1. Intervención del estado en la economía.
Origenes
En la época moderna los gobiernos han mostrado interés en intervenir
sobre el proceso económico
La intervención del Estado en el sistema económico se ha dado
prácticamente desde la aparición en cuanto organización social máxima de
éste. Ya en la antigua Grecia, los Imperios Romano y Vizantino tenían un
Estado interventor, lo mismo en la Edad Media, etc., En un principio
simples motivos políticos y militares llevaron a los gobiernos a
participar en la producción (fábricas de armas por ejemplo) e intentar
controlar las actividades comerciales. La época mercantilista se
caracterizó precisamente por el excesivo intervensionismo estatal,
denunciado posteriormente por los economistas clásicos.
La economía clásica y los fisiócratas pugnaron por el laisse faire que
implica la nula intervención del Estado en los asuntos económicos,
salvados los aspectos necesarios para la subsistencias de la sociedad,
como era para asegurar la paz exterior e interior y la garantía de la
propiedad.
A pesar de la propuesta de los clásicos, el Estado tuvo que intervenir
en varios aspectos de la economía en el siglo XIX. Debido al impacto de
la industrialización, los gobiernos (el inglés en primer lugar) tuvieran
que intervenir para paliar las pésimas condiciones de trabajo de la
clase obrera; la factory reform inglesa de la década de 1830 y 1840
limitó el empleo de los niños y las horas de trabajo diario y reguló el
empleo de las mujeres, al tiempo que nombró inspectores de fábricas; la
ley de salud pública de 1848 estableció normas que permitían la
intervención del estado en este campo.
Con el surgimiento del estado de Bienestar, la intervención estatal se
amplió considerablemente al campo de los seguros sociales y a la
intervención en el mercado de trabajo.
Pero fue a partir de la depresión de 1929 y de la Segunda Guerra Mundial
cuando la intervención estatal se amplió de forma importante. El
intervensionismo en las épocas de guerra y de depresión económicas
amplió las funciones del Estado y aumentó el gasto público y aunque tras
la vuelta a la paz cierno algunos gastos, nunca retornaban a su nivel
previo.
En el periodo de entre guerras surgieron los controles del comercio
exterior y las intervenciones en los mercados de divisas. En ese mismo
periodo se difundió la teoría keynesiana que proponía la intervención
del Estado en la economía, a través de la política fiscal y la política
monetaria, para evitar la crisis de desempleo. Por último, en el periodo
posbélico se difundió la participación activa en pos del desarrollo
económico.
La provisión por el Estado de servicios y bienes públicos tiene una
larga historia, sin embargo, es solamente después de la Segunda Guerra
Mundial cuando se generaliza en Europa la convicción de que es el Estado
el sujeto económico que debe impulsar el crecimiento económico. De este
modo, durante los años sesenta y setentas se generó un protagonismo
creciente del Estado en las actividades industriales de los principales
países europeos, surgieron así las primeras manifestaciones de las
"economías mixtas de mercado" que suponían que más del 16.5 % del PIB
(Producto Interno Bruto)era generado por el Estado en la Europa de los
setentas.
El Estado, como representante oficial de la sociedad capitalista, tiene
que hacerse cargo del mando de la producción, pero básicamente de la
administración de la industria y de todas las ramas de la producción
para que esta ya no perteneciera a unos u otros individuos en
competencia, sino por el contrario, estas ramas de la producción
pasarían a manos de toda la sociedad, con arreglo a un plan general y
con la participación de todos los miembros de la sociedad. Engels,
advertía una tendencia hacia la rectoría del Estado sobre la economía
nacional, como algo inevitable, una transición obligada hacia una forma
de capitalismo de Estado.
La presencia económica y social de un aparato burocrático, fuerte,
centralizado y social es un elemento constitutivo básico en la
modernización capitalista, cuyas políticas estatales han afectado los
mecanismos, modalidades y tasas de acumulación de capital, y los
mecanismos de distribución de los frutos del progreso técnico contenido
en la industria.
2. Causas de la intervención estatal.
A lo largo del proceso de consolidación del capitalismo, ocurrió una
transición compleja y con cambios profundos: la universalización del
intercambio mercantil de mercancías, tierra, trabajo y capital; la
formación y organización de estos mercados necesitaban de un fuerte
apuntalamiento normativo para funcionar en forma adecuada. Es así como
surge la organización estatal como el centro de gravedad de la
remodelación de las nuevas relaciones entre las clases y los grupos
sociales.
Organización y comportamiento del mercado: el mercado es una suma de
racionalidades individuales no preocupadas por enfrentar los problemas
de conjunto y de largo plazo del sistema. Desde la perspectiva del
sistema es importante la rentabilidad, pero sobre todo crear las
condiciones que la estabilicen a través de la construcción de
infraestructura básica y de la producción de bienes públicos; de ahí la
necesidad del Estado. El mercado no deja de tener su carácter atomizado
en la toma de decisiones, menos aún en cuando las estructuras
oligopólicas son dominantes y sus decisiones no garantizan una
estrategia adecuada a las necesidades de la industrialización. En estas
condiciones, se requiere de una instancia dotada de capacidad para
organizar como un "actor colectivo" el sistema de relaciones económicas.
Distribución de los frutos del progreso técnico: en este aspecto la
necesidad del Estado es significativa si consideramos la tendencia
inherente a la concentración social y territorial de la riqueza. Los
mecanismos por si solos acentúan la desigualdad y por ello requieren de
intervenciones normativas que contrarresten esas tendencias que pueden
hacer peligrar la continuidad del desarrollo.
3. Objetivos.
La intervención del Estado puede ser orientativa, en el sentido que
incentiva a la economía privada, para que ésta realice determinadas
acciones. La acción del sector público sobre la economía puede tomar la
forma de regulación de los distintos procesos económicos, mediante la
actividad legislativa conforme el marco institucional dentro del que se
desarrolla la producción, el comercio y las finanzas o mediante la
manipulación y control de las variables económicas significativas que
guían la iniciativa privada, a través de la política fiscal, monetaria o
comercial. Así mismo, la intervención estatal puede realizarse a través
de la intervención directa del sector público en la actividad económica.
A lo largo la historia moderna el papel del Estado ha sido de diversas
maneras:
Se desarrollaba el papel del Estado como gerente social de la igualdad
de oportunidades, creando la estructura económica de una sociedad de
bienestar que proporciona educación, sanidad y protección, mediante la
generación de los subsidios y pensiones a todos los ciudadanos.
El Estado interviene en la economía para corregir situaciones de crisis
originadas por la expansión de la gran industria en el siglo XIX.
Así como ha jugado diversos papeles, también ha tenido diversos
objetivos, algunos de estos han sido:
La intervención del Estado tiene como finalidad aumentar el gasto
público e incrementar los impuestos en una cantidad igual, es decir; sin
crear un déficit público, sin aumentar la deuda pública y al mismo
tiempo, generando un efecto positivo sobre el producto y el empleo. En
una situación de elevado desempleo, la política económica es capaz de
reactivar la producción y el empleo manteniendo finanzas públicas
"sanas".
Fortalecimiento del Estado mediante las nacionalizaciones y
expropiaciones de empresas; lo cual dio comienzo a la formación del
sector público en los sectores claves de la economía.
El Estado debe poner orden en la economía, reorientar las políticas y
adoptar medidas para reactivar las economías, salvaguardando el interés
y la seguridad nacional.
El Estado crea formas institucionales que no se reducen a garantizar la
maximización de la rentabilidad o a evitar la violencia en el
enfrentamiento de los intereses contrarios en el seno de la sociedad,
sino que reconoce la mayor complejidad social y la necesidad de
establecer causes institucionales para disminuir el potencial
desorganizador del desarrollo.
El Estado debe ser agente de cambio social y transformación económica.
Para ello requiere de un aparato burocrático que funcione fluidamente.
A través de la empresa pública, el Estado se vuelve en sí mismo un
agente de la acumulación de capital, protagonista directo en la
producción, distribución y financiamiento.
El objetivo primordial de la intervención estatal se basa en el apoyo a
las inversiones privadas y a la creación de infraestructura asumiendo
los riesgos y promoviendo nuevas áreas de inversión.
Propiciar la participación de los diversos grupos sociales en el
desarrollo, mediante la elaboración de la política económica en la cual
se relacionen aspectos políticos y económicos, ya que dicha política se
enfrenta permanentemente a la necesidad de regular un sistema que
atienda a la inestabilidad económica, social y política. La política
económica es el resultado de conflictos entre grupos y clases que
tienden a consolidar, crear o disolver equilibrios político-sociales en
el campo económico. Los objetivos de la política económica deben
expresar los intereses substantivos de los grupos dominantes, pero
también deben considerar los intereses de los grupos dominados para
garantizar consenso y justificación.
Institucionalizar los procesos de política económica aprobando:
objetivos, aplicando instrumentos, organizando instituciones, evaluando
las acciones aplicadas, y estableciendo compromisos entre diferentes
grupos sociales para procurar el equilibrio.
4. Planificación e intervención del estado
El origen de la planificación en una economía de mercado debe explicarse
con relación a la intervención estatal en la economía. La constante
presencia estatal en la economía no se reduce sólo al aspecto legal, a
las condiciones generales que permiten el libre intercambio, sino que
también contempla acciones de acumulación, distributivas e inclusive
productivas, ya sea por una presencia directa del Estado como productor
o través de un arsenal de instrumentos, procedimientos, normas y
políticas que regulan y ordenan la actividad individual.
Al Estado se ha intentado caracterizarlo mediante rasgos tales como la
monopolización del poder, de la coacción física y como una instancia de
administración centralizada y racionalizada, que actúa dentro de un
ámbito territorial definido. Sin embargo en éstos intentos de exclusión
o disminución de la importancia de la economía estatal no se puede
ocultar el papel evidente que el Estado juega en la economía.
El Estado tiene dos rasgos característicos: uno interno y otro externo.
El aspecto interno resalta la constitución del Estado moderno como un
proceso de diferenciación y separación de los poderes sociales (
ejecutivo, legislativo y judicial ), que surge del producto de la
universalización de las relaciones mercantiles y de la formación de un
sistema económico basado en la iniciativa individual, actividad que
encuentra en el mercado su único instrumento regulador.
El Estado organiza las condiciones bajo las cuales los ciudadanos, en su
calidad de personas privadas efectúan intercambios dando sustento al
proceso productivo destinado a la satisfacción de las necesidades
sociales. El Estado desarrolla y garantiza el derecho privado, el
mecanismo del dinero, la infraestructura, etc.; proporciona las premisas
existenciales de un proceso económico guiado únicamente por el lucro
individual, pero que se legitima, sin embargo, en tanto satisface las
necesidades sociales.
El aspecto externo del Estado moderno está relacionado con la forma
histórica de su origen. El estado nacional surge a mediados del siglo
XVI como un sistema de Estados que surgen a partir de las relaciones que
se derivan del establecimiento de una economía global y del tipo de las
relaciones pertinentes, que van conformando un mercado mundial.
La emergencia del Estado nacional ocurrió como un proceso sin planeación
y sin el apoyo de una ideología común, sino como respuesta frente a tres
situaciones que exigían la creación de estructuras institucionales
capaces de conformar una voluntad unitaria superior a los intereses
particulares. Estas situaciones son: los cambios de escala de la
sociedad; las consecuencias de los cambios realizados en las distintas
formaciones políticas y la lógica de la reproducción del sistema, en su
conjunto.
Los cambios de escala de la sociedad; determinados tanto por las formas
de inserción de su economía a la economía mundial, como por los efectos
ocasionados en la vida social debido a los acelerados cambios ocurridos
en la ciencia y en la tecnología, los que su vez determinan el volumen,
la intensidad y los ritmos de la acumulación, junto con el tamaño del
excedente de que dispone la sociedad.
En lo que se refiere a los cambios observados en las formaciones
políticas, éstos son particularmente evidentes en época de grandes
crisis económicas; como ejemplo tenemos la crisis de los años treinta y
la actual. Los estragos sociales que de la depresión económica de 1930
movilizaron a grandes sociales, lo cual dio lugar a importantes
modificaciones en las tareas del Estado, ya que éste a partir de una
cierta modificación de las pautas de distribución para eliminar la
extrema pobreza y asegurar de alguna manera las condiciones generales de
estabilidad y de equilibrio económico, tuvo que aprender a la
subsistencia de dichos sectores para prevenir los peligros de una
transformación radical, surgiendo así el estado de Bienestar.
En la teoría económica, el surgimiento y consolidación del Estado de
Bienestar se explica a través del sistema keynesiano. Keynes inicia su
análisis a partir de la constatación de que el desequilibrio del
sistema, en época de crisis, no puede ser superado por los mecanismos
autorreguladores del mercado. Por tanto la situación de un pleno uso de
los factores productivos es virtualmente imposible. En las economías de
mercado disminuyen los estímulos de inversión y la propensión al
consumo, con lo que se determina una reducción de la demanda global y,
por ende, se origina la falta de oportunidades con respecto a la
utilización plena de los factores productivos.
La demanda efectiva es la cantidad del ingreso gastada en consumo e
inversión, cuando ésta es inferior al nivel del ingreso nacional,
significa que una parte del ingreso nacional ha sido atesorado,
existiendo un ahorro susceptible de ser transformado en inversiones
reales y en consumo.
5. Sustento teórico.
Keynes.
Keynes concede al Estado un papel central en la determinación del nivel
de actividad económica (y del empleo) de los países. El contexto
económico del período de entreguerras dentro del cual hace su aparición
el planteamiento de Keynes, se caracterizó por un severo estancamiento
económico de la Gran Bretaña, que había sido hasta entonces la gran
potencia económica y militar del mundo, sufriendo tasas de desempleo que
se mantuvieron persistentemente por encima del 10% entre 1920 y 1940.
Por otra parte la potencia económica y militar emergente, Estados Unidos
de América, debió soportar en los primeros años de la década de los
treinta una crisis económica cuya tasa de desempleo llegó a ser del 25%
en 1933. Dicha crisis abarcó a otros países industrializados como
Alemania, Gran Bretaña, Suecia, Dinamarca, Noruega y Australia cuya
característica fueron las altas tasas de desempleo. El periodo de
entreguerras se caracterizó por la deflación, desempleo masivo y un
movimiento obrero fatigado. Estos elementos contextuales permiten
entender la política económica de Keynes, en la cual la intervención del
Estado en la economía está determinada por la volatilidad de las
expectativas, y por lo tanto de la inestabilidad que tiene la conducta
del sector privado de la economía.
Podemos concluir que ( según Keynes) para lograr el retorno del
equilibrio y mantener una plena ocupación, es necesaria la intervención
del Estado, ya que es éste quien puede mantener el nivel del gasto y de
la inversión, ya sea controlando las tasas de interés mediante una
adecuada política monetaria y crediticia y, ejercitando un control en
los tipos de inversión. de este modo el Estado puede intervenir sobre la
propensión al consumo aumentando el poder de compra de los sectores más
pobres, a través de pensiones y subsidios, o bien, a través de una
política impositiva que favorezca los ingresos mínimos.
Keynes sintetiza en dos problemas fundamentales que las economías deben
resolver:
1. La manutención de la tasa de ganancias. donde surge un conflicto
entre las ganancias y los salarios. Con la famosa distinción entre
salarios nominales y salarios reales, Keynes propone la manutención de
las ganancias a través de ajustes en el salario real, ajustes a efectuar
por medio de maniobras monetarias.
2. Por otra parte para visualizar el conflicto entre las tasas de
interés y las de ganancias, debemos recordar la situación que se
presenta cuando el aumento de la liquidez, de los medios monetarios
destinados al crédito o al ahorro, provoca una caída a la tasa de
interés. Esto da como resultado en relación a una tasa de ganancias
determinada, un considerable estímulo a la inversión. Sin embargo, ésta
situación en la economía contemporánea no se consigue tan fácilmente ya
sea porque la tasa de interés depende de la actividad financiera del
gobierno, de los bancos centrales y de las grandes corporaciones, o
bien, ya sea porque es necesario contar con una preferencia a la
liquidez, esto con el deseo de los poseedores de los recursos de
inversión de conservarlos en sus varias formas monetarias.
En su análisis Keynes se detiene en los problemas de corto plazo,
asumiendo como dados la capacidad y el volumen existente de las fuerzas
de trabajo disponible y la calidad y cantidad existente y disponible de
bienes de capital, recursos tecnológicos y estructura social. Se
requiere examinar cuáles son las condiciones que determinan aquel nivel
de utilización del aparato productivo que asegure el objetivo de
alcanzar la máxima utilización y ocupación.
En éste análisis Keynes logra una fusión del aspecto real con el aspecto
monetario, que en periodos breves influye fuertemente sobre el proceso
económico real a través del conjunto de relaciones presentadas por la
cantidad de moneda y el nivel de la tasa de interés, que son maniobradas
por las autoridades gubernamentales a fin de recuperar y asegurar las
condiciones del equilibrio general.
A partir de esta nueva forma de integración y análisis de los fenómenos
económicos se han desarrollado una serie de categoría, que posibilitan
el análisis global de la actividad económica, surgiendo así la
macroeconomía. Definiéndose ésta como la rama de la economía política
que busca explicar el funcionamiento de un sistema económico en su
conjunto, aislando, identificando y midiendo los fenómenos que
contribuyan a determinar la producción y la ocupación de todo el sistema
y sus variaciones.
Esta nueva propuesta metodológica tiende a privilegiar el análisis de
las mutaciones cuantitativas por sobre las cualitativas; por ello
permite un análisis más preciso de los fenómenos y el descubrimiento de
los llamados comportamientos de las masas y de las relaciones entre los
fenómenos. Se conforman de esta manera las macro variables definidas en
función de la comprensión de los grandes problemas. El análisis siempre
estará referido a objetivos concretos de política económica, tales como
la ocupación plena, la tasa de incremento del ingreso, etc.
En los problemas de mantener y lograr la reproducción del poder
socioeconómico y político de determinadas estructuras, cuestión que en
las sociedades democráticas está relacionada con los problemas de
obtención del consenso y de legitimidad. De aquí se deriva una
competencia general del Estado en lo relativo a las deficiencias
económicas, así como la presunción generalizada de una incumbencia
estatal en lo concerniente a la superación de tales deficiencias. De
esta manera el Estado, a través de las autoridades gubernamentales, se
compromete programáticamente a mantener en límites aceptables las
secuelas funcionales del mercado.
Existen tres grandes complejos funcionales por medio de los cuales se
mide la eficiencia de un gobierno:
Las interrupciones coyunturales del proceso de acumulación.
Los costos externos ó deseconomías de una producción privada incapaz de
solucionar los problemas por ella misma generados.
Los problemas de distribución desigual del ingreso y de la riqueza.
Para posibilitar la actuación del Estado sobre éstos tres complejos
funcionales se clasifican en dos categorías principales: una indirecta,
por medio de medidas de política económica; y una intervención directa,
mediante la adquisición por parte del Estado, de la propiedad de medios
de producción y la gestión de empresas productivas y de servicios.
Las intervenciones realizadas mediante la política económica pueden ser
clasificadas en las siguientes acciones:
Estimular la inversión y recobrar el equilibrio entre el ahorro e
inversión, asegurando la plena utilización de los factores productivos.
Sostenimiento de los niveles de precios, para asegurar la rentabilidad a
los sectores y empresas en crisis.
Sostenimiento de los niveles de consumo de los productos finales que
constituyen parte preponderante de la demanda efectiva.
Reducción de los costos de producción, ya sea a través de la fijación de
salarios, de insumos subsidiados o de establecimiento de créditos
blandos, de modo de elevar las tasas de ganancias en aquellos sectores
deprimidos que no respondan a las señales del mercado eficientemente.
Estimular las exportaciones de bienes y de capitales.
En cuanto a la intervención directa, ésta asume una serie de formas
entre las cuales se destacan las siguientes acciones:
Producción de bienes y servicios. Divididas de acuerdo a su naturaleza
difícilmente pueden realizar los particulares las cuales han sido
encomendadas la Estado, y las que se realizan en forma alternativa o
paralela al sector privado.
Acciones de Acumulación. Originadas mediante la inversión productiva
directa del sector público, o través de acciones de inversión en
infraestructura destinadas a facilitar el desarrollo de las actividades
privadas, las que constituyen economías externas.
Acciones de Financiamiento. Se dividen en aquéllas actividades
destinadas a asegurar los recursos que el Estado requiere para su
actividad como productor, o las acciones que buscan mejorar las
condiciones de crédito a los agentes privados, a fin de estimular la
inversión en los sectores señalados como prioritarios
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