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LA VIDA ES UN SUEÑO, Y LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON

Autor: Oscar Osvaldo Conti

HERRAMIENTAS PARA EMPRENDEDORES

05-2006

Herramientas

Ya había estado allí. En mi anterior visita, el lugar estaba en construcción. Ya se vislumbraba como algo espectacular, fuera de lo común.

Desborda diseño, buen gusto, mucha dirección para cubrir una enorme cantidad de detalles y por sobre todas las cosas: mucho amor. Se trata de un salón para eventos emplazado en seis hectáreas totalmente parquizadas.
 
En este último viaje, me dediqué a reflexionar sobre la razón que nos impulsa a emprender un negocio. ¿Qué buscamos?, me preguntaba mientras recorría el parque y observaba los cientos de metros cuadrados de techo del salón principal. Una obra maravillosa en una ciudad pequeña del interior. No creo equivocarme si aseguro que en Capital Federal y GBA no hay, y dudo que vaya a haber, algo similar.
 
Escuché varias veces a nuestro anfitrión contar algunos pormenores de la obra y algún que otro sinsabor frente a los resultados económicos del emprendimiento. Sentía que se esforzaba en sostener su sueño (que ese maravilloso espacio permitiera generar ingresos suficientes para justificar, ya no su construcción, sino su supervivencia). Sentía que se aferraba a su sueño. A ese sueño que no admite que alguien desde afuera le meta mano, ni opine. A ese sueño que no admite alguna evaluación de viabilidad económica. A ese sueño que nos va aislando, alejándonos de los otros.
 
Carl Jung sostenía: "Tu visión se aclarará solamente cuando mires dentro de tu corazón... El que mira fuera sueña. El que mira hacia adentro, despierta."
 
En esta ocasión los visitantes fuimos muchos. Entre las conversaciones no faltó alguno que opinara que había sido una "locura" construir ese lugar. Había resultado una obra faraónica inviable para esa ciudad. Yo mantuve silencio. Seguía ensimismado preguntándome: ¿qué buscaba su dueño?
 
Opinar desde afuera es fácil. Con los resultados en la mano no se necesita mucho ingenio para condenar al soñador. Incluso, sin los resultados, es fácil pinchar globos.
 
Pensé en la cantidad de sueños que perseguí a lo largo de mi vida. En aquellos que logré plasmar y aquellos otros que se quedaron en el camino, sin concretarlos. Pensé en esa fuerza interior que a uno lo impulsa a despegarse de la tierra y volar. Pensé también en esa profunda sensación de fracaso que me embargaba cuando me daba cuenta que todo había resultado un sueño (ilusión). Pensaba en la soledad en la que me encontré unas cuantas veces. Incluso, hasta logré sentir el sonido lejano de alguna voz que me decía: "¿te diste cuenta que era un error? "
 
No pude dejar de pensar en todo esto, mientras escuchaba a su dueño que justificaba el fracaso económico por no contar con capacidad hotelera. "La gente no viene aquí porque no tiene lugar para quedarse".
 
Pensé sobre lo difícil, y doloroso, que resulta abrazar al fracaso. Pensaba también en lo aliviador que termina siendo cuando nos hacemos amigos del error cometido. Es el momento en el que nuestros pies vuelven a posarse sobre el suelo. Desde allí, todo pasa por centrarse en lo que tenemos y no en lo que nos falta. Si asumimos el fracaso, todo lo que logremos, de allí en más, será acertado. Continuando con las apreciaciones de Carl Jung: "El conocimiento descansa no sólo sobre la verdad, sino también sobre el error".
 
Nos presionan (genética y socialmente) para que seamos exitosos en lo que hagamos. Está en nosotros romper con las presiones y conectarnos con nuestra propia voz, esa que nos permite sentirnos en el lugar y en el tiempo exacto. Esto no es fácil, requiere, entre otras cosas, entrenamiento, ya que muchas veces no nos damos cuenta cuando nos habla, incluso a través de alguna enfermedad (el dueño del lugar hace un mes ha sufrido un infarto). Es posible que necesitemos ayuda; es bueno ejercitarnos también en eso de pedir a otros que nos ayuden. También es posible que adoptemos el camino del sufrimiento y nos quedemos en todo aquello que no tenemos, pretendiendo seguir soñando.
 
Aunque no nos demos cuenta, está en nosotros ser libres o permanecer presos de nuestros sueños.
 

Oscar Osvaldo Conti ocontiarrobaooconti.com.ar 

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