Trabajador del conocimiento y su manejo de la información

Invitado a intervenir en el reciente (21 de febrero) Foro 2006 de Inteligencia de Negocio organizado por Interban Network en Madrid, elegí, con el título aquí repetido, unas reflexiones sobre la importancia de la información, deteniéndome en los hiatos principales por los que, desde aquélla, hemos de pasar para llegar a la deseada prosperidad de las empresas.

Concretamente, en mis 24 pantallas de PPT, me detenía en el paso de la información al conocimiento, y en el paso de éste a la acción y la innovación : tres travesías que reclaman nuestra atención.

He señalado en algún otro texto que, cuando hablamos de productividad y competitividad en la economía del conocimiento, o aludimos a la sociedad de la información, acabamos frecuentemente hablando de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), sin cuyo concurso las cosas se ponen ciertamente difíciles, si no imposibles. Es verdad que las TIC —por los servicios que nos procuran— resultan fundamentales en la nueva economía y en el maletín de herramientas de trabajadores y directivos; pero no aseguran por sí solas —acéptese la perogrullada— el avance hacia la prosperidad, tarea ésta que corresponde a personas.

Manejar hábilmente las herramientas informáticas es una asignatura que hemos de superar y a menudo aprobamos; pero, una vez alcanzada la información y ya sea funcional o técnica, hemos de interpretarla debidamente, contrastarla, evaluarla e incorporarla al acervo, antes de tomar decisiones trascendentes.

En definitiva, hemos de traducir, sin fallos, la información requerida a conocimiento aplicable. Éste es un primer hiato, una continuidad no siempre bien resuelta, sobre la que requerí la atención de la audiencia en el foro a que me refería.

¿Qué hacemos, desde que sentimos la necesidad de informarnos hasta que llegamos al conocimiento aplicable? Tanto en el desempeño cotidiano en la empresa del saber, como en la paralela, inexcusable, labor de aprendizaje permanente, cabe distinguir, según mi forma de verlo, los siguientes pasos:

  • Conciencia de la necesidad de información.
  • Definición del patrón de búsqueda.
  • Identificación de las fuentes.
  • Acceso a las mismas (humanas, impresas o electrónicas).
  • Localización de información útil.
  • Descubrimientos paralelos.
  • Examen de la información.
  • Interpretación y evaluación de la misma.
  • Contraste de informaciones.
  • Integración y aprendizaje.
  • Combinación con conocimientos anteriores.
  • Establecimiento de conexiones.
  • Posibles inferencias y abstracciones.
  • Síntesis y conclusiones.
  • Reflexión sistémica.
  • Aplicación y difusión.

Estos pasos demandan una amplia lista de competencias informacionales que ubiqué en dos cuadrantes: personales (afán de aprender, pensamiento crítico, intuición…) y operativas (conocimiento del campo, manejo de herramientas, estrategia de búsqueda…).

En los otros dos cuadrantes me referí a las competencias precisas para generar nosotros mismos información valiosa para los demás: personales (pensamiento conceptual, integridad, empatía…) y operativas (conocimiento de la organización, alegación, dominio del lenguaje…).

Es necesario manejarse bien con la información que se nos ofrece, pero también es preciso que contribuyamos en la empresa al flujo del conocimiento que hemos adquirido; de modo que nuestra competencia informacional ha de ser doble (push & pull).

Pero quise, sobre todo, destacar los sesgos ocasionales (urgencias, inquietudes, intereses, influencias…) y crónicos (creencias inveteradas, prejuicios, parcialidades…), que interfieren la traducción de información a conocimiento: del mismo hecho, hacemos diferentes lecturas.

Además, el cerebro nos engaña a menudo, en su empeño de rellenar huecos e inventar o suponer, cuando carece de certezas. Proyecté el conocido triángulo de Kanizsa, para sugerir que algo parecido nos ocurre al interpretar automáticamente la información textual. Ciertamente, el cerebro tiende a imaginar e inferir —a veces atrevidamente— cuando le falta información, pero quizá la primera obligación de la inteligencia es cuestionarse a sí misma.

Tenía, desde luego, que detenerme en la figura del nuevo trabajador del conocimiento, que Peter Drucker nos dejó definida. La información —nutriente de la mente— viene a ser una materia prima fundamental para este trabajador; es decir, para casi todos nosotros, trabajadores y directivos. Insistí en que se trata de un perfil que favorece la aparición de estados de flujo autotélico, es decir, de concentración en la tarea, alto rendimiento y disfrute profesional.

Al cambiar de hiato para enfocar el paso del conocimiento a la acción, recordé que aquél —el conocimiento— nos capacita para actuar, pero que hemos de contar también con elementos volitivos y competencias diversas (soft skills).

No basta que nuestros perfiles profesionales sean completos —que nunca lo son del todo—, sino que hemos de perseguir, con decisión y eficazmente, metas bien seleccionadas y formuladas. Por concretar, y aunque no sé si lo dije textualmente, precisamos de importantes competencias y metacompetencias emocionales, para obtener el mejor provecho de nuestros conocimientos y habilidades.

Y al enfocar finalmente el paso del conocimiento a la innovación, pudimos conectar con la experimentación y con aquellos descubrimientos paralelos, casuales (serendipidad), a que ya me había referido, como asimismo con las inferencias y abstracciones… De hecho, hablé del método TRIZ de solución creativa de problemas, como ejemplar caso de gestión del conocimiento cuando todavía (hace unos 50 años) no se hablaba de este postulado.

El nuevo conocimiento, el que amplía el campo del saber, ha de construirse sobre el ya existente: lo nuevo lo es en relación con lo anterior.

El trabajador del conocimiento, como aprendedor permanente, está próximo a las fronteras de su campo profesional, y en condiciones de ampliarlo. Más allá de la mejora continua, la innovación caracteriza sin duda a la nueva economía, y no es extraño que asistamos a la súbita muerte de algunas industrias, mientras otras nacen.

Mis siguientes páginas de la presentación se referían a la idea de organizaciones inteligentes que baraja la literatura de gestión empresarial, y presentaban una amplia lista de indicadores: quería insistir en la importancia de la información en la empresa, e ir llamando la atención sobre el papel de la intuición genuina, a la que deberíamos quizá ir sacando de la semiclandestinidad…

El tiempo se agotó, y recordé igualmente cuando, meses atrás, hablaba también de estas cosas en el parque de Zamudio (Vizcaya) y agoté las cuatro horas sin completar entonces mis 93 pantallas de PPT… Puede que, a pesar del avance de la tecnología, queden cosas por hacer para obtener mayor provecho de la información y el conocimiento que se crea y circula, y para asegurar las cotas de productividad y competitividad que perseguimos: les invito a reflexionar al respecto.

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Enebral Fernández José. (2006, febrero 18). Trabajador del conocimiento y su manejo de la información. Recuperado de https://www.gestiopolis.com/trabajador-del-conocimiento-y-manejo-de-la-informacion/
Enebral Fernández, José. "Trabajador del conocimiento y su manejo de la información". GestioPolis. 18 febrero 2006. Web. <https://www.gestiopolis.com/trabajador-del-conocimiento-y-manejo-de-la-informacion/>.
Enebral Fernández, José. "Trabajador del conocimiento y su manejo de la información". GestioPolis. febrero 18, 2006. Consultado el 20 de Septiembre de 2018. https://www.gestiopolis.com/trabajador-del-conocimiento-y-manejo-de-la-informacion/.
Enebral Fernández, José. Trabajador del conocimiento y su manejo de la información [en línea]. <https://www.gestiopolis.com/trabajador-del-conocimiento-y-manejo-de-la-informacion/> [Citado el 20 de Septiembre de 2018].
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