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La administración surge como ciencia a principio del siglo pasado y desde su inicio está marcada por una gran preocupación de los administradores por el control en las empresas. Muchos han sido los criterios de los teóricos de la administración sobre lo que esta es, su objetivo y sus funciones, pero ninguna de las teorías ha pasado por alto la importancia del control empresarial, aunque los diferentes conceptos que de él han desarrollado han estado muy vinculados a las concepciones sobre las empresas y el papel de sus administradores en el momento en que han desarrollado sus teorías.
Aunque son evidentes los aportes de las corrientes administrativas al control de gestión, el desarrollo de este término no ha ido aparejado al gran desarrollo que ha tenido en las últimas décadas la ciencia administrativa, siendo así que Kaplan y Johnson, (1987) plantean que “el control de gestión tradicional detuvo su desarrollo en 1925, momento en el cual todos los procedimientos contables, aún en uso ya existían: presupuestos, costos estándar, el modelo Du Pont, ect.”
A medida que se han tratado de adaptar los sistemas de control a las necesidades de los directivos y de las empresas en la actualidad, se evidencia una más preocupación por la descentralización, la participación de todos los miembros de la organización y por concebir al control como un proceso íntimamente ligado a la estrategia y a los objetivos a largo plazo.
La necesidad de que el control de gestión evolucione hacia una concepción proactiva y que conjugue los aspectos internos y externos de la empresa aumenta a medida que las empresas tratan de desenvolverse en un entorno en el que las condiciones competitivas que le son impuestas a las empresas, exigen sacar el mayor provecho posible de la información interna y externa, para lograr el desarrollo de la estrategia.
Con el objetivo de resolver estas cuestiones de vital importancia
para la empresa, surge en la década de los 90, el Cuadro de Mando
Integral (CMI) de Kaplan y Norton, con el cual concluyen una
investigación que llevaban realizando durante años.
Aunque el CMI de Kaplan y Norton, es un modelo que por su validez se ha
ganado su propio lugar dentro de las mejores técnicas y herramientas de
la administración moderna, es importante reconocer que el camino de los
instrumentos de control integrales para las empresas ha sido mucho más
largo y arduo.
El CMI hereda lo mejor de estos instrumentos, lo que se evidencia en: el uso de indicadores para lograr el monitoreo integral de la empresa de una manera más racional y simple, el carácter integrador y sistémico que es imprescindible en un sistema de control actual, la importancia de una organización donde todas las acciones estén coordinadas y donde todos los trabajadores, desde el alto mando hasta la el nivel operativo, sepan cuales son los aspectos de relevancia dentro de la misma, para los cuales es importante enfocarse.
Cuando Kaplan y Norton, desarrollaron por primera vez su CMI, buscaban solamente crear una herramienta que permitiera medir los resultados tangibles e intangibles de una empresa. En aquel momento no suponían el gran alcance que tendría esta herramienta y las posibilidades que representaría como instrumento para medir el avance estratégico, característica del CMI que ha posibilitado que este se considere hoy como el instrumento más importante dentro de la gestión empresarial en los próximos 50 años.[1] De esta manera el CMI proporciona una visión dinámica de los aspectos esenciales de la actividad permitiendo esto, que se pueda observar la tendencia y la evolución de los indicadores esenciales, lo que permitirá anticipar y tomar decisiones estratégicas de una manera óptima.
El CMI se sustenta en cuatro perspectivas principales, aunque el uso de las mismas no sea de carácter obligatorio y la empresa pueda añadir las que crea necesarias:
Perspectiva Financiera.
Los objetivos financieros son considerados como el resultado de las
acciones que se hayan desarrollado en la empresa con anterioridad. De
esta manera con el cuadro de mando se plantea que la situación
financiera de la empresa no es más que el efecto que se obtiene de las
medidas tomadas en las perspectivas anteriores. Los objetivos
financieros servirán de enfoque para el resto de los objetivos en las
siguientes perspectivas y comenzando por los objetivos financieros a
largo plazo se desarrollarán una serie de acciones a realizar en los
clientes, procesos y aprendizaje.
Por tanto de los objetivos financieros que se quieran lograr partirán
muchas de las decisiones que se tomen en las restantes perspectivas,
pero esta solo servirá de enfoque y posteriormente de control de las
medidas tomadas. De esta manera sin eliminar la importancia de la
actuación financiera, esta pasa a formar parte de un sistema integrado,
donde es uno entre otros elementos de importancia, pero no es el único
criterio de medida empresarial. La situación financiera además de
valorar los activos tangibles e intangibles empresariales será un
importante criterio de medida de las acciones que se realizan para la
consecución de la estrategia.
Perspectiva Cliente.
Para lograr el desempeño financiero que una empresa desea, es
fundamental que posea clientes leales y satisfechos, con ese objetivo en
esta perspectiva se miden las relaciones con los clientes y las
expectativas que los mismos tienen sobre los negocios. Además, en esta
perspectiva se toman en cuenta los principales elementos que generan
valor para los clientes, para poder así centrarse en los procesos que
para ellos son más importantes y que más los satisfacen.
El conocimiento de los clientes y de los procesos que más valor generan
es muy importante para lograr que el panorama financiero sea próspero.
Sin el estudio de las peculiaridades del mercado al que está enfocada la
empresa no podrá existir un desarrollo sostenible en la perspectiva
financiera, ya que en gran medida el éxito financiero proviene del
aumento de las ventas, situación que es el efecto de clientes que
repiten sus compras porque prefieren los productos que la empresa
desarrolla teniendo en cuenta sus preferencias
Perspectiva Proceso Interno.
Tomando en cuenta el mercado al que se enfoca la empresa y la
satisfacción de las expectativas de los mismos y de la empresa, se
identifican en esta perspectiva los procesos claves de la organización,
en los cuales se debe trabajar para lograr que los productos o servicios
se ajusten a las necesidades de los clientes, identificando los procesos
orientados a cumplir la misión y los procesos de apoyo y estableciendo
los objetivos específicos que garanticen esta satisfacción.
Como plantea Lorino (1993), “...el producto es un proceso: cristaliza en
el saber detectado por la empresa en un encadenamiento
concepción-realización.” La satisfacción de los clientes por tanto
descansa en que la empresa desarrolle un nivel de eficiencia general que
se evidencia en la calidad de los procesos que la empresa desarrolle.
Perspectiva Aprendizaje y Crecimiento.
Esta perspectiva que generalmente aparece como cuarta, es el motor
impulsor de las anteriores perspectivas del cuadro de mando y refleja
los conocimientos y habilidades que la empresa posee tanto para
desarrollar sus productos como para cambiar y aprender. En esta
perspectiva se debe lograr que el aprendizaje y el crecimiento de la
organización tributen a las perspectivas anteriores.
Las competencias del personal, el uso de la tecnología como generador de
valor, la disponibilidad de información estratégica que asegure la
óptima toma de decisiones y la creación de un clima cultural propio para
afianzar las acciones transformadoras del negocio son objetivos que
permiten que se alcance los resultados en las tres perspectivas
anteriores. Los empleados satisfechos y capaces, desarrollan procesos de
gran valor para los clientes, que repiten en sus compras y por tanto
generan un aumento en las ventas, situación que repercute favorablemente
en la situación financiera empresarial.
Pilares de un CMI.
Para la elaboración de un CMI coherente es importante desplegar la
estrategia mostrando las cadenas causales que nos ayudarán a lograr los
objetivos que nos hemos propuesto. De esta manera la concepción del CMI
parte del análisis de la estrategia de la empresa y de las relaciones
causa/efecto de cada paso que de la empresa para obtener los resultados
estratégicos deseados.
El valor fundamental del mapa estratégico es que servirá para que la
empresa pueda ver su estrategia de forma integrada y sistemática donde
toda acción tiene una causa y resultado.
Otro de los elementos nucleares de cualquier estrategia y por tanto de
cualquier CMI es la proposición de valor al cliente. Para la proposición
de valor Kaplan y Norton, retoman en esencia la cadena de valor
desarrollada por Michael Porter.
Ambos autores coinciden en que el valor que el cliente recibe y por el
que paga, es un conjunto de procesos que da como resultado el valor
percibido. Pero para desarrollar este conjunto de procesos, el mismo
debe estar estrechamente relacionado con las necesidades de los clientes
a los que la empresa se enfoca, el conocimiento sobre los procesos que
mejor domina la empresa y que más los clientes valoran, entre otros.
Quizás el aspecto más relevante del concepto propuesto por Kaplan y
Norton, en cuanto a la proposición de valor y que complementa el trabajo
de Porter, es por el carácter holístico que en el que analizan la cadena
de valor, donde cada actividad realizada es analizada desde cada una de
las perspectivas del CMI con el objetivo de lograr la secuencia de
actividades creadoras de valor que estratégicamente sean mejores para la
empresa.
Como el CMI es una herramienta para medir la estrategia, este
necesariamente debe presentar la flexibilidad que la estrategia
requiere. Por esto todos los cambios que sean necesarios, propiciados
por los cambios del entorno o cambios de la estrategia, deberán
solucionarse continuamente. Sin una visión del CMI como una herramienta
de gran flexibilidad, este no pasaría de ser un instrumento rígido como
otros instrumentos de control, y no ofrecería a la empresa ninguna
posibilidad de adaptación de su sistema de control a las nuevas
exigencias que puedan surgir.
Conclusiones
El trabajo con el Cuadro de Mando Integral ofrece a las empresas
actuales muchas posibilidades, aunque su implementación no sea tan
sencilla como aparenta. Las ventajas que se derivan del trabajo con esta
herramienta quizás es lo que determina que se haya convertido en uno de
los instrumentos más populares de los últimos años para gerentes y
consultores.
Pero aún este instrumento tiene muchas batallas por ganar. Quizás la
principal de estas luchas, sea que las posibilidades que ofrece se ven
limitadas por las arcaicas concepciones que se tienen sobre el control
de gestión lo cual limita el uso eficiente del CMI. Mientras el control
se encuentre limitado por las creencias erróneas sobre sus alcances,
cualquier instrumento que se emplee, estará limitado en sus
posibilidades y aportes al trabajo de las empresas.
1] Dato extraído de la revista Gestión 2000.
Msc. Marta Ferrer Castañedo. Lic. Roxana León Toirac.
Centro de Estudios de Técnicas de Dirección. Cuba
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