La respuesta, sin lugar a dudas, es SÍ. La PYME necesita estrategia y
vamos a desarrollar los motivos a lo largo del texto.
Muchas veces, hablando con empresarios me dicen: “Nosotros tenemos claro
nuestro plan estratégico. No lo tenemos por escrito, pero todos sabemos
a lo que nos dedicamos y nuestro objetivo es crecer un 20% anual”
Sí, pero ¿cómo? ¿Realmente os interesa crecer? ¿Os interesa más el
crecimiento o la rentabilidad? ¿Cómo vais a conseguir ese crecimiento?
¿Habéis previsto la influencia del enfriamiento y la posible crisis que
se avecina? ¿Qué inversiones necesitáis para ello? ¿Cuál va a ser
vuestra situación económica en los próximos años? ¿Qué segmentos os
interesan y qué rentabilidad tenéis en ellos? ¿Qué competencia tenéis?
¿Habéis pensado en cómo afecta internet a vuestro negocio? ¿Y la
globalización?... y cien preguntas más.
Y contemplando el aspecto humano ¿toda la empresa lo tiene igual de
claro? ¿Están de acuerdo? ¿Qué planificación hay en el área de recursos
humanos? ¿Hay unos objetivos claramente definidos y consensuados?... y
otras cincuenta preguntas más.
Todos estos problemas son los que tiene la empresa que no tiene una
estrategia definida. Están en el mercado, dando tumbos de un lado a otro
sin tener muy claro cual es su destino ni como van a llegar a él.
Actualmente, el entorno cambia muy rápido, las nuevas tecnologías cada
vez influyen más en la gestión de las empresas, fenómenos como Internet
afectan a la manera de hacer negocios, el talento es cada vez más
escaso, la globalización cada vez es un fenómeno más importante....
Por ello, todas las empresas necesitan tener claro cual es la razón de
ser de su empresa en el mercado y a donde quiere llegar, cuando, cómo y
con qué recursos humanos y económicos. Y además, el equipo debe tenerlo
igualmente claro por lo que la comunicación interna es definitiva.
Muchas directivos y empresarios me dicen: “Cada vez tenemos menos
margen. Los competidores cada vez son más agresivos y tenemos que
sacrificar el margen a menudo”.
Éste es uno de los síntomas de no tener una estrategia definida.
Tras unos años en los que hemos estado obsesionados por la eficiencia
operativa con prácticas englobadas en la calidad total como el
benchmarking, mejora continua, el Just In Time (JIT), .... estamos en un
momento en el que muchas empresas ofrecen los mismos productos /
servicios en los mismos mercados y segmentos, con lo que cada vez son
más importantes los precios para poder diferenciarse de la competencia.
Ésto, inevitablemente nos lleva a que haya sectores en los que el margen
está cayendo drásticamente.
Ya hemos identificado algunos problemas, pero ¿cuál es la solución?
La solución es la dirección estratégica. Consiste en la planificación,
la implantación y el control de la estrategia.
Pero, ¿en qué consiste la planificación estratégica?
Dentro del proceso de la planificación estratégica, y tras hacer un
análisis de la empresa, del mercado y de la competencia, hay que
desarrollar diversas alternativas. Tras tener diversas alternativas
desarrolladas, hay que elegir la mejor de ellas.
La estrategia es compleja y requiere tomar decisiones importantes. Es
elegir un camino. Pero tras hacer las elecciones, la empresa tiene claro
cual es el futuro que quiere y cual es el camino que ha elegido y por
qué.
Citando a Michael Porter “The company without a strategy is willing to
try anything” (la empresa sin estrategia está dispuesta a intentar
cualquier cosa). Eso es precisamente lo que se ha de evitar. Si se tiene
claro cual es el camino que se ha elegido, la empresa tiene claro qué es
importante y qué no para alcanzar sus objetivos.
Pero claramente, toda estrategia ha de ser definida como una serie de
acciones para obtener ventajas competitivas.
Pero, ¿qué es una ventaja competitiva? Es una diferenciación positiva de
la competencia percibida por el cliente y perdurable en el tiempo.
Algunos ejemplos de ventajas competitivas son: una marca reconocida,
tener desarrollados productos o servicios innovadores difícilmente
copiables, poseer tecnologías propias, tener costes menores que la
competencia...
Si analizamos la definición hay varios elementos elementos muy
importantes:
1. Percibida por el cliente: No podemos hablar de una ventaja
competitiva que no sea percibida por el cliente.
2. Perdurable en el tiempo: Las ventajas competitivas han de estar
basadas en puntos perdurables en el tiempo y no en ventajas efímeras.
Una estrategia que no nos lleva a tener ventajas competitivas es una
estrategia inútil y nos llevará directamente a la competición por
precios disminuyendo el margen de beneficio día tras día y acaba siendo
un cáncer para la empresa.
Y en este momento debemos preguntarnos ¿qué ventajas competitivas
tenemos en nuestra empresa?
Si la respuesta no la tenemos clara, posiblemente debamos elaborar una
estrategia para conseguirlas y dentro de ella, seguramente debamos
contemplar la innovación.
Eduardo Navarro
Socio Director de Improven Consultores
enavarroarrobaimproven-consultores.com
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