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George Homans (“The human group”; Harcourt, Brace and World – 1950) hace
referencia a que un grupo está conformado por un cierto número de
personas que se comunican entre sí con cierta frecuencia durante un
período de tiempo, y que son los suficientemente pocos como para poder
comunicarse cara-a-cara,.entre sí.
Todo grupo se caracteriza por la existencia de un patrón de relaciones
entre sus componentes que tiene carácter repetitivo y se sostiene en el
tiempo. Hay que diferenciar los grupos de los “sistemas sociales”, como
es el caso de una nueva fábrica que se abre. El sistema social tiene que
ver con lo que Muzafer Sherif (“Experiments in group conflict and
cooperation”; Scientific American – 1956 / “Inter-group relations and
leadership”; - 1962) llama una “situación de estar juntos”. La situación
de estar juntos es distinta de lo que sucede en los grupos donde las
relaciones se sostienen en el tiempo ya que tienen permanencia y
continuidad. Por lo tanto podemos decir que un “grupo” es un concepto
longitudinal.
Nos suscribimos a la definición de “grupo” que hacen Muzafer y Carolyn
Sherif (“An outline of social psychology”; Harper & Row – 1956) que se
reproduce textualmente, en inglés:
“A group is a social unit which consists of a number of individuals who
stand in (more or less) definite status and role relationships to one
another and which possesses a set of values and norms of its own
regulating the behavior of individual members, at least in matters of
consequence to the group”. Y los autores detallan cuáles son los cuatro
principales factores que eventualmente conducen al desarrollo de los
grupos:
un tipo y grado de motivación que es común a todos los miembros;
el desarrollo de normas y valores grupales;
la aparición de expectativas recíprocas de los miembros del grupo en
relación al comportamiento de “otros”;
la aceptación por parte de los miembros organizacionales respecto de las
normas y valores grupales y de su aplicación, incluso cuando los otros
participantes no están presentes.
El psicólogo alemán Kurt Lewin (1890-1947) ha sido uno de los expertos y
notables investigadores en ciencias del comportamiento que más energías
ha dedicado al estudio de Grupos. Kurt Lewin afirmaba que se encontró
evidencia en los programas de capacitación y entrenamiento relacionados
con cambios en los hábitos de alimentación, productividad en el trabajo,
criminalidad, alcoholismo, e incluso prejuicios que resulta más fácil
conseguir cambios en los comportamientos de las personas cuando estos
están conformados dentro de un grupo que a través de un trato individual
(“Group decision and social change” – 1947).
Los grupos han sido en algún momento grupos híbridos como lo señalara el
antropólogo USA, Ralph Linton (“The study of man” – 1936). De modo que
la concepción de partir de pura-sangre no siempre es correcta.
La antropóloga de USA, Margaret Mead (1901-1978) demuestra “el
importante peso relativo” que tiene el Grupo por sobre las personas que
la componen. “Cualquier miembro de un grupo, siempre y cuando su
posición dentro del grupo es adecuadamente especificada, es una perfecta
muestra representativa del patrón general del grupo en su totalidad”
(“Nacional Carácter” – 1953).
También el sociólogo de USA – William Graham Sumner – hace notar como
los grupos se integran dentro de la concepción de la “teoría social
evolucionista”, que privilegia los aspectos de diferenciación e
integración dentro de toda comunidad (Paul Lawrence & Jay Lorsch, en
“Organizations and Environment”, Harvard University Press – 1967
desarrollan su modelo de eficiencia organizacional basado en estas dos
importantes variables). Sumner (“Folkways” – 1906) afirma, literalmente
y en inglés: “A differentiation arises between ourselves, the we-group,
or in-group, and everybody else, or the others-groups, out-groups”. Para
Sumner todas las personas al tratar de satisfacer sus necesidades no
miran mas allá que de obtener satisfacción inmediata” y como
consecuencia de las necesidades repetitivas que tiene el hombre se
originan los hábitos en las personas y las costumbres para el grupo.
Dentro de todo grupo la variable conflicto puede ser encontrada
“naturalmente” como lo asegura el sociólogo alemán Georg Simmel: “Una
cierta cantidad de desacuerdos, divergencias internas y controversias
hacia fuera, están orgánicamente unidas con los mismos elementos que
finalmente sirven para mantener al grupo en forma compacta”.
Las afirmaciones de Sumner y de Simmel deben ser tenidas fuertemente en
cuenta por todos aquellos interesados en crear organizaciones como así
también en sostenerlas y desarrollarlas. Como individuos muchos podemos
tener una larga vida con orientaciones y preferencias de basados en
operar como resultado de una perspectiva unidimensional pero para los
grupos es totalmente imprescindible tener una perspectiva bi-dimensional
y además operar y funcionar bi-dimensionalmente.
Para aquellos que consideran que los hallazgos de una unidad de análisis
son aplicables a otras (superiores) antes de encontrarse con sorpresas
desagradables sería bueno que se familiaricen con los pensamientos y
sugerencias de Emile Durkheim quien deja bien en clara que una sociedad
no es meramente la suma de sus individuos. Sino que más bien una
sociedad es un sistema conformado por las asociaciones entre sus
miembros que en su conjunto representan una realidad específica que
tiene sus propias características.
Para Durkheim los Grupos, piensan, sienten y actúan de una
manera bastante diferente en que lo harían sus miembros si estos últimos
estuvieran aislados. Por lo tanto, según Durkheim, si comenzamos a poner
foco en el individuo (dentro de un grupo) no seremos capaces de entender
nada de todo lo que sucede dentro de un grupo (Emile Durkheim: “The
rules of sociological method” – 1895).
Charles Cooley (“Human nature and the social order” – 1902) señala como
nuestras acciones se relacionan con nuestro “grupo de referencia” que es
un término desarrollado por Herbert Hyman (“The psychology of status” –
1942). “The reference group to which we give allegiance, and to whose
standards we try to conform, is determined by our own selective affinity,
choosing among all the personal influences accessible to us; and so far
as we select with any independence of our palpable companions, we have
the appearance of non-conformity”. Posiblemente nadie major que Hyman
para explicitar y mostrar la importancia de los “grupos de referencia”.
Josephine Klein (“Working with Groups”; Hutchinson University Library –
1961) destaca la fuerte relación entre las “ideas” y los grupos al
señalar que “las ideas hacen que el hombre se circunscriba a ciertos
grupos sociales y al mismo tiempo ciertos grupos sociales circunscriben
a un hombre a ciertas ideas”. Explica en detalle como la secuencia
normal por la cual una persona ingresa a un grupo tiene que ver con el
“descongelamiento de ideas” y destaca que esto es logrado a través del
contacto con nuevos hechos y con nuevos valores. El funcionamiento de
los comités y la manera en que el líder facilita la reunión con el grupo
son de vital importancia en términos de los resultados que se han de
alcanzar con ese grupo.
Así como Rensis Likert (“New Patterns of Management”; McGraw-Hill –
1961”) elige poner foco en las relaciones grupales y la importante
función de “linking pin”, posiblemente nadie ha acompañado más de cerca
este pensamiento de Likert que D. Katz y R.L. Kahn (“The social
psychology of organizations”; Wiley – 1966). Katz & Kahn proponen un
medio específico como una manera de relacionar (link) al individuo
dentro de la organización, y para ello eligen el concepto – y práctica –
de “rol”. Para estos autores todas las personas dentro de una
organización están relacionadas (linkeadas) con otras personas (ambos
pertenecientes a grupos) llevando a cabo requerimientos funcionales del
sistema que son usualmente implementadas a través de las expectativas
que otras personas tienen sobre uno mismo (la persona focal según Katz &
Kahn).
Ellos eligen como inicio de todo el ciclo de relacionamiento entre las personas vinculadas en grupos a las “expectativas del rol” que tienen los miembros respecto de la persona focal que se confirma con el envío de dichas expectativas a la persona focal. La recepción por parte de la persona focal se vincula con las percepciones y la conducta de ella, y finalmente la persona focal actúa en función de cómo impactan las expectativas de otros en sí mismo. Katz & Kahn destacan la complejidad de las situaciones que se presentan dentro de los contextos organizacionales lo que hace necesario observar el comportamiento de ésta bajo una perspectiva mucho más compleja que bajo la forma de organización jerárquica piramidal.
Para ilustrarlo los autores muestran que en los grupos dentro de las organizaciones las situaciones son complejas como resultado de que: las múltiples actividades pueden ser definidas dentro de un solo rol; múltiples roles pueden estar definidos dentro de una oficina; y a su vez múltiples oficinas pueden estar a cargo de una sola persona.
A estas complicaciones deben agregarse algunas super-simplificaciones
que ocurren en los “episodios de los roles” (los procesos): los
distintos participantes organizacionales usualmente en desacuerdo
respecto de lo que la persona focal debe hacer como así también el hecho
de que el “episodio del rol” usualmente es el resultado de un conjunto
de fuerzas e influencias organizacionales. Ante esta situación emerge el
conflicto que se exterioriza dentro de cuatro categorías principales: el
conflicto “intra-sender” que tiene que ver con las expectativas
incompatibles de un miembro del grupo; el conflicto “inter-sender” que
es el resultado de las expectativas incompatibles que sostienen dos o
mas personas del grupo; el conflicto “inter-rol” que se manifiesta por
las incompatibilidades entre dos o mas roles de la misma persona focal;
y el conflicto “persona-rol” que se origina por las incompatibilidades
entre los requerimientos de un rol y las necesidades o los valores de la
persona.
El economista y sociólogo de nacionalidad Italiano Wilfredo Pareto
muestra la influencia que tienen los grupos en las personas que van
mucho más allá de la membresía y pertenencia a su grupo original. En (“The
mind and society” – 1916) afirmaba que debe estudiarse cuidadosamente la
forma en que se entremezclan distintos grupos dentro de una comunidad.
Pareto destacaba que al momento de desplazarse una persona de un
grupo hacia otro los individuos llevan sus inclinaciones, sentimientos,
y actitudes que trae consigo desde su propio grupo original, lo que no
debe ser ignorado de ninguna manera. Everett Stonequist (“The marginal
man” – 1937) va incluso algo más allá. Everett destaca que “… el
individuo que a través de un proceso de migración, educación, casamiento
o algún otro proceso e influencia deja un grupo social o una cultura en
particular sin haber antes realizado un ajuste satisfactorio en otro
grupo ha de encontrarse en el margen de cada uno de los grupos y nunca
ha de ser un miembro de ninguno de ellos. A estas personas Stonequist le
asigna el nombre de “hombre marginal”.
El teólogo Italiano Thomas Aquinas señala que “ … es absolutamente
natural para el hombre más que para cualquier otro animal, ser un animal
social y político, y tener que vivir dentro de un grupo. … Y por lo
tanto es necesario e indispensable que por algún medio las personas sean
gobernadas” (On Kingship” – 1265). Y esta afirmación de Aquinas es
llevada mucho más allá quien explicita claramente la necesidad de la
existencia de un líder o conductor que se haga cargo y dirija el grupo.
Aquellos que “creen” que los grupos operan eficaz y eficientemente con
poco esfuerzo deben aprender a ser más cautelosos. El economista Mancar
Olson (“The logic of collective action” – 1965) destaca que “… A menos
que el número de individuos en un grupo es bastante reducido, o a menos
que exista algún mecanismo de coerción o algún otro mecanismo que
permite a las personas actuar en su propio interés común, los individuos
han de responder en base a sus propios intereses personales de manera
“racional” en lugar de dirigir sus acciones hacia el logro de intereses
comunes”. Más aún, “ … incluso si todos los individuos que pertenecen a
un grupo grande en número fueran racionales y se guiaran por sus
intereses personales, incluso aunque pudieran llegar a obtener
beneficios personales, incluso así no actuarían voluntariamente para
lograr los intereses comunes o del grupo en general”.
De ahora en más hemos de adentrarnos en el fenómeno conocido como
toma-de-decisiones en Grupos.
Muchos de los estudios respecto de Grupos se iniciaron en el primer
cuarto del siglo XX que muchas veces estaban vinculados con los
comportamientos no-sociales de los niños que fueron algunos años más
tarde ampliados por A. S. Makarenko (“The road to life: An epic of
education” – 1955) quien consideró la importancia de ciertas
características en los grupos que se relacionaban con los resultados a
alcanzarse dentro del ámbito educativo.
D. Hewitt & J. Parfit dentro del ámbito empresarial (“A note on working
morale and size of group”; Occupational Psychology – 1953) y también S.
Wyatt (“A study of output in two similar factories”; British Journal of
Psychology – 1953) nos hacen ver que la influencia del grupo sobre los
trabajadores es significativa en relación a los niveles de
productividad. Y una de las preguntas claves se relaciona con: ¿Cuándo
es que un conjunto de individuos se convierte en un grupo? Todos estamos
familiarizados con formación de un grupo lo que hace necesario que nos
dediquemos a estudiar cuales son sus características, semejanzas y
distinciones sistemáticas con otras unidades de análisis, y qué
propiedades en particular se presentan en los grupos.
Posiblemente uno de los trabajos mas famosos en materia de Grupos dentro
de contextos organizacionales es el realizado por Elton Mayo en la
planta de Western Electric (F. J. Roethlisberger & W. J. Dickson:
“Management and the worker”; Harvard University Press – 1939). Otros
autores, como es el caso de J. L. Moreno (“Who shall survive?”; Nervous
and mental disease Publishing Co. – 1934) hacen uso de la metodología de
mapeo sociométrico. Kurt Lewin, R. Lippitt & R. K. White (“Patterns of
aggresive behavior in experimentally created social climates”; Journal
of social psychology – 1939) han estudiado los grupos desde el método
experimental y Muzafer Sherif (tanto solo como con otros autores) dedicó
unos 20 años de su vida para estudiar los fenómenos de formación de
grupos y su impacto sobre los individuos y el contexto, como así también
de estos sobre los grupos.
Los estudios en la planta de Hawthorne mostraron algunos hallazgos
no-anticipados por los investigadores. Estos, influenciados por el
impacto de las condiciones en el trabajo típicos de la escuela de
administración científica, trataban de mostrar nuevas evidencias
respecto de las condiciones físicas en el contexto del trabajo sobre la
productividad de los trabajadores. Se suponía que las condiciones de
luminosidad” y los “descansos en el trabajo” guardarían algún tipo de
relación directa con la performance de los trabajadores. Lo que no ha
sido así.
Por el contrario, los investigadores encontraron que tanto las
condiciones psicológicas como sociales - y su evolución en el proyecto –
eran variables más poderosas que los aspectos físicos. Los
investigadores aprendieron que el hecho de que los trabajadores
desarrollaron una fuerte identidad grupal en el tiempo que4 tuvo un
fuerte impacto sobre las normas del grupo, y que éstas a su vez
guardaban una fuerte relación con los niveles de productividad grupal.
Otro trabajo clásico y que ha tenido una fuerte influencia sobre el
aprendizaje del comportamiento de Grupos es la interesante investigación
llevada a cabo por el Tavistock group en minas de carbón.
El impacto de una nueva tecnología hizo que muchos grupos (y sus
personas) se distanciaran entre sí lo que ha sido atribuido a la alta
destrucción de las relaciones inter-personales a las que los grupos
estaban acostumbrados tanto dentro de sí mismos como con otros grupos.
Finalmente en las minas de carbón se desarrollaron normas grupales de
menor productividad que se puede atribuir al hecho de tener con un
estado emocional no-deseado y a las dificultades de la nueva tecnología.
L. Coch & J. R. P. French (“Overcoming resistance to change”; Human
Relations – 1948) encontraron evidencia que ante diversos estilos “de
liderazgo” (participativo, representativo, y no-participativo) las
normas grupales influyeron sobre los niveles de productividad, tanto
para incrementarla como para reducirla. Theodore Newcomb (“Social
Psychology”; Dryden – 1954) muestra como un grupo puede influir muy
negativamente sobre los resultados de la organización. Una empleada
podía producir por encima de la norma pero los esfuerzos por impedirlo
desde el grupo consiguieron su objetivo, con lo que dicho nivel de
productividad no pudo ser alcanzado. Newcomb destaca que cuando el grupo
fue disuelto la productividad de esta misma persona aumentó el 100 %.
I. J. Richard Hackman (“Group Influences on Individuals in Organizations”;
Handbook of Industrial Psychology, Consulting Psychologists Press –
1992) destaca que existen dos motives principales por los cuales los
grupos tienen una enorme influencia sobre las personas dentro de las
organizaciones y que tiene que ver con dos clases especiales de
estímulos:
los estímulos “ambientales”: son aquellos que de todas maneras están
presente y los miembros del grupo tienen que vivir con ellos como es el
caso de los otros miembros del grupo, aspectos físicos del trabajo y
materiales con los cuales las personas tienen que trabajar.
Los estímulos “discrecionales”: son aquellos que se adjudican a los
distintos miembros del grupo en forma diferencial y selectiva como es el
caso del dinero, instrucciones y directivas, formas de reracionamiento,
mensajes de aprobación o desaprobación, entre otros.
Por otro lado Hackman (ya citado) destaca que los estímulos pueden
producir tres tipos distintos de consecuencias en los grupos, como ser:
la situación informativa (afecta las creencias y el conocimiento de las
personas) , la situación afectiva (afecta las actitudes, valores, y
emociones), y sus comportamientos. Como resultado de la combinación de
los 2 tipos de estímulos (ambientales y discrecionales) y de las 3
diferentes fuentes de impacto de los estímulos (las consecuencias) se
dan seis posibles situaciones.
El estímulo discrecional es de suma importancia para los directivos,
ejecutivos y gerentes en las empresas ya que a diferencia del estímulo
ambiental está directamente bajo control por el grupo y además es
administrado a los distintos miembros del grupo dependiendo del
comportamiento puntual de cada uno de los miembros del grupo (o de sus
actitudes, palabras y creencias).
Todo grupo exitoso tiene la necesidad de ser sumamente preciso en cuanto
al manejo de los estímulos “discrecionales” ya que estos estímulos son
muy buenos para influenciar las actitudes, creencias, valores,
percepciones, y comportamientos de los distintos miembros del grupo. Por
lo tanto los grupos y las organizaciones pueden sacar interesantes
beneficios al hacer uso de las mismas durante su fase inicial.
Las organizaciones normativas (Amitai Etzioni: “Modern Organizations”;
Prentice Hall – 1964) dedican muchas de sus energías a dar dirección a
distintos estímulos discrecionales realizando agrupaciones “selectivas”
de personas las cuales reciben servicios diferentes. Uno de los motivos
por los cuales las organizaciones hacen uso de los estímulos
discrecionales tiene que ver con su gran utilidad para educar – formar y
también socializar a su personal. Los estímulos discrecionales son de
gran beneficio para que los distintos miembros del grupo sepan
identificar y distinguir que ideas, pensamientos, actitudes y acciones
son correctas, respecto de aquellas que no lo son.
Richard Hackman (ya citado) destaca que otro de los propósitos del
estímulo discrecional tiene que ver con la necesidad de producir cierto
tipo de uniformidad en y dentro del grupo. La uniformidad es necesaria
para que los grupos sean eficientes en el desarrollo de sus procesos y
también en cuanto a determinar y precisar una particular orientación
hacia sus Clientes.
El autor destaca que tanto las orquestas como los equipos deportivos
requieren de cierta uniformidad para alcanzar niveles altos de
performance; en los casos de las orquestas y deportistas sus miembros
deben tener un alto nivel de conocimientos, habilidades y destrezas. Las
organizaciones – al igual que los grupos – requieren también de ciertas
uniformidades con el propósito de proteger el mantenimiento del grupo (y
de la organización). La sub-función de mantenimiento (D. Katz & R. Kahn:
“The social psychology of organizations”; New York, John Wiley – 1978)
es vital para las empresas, tanto como lo es el sub-sistema de creación
o de investigación y desarrollo.
Existen por supuesto algunas circunstancias donde un exceso en la
orientación hacia “mantenimiento” del grupo puede llegar a dispararnos
en contra como es el caso que menciona I. L. Janis (“Victims of
groupthink”; New York: Houghton Mifflin – 1982)· en relación con la
invasión de los Estados Unidos de Norteamérica a la Bahía de los
Cochinos en Cuba. Según Janis si el grupo que discutía la invasión a la
Bahía de los Cochinos no hubiera tenido tanta presión hacia la
uniformidad y hubiera manifestado abiertamente sus reservas respecto de
dicho plan de invasión, hubiera sido posible evitar el desastre.
La orientación hacia la diversidad se presenta en todos los grupos muy
poco tiempo después de que se inicia el grupo. Los miembros se han de
diferenciar muy rápidamente entre aquellos que han de tener la
responsabilidad de liderar y aquellos que han de ser seguidores, luego
entre aquellos que se presentan como subordinados para cada líder en
particular y finalmente existe una diferenciación adicional entre
aquellos que desarrollan tareas y actividades propias del grupo de
aquellas que son mas bien de mantenimiento.
Con el tiempo surgen diferenciaciones adicionales como
resultado de una necesaria división del trabajo que puede realizarse
“naturalmente” o “de manera impuesta”. Las funciones de mantenimiento se
especializan en mayor medida con el tiempo existiendo aquellos miembros
que se especializan como mediadores, otros proveen energías en los
momentos difíciles y un tercer grupo puede dedicarse a atender a
aquellos que se sienten “heridos”.
Existe una natural diferenciación de roles dentro de los grupos y
“alguien” debe cumplimentar con dichos “roles esperados”; cuando un
miembro deja de cumplimentar con dicho rol que es esperado por otros
miembros del grupo pueden producirse ciertas consecuencias
disfuncionales para el grupo y resulta necesario “llenar ese rol” cuanto
antes.
Podemos decir que casi todos los grupos crean una diferenciación entre
sus miembros y luego se estabilizan con el transcurso del tiempo. F. H.
Allport (“Theories of perception and the concept of structure”; New York:
Wiley & Sons – 1955) destaca que todos los sistemas tienen una tendencia
natural hacia el desorden pero que la misma está contrarrestada con
ciertos controles qye ayudan a sostenerla y mantenerla. Algo similar han
encontrado Paul Lawrence & Jay Lorsch (“Organizations & Environment”;
Harvard University Press – 1967) quienes encontraron evidencia que
muestra que las organizaciones exitosas son aquellas que son capaces de
“diferenciarse e integrase” al mismo tiempo.
Aunque restan algunos aspectos importantes a tener en cuenta
relacionados con la toma-de-decisiones en Grupos vamos a hacer un
pequeño intermedio y nos hemos de abocar ahora a tratar de identificar
aquellos aspectos esenciales que hay que tener en cuenta en el proceso
de “Formación de un Grupo”.
Alvar Elbing (“Behavioral decisions in organizations”; Scott, Foresman
and Co – 1970) distinguen los siguientes aspectos esenciales en el
proceso de formación de un grupo:
- la existencia de una base motivacional que origine interacciones
repetitivas entre los miembros
- la formación de algún tipo de estructura organizativa, conformada por
roles y posiciones con status (rango dentro del poder)
- la formación y desarrollo de reglas, ciertas tradiciones, valores y
normas
- el desarrollo de efectos diferenciales respecto de las distintas
propiedades del grupo en las actitudes y comportamientos de los
participantes en el transcurso del tiempo.
Los estudios de Hawthorne mostraron la importancia de las normas en el
comportamiento – y los resultados – de los grupos. Y las normas son
sumamente importantes desde el mismo inicio y conformación del grupo.
Una norma puede ser definida como una escala evaluativa, donde se define
para cada uno de los miembros individuales una “latitud de aceptación”
como también una “latitud de rechazo”, que permite regular los
comportamientos de las personas en asuntos y temas que tienen
consecuencias para el grupo (Carolyn Sherif, Muzafer Sherif & R.
Nebergall: “Attitude and Attitude Change”; Saunders – 1965).
Una pregunta que usualmente me han formulado asistentes a distintos
Cursos, Talleres y Jornadas, guarda tiene que ver con “Como puedo
identificar a un Grupo”. Alvar Elbing (ya citado) señala que existen
tres diferentes maneras objetivas de detectar la existencia de un grupo:
Observando similitudes y regularidades en los comportamientos (palabras
y hechos) que están presente en un conjunto de personas pero no en otro
conjunto de personas bajo la misma situación.
Observando acciones correctivas como por ejemplo las sanciones en relación a ciertos comportamientos y también los elogios o recompensas para otros. Reacciones a posibles desviaciones están entre las mejores evidencias respecto de los límites de un comportamiento aceptable. Las mismas pueden ir desde un rango de desaprobación hasta amenazas y castigos.
Observando la cada vez mayor similitud y convergencia en el
transcurso del tiempo respecto de los comportamientos de personas que
inicialmente se comportaron de manera diferente. Por ejemplo, el ingreso
de una nueva persona al grupo provee una buena oportunidad de detectar
la existencia de sus normas.
La estabilización de un conjunto de normas, reglas y procedimientos está
fuertemente ligada al desarrollo de un grupo y, aunque tiene un impacto
positiva en la primera etapa de formación de un grupo, su rigidez en el
tiempo ante un contexto turbulento puede llegar a resultarle fatal para
la propia existencia del grupo.
Los grupos tienen la extraordinaria propiedad de regular los
comportamientos y las actitudes de sus miembros, y muchas veces esto lo
pueden hacer tanto a través de sanciones y controles externos como ante
la inexistencia de las mismas. En ese sentido guardan un paralelo con el
comportamiento de los “Profesionales Diplomados” cuyos comportamientos
frecuentemente están regulados por sus propias asociaciones
profesionales mas que por sus superiores dentro de las corporaciones.
La formación de un grupo presenta aspectos particulares que hemos
descrito más arriba y el “crecimiento” del grupo es a lo que nos hemos
de abocar ahora. Herbert Thelen y Watson Dickerman recogieron valiosas
experiencias como resultado de las sesiones grupales llevadas a cabo por
The National Training Laboratory en el año 1948, lo que les ha servido
identificar distintas fases de desarrollo en el crecimiento de los
grupos como así también la presencia de ciertos estereotipos (ver
“Educational Leadership”; The association for supervision and curriculum
development – 1949). El proceso de elección de un líder, el de toma de
decisiones grupales y su resolución de problemas, como así también la
asignación y apropiación de los distintos roles y status, son aspectos
que inciden decididamente sobre el comportamiento grupal y sobre la
productividad, performance y resultados del mismo.
Según ambos autores, en la primera fase de desarrollo del grupo los
distintos miembros tratan rápidamente de establecerse en sus “puestos y
posiciones habituales” dentro de la escala de liderazgo, lo que sugiere
que se desarrollan intentos de organizarse bajo “una ley del gallinero”.
En la segunda etapa de desarrollo muchos miembros parecen resistir al
concepto y práctica de la “ley7 del gallinero” como así también al
sistema de autoridad prevaleciente que encuentra su raíz en dicha ley.
Durante la tercera fase se manifiesta el desarrollo de cohesión entre
los distintos participantes del grupo lo que es habitualmente acompañado
por cierto grado de “complacencia”. Herbert Thelen y Watson Dickerman
(ya citados) señalan que en gran medida esta fase es sumamente inestable
ya que es poco realista y nos lleva a la siguiente y última fase (la
cuarta) donde los miembros parecen centrarse en el grupo y se
caracterizan los distintos miembros por desarrollar en conjunto un
propósito y cierto sentido de urgencia que hace que finalmente el grupo
sea potencialmente un instrumento efectivo.
Distintos estereotipos se perfilan y caracterizan a cada una de estas
etapas. En la primera fase los autores destacan que el grupo “está
centrado en los individuos” y que cada grupo requiere de un líder. La
membresía y pertenencia a un grupo requiere de una activa participación
tanto oral como activa por parte de sus miembros ya que la carencia de
éstas (la carencia de la comunicación verbal) no refleja la existencia
de buenos miembros. En esta etapa una de las principales tareas del
líder consiste en movilizar al grupo hacia objetivos apropiados
sustentado en su propia autoridad y competencia.
Como consecuencia de la frustración y conflicto que emerge como
consecuencia de la “ley del gallinero” (primera fase) y la constitución
de un líder se pone a prueba la elección durante la segunda fase del
tipo de liderazgo. El mismo puede ser de tipo autoritario basado en un
liderazgo fuerte, dominante y autocrático versus un tipo de liderazgo
laissez faire. Los autores sugieren que se plantea usualmente una
pregunta relacionada con: ¿Bajo que condiciones esta es una buena
política a llevar a cabo? Cuando en realidad debería reformularse la
pregunta como ¿Bajo que condiciones cual es la política a aplicar?
Por lo tanto en esta segunda fase – y en relación con los estereotipos –
una tarea importante es la de poder hacer las preguntas correctas lo que
es mucho más relevante que saltar a las respuestas correctas. Los
autores sugieren que en esta fase la tarea del líder puede tener que ver
también con un estilo de liderazgo y la creación de un clima que le
permita a los distintos miembros del grupo tener ciertos permisos que
les permitan liberar sus ansiedades personales que, en caso contrario,
se traducirían finalmente en situaciones potencialmente conflictivas por
encima del nivel conveniente.
Todo el tipo de conflicto que podía atentar contra el desarrollo del
grupo durante la segunda fase puede verse eliminado en la medida en que
se ponga foco a reducir o aminorar el nivel de conflicto. Por ello los
autores señalan que encuentran en esta etapa los siguientes estereotipos
predominantes:
- el objetivo del grupo es la cohesión, en lugar de la productividad
- Las personas deben controlar sus propios impulsos de manera que el
conflicto no se manifieste totalmente en una forma abierta
- El estilo del líder es muy cercano al tipo de liderazgo laissez faire
- Es conveniente que se vayan desarrollando comités de planeamiento de
acciones futuras y definiciones de proyectos
- No debemos olvidar a aquellas personas que se mantienen en silencio
y mas bien debemos estimularlas a que manifiesten sus opiniones
haciéndonos saber si es que no están satisfechas con el proceso.
- Es sumamente importante el nivel de satisfacción de las personas
dentro del grupo
Durante la última etapa – la cuarta – los autores destacan que los
perfiles y estereotipos no son tan nítidos como en las otras fases
anteriores. Resulta por otro lado bastante claro que el grupo se mueve
en la dirección de ser más objetivo y ecuánime en relación a los
distintos roles individuales. Y también han observado que al grupo le
resulta más fácil tomar y adoptar decisiones y en hacer uso de mayor
flexibilidad en cuanto se relaciona con el control de los procesos
grupales.
Herbert Thelen y Watson Dickerman señalan que entre las preguntas de
mayor utilidad a estas alturas podemos incluir estas dos:
- ¿Cuál es nuestro propósito en estos momentos?
- ¿Cuál es el problema que nosotros estamos tratando de resolver?
En general los autores concluyen que el desarrollo del grupo comienza
con la tarea se centra en que las necesidades individuales son las de
encontrar seguridad y protección. Se pasa desde un inicial
involucramiento emocional de las personas entre sí hacia un
involucramiento de tipo grupal. La seguridad individual basada en la
posición que se presenta inicialmente va perdiendo fuerza en la medida
que las personas van ocupando roles que han permitido que el grupo
solucione el problema y la situación que confronta.
Uno de los hallazgos más importante en materia de Grupos tiene que ver
con su tremendo impacto sobre las acciones aprendidas y como pueden las
mismas ponerse en acción. D. Cartwright (“Some principles of mass
persuassion: Selected findings of research on the sale of United Status
war bonds”; Human Relations – 1949) destaca los pobres resultados en
cuanto a conseguir cambios en las personas como resultado de la
persuasión en masa y los medios masivos a través de educadores,
propagandistas, publicistas y otros profesionales. La efectividad que
tienen las “clases” y charlas en cuanto a conseguir cambios que deben
ser llevados a la acción son también señaladas por Cartwright quien
incluso llega a asegurar “que algo debe andar mal con nuestras teorías
sobre el aprendizaje, la motivación y la psicología social”.
Parece que estamos teniendo fuertes indicadores que nos señalan como, a
través de un método basado en la discusión del grupo, donde el grupo
como una “totalidad” toma una decisión orientada a que sus miembros
cambien su comportamiento, fue 100 % al 1000 % más efectivo en producir
un cambio real en comparación con una charla o conferencia. Todavía no
sabemos exactamente que es lo que produce estas diferencias pero sí
sabemos que estas diferencias están presentes.
La fuerza de la dinámica grupal es muy poderosa (la palabra dinámica”
tiene un origen griego que significa “fuerza”). R. Lippitt encontró
evidencia (“Training in community relations”; Harper & Row – 1949) que
las personas que habían sido “entrenadas” en un grupo eran mucho más
activas y propensas a implementar cambios de conducta que aquellas
personas que eran entrenadas en forma aislada.
Ello lleva a D. Cartwright a afirmar (“Human Relations”; Plenjum
Publishing Co. – 1951) que los comportamientos, las actitudes, las
creencias y los valores de las personas individuales se encuentran
sumamente afirmadas con el grupo a que pertenecen. La naturaleza de
estos grupos es lo que ha de determinar si dichas personas han de
resistir o aceptar el cambio. Aunque el objetivo sea el de conseguir
cambios en las personas individuales, nuestro target ha de ser producir
cambios en el grupo. Los grupos pueden ser poderosos mecanismos para
producir cambios y su efectividad ha de estar fuertemente vinculada con
la forma en que el grupo está organizado, las satisfacciones que los
distintos miembros del grupo reciben (o no), la medida en que los
objetivos son establecidos de manera clara y precisa, el sistema de
recompensas prevaleciente, entre otros aspectos.
Cartwright (ya citado) pasa a considerar dos situaciones prevalecientes
relacionados con los proceso de cambio en relación a las acciones
grupales:
El grupo como un medio de cambio. Dentro de este contexto el autor
señala cinco principios prevalecientes:
- Las posibilidades de mejorar la “re-educación” están ligadas con un
sentido de pertenencia entre los distintos actores así fueran éstos
maestro-alumno, superior-subordinado.
- Cuanto más atractivo es un grupo para sus miembros mayor ha de ser la influencia que el grupo ha de ejercer en ellos.
- Cuando intentamos cambiar actitudes, valores o comportamientos
cuanto mas relevantes ellos son respecto de la atracción hacia el grupo,
mayor ha de ser el grado de influencia que el grupo puede a su vez
ejercer sobre ellos.
- Cuanto mayor es el grado de prestigio que posee un miembro del grupo
respecto de otros miembros, mayor ha de ser la influencia que puede
ejercer sobre ellos.
- Todo tipo de esfuerzo orientado a cambiar individuos o miembros de un
grupo “produciendo desviaciones en las normas grupales” ha de encontrar
fuerte resistencia.
2. El grupo como un target de cambio. El autor destaca 3 principios a
tener en cuenta:
- Se pueden establecer fuertes presiones para producir cambios en el
grupo como resultado de crear una percepción común entre sus distintos
miembros respecto de la necesidad de cambiar, haciendo que de esa manera
la presión por el cambio esté “dentro del propio grupo”.
- La información que se relaciona con la necesidad del cambio, los planes del cambio, y las consecuencias del cambio deben ser compartidas por todos los miembros relevantes del grupo.
- Los cambios en alguna parte del grupo han de crear tensión en otras
partes del grupo que están vinculadas; y solamente pueden ser reducidas
por acciones conducentes a eliminar el cambio o como resultado de
realizar reajustes en las diferentes partes.
Un autor muy destacado en cuanto a sus contribuciones y aportes a las
ciencias del comportamiento es Edgar Schein, quien además analizó en
detalle el impacto de “otros en grupos” sobre una persona. Sus
inquietudes nacieron de investigaciones y aprendizajes propios como
resultado de lo que sucedía tanto a civiles como militares de USA que
habían sido prisioneros en la guerra de Corea. Estos estudios y trabajos
originales de Edgar Schein fueron más adelante complementados con
trabajos de campo donde se analizaron tanto a estudiantes y miembros del
cuerpo de profesores como así también a empleados, profesionales,
ejecutivos y directivos en empresas.
Al parecer se encontraba evidencia que las personas cambiamos de acuerdo
a con quien nos relacionamos y que ese cambio no se mantiene permanente
sino que vuelve a modificarse a través del tiempo como resultado de
nuestros traslados en el desarrollo de carrera. Schein denomina a este
proceso como el de “socialización organizacional” bajo su propia
perspectiva reconociendo que un posiblemente los sociólogos lo
definirían como “socialización ocupacional”.
En realidad el proceso por el cual las personas cambiamos durante el
transcurso de nuestras vidas es “tan natural” que muy pocas veces le
prestamos atención a ello. Pero esto es algo que el “management” no
puede dejar de observar ni de tener en cuenta si es que está realmente
interesado en alcanzar eficiencia organizacional. Puesto que si el
“management” no le presta atención el cambio ha de suceder de todas
maneras pero posiblemente dichos cambios se orienten en dirección
opuesta los intereses de la gerencia.
Prestar consideración al impacto de los grupos en el comportamiento de
las personas, desde el mismo inicio de la relación de una persona con el
grupo es de vital importancia para Edgar Schein. El ingreso de la
persona al grupo, como loase, sus pasos iniciales, el grado de
socialización alcanzado son influencias muy grandes que se relacionan
fuertemente con la lealtad del personal y su eficiencia.
Ser exitoso en los procesos de socialización no es una tarea fácil y
usualmente se presentan tres posibles respuestas a dicho proceso:
emerge el “rebelde” que rechaza tanto los valores como las normas de la
organización. La existencia de “rebeldes” son una clara muestra del
fracaso del proceso de socialización ya que la persona es expulsado de
la organización o permanece en ella dedicando energías que son dirigidas
hacia el fracaso de los objetivos organizacionales.
el “conformista” que también significa un fracaso desde el punto de vista del proceso de socialización. Este tipo de personaje acepta todos los valores y todas las normas. El fracaso consiste en que esta persona ha de dedicar la mayor parte de sus energías y esfuerzos a aceptar todo lo que existe y por lo tanto su perfil de comportamiento se ha de asemejar al del tipo burocrático. Este tipo de personaje tiende a “sentirse cómodo” dentro de la organización y esa ubicación dentro de un “área de comodidad” ha de frenar los impulsos desarrolladores.
el “individualista creativo” es aquel que acepta únicamente los valores y normas fundamentales (los pilares principales) y que al mismo tiempo rechaza otros valores y normas. El éxito de un proceso de socialización radica en crear personajes que se ubiquen dentro de ésta tercera categoría ya que con ellos la organización ha de estar en condiciones de lidiar ventajosamente con las incertidumbres del contexto y los riesgos del negocio.
Edgar Schein afirma que es muy difícil que el “individualista
creativo” se sostenga en el tiempo ya que existen tanto las promociones
como las transferencias laterales, y cada vez que se producen estos
movimientos las fuerzas naturales son hacia el “conformismo” o la
“rebelión”.
La influencia de los grupos y el proceso de socialización que ocurre
dentro de las organizaciones con sus profesionales, directivos y
ejecutivos ha sido detallado por Donald Cole y Eric Gaynor (“Suicidio
Profesional o Asesinato Organizacional”; The Organization Development
Institute International - 2005) donde se muestra como la falla de
socialización dentro de las empresas facilita la creación de personajes
“rebeldes” que se encaminan hacia alejarse de la empresa o “hacen cosas
para terminar siendo expulsados”.
No hay ninguna duda de que los Líderes y la forma en que operan, tiene
un impacto muy fuerte en los resultados organizacionales. Pero no
debemos olvidarnos de los hallazgos de Cecil Gibb (“Leadership“;
Handbook of social psychology - 1954) que muestra que el status de un
líder está “dentro del grupo” en mayor medida que fuera de él. Cecil
concluye que el líder no es inmune de recibir sanciones y castigos si es
que se desvía en demasía respecto de los límites de comportamientos
aceptados por su propio grupo.
Gracias por compartir.
Eric Gaynor Butterfield informesarrobatheodinstitute.org Ph. D. (abd) - Presidente The Organization Development Institute International, Latinamerica (Board member de The Organization Development Institute- Worldwide) www.theodinstitute.org
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