Los valores en el centro de la cultura organizacional
01-2003
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Original
1. Introducción
"El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí
mismo, y no para se gobernados por los demás"
Herbert Spencer
En los momentos actuales, dada la coyuntura económica, política y social
que se vive a nivel mundial, se ha generalizado la necesidad de mejorar
la competitividad de las empresas. Cuba no es la excepción, como país
subdesarrollado busca respuestas más acordes a sus condiciones concretas
y para ello requiere de planteamientos más actualizados y reales.
Naturalmente el mejoramiento de la competitividad
empresarial es un problema complejo, por lo que requiere abordarse en forma
integral, es decir desde una perspectiva que considere todos los factores que
tienen que ver con su mejoramiento.
A partir del éxito japonés y más tarde de otros países
asiáticos, comienza un cuestionamiento de las formas tradicionales de gestión
que hasta ese momento se venían aplicando en el mundo empresarial desarrollado,
cuya génesis está en los estudios de Taylor, Mayo y otros, se critican los
viejos paradigmas y se introducen otros nuevas formas de gestión donde se
concede un peso importante a la participación de los trabajadores en la toma de
decisiones, al liderazgo, a la formación de valores sólidos donde prime una
visión de futuro, planteándose que la Productividad depende esencialmente de dos
motores: el orgullo de pertenecer a la empresa y el entusiasmo por el trabajo.
Si pensamos en cuáles son los paradigmas de gestión que
han prevalecido en la realidad empresarial cubana (aunque en estos momentos se
está produciendo un cambio en ese sentido), nos encontramos con realidades tales
como:
Producir a toda costa sin tener en cuenta, los costos,
autoritarismo, tradicionalismo, falta de capacitación entre otros.
Justamente una cultura débil o deficiente provoca el
estancamiento y la decadencia de las empresas, trayendo consigo fenómenos tales
como: la insatisfacción laboral, la fluctuación de personal, empresas
improductivas entre otras.
Yvan Allaire y Mihaela E. Firsirotu hablan de que el
éxito y la vitalidad organizacional dependen del desarrollo de culturas y
valores apropiados.
Sobre este último estaremos hablando.
Muchas organizaciones exitosas, desde corporaciones
hasta entidades no lucrativas, escuelas y agencias gubernamentales, han iniciado
intentos de hacer explícitos sus valores. La elaboración de valores juega un rol
decisivo en el desarrollo (no solo de los individuos) sino de las
organizaciones, y la sociedad como un todo.
El presente trabajo tiene como objetivo explicar desde
una base conceptual el papel que posen los valores en la formación, y desarrollo
de la cultura organizacional.
Por estas razones nos podemos preguntar: ¿Qué son
realmente los valores?
Los valores son esencialmente prioridades basadas en la integridad o
elecciones. Están presentes en lo que hacemos y no hacemos, en las cosas a las
que nos hemos acostumbrado y lo que somos capaces de tolerar. Los valores están
basados en alternativas reales y en una consideración genuina de sus
consecuencias. Son expresados de manera pública y abierta, actuados de manera
repetida, y defendidos cuando van contra el autointerés personal.
Para Salvador García y Simón. I Dolan "los valores son
aprendizajes estratégicos relativamente estables en el tiempo de que una forma
de actuar es mejor que su opuesta para conseguir nuestros fines, o que nos
salgan bien las cosas" .
Los valores son palabras. Sin embargo, no hay duda de
que las palabras que se identifican como valores tienen una especial potencia
para dar sentido y encauzar los recursos humanos, tanto a nivel personal como a
nivel de empresa.
Los valores son los creadores de la integridad y la
responsabilidad, son los forjadores del optimismo y la autoestima, y de las
definiciones de quiénes somos. Se vuelven manifiestos y vivos mediante la
acción, incluso la acción de la declaración sincera.
Cuando las organizaciones son dirigidas por valores,
están claras sobre asuntos éticos y afirmados en la integridad, los empleados
son capaces de elegir conscientemente, de definir públicamente y vivir de
acuerdo a sus más altos valores. Desdichadamente, un gran número de las
organizaciones cubanas ignora los valores, nada más que en la forma de leyes,
reglas y regulaciones, y sin pensarlo reducen sus valores al mínimo común
denominador. Otras intentan imponer sus valores, convirtiéndolos en moralidad.
De manera fundamental, las organizaciones tienen una
opción entre reglas conducidas por valores y valores guiados por reglas. Pueden
imponer un conjunto de reglas y normas uniformes para los empleados mediante
métodos más o menos coercitivos, hacer que tomen el asiento trasero en la toma
de decisiones, y hacer sólo lo que a ley exige (lo que hemos planteado
anteriormente es lo que sucede en un grupo de instituciones y empresas cubanas,
que no quiere decir que es su generalidad). O pueden alentar a los empleados a
desarrollar sus propios valores en diálogo unos con otros, y trabajar hacia un
terreno común más elevado. Cada uno de estas orientaciones a la creación de
valores representa, en sí, un conjunto más profundo de valores.
Dentro de los valores podemos distinguir niveles
diferentes. Un valor de "primer orden" radica en todas las cosas importantes
para nosotros. Un "segundo orden" consiste en el valor de tener valores,
volviéndonos hacia adentro, y forzándonos a considerar lo que es importante y
porqué. Un "tercer orden" de valores consiste en actuar sobre los valores sin
incluso darnos cuenta de ellos, de forma que se vuelven una parte integral,
inseparable de quienes somos.
El primer orden de valores en las organizaciones se
orienta hacia el comportamiento, y es correctivo o defensivo en su propósito. Su
finalidad es proteger a la gente y las organizaciones de conductas no éticas. El
segundo orden se orienta hacia la comprensión, y su propósito a menudo es de
transformación o de desarrollo. Está hecho para alentar progreso, aprendizaje,
cambio, perfeccionamiento y evolución en las condiciones bajo las cuales
trabajan las personas. El tercero se orienta hacia el carácter, y es de
propósito integrador o trascendente. Apunta a que las acciones fluyan
naturalmente desde quienes somos, en lugar de hacerlo desde lo que creemos.
Estas distinciones son útiles para ayudar a la gente a
darse cuenta de que hay un valor en tener valores, y a elevar su consciencia, de
manera que vivan naturalmente de acuerdo a sus valores, y gradualmente los
sobrepasen.
Alentar a la gente y las organizaciones a ocuparse en
dialogar sobre los tres órdenes de valores y la implementación de valores en la
vida diaria.
Las organizaciones que crean un contexto de valores,
éticas e integridad progresan del primer al segundo y tercer orden de valores
integrándolos en su cultura.
2. Los valores éticos. ¿Qué son? ¿Fines o medios?
Los valores éticos son estructuras de nuestro pensamiento que mantenemos
preconfiguaradas en nuestro cerebro como especie humana de cara a nuestra
supervivencia.
Los valores éticos son medios adecuados para conseguir
nuestras finalidad. Al hablar de valores es importante diferenciar entre los
valores que podemos llamar finales y los valores de tipo instrumental. Los
valores instrumentales son modos de conductas adecuados o necesarios para llegar
a conseguir nuestras finalidades o valores existenciales.
Estudios realizados por Rockeach demuestran, que
mientras el número de valores finales que las personas dicen usualmente poseer
no son mucho más de una decena, el número de valores instrumentales es más
elevado, aunque no llega al centenar.
No necesariamente debe existir una correspondencia
puntual entre los valores finales e instrumentales. Además, para la obtención de
un determinado valor final, puede ser necesario un determinado conjunto de
varios valores instrumentales.
Debemos tener en cuenta que cuando un valor meramente
instrumental se le atribuye un valor extraordinario, pasa a ser percibido como
final por su poseedor.
Los Valores de Competencia son otros valores
instrumentales, los que se pueden llamar de competencia, son más individuales,
aunque también están socialmente condicionados y no están directamente
relacionados con la moralidad ni con la culpabilidad. Y responde a la pregunta:
¿qué cree que hay que tener para poder competir en la vida?
Es primordial destacar que nadie se siente culpable, ni
tan sólo incomodo, por no asumir un valor de competencia, a no ser que dicho
valor sea compartido por un grupo de personas del cual queremos formar parte. Es
decir, nadie se siente culpable por el hecho de no comportarse de forma
creativa, a no ser que se corresponda a un grupo de referencia.
Los valores finales (objetivos existenciales) pueden
dividirse en dos tipos: personales y éticos – sociales.
-Valores personales: aquellos a los que aspira el
individuo para si mismo y responden a la pregunta de ¿qué es para usted lo más
importante en la vida?
-Valores éticos – sociales: constituyen aspiraciones o propósitos que
benefician a toda la sociedad. Y responde a la pregunta ¿qué quiere usted para
el mundo? Dentro de los valores éticos – sociales encontramos:
-Valores ético – morales: se refiere a los modos de conducta necesarios
para alcanzar nuestros valores finales, y no son necesariamente fines
existenciales. De hecho, la palabra "moral" proviene del latín mores, que
significa costumbre. Y responde a la pregunta ¿cómo cree que hay que comportarse
con quienes les rodean?
Los valores morales son un tipo de valor instrumental
que tienen dos características esenciales:
a. Se ponen en práctica en la relación con las demás
personas.
b. En las personas mentalmente equilibradas, cuando se incorporan pero
no se traducen en conductas consecuentes, tienden a generar sentimientos de
culpabilidad o, al menos, de molestar con uno mismo.
Debemos tener en cuenta después de analizar los valores
finales e instrumentales, que una persona puede experimentar conflicto entre dos
valores morales, entre dos valores de competencia o entre un valor moral y un
valor de competencia.
¿Todos los valores no valen lo mismo?
Todos los valores no poseen el mismo valor, ya que, cada
uno ostenta un nivel de jerarquización y prioridad según su importancia
relativa. La importancia que se le atribuya a los diferentes valores se va
reajustando a lo largo de la vida según las experiencias, reflexiones y las
atracciones sociales que nos acaban influyendo.
Es difícil defender que los valores sustentados por las
personas, dentro de su propia escala de prioridad relativa, sean unos mejores
que otros en términos absolutos. La clasificación entre valores finales e
instrumentales tampoco permite efectuar dicha diferenciación.
Por lo que, los valores tendrán el valor que cada una de
las personas y las organizaciones sea capaces de darles así como la prioridad
que ellos deseen que tengan.
3. Las Creencias, las Conductas y su relación con los valores
Existen tres términos propios de la psicología social que se encuentran
estrechamente relacionados con los valores ellos son: las creencias, las normas
y las actitudes.
Y nos podemos preguntar: ¿Qué son las creencias?
Los valores pueden concebirse como elecciones
estratégicas con relación a lo que es conveniente para conseguir nuestros fines.
Es importante entender que estas elecciones provienen, a su vez, de supuestos
básicos o creencias sobre la naturaleza humana y el mundo que nos rodea. En
definitiva, preferimos pensar y actuar de un modo u otro, según creamos que son
las personas y las cosas.
Las creencias es la acción de creer en la verosimilitud
o en la posibilidad de una cosa.
Las creencias son estructuras de pensamiento, elaboradas
y arraigadas a lo largo del aprendizaje, que sirven para expresarnos la realidad
y que preceden a la configuración de los valores (Figura 1).
Figura 1: Secuencia entre creencias y resultados.
La relación existente entre creencias y valores es
fuertemente estrecha. Por eso, hoy se habla mucho del cambio de creencias y
valores, más que del cambio de valores aisladamente. El desaprendizaje de
creencias es fundamental para replantear valores, cambiar conductas e influir
positivamente sobre los resultados de la empresa.
En la empresa cubana, hoy no se conjuga estos dos
elementos, creencia y valores producto de que no se tienen bien definidos los
valores que en las mismas existen, si las trabajáramos ayudará a un mayor
desarrollo de la misma, las creencias son el sustento de los valores.
Sin embargo no podemos dejar de decir que las creencias
no son ajenas a los resultados como tampoco están ajenos los resultados a las
creencias. Es importante señalar que las creencias sirven de soporte para poder
alcanzar los resultados y para ello es inevitable pasar por las diferentes
categorías que son: los valores, las normas, las actitudes y conductas como se
presentan en la figura anterior.
Las creencias no es solo tener fe en lo creemos sino en
lo que estamos haciendo, es tener la virtud de confiar (en ti mismo, en los
demás y en todo lo que nos rodea), es dar nuestra palabra, ser fiel, sincero,
honesto y sobre todo de ser consecuente con lo que creemos.
4. ¿Qué son las normas?
Los valores juegan un papel especial en la formación de normas o reglas.
Los valores pueden conservarse a nivel individual. Sin embargo, las normas nacen
de las interacciones grupales.
Los valores inspiran la razón de ser de cada
Institución, las normas vienen a ser los manuales de instrucciones para el
comportamiento de la empresa y de las personas.
Las normas son reglas que se deben seguir, modelo al que
se debe ajustar un trabajo.
Las normas son reglas de conductas consensuadas, entre
tanto los valores son criterios para evaluar y aceptar o confeccionar normas.
Asimismo, el incumplimiento de normas puede traer consigo sanciones externas, al
mismo tiempo el incumplimiento de valores puede trasladar sentimientos de
culpabilidad y sanciones internas.
La teoría de la norma emergente plantea que en
situaciones de confusión, novedad y ambigüedad (como en las situaciones de
crisis), el individuo tiende a buscar una guía o norma que le permite
estructurar y comprender la situación, así como interaccionar más con los demás,
y a dejarse influir por los que hacen y dicen los demás, aumentando su
sugestionabilidad.
5. ¿Qué son las actitudes?
Una actitud es la consecuencia de los valores y normas que la preceden,
a su vez es una tendencia evaluadora (ya sea positiva o negativa) con respecto a
personas, hechos o cosas. Las actitudes reflejan cómo nos sentimos con respecto
a algo o a alguien y predice nuestra tendencia a actuar de una manera
determinada.
En el caso de nuestro país podemos observar como el
reflejo de las actitudes caracterizan las distintas organizaciones y empresas,
es decir, las actitudes están precedidas por las normas las cuales si se
encuentran fuertemente presente en cada unas de ellas, pero no así los valores,
los cuales no son aparentemente parte de su cultura organizacional, ya que no se
encuentran definidos.
Para modificar conductas, más que pretender cambiar
directamente actitudes, hay que modificar los valores y creencias que las
preceden.
¿Se aprenden o se heredan los valores?
La sociología, disciplina científica que estudia las
bases biológicas del comportamiento social (en animales y humanos), plantea que
buena parte de nuestros más nobles sentimientos podría derivar de conductas
seleccionadas a partir de su utilidad para la supervivencia básica.
Los valores individuales se constituyen y se aprenden
fundamentalmente en la infancia y la adolescencia a partir de los modelos
sociales de padres, maestros y amigos.
En el caso de las organizaciones podemos plantear que
ocurren los dos procesos, herencia y aprendizaje, ya que se heredan porque se
van trasmitiendo de individuo a individuo producto del proceso de formación de
la persona en esa organización o empresa, y la vez se aprenden fruto de la
formación del proceso de evolución de los seres humanos, donde ya hemos
desarrollado algunos y nos falta adquirir otros a través de formar parte de una
determina organización.
¿Cómo se comunican los Valores?
Todo el mundo comunica sus valores, quiénes son, y qué
es importante para ellos. Las comunicaciones más significativas sobre valores
tienen lugar a través de las conductas en lugar de las palabras, actuando en
lugar de hablando.
Los valores se comunican a cualquier nivel de la
interacción humana (interpersonalmente, organizacionalmente, culturalmente,
psicológicamente, socialmente, políticamente y económicamente). Se comunican de
soslayo y en silencio, y mayormente por lo que hacemos. Los valores más
frecuente y efectivamente comunicados en las organizaciones son:
-Por lo que recompensamos: Cuando los que causan los
mayores problemas son a los que se les presta la mayor atención.
-Por lo que castigamos: Cuando castigamos el trabajo en equipo
llamándolo fraude.
-Por lo que decimos: Cuando negamos responsabilidad por lo que hemos
hecho.
-Por lo que hacemos: Cuando nos ponemos bravos contra los que nos
critican.
-Por Congruencia o Hipocresía: Cuando nuestras palabras no se
corresponden con nuestras acciones.
-Por Procesos: Cuando nos inclinamos ante alguien, o nos quedamos
callados ante el jefe.
-Por Relaciones: Cuando no decimos la verdad a aquellos que amamos o
respetamos.
-Por Carácter: Cuando actuamos diferente en público que cuando estamos
en privado.
Las comunicaciones de valores fracasan típicamente
cuando las organizaciones actúan o parecen ser hipócritas, cuando sus valores
entran en conflicto directo de unos con otros, y cuando los valores adoptados no
concuerdan con nuestras acciones. La dificultad con estas discusiones es que no
conducen a ninguna parte, precisamente porque todavía no se han enfocado sobre
lo que realmente se discute: los valores subyacentes del conflicto.
No obstante los conflictos sobre los valores pueden ser
altamente productivos, particularmente cuando los valores que no son realmente
contradictorios, sino complementarios opuestos, que, como todos los opuestos,
están conectados por un eje común.
Pensar sobre los Valores
Por muchas razones los valores son difíciles de
apreciar, articular y actualizar. Estimulan ricas y complejas preguntas
esenciales para el progreso ético, y que sugieren alternativas útiles a
considerar por individuos y organizaciones antes de comenzar a determinar sus
valores.
-¿Por qué la gente no actúa de acuerdo a sus valores?
¿Por qué todo el mundo tiene que luchar para mantenerlos? ¿Si dejamos de luchar,
serían valores todavía?
-¿Cuál es el valor de admitir que no siempre actuamos de
acuerdo a nuestros valores? ¿Qué valor reafirmamos cuando reconocemos que actuar
de acuerdo a nuestros valores es una lucha? ¿Cómo reconocemos nuestra lucha
común para vivir de acuerdo a nuestras más altas expectativas de forma que
alienten nuestro desarrollo mutuo?
-¿Cuál es la importancia estratégica de las razones que
damos para no vivir de acuerdo a nuestros valores? ¿Cuál es el valor de
articular claramente un valor que no estamos cumpliendo, y las razones por las
que somos incapaces de hacerlo?¿Puede ser que las razones por las que no vivimos
de acuerdo a nuestros valores nos ayuden a establecer objetivos y tomar
decisiones estratégicas, como individuos, equipos, organizaciones y sociedades?
-¿Cómo enseñamos los valores sin predicarlos o
moralizarlos, o convertirlos en dogmas? ¿Dónde y cómo aprendemos nuestros
valores? ¿Cómo sería una educación orientada a los valores? ¿Qué valores se
aprenden mediante la experiencia, diálogo y contemplación? ¿Cómo pueden las
organizaciones estructurar experiencias sobre valores, o impactarlas, una vez
que han ocurrido, para alentar el aprendizaje basado en los valores?
-¿Qué hacemos cuando los valores chocan o nos halan en
direcciones opuestas? ¿Qué determina el sitio en que chocan los valores
organizacionales? ¿Cuáles son los mecanismos por los que elegimos un valor por
encima de otro? ¿Cómo priorizamos los valores cuando nos halan en direcciones
opuestas?
-¿Qué hacemos cuando están cambiando los valores? ¿Qué
hacemos cuando valores importantes y en rápido cambio tales como diversidad
racial y cultural, o identidades y actitudes sexuales, aparecen en el puesto de
trabajo? ¿Hay vías mejores de aprender o enseñar nuevos valores que no sean
culpar, castigo y pérdida de la carrera?
-¿Qué hacemos cuando las conductas no se corresponden
con los valores? ¿Cómo sabemos si alguien no está actuando de acuerdo a sus
valores? ¿Cómo evitamos convertirnos en "policías de valores", mientras
ofrecemos, al mismo tiempo, una retroalimentación honesta sobre cómo las
conductas están fuera de sincronía con los valores?
-¿Cómo mejorar continuamente nuestros valores? ¿Cómo pueden las
organizaciones aclarar sus prioridades sobre los valores? ¿Cómo pueden articular
los niveles de mejoría valores dentro del mismo valor? ¿Cómo pueden aprender a
mejorar continuamente, y no dormir en los laureles?
-¿Cómo creamos una cultura de valores? ¿Cómo alteramos
las culturas organizacionales para alentar valores, y fomentar consciencia y
aceptación? ¿Cómo mejoramos la motivación, el reconocimiento y el apoyo a las
conductas basadas en los valores? ¿Cómo podemos institucionalizar valores sin
violar lo que los hizo valores en primer lugar?
Estas preguntas no son para incitar respuestas, sino
para instar el diálogo y la búsqueda de respuestas que serán diferentes para
cada organización y persona. Su propósito es revelar una verdad esencial: un
proceso mutuo de búsqueda de respuestas a preguntas abiertas orientadas hacia
los valores que revelan la compleja y paradójica naturaleza de la formación y el
logro de los valores.
Los Valores Residen en el Corazón de las Organizaciones.
Valores, juegan un papel definitorio en cualquier
aspecto, característica y elemento de la vida organizacional. Lo más importante,
mantienen humanas a las organizaciones. Alientan a los líderes, dirigentes y
empleados a hablar y actuar desde sus corazones, así como desde sus cabezas.
En The Art of Japanese Management, Richard Pascal y Tony
Athos, presentaron un Modelo "7 S" de organizaciones, creado con Tom Peters y
Bob Waterman (ver figura 2). El Modelo de las 7 S deja claro que los valores
compartidos vinculan y conforman cada otro aspecto de la vida organizacional.
Estrategia
Estructuras Sistemas
Valores
Compartidos
Estilos Habilidades
Personal
Figura 2: Modelo "7S" de Organización
El "Modelo de las 7 S" guía el cambio organizacional
basado en los valores, y forma consenso sobre la dirección futura centrando
acciones e iniciativas en los valores compartidos.
Valores Compartidos, reflejan tanto los valores
adoptados y los verdaderos, aquellos de los que se dicen de "boca para afuera" y
aquellos sobre los que se actúa cada día. Los valores de los equipos pueden ser
tácitos, y a pesar de eso forman el corazón de la cultura organizacional.
Estrategias, es el cómo llevar a vías de hecho los
valores compartidos. Incluye planes para llevar a cabo el rumbo futuro general
de la organización, que son los lineamientos para la acción de los equipos
creados por los empleados que la implementarán.
Sistemas, son los métodos o procedimientos, por medio de
los cuales se conducen los negocios internos y externos de la organización. Los
sistemas son efectivos cuando se basan en valores de equipo y conducen a
soluciones éticas.
Estructuras, se reflejan en los organigramas, la
configuración del trabajo, y la administración. Las organizaciones tienen
estructuras formales e informales que puede que no se parezcan unas a otras. Las
estructuras de equipos reflejan valores a través de su aplanamiento,
interactividad y diseño heterárquico.
Habilidades, abarcan los recursos humanos disponibles en
la organización. El perfil de habilidades de cada persona incluye sus valores,
capacidades colaborativas y capacidad para resolver conflictos de equipos.
Personal, incluye el número, naturaleza y variedad del
personal. Los valores se reflejan en las diferentes formas de diversidad,
trabajo en equipo, satisfacción laboral y motivación.
Estilo, se expresa en la cultura organizacional y los
métodos de liderazgo, gerencia, negociación, manejo de conflictos, y relaciones
interpersonales. Estos pueden ser colaborativos o antagónicos, interesados o
insensibles, centrados en los equipos o individualistas, de abajo hacia arriba o
de arriba hacia abajo.
6. El proceso de Formación de los Valores en la empresa
La formación de valores en la empresa es un fenómeno complejo que
depende de multitud de variables entre las que se encuentran:
-Las creencias y valores de fundador. Toda empresa surge
de un impulso fundamental a partir de una idea y unos principios de acción más o
menos implícito. La consecución de recursos financieros, materiales y humanos
para llevar a cabo dicha idea es un paso posterior.
-Las creencias y valores de la dirección actual. La dirección de la
empresa, en un momento dado, puede pretender perpetuar, revitalizar o incluso
modificar radicalmente las creencias y valores de su fundador, debiendo
gestionar adecuadamente el conflicto entre lo tradicional y lo moderno.
-Las creencias y valores de los empleados. Como ya hemos comentado la
mayor fuerza formadora de creencias y valores en los empleados está, sin duda
alguna, constituida por los mecanismos de recompensa existente.
-La formación y la influencia de consultores. Naturalmente, un mecanismo
esencial para modificar creencias y valores es la formación. El verdadero
aprendizaje radica en el desaprendizaje de creencias y la incorporación de otras
nuevas. Esta formación puede provenir de la asistencia a cursos como de la
lectura de publicaciones o de la interacción con consultores.
-Normativas legales existentes. La legislación laboral, medioambiental,
economía, etc, de cada país también influye significativamente sobre las
creencias y valores de sus empresas.
-Las reglas de juego del mercado. Obviamente, el mercado de libre
competencia impone determinadas reglas del juego que impregnan el sistema de
creencias y valores de la empresa. Una de las creencias más influidas por la
presión de los competidores es la de que el resultado inmediato es lo que
importa, independientemente de los medios para conseguirlo o incluso de sus
efectos sobre la viabilidad del negocio a largo plazo.
-Los valores sociales de cada momento histórico. A principios del siglo
XX, los valores sociales predominantes en los países desarrollados no eran los
mismos que los actuales, y éstos no tienen porqué ser los mismo que los futuros.
-La tradición cultural de cada sociedad. Existe una influencia mutua
entre los valores sociales y los valores empresariales. En este sentido, buena
parte del éxito económico de Japón es debido a su ímpetu para demostrar valía
colectiva al mundo accidental a través de la incorporación a la sociedad
industrial de valores sociales tradicionales de orientación al perfeccionamiento
continuo, a la armonía, al orgullo de pertenencia, etc.
-Los resultados de la empresa. Es de destacar que los sistemas de
creencias y valores de la empresa se retroalimentan en función de sus
resultados.
7. Importancia de los valores
La importancia de los valores radica en que se convierte en un elemento
motivador de las acciones y del comportamiento humano, define el carácter
fundamental y definitivo de la organización, crea un sentido de identidad del
personal con la organización.
Son importantes porque describen lo que es primordial
para sus implicados, porque identifican los resultados que la mayoría espera,
guían nuestras actuaciones y determinan si nuestras organización tendrá éxito.
También lo son porque, cuando los valores están en línea
obtenemos varios beneficios como son: moral alta, confianza, colaboración,
productividad, éxito y resultados.
Por lo tanto, los valores son formulados, enseñados y
asumidos dentro de una realidad concreta y no como entes absolutos en un
contexto social, representando una opción con bases ideológicas con las bases
sociales y culturales.
Los valores deben ser claros, iguales compartidos y
aceptados por todos los miembros y niveles de la organización, para que exista
un criterio unificado que compacte y fortalezca los intereses de todos los
miembros con la organización.
Nota: Es probable que en esta página web no aparezcan todos los
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Lic. Daylenes Martín
Fors
Profesora del Centro de Estudio de Técnicas de
Dirección de la Facultad de Contabilidad y Finanzas de la Universidad de
La Habana
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