¿Qué es la Inteligencia emocional?.
La razón por la cual la especie humana ha sobrevivido fue porque el
hombre primitivo tenía la capacidad de tomar decisiones, frecuentemente
en milésimas de segundo, para diferenciar las situaciones en las que
podía obtener una presa de las que pasaba él a ser la presa potencial.
Pese a la evolución de la especie humana, hay algo que no ha cambiado ya
que el hombre moderno:
• Analiza en forma constante y sin ser consciente, el grado de
peligrosidad del lugar en el que se encuentra y el nivel de amenaza o de
acogida de las personas que lo rodean.
• Juzga a las otras personas desde la primera impresión.
• Toma decisiones basándose en estas percepciones.
Estas capacidades son emocionales, por lo que no cabe duda que las
emociones sean mecanismos esenciales de conducta que nos ayudan a
reaccionar con rapidez ante acontecimientos inesperados y nos permiten:
• Evaluar las emociones de las personas que nos rodean.
• Sentir el contexto (“la atmósfera”) en que nos encontramos.
• Tomar decisiones rápidamente.
• Comunicarnos de forma no verbal con otras personas.
Podríamos decir que la inteligencia emocional nos alerta
instantáneamente de la proximidad de un peligro. Esta velocidad es
posible gracias a la existencia del un área del cerebro a la que
llamaremos “cerebro emocional”, para diferenciarlo del “cerebro
racional” (neocortex) donde, por así decirlo, reside el razonamiento y
la lógica.
Para que exista un comportamiento equilibrado, es imprescindible una
comunicación adecuada entre ambos cerebros (el lógico y el emocional).
La intervención del circuito emocional es esencial para el pensamiento
eficaz, tanto para tomar decisiones inteligentes como para pensar con
claridad y obtener los resultados que se desean. Los sentimientos nos
orientan en la dirección adecuada para obtener el mejor provecho de las
posibilidades que nos ofrece la fría lógica.
Llamaremos Inteligencia Emocional a la capacidad del ser humano de
evaluar acertadamente el medio en que se encuentra, interpretar el rol
de las otras personas que interactúan con él y la valoración de sí
mismo, no solo como individuo sino también en la interrelación con ese
medio.
A diferencia de la inteligencia lógico matemática (expresada por el
coeficiente intelectual), la inteligencia emocional se desarrolla a lo
largo de la vida, con las experiencias vivenciales de cada individuo y
también puede desarrollarse ejercitándola. Para eso existe el Coaching
Ontológico.
¿Para qué sirve desarrollar la inteligencia emocional en los
deportistas?
Un deportista apela constantemente a su inteligencia emocional, como el
hombre primitivo está constantemente tomando decisiones en milésimas de
segundo y de esas decisiones depende el resultado de su juego, en estas
decisiones cuentan diferentes aspectos:
• Aspectos racionales: tales como 'entender el juego' con todos sus
aspectos técnico-táctico-estratégicos.
• Aspectos corporales: como el entrenamiento físico, la alimentación y
el descanso.
• Aspectos emocionales: como la orientación al logro de los objetivos,
la competitividad, la identificación de valores del deporte y los
personales, la autovaloración, el trabajo en equipo, el liderazgo, la
empatía, el control de las reacciones y emociones negativas, etc.
¿Cuál es la filosofía del Coaching Ontológico en el deporte?
Desde el Coaching Ontológico interpretamos al ser humano como una
coherencia entre su cuerpo, sus emociones y su lenguaje (lo que el ser
humano dice a los demás y lo que se dice a sí mismo).
Hablamos de coherencia porque entendemos que, si bien los tres dominios están claramente diferenciados, también están fuertemente relacionados.
A cada emoción corresponde una corporalidad y un lenguaje determinado. Basta con ver por Tv las declaraciones de los deportistas cuando ganan o cuando pierden y veremos esa coherencia en sus cuerpos, emociones y en lo que están diciendo. Es más, muchas veces podemos intuir el resultado de un partido por las declaraciones previas o por la corporalidad del equipo o del deportista cuando sale a la cancha.
Las emociones
Las emociones son disparadores a la acción, cuando una persona
percibe algo que le genera alguna emoción, el cerebro, movido por esa
emoción, produce sustancias químicas que hacen que la persona actúe en
consecuencia, para todas las emociones hay sustancias particulares.
El miedo por ejemplo genera que el cerebro disponga al cuerpo a huir; el
enojo, a luchar y así cada emoción provoca una disposición a diferentes
acciones. Estas sustancias que produce el cerebro son, denominadas
neuropéptidos y sirven de alimento a las células corporales.
Las emociones son particulares para cada persona, vale decir que ante un
evento determinado, una persona puede sentir miedo, otra desafío y otra
indiferencia. Estas emociones se disparan de acuerdo a la valoración que
hace el individuo de lo que está ocurriendo, a esa evaluación la
llamaremos juicios.
Estos juicios varían con cada individuo y se relacionan con la forma que
esa persona tiene de observar el mundo. Los juicios son formas de
interpretar y valorar lo que ocurre y también las personas.
Esta forma de observar el mundo es la llave del mundo emocional de la
persona, desde allí juzga lo que es bueno y lo que es perjudicial para
ella, lo que considera posible de lograr y lo que entiende que es
imposible e influyen directamente en los resultados que podrán obtener.
Esta forma de observar no sólo se constituye en las personas sino
también en los equipos y organizaciones humanas y generan un estado
emocional colectivo que puede posibilitar o impedir el logro de los
objetivos que se desean.
Los resultados son consecuencia directa del tipo de observador que el
deportista está siendo, de lo que entiende que puede lograr y de lo que
entiende que es imposible para él, esta forma de mirar su mundo y de
juzgar influye directamente en su emocionalidad y puede convertirse en
un círculo vicioso (juzgo que no puedo, en consecuencia actúo de forma
tal que no puedo, por lo tanto me demuestro a mí mismo que era verdad
que no podía, lo que genera que emocionalmente me sienta derrotado y que
piense que posiblemente no pueda lograr resultados que antes podía, lo
que genera que actúe en consecuencia y tampoco lo logre, etc.)
Cuando el deportista está en emocionalidades positivas, el círculo se
invierte, vale decir, se convierte en un círculo virtuoso, que
posibilita el logro de objetivos cada vez más importantes y
extraordinarios.
Volvamos a los juicios, como dijimos, son evaluaciones por lo tanto
pertenecen a quien evalúa y no a lo que es evaluado, esto es fácil de
distinguir cuando los juicios difieren dentro de un equipo, pero cuando
estos juicios son comunes a todos o por lo menos a la mayoría, suelen
ser tomados como verdades inamovibles, como propiedades de la persona o
del hecho o de la cosa que está siendo juzgada.
Cuando eso ocurre en un equipo lo limita, y cuando ocurre con las
personas del equipo o las que se relacionan con él, las encasilla y
limitan tanto los actos hacia ellos, como también los actos de ellos
hacia el equipo. Muchas veces las personas comienzan a actuar de acuerdo
al rol que se les asigna, en concordancia al juicio que se tiene de
ellos.
El Coaching Ontológico propone intervenir en forma de observar el mundo
que tienen los deportistas de manera tal que puedan generar los
resultados que desean.
Este proceso no es lógico, no se aprende con estudios ni con
explicaciones, es un proceso vivencial que transforma profundamente a
los deportistas y a los equipos, alineándolos con sus objetivos y
posibilitando relaciones más efectivas.
Es empezar a hacernos cargo de “lo propio”, de reconocernos en lo que
podemos, en lo que creemos que no podemos y en lo que no sabemos que
podemos…
Cuando tomamos conciencia que no es lo mismo “tomar una acción” que
“esperar que algo ocurra”, cuando nos damos cuenta que cuando empezamos
a dar el primer paso el mundo se abre dejándonos un lugar, algo comienza
a cambiar...
Tal vez parezca difícil… tal vez parezca un tanto complicado...
¿Qué tal si comienza a parecer posible?
“No nos damos cuenta del poder que tenemos hasta que comenzamos a
utilizarlo”.