La valoración de
las empresas.
Las empresas en la actualidad tienen más valor del que puede ser
reflejado en sus balances y estados de resultados, porque además de los recursos
materiales que estas tienen y que por su tangibilidad posibilitan ser reflejados
en las cuentas contables; las empresas tienen también un valor, que está
determinado por sus conocimientos, la imagen de su producto, sus relaciones,
entre otros.
En la economía actual, pocas veces el valor bursátil de una empresa
corresponde con la valoración contable de la situación de la misma. La
diferencia existente entre ambas medidas corresponde a la valuación ( si el
valor bursátil es superior a la valoración contable) o devaluación ( si el valor
bursátil no supera al valor de la empresa) que el mercado hace del potencial de
beneficios futuros.
Esta valuación o no, que pueda hacer el mercado está en parte
fundamentada, por la valoración que realiza de los activos intangibles que posee
la organización. El Premio Nobel de Economía en 1981, James Tobin, como
resultado de sus investigaciones al respecto propone la Q de Tobin, que se
obtiene calculando el: Valor de mercado/ Valor contable. De esto, resulta que la
diferencia entre el resultado y 1, representaría la calidad de la explotación
que se realice de sus activos intangibles.
Los activos intangibles son la parte de valor de una empresa que no es
posible contabilizar. La Norma Internacional de Contabilidad 38, define: Activos
Intangibles, "un activo intangible se caracteriza porque es un activo
identificable, sin substancia física y que se destina para ser utilizado en la
producción o suministro de bienes o servicios, para arrendamiento a terceros o
para fines administrativos”.
Si tomamos en cuenta que muchas compañías exitosas en la actualidad
tienen valores en libros hasta un 90 % por debajo del valor con que son
cotizadas en bolsa y que otras empresas de igual éxito, cuentan apenas con
fábricas, máquinas, terrenos y locales propios para realizar su trabajo,
entendemos por qué cada día que pasa, toman más valor en las empresas los
activos intangibles.
Todos estos activos están muy ligados a las personas que constituyen la
organización y que mediante su experiencia, sus relaciones (internas y
externas), etc, crean un capital de gran importancia para la empresa. Este
capital con que cuenta la organización y que está constituido por los activos
intangibles que posee, es conocido como: el capital intelectual.
En las condiciones económicas actuales donde el uso de la información y
de los conocimientos se revelan como aspectos indispensables para alcanzar el
éxito competitivo, la capacidad que tengan las empresas para gestionar,
desarrollar y controlar su capital intelectual es tan importante como la gestión
de los activos tangibles, ya que todos los resultados económicos sostenibles en
la actualidad están muy ligados al desarrollo de los conocimientos.
Capital intelectual.
Aunque existe una gran cantidad de criterios sobre el capital
intelectual, la jerarquía de los elementos que la componen, y las mejores formas
de medirlo, muchos autores concuerdan en que el mismo está formado por:
Capital humano: Conocimiento, habilidades, creatividad y capacidad de
aprender, que poseen las personas y equipos de la organización y que son útiles
para la misma.
Capital estructural: conocimiento que la organización explicita,
sistematiza e internaliza, que forma parte de la capacidad organizacional y de
los cuales depende la eficiencia y la eficacia de la organización.
Capital relacional: esta determinado por el conjunto de relaciones que
la empresa mantiene con el exterior.
Gestionar este capital intelectual para crear valor en la empresa no
está determinado por explotar uno de estos factores, sino de establecer una
interacción entre ellos, de modo que el resultado que se genere sea el más
adecuado para la organización.
Cómo medir el capital intelectual.
Los sistemas actuales de medición de gestión, que se basan
principalmente en aspectos contables y financieros, han quedado obsoletos ante
la necesidad de medir aspectos como la capacidad de innovación, el know how, y
la lealtad de clientes entre otros. Los métodos de control tradicionales no
están preparados para medir el valor de los recursos humanos y otros valores
intangibles, como las competencias y habilidades de la organización.
Pero el principal escollo que deben pasar los instrumentos de control es
buscar la manera de contabilizar estos activos intangibles, situación que se
hace realmente difícil con las técnicas contables tradicionales si tenemos en
cuenta que:
Hasta ahora no existe ningún método generalmente aceptado para la
medición del Capital intelectual, aunque los esfuerzos y avances de los
investigadores sobre el tema han sido importantes. Los métodos mas reconocidos
hasta el momento son los que emplean indicadores para medir aspectos que
complementen los ratios financieros hasta el momento conocidos.
En las últimas décadas se muestra la tendencia de integrar estos
indicadores en modelos que representen las relaciones entre diferentes
perspectivas o áreas de las empresas. Entre ellos podemos citar: Navegador de
Skandia y Cuadro de Mando Integral (CMI).
Todos estos métodos tienen en común el uso de indicadores para medir la
actuación de la empresa. Aunque tratan de ser lo más exactos posibles, su
objetivo fundamental es realizar un análisis comparativo que permita observar la
tendencia de la evolución de los mismos.
Tanto el Navegador de Skandia como el CMI, proponen un conjunto de
indicadores en los cuales los cuatro primeros métodos quedan absorbidos. El
aporte principal de estos dos instrumentos es que la empresa pueda relacionar
los indicadores que miden el capital intelectual de una manera coherente y en la
cual se establezca la estrecha relación que entre ellos existe.
El CMI por su parte, además de proponer elementos para medir el capital
intelectual, dota a la empresa de una filosofía estratégica de causalidad en la
cual cada acción tiene un efecto en la organización y las acciones relacionadas
con las personas son las que más valor generan porque son las que desarrollan
esa parte oculta del valor empresarial que corresponde a los activos
intangibles.
El CMI y los activos intangibles.
El CMI es un modelo desarrollado por Kaplan y Norton en 1992, con el
cual se trataba de medir de una forma más eficaz los resultados obtenidos por la
organización. Aunque en su forma primaria el CMI, pretendía solamente ser un
instrumento de control, en la actualidad parte de su popularidad se debe a que
el CMI, se ha revelado como una poderosa herramienta para la implementación de
la estrategia.
Para lograr poner la estrategia en acción el modelo integra indicadores
financieros y no financieros, agrupados en cuatro perspectivas (Financiera,
Clientes, Procesos Internos y Aprendizaje y Crecimiento) que tratan de describir
la relación causal y lógica, que tiene lugar en la organización y de cuya
interacción se obtienen los resultados empresariales.
Uno de los principales aportes del CMI es el desarrollo de un modelo de
gestión en el cual la situación financiera es el resultado de las decisiones que
han sido tomadas en otras perspectivas. La importancia de la actuación
financiera no es subvalorada en el modelo, sino que se complementa con otros
aspectos de igual importancia en la empresa.
Entre estos aspectos de importancia, se encuentra la perspectiva de
clientes con la cual se persigue evaluar las relaciones de la empresa con sus
clientes e identificar los aspectos que crean valor para ellos y que aumentan la
capacidad competitiva de la empresa.
En la perspectiva de procesos internos se trata de evaluar la situación
de los procesos, teniendo como principal premisa la obtención de satisfacción
del cliente, que se traducirá posteriormente en mayor rendimiento. En esta
perspectiva, la organización debe decidir la propuesta de valor que hará a sus
clientes, teniendo en cuenta los aspectos que los clientes más valoran y las
competencias y oficio de la organización.
Como sustento y principal motor de este modelo, se propone la
perspectiva aprendizaje y crecimiento. Aunque esta perspectiva generalmente es
la que menos se desarrolla en las empresas, y muchos trabajos obvian la gran
importancia de la misma, es en realidad la perspectiva que determina el
cumplimiento de las anteriores. Las competencias del personal, el uso de la
tecnología como generador de valor, la disponibilidad de información estratégica
que asegure la óptima toma de decisiones y la creación de un clima cultural
propio para afianzar las acciones transformadoras del negocio son objetivos que
permiten que se alcance los resultados en las tres perspectivas anteriores.
La importancia de esta perspectiva se evidencia al desarrollar las
cadenas de causalidad de la estrategia empresarial, que es además uno de los
primeros pasos en la elaboración de un CMI. Los empleados satisfechos y capaces,
desarrollan procesos de gran valor para los clientes, que repiten en sus compras
y, por tanto, generan un aumento en las ventas, situación que repercute
favorablemente en la situación financiera empresarial.
En este análisis al parecer simple y que es una de las principales
filosofías del CMI, se evidencia que las personas son la principal fuente de
creación real de valor en las organizaciones actuales.
Aunque el CMI ha generado gran expectativa desde su surgimiento por la
posibilidad que ofrece de dar seguimiento a las estrategias, su flexibilidad
ante las situaciones que puedan surgir y que no hayan estado contempladas en su
realización y la adaptabilidad a todo tipo de organizaciones; en muchas
ocasiones no se logra explotar sus posibilidades más que como un sistema de
control por indicadores.
El objetivo del uso de un CMI no es solamente establecer un indicador y
un criterio de medida para cada uno de los objetivos que hayan sido definidos en
la estrategia. El principal sentido es establecer la red de indicadores que
mejor puedan reflejar el valor real de la organización, incluyendo el de su
capital intelectual y que permita la toma de decisiones empresariales basadas en
criterios más integrales que los financieros y contables.
Acercamiento al problema en Cuba.
Cuba no posee muchos recursos materiales, el petróleo cubano es pesado y
aunque los últimos años se ha tratado de aumentar su extracción para no depender
de proveedores externos y de la volatilidad de sus precios, no es menos cierto
que hasta ahora no constituye un recurso en volumen tan significativo que se
pueda exportar. Las reservas de laterita, si tienen una gran importancia pero no
se dispone de tecnología para su utilización integral. Así se pudiera seguir
hablando de otros recursos que para otros países constituyen importantes
ingresos en divisa por su exportación. Y entonces ¿cuál sería el principal
recurso con que Cuba cuenta para su desarrollo futuro? Muchas personas
concuerdan, y en entre ellos algunos gurus del management y de la
competitividad, que el principal recurso lo constituye sus recursos humanos;
recurso con el que Cuba cuenta ampliamente.
Esta verdad compartida aún no rinde todo el potencial que posee.
Haciendo abstracción de la situación económica del país, utilizando el principio
económico de seteris paribus, existen mayores posibilidades de obtención de
resultados superiores si de una correcta dirección de estos recursos se puede
hablar. Es por esto que buscar la manera de mejorar el uso de estos recursos se
ha convertido en una cuestión estratégica para el país, como única solución
sostenible de desarrollo.
Para lograr el desarrollo necesario que en esta esfera se requiere, es
necesario dejar de concebir a los trabajadores como una mera parte de la
empresa. De nada sirve cambiar los conceptos que a ellos se refieren (personal,
recursos humanos, clientes internos, capital intelectual), si no van aparejados
a un cambio real en nuestra concepción de los mismos. Por eso es primordial
cambiar los métodos de medir el aporte que las personas hacen al resultado de la
empresa, como primer paso para demostrar el valor que los trabajadores añaden a
su trabajo y al valor de la empresa.
Msc. Marta Ferrer Castañedo. Lic. Roxana León Toirac.
Centro de Estudios de Técnicas de Dirección. Cuba
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