La investigación nace de la curiosidad del hombre. Nuestra especie se ha distinguido por buscar una explicación racional a todo lo que nos rodea y posteriormente, sacar provecho de estos conocimientos.
Hasta hace aproximadamente 50 años, la investigación se hacía de un modo significativamente "romántico": los inventores, en muchos casos sin ni siquiera tener una formación científica, dedicaban su vida a crear y buscar explicaciones ingeniosamente; desde el auspicio de los mecenas, hasta épocas en que la búsqueda del significado de las cosas obedecía más a premisas filosóficas, la ciencia no había asimilado el papel de motor del desarrollo económico.
La segunda guerra mundial se presenta como un "parteaguas" de este proceso. Estados Unidos atribuye a las aportaciones científicas como uno de los elementos claves para su éxito, y desde entonces genera programas y asigna importantes recursos dedicados a la investigación. En este momento, no se discriminaba entre investigación básica y aplicada, la idea era crear, probar, experimentar.
La investigación básica respondía a la curiosidad "humana" que impulsa la investigación particularmente básica. La curiosidad "comercial", es decir, de obtener un beneficio económico a la aplicación práctica de una investigación se entendía mas bien como una consecuencia natural. Ya no es así.
Así como la actividad militar había tenido notable influencia en la concesión de recursos para la investigación, después de que las tensiones de la guerra fría de los años 60 y 70 disminuyeron, los centros y esfuerzos creados varias décadas atrás es ese país disminuyeron drásticamente a finales de los 90's, a punto de poner en peligro la existencia de varios centros de investigación y laboratorios, incluidos muchos incubados en universidades públicas y privadas.
Una condición nueva se presenta a los investigadores: generar
recursos económicos para seguir subsistiendo y haciendo investigación
básica, por lo tanto, debía hacerse énfasis en hacer investigación
"comercial", es decir, trabajar en ideas que de algún modo se conviertan
en oportunidad de negocios, de "hacer dinero". Se requería aprender un
nuevo lenguaje.
En los últimos años se ha comprobado que la investigación y el
desarrollo (I&D) tecnológico son el motor de las grandes economías
mundiales. La inversión en I&D en los Estados Unidos es del orden del 3%
del PIB; Alemania, Suiza y Holanda se comportan de un modo similar.
Todos estos países tienen en común ser potencias del primer mundo. En
México la inversión en investigación y desarrollo es menor al 0.5% del
PIB (el actual gobierno quiere llegar por lo menos a un 3%). Es difícil
asegurar que la ciencia y la tecnología aseguran el bienestar económico
terminantemente, sin embargo está demostrada su tremenda fuerza
impulsora. Las economías fuertes han descubierto el poder comercial de
la I&D.
El IMD es su informe anual 2000 de competitividad, identifica a Estados
Unidos como el país mas competitivo del mundo (#1), y ubica a México en
el lugar #36, sin embargo, la variable más débil de nuestro país es
precisamente I&D, en la que Estados Unidos tiene calificación de 100 y
México de 30. (Fig.1).

Figura 1. Posición Competitiva de Estados unidos y México. La Escala es
del 0 al 100 en cada eje, el polígono interior representa a México y el
exterior a Estados Unidos, con calificaciones mayores, en particular en
Ciencia y Tecnología. (International Insititute for Management
Developement, Lausanne, Suiza, 2000)
En este punto, es interesante observar que pese a la presión por una
disminución en las recursos para la innovación científica, el flujo de
novedades tecnológicas ha crecido enormemente; en los últimos 50 años la
innovación ha sido más dinámica y revolucionarios que ninguna otra época
y ritmo continua dramáticamente.
Pregúntese el lector, últimamente, ¿qué novedad le ha sorprendido
realmente, así como el auto o el radio lo hizo con nuestros abuelos?
Posiblemente muy pocas cosas, estamos acostumbrados a este dinamismo en
la ciencia.
Es momento de que pensemos en las actividades científicas como un medio
excelente de inventar, descubrir y generar riqueza. Es momento de
visualizar las actividades de los investigadores y centros de
investigación desde la perspectiva de los negocios.
¿Qué debemos de hacer en México?, ¿Investigación por curiosidad
intelectual o por necesidad comercial, o una mezcla de ambas? ¿Cuáles
son los obstáculos que hemos encontrado en los centros de investigación
para que se desarrolle el negocio? Las respuestas parecen claras, es
momento de empezar a pensar como comercializadores y analizar las
oportunidades de negocio que el trabajo de investigación pueden generar.
El doctor Chamoun-Nicolas es autor de varias publicaciones, entre otras los libros Desarrollo de Negocios 3era edición, Trato Hecho - Guía para una negociación sin fallas 2da edición y DEAL 3era edición, para contactar al autor escribir a hchamounarrobakeynegotiations.com o www.keynegotiations.com
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