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Crecientes relaciones China-Estados Unidos: entre la necesidad y el miedo

Autor: Giovanni E. Reyes 

Globalización, integración internacional y apertura económica

07-2005

El último acontecimiento que confirma el poderío chino, ha sido la oferta de compra que se ha hecho de la petrolera norteamericana UNOCAL. A fines de junio, la China Nacional Offshore Oil Corporation (CNOOC) hizo la oferta para comprar UNOCAL por 18,500 millones de dólares. Ahora a principios de julio, se ha confirmado que ese monto ofrecido para adquirir la petrolera californiana, es superior a la oferta de 16,400 millones que hace tres meses hiciera el gigante estadounidense Chevron.

Independientemente de los resultados de la transacción, lo cierto es que crecientemente China demuestra su notable poderío, su avasallante presencia en los negocios mundiales, y su capacidad de influencia política internacional -es el único miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con poder de veto, que no ganó en la II Guerra Mundial.

Washington no puede ignorar la presencia china. En muchos procesos de producción la necesita. Pero también teme al poder escalonado de la potencia oriental y las consecuencias que de ello puedan derivarse.

Aparte de ser un sistema casi de “stalinismo-capitalista”, de la represión en Tiananmen, y del problema del Tibet, China ha acumulado un significativo poder económico.

Mientras Estados Unidos ha crecido en los pasados 6 años a un promedio de 3.7% anual, China lo ha hecho con un promedio de 7.4%. Las exportaciones chinas vienen creciendo a un 14% anual y han pasado de ser 196,000 millones de dólares en 1999, a 514,000 millones en 2004. Luego de que en 1998 China captara 36,000 millones de dólares en inversión extranjera directa, para este año, ese monto cerrará en 68,000 millones.

La evidente competitividad e influencia mundial es clara. De continuar la tendencia de crecimiento económico, entre los años 2,033 y 2,038, China habrá sobrepasado el tamaño de la economía estadounidense. Desde 2004, China es ya el segundo socio comercial con Estados Unidos y el primero de Japón.

Estos factores son especialmente importantes para Washington. Se teme lo que podría ser el “desborde” de influencia china. No es de olvidar las sigilosas y discretas, pero sin descenso, inversiones chinas en Latinoamérica. Además, la “sed petrolera” china ha sido factor clave en la escalada del precio mundial de energéticos. Su consumo petrolero era de 2.8 millones de barriles por día en 1980; ese indicador será de 6.2 millones de barriles por día en 2005.

Si, existe temor al factor planetario chino, pero también se le necesita. China, al ser el segundo socio comercial para Estados Unidos, está demostrando que es un importante proveedor de productos para la economía nacional. Esas importaciones al mantenerse en precios bajos, hacen que se alivien presiones inflacionarias y que se continúe con el nivel de vida estadounidense.

Tómese en cuenta que con las nuevas condiciones globalizadas de la economía mundial, los procesos productivos son integrados, son varios los países que contribuyen para la producción de un bien, especialmente de manufactura especializada o de alta tecnología.

La capacidad productiva del país asiático lo hace indispensable en los nuevos circuitos económicos de principios de Siglo XXI. El temor es que la disciplinada población china, su sistema de gobierno y la fuerza de su competitividad, la conviertan en un substancial elemento de poder mundial fuera “de control”, capaz de instalar su agenda propia y de desplazar del liderazgo internacional a países que lo han tenido tradicionalmente.

En otro sentido más complementario, algunos especialistas en seguridad internacional han generado la tesis de que el factor chino puede ser útil para la conformación de un nuevo orden político mundial. Esta corriente conformada por los llamados “neorrealistas”, subraya que la actual condición de seguridad mundial es caótica, desordenada.

Claman que en la Guerra Fría los acontecimientos eran “más sistemáticos”, más predecibles, más controlables. Concluyen que se necesita tener un nuevo enemigo. Candidatos: Alemania o China. De allí que China pueda tener un papel adicional, para un Estados Unidos que ve como el pantano de Irak es más profundo y amenazante de lo que se pensó hace dos años. Es claro que los 1,657 soldados muertos y los 12,243 heridos en Iraq, están contribuyendo a erosionar notablemente el respaldo público a la política Washington en el área.

Las relaciones de Estados Unidos con China deben ser evaluadas con toda la complejidad que demandan. Los planes deben referirse a múltiples dimensiones. No se trata de un juego de tenis. Se trata de un complejo ajedrez que se va desarrollando simultáneamente, en múltiples tableros interrelacionados.
 

Giovanni E. Reyes  - giovrarrobayahoo.com  

University of Pittsburgh

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