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CICLO DE VIDA DE LAS ORGANIZACIONES Y TURNAROUND
09-2006
1. Introducción
Los niveles de actividad y las estructuras organizacionales pueden o no
guardar conformidad. Ello significa para el caso específico de una
empresa comercial, que dado un determinado nivel de ventas o prestación
de servicios, dicha empresa puede poseer una estructura de controles,
información,
toma de decisiones, dirección, planificación y logística entre
otras, que le permite operar con eficacia y eficiencia; o sea le permite
lograr los objetivos con el menor uso de recursos y por lo tanto lograr
la mayor rentabilidad y competitividad.
Lo más común es que se registren operaciones que superan las capacidades
del sistema, pero en otras oportunidades suelen darse estructuras
superiores a las reales necesidades.
Estas estructuras deben acompañar el crecimiento de la empresa,
sustentándola y haciendo posible una sana operatoria a mediano y largo
plazo.
Por supuesto que los cambios estructurales deben ser acompañados o más
aún, precedidos, de un cambio de mentalidad. Pensar en chico no es lo
mismo que pensar en grande, por lo que los empresarios y directivos
deben cambiar la forma de pensar y ver la empresa, el mercado y las
respectivas estrategias en función a las nuevas necesidades y
requerimientos.
Se puede decir que buena parte de la debacle de empresas se debe a esta
falta de ajuste tanto mental como estructural a los mayores niveles
operativos de la empresa. El otro factor clave a tener en consideración
es la falta de actualización de la empresa a los requerimientos del
mercado, ajustándose a los cambios tecnológicos, económico-financieros,
políticos, socio-culturales y de consumo entre otros.
En este trabajo se enfocará los problemas atinentes al desfase entre las
estructuras y los niveles de operaciones, guardando su desarrollo un
paralelismo con lo que se da en llamar el ciclo de vida de las
organizaciones.
Al respecto, la realidad enseña que a través de su desarrollo una
empresa debe enfrentarse a una serie de crisis que afectan su
performance y a veces amenazan su supervivencia. Estas crisis tienen que
ver tanto con el desarrollo interno de la empresa, como con las crisis
generadas por los cambios externos.
Las crisis internas tienen un carácter más o menos universal y están
fundamentalmente relacionadas con las tensiones de adaptación que todo
proceso de cambio trae aparejado a los organismos de naturaleza social.
Reconocer la existencia de un ciclo de vida organizacional propio de una
estructura de procesos y ofertas, en tanto y en cuanto éstas no se
readapten con el tiempo, y los cambios que esto trae aparejado en las
necesidades internas como externas, es fundamental para un correcto
análisis, diagnóstico y tratamiento de la situación.
2. Primeros pasos
Un individuo o un grupo de ellos, dan inicio a una actividad sobre la
base de generar un valor agregado útil para los consumidores, y por lo
tanto demandables por éstos. En esta primera etapa si se trata de una
pequeña o mediana empresa la solicitud de asesoramiento suele limitarse
a aspectos societarios, impositivos, laborales, contables y de
publicidad.
La planificación no es objeto de consulta y suele ser la cuestión sobre
la cual ningún externo puede acceder. Es un terreno exclusivo de los
fundadores y propietarios de la empresa. ¿Quién se atreverá o tendrá la
osadía de decirle a estos emprendedores que hacer con su tiempo y
dinero?
Evitar la burocracia, depositar la máxima confianza en el personal,
participar activamente en todas las decisiones, y hacer todo según el
criterio y deseo del propietario es lo clásico.
En esta primer etapa se trata de hacer conocer la empresa, ganar espacio
y conquistar día a día una mayor cuota de mercado. Ello implica
sacrificio, y un gran cuidado de los gastos por parte de los
propietarios, que controlan todos los días su evolución.
Esa planificación, organización, dirección y control se lleva a cabo
respondiendo al instinto y/o la experiencia, pidiendo consejos aquí y
allá, sin una coordinación y visión totalizadora del negocio. No se
llega a tener una comprensión de la empresa como sistema.
El crecimiento y las posibilidades de negocios suelen verse limitadas
tanto por la estructura como por la carencia de capacidad financiera. En
muchas ocasiones se poseen los fondos, pero se carece de la estructura
necesaria para acompañar las decisiones y proyectos.
En esta primer etapa los peligros asechan: el exceso de confianza que
posibilita el fraude, la falta de un adecuado sistema de información que
impide monitorear los costos y las rentabilidades, no poseer un adecuado
sistema de créditos y cobranzas, y a todo ello sumada en numerosas
oportunidades la falta de experiencia.
En las empresas de mayor tamaño los éxitos pasados de sus propietarios
en otras actividades les hace presumir de tener la virtud o capacidad de
convertir cualquier actividad en “oro”. Con ello dan todos los pasos
para caer fácilmente en el desastre. Aplicar enfoques que les fueron
útiles en una actividad a otras sólo les permite aprender que ello no
siempre es factible.
3. Abriendo nuevos caminos
Consolidada la empresa en sus primeras etapas, empiezan los propietarios
y directivos a conocer mejor los secretos y aspectos críticos de las
operaciones, el personal tiene más experiencia y ello se ve en los
mayores niveles de productividad.
La pregunta es: que pasa si los directivos siguen sin llegar a conocer
los secretos de la actividad o sus empleados no mejoran los niveles de
productividad?
La respuesta es: el crecimiento de la empresa se vera limitado
rápidamente. Para conocer los secretos y puntos críticos no sólo basta
acumular experiencia, sino estudiar y gestionar el conocimiento en la
organización, algo que se hace extensible tanto a los funcionarios como
a su personal.
Sin esa continua gestión los errores se seguirán cometiendo, no habrá
mejora continua, un día se hará bien algo y al día siguiente se volverán
a repetir los viejos errores. Los costos se no reducirán, los niveles de
servicios a los clientes no mejorarán y la rentabilidad tendrá una
tendencia descendente.
Pronto los clientes se cansarán de la repetición de errores y
buscarán nuevos proveedores, otros competidores con mejores precios y
niveles de calidad aparecerán en el horizonte con suficiente fuerza para
desplazar a la empresa del mercado.
Los escasos controles que permitieron e hicieron factible la primer
etapa, empiezan a tornarse en contra a medida que crece la organización.
Un ímpetu hacia nuevas zonas y nuevos productos, sumados a nuevos
empleados, la carencia de una cultura organizacional fuerte que sirva de
apoyo al crecimiento y la falta de sistemas de información y control
adecuados llevan a frenar el crecimiento.
Mientras, las ventas pueden seguir creciendo, ello es gracias a
nuevos productos, servicios y clientes, y a costa de la pérdida de
viejos clientes, como así también a una mayor rotación de personal. Los
ingresos monetarios tienden a superar las pérdidas, con lo cual no se
toma conciencia de la situación.
Todo ello es factible debido a la falta de un adecuado y eficaz
control de gestión. Van tornándose críticos los “costes ocultos”,
aquellos que no son desmenuzados en la contabilidad y en su cuadro de
resultados, pero que terminan por afectar la última línea del cuadro de
resultados.
En el plano del personal una falta o muy restringida política de
delegación por parte de los directivos tiende a desfavorecer el servicio
al cliente, incrementa los costos, impidiendo a los funcionarios o
directivos concentrarse en los aspectos estratégicos. En suma, los
directivos viven “apagando incendios”.
Los montos que se manejan al igual que la cantidad de operaciones, son
demasiadas elevadas para poder operar sin una debida sincronización
tanto a nivel operativo, como comercial y financiero. Los desajustes van
dejando sus cicatrices en los costos financieros. Excesos de inventarios
e insumos, acompañados de un creciente endeudamiento bancario van
restringiendo la capacidad de maniobra de los directivos.
El crecimiento desenfrenado lleva a una pérdida de enfoque, lo cual trae
consecuentemente una continua degradación en la competitividad de la
empresa.
La pregunta que cabe hacerse ahora es: siempre tiene lugar tal situación
en las empresas durante el desarrollo de la segunda fase? Para las
empresas poderosas, con potencial financiero y capacidad para contratar
a funcionarios de experiencia debe decirse generalmente que no.
Pero para las tradicionales pymes es bastante típico que se diga que sí.
Los propietarios de éstas últimas embriagados de sus anteriores
triunfos, y de su actual crecimiento de ingresos, sólo alcanzan a ver
una parte de la situación, considerando que no necesitan ni requieren de
ningún tipo de apoyo externo.
Y cuando lo solicitan, lo hacen sólo a nivel financiero desconociendo
por completo los aspectos humanos y estructurales de la situación.
No se llega a comprender realmente la situación, careciéndose además de
una falta de visión sistémica, lo cual lleva a adoptar decisiones que
terminan generando efectos adversos.
Así si los costos aumentan, reducen costos mediante proveedores
seleccionados en función del menor precio, bajan las actividades de
mantenimiento, eliminan horas de capacitación, y así en otros aspectos.
Desconocen por completo lo que son las actividades y costos
estratégicos. Por ello la reducción de costos mediante la limitación o
eliminación de tales actividades lleva a una segunda fase de mayores
costes por unidades monetarias de ventas y a una sucesiva degradación de
los beneficios y rentabilidades.
Es así como las empresas encuentran un fuerte techo a su crecimiento.
4. El techo: tercera fase en el ciclo de vida
Se ha optado poner freno a la situación anterior mediante fuertes
controles, decisión ésta que desconoce por completo el coste de los
niveles de control. Se pasa de una etapa de fuerte descontrol con altos
costos motivados por fraudes,
errores en decisiones por información incorrecta y carencia de controles
presupuestarios, a un vuelco total, donde el extremismo en los controles
impide un mejor servicio al cliente, la toma de decisiones se han
centralizado en mayor medida aún y los costes burocráticos tienden a
acrecentarse irracionalmente.
La mala política y gestión de los recursos humanos empieza en esta etapa
a cobrarse muy caro. Indisciplina, falta de motivación y carencia de
trabajo en equipo son lo cotidiano y natural. Nadie está dispuesto o en
condiciones de tomar el liderazgo. Se está en la cumbre pero todos
empiezan a intuir el declive, empiezan a tomar conciencia del giro en el
recorrido.
Llega un momento en que la pérdida de ventas y clientes son mayores que
los nuevos clientes y sus compras, con lo cual la curva de ventas
empieza a declinar, y con ello el exceso de empleados, los problemas
legales que ocasionan su suspensión o despido, la caída en los niveles
de servicios al cliente, lo cual incrementa aún mas el derrumbe de
ventas.
5. La caída
Cuarta fase: la caída. Los mejores empleados ya abandonaron la empresa,
y con ello sus experiencias y capacidades. Estos son reemplazados por
empleados de baja productividad y sin compromiso alguno con la empresa.
El nivel de rotación tanto de empleados como de clientes se va
incrementando. Los niveles de calidad, productividad, satisfacción,
costos y tiempos de respuestas, se alejan de los principales
competidores.
Los mejores clientes ya se han ido hace mucho tiempo. Empieza a vivirse
de los clientes marginales, de los más costosos de servir, de los que
son menos rentables, de los peores pagadores.
Pérdida de enfoque, y consecuentemente pérdida de posicionamiento,
soberbia de los propietarios y directivos, desacople estructural con el
mercado y el crecimiento de la empresa, carencia de planes estratégicos
y altos niveles de desperdicios, llevan a la empresa a un estado al
borde de su desaparición.
Empiezan a sonar las alarmas en las instituciones bancarias, los
préstamos escasean, se hacen más caros y a plazos cada vez más cortos y
con mayores garantías.
La soberbia ha impedido a sus directivos descubrir los paradigmas que ya
no eran válidos para continuar dirigiendo la empresa.
Creer que lo que fue válido en sus primeros pasos podía continuar siendo
válido en las posteriores, sumado a los cambios en el entorno, terminan
infligiendo un muy fuerte golpe a la empresa. Los márgenes de reacción
son cada vez menores.
Cuanto más delicada es la situación más empecinados están sus
directivos en continuar equivocándose de políticas. Cambian, pero
cambian para mal. El desconocimiento de la empresa como sistema, y de
ella dentro de un sistema mayor, le impiden adoptar medidas eficaces.
6. Monitoreo Permanente y Turnaround
Dos formas hay de evitar ese desastroso recorrido antes descrito. Uno
implementar un Monitoreo Permanente que vigilando de manera continua los
distintos ratios, no sólo financieros, sino también de calidad,
productividad,
satisfacción de clientes y empleados y la situación frente a los
competidores, le permita a la empresa adoptar a tiempo los cambios
necesarios para enderezar su marcha. Como efectuar ese monitoreo?
mediante la implementación de un Cuadro de Mando Integral;
ya que este no sólo toma en consideración los aspectos financieros
sino también la calidad de los procesos, la respuesta de sus clientes y
el grado de compenetración de sus empleados, permitiendo la fijación de
metas estratégicas y operativas, pudiéndose seguir la aproximación de la
empresa a los mismos en el transcurso del tiempo, y poder adoptar así
las medidas correctivas.
En cambio el Turnaround o reingeniería del negocio, implica un cambio
radical en la visión y gestión de la empresa, que le permita a ésta
recuperar su capacidad de generar valor económico. Los directivos
reconocen la situación por la que atraviesa la empresa, y van en
búsqueda de apoyo externo para dar inicio a un proceso de rehabilitación
financiera. Recomponen sus finanzas regenerando la capacidad de producir
bienes y servicios de alto valor a un coste razonable.
“Reingenierizar los negocios de una empresa –nos dice G. Schmitt-
mediante el turnaround significa revertir la performance, de un estadio
de declinación y fracaso a uno de recuperación y éxito”.
Cuanto más haya avanzado la empresa en el recorrido de su ciclo de vida,
o sea cuanto más fases haya avanzado su enfermedad estructural, más
rápidos, profundos e importantes deberán ser los cambios y
reestructuraciones que se implanten. Menos espacio para errores hay y
más liderazgo con fuerza se necesitará.
Poner el barco a salvo en una fuerte tormenta en el mar requiere de un
buen timonel, ese timonel es el que deberá liderar la empresa dando los
cambios de frente que sean necesarios para salvar la empresa llevándola
a buen puerto.
El líder y un eficaz trabajo en equipo, son las claves para a partir de
ello aplicar las herramientas y técnicas de gestión que sean necesarias.
Sin recursos humanos adecuados dispuestos a luchar por salvar la
organización, pocas posibilidades tiene esta de salvarse, o quedar
marginada definitivamente de la competencia.
Es mediante el turnaround que se debe detectar a tiempo las
disfuncionalidades y poner en marcha un giro drástico a la situación.
Volver competitiva a la empresa nuevamente es el objetivo, y para ello
es fundamental aplicar tanto el diagnóstico como la reingeniería de
negocios.
7. Conclusiones
Las empresas o entidades no están obligadas a perecer, pero mientras sus
estructuras no se actualicen y adapten al entorno, mientras se las
obligue a transitar por caminos para los cuales su estructura
organizacional no este adecuada, el peligro de avanzar por las
diferentes fases hasta poner en riesgo su propia existencia es una
realidad.
Tomar conciencia de la necesidad de adaptar los paradigmas, las
estructuras, los procesos y los productos y servicios a las diferentes
realidades del momento es fundamental para permitir a la empresa
continuar siendo competitivas. La capacidad de una empresa de ser
competitiva y rentable depende del reconocimiento que el consumidor haga
de los productos y servicios que esta ofrece y del precio que el
consumidor este dispuesto a pagar.
Las discontinuidades del contexto externo obligarán a las empresas a un
esfuerzo constante por readaptarse a las diferentes realidades, por lo
que podemos afirmar que en el largo plazo las empresas deben permanecer
en continua actitud y disposición para el cambio.
En 1985 la revista Fortune sólo contenía en su lista de las quinientas
empresas más grandes de los Estados Unidos, un total de 187 de las que
había informado en el año 1955. Según W. Tunstall las razones de tantos
fracasos o desapariciones se deben en gran parte a la falta de habilidad
de las empresas para adaptarse a los cambios en el contexto.
Empresas como Coca Cola están hoy por hoy continuamente readaptándose a
la situación del entorno; y a ello se debe su permanente éxito, otras
como la aerolínea Panam no supieron adecuarse a tiempo, a pesar de su
tamaño, terminando por desaparecer. Cuando la empresa más grande es, los
errores más difíciles son de corregir o mayores son los costos de las
mismas. Para esto último podemos poner de ejemplo a la General Motors y
sus monumentales despidos.
Chrysler supo caer en fases que la llevaron al borde de su extinción,
pero encontró al líder y al grupo de trabajo necesario para salvarla y
darle nuevamente vida y capacidad de competir.
La Enciclopedia Británica se vió jaqueada por sus paradigmas y falta de
adaptación a las nuevas tecnologías y necesidades del mercado. Encarta,
un producto proveniente de una industria ajena al mundo editorial la
desplazó en los gustos y deseos de los consumidores.
Xerox fue suficientemente rápida en reconocer el avance de la japonesa
Canon y reaccionar a tiempo mediante una excepcional estrategia de
benchmarking.
8. Anexo
Síntomas de tipo cuantitativo que indican la existencia de causales que
requieren acciones de cambio profundas.
-
Disminución
en la rentabilidad.
-
Pérdidas
en la última línea del balance.
-
Deterioros
en el margen de contribución.
-
Disminuciones
en las ventas.
-
Aumentos
en los costos de fabricación o prestación de
servicios.
-
Aumentos
relativos en los costos de administración,
comercialización y financieros.
-
Aumentos
en los indicadores de endeudamiento.
-
Disminuciones
en el nivel de las inversiones.
-
Incrementos
o disminuciones abruptas en los niveles de inventarios.
-
Disminuciones
o incrementos abruptos en los dividendos.
-
Deterioros
en el valor patrimonial.
|
Entre los síntomas de carácter cualitativos que sirven como preanuncios
o avisos de problemas tenemos:
-
Desorientaciones
respecto de la estrategia de la empresa.
-
Ausencia
de objetivos claros.
-
Problemas
en los sistemas de información y en el control de gestión.
-
Estructuras
organizacionales pesadas y burocratizadas.
-
Desbalances
en la asignación de recursos.
-
Problemas
de liderazgo.
-
Insatisfacción
creciente en los clientes y consumidores.
-
Disminución
en la motivación del personal y alta rotación del
mismo.
-
Disminución
en la calidad de los productos.
-
Disminución
en la productividad de los recursos.
-
Excesiva
centralización en la toma de decisiones.
-
Falta
de anticipación a cambios en el contexto externo.
-
Ausencia
de desarrollo tecnológico.
-
Carencia
de una política y estrategia de prevención y mejora
continua.
|
9. Bibliografía
Ciclos de vida de la organización – Ichak Adizes – Editorial Díaz de
Santos – 1988
Turnaround. La Reingeniería de los Negocios – Guillermo Schmitt .
Editorial Atlántida – 1994
Rehabilitación Financiera de Empresas – Mauricio Lefcovich –
www.gestiopolis.com - 2004
Dr. Mauricio Lefcovich - Consultor en Administración de Operaciones
y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora
Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor. E-mail:
mlefcovicharrobahotmail.com
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