Selección de personal. Actitud, aptitud e inteligencia emocional en los aspirantes

Autor: Francisco José Miraval Tapia

Reclutamiento y selección | Inteligencia emocional

13-04-2012

“Si no podéis trabajar con amor, sino solamente con disgusto, es mejor que dejéis vuestra tarea y os sentéis a la puerta del templo y recibáis limosnas de los que trabajan gozosamente” Kahlil Gibran.

La Real Academia de la Lengua Española define Actitud: “Disposición de ánimo manifestada de algún modo” y Aptitud:” Capacidad para operar competentemente en una determinada actividad”.

Partiendo de ello podemos también decir que en la actitud influye las motivaciones, las experiencia pasadas, la voluntad, la inteligencia, las emociones, lo congénito, el entorno; la mayoría de nuestras actitudes son producto de nuestro hogar y/o entorno familiar mientras que la Aptitud, es un rasgo general y propio de cada individuo que le facilita el aprendizaje y/o desarrollo de tareas específicas y le distingue de los demás.

En la actualidad en muchas empresas vemos que la selección de personal se basa casi en un 80 por ciento en las aptitudes de los postulantes, aptitudes que los mismos sustentan con títulos académicos, certificados de cursos de especialización y otros, dejando de lado o tomando mínima cuenta de las actitudes de dichos postulantes, como consecuencia de este tipo de selección de personal podemos encontrar a trabajadores que solo cumplen con su trabajo a medias, a ellos les interesa medianamente la parte cuantitativa de su trabajo dejando de lado la parte cualitativa, influyendo negativamente en los trabajadores que de verdad se interesan por desempeñar sus labores cuantitativa y cualitativamente, no solo con su actitud, sino que todavía se les escucha “aconsejar”: "¿por que preocupas tanto?,¿ crees que te van a hacer un monumento?". Personas que no conocen la satisfacción del trabajo cumplido a cabalidad.

Hay otro tipo de actitudes negativas que también dañan la sinergia que debería haber en todo equipo de trabajo y ocasionan desunión y comentarios como los siguientes: ‘Ha perdido interés’, ‘va a los suyo y punto’, ‘es bueno, pero su soberbia le impide ser consciente de que aún debe seguir aprendiendo’, ‘siempre es el más rápido, pero últimamente mira a los demás por encima del hombro’,” en realidad no le interesa su trabajo”, “hace su trabajo a medias y nadie le dice nada”. Las actitudes por el mismo hecho de venir muchas veces desde nuestra niñez son muy difíciles de cambiar; pero las aptitudes y o competencias se pueden aprender con mayor facilidad que cambiar una actitud.

Se necesitan trabajadores con una actitud positiva, de una adecuada inteligencia emocional “…la inteligencia académica es inerte y analítica, pocas veces provoca iniciativas creadoras o conduce a realizaciones.” (1)

Es por ello que las empresas deben incidir más en las actitudes de los postulantes. Los trabajadores con actitudes negativas son trabajadores reactivos, que es lo opuesto a trabajadores proactivos, que son los que necesitan las empresas para su crecimiento y/o posicionamiento en el mercado. Los trabajadores con actitudes positivas no se rinden ante los problemas, es como si tuvieran en mente el proverbio portugués:” si no hay viento, rema” y tienen muy presentes los valores morales como honestidad y verdad. Honestidad para dar su mejor esfuerzo en el desempeño eficiente y/o efectivo de sus obligaciones en la empresa; en contraposición con los trabajadores que solo dan a su empresa ó a la empresa en la que trabajan un mínimo esfuerzo, aún teniendo la capacidad necesaria para un mejor desempeño laboral; y verdad para no estar inventando excusas para justificar actitudes negativas y asumir su responsabilidad como corresponde a una personas honesta.

“Solo puedo considerar mío lo que conseguí con mi trabajo”

Con ello me refiero no solo a los bienes materiales, sino también al ascenso en la escala jerárquica dentro de la institución en la que trabajamos, nuestro compromiso con la institución, reflejado con un desempeño laboral eficiente y/o efectivo se verá con el tiempo recompensado, con un cargo de mayor nivel , ello nos hace recordar la tercera ley de Newton “para cada acción, hay una reacción opuesta en igual fuerza y magnitud” tanto en nuestra vida como en la empresa cosechamos lo que sembramos. Las buenas actitudes harán que nos sintamos involucrados y comprometidos con la misión y visión de la empresa en la que trabajamos y bien con nosotros mismos. No olvidemos que: “El único lugar donde éxito está antes que el trabajo; es en el diccionario”.

(1) La inteligencia emocional aplicada al liderazgo y a las organizaciones. Robert. K. Cooper y Ayman Sawaf.

Francisco José Miraval Tapia - fjmir950arrobagmail.com

Jefe de Caja en Amarilis Banco de la Nación. Huánuco-Perú.

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