal del tálamo se dirige a la neocorteza, el cerebro
pensante. Esta bifurcación permite a la amígdala empezar a responder
antes que la neocorteza, que elabora la información mediante diversos
niveles de circuitos cerebrales antes de percibir plenamente y por fin
iniciar su respuesta más perfectamente adaptada.
Mientras la amígdala trabaja preparando una reacción ansiosa e
impulsiva, otra parte del cerebro emocional permite una respuesta más
adecuada y correctiva. El regulador del cerebro para los arranques de la
amígdala parece encontrarse en el otro extremo de un circuito más
importante de la neocorteza, en los lóbulos prefrontales que se
encuentran exactamente detrás de la frente. La corteza prefrontal parece
entrar en acción cuando alguien siente miedo o rabia, pero contiene o
controla el sentimiento con el fin de ocuparse más eficazmente de la
situación inmediata, o cuando una nueva evaluación provoca una respuesta
totalmente diferente... esta zona neocortical del cerebro origina una
respuesta más analítica o apropiada a nuestros impulsos emocionales,
adaptando la amígdala y otras zonas límbicas.... Esta progresión que
permite el discernimiento en la respuesta emocional, es la combinación
corriente, con la significativa excepción de las emergencias
emocionales. Cuando una emoción entra en acción, momentos después los
lóbulos prefrontales ejecutan lo que representa una relación
riesgo/beneficio de infinitas reacciones posibles, y apuestan a una de
ellas como la mejor El lóbulo prefrontal izquierdo parece ser parte de
un circuito nervioso que puede desconectar, o la menos mitigar, todos
los arranques emocionales negativos salvo los más intensos. Si la
amígdala a menudo actúa como disparador de emergencia, el lóbulo
prefrontal izquierdo parece ser parte del mecanismo de desconexión del
cerebro para las emociones perturbadoras: la amígdala propone y el
lóbulo frontal dispone. Estas conexiones zona prefrontal-zona límbica
son fundamentales en la vida mental mucho más allá de la sintonía fina
de la emoción; son esenciales para guiarnos en las decisiones que más
importan en la vida.
Estas conexiones explican los conflictos y acuerdos que se tienen que
lograr entre el corazón y la cabeza, el pensamiento y los sentimientos.
Cuando se trata de tomar una decisión es necesario una capacidad de
atención que permita tomar en cuenta los datos esenciales para completar
un problema y tarea determinada, esta capacidad es conocida como memoria
operativa y está a cargo de la corteza prefrontal. Pero los circuitos
existentes desde el cerebro límbico a los lóbulos prefrontales permiten
que señales de emoción intensa puedan crear interferencias nerviosas que
saboteen la capacidad de lóbulo prefrontal para mantener la memoria
operativa, la alteración emocional nos impide pensar correctamente y
esta perturbación emocional constante puede crear carencias en las
capacidades intelectuales de un niño, deteriorando la capacidad de
aprender. (Cuando el control sobre la vida emocional esta
deteriorado)...Estos circuitos emocionales están esculpidos por la
experiencia a lo largo de la infancia, y dejamos esas experiencias
completamente libradas al azar por nuestra cuenta y riesgo. Según
Antonio Damasio de la Universidad de Iowa personas que tienen dañado el
circuito zona prefrontal-amígdala a pesar de no mostrar el más mínimo
deterioro en su cociente intelectual ni en ninguna capacidad cognitiva,
su capacidad para tomar decisiones está terriblemente degradada. Esto
conduce a la postura contra-intuitiva de que los sentimientos son
típicamente indispensables para las decisiones racionales; éstos nos
señalan la dirección correcta, dónde la pura lógica puede ser mejor
utilizada... Así, a las emociones les importa la racionalidad. En la
danza de sentimientos y pensamiento, la facultad emocional guía nuestras
decisiones momentáneas, trabajando en colaboración con la mente racional
y permitiendo -o imposibilitando- el pensamiento mismo. De la misma
manera, el cerebro pensante desempeña un papel ejecutivo en nuestras
emociones, salvo en aquellos momentos en que las emociones quedan fuera
de control y el cerebro emocional pierde sus frenos.
En cierto sentido, tenemos dos cerebros, dos mentes y dos clases
diferentes de inteligencia: la racional y la emocional. Nuestro
desempeño en la vida está determinado por ambas; lo que importa no es
sólo el cociente intelectual sino también la inteligencia emocional. En
efecto, el intelecto no puede operar de manera óptima sin la
inteligencia emocional. Por lo general, la complementariedad del sistema
límbico y la neocorteza, de la amígdala y los lóbulos prefrontales,
significa que cada uno de ellos es un socio pleno de la vida mental.
Cuando estos socios interactúan positivamente, la inteligencia emocional
aumenta, lo mismo que la capacidad intelectual.
Esto invierte la antigua comprensión de la tensión entre razón y
sentimiento: no se trata de que queramos suprimir la emoción y colocar
en su lugar la razón, como afirmaba Erasmo, sino encontrar el equilibrio
inteligente entre ambas. El antiguo paradigma sostenía un ideal de razón
liberado de la tensión emocional. El nuevo paradigma nos obliga a
armonizar cabeza y corazón. Para hacerlo positivamente en nuestra vida,
primero debemos comprender más precisamente qué significa la emoción de
manera inteligente.
La naturaleza de la inteligencia emocional
"...la inteligencia académica tiene poco que ver con la vida emocional.
Las personas más brillantes pueden hundirse en los peligros de las
pasiones desenfrenadas y de los impulsos incontrolables; personas con un
CI elevado pueden ser pilotos increíblemente malos de su vida privada".
"...la inteligencia emocional: habilidades tales como ser capaz de
motivarse y persistir frente a las decepciones; controlar el impulso y
demorar la gratificación, regular el humor y evitar que los trastornos
disminuyan la capacidad de pensar; mostrar empatía y abrigar
esperanzas".
"...las aptitudes emocionales fundamentales pueden en efecto ser
aprendidas y mejoradas por los niños... siempre y cuando nosotros nos
molestemos en enseñárselas"
"... la inteligencia académica no ofrece prácticamente ninguna
preparación para los trastornos -o las oportunidades- que acarrea la
vida... La vida emocional es un ámbito que, al igual que las matemáticas
y la lectura, puede manejarse con mayor o menor destreza y requiere un
singular conjunto de habilidades... la aptitud emocional es una
meta-habilidad y determina lo bien que podemos utilizar cualquier otro
talento, concluido el intelecto puro".
Esferas principales de la inteligencia emocional según Salovey
· Conocer las propias emociones. Capacidad de controlar sentimientos en
un momento a otro fundamental para la penetración psicológica y la
comprensión de uno mismo.
· Manejar las emociones. Para que los sentimientos sean adecuados,
capacidad de serenarse, de librarse de la irritabilidad, la ansiedad y
la melancolía excesivas. Quien carece de esta capacidad lucha
constantemente contra sentimientos de aflicción y los que la poseen se
recuperan con mayor rapidez de los reveses y trastornos de la vida.
· La propia motivación. Es ordenar las emociones al servicio de un
objetivo es esencial para prestar atención, para la automotivación y el
dominio, y para la creatividad. El auto dominio emocional es postergar
la gratificación y contener la impulsividad y sirve de base para toda
clase de logros.
· Reconocer emociones en los demás. Es la empatía basada en la auto
conciencia emocional les permite adaptarse a las sutiles señales
sociales que indican lo que otros necesitan o quieren, es la "habilidad
fundamental" de las personas y despierta el altruismo.
· Manejar las relaciones. El arte de manejar las emociones de los demás,
competencia e incompetencia social.
El bienestar psicológico : El inventario de cociente emocional de Reuven
Bar-On
Reuven Bar-On se inspira en Marie Jahoda, en los años 50, una de las
primeras psicólogas que advirtió el interés de los conceptos de salud
mental y de bienestar psicológico. Desde su puesto en la Comisión de
Salud y Enfermedades Mentales en los Estados Unidos, trató de vincular
estos dos temas -que a su juicio estaban relacionados con la
prevención-y revirtió el énfasis que hasta ese momento tenían los
estudios psicopatológicos.
Sus trabajos permitieron definir seis componentes del Bienestar
Psicológico, que fueron los que Bar-On tomó como base de la construcción
de su Inventario, y por otra parte dieron origen en la psicología a un
movimiento muy importante de estudio de la personalidad y los factores
determinantes de la felicidad personal.
Posteriormente consideramos los factores de personalidad relacionados
con el bienestar psicológico descritos por Bar-On.
Esos factores son: auto observación, relaciones interpersonales,
responsabilidad social, flexibilidad, independencia, resolución de
problemas, asertividad, prueba de realidad, tolerancia al stress,
actualización, felicidad.
El término Inteligencia Emocional fue acuñado por Peter Salovey de la
Universidad de Yale y por John Mayer de la Universidad de New Hampshire.
La IE ha recibido mucha atención en los medios de comunicación
especialmente desde que se publicó el libro de Daniel Goleman.
IE es un conjunto de destrezas, actitudes, habilidades y competencias
que determinan la conducta de un individuo, sus reacciones, estados
mentales, su estilo de (coping) y su estilo de comunicar. Estos factores
afectan directamente el nivel de éxito, satisfacción, habilidad para
relacionarse con otras personas así como la habilidad personal para
afrontar el estrés, el nivel de autoestima, percepción del control, el
nivel general de bienestar mental emocional.
Algunas investigaciones muestran que los individuos con altos niveles de
IE son más exitosos y viven una vida más plena y feliz. Disfrutan de
mejores relaciones con su pareja, compañeros, amigos y muchachos. En el
trabajo disfrutan del respeto de sus colegas, subordinados y superiores
y como resultado son promovidos con más rapidez, tiene un sistema inmune
más fuerte, disfrutan de buena salud.
Otros afirman que la IE está conformada por cuatro componentes:
identificar emociones (habilidad para reconocer cómo se siente usted y
los que están a su alrededor; identificar emociones en las personas, en
la música, en el arte), uso de emociones (habilidad de generar emociones
y luego razonar con esta emociones, ser emotivo y ser capaz de usar
estas emociones le pueden ayudar a comprender cómo se sienten los otros
o para asumir roles emocionales); comprender la emociones (saber lo que
sucede cuando las emociones se fortalecen y cómo reaccionan las personas
a diferentes emociones habilidad para comprender las emociones
complejas); regular las emociones (usted siente los sentimiento en lugar
de reprimirlos y usa tales sentimientos para tomar mejores decisiones,
reaccionar con enojo puede ser efectivo a corto plazo pero si esta
emoción se canaliza y dirige puede ser más efectiva a largo plazo).
Según Albert Mehrabian, la IE incluye la habilidad para percibir
adecuadamente las emociones personales y las de otros, ejercer dominio
sobre las emociones propias y responder de manera apropiada, entrar en
relaciones en las que la expresión honesta de las emociones está
balanceada con la cortesía, consideración y el respeto, seleccionar
trabajos que son emocionalmente compensatorios, eliminando la
procrastinación, bajo logro e inseguridad personal, balancear el
trabajo, el hogar y la vida recreacional.
División de Posgrado e Investigación
Ave Libertad 1300 Poniente
Montemorelos, N.L. Mexico 67530
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Dr.Tevni Grajales G
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