Dentro del mundo corporativo se “corre la voz” desde hace más de una generación que el conflicto es de todas maneras inevitable.
istintos trabajos de campo han mostrado que los directivos y ejecutivos emplean alrededor del 20 % de su tiempo en lidiar con alguna situación conflictiva (R. A. Baron: Personality and organizacional conflict: Type A behavior-pattern and self-monitoring”; Organizacional behavior and human decision processes – 1989; K. W. Thomas & W. H. Schmidt: “A survey of managerial interests with respect to conflict”; Academy of Management Journal – 1976) y de allí se puede deducir la importancia del conflicto y su consiguiente impacto en la performance organizacional.
El sociólogo alemán Georg Simmel (“Conflict” – 1908) nos hace ver que
la paz no sigue al conflicto en la misma medida que el conflicto sigue a
la paz y que el final de un conflicto es por sí sola una empresa en sí
misma. El conflicto “No pertenece ni a la guerra ni a la paz, así como
un puente es diferente es diferente de los dos extremos de tierra que el
puente conecta”.
George Sarton (nacido en Bélgica) señala que uno de los peores
conflictos de nuestro tiempo radica en la diferencia de opinión y de
perspectivas entre los humanistas (literatos, historiadores, filósofos)
y los científicos y que la diferencia entre ellas se ve aumentada en el
tiempo como resultado de la intolerancia entre ambos grupos y también
por el hecho que la ciencia está creciendo a saltos (“The history of
science and the history of civilization” – 1930).
El gran conflicto entre nuestro Yo biológico y el que es puramente
humano tiene que ver en realidad con el enfrentamiento entre lo
biológico y lo ético. El concepto de ansiedad es más bien biológico y se
relaciona con algo externo como puede ser un objeto o una situación
mientras que la culpa sería una “ansiedad interna” donde uno es temeroso
de uno mismo (“Otto Rank: “Beyond psychoanalysis” – 1929).
El historiador norteamericano Arthur M. Schlesinger (“The vital center”
– 1949) hace una importante acotación en relación con “conflicto”.
Señala que lo que la mayoría de nosotros vivimos no se trata de una
elección entre progreso con conflicto o progreso sin conflicto sino que
más bien es una elección entre conflicto y estancamiento. Dentro de una
postura similar encontramos al sociólogo de los Estados Unidos de
Norteamérica, Charles H.
Cooley quien hace mención a que el conflicto y la cooperación no son
cosas separadas, sino más bien distintas fases de un proceso que siempre
incluye a ambas (“Social Process” – 1918) y Lewis A. Coser (“The
functions of social conflict” – 1956) muestra como es necesario el
conflicto dentro de las comunidades, organizaciones y grupos al ser en
sí mismo un mecanismo de resolución de tensión entre partes antagónicas
lo que lo posiciona al conflicto como una poderosa fuerza
estabilizadora.
Muchos trabajos de distintos autores y especialistas en organizaciones
estaban orientados a eliminar o caso contrario disminuir el impacto de
los conflictos.
La especificación de roles, el desarrollo de un arreglo organizacional jerárquico con unidad de mando y una fuerte especialización, apoyada en una alta formalización, con mecanismos de anticipación claro y controles estrictos, se orientaban a eliminar en todo lo posible las situaciones conflictivas dentro de las organizaciones y empresas. Dicho enfoque comenzó a modificarse en las economías mas desarrolladas y el conflicto se comenzó a considerar como algo natural y que no debía evitarse.
Y hoy en día se considera al conflicto como uno de los procesos
básicos que deben ser manejados dentro de las organizaciones (Kenneth W.
Thomas: “Conflict and Negotiation Processes in Organizations”; en
Handbook of Industrial and Organizacional Psychology”, Consulting
Psychologists Press – 1992). Este mismo autor define al conflicto como
un proceso que comienza cuando una de las partes percibe que la otra la
está afectando negativamente respecto de algo que realmente le interesa
o sino que está por ser afectado negativamente.
Los lectores interesados en otras definiciones de conflicto pueden
acudir a distintas fuentes que han realizado muy buenos resúmenes de
distintas definiciones (Lewicki, Weiss & Lewin: “Models of conflict,
negotiation and third party intervention: A review and synthesis”; Ohio
State University – 1988; C. F. Fink: “Some conceptual dificulties in the
theory of social conflict”; Journal of Conflict Resolution - – 1968; R.
W. Mack & R. C. Snyder: “The analysis of social conflict: Toward an
overview and synthesis”; Journal of Conflict Resolution – 1957; L. R.
Pondy: “Organizational Conflict: Concepts and Models”, ASQ - 1967).
Si queremos comprender lo que el Confllicto es resulta de utilidad que
tengamos en cuenta que el mismo es un proceso donde se manifiesta una
serie de eventos que tienen una secuencia en particular, donde los
eventos se manifiestan como episodios conflictivos entre distintas
partes.
El conjunto de eventos incluye experiencias pasadas sus
comportamientos actuales y visiones respecto del futuro. Thomas (ya
citado) sugiere que existen condiciones estructurales que están dadas
por ciertos parámetros estructurales del sistema y de la situación que
se confronta.
Como resultado de dichas condiciones estructurales los episodios
conflictivos tienen consecuencias que se traducen en distintos
“productos / resultados del conflicto” que impactan sobre los logros y
el mantenimiento del sistema social. Estos productos / resultados del
conflicto son manejadas de todas maneras por las distintas partes
involucradas y es posible que también participen “terceras partes”.
Estas terceras partes juegan un rol muy importante y aunque no
siempre son visibles están presentes de toda manera. En un conflicto
entre un gerente y un subordinado de todas maneras está también presente
el superior del gerente y también algunos pares de los subordinados.
También operan de alguna manera en forma abierta como cuando el
conflicto se maneja a través de un comité o reuniones de trabajo con
varias personas. Las dos formas principales de intervención de un
tercero son “intervenciones de procesos” e “intervenciones
estructurales”. En las intervenciones de procesos la tercera parte
involucrada participa (Thomas, ya citado) en la secuencia de eventos del
proceso como es en el caso de actividades mediadoras o de arbitraje que
se orientan principalmente al objetivo de corto plazo.
Por otro lado las intervenciones estructurales ponen foco en aquello que
está más allá del episodio puntual que se está viviendo dentro del
sistema social y las intervenciones se orientan principalmente a alterar
las condiciones que han creado el conflicto o a modificar las maneras en
que las partes han de lidiar con el conflicto, siendo por lo tanto más a
largo plazo.
La mayor parte de las veces las situaciones de conflicto existen porque
las partes buscan una situación donde ellos ganan y otros pierden o sino
en otra opción que se denomina de suma cero. En esta última las partes
perciben la posibilidad de que la contraparte reciba beneficios pero de
todas maneras estos últimos son logrados a expensas del otro.
Aparentemente la manera en que las distintas partes definen el tema en
conflicto tiene mucho que ver con la resolución del mismo, llegando
Thomas (ya citado) a identificar tres importantes dimensiones que se
relacionan con la definición del tema. La primera dimensión ha sido
denominada como egocentrismo que se caracteriza por el hecho que el
conflicto es definido en términos de lo que le interesa a una persona en
particular.
Algunos ejemplos de Thomas tienen que ver con un “conflicto de objetivos” como es el caso de una situación donde se manifiesta que “Necesitamos otro hombre más para mantenimiento pero el supervisor de Mantenimiento no nos cede ninguno” o con un “conflicto normativo”: “Juan debería cooperar, pero se niega a ayudar”. También el autor cita un “conflicto de juicio” como es el caso donde: “Nosotros pensamos que las ventas podrían aumentarse dramáticamente con este nuevo plan de marketing, pero el no ha de estar de acuerdo”. Al concentrarse las partes en lo que es particularmente en interés de ellos nos encontramos con situaciones de “nosotros o ellos”.
Las posturas egocéntricas además de tener en cuenta los intereses
propios llegan también a minimizar el deseo que pueda tener el otro en
cuanto a satisfacer sus intereses, colocando el pensamiento del “otro”
en lo que el autor denomina “cuestionable desde el punto de vista
normativo”. Bajo este tipo de definiciones donde están presentes las
percepciones egocéntricas es muy probable que la situación se encamine
hacia “ganar-.perder”.
Kenneth Thomas identifica una segunda dimensión que tiene que ver con
los aspectos subyacentes que se dan en todo proceso de negociación donde
las partes pueden pensar en forma más bien superficial en términos de
“posiciones” en comparación con una apreciación más detallada y
analítica donde piensan en términos de “intereses”. Son varios los
autores que han privilegiado esta dimensión dentro de los procesos de
egociación y en situaciones conflictivas (R. Fisher & W. Ury: “Getting
to YES: Negotiating agreement without giving in”; Houghton Mifflin –
1981; D. Lax & J. Sebenius: “The manager as negotiator”; Free Press -
1986; D. G. Pruitt & J. Z. Rubin: “Social conflict: Escalation,
stalemate, and settlement”; Random House – 1986). Eric Gaynor
Butterfield (“Taller de Desarrollo Organizacional y Conflicto” – 2004)
señala como ejemplo de definición posicional aquella donde la fuerza de
ventas se opone a cargar información de relacionamiento con los Clientes
dentro de un CRM verbalizando: ”El gerente de Ventas quiere que ahora
además de todo el trabajo que tengo cargue dentro de un software datos
de Mi Cliente”.
Un análisis mayor y más detallado sugiere que piensen de otra manera poniendo foco en los intereses: “A nosotros como vendedores nos significa aprender y adoptar una nueva forma de conocer y relacionarlos con los Clientes lo que nos ha de llevar más tiempo, pero al parecer nuestro gerente de Ventas necesita que lo carguemos pues si nuestra empresa no tiene un sistema de CRM estaremos en desventaja con nuestra competencia”.
Thomas hace mención a que varios teóricos e investigadores (J. W. Eiseman: “Reconciling incompatible positions”; Journal of Applied Behavioral Science – 1978; A. C. Filley: “Interpersonal conflict resolution”; Scott, Foresman - 1975; R. Fisher & W. Ury: “Getting to YES: Negotiating agreement without living in”; Houghton Mifflin – 1981; M. P. Folleto: “Constructive conflict”; Harper & Row – 1941; D. G. Pruitt & J. Z. Rubin: “Social conflict: Escalation, stalemate, and settlement”; Random House – 1986; R. E. Walton: “Interpersonal peacemaking: Confrontations and third party consultation”; Addison-Wesley - 1969) han identificado que el hecho de que las partes en conflicto muestren apreciación por los aspectos subyacentes más allá de las posiciones que adopten, ayuda a que el proceso sea encarado bajo una manera cooperativa de resolución de problemas.
Podemos concluir entonces que el hecho de que las partes
lleguen a apreciar los aspectos subyacentes en los procesos de
negociación haciendo uso de un análisis más detallado donde se
privilegia el enfoque inductivo por sobre el deductivo (Eric Gaynor
Butterfield – 2005) facilita que el conflicto se oriente hacia una
resolución de tipo donde es posible ganar-ganar.
Existe una tercera dimensión que Thomas considera es también de
importancia en la definición del tema y que se relaciona con el “tamaño
del tema” lo que ha sido redefinido por Eric Gaynor Butterfield (2005)
como “alcance del tema”.
Alcanzar resultados integrativos (de ganar-ganar) cuando la
definición del tema alcanza a muchas más personas, grupos, individuos y
comunidades; un número de eventos, instancias y circunstancias muy
grande, cuando los debates se relacionan mas bien a nivel abstracto,
donde los alcances del tiempo entre el pasado que se tiene en cuenta y
el futuro que se visualiza es mayor, no es algo fácil de alcanzar. Los
riesgos en estas situaciones y todo lo que está en juego hace difícil
que se puedan alcanzar soluciones de tipo integrativos.
M. M. Magula (“Toward a theory of conflict: Perceptions and preferred
behaviors”; University of Washington – 1977) hizo un trabajo interesante
en su disertación de doctorado atreviéndose a analizar estas dimensiones
de Kenneth Thomas. Los hallazgos de Magula han mostrado que el
“egocentrismo” se relaciona con situaciones de “ganar-perder” mientras
que aquellos que han privilegiado los intereses por sobre la posición se
han orientado hacia la búsqueda de acciones cooperativas en el conflicto
que facilitan el “ganar-ganar”.
Existen modelos de resolución de conflictos que han tenido una fuerte
influencia de economistas que asumen y toman como hipótesis básica un
modelo racional de comportamiento, que, consiguientemente omiten
aspectos principales.
Podríamos decir – siguiendo a Thomas (ya citado) – que estos
modelos económicos tienen un sabor “sociopático” ya que tienen una clara
percepción de lo que es la realidad con la excepción de las obligaciones
sociales y morales. Al tener en cuenta el aspecto hedonista y estar
motivados por el interés personal solamente se interesan por sus propias
acciones, y no tienen en cuenta la moralidad del acto en sí mismo.
El trabajo de Thomas encuentra su sustento en los aportes de M. Fishbein
(“An investigation of the relationship between beliefs about an object
and the attitude toward that object”; Human Relations - 1963) quien
visualiza a los comportamientos como resultado de intenciones donde
éstas toman forma como consecuencia de los efectos acumulativos de dos
distintas formas de razonar: la “racional” y la “normativa” que incluye
a las emociones.
Es sabido que el razonamiento racional se encuentra dentro de la
concepción que une a los medios con los fines que ha sido privilegiado
dentro de las escuelas y pensamientos económicos.
Dentro de las ciencias del comportamiento, y especialmente
dentro de la disciplina de comportamiento organizacional muchos expertos
pertenecen a esta misma escuela de pensamiento racional. Podemos incluir
entre ellos a Herbert Simon (“Administrative behavior: A study of
decision-making processes in administrative organization”; Macmillan -
1957 // “The new science of management decision”; Harper & Row - 1960);
James March & Herbert Simon (“Organizations”; Wiley and Sons – 1958);
Edward Lawler III (“Motivation in Work Organizations”; Brooks/Cole -
1973); Victor Vroom (“Work and Motivation”; Wiley & Sons - 1964); Robert
J. House (“A path goal theory of leader effectiveness”; ASQ – 1971).
Kenneth Thomas en “Conflict and Negotiating Processes”; Handbook of
Industrial and Organizational Psychology – 1992, hace una muy buena
descripción del “razonamiento racional” que reproducimos literalmente y
en inglés: “Using rational/instrumental explanations, a party’s choice
of a given settlement (outcome) as a strategic intention is presumed to
be a function of the desirability (valence) of that settlement, together
with the likelihood (expectancy) that the strategy could be successfully
implemented if one tried.
Within the negotiations literature, Pruitt (1983; Pruitt & Rubin, 1986) provides an especially detailed discussion of the role of outcome valences in the choice of strategic intentions. Paraphrasing Pruitt, a party’s valence for a given settlement appears to be a function of the degree to which the settlement meets the party`s own aspirations and his or her perceptions of the degree to which it meets the other`s aspirations, together with the party`s desire to satisfy his or her own and the other`s concerns”. El nivel de aspiración y grado de satisfacción del mismo son claros indicadores bajo la opción del “razonamiento racional”.
Sabemos que existe cierta evidencia donde las acciones
cooperativas orientadas hacia “ganar-ganar” tienen más posibilidades de
ser seleccionadas cuando ambas partes dan un alto valor tanto a
satisfacer lo que es importante para ellos como para la otra parte,
mientras que las situaciones competitivas de “ganar-perder” suelen
presentarse comúnmente cuando las partes le dan un alto valor a sus
propias satisfacciones y un bajo valor a las satisfacciones de otros.
Las estrategias orientadas a “perder-perder” están presente cuando las
partes le dan un bajo valor a satisfacer tanto sus propios intereses
como los del otro.
Dentro de esta concepción racional se puede ubicar aquellas concepciones
donde una parte puede visualizar que su estrategia puede llevarse
efectivamente a la práctica, es decir, existen algunas tácticas,
procesos y procedimientos que han de ser de ayuda en la resolución del
conflicto.
Por otro lado el “razonamiento normativo” no se interesa en cuan
deseable son las consecuencias que resultan de un curso de acción
(razonamiento racional) sino en el grado de aceptabilidad normativa, es
decir cuan “bueno” es el acto en sí mismo desde el punto de vista moral
y ético. En un afán por resumir podemos concluir en que el razonamiento
racional privilegia el precio mientras que el razonamiento normativo
privilegia el valor. M. Fishbein & I. Ajzen: “Belief, attitude, and
behavior: An introduction to theory and research”; Addison-Wesley –
1975) han hecho importantes contribuciones al tipo de “razonamiento
normativo”.
Kenneth Thomas (ya citado) hace referencia a distintas especializaciones
por autor dentro de este campo de “razonamiento normativo” citando a
Deutsch (1975) en el área de acuerdos distributivos en la justicia.
A otros autores (R. Folger & J. Greenberg: “Procedural Justice: An
interpretive analysis of personnel systems”; Research in Personnel and
Human Resources Management - 1985; J. Thibaut & L. Walter: “Procedural
Justice: A psychological analysis”; Erlbaum - 1975; T. R. Tyler: “When
does procedural justice matter in organizational settings?”; Research on
Negotiation in Organizations – 1986) en relación con los procedimientos
de conflictos gerenciales; a R. J. Lewicki (“Ethical concerns in
conflict management”; Conflict Management and Industrial Relations –
1982) en relación a estándares éticos; a K. W. Thomas & R. H. Kilmann:
The social desirability variable in organizational research: An
alternative explanation for reported findings”; Academy of Management
Journal – 1975) en relación a intenciones estratégicas en conflicto.
Teniendo en cuenta estos significativos aportes podemos quizás concluir
en que existen algunos aspectos básicos que toda persona responsable de
una situación en conflicto sujeta a negociación debe tener en cuenta. En
primer término debe llevarse a cabo una apreciación del tema en
conflicto junto con una definición del mismo orientado hacia posibles /
probables acuerdos.
Y además debe considerarse los aspectos relacionados con el
razonamiento racional que toma en consideración las posibles
consecuencias derivadas de distintos cursos de acción a lo que se debe
acompañar de razonamiento normativo que considera el grado de aceptación
de los distintos cursos de acción desde el punto de vista moral, ético y
de valor.
Dentro de todo episodio el autor (Thomas, ya citado) basado en los
aportes de otros dos expertos (L. R. Pondy: “Organizational conflict:
Concepts and models”; ASQ – 1967 y R. E. Walton: “Interpersonal
peacemaking: Confrontations and third party consultation”; Addison-Wesley
– 1969) destaca que se presentan distintas facetas, a saber:
auto-conciencia. Siempre existe un evento que gatilla esta toma de
auto-conocimiento, que tiene que ver con tres formas principales de
conflicto: la que se relaciona con el conflicto de objetivos; los
conflictos que tienen que ver con juicios (y se relacionan con
diferencias empíricas o de hecho); y conflictos normativos (que tienen
que ver con la evaluación que una persona hace respecto de sus
expectativas de cómo la otra persona debiera actuar.
los pensamientos y emociones de las distintas partes definen la
interpretación subjetiva de la realidad y son importantes ya que pueden
modificar las relaciones entre lo que conocemos como las condiciones
objetivas y las reacciones en los comportamientos de las partes.
En un proceso de negociación la satisfacción de una de las partes puede ser percibida como menor en comparación con lo que recibe la otra. Los posibles acuerdos son las eventuales acciones finales por las cuales las personas se predisponen a alcanzar un cierre del conflicto. Definir cual es el tema principal sobre el cual discuten las dos partes es un tema de principal relevancia pues ayuda a decidir cual es el tema del conflicto.
También es importante reconocer cuales son los distintos tipos
posibles de “productos / resultados” (outcomes) que pueden terminar con
el conflicto. B. H. Sheppard, R. J. Lewicki & J. Minton (“A new view of
organizations: Some retrospective comments” – 1986) dan el nombre de
“enmarcar” (framing) al hecho de definir el tema. Si contemplamos dos
variables donde una de ellas es el grado de satisfacción de una parte y
la segunda tiene que ver con el grado de satisfacción del otro se pueden
dar cuatro situaciones posibles:
- ganar-perder
- perder-ganar
- perder-perder
- ganar-ganar más una quinta que se denomina “compromiso”.
El acuerdo que se logra bajo la denominación de ganar-ganar ha sido
denominado por Follett (“Constructive conflict”; Harper & Row - 1941)
como “integrativo” y más recientemente A. C. Filley (“Interpersonal
conflict resolution”; Scott, Foresman - 1975) lo llama ganar-ganar.
Thomas (ya citado) muestra distintos patrones respecto de posibles
acuerdos. Uno de ellos es el que se denomina “ganar-.perder” (R. Blake,
H. A. Shepard & J. S. Mouton: “Managing intergroup conflict in industry”
– Gulf – 1964) donde los resultados posibles son los de total
satisfacción y de total frustración para las distintas partes, y la
satisfacción de cada una de las partes es conseguida a expensas (o
costo) de la otra.
Otro posible patrón es el que ha recibido el nombre de “suma zero” donde
las posibilidades no tienen que ver con dos puntos distantes sino con
una dimensión (que une los puntos), siendo esta una de las diferencias
con el patrón anterior. De todas maneras bajo esta opción los beneficios
en satisfacción para una de las partes sigue siendo a expensas de la
otra, pero de todas maneras permite todo un rango de acuerdos
intermedios basados en compromisos donde ambas partes pueden alcanzar
cierta satisfacción. Walton & McKersie (“A behavioral theory of labor
negotiations: An analysis of a social interaction system”; McGraw-Hill
-1965) han denominado a esta opción de suma zero bajo el nombre de
“distributiva”. Las decisiones tienen aquí que ver más bien con temas
relacionados con la cantidad de tiempo que se ha de dedicar para el
desarrollo de un producto en lugar de decidir si es que se va a ir
adelante o no con el proyecto.
Thomas (ya citado) nos señala la existencia de un cuarto patrón de
posibles acuerdos que denomina “indeterminados” que se presenta cuando
las partes no están aun conscientes respecto de algunos posibles
acuerdos como cuando la disputa entre opciones puede tener que ver con
elegir entre “prestar un servicio con celeridad” en oposición a “una
eficiente utilización de nuestros equipos y maquinarias”.
Es posible además la existencia de un cuarto patrón que Thomas (ya
citado) denomina bajo el nombre de “conflictos no-posibles de resolver”
que son frustrantes para ambas partes y que se caracteriza por el hecho
que estas partes no llegan a encontrar posibilidades de llegar a un tipo
de acuerdo integrativo como lo señalan varios autores e investigadores
(A. C. Filley: “Interpersonal conflict resolution”; Scott & Foresman –
1975; R. Fisher & W. Ury: “Getting to YES: Negotiating agreement without
living in”; Houghton Mifflin – 1981; M. H. Bazerman: “Judgment in
managerial decision making”; Wiley & Sons – 1986).
Las emociones, los afectos y los sentimientos son posiblemente uno de
los conjuntos de variables que más estén presente en las ciencias del
comportamiento dentro de las áreas de Desarrollo Organizacional y
Comportamiento Organizacional.
Este conjunto de emociones tiene que ver con los conflictos a través de todos los tiempos del proceso de negociación y resolución de conflictos (Eric Gaynor Butterfield – ya citado), es decir, antes, durante y después de logrado el acuerdo. .Posiblemente nadie ha integrado tanto material en materia de las emociones durante los últimos años como Daniel Goleman (“La Inteligencia Emocional”; Bantam Books – 1995). Mucho del trabajo de Daniel Goleman dentro del mundo corporativo se ha fundamentado en los aportes de expertos anteriores, dentro del área de las ciencias del comportamiento. Algunos de ellos son: Carl Frost (“The Scanlon Plan”; MSU – 1972); Chester I.
Barnard (“The functions of the executive”; Harvard University Press –
1938); David A. Mc Clelland (“Toward a theory of motive acquisition”;
American Psychologist – 1965); Edward E. Lawler III (Pay and
Organization Development”; Addison-Wesley – 1981); Elton Mayo (“The
social problems of an industrial civilization”; Routledge & Kegan –
1949); Frederick Herzberg (Managerial choice: to be efficient and to be
human”; Dow Jones – Irwin – 1976); Mary Parker Follett (Creative
Experience”; Longmans – 1924); Rensis Likert (“New Patterns of
Management”; Mc Graw Hill – 1961); R. Kumar (“Affect, cognition and
decision making in negotiation: A conceptual integration”; Managing
Conflict: An integrative approach, Praeger – 1989).
R. Kumar (ya citado) señala que por un lado las emociones dan forma a lo
cognitivo, encontrando que las emociones negativas (una vez que emergen)
se retroalimentan con lo racional dando como resultado la creación de
“estados simplificados” (como por ejemplo donde se privilegian las
posiciones por encima de los intereses). Además estos estados
simplificados suelen reducir el nivel de confianza entre las partes y a
predisponer el comportamiento de otros de manera negativa.
Por otro lado Kenneth Thomas (ya citado) hace mención al trabajo de P.
J. Carnevale e A. Isen (“The influence of positive affect and visual
access on the discovery of integrative solutions in bilateral
negotiation”; Organizational behavior and human decision processes” -
1986) quienes han encontrado evidencia que emociones y afectos positivos
aumenta la posibilidad de que las partes interactuén y se relacionen
mejor en cuanto a analizar los problemas a resolver, y también ayuda a
tener una perspectiva mas amplia de la situación además de desarrollar
nuevas soluciones innovadoras.
Las emociones además de dar forma a lo cognitivo también impactan sobre
las fuerzas motivacionales. Kenneth Thomas (ya citado) destaca que
orientaciones de “rabia” pueden influir negativamente sobre las fuerzas
motivacionales y para ello cita los trabajos de R. A. Baron (“Human
Aggression”; Plenum - 1977), R. Kumar (ya citado – 1989), D. G. Pruitt &
J. Z. Rubin (ya citado - 1986). Mientras que por otro lado las emociones
positivas tienden a aumentar la posibilidad de que las partes se ayuden
y sean generosas (P. J.
Carnevale & A. Isen, ya citado – 1986). Es interesante destacar –
especialmente para aquellos practitioners dedicados a situaciones de
conflicto y de negociación como parte de sus servicios profesionales y
lo hacen de una manera continuada y sistemática, que el “humor” tiende a
reducir los sentimientos de agresión, citando (Thomas) para ello a
diversos autores (Carnevale, Isen, Pruitt, Ben- Yoav, Nochajski & Van
Slyck.
4. Las Intenciones
De acuerdo con el esquema de Kenneth Thomas las Intenciones son la
cuarta fase de un episodio conflictivo, y las mismas son la combinación
de las fuerzas motivacionales producidas por el pensamiento racional,
por el pensamiento normativo, y por las emociones. El autor define a una
“Intención” como una decisión adoptada con el propósito de iniciar una
acción de una manera determinada que opera como una variable
interviniente entre los pensamientos y emociones de las partes y el
comportamiento manifiesto de ellos.
Para Kenneth Thomas las Intenciones son Propósitos que sirven para
explicar patrones de ciertos comportamientos observables y cita como
ejemplos de Intenciones a los siguientes componentes:
- cooperación
- colaboración
- regateo,
- auto-defensa o auto-protección
- competencia
Hay que dejar en claro que existe una distinción muy importante entre
las Intenciones y los Comportamientos; todos tenemos muchos ejemplos
tanto dentro como fuera del mundo organizacional donde se encuentra
evidencia que no toda Intención tiene un Comportamiento equivalente.
Además una de las partes puede esforzarse en inferir las Intenciones del
otro con el propósito de saber como responder al comportamiento del
otro, de modo que las evaluaciones y juicios que hacemos respecto de las
Intenciones de otros influyen fuertemente en los episodios conflictivos.
También es importante hacer distinciones entre las Intenciones
“estratégicas” y las Intenciones “tácticas” (Thomas, ya citado). Todos
recordamos la gran confusión que existió durante muchos años respecto de
cual era el tipo de Liderazgo más efectivo que se basaba en un análisis
(realizado por los investigadores y académicos) que tomaba en cuenta el
aspecto uni-dimensional.
Se discutía si los líderes efectivos tenían una orientación de tipo
autoritario o si, por el contrario, eran más participativos.
Afortunadamente los estudiosos en este tema de Ohio State University
adoptaron un enfoque bi-dimensional en lugar de la tradicional
perspectiva uni-dimensional. Más adelante el excelente trabajo de Robert
Blake y Jane Mouton (“The managerial gris”; Gulf – 1964) amplió los
hallazgos anteriores adoptando también el enfoque bi-dimensional.
Kenneth Thomas prevé la existencia de tres distintos conjuntos de
modelos bi-dimensionales de Intención Estratégica. El primer modelo
Taxonómico es el suyo (K. E. Thomas: “Conflict”; Organizational Behavior,
Grid Publications – 1979) que tiene dos dimensiones principales:
Cooperación (tratando de tener en cuenta los intereses del otro) y
Asertividad (tratando de tener en cuenta los intereses propios). Este
modelo taxonómico está sujeto a las siguientes Interpretaciones:
- Intenciones
- Colaborando
- Evitando
- Acomodando
- Tomando posiciones “medias” (compromising)
La Intención estratégica recibe el nombre de “Competir” y la
Interpretación de la Intención estratégica son las mismas “Intenciones”.
El segundo modelo bi-dimensional de Intención Estratégica incluye las
concepciones de tres distintos autores y está basado en las
características de las personas (traits):
R. Blake & J. Mouton (“The Managerial grid”; Gulf – 1964) donde las dos
dimensiones principales son: teniendo en cuenta a las personas o
teniendo en cuenta la producción. Las Intenciones estratégicas son:
forzando, confrontando, retirando o retrocediendo, suavizando, o tomando
posiciones “medias” (compromising). Por otro lado la Interpretación de
la Intención estratégica tiene que ver con los enfoques de estilo
gerencial
J. Hall (“Conflict management survey: A survey of one´s characteristic reaction to and handling of conflicts between himself and others”; Teleometrics – 1969) tiene dos principales dimensiones: teniendo en cuenta las relaciones y teniendo en cuenta los objetivos personales. Las Intenciones estratégicas son: Ganar-perder; sinérgicas, dejar paso a otros – perder, perder – abandonar la situación, y tomando posiciones “medias” (compromising). La interpretación de las Intenciones estratégicas tiene que ver con estilos y filosofías de dirección / gerenciales
M. A. Rahim & T. V. Bonoma (“Managing organizational conflict : A model for diagnosis and intervention”; Psychological Reports – 1979) contemplan la existencia de dos dimensiones principales: teniendo en cuenta a otros y teniendo en cuenta a sí mismo. Las Intenciones estratégicas son: dominante, integrador, evitando, obligando y tomando posiciones “medias” (compromising). La interpretación de las Intenciones estratégicas tiene que ver con los estilos gerenciales y de dirección incluyendo también las distintas orientaciones motivacionales.
El segundo modelo bi-dimensional de Intención Estratégica incluye las
concepciones de dos distintos autores y está basado en las
características de la situación:
Kenneth Thomas (ya citado – 1976) donde las dos dimensiones principales
son: el deseo de satisfacer lo que cuenta para el otro y el deseo de
satisfacer lo que cuenta para uno mismo. Como vemos los deseos juegan un
rol principal en el modelo de Thomas. Las Intenciones estratégicas son:
competitividad, colaboración, evitando, acomodaticio, compartiendo. La
interpretación de la Intención estratégica tiene que ver con la
“relación específica”.
D. G. Pruitt (“Strategic choice in negotiation”; American Behavioral
Scientist – 1983) tiene dos principales dimensiones: teniendo en cuenta
los “outcomes” de otros y teniendo en cuenta los “outcomes” de uno
mismo. Las Intenciones estratégicas tienen que ver con estos aspectos:
contienda, resolución de problemas, inacción, “dejando paso”.
James March y Herbert Simon (“Organizations”, Wiley & Sons – 1958) al
privilegiar el enfoque cognitivo adoptan una posición particular. Para
ellos el conflicto se relaciona con un rompimiento de los mecanismos
estándar que tienen tanto los individuos como los grupos y las
organizaciones al tener que seleccionar una acción alternativa. En
términos de Alvar Elbing (ya citado) se presenta una situación de
desequilibrio.
March y Simon (ya citados) analizan los conflictos bajo tres tipos de
situaciones en particular:
- el conflicto de un individuo al tomar decisiones;
- el conflicto organizacional que se relaciona con el conflicto de una
persona o de un grupo dentro de una organización; y
- el conflicto inter-organizacional que lidia con los conflictos entre
organizaciones o entre grupos, destacando que el foco principal de
interés que ellos tienen es el de conflicto organizacional.
En su ambicioso trabajo los autores destacan que tienen interés en
encontrar respuesta a tres interrogantes:
¿Bajo que condiciones emerge el conflicto?
¿Cuáles son las reacciones de las personas, grupos y organizaciones
cuando confrontan el conflicto?
¿Cuáles son los resultados (outcomes) de un conflicto?
Para los autores existen las decisiones fáciles que se presentan cuando
entre todas las alternativas una es claramente mejor que el resto y
además dicha alternativa es suficientemente buena como para ser
aceptable. Muchos de los “programas” instalados en las personas, los
grupos y las organizaciones tienen mecanismos incorporados dentro de sí
mismos para de ese modo tratar a las decisiones como fáciles. Eric
Gaynor Butterfield – dentro de su marco teórico motivacional basado en
el desarrollo de la zona de incomodidad – sugiere que el conflicto en la
toma de personas está sujeta a las características propias de la unidad
de análisis en cuestión y a su ubicación dentro de su propia zona de
incomodidad.
Para March y Simon (1958) el conflicto emerge como consecuencia de tres
diferentes situaciones. La primera de ellas es nombrada como una
situación “no-aceptable”. Bajo esta situación la persona conoce como
mínimo la distribución probable de resultados (outcomes) de cada curso
alternativo de acción, llegando incluso a identificar una alternativa
preferida por encima del resto.
Pero el conflicto se presenta porque dicha alternativa – con
resultados o outcomes conocidos – no es suficientemente buena, es decir
no llega a satisfacer los estándares de satisfacción. Una segunda
situación es aquella que los autores denominan “no-comparable” que se
caracteriza por el hecho que las personas conocen la distribución
probable de los resultados pero no puede llegar a identificar una
alternativa preferida. Y la tercera situación es llamada de
incertidumbre que se presenta cuando las personas no llegan a conocer
las distribuciones probables que resultan de distintos elecciones en
cuanto a comportamientos y los resultados (outcomes) a conseguir.
Dentro de su fuerte enfoque racional March & Simon se atreven a crear
una “tipología de conflictos” basado en cinco distintos tipos (una
buena, blanda, mezcla de, pobre, e incierta alternativa) de posibles
outcomes (percibidos). Como resultado de estas 5 posibles alternativas
los tipos de conflicto emergentes son 15. La percepción de conflicto es
entonces una función de: la subjetiva incertidumbre de alternativas; la
subjetiva “no-comparación” de alternativas; y la subjetiva
“no-aceptación” de alternativas.
En relación con el conflicto organizacional los autores hacen referencia
a dos factores. El primer tipo de conflicto organizacional emerge cuando
ninguna de las personas dentro de la organización (o solamente muy
pocas) tienen conocimiento de alternativas aceptables en términos de sus
objetivos y percepciones mientras que el segundo tipo no se origina en
relación con los problemas que las personas tienen en cuanto a tomar
decisiones sino por la diferencia de elecciones que hacen las distintas
personas dentro de dicha organización.
A su vez entre las condiciones para el conflicto inter-grupal James
March y Herbert Simon (1958) destacan a los siguientes factores: cuando
las personas sienten la necesidad de decidir conjuntamente lo que se
relaciona fuertemente con el estilo de liderazgo y la filosofía de
dirección de la organización;, cuando existe una diferencia en cuanto a
los objetivos, y cuando existe una diferencia entre los grupos respecto
de las percepciones de la realidad.
Ahora bien ¿Cuáles son las consecuencias que produce el conflicto en la
organización? En este caso, y como señalan James March & Herbert Simon
(1958 – ya citado), el conflicto ya no es tratado como una variable
dependiente donde “algo” impacta sobre él, sino que más bien ahora el
conflicto es una variable independiente. Es decir, ahora ponemos foco a
observar que es lo que hace la organización para reaccionar al
conflicto. En este sentido los autores destacan que las organizaciones
usualmente reaccionan a través del desarrollo de cuatro procesos
principales que toman la forma de: a. resolución de problemas; b.
persuasión; c. regateo; y d. “haciendo política”.
Para March & Simon el comportamiento de las personas en la organización
tiene que ver directamente con la toma de decisiones y lo cognitivo
donde se privilegia el aspecto “racional”. Ahora bien, una de las
preguntas que se formulan estos dos notables autores, tiene que ver con
si realmente las personas somos racionales, especialmente dentro de
nuestro actuar en las organizaciones.
Para los economistas el hombre es hedonista y en su calidad de tal toma
decisiones y actúa en función de “lo racional” donde ha de privilegiar
el máximo beneficio con el mínimo de esfuerzo. Pero para March y Simon
esta premisa de los economistas está sujeta a crítica y además no
encuentra total sustento dentro de las ciencias del comportamiento de
las personas dentro del ámbito organizacional. Ellos postulan que
existen límites en cuanto a las capacidades intelectuales de las
personas para resolver los problemas que ellos confrontan en el día a
día dentro de las empresas. Los gerentes solamente “capturan” algunas
facetas del problema a resolver y por lo tanto se encuentran en
situaciones vulnerables.
Para solucionar este problema las personas y las organizaciones
desarrollan una serie de características principales:
las personas, grupos y organizaciones no maximizan sino que simplemente
“satisfacen”; es decir, se opera para alcanzar niveles de satisfacción;
las opciones que están disponibles (al tomar decisiones) y las
consecuencias (de las decisiones tomadas) son descubiertas de una manera
secuencial a través de diversos procesos de búsqueda que no siempre son
totalmente óptimos;
ante esta situación de “imperfección” las personas y las organizaciones
desarrollan “repertorios de programas” que sirven como opciones
disponibles para decidir en situaciones recurrentes;
estos repertorios de programas tienden a encaminarse como “programas
de acción específica” que tiene en cuenta solamente un rango limitado de
situaciones y también un rango (previsto) limitado de consecuencias;
cada programa de acción por mejor que sea desarrollado solo es capaz de
ser ejecutado de una manera “semi-independiente” de la otra; en pocas
palabras hay “eslabones muy débiles”.
Eric Gaynor Butterfield (“Congreso de Desarrollo Organizacional”, 2005)
agrega algunas variables adicionales que se relacionan con una
diversidad situacional cada vez mayor basado en las 3 T (transición,
tradición y transformación) que agrega aun más complejidad como
resultado de las 3 P (persona, personalidad, personaje). A ello debe
adicionarse una condición natural que está distribuida
“democráticamente” en todo el planeta independientemente de la
comunidad, su cultura y las personas: “todo se deteriora con el simple
transcurso del tiempo”.
Nadie definió tan claramente la partida de defunción de la organización
jerárquica piramidal como James March y Herbert Simon al afirmar que son
estos “límites de racionalidad” los que hacen que las organizaciones no
tengan una estructura estable en el tiempo.
Es por ello que así como las organizaciones desarrollan programas
para la supervivencia de la organización “en el corto plazo” se hace
también indispensable que estén en condiciones de lidiar con nuevas
“resoluciones de problemas” y la incorporación de procedimientos que
permitan el desarrollo de nuevos procedimientos tanto para crear,
elaborar, instituir, instalar y revisar programas. La calidad con que la
dirección de la empresa y la gerencia puede llegar a lidiar con esta
situación “en conflicto”, ha de tener mucho que ver con la eficiencia
organizacional y la salud de sus miembros.
Gracias por compartir.
Eric Gaynor Butterfield informesarrobatheodinstitute.org Ph. D. (abd) - Presidente The Organization Development Institute International, Latinamerica (Board member de The Organization Development Institute- Worldwide) www.theodinstitute.org
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