LAS OPORTUNIDADES DE NEGOCIO SON EL MEJOR “MILAGRO” DE CONVERSIÓN
Nuestro Gabinete lleva más de una década desarrollando por toda España
un Programa completo de sensibilización al hecho de emprender.
Desde comienzo de los 90 hasta la actualidad hemos experimentado
reacciones muy positivas con más de 16 mil estudiantes de último Curso
de estudios (Universitarios y de Formación Profesional), postgraduados y
desempleados en general, que asistieron a nuestro Proceso formativo para
el Autoempleo en catorce de las diecisiete Comunidades Autónomas
españolas, una veintena de Universidades, diferentes Centros Europeos de
Innovación adheridos a la Red Europea EBN, Agencias de Desarrollo Local
de Ayuntamientos capitalinos, etc.
Por nuestra acción directa en el conjunto español hemos
provocado una creación de nuevas empresas superior al millar, lo que
puede corroborar los estudios estadístico realizados por nuestro
principal esponsor institucional, desde otoño 92, una Cía. eléctrica
española de primer nivel.
Hacemos este prólogo para que nuestros lectores nos sitúen debidamente y
sepan a ciencia cierta que nuestro conocimiento en este tema es amplio y
experimentado. El Proceso Formativo que desarrollamos (véase nuestra
Web: www.autoempleo-2000.com) arranca con un Seminario básico, que le
llamamos de “Motivación Empresarial”, por lo que hemos sido pioneros en
España en este quehacer, donde nuestra misión de cambiar el chip a los
asistentes hacia el hecho de emprender, llevándoles al convencimiento de
que el Autoempleo es “la otra” opción de empleo, ha quedado ampliamente
constatada.
Una conseguimos este objetivo, llevado con un mensaje claro vocacional, la gente se quiere apuntar al reto en base a la motivación, lo que le supone una especie de autopulso personal, con la clara posibilidad de poder llegar a ser empresario.
Dos características denotan con claridad al “converso”: 1) el afán de
independencia y 2) la capacidad de mejorar lo presente (en el mercado).
Por tanto, ya estamos hablando de dos cualidades básicas que denotan la
actitud del novicio de empresario, la cual ha de tener connotaciones
positivas muy claras, tremendamente positivas, diría yo, pues sin ese
posicionamiento de salida difícilmente podrá iniciarse una singladura
empresarial.
Frecuentemente se asocia al fenómeno de emprender la imagen del joven
que arranca una nueva aventura empresarial más o menos innovadora,
aunque en sí el concepto emprender implica otros conceptos de creación
de grandes empresas, o en el lanzamiento de nuevas operaciones,
generalmente novedosas, en las empresas existentes. Nuestra filosofía se
basa en demostrar al futuro empresario/a cómo puede ser capaz de
convertir sus diferentes amenazas, las que le acechan sobretodo al fin
de sus estudios, en claras oportunidades de desarrollo personal, es
decir, lanzarse al auto-reto y preguntarse:”¿puedo?”, lo que es una
clara actitud autoinquisitoria de exigencia de respuesta, es decir, de
“oportunidad” para resolver su problema personal que, al final, lo es
asimismo de la sociedad en la que vive.
Hay quien entiende muy bien esta filosofía por autocuestionarse
la propia capacidad. “Si otros lo hicieron ¿por qué no yo?”, cuya
respuesta positiva resuelve un problema social –uno menos en esa pesada
lista nacional de desempleados— y contribuye, por tanto, al
enriquecimiento de la sociedad. Más tarde, el Autoempleado/a se
convertirá, muy probablemente, en empleador/a.
Nuestro segundo nivel formativo se ha venido centrando en ayudar al
futuro empresario a buscar su idea de negocio, ese tesoro escondido que
requiere ser descubierto y que, a buen seguro, está en alguna parte. Es
aquí donde se requieren dotes para la aptitud, que no es ni más ni menos
que en saber formarse para manejar positivamente el binomio
actitud-aptitud de cara a lo que está por venir.
Aquí solo triunfan los valientes, los optimistas, los que desean
arriesgar, los inquietos por el conocimiento y la experiencia, los
motivados hacia el reto personal, los valedores de la autoestima, los
guerreros aguerridos que no descansan y velan sus armas, los buscadores
de tesoros escondidos que no lo están tanto, los pertinaces, los
generosos con el tiempo de trabajo, los entusiastas de su propio
quehacer, los amantes de su propia independencia, ... ¿se puede pedir
más? Pues eso es, al fin y al cabo, la meta de la realización personal y
profesional de mucha gente, ¡bendita gente!
Quienes gobernamos nuestro propio empleo sabemos que todas estas
características son la peana sobre la que ha de cimentarse la figura del
empresario. Por eso, durante el Proceso formativo para la Creación de
Empresa, no permitimos la desmotivación a nadie, no dejamos que a nadie
se le caiga la actitud, sin la que su hermana aptitud --para emprender—
no podría aparecer.
¿De qué vale conocer todos los conceptos de la buena gestión
empresarial sin una clara actitud vocacional para el empresariado? Los
novicios no maduran nunca sin ella, pues desertarían fácilmente. Y con
ella se ha vivir cada día, cada mes y cada año de su devenir
empresarial. Ese es el secreto de nuestro tercer nivel formativo para
conseguir un buen proyecto de empresa, que nos lleva finalmente al
alumbramiento del niño empresarial.
La perseverancia y la permanente actitud innovadora, ilusionante,
entusiasta, entregada, humanamente progresiva, ... hará lo demás,
sabiendo convertir día a día las constantes amenazas en claras
oportunidades de negocio. Enhorabuena para todos aquellos que sepan
consagrarse en esta conversión diaria para poder triunfar. Lo contrario
es hundirse en la mediocridad y en dejarse llevar por la corriente,
llorar con los demás... Suelo decir frecuentemente que el emprendedor es
una persona que mira como los demás, pero de manera diferente, es decir,
observa.
He ahí el permanente saber estar al acecho de cuanto sucede a su alrededor, buscando oportunidades y alejando las amenazas de su entorno. Que nadie se llame a engaño. Quien diga que emprender un negocio es fácil se equivoca. La financiación no es precisamente el problema, lo digo con conocimiento de causa. Pero de la misma manera nadie podrá decirnos aquello, a veces tan manido: yo no puedo. Podrá convencernos de que ese no es el camino que desea. Y se lo aceptamos. Pero la palabra imposible no existe en este territorio de nuevos empresarios.
Que nadie lo dude, pues de lo contrario estaríamos llenos de amenazas
por todas partes. Los que ya somos empresarios independientes escapamos
de esa palabra como alma que lleva el diablo. Me hice empresario tras 35
años de trabajar gerenciando empresas para terceros. Me costó el salto
en el vacío, pero al final lo conseguí. Trabajar para uno mismo nada
tiene que ver con hacerlo para terceros, aunque a la hora de la verdad
trabajes el doble, sufras más por tu ganada independencia, y ¡por qué
no! hasta incluso –al principio-- ganes menos. Solo hay que
experimentarlo para saberlo.
Julio
I. Laespada Consultor de Management y de Desarrollo Local-Regional.
España juliolaespada
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