El último acontecimiento que confirma el poderío chino, ha sido la
oferta de compra que se ha hecho de la petrolera norteamericana UNOCAL.
A fines de junio, la China Nacional Offshore Oil Corporation (CNOOC)
hizo la oferta para comprar UNOCAL por 18,500 millones de dólares. Ahora
a principios de julio, se ha confirmado que ese monto ofrecido para
adquirir la petrolera californiana, es superior a la oferta de 16,400
millones que hace tres meses hiciera el gigante estadounidense Chevron.
Independientemente de los resultados de la transacción, lo cierto es que
crecientemente China demuestra su notable poderío, su avasallante
presencia en los negocios mundiales, y su capacidad de influencia
política internacional -es el único miembro permanente del Consejo de
Seguridad de Naciones Unidas, con poder de veto, que no ganó en la II
Guerra Mundial.
Washington no puede ignorar la presencia china. En muchos procesos de
producción la necesita. Pero también teme al poder escalonado de la
potencia oriental y las consecuencias que de ello puedan derivarse.
Aparte de ser un sistema casi de “stalinismo-capitalista”, de la
represión en Tiananmen, y del problema del Tibet, China ha acumulado un
significativo poder económico.
Mientras Estados Unidos ha crecido en los pasados 6 años a un promedio
de 3.7% anual, China lo ha hecho con un promedio de 7.4%. Las
exportaciones chinas vienen creciendo a un 14% anual y han pasado de ser
196,000 millones de dólares en 1999, a 514,000 millones en 2004. Luego
de que en 1998 China captara 36,000 millones de dólares en inversión
extranjera directa, para este año, ese monto cerrará en 68,000 millones.
La evidente competitividad e influencia mundial es clara. De continuar
la tendencia de crecimiento económico, entre los años 2,033 y 2,038,
China habrá sobrepasado el tamaño de la economía estadounidense. Desde
2004, China es ya el segundo socio comercial con Estados Unidos y el
primero de Japón.
Estos factores son especialmente importantes para Washington. Se teme lo
que podría ser el “desborde” de influencia china. No es de olvidar las
sigilosas y discretas, pero sin descenso, inversiones chinas en
Latinoamérica. Además, la “sed petrolera” china ha sido factor clave en
la escalada del precio mundial de energéticos. Su consumo petrolero era
de 2.8 millones de barriles por día en 1980; ese indicador será de 6.2
millones de barriles por día en 2005.
Si, existe temor al factor planetario chino, pero también se le
necesita. China, al ser el segundo socio comercial para Estados Unidos,
está demostrando que es un importante proveedor de productos para la
economía nacional. Esas importaciones al mantenerse en precios bajos,
hacen que se alivien presiones inflacionarias y que se continúe con el
nivel de vida estadounidense.
Tómese en cuenta que con las nuevas condiciones globalizadas de la
economía mundial, los procesos productivos son integrados, son varios
los países que contribuyen para la producción de un bien, especialmente
de manufactura especializada o de alta tecnología.
La capacidad productiva del país asiático lo hace indispensable en los
nuevos circuitos económicos de principios de Siglo XXI. El temor es que
la disciplinada población china, su sistema de gobierno y la fuerza de
su competitividad, la conviertan en un substancial elemento de poder
mundial fuera “de control”, capaz de instalar su agenda propia y de
desplazar del liderazgo internacional a países que lo han tenido
tradicionalmente.
En otro sentido más complementario, algunos especialistas en seguridad
internacional han generado la tesis de que el factor chino puede ser
útil para la conformación de un nuevo orden político mundial. Esta
corriente conformada por los llamados “neorrealistas”, subraya que la
actual condición de seguridad mundial es caótica, desordenada.
Claman que en la Guerra Fría los acontecimientos eran “más
sistemáticos”, más predecibles, más controlables. Concluyen que se
necesita tener un nuevo enemigo. Candidatos: Alemania o China. De allí
que China pueda tener un papel adicional, para un Estados Unidos que ve
como el pantano de Irak es más profundo y amenazante de lo que se pensó
hace dos años. Es claro que los 1,657 soldados muertos y los 12,243
heridos en Iraq, están contribuyendo a erosionar notablemente el
respaldo público a la política Washington en el área.
Las relaciones de Estados Unidos con China deben ser evaluadas con toda
la complejidad que demandan. Los planes deben referirse a múltiples
dimensiones. No se trata de un juego de tenis. Se trata de un complejo
ajedrez que se va desarrollando simultáneamente, en múltiples tableros
interrelacionados.
Giovanni E. Reyes - giovrarrobayahoo.com
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