Para quienes estamos en el club cuarenta y tantos… resulta inevitable tocar, en cualquier reunión de amigos, el tema de los hijos y relatar anécdotas que aunque puedan resultar amenas, no dejan de preocuparnos, porque se trata de nuestros hijos, adolescentes en este caso, en quienes hemos puesto todas nuestras esperanzas de cambiar el mundo o si prefieren una meta menos ambiciosa, lograr que sean personas exitosas, con vida plena.
En el primer artículo, nos referimos a las características generacionales y su impacto en las empresas. Antes de seguir describiendo como son en realidad los jóvenes de la generación Milenio, es importante señalar los cambios estructurales que se han producido en las familias en las últimas décadas. Los doctores Amaya y Prado resaltan como ha ido influyendo en los hijos, el tiempo de permanencia, cada vez menor, de los padres en casa; desde casos en los que solo se ven físicamente al levantarse y al acostarse, o aquellos donde el padre viaja constantemente y suele comunicarse virtualmente, vía internet. Hacen referencia también, a la “familia nuclear extendida” aquella donde los abuelos comparten con los padres la crianza de los hijos, familias disfuncionales donde uno de los padres renuncia a la crianza de sus hijos, familias divorciadas y casos cada vez más frecuentes de padres solteros. Podríamos sacar varias conclusiones respecto al estilo de educación de los padres y el impacto que tiene en sus hijos; lo que no se puede negar es que todos buscamos la felicidad para ellos, aunque confundamos algunas veces términos como seguridad por sobreprotección, libertad con independencia, cuando, en este último, la mayoría sabemos que ser libre significa tomar decisiones y asumir las consecuencias.
Como se mencionaba en el
artículo anterior la generación Milenio, nacida entre 1986 y 2006,
se caracteriza por haber vivido conflictos y carencias, por haber
crecido en un entorno impregnado por la violencia que los medios de
comunicación propalan de manera indiscriminada, es una generación
recargada de actividades y distracciones además del estrés que les
genera la presión de los padres por el temor a que fracasen. En otro
momento nos ocuparemos de describir, en extenso, los comportamientos de
los padres y como han influido en sus hijos a través de los cambios
generacionales.
Los autores del libro “Los hijos tiranos llegan a las empresas” los
describen como personas poco obedientes, por ejemplo pueden encender el
celular dentro de un avión aun cuando no esté permitido. Otra
característica que he percibido en esta generación, de la cual forman
parte mis hijos, es que el tiempo que podrían pasar junto a los padres,
prefieren dedicarlo a Internet, You tube, My Space, facebook, Messenger
por citar algunos distractores o haciendo zapping por más de 100 canales
de cable. Lo curioso es que es difícil verlos hacer una tarea sin
utilizar la computadora incluso hasta revisan operaciones de matemáticas
por MSN.
Otro aspecto destacable es que son confiados. El saberse protegidos por
los padres les da licencia para equivocarse sin mayor remordimiento o
para dejar el trabajo si les molesta el tono de voz o la mirada de su
jefe. Según el doctor Twenge quien publicó el libro “Generación del Yo”
en el 2007, los cataloga como una generación Narcisista, egoísta,
centrados en ellos mismos, más preocupados por satisfacer sus
necesidades y caprichos por encima de los demás. Esto me recuerda haber
escuchado a padres que se quejan de sus hijos que trabajan, ganando un
buen sueldo, pero son incapaces de comprar siquiera el pan o ayudar en
el pago de algún servicio doméstico. Los padres cometemos el error de
“inflarlos” permanentemente diciéndoles que son los mejores o ganadores
sin haber ganado nada aun. Este tipo de reconocimiento, basado en nada,
solo “sobrealimenta” el ego, tal es el caso de los maestros de escuelas
que les cuesta de corregir los errores que comenten los niños por temor
a herir su autoestima, cuando en realidad lo que están haciendo es crear
personas temerosas e inseguras para enfrentar las “bondades” de este
mundo.
Un tema de conversación frecuente entre padres es resaltar la
inteligencia de sus hijos y es que según estudios realizados por
especialistas demuestran que esta generación es 10 puntos más
inteligente que la de 30 años atrás. Se les considera la generación más
preparada de toda la historia, tal es así que la licenciatura dejó hace
mucho tiempo de ser la meta, ahora es común ver a jóvenes estudiando
maestrías aun cuando no reúnen la experiencia laboral necesaria para
tener un alcance más profundo de la realidad empresarial.
Quien no ha reflexionado acerca de cómo nos veíamos (generación Boomers)
de pequeños, por ejemplo teníamos que esperar a que caliente el tubo
para encender el televisor que se encontraba en la sala de la casa, la
comida era “lenta” no “rápida” como ahora, había un solo baño para una
familia numerosa, todo ello ayudó a desarrollar la paciencia. Hoy la
generación de nuestros hijos tiene un televisor de encendido instantáneo
pantalla plasma, LCD y sistema LED, pueden pedir una hamburguesa en
pocos minutos y “devorarla” sin contemplación, cada cuarto tiene su
propio baño. Se desesperan porque la PC está lenta y solicitan urgente
una ampliación de memoria RAM ah! y quieren ser gerentes en dos o tres
años como máximo.
Es frecuente observar como nuestros hijos han desarrollado la capacidad
de cuestionar o debatir cualquier tema y evitar someterse. El desarrollo
de su inteligencia en comparación con generaciones pasadas les permite
utilizar el discurso y la discusión; teniendo en el razonamiento y la
lógica sus mejores armas para enfrentar el debate. A diferencia de sus
antecesores es una generación poco distante de los movimientos sociales
radicales, carecen de héroes y modelos a seguir, están acostumbrados a
recibir premios solo por participar. Los niños de esa generación
reflejan el estrés, ocasionado por las actividades que proponen los
adultos, generando gastritis y caída del cabello desde corta edad, no
tienen tiempo para jugar en solitario por la recargada agenda que
sostienen. Su palabra más utilizada es “no tengo tiempo” cuando se le
quiere asignar una tarea doméstica y paradójicamente “estoy aburrido”
cuando no tienen alguna actividad programada.
Podríamos seguir describiendo más características de esta generación, lo
importante es reflexionar sobre el tipo de formación que les estamos
dando, reparar en las concesiones que otorgamos como padres, que lejos
de fortalecerlos los encapsula en un mundo muy distinto al real. Es
cierto, no podemos “tapar el sol con un dedo” para ocultar lo que es
evidente, tampoco se trata de replegarse y volver a los métodos de
crianza de nuestro abuelos (generación silenciosa), aunque creo que aquí
si valdría la pena rescatar ciertos principios. Tomemos conciencia de
las exigencias que les toca vivir y reforzar la Confianza a través de la
comunicación permanente, conocer de cerca sus inquietudes, sus gustos y
preferencias y a partir de ello tratar de entender que les pasa. Esto no
es exclusivo del hogar; en las empresas los jefes no llegan a ser
líderes por falta de conocimiento teórico sino porque les cuesta
acercarse y saber quién es la persona que está al frente para entender
sus motivaciones y guiarlos hacia el objetivo organizacional. Espero que
este artículo sea un aporte para entender a nuestros hijos, a nuestros
compañeros y colaboradores en el trabajo, por mi parte les recomiendo
tener mucha paciencia con los jóvenes, yo por lo menos que lo sigo
intentando... Hasta la próxima.